Hola de nuevo! Aqui estamos con el primer capítulo. Este será algo psicológico (bueno, quitadle lo de "algo") y un poco lento, pero espero que este sea el primero y el último y empezar ya con la chicha de la historia! :) Un abrazo a todos!
Disclaimer: mundo HP es de J.K. Rowling, mío solo es el OC.
Charlotte se encontraba bajo el cálido sol que iluminaba ese día los terrenos de Hogwarts. Ella junto a Harry, Ron, Hermione y otros muchos voluntarios se ofrecieron para ayudar a reconstruir el colegio, que debía abrir sus puertas el uno de septiembre. Para muchos era una escapatoria a la vida real, un quehacer que suplía la falta del ser querido perdido en la Batalla final.
La familia Weasley trataban de volver a la realidad: Molly Weasley preparaba deliciosa comida para los voluntarios, mientras que su marido e hijos se coordinaban con los demás para levantar el castillo. El único que no estaba presente era George Weasley, que se veía incapaz de volver a aquel lugar. Pero de todas formas, se volcó en cuerpo y alma al negocio que en su día había abierto junto a Fred, pero que ahora debería seguir el solo. Era consciente que a pesar de todo, la gente seguiría necesitando sus artilugios para pasar buenos momentos.
Harry Potter se había despedido de los Dursley definitivamente para instalarse en el mundo mágico. En septiembre empezaría, junto a Ron, en la academia de aurores ansioso por labrarse una vida y empezar una deseada familia junto a Ginny Weasley. En cambio, la única hija de Arthur y Molly Weasley volvería a Hogwarts para cursar el último año.
Hermione Granger había recuperado a sus padres y junto a ellos se había ido a vivir a Ottery St Catchpole, así ella estaría más cerca de Ron mientras que sus padres podrían seguir haciendo su vida normal de muggles. Este verano Hermione quería darle un empujón a su plataforma de la P.E.D.D.O., que se había echo más famosa por el incipiente cambio que se estaba produciendo en la mentalidad de la comunidad mágica, empezando precisamente por aquellos que se habían prestado para ayudar en la reconstrucción de Hogwarts. Mientras ayudaba a la señora Weasley a repartir su comida, reclutaba gente para su causa. Su trabajo había sido evaluado por el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, por lo que le habían ofrecido un puesto de trabajo en el Ministerio y que comenzaría en noviembre para llevar a cabo una campaña de Navidad a favor del trato de los elfos.
A todos les esperaba un futuro brillante y una vida tranquila, justo aquello por lo que habían luchado. Charlotte en cambio, era la única que seguía con un futuro incierto. Había perdido a su familia y lo único que le quedaba era una vieja casa en la Calle de la Hilandera y dos tumbas en los terrenos del colegio. Miraba con nostalgia las risas de Harry junto a Ginny y las de Ron y Hermione, ellos ya tenían su vida.
Se recostó sobre el verde césped en una colina desde donde podía ver las dos tumbas que tanto la cautivaban. El cielo estaba despejado y podía sentir los rayos del sol a través de sus ojos cerrados. Y suspiró. Echaba todo de menos: el castillo que era su hogar, el aroma que desprendían los calderos llenos de pociones y que llegaban al vestíbulo desde las mazmorras, el suave arrullar de Fawkes, o ese frescor a manzanas que solamente sentía cuando estaba cerca de Draco Malfoy.
Draco Malfoy.
Si, por encima de todo echaba de menos las sonrisas que compartía con el, los abrazos de apoyo que solamente el le sabía brindar, esa mirada de comprensión… Pero el ya no estaba. La relación entre ellos nunca había sido definida. Desde que eran pequeños habían tenido un amor-odio, siempre compitiendo por la atención de Severus Snape, por las calificaciones, aprovechando cada momento de burlarse hacia el otro e incluso insultarse sin importar si las palabras podían llegar a herirse (aunque en el fondo sabían que nunca serían capaz de llegar a ese extremo, ¿o si?). Pero sin duda alguna, el otro siempre estaba ahí cuando uno se encontraba mal, no tenían vergüenza de llorar frente al otro, se comprendían porque sabían que los dos estaban en la misma situación, envueltos en una guerra que ninguno quería pero en la que los dos tenían mucho que perder. Y Charlotte había salido perdiendo, lo había perdido todo. Y Draco Malfoy estaba también a punto de perderlo todo.
Faltaba una semana escasa para que empezaran los juicios contra los seguidores de Voldemort, y entre ellos estaba la familia Malfoy al completo. Habían pasado más de la mitad de un mes encerrados en Azkaban y, aunque ya no hubiera dementores, aquel sitio seguía siendo espeluznante. Conservaba aún la capacidad de arrebatar la felicidad y el calor del cuerpo, y el estar rodeado de asesinos sin escrúpulos no mejoraba mucho la situación.
No sentía pena por Draco, le asqueaba ese tipo de sentimiento y estaba segura de que a Draco también, ella solo quería verlo, que saliera de allí para poder recuperar ese fresco aroma y esos ojos grises. Aún recordaba aquel día en el que tuvo a esos ojos tan cerca de ella. Estaban los dos solos en un aula vacía, Draco desesperado porque aún no había llevado a cabo la misión, y Charlotte apurada porque su abuelo le había avisado de que estaban a punto de partir en busca de un Horrocrux. Le estaba indicando a Malfoy que pusiera su plan en marcha esa noche, tal y como Dumbledore le había indicado. En aquel momento todo cambiaría. Cuando Charlotte iba a irse, Draco la rodeó con sus brazos y le dio un suave beso en los labios, indicándole cuan dolido estaba por lo que estaba a punto de hacer e implorándole perdón por hacerla sufrir. Y Charlotte le devolvió aquel beso con sumo cariño.
Y Charlotte nunca dejó de serle fiel, a pesar de los malos momentos en la infancia. Simplemente eran amigos, buenos amigos con altibajos. Por eso, cuando estaban de frente a los mortífagos, quienes exhibían el cuerpo supuestamente sin vida de Harry y le hacían señales a Draco de que se acercara a su lado, Charlotte no dudó en llamarlo. Sabía que él acudiría siempre a ella. Y Draco al escuchar su débil voz pero segura, se paró, les dedicó una breve mirada a sus padres, y se dio la vuelta para tomarle la mano a Charlotte.
Volvió a suspirar, y esta vez abrió los ojos. En un par de días vería de nuevo a Draco. El nuevo ministro, Kingsley Shacklebolt, le había dado un permiso para visitar a Draco el día antes del juicio. Y estaba nerviosa. Se levantó y sintió la brisa del verano en todo su cuerpo, sonrió hacia las tumbas y se dirigió hacía el castillo. Ya era algo tarde y sin duda Harry, Ron y Hermione la estarían buscando para ayudar con la cena.
Y que tal? alguna esperanza? :) Acepto críticas para mejorar la historia :)
