Un Fan Fic de Dragon Ball

Episodio 02

Afuera la Capital del Este lucía adormilada, los sonidos característicos de las grandes urbes estaban ausentes a lo largo de las calles perfectamente trazadas de lado a lado de la ciudad. En el cielo las perezosas nubes comenzaban a formar grandes cúmulos, cargados de una lluvia torrencial que no pararía hasta el día siguiente por la madrugada, lo cual es bueno, pensó Bianch, cruzando la calle cuando el semáforo en la esquina le cedió el paso. Durante las semanas anteriores, el calor había llegado a niveles inquietante. Todos en la universidad estaban de acuerdo con que el aire acondicionado dentro de las aulas necesitaba un ajuste de temperatura.

Cosa que no pasaría.

La lluvia, además de calmar el calor sofocante de la ciudad, serviría para el riego de los cultivos en todos los edificios. La sequía comenzaba a tener consecuencias; las plantas de las terrazas y azoteas habían comenzado a cambiar de color. La pérdida de estas plantas era inaceptable, pero gracias a la lluvia pronosticada para ese día, la primera fase de la lluvia artificial no sería puesta en marcha lo cual era francamente un alivio.

—¿Tienes algo que hacer por la tarde, chico?

Bianch miró por sobre el hombro. Detrás de él se acercaba alguien en una motocicleta de una sola rueda. Se detuvo y el otro se colocó junto a él.

—Mesen —saludó Bianch—, ¿necesitas que te acompañe a algún lugar?

Mesen se quitó el casco oscuro de la cabeza, dejando libre su cabellera rubia de príncipe encantador. Clavó su mirada esmeralda en los ojos de Bianch.

—Eres un encanto —replicó, bajando de la moto y arrastrándola junto al camino. Bianch anduvo a su lado—, sabía que podía contar contigo en cualquier momento, pero en esta ocasión sólo quiero invitarte a un café es Astrobucks, si nos damos prisa cuando terminen las clases, llegaremos antes de que empiece la lluvia.

—¡Claro que sí! —aceptó Bianch, con demasiado entusiasmo—, le comentaré a Turma, quizá quiera ir también.

Se detuvieron en el punto en Y que dividía sus caminos.

—Sí, coméntale —replicó Mesen—, esperemos que hoy no esté tan ocupada como estos últimos días. Nos vemos al rato, pon atención a las clases o te quitaré la beca.

Mesen siempre se despedía de esa forma. Al principio a Bianch no le había hecho mucha gracia que Mesen bromeara con su beca, pero luego se acostumbró al carisma de su amigo y dejó de prestarle tanta atención al tema. Después de todo, ese era el mejor consejo que Mesen le había dado a lo largo del tiempo que se conocían.

Bianch agitó la mano mientras Mesen se alejaba sobre la motocicleta. Cuando lo perdió de vista, giró a su izquierda y contemplo el edificio delante de él. Era una estructura sencilla, sin adornos, sólo el nombre de la facultad en letras doradas y el nombre de la especialidad debajo de éste en letras plateadas, ambos colocados sobre la entrada.

—Medicina —leyó Bianch en voz baja, mantra que había adoptado con el paso de los años para no olvidar la razón por la cual todos los días caminaba por ese sendero de concreto—. Inmunología.

Avanzó decidido, convenciéndose a sí mismo de que cada paso hacia el interior del edificio, era un paso más cerca de su objetivo; los conocimientos necesarios para luchar contra la enfermedad y la muerte.

—¡Bianch! —lo llamó alguien antes de internarse en el pasillo principal del edificio. El joven tsufuru se detuvo y miró hacia atrás.

Al pie de las escaleras estaba una chica de cabello violeta y mirada celeste, sus hebras se derramaban sobre sus hombros hasta los pechos redondos de adolescente casi mujer. Su sonrisa cálida alegró el corazón de Bianch.

—Hola, Turma —saludó, con una sonrisa más grande que la dedicada a Mesen.

—Me alegro de verte —continuó la chica, con voz dulce—, ha pasado bastante tiempo desde la última vez.

—Es verdad —replicó Bianch, y dio un par de pasos hacia ella. Quiso decirle algo más pero Turma se adelantó.

