Aviso: Aclaro que esta no es la continuación inmediata del One Shot, primero habrán unos capítulos que ayudarán a que soñemos un poco con Robsten, y más adelante se sabrá que pasó con Robert; así la emoción no se va tan rápido. Disfruten :)

Les recomiendo que escuchen estas canciones, que también fueron parte de la inspiración:

More than words - Xtreme.

Careless Whisper - George Michael.

Braver Soldier - Russian Red (Si pueden, lean la letra de este tema)

Afortunada - Francisca Valenzuela.

I like you - Morrissey.

Lovesong - Adele.


American Woman, English Man.

2nd

Us.

Había sido un día completamente agotador, las horas del día se llenaron de escrituras, debates y lecturas densas, mi cerebro estaba completamente agotado. La universidad me absorbía a ratos, gracias a Dios tenía un escape que tenía un nombre, un apellido y una hermosa personalidad, Robert.

Esta noche iba a conocer a los padres de Robert, tenía nervios y ansias a la vez, él siempre me contaba sobre ellos y sus hermanas, las mismas que por una extraña y traviesa razón lo vestían de niña cuando era un retoño y le decían Claudia. No pude contener la risa cuando Rob me contó esa anécdota, de vez en cuando lo llamaba por su peculiar y antiguo apodo, a lo que él me hacía un puchero.

Necesitaba dormir, reponer energías, pero la cena de esta noche era importante y debía prepararme física y psicológicamente. No sabía a ciencia cierta la forma en que Rob me presentaría ... "Ella es Kristen, la chica que espiaba antes de conocerla", sonreí al pensar eso. No éramos novios, aun, así que de verdad no sabía la forma en que sería presentada. Los nervios se metían en mis entrañas.

- ¿Así que conocerás a tu suegra? — Era Dana invadiendo mi habitación.

- Algo así —. Mencioné.

- Debes ganártela —. Sugería mi hermano.

- Estoy nerviosa, pero actuaré tal como soy, no tengo por qué andar agradando a todo el mundo, no soy una hipócrita.- Afirmé.

- Perdón, señorita. - Se burlaba.

- Es cierto, espero caerles bien. Lo hago por él, me interesa conocer su círculo íntimo. - Lo miré a través del espejo de mi tocador.

- Parecen ir en serio, a pesar del poco tiempo que llevan juntos - Tres semanas y no más era lo que llevaba con Robert. Era entendible que en las conversaciones familiares de mi casa preguntaran sobre mi rápida relación con mi chico inglés.

- Es especial, Dana - Hice una pausa mientras me quedaba como idiota pensando en él - Es ... no sé cómo explicarlo, hay algo entre ambos que es indescriptible.

- Así lo voy notando, hermanita - Dana me miraba anonadado - El chico me cae bien.

Desde aquella velada única y cálida que tuve con Robert después del baile en el barco, él se empeñó en demostrarles a mi familia que tenía serias intenciones conmigo, que mi menuda existencia lo había embrujado por completo y que se esmeraría en hacerme feliz en todos los sentidos posibles.

Desde esa noche y tal como lo dijo él no había vuelta atrás, no se despegaba de mí y lo agradecía con creces. Me estaba enamorando del tipo que me espiaba en la ciudad, me estaba enamorando del hombre que me ha hecho sentir completa, me estaba enamorando y Michael ya quedaba en el pasado, ya no era una herida abierta que sangraba, porque mi amor verdadero había llegado para no irse.

- ¿Está abajo? - Le pregunté a Dana cuando sentimos que mi padre habría la puerta de la casa al escucharse el timbre sonar.

- Sí, parece que es él - Salté rimbombante cuando se escuchaba ese exquisito acento inglés desde el primer piso.

- Oh, si es él - Dije casi desfalleciendo.

- Okay, acabo de ver a mi hermana derritiéndose - Dana se burlaba por mi reacción enamoradiza.

- Me entenderás cuando vuelvas a enamorarte - Dije - ¿Cómo me veo?

- Bien, Kristen, bien. Solo baja y anda a divertirte - Dijo tiernamente al ver que mi semblante se llenaba de felicidad.

- Sí - Dije nerviosa.

Me miré por última vez en el espejo. Llevaba una blusa de un color verde esmeralda junto a una larga falda plisada de color negro. Mis tacones eran oscuros, al igual que mi vestido. Deje mi cabello suelto sobre mi hombro derecho y solo coloqué un pequeño prendedor, también verde, en un pequeño
manojo de pelo que tome fuera del que iba suelto. No quería verme excesivamente formal ni tampoco tan informal, solo casual, como a mi me gustaba. Mi maquillaje era natural, a excepto de mis labios que llevaban un color rojo carmesí, mi favorito. Mi subconsciente sabía que a Robert le gustaría.

- Y ahí viene tu princesa ... - Se oía decir a mi padre cuando me vio bajando las escaleras. Robert que estaba dándome la espalda se dio la vuelta.

