Cap.I: La historia de mi vida.
En mi vida no han ocurrido cosas demasiado interesantes, así que daré un resumen… bueno, mejor no. No tenemos prisas, así que aquí voy, ya no tengo nada que perder.
Tengo 36 años era, soy –aun no estoy muerta- una ardua defensora de la ley: una agente del CBI. A lo largo de mi carrera me he encontrado con gente de todas clases ricos, pobres, pacifistas, terroristas, sicarios, hombres de familia… he puesto a cientos de criminales tras las rejas, pero aún así es difícil abrirse un hueco en un mundo de hombres, especialmente siendo una chica menuda y de ojos claros. Siempre la misma pregunta insulsa llegaba a mis oídos sin importar lo bueno de mi desempeño:
¿Por qué una chica como tú se mete en la guerra de hombres? ¿La respuesta? no la sé.
Habiendo crecido con puros hombres (puesto que por culpa de un borracho perdí a mi madre a los doce años) asumí un poco de su conducta, aún estando mi madre viva jamás fui femenina, pasaba la mayor parte de mi infancia jugando fútbol con mis hermanos y mi papa. Pero luego de que ella se nos fuera, todo fue diferente.
Sólo uso vestido cuándo hay una orden de por medio, casi nunca me maquillo muy elaborado, la mayoría de las veces lo hago para cubrir las ojeras que Jane me causa. Las sandalias de tacón alto me parecen más armas que zapatos, por eso suelo usar unos botines con un tacón razonable (pues soy algo bajita, pero no me subestimen)
Mi vida romántica es colorida pero escasa. Debido a mi apego por las normas no salía con compañeros de trabajo, sospechosos y obviamente no salía con las víctimas (Dah!) (Bueno a excepción de mi romance con Jane, pero que conste en acta que no va en contra de las reglas. Él es un asesor, yo soy una agente senior.) Y como mi vida era el trabajo, bastaba con decir que no salía mucho. Vivía para atrapar criminales y al parecer, moriría intentando atrapar a otro.
Me convertí en "madre" a los doce, con un padre que se había convertido en borracho tras no poder recuperarse de la muerte de su querida esposa, yo, la hermana mayor debía velar por la seguridad de mi familia, aunque eso significase aguantar las golpizas que mi padre le propinaba a mis hermanos, metiéndome entre los puños de nuestro progenitor y –aunque debido al alcohol el no los reconociera- los cuerpecitos de sus hijos; con un tácito acuerdo de no revelar lo sucedido, después de todo, sólo era un mal tiempo que pronto pasaría.
Pero esto ya había quedado atrás, aprendí mi lección, ser fuerte y no esperar ayuda, así no sentiría el dolor de la decepción de encontrarme abandonada.
Por supuesto terminé entrando en la academia de policía, allí conocí a Bosco. Tan sólo recordarlo me creaba una opresión en el pecho, mi mentor y compañero, el hombre que en su lecho de muerte me declaró un amor oculto y no correspondido, al menos no de la manera que el se esperaba.
Luego el caso con el que me denominaron "Santa Teresa", un pedófilo menos, una futura víctima a salvo. Entonces llegó al CBI, un mundo de puertas abiertas se me entregó en bandeja de plata.
Y por supuesto, la bandeja debía tener una abolladura, una con nombre y apellido: Patrick Jane. Un hombre tan irritante como encantador, el mismo hombre que me había enamorado hasta el punto de tener una discusión con mi jefe por él, de haberlo puesto –por primera vez- por encima de mi trabajo.
El mismo por el cuál había aceptado una bala y me encontraba en coma. El mismo por el que daría mi vida sin dudarlo. El mismo por el cuál, hago todo el esfuerzo por levantarme de ésta cama e ir a saludarlo. El mismo que ahora se ha convertido en mi razón de ser.
¿Les ha gustado? Entiendo que quieran ahorcarme por la tardanza… Pero los muertos no escriben :P. Lo seguiré pronto, besos y gracias por los reviews que me han dejado, no saben cuanto animan!
Disclaimer: The Mentalist no me pertenece. Ya quisiera yo que fuese así…