—Debo irme ahora, espero que podamos encontrarnos de nuevo pronto.

Se despidió y echó a correr.

—¡Espera! —la detuvo Bianch, desde media escalinata—. Mesen quiere que vayamos por la tarde a Astrobucks.

—Lo pensaré, me encanta la idea, si puedo, los veré allá —dijo y estuvo a punto de irse, pero antes agregó—: por cierto, qué bien combinaste hoy.

Gritó, haciendo alusión a su vestimenta y se fue. Bianch se quedó estático un momento, mientras veía cómo su amiga se alejaba hacia el edificio vecino. Pediatría rezaban sus letras plateadas. Tras lanzar un largo suspiro, Bianch volvió al pasillo y se internó por éste hacia el aula de su primera clase. Andando con paso apresurado, trataba de descubrir la razón por la cual Turma se había distanciado tanto de ellos. La primera razón que le vino a Bianch, fueron las clases. Posiblemente los tutores de Turma habían comenzado a cargarlos de investigaciones, y eso la dejaba con muy poco tiempo libre. Al llegar al aula, Bianch descartó esta posibilidad. Mesen estaba en regeneración; una rama de la medicina relativamente nueva, y sus deberes de investigación eran brutales. Si él podía hacer los deberes y tomarse un café con Bianch, Turma también podía hacerlo, ergo, no eran los estudios lo que la mantenían alejada de ellos.

¿Entonces qué era?

Bianch sabía, aunque lo negaría por siempre, que la única alternativa que restaba era la terrible realidad de que Turma ya no estaba a gusto con ellos. Se notaba sobre todo en esos saludos exprés de la chica cada vez que sus caminos coincidían en el campus de la universidad. La idea le parecía odiosa a Bianch y quiso extirparla de su mente, sacudió la cabeza con fuerza, pero esto en lugar de ayudarle empeoró las cosas.

Quizá, susurro una voz ácida dentro de su cabeza, no está cansada de ustedes, únicamente de ti. De lo contrario, ¿porque se quedó a escucharte sólo cuando le dijiste que Mesen quería salir?, tal vez él no se ha percatado de esta ausencia porque para él no está ausente.

—¡No, cállate! —dijo Bianch, atacando la mesa con sus puños. Las palabras en su mente ocultaban un secreto muy desagradable y real.

—¿Tienes alguna objeción en cuanto al tema, joven Bianchetto? —cuestionó el tutor, sorprendido y mirándolo con los ojos muy abiertos, igual que todos sus compañeros dentro del aula.

En ese momento Bianch recordó que estaba en el aula de clases. Lidiar con sus pensamientos lo había arrancado por completo de la realidad. Avergonzado, se puso de pie y trató de recordar qué estaba diciendo el tutor. No supo cuál era el tema.

—Lo lamento, no tengo ninguna discrepancia con usted o sus conocimientos —dijo, presentando una amplia reverencia.

—Tome asiento y ponga atención. —terminó el tutor y continuó con la clase.

Bianch se sentó y se sintió aún más avergonzado cuando escuchó las risitas divertidas de algunos de sus compañeros. Durante el resto de la clase, no dejó de recriminarse su falta de atención. Nunca antes se había perdido de esa forma en sus pensamientos, trataría que no pasara de nuevo. Turma era alguien importante para él, un poco más que Mesen, bueno, tan amiga como él, o sea, sólo ellos dos eran sus amigos y, bueno… por eso la quería, ¡pero como amigos!

Bianch sintió cómo el color le subió al rostro y de nueva cuenta trató de silenciar sus pensamientos, no quería golpear la mesa e interrumpir la clase otra vez. Dejó sus especulaciones para después. Si Turma decía que estaba más ocupada y por eso no podía salir con ellos, bueno, a ellos sólo les quedaba apoyarla. Si se había cansado de salir con ellos, pues ni modo, debían respetar su decisión. Aunque ella no les había dicho nada al respecto.

