Título: Edward sabe.
Fandom: Twilight.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, la trama sí.
Claim: Edward/Tanya.
Rated: K+
Advertencias: Al raiting me remito.
Summary: Él quisiera poder hacerla feliz, pero no puede.
Notas: Para el reto Palabras para el recuerdo, del Foro LOL. (Palabra clave: Simple).


Edward sabe.

Puede leer sus pensamientos con total claridad, ella no se molesta en ocultarlos. La mira desde lejos y sabe que todo sería más fácil si la quisiera a ella y no a la humana (a Bella).

Las cosas no suelen ser tan fáciles como eso, sobretodo con cuestiones del corazón. Tanya lo ama y él no a ella (quiere hacerlo, poder quererla y desear sus labios. Quiere que todo en su mente sean rizos y labios como fresas, risas cantarinas y roces intencionales; le gustaría no pensar en cabellos castaños y labios rellenos, sonrisas tímidas y sangre apetecible).

Pero no puede. Podría intentarlo y de nada serviría (porque por mucho que Tanya sea su amiga, sea dulce y seductora, hermosa y elegante, él no conseguiría amarla con todas las de la ley si mantiene a Bella, esa humana que llegó a voltear su mundo, todo el tiempo en su mente).

Porque eso no sería amarla, eso sería disfrazar el cariño de adoración y la lujuria de frenesí. Sería mentirse a sí mismo y a ella, sin que ninguno se engañase del todo.

Sería condenar dos corazones a sufrir aún en el más dulce ambiente de complicidad, condenar la amistad a convertirse en odio.

Edward sabe que ella lo ama, pero sabe también que entiende que él no siente más que cariñó fraternal por ella. En su mente lo ve tan claro, lo mucho que esa humana entró bajo su piel.

Edward sabe que Tanya merece alguien que la haga feliz, sabe que en este momento él sería el que podría alegrarla más (pero no duraría, sería tan efímera como una gota de agua al Sol).

—Lo siento —dice entonces, susurrando. Ella levanta la mirada, toda llena de nostalgia y miles de emociones que no podría ser capaz de descifrar jamás en toda su existencia.

Y ella sonríe. Sonríe como siempre lo ha hecho y siempre lo hará.

—No tienes que disculparte por nada —contesta.

«No pido más que tu cariño y tu felicidad».

Él le devuelve la sonrisa, tan simple como siempre lo ha sido y como lo va a ser siempre.

(Toda la eternidad entre sonrisas dulces y sencillas).