- Ho-Hola - Tartamudeó como un niño - Te ves increíblemente hermosa.

- Gracias - Me acerqué a darle un beso en su mejilla.

- No se limiten por mí, dense un beso como los novios - Decía mi padre, a lo que me sonrojé.

- Ella es la reservada - Me acusaba Robert.

- ¿Nos vamos? - Dije colorada y un poco fastidiada tirando del brazo de Rob.

- Sí - Contestaba Robert riendo por lo bajo al igual que mi padre.

- Le diré a tu madre que saliste, si es que se digna a llegar - Decía mi padre por
mi madre que había ido a Oxford a ver a Los Grant.

- Buenas noches, Sr. Stewart - Se despedía Robert de mi padre tan formal como siempre.

- Buenas noches, que se lo pasen bien - Sonreía mi padre. Me
despedí con la mano cuando cruzaba la puerta.

Robert me abrió la puerta de copiloto muy caballerosamente y entré. Adentro de su auto estaba más calentito, cosa que mi cuerpo agradeció ya que mi ropa era bastante delgada para la temporada.

- ¿Nerviosa? - Preguntaba un curioso Robert que encendía el sonoro motor.

- Un poco. - Dije con un tono más tembloroso que mis piernas por el frío.

- Si no quieres ir podemos aplazarlo, bonita. - Decía dándome palmitas en la espalda para tranquilizarme.

- No, mi amor. - Dije sinceramente - Quiero ir, tengo muchas ganas. -Sonreí.

- En tu boca americana suena muy bien ese "mi amor" - Me
miraba de reojo.

Solté una risita nerviosa.

- Dímelo más seguido, me gusta. - La verdad aún me costaba llamarlo de una forma cariñosa, pero en el fondo sabía que era cosa de tiempo. Me costaba acostumbrarme a las cosas cursis, aunque con Rob esto iba tomando naturalidad y espontaneidad, "Es amor" decía mi madre cuando le comentaba esto.

- Mi amor. - Me sonrojé un poquito.

- Viste, suena bonito en ti. - Decía desatando una hermosa sonrisa en sus labios. Exquisitos labios.

- En tus labios también suena bien. - Repuse.

- Es mejor cuando tus labios y los míos se ven la cara de frente, se rozan y se dicen 'mi amor' - Cuando Robert terminó de decir aquello, frenó bruscamente hacia un costado y se detuvo. - Bésame. - Pidió.

- Siempre tan impredecible, Rob. - Sonreí asombrada por su maniobra.

- Dije que me besarás. - Esto iba en serio.

Asentí moviendo mi cabeza rápidamente y me acerqué a besar sus labios que pedían los míos. De solo sentirlos mi cuerpo se erizaba.

- Tan suave como siempre. - Decía sobre mi boca.

- Te quiero, Robert. -Dije aún con los ojos cerrados.

- Y yo a ti, Kristen. - Me tomó por las mejillas. - Me gusta lo que estamos construyendo. - Él sonreía como un niño que recién había recibido un dulce. - Bendito el día en que tu familia decidió venir a vivir a Londres.

- Y pensar que yo era la que más aborrecía la idea de mudarnos - Dije. - Las vueltas de la vida.

- Me hubiese quedado en Estados Unidos, te hubiese buscado, hubiese buscado alguna excusa para acercarme a ti. - Por milésima vez Robert me tomaba por sorpresa.

- ¿De verdad estabas dispuesto a quedarte allá? — Pregunté parpadeando por la confesión de Robert.

- Hubiese arriesgado haber dejado la milicia por ti. — Oh.

- Qué lindo. — Sonreí como idiota esta vez.

- Por ti viviría y moriría, mi amor. — Ay, mi cuerpo era una gelatina viva.

- Prefiero que vivas. — Acoté.

- Obvio, ansío una vida contigo, una vida entera. — Pasaba sus dedos detrás de mi oreja desordenando mis mechones de cabello suelto.

- Yo también, me gusta el camino que estamos tomando, Rob. — Tomé su mano que estaba ahora en mi nuca y la lleve a mi boca dándole un beso casto. — Me gustas.

- A mi igual, me estás volviendo loco. — Dijo con suavidad y locura a la vez. — Ahora señorita, debemos salir de nuestra burbuja e ir a una cena, no quiero que lleguemos tarde.

Nuestra burbuja, qué bien se oía.

- Si, señor. — Dije sonriendo, a lo que él volvía a manejar.

Nos adentramos por las calles londinenses cuando la noche ya había caído completamente. Habían unas leves nubes grisáceas entre medio de las danzarinas estrellas que se dejaban ver.

- Hemos llegado. — Dijo Robert al estacionarse frente a una gran casa. — ¿Nerviosa?

- Ahora un poco más —. Comencé a hiperventilar.

- Kristen, respira —. Robert se bajó del auto y me abrió amablemente la puerta de copiloto recibiéndome con un beso en la frente. — Tranquila, mi amor. Les caerás bien.