Muy a pesar de haberse dicho que pondría atención a sus clases y no pensaría más en los motivos inciertos de Turma, Bianch no pudo ignorar el abismo de posibilidades que se habría justo delante de él para explicar el extraño comportamiento de su amiga. Las clases fueron eternas a pesar de no haberle prestado atención. Los temas se le hicieron tediosos a Bianch y no pudo captar nada acerca de las exposiciones de sus tutores. Cuando la última de sus clases finalizó, salió corriendo del aula, atravesó los pasillos a la carrera y voló sobre las escaleras en busca de la entrada principal. Sin detenerse, corrió hacia el edificio vecino, con la esperanza de toparse con Turma e increparla con sus preocupaciones, exigirle que resolviera, de una vez, todo el misterio para que de esa forma Bianch pudiera seguir concentrado en sus estudios.

—¡Oye libre! —le llamó Mesen, cerca de la entrada a Inmunología, con las manos agitándose en el aire—. No huyas, quedamos de ir al astrobucks.

Bianch detuvo su carrera y dudó un segundo si volver con su amigo o ir en busca de la chica. Después de un momento, se decidió por la primera opción.

—No te desanimes —consoló Mesen—, ambos pensamos en lo mismo. Hace un momento hablé con Turma, quise interceptarla antes de que huyera y contarle mi plan de tomar un café. Dijo que ya se lo habías comentado.

Mientras hablaba, Mesen pasó un brazo por los hombros de Bianch y lo conducía hacia el estacionamiento de estudiantes entre el mar de alumnos que se dirigía hacia allá.

—¿Aceptó venir? —preguntó Bianch, tratando de recuperar el aliento por la carrera de hace un momento.

—Dijo que lo pensaría —concluyó Mesen, activando la puerta del auto—, sube está abierto.

Bianch rodeó el auto y, antes de subir, cuestionó:

—¿No habías llegado en motocicleta por la mañana?

—Así es —respondió Mesen con una sonrisa de todos los dientes en el rostro. Subió al auto sin dar una explicación.

Una vez que estuvieron los dos arriba, Mesen puso el auto en marcha y salieron del campus rápidamente.

—¿No te parece extraño? —comenzó Mesen, incorporándose al fluido tránsito de la tarde.

—¿A qué te refieres? —preguntó Bianch, haciéndose el loco.

—A Turma, por supuesto —replicó Mesen, acelerando un poco—. Quiero decir, entiendo que se preocupe por sus notas y quiera hacer perfectas todas sus investigaciones, pero eso no justifica que se haya alejado de nosotros de la forma en la que lo hizo, ¿no te parece?

Bianch, antes de responder, se sintió mal consigo mismo por haber pensado que sus amigos lo estaban engañando.

—Sí, pero tampoco nos dijo que estuviera ocupada. —dijo, sin agregar nada más.

—¡Exacto!, estoy seguro de que algo está ocultando —hizo una pausa mientras daba la vuelta en una calle, luego prosiguió—. La verdad creí que estaban saliendo como pareja a espaldas de mí.

—¿Qué? ¡Eso es ridículo! —dijo Bianch, sorprendido, aunque le habría gustado que eso pasara.

—Pensé lo mismo —dijo Mesen—. Estoy seguro de que no me lo ocultarían, somos amigos y ese tipo de cosas no se guardan. Entre nosotros no debería haber secretos.

—Por supuesto que no —replicó Bianch, mirando por la ventanilla del auto. Alguna vez había pensado que si él y Turma iniciaban una relación, lo mejor sería no contarle nada a Mesen, por lo menos durante algún tiempo. Por esta razón las palabras de su amigo lo hacían sentirse un poco incómodo, tal vez no lo había engañado, pero había pensado en hacerlo.

—¿Tienes alguna idea de lo que puede estar pasando? —interrogó Bianch, sin darse cuenta de que Mesen se había detenido delante de un bar.

—La verdad es que no —aceptó Mesen, en un largo suspiro—, sólo espero que no sea por una tontería.

Dijo esto último dedicándole una sonrisa franca a Bianch, éste la devolvió y bajaron del auto. Sólo en ese momento Bianch se percató del lugar en el que estaban.

—¡Oye esto no es astrobucks! —recriminó a su amigo por sobre el auto, pero Mesen no le prestó atención.

—Más te vale no rayarlo —le dijo con un tono hostil y la mirada encendida por la desconfianza a un joven saiyan que recibió las llaves del auto con la cabeza agachada.

