Y nuevamente… no soy propietaria de Hey Arnold!... por si alguien aún lo duda…XP
xoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxox
Sonámbulo 2
Arnold sonrió dormido, sintiendo en sus sueños el aroma de Helga y como su pelo le hacía cosquillas en el rostro. Aunque se quejó en sus sueños. Demasiado pelo en su rostro. Levantó una mano para apartar el pelo, cuando entonces se dio cuenta. No era un sueño. El pelo era real, y la mano que había levantado, antes había descansado en la cintura de la propietaria del cabello.
Arnold tragó saliva y abrió los ojos sobresaltado. Ya había reconocido a la persona que estaba a su lado; verla sólo pudo confirmar sus mayores temores y también esperanzas. ¿Pero cómo? Miró en torno suyo. Definitivamente, esa no era su habitación. ¿Estaba en la pieza de Helga? ¿Cómo llegó ahí?
De pronto, algo le hizo sentido. Chicharrón de cerdo. Como un fantasma de la Navidad pasada, el recuerdo de Gerald bailó en su mente "No, gracias viejo; prefiero comer palomitas de maíz que chicharrón. Una fuente confiable me dijo que pueden producir problemas con el sueño". Recordó haber preguntado quién era su fuente y qué tipo de problemas podían causar. "Sonambulismo" le había respondido su amigo, dejando la otra pregunta sin contestar, y centrándose en la película elegida para esa noche de camaradería. Arnold recordó avergonzado como, para no desperdiciar la comida, casi tragó los chicharrones mientras leía cierto libro rosa antes de dormir. No es que fuera egocéntrico, no; sólo le gustaban los poemas y el modo en qué estaban escritos. Arnold sacudió la cabeza para despejarse, se estaba distrayendo. Chicharrones. ¿De verdad le habían producido sonambulismo? No lo había creído posible. Él nunca había sufrido de sonambulismo. Pero ¿qué otra explicación existía? Para él, que acostumbraba a soñar tanto despierto como dormido, no era un misterio el motivo por el cual un sueño podría haberlo llevado ahí. Suspiró. Pero entonces, se puso en alerta. Helga podía despertarse. Y sólo Dios sabía cómo podía reaccionar Helga si lo veía ahí. Aunque siendo honesto consigo mismo, existía una parte de él que fantaseaba seriamente con ello.
Arnold sacudió nuevamente la cabeza y se empezó a levantar lentamente. A su lado, Helga dormía como un angelito. Un dulce y bello angelito. Un ángel que era una suave tentación. Miró su rostro, enmarcado en ese rubio cabello. Ok, no era una suave tentación. Era una poderosa tentación. ¿Cuántas veces en su vida podría ver a Helga callada y tranquila, casi pidiendo un beso como una princesa dormida? Se inclinó lentamente y rozó apenas su mejilla, en un beso casi imperceptible.
-"Jijiji... Wolfgang" –rió bajito la rubia en sueños.
Arnold arrugó el entrecejo. ¿Ese gorila? ¡¿Por qué? ¡No tenía sentido! Aún molesto, y dispuesto a dejar una pequeña huella en la bella durmiente, se acercó a su oído y murmuró suavemente "No, Arnold". Y la besó nuevamente, con suavidad. Arnold descubrió con asombro cómo un leve rubor cubrió la cara de Helga, mientras un suspiro involuntario salió de sus labios, pero ella no se despertó. Arnold sintió sus mejillas ardiendo de rubor, y deseo besar nuevamente a Helga. Besarla sin detenerse hasta llegar a los labios. Besarla, y…
Arnold tembló involuntariamente y recurrió a lo que recordaba de su entrenamiento de karate. Debía salir. Rápido. Silencioso. Necesitaba concentrarse. No mirar a Helga. No perderse en vanos desvaríos, como ella le decía con su voz… Arnold sacudió su cabeza y se levantó de la cama. Hacer lo correcto no era fácil; era francamente difícil cuando Helga estaba de por medio. ¿Cómo ella podía enloquecerlo, aunque ni siquiera lo intentara?
Arnold suspiró y se encaminó a la puerta. Pero no alcanzó a abrirla, cuando un segundo pensamiento llegó hacia él. Si salía por la puerta y bajaba las escaleras, éstas podrían crujir. Abrir la puerta principal descorriendo los cerrojos, haría patente que alguien había entrado y salido furtivamente. No. Necesitaba un mejor plan. Y que no implicara un vidrio roto para simular un robo o un disfraz estrafalario, sonrió imaginando la respuesta de Helga a su situación. Arnold se pegó en la cara con su mano. Estaba fallando miserablemente en su propósito de concentrarse, e incluso estaba pensando como ella. Quizás debería ir a terapia.
Pero entonces se fijó en la ventana. Estaba abierta. ¿Había entrado por ahí? Tenía sentido. Pero al asomarse, se preocupó. Parecía mucho más fácil subir que bajar. Pero tenía que intentarlo. Tal vez no era tan complicado como parecía. Se inclinó para mirar mejor. Si sólo tuviese una cuerda…
-"Bajo la cortina."
-"¿Eh?"- Arnold se volvió. Podía jurar que había escuchado a Helga hablar. Pero Helga lucía igual de dormida que antes.
Arnold sonrió con malicia. Los "problemas con el sueño" (sueño pesado o sonambulismo) era un juego que ambos podían jugar. Pero suspiró. No ahora, no en esta ocasión. Lo correcto. Tenía que hacer lo correcto.
Buscó tras las cortinas y encontró una escalera de cuerdas. No le sorprendió. Tampoco lo hizo el descubrir rápidamente como sujetarla para bajar.
-Gracias- dijo en voz baja. Lo suficientemente alto para que Helga lo escuchara, no tan alto como para fingir despertarla.
Helga siguió durmiendo. Arnold volvió a sonreír con malicia. Algunas cosas no cambian. Y tal vez no lo harían. Pero él podía lidiar con eso.