Robert tomo de mi mano y caminamos por un senderito de piedras rodeado por múltiples plantas, grandes y pequeñas, verdes y amarillas más incontables flores de infinitos colores. Llegamos a la puerta.

Solo agaché la vista al tapete que decía "Bienvenidos".

- ¡Mi niño! - Una mujer de melena y cabello rubio se abalanzaba sobre los brazos de Robert, a lo que este se soltaba de mi mano.

- ¡Mamá! - Robert exclamaba contento. Yo solamente era espectadora de dicha escena.

- ¿Cómo estás, hijo? - No sé si lo hacía a propósito pero aún no fijaba la vista en mí. Los nervios crecían.

- Bien, mamá - Rob sonreía - Mira a quien he traído - Ay no.

- Hola, soy Kristen - Me adelanté con una sonrisa temblorosa estirando mi mano.

- Ah, tu eres la chica americana - Me miraba seria, hasta que por suerte me devolvió una gran sonrisa, una sonrisa calcada a la de Robert - Bienvenida, Kristen. Por favor pasen.

Me alivié.

- Gracias - Robert entró conmigo a la espaciosa casa y ahí estaban tres pares de ojos azules mirándome de pies a cabeza. Me sonrojé.

- ¡Kristen! - Esto no me lo esperaba, era el padre de Robert ofreciendo una acogedora sonrisa y sus brazos, se notaba que era un tipo muy paternal.

- Hola, Sr. Pattinson - Me abrazó afectuosamente.

- ¡Papá para!, tu efusividad espantará a mi chica - Decía Robert detrás de mí.

- Qué tonterías, Robert - Dijo su padre - Eres bienvenida, Kristen.

- Muchas gracias, Sr. Pattinson - Sonreí aún tímida, él asintió con una gentileza única, la misma que salía por los poros de mi chico.

- Estas son mis diabólicas hermanas - Apuntó Robert a dos chicas rubias que estaban sentadas en un inmenso sillón.

- Hola, chica americana - Mencionó una de las dos. Al parecer así era llamada en casa de Los Pattinson.

- Hola - Sonreí acercándome y una de las dos, la que parecía mayor me abrazó afectuosamente.

- Hola querida, un gusto. Soy Victoria - Me soltaba.

- Yo soy Kristen, un gusto también - Esta vez sonreí más calmada y segura al ver que era bien recibida.

- ¡Oye, no te ganes toda la atención! - La otra hermana reprochaba a Victoria empujándola despacio hacia un lado - Hola, dime Lizzy - Ella era
muy pero muy carismática.

- Hola, Lizzy - No terminé de saludarla y también me abrazó. Solo faltaba que alguien dijese '¡Abrazo grupal!' para terminar.

- Tu novia parece una muñeca - Dijo Victoria mirando a Robert, él me miró.

- La muñeca más bonita - Robert me abrazó por la cintura y me acercó a su cuerpo.

- Hacen bonita pareja - Se unía Lizzy - Los envidio - Dijo traviesa - Mi novio me dejó hace poco. - Sus ojos se pusieron tristes, pero de rato volvió a sonreír - Así que ustedes serán mi historia de amor favorita, de momento, hasta que encuentre a un nuevo chico - Bromeaba.

- Lizzy, calma tu locura mental, por favor - Bromeaba Robert ahora.

- Tú cállate, eres el hermano menor, debes obedecerme en todo. - Lizzy le pellizcaba la nariz a Robert.

- Oh si - Dijo irónico Robert.

- Hijo, muéstrale la casa a Kristen, hay unos detalles que faltan en la mesa - Decía su madre.

- Okay - Robert me sacó de la sala y me llevó por un pasillo lleno de fotografías en las murallas.

- No me digas que este eres tú - Me quede mirando una fotografía en la que aparecía un pequeño niño rubio sobre un triciclo sonriéndole al foco de la cámara como figura de comerciales - Son tus ojos - Chillé.

Robert soltó una risita.

- Si, soy yo - Oh, por Dios ¡Qué ternura!

- Eras muy bonito, qué ganas de apretarte - Dije observando cada detalle de la fotografía.

- ¿"Era" más bonito? - Me gustaba y odiaba cuando se ponía engreído.

- Sí, "eras" bonito, aunque no me quejo de tu actual apariencia - Lo miré coqueta y volví a perderme en los mechones rubios de Rob en la fotografía.

- Apriétame ahora ... si quieres - Dijo coqueto acercando su rostro a mi cuello.

- No - Me hice la firme - Quiero apretar a ese niño, al de la foto.

- Pero soy yo, solo que crecí, ¿Apriétame, sí? - Me estaba haciendo un puchero.

- Lo pensaré - Me alejé de él pero mantuve la mirada - Tenemos toda la noche, amor.

- Pues te lo cobraré.

- Lo recordaré, cariño - Seguimos avanzando por el pequeño pasillo y hallé otra fotografía - Aquí sales más grande, Rob.