—Seré cuidadoso, señor, se lo asegu…

—No te creo —atajó Mesen y rodeo el auto, dejando al saiyan con las palabras en la boca.

—Tan carismático como siempre —comentó Bianch, sin humor en la voz, recordando el comentario de Onyen en la mañana.

—Nunca con ellos —replicó Mesen, dejando claro que no le interesaba el tema en absoluto.

Se dirigió a la puerta del establecimiento, seguido por Bianch, quien le dedicó una mirada fugaz al saiyan que estacionaría el auto de su amigo. No supo identificar del todo la expresión en su rostro; parecía sereno, a gusto, como si el comentario de Mesen más que ofenderlo, le pareciera divertido. ¿Se está burlando de Mesen?, se preguntó Bianch y desechó la idea casi al mismo tiempo. No era posible que un saiyan se burlara de un tsufuru, además de no tener la inteligencia para ello, seguramente lo tenían prohibido.

El bar era un sitio elegante. En medio de todo, había una pequeña pista donde quién quisiera, podía bailar al ritmo de la música del DJ establecido al fondo. Al costado izquierdo de éste, se encontraba la barra, donde tres tsufurus, muy hábiles con las manos, preparaban las bebidas que los clientes pedían. La concurrencia dentro era muy poca, por los rincones, entre las sombras del lugar, había salitas disponibles y en los bancos colocados contra la barra había apenas tres sujetos y dos chicas.

—¿Turma sabe que estaremos aquí? —cuestionó Bianch, tomando asiento en uno de los pequeños sofás.

—¿No te lo dije? —se extrañó Mesen—. Ella me pidió que viniéramos a este lugar.

—¿Qué?, ¿por qué querría que viniéramos a un lugar como éste?

—Ni idea —dijo Mesen, encogiéndose de hombros—, tal vez nos va a confesar que se unió a una mafia y éste su cuartel secreto.

—No lo dudó. —replicó Bianch, entre risas.

En realidad no sabía que esperar de esa reunión. Tenía pensado que en cuanto salieran de clases hablaría con Turma y todas sus dudas quedarían resueltas. No obstante, haberse encontrado con Mesen y descubrir que él estaba igual de confundido, lo ponía de nuevo en la oscuridad de la incertidumbre.

—¿Están listos para ordenar? —pregunto una chica saiyan muy parecida a Onyen, pero con el cabello más corto.

—Quiero una cerveza —exigió Mesen, sin tacto alguno y sin mirar a la chica.

—Que sean dos —agregó Bianch, dedicándole una tímida sonrisa a la chica saiyan. Ésta se alejó con una reverencia.

—No te haría daño ser un poco más amable con ellos —comentó Bianch, tratando de no sonar como un anciano que pretende sermonear.

—Pero a ti sí te hará daño confiar tanto en ellos —atajó Mesen—. Te lo aseguro, nada bueno puede venir de un saiyan.

—Sigo sin entender por qué te molestan tanto —comentó Bianch, bajando la voz mientras hablaba. En ese momento, la chica saiyan volvía con el par de cervezas que habían ordenado.

—No son como nosotros —replicó Mesen, dedicándole una mirada fulminante a la chica—, son criaturas despreciables y viles, en las que no puedes confiar.

La chica agachó la mirada a modo de disculpa y se retiró apresuradamente.

—¿Por qué hiciste eso? —cuestionó Bianch—, no necesitabas decirlo delante de ella.

—Vamos, no me digas que eres uno de esos tontos amantes de los saiyans.

—No, no lo soy, pero esa chica no te hizo nada. No tenías motivos para ser grosero.

—Como sea —atajó Mesen, agitando la mano delante de él—, un día te darás cuenta de que tengo razón. No deberíamos confiar tanto en esas bestias, ahora están por todas partes. No puedes ni siquiera venir a beber una cerveza con tus amigos porque habrá saiyans hasta en la sopa, ¿no te das cuenta?

Bianch se preparó para replicar. No obstante, cerró la boca y pensó en las palabras de Mesen.

—Hace unos años los utilizábamos sólo para la construcción y la minería, esas cosas estaban bