¡Hola! La vez anterior no lo especifique, pero mi editora es Jackythehedgehog

En cuanto al review de ShirayGaunt, en realidad puse esa parte del Cap. anterior simplemente para dar una razón principal por la cual odia el egocentrismo de los Estado Unidences, no te lo tomes a pecho XD. Y tienes razón, no había pensado en eso, intentare no cometer ese tipo de errores en los caps. próximos. ¡Gracias por la crítica constructiva!

Por cierto, intentaré actualizar seguido. O sea, cada dos semanas es el límite. Gracias a todos los que comentaron y pusieron favoritos. Los quiero . Eso sí, a ti, Vero Vortex, tanto Pierce como yo te amamos ;)

Advertencia: Aparición de los latinos, la gran mayoría no me pertenecen, pero otros sí.

Cap. 2

Primer día de escuela

Scott extrañamente se había ofrecido a llevar a sus hermanos a sus respectivas escuelas en su auto. Algo sumamente raro en el, a menos que quisiese que sus padres le cumplieran un capricho o para impresionar a alguien.

Dentro del auto, una vez hubieron desayunado, iban todos los hermanos Kirkland. Glenn intentando molestar a Dyland, al cual le daba igual, manteniendo una conversación con Thomas acerca de su nueva universidad. Scott conducía de lo más lindo, cada tanto mandando insultos por el transito infernal tan típico del país. Peter intentando mantener un dialogo con Arthur, el cual no le escuchaba por los gritos de Glenn en busca de atención.

Peter y Arthur dejaron de intentar hablar al estar embobados observando una gigantesca construcción. Tenía amplios patios, tanto con césped como pavimento, repartidos de forma equitativa, para cada gusto. Ventanales enormes, hasta había piscina. Ese lugar parecía sacado de un sueño. Ya entendían por que le decían "El sueño de todo estudiante". El lugar estaba dividido en dos; una primera parte, la escuela primaria (Donde asistiría Peter) y otra segunda parte para la secundaria. También había una Universidad, a la cual asistirían sus hermanos mayores, que quedaba en otra sede un poco más lejos del lugar.

Un par de vueltas a la manzana y llegaron a la entrada. En la entrada estaba escrito con letras grandes "American Academy", incitándote a entrar. Scott le indicó al rubio mayor que bajara del auto, y empezó con el típico discurso del primer día "Pórtate bien, si pasa algo llámame, no te metas con las drogas…" Etc.

Thomas le deseo suerte y el auto siguió su camino. Caminó hasta la entrada y, con algo parecido a los nervios, entró. Los pasillos pulidos, las paredes inmaculadas, los niños de papi, esa escuela cada vez le hacía sentir más y más incomodo. Ya era un hecho.

Al ver a un estudiante lo suficientemente normal como para que no brillara, le pregunto rápidamente donde estaba secretaria. Amablemente le indicó por donde ir y que lugares evitar para atrasarse en su búsqueda. Se extrañó una vez emprendió camino hacía donde le habían indicado ¿Acaso se encontraba ante los angelitos de Dios? ¡Parecía un castillo modernizado de Disney!

Sin embargo, como todo buen británico que era, dejó de lado sus temores y siguió en la búsqueda hacía la secretaría. En el camino se topó con una chica con el uniforme de la escuela. Sería linda si no fuera porque estaba al borde de las lágrimas.

- Disculpa, ¿Has visto a Alfred F. Jones? - Sus ojos lo miraban al borde de un ataque de nervios ¿Quién sería ese chico para provocar tal preocupación?

- No, lo lamento, ¿Necesitas ayuda? Soy nuevo, así que no conozco la escuela, pero te ayudaré en lo que me pidas - La rubia lució asombrada, al parecer no todos eran educados como parecían. Las ventajas de ser británico.

- Oh, en ese caso no importa. Tengo miedo de que se haya metido en problemas otra vez, ya tengo suficiente con todos los rumores que circulan - suspiró mientras intentaba calmarse - ¿Quieres que te muestre la escuela?

- ¿Segura? No te ves muy bien. – la chica respiro hondo y se saco un poco el pelo de la cara

-No te preocupes. Ya se pasara. – Al parecer se encontraba bien, por lo que no estaría mal distraerla un poco de sus problemas.

- ¿Cuál es tu nombre?

- Amanda, Amanda Hernández. Es genial conocer gente como tú, eh…

- Arthur Kirkland, un placer también.

Luego de esa corta charla, ella empezó a guiarle por la institución, hablando tranquilamente. Pasaron por secretaría para recoger el horario de Arthur, y ella aprovecho para enseñarle todo lo que debería saber como estudiante, datos como a que profesor evitar en los pasillos, con cual participar en clase y con cual te quedaras más callado que una lápida.

Los primeros tres días no había clases "formales", pero la asistencia era obligatoria. Los que eran nuevos, como el caso del rubio, podían usar esos días aprendiéndose los pasillos y memorizando los horarios. Los que ya eran estudiantes de años pasados, para reencontrarse con amigos y charlar todo el día. La escuela ideal.

- Pensaba que a nadie aquí le gustarían las bandas inglesas, ¿O acaso eres la única? – Decía entre risas el rubio, la chica era bastante agradable. En su anterior escuela, las chicas eran bastante mordaces y preferían mantenerse al margen; a menos claro que fueras el típico chico atractivo o un delincuente. Sip, su vida en ese instituto había sido divertida.

- ¡Por suerte, no! Hay pocas personas a las que les gustan, pero no, no soy la única, jajá – Su charla era muy trivial, una mezcla entre bandas, el clima, críticas hacia los demás estudiantes, etc. Amanda era bastante graciosa. Su acento extranjero delataba que no era de allí. No era acento hispano, pero era parecido.

- Dime, no eres de estas zonas ¿Cierto? – Preguntó el rubio cordialmente. La chica no se sorprendió, como esperaba, más bien lo observaba con felicidad. Qué extraño, pensó – Al principio pensé que eras española, por tu acento, pero noto demasiadas diferencias. ¿De donde eres?

- Tienes razón, no soy de por aquí, soy de Argentina. Mis abuelos por parte de mi padre eran españoles, y por parte de mi madre ingleses, por eso soy rubia. Mis ojos los heredé de mi padre, por eso son verdes – Explicó sonriendo. – Eres el primero que se da cuenta por si mismo que no soy española, aquí tienes tu premio.

Colocó sus manos sobre el hombro derecho de Arthur, inclinándolo hacia ella. Depositó un beso en su mejilla y quitó las manos de allí. El rubio recuperó su postura y llevó su mano hacia su mejilla, estaba rojo de pies a cabeza.

- ¡Amy! – Se escuchó un grito a lo lejos. Ambos pudieron divisar una figura dirigirse a donde estaban a pasos agigantados. Se trataba de un rubio con una mueca de desagrado, piel un tanto tostada y cuerpo corpulento. Cuando estuvo unos metros más cerca, Arthur se dio el placer de analizarlo mejor. Sus músculos se notaban aún con la chaqueta del equipo de futbol americano de la escuela. Y aunque sus ojos estuvieran detrás de unos finos anteojos de marco inferior negro, la intensidad de los zafiros azules no cambiaba, eran muy intimidantes. Era unos tres centímetros más alto que el inglés. Lo que tenía por resultado que Arthur levantase ligeramente la cabeza para observarlo.

Sus mejillas se colorearon en un sutil tono rosado, pero nadie se percató de ello. Ese chico que tenía frente a él era condenadamente atractivo en todos los sentidos, sus gestos derrochaban finura y sensualidad con toques de maldad, lo que le hizo pensar que, efectivamente, se trataba de otro niñato rico. Y, aunque así fuese, no podía evitar quedarse embobado viéndolo.

Un doloroso flash back irrumpió en su mente, recordándole tres cosas que le hicieron volver a la realidad.

Un bosque

Risas

Y un dulce beso

Sacudió la cabeza, intentando sacarse esos pensamientos. Debía deshacerse de esas ideas lo más rápido posible. Ahora tenía una nueva vida, en un nuevo continente, en un nuevo colegio, con nuevos amigos. Era el peor momento para que volvieran recuerdos del pasado. Tal y como dijo su padre, "Necesitamos nuevos aires, y este empleo nos viene fantástico para ello".

Aunque sean puras mentiras.

- ¿Quién es este? – Una voz tosca pero tersa lo sacó de sus pensamientos. El rubio de fantasía estaba parado frente a ellos, haciendo notoria su molestia hacia Arthur.

- Alfred, estaba preocupada. ¡Pensé que estabas por hacer una locura! ¡No te desaparezcas así! – Amanda lo reprendía en vano. Los tres estaban conscientes de ello. Arthur con tan solo verlo podía definirlo en una oración "Mariscal de campo descerebrado". Por muy atractivo que fuese, su forma de actuar y dialogar lo delataban. Amanda, por otro lado, había convivido gran parte de su vida con ese chico. No era precisamente el tipo de chico que escucha a alguien que no sea a sí mismo. Y a Alfred le daba igual que la rubia lo reprendiese, el podía hacer lo que quisiese.

Dijera lo que dijera, ninguno de los rubios apartaba la mirada del otro.

- Alfred, el es Arthur, un nuevo estudiante. Le estab-

- ¿Qué mierda hacías con alguien como él? – Estaba molesto sin motivo al parente. Trataba a Arthur como si fuese una amenaza.

- Me estaba mostrando el instituto ¿Te ha dicho que soy nuevo, no? Ni que tuvieras que ser genio para deducirlo. – No pensaba quedarse callado viendo como ese mastodonte trataba tan mal a una chica linda como lo era Amanda.

El rostro de Alfred estaba rojo de la rabia. Seguramente, nunca le habían hablado así.

Tal vez ninguno fuera consciente de eso, pero ese encuentro desataría desastres en el futuro.

Demasiados

Continuara…

(…Si hay comentarios)