- Umh, sí ... fue para mi cumpleaños de los diecisiete - Hizo una mueca como si recordara algo malo.

- ¿Un mal recuerdo? - Pregunté.

- No fue un buen cumpleaños - Dijo un poco apagado.

- ¿Por qué?, cuéntame, quiero saber - Tiré de su camisa.

- Pues ... - En el fondo él parecía no querer hablar al respecto.

- ¡Dime! No pensarás que te juzgaré.

- No es eso, solo que pasaron tantas cosas, graciosas y bochornosas y ...

- ¿Y?

- Esa noche perdí mi virginidad - Dijo recordando con los ojos cerrados.

- ¿Y eso es malo? Yo también tenía esa edad cuando me acosté con Mic ... - ¡Oops!

- Qué suerte tuvo ese bastardo- Dijo volviendo a abrir los ojos.

- Qué suerte tuvo la chica que estuvo contigo - Lo miré envidiando a tal mujer.

- No fue nada del otro mundo, no la amaba. La conocí esa noche y la borrachera nos llevó a lo otro - Dijo.

- Oh, suena mal - Solté.

- Claro, distinto a lo tuyo, tú amabas a ese hombre - Dijo ahora él mirándome con disgusto.

- En ese entonces aún no lo amaba. No fue especial, tampoco - Traté de no hacerlo sentir mal.

- Pero él siguió disfrutando de ti - Me miró lascivo.

- Ay tonto, no tenemos por qué hablar de lo que ya es pasado. Te tengo a ti, aquí conmigo. Soy tuya y tu eres mío y lo mejor es que nos queremos - Mi alma hablaba por sí misma en estos momentos.

- Soy tuyo - Robert se acercó y me besó arrinconándome sobre la pared.

- Y yo soy tuya - Agarré su desordenado cabello.

- Si no estuviéramos en la casa de mis padres te llevaría ahora mismo a la cama y te quitaría este vestido que te queda tan bien - Seguía presionándome en contra de la muralla, hasta que unos cuadros se cayeron.

Ambos reímos.

- Mira lo que haces - Me seguía riendo, él también.

- Ando destrozando casas por lo que me provocas - Me dijo al recoger los dos cuadros que habían caído.

- Así veo, Pattinson - Dije graciosa.

- Esta noche te quedarás conmigo - Dijo volviendo a
mi tacto.

- ¿Aquí? - Abrí los ojos por la sorpresa.

- No, tonta - Dijo burlón - En mi departamento.

- Oh, otra nueva casa que conocer - Dije ansiosa, solo habíamos pasado por afuera de su departamento pero nunca había estado en él.

- Conocerás mi espacio preferido, mi departamento es mi refugio más íntimo - Aclaró.

- Ya quiero conocerlo - Dije.

- Un par de horas y nos iremos, mi amor - Tomó mi mano y me llevó a una salita pequeña que había al final del angosto pasillo. Estaba llena de sillones concorde a la cantidad de ventanales que daban a lo que yo suponía era el patio trasero, del cual no se divisaba nada por la oscuridad de la noche.

- Sentémonos por mientras - Dijo Robert.

- Bien - Me senté a su lado acurrucándome en su hombro, mientras que él me abrazaba.

- ¿Y cuál es tu impresión de mis padres? - Preguntaba.

- Que son muy efusivos - Excepto su mamá, pensé.

- Lo sé - Sonrío - Es algo innato en nosotros.

- Si, ya lo noté en ti - Le dí un beso húmedo en el cuello - Pero es algo que me encanta.

- De lo contrario, tendrías que acostumbrarte - Añadió.

- ¿Y si no?

- Te obligo.

- ¿A golpes?

- No, te obligo llenándote de amor y al final cederías.

- A veces siento que no merezco tanta felicidad - Murmuré.

- ¿Según tú y quién más? Por favor, Kristen, no seas tan terca y déjate llevar. No sabes la dicha que es tenerte conmigo, eres como el tesoro que me costó encontrar durante veintiséis años, y ahora al fin lo encontré. - Si Robert me hablaba así toda la vida terminaría siendo helado derretido por el calor de sus palabras, de ese amor tan único que había en él.

- Tu también eres mi tesoro. Eres lo que buscaba. - Le dije al tiempo que un beso suyo atrapó mis palabras.

- Estoy tan enamorado de ti.

- Y yo de ti, mi amor - Volví a besarlo.

Nos dejamos llevar por ese beso inesperado y pasional. La textura de sus labios hacia juego con los míos, su lengua buscaba cada recoveco de mi boca, jugando en una batalla sin tregua alguna.

- Perdón por interrumpirlos, tortolitos - Era Richard, el papá de Rob - Pero la cena está lista.

- Gracias pá - Robert se incorporaba al igual que yo.

- Rob, definitivamente te ganaste la lotería - Decía la voz paternal que iba junto a nosotros. - Es muy bonita.

- Es maravillosa - Sentí que Rob me apretaba la mano.

La cena se desenvolvió de manera perfecta, la comida casera era exquisita, Claire se manejaba con la cocina. Un par de veces adulé su exquisita comida a lo que ella solo lo agradecía amablemente. Lizzy hablaba hasta por los codos, fue muy simpática conmigo, hasta el punto de invitarme a comprar por Londres con ella. Victoria hablaba de su futuro matrimonio, se veía emocionada, hablando de preparativos, invitados, comida, vestidos y entre otros. Claramente yo era una nueva invitada.

- Permítame —. Me levanté de la mesa para ayudar a Clare con los platos.

- Gracias, Kristen —. Dijo secamente.

Fui detrás de la madre de Robert llevando en las manos unos vasos y platos sucios, mientras que los demás seguían enfrascados en la sobre mesa.

- ¿Así que vienes de Los Ángeles? —. Clare preguntó cuando llegamos a la cocina.

- Sí, vivimos por largo tiempo allí con mi familia —. Dije mientras ayudaba a lavar platos.

- Ya veo, en Estados Unidos todo es más liberal, ¿No? —. Sonaba tan seria que sentía nervios.

- Más o menos, somos reservados de todas formas —. Admití.

- ¿Y cómo conociste a mi hijo? —. Definitivamente esto era un interrogatorio.

- En el Georgic —. Dije sacando una fea mancha del
plato color crema.

- Pareces una buena chica —. Dijo secamente.

- Solo quiero hacer feliz a Robert —. Me sinceré, más que mal era su madre.

- ¿De verdad? —. Me extraño su pregunta.

- Por supuesto, lo quiero mucho —. Dije firme.

- ¿O sea que no estás con él por el dinero? Todas quieren estar con él por lo mismo, los lujos, los viajes, las ventajas de que él sea militar —. Clare transmitía.

- Disculpe, pero nunca me ha interesado el dinero, tengo como mantenerme sola, no necesito del dinero de Robert ni menos del rango que tiene en el ejército. Es algo que me da lo mismo, yo quiero a su hijo, lo que es él por dentro, no las cosas que tiene —. Contesté ofendida.

- Entonces intenta no interferir en los planes que él tenga dentro de la milicia —. No entendía, pero de verdad ella me quería fastidiar.

- ¿A qué se refiere? —. Pregunté asombrada.

- A que si debe ir a la guerra, no interfieras. A Robert le ha costado bastante tiempo para llegar a donde ha llegado y no dejaré que una chiquilla insulza venga a cambiar su forma de pensar —. Hizo una pausa amenazándome con los ojos. — En nuestra familia, es tradición que los hombres defiendan a su madre patria y Robert no será la excepción. Mi padre, mis hermanos, Richard, sus hermanos y ahora Robert, no te metas en sus asuntos, ¿Entendiste? - Ella era la lanza y yo el ciervo débil que esperaba para ser cazado.

Tragué saliva.

- Comprendo —. Sequé el último plato con la cabeza agachada. Sentía un nudo en la garganta. — No voy a interferir en esos planes, solo quiero amarlo —. Dije con la voz tiritona.

- Eso espero, Kristen. No lo hagas sufrir como todas las demás. — Por una parte comprendía a esta mujer, pero por otro lado no entendía como podía mandar a su hijo a la guerra como si nada.

Salí por la puerta de la cocina y Robert justo ladeó la vista. No sé cual era mi semblante, pero él se acercó preocupado.

- Mi amor, ¿Pasa algo? - Preguntó.

- Me siento mal, mi cabeza da vueltas - Mentí, no quería decirle a Rob la verdadera razón de mi poco ánimo.

- ¿Quieres que nos vayamos? - Robert tomaba mis manos sobandolas.

- Por favor.

- Está bien, traeré tu abrigo y nos iremos a mi departamento- Concluyó y se fue en busca de mi abrigo.

- ¿Pasa algo, Kristen? - Richard se acercó igual de preocupado - Te ves pálida.

- Me duele la cabeza - Dije.

- Listo - Era Robert que aparecía con mi prenda y me ayudaba a colocármela.

- Nos vamos, papá - Dijo Robert.

- ¿Se van? - Decía un poco entristecida la simpática Lizzy.

- Sí, Kristen se siente un poco mal - Robert respondió por mí.

- Oh, pequeña, cuídate - Lizzy se abalanzó a mi regazo y me abrazó. - Y recuerda, tenemos que salir a comprar ropa en Londres, ¿Eh?

- Claro que sí - Dije con mi poco ánimo.

Clare salió por la puerta de la cocina.

- ¿Qué pasa? - Preguntó dulcemente.

- Kris se siente mal - Respondió Victoria.

- Oh - Soltó la madre - ¿Se van? - Clare puso una falsa preocupación en su boca.

- Si, mamá - Dijo Rob.

- Los dejaré afuera - Dijo sonoramente Richard.

Todos se despidieron amablemente, hasta Clare que hace quince minutos me hablaba duramente.

- A pesar del poco tiempo, te conozco bastante para notar que algo te pasa. - Robert rompió el silencio cuando yo iba mirando por la ventana sin decir palabra alguna.

- No pasa nada, Rob - Me limité a decir, ¿Qué le iba a contar? Oh si, tu madre no me acepta porque piensa que me interesas por el dinero, me odia.

- No me lo creo. Saliste de la cocina despavorida, como si te hubieran amenazado de muerte - Rob paró en el semáforo en rojo.

- No quiero importunar tu planes - Dije mirándome los dedos de mis delgadas manos cuando mis ojos comenzaban a llenarse de saladas lágrimas.

- ¿Qué dices? - Se alarmó.

- Es que ... - Comencé a llorar, no comprendía cómo las palabras de Clare me habían clavado tan adentro. Me sentía humillada.

- ¿No me quieres? - Ahora Robert sonaba mucho más apenado que alarmado.

- Te quiero demasiado, te has vuelto alguien completamente importante en mi vida - Sollocé cabizbaja.

- No te entiendo, amor - Decía perplejo.

- Es que no quiero que te enojes con nadie por mi culpa - Lo miré con lágrimas en los ojos.

- Ay no, Kristen. No llores, mi amor. - Me tomó de la mano olvidando que estábamos obstruyendo el paso en la calle, detenerse en medio del tráfico parecía ser un hobbie para Rob - Mi amor, esto se trata de confianza. Dime, por favor, ¿Qué pasó?

- Pero primero, avanza. El tipo de atrás toca la bocina hace un rato como desesperado. - Le dije.

- Oh - Rob aceleró.

Robert manejó rápidamente hasta llegar a su departamento. Podía notar la desesperación en él por saber bien lo que me sucedía.

- Llegamos a mi morada - Dijo un poquito alegre, a lo que yo solamente sonreí.

Robert abrió mi puerta y me recibió con un abrazo. Lo apreté en contra mío con fuerza.

- Robert, te quiero mucho - Dije sobre su hombro volviendo a llorar.

- Yo a ti también, mi vida - Dijo mirándome a los ojos con nuestras frentes frías pegadas una a la otra - ¿Me dirás qué te sucede?

- Sí, pero entremos a tu departamento, me estoy enfriando. - Tirité para sonar literal.

- Sí, señorita - Me agarró por la cintura y caminamos a la entrada completamente blanca que combinaba con marcos de ventana y puerta principal de color verde oscurísimo. Subimos las cinco escalerillas hasta llegar a toparnos con el típico tapete de bienvenida.

- Entra, por favor - Dijo educadamente.

- ¿Eso mismo le dices a las damiselas que traes para acá? - Bromeé.

- Nunca he traído a ninguna mujer aquí - Mi broma no pareció agradarle.

- ¿El apuesto Robert nunca ha traído a una chica aquí? - Pregunté tratando de sacarlo de su seriedad.

- No, Kristen.- Dijo serio otra vez. - Guardaba esta ocasión para la chica adecuada, ahora entra. - Me dio un pequeño empujoncito.

- Está bien, está bien. - Robert encendió la luz y vino a mi un flashback de aquella vez en que me hizo pasar a su cuarto en el barco.

- Siéntete como en tu casa - Dijo quitándome el abrigo.

- Tantos libros - Admiré la estantería que había en el fondo de la sala, apostaría a que había más de mil libros.

- En mi tiempo libre soy un devorador de libros - Dijo paseándose por su morada.

- ¿Me dejas leerlos? - Lo busqué y ya estaba sentado en un sofá café.

- Aquí adentro puedes hacer lo que quieras - Dijo quitándose los zapatos.

- Oh, entonces partiré por andar descalza - Me quité los tacones y los dejé al lado de la puerta.

- Ven - Me llamó y me lancé encima suyo.

- ¡Oush! - Soltó Robert cuando caí bruscamente sobre él.

- Perdón - Dije bajito.

- ¿Me vas a contar? - Volvió al tema que ameritaba conversación.

- Tu mamá ... - Fui directo al grano - Me preguntó si yo estaba contigo por interés. También me advirtió que no me interpusiera en tu carrera como militar. Cree que soy como las demás que te hicieron daño y yo ... yo te quiero a ti, me sentí ofendida, yo no ... - Y mis lágrimas volvieron causando un gran caudal en mis mejillas.

- Supuse que era eso - Dijo de mala gana - No es primera vez que lo hace.

- Sé que es tu madre, pero no permito que me falten el respeto y me sentí mal - Dije sobre su pecho.

- Kristen, no le hagas caso. De verdad. Hablaré con ella - Dijo acariciándome.

- No, no le digas nada - Dije.

- Obvio que hablaré con mi mamá, Kristen. Ella aún no se hace la idea de que tu me importas mucho, que quiero estar contigo seriamente - Dijo firme y serio - Yo te quiero mucho, me enamoro de ti cada día más, me entrego cada vez más a ti, eres todo, todo. No eres como las demás, eres única. Eres especial, inteligente, cariñosa, tienes tema, te gusta la música, bailar conmigo y me quieres incondicionalmente, y eso lo he notado solo, sin palabras ni discursos. Nos encontramos a su debido tiempo, el destino nos juntó, mi amor.

- ¿Estuviste con muchas chicas? - Es lo que me quedó dando vueltas después de escuchar tan hermosas y sinceras palabras.

- No es necesario hablar de eso, Kristen - Sonaba incómodo.

- Tu dijiste que esto se trataba de la confianza, ahora lo exijo - Me senté sobre mis piernas y me dispuse a escuchar.

- Tú ganas - Miró como un retoño enojado.

- Después tienes derecho a preguntarme algo - Dije juguetonamente.

- Mmm, ¿Preguntarte lo que yo quiera? - Preguntó.

- Sí - Dije dubitativa.

- Okay, esto se viene bueno. Déjame traer vino - Saltó del sofá y fue a la que supuse era su cocina.

Aproveché de sacarme las
medias y ponerme más cómoda, dentro de lo que podía junto a este faldón tan formal.

- He aquí mi vino preferido, el
mejor de las tierras inglesas, querida.

- Ya quiero probarlo - Dije animada - ¿Me traerías una manta o algo, Rob? Tengo frío.

- Por supuesto, sirve el vino mientras - Dejó el vino y las copas en una mesita que había entre los sofás, estaba llena de papeles y colillas de cigarro.

Serví el vino en ambas copas y me volví a acomodar en el sofá con mi copa llena de sustancia roja.

- Aquí tienes, mi amor. - Robert había cambiado su ropa casual por unos pantalones holgados y una polera, aún así se veía tan apuesto - Te arroparé yo mejor.

Se sentó a mi lado y nos envolvimos en las dos frazadas que trajo.

- Mucho mejor - Dije.

- ¿Cómo está el vino, bonita? - Preguntó cerca de mi oído.

- Sabe de maravilla, ¡Inglés tenía que ser! - Exclamé.

- Me alegro, Kris - Me dio un beso en la mejilla - Me alegro también que estes aquí. ¿Te quedarás, cierto?

- Si me dejas, obvio que si - Él celebraba.

- Genial, no sabes lo que tengo pensando para esta noche - Dijo Rob pasando uno de sus dedos por mis labios húmedos por el vino.

Mordí su dedo.

- Supongo lo que quieres, coqueto ... No quiero ser aguafiestas, pero estoy agotadísima - Ví como su alegría se iba y era reemplazada por una carita de "Oh, mis planes se arruinaron".

- Bueno, no hay prisa - Dijo tomando de su copa.

- Pero te recompensaré - Murmuré.

- Con creces, por favor. Quiero volver a sentirte - Desde aquella alocada noche en la suite de Rob en el barco no habíamos vuelto a intimar. Mi cuerpo lo ansiaba y el suyo también, ganas no faltaban pero ahora me encontraba vaga de fuerzas para cumplir labores amatorios.

- Te deseo, Rob - Dije sin pudor alguno.

- No digas esas cosas, porque olvidaré tu cansancio y te quitaré lo que llevas puesto y te haré mía a la fuerza - Sonaba rudo y me gustaba.

- Te deseo bastante. - Volví a decir.

- Kristen, compórtate - Me miraba tensando la mandíbula.

- Deseo tu cuerpo, Rob, deseo descubrir cada rincón de tu humanidad, sentir tu piel deslizaras sobre la mía ... Lástima que estoy muy cansada - Intenté sonar inocente.

- No me dejas elección - Robert se abalanzó encima mío, aplastando mi cuerpo con el suyo, seguíamos envueltos en las mantas y nuestros corazones palpitaban a todo vapor.

- ¡Hey! - Grité y empujé a Rob hasta botarlo sobre la alfombra del suelo, muy astutamente me agarró del brazo y caí encima suyo, llevando el vino sobre mi espalda y toda mi blusa, ahora estaba mojada.

Ambos rompimos en carcajadas, fue gracioso y húmedo. Los dos tirados en el suelo, yo encima de él y un vino bañándome.

- Mira lo que haces - Bufó Robert entre risas.

- Yo no hice nada, tú me botaste, tonto - Dije encima suyo. - Necesito cambiarme de ropa.

- Okay, te pondrás algo mío. Es lo único que tengo - Me levanté quejándome del vino que corría por mi espalda adheriendo la blusa a mi piel.

- ¿No tienes ropa de Claudia? - Bromeé.

- No me vengas con esas bromas, Kristen. - Me miró de reojo y me agarró de la mano para ir directo al segundo piso.

- Ay, más despacio - Gimoteé por la rapidez con que Rob me arrastraba por la escalera.

Él no dijo nada y me guió a su habitación. Era espaciosa, acogedora y con ese toque exacto de masculinidad y esencia inglesa. Tenía murales blancos y muebles de madera maciza. Tenía un escritorio, un librero, su guitarra en una esquina, una estantería llena de discos de música, y su cama, la misma que acogía a mi hombre por las noches solitarias.

- Tu departamento es un isla virgen por conocer para mí - Espeté observando el diseño de su habitación - Tienes muy buen gusto.

- Empezando por ti, hermosa - Mencionó enredando sus largos dedos en mi cintura, buscando la curva perfecta para posar su cálida y sugerente mano. - Me encanta esa curva peligrosa y asesina de tu cintura, algún día desfalleceré allí. - Detuvo el andar de sus dedos y en un
movimiento rudo y seguro me volteó hacia su cuerpo - Tu espalda bañada en vino me embriaga solo de sentirla en mis manos.

Con esas palabras yo sería la única ebria aquí.

- Rob, para ... No sigas ... - No pude más y me entregué a sus besos que paseaban por mi cuello y mi clavícula. Sentía el roce tibio en mis huesos que llevaba un torrente eléctrico directo a mi cuerpo débil.

- Con ese tono frágil no paras ni a un buque, Kristen - Dijo sonriendo sobre mi hombro.

Robert siguió en su baile de besos sobre mi piel.

- ¡Detente! - Lo empujé unos pasos de mí - Estoy mojada y quiero cambiarme.

Gocé la impresión que causó mi reacción en él.

- Ahora si me convenció tu rudeza - Me seguía mirando con malicia - Pero me pondré serio, no quiero que te resfríes por mi culpa.

- Sí, por tu culpa - Dije mirándolo seria pero risoria.

Robert buscó en su armario algo, que probablemente era lo que en unos minutos más vestiría yo.

- Mi amor, debes sacarte esa blusa - Dijo sosteniendo en sus manos una remera gris.

- Vísteme, soy una perezosa - Y era la verdad, estaba un tanto exhausta que hasta cambiarme de ropa me agotaría.

- ¡Ay, Stewart! Me harás perder la cabeza - Decía sonriendo con gracia.

- Que bueno que te alegro - Sus ojos brillaban.

- No te imaginas cuanto, mi amor - Con una delicadeza y suavidad innata desabotonó mi blusa dejándome solo con mi brassier puesto, hizo un gesto con la boca y siguió en su labor. - Levanta los brazos, muñeca - Hice caso y me colocó su polera gris, miré el
logo que tenía sobre el pecho "Ejercito del Reino Unido" y debajo de tal emblema un "Pattinson" bordado en mayúsculas.

- ¿Intentas marcarme con esto? - Dije.

- Sí, para que el mundo sepa que me perteneces - Dijo besándome con ternura, otra vez - Eres una pieza de mi alma.

Suspiré enamorada, exhalando amor por cada poro de mi piel.

- Te quiero tanto - Salté sobre él, abrazándolo por el cuello y rodeándolo con mis piernas por su cintura - Agradezco que me hayas espiado, que me hayas visto y me hayas buscado. Mi vida estaría vacía sin tu compañía, sin tu amor. De una u otra forma sé que mi alma te hubiese buscado sedienta por ti porque el destino así lo quería.

- Estoy completamente de acuerdo, amor - Me miraba a los ojos con el amor más profundo de su ser.

- Me quiero enamorar cada día más de ti y olvidar el horrendo mundo que hay afuera - Dije acariciando su barbuda mejilla con mi nariz.

- Te llevaré a conocer las profundidades más desconocidas del amor, te llevaré a la luna y te traeré de vuelta, de vuelta a nuestra burbuja, de vuelta a sentir más de lo que crees merecer, mereces mi amor y yo el tuyo. Te encontré, Kristen Stewart, te encontré para amarte, te encontré para nunca más soltarte - Concluyó con un beso inundado de amor y pasión, de ternura y sensualidad, un beso que le demostraba a cualquiera que lo que teníamos era único.

Esa noche dormí en sus brazos, no necesitamos desvestirnos, porque nos amamos espiritualmente, fidedignamente uno al lado del otro. Sus brazos acomodados para mí, y mis brazos acurrucándolo a él. Dormir junto a él era sagrado, únicamente placentero.


¿Robsten enamorándose? Es solo para derretirse. Pues aprovecho de agradecer y volver a agradecer a cada una de las personas que leyeron el one shot y que me dieron el apoyo y el ánimo para continuar. AWEM nació como una idea repentina, como saben y seguirlo me gusta mucho. Ya saben el final aún no se sabrá, las dejaré con la expectativa. Muchas gracias por los reviews que recibí, los leí cada uno (gracias a los rvs de AmanteRobsten, Priscila, TittaCullenSwan, PatoElPez, loreblue31, Nannda, lisvila, GaliciaCullen, Foreworkath, Ap19 y andreammgg) y obviamente, a las que cada mañana, cada tarde y cada noche me alienta, se alegra, aconseja, por twitter, de verdad muchas gracias (: Son el motor que necesito para seguir. Mary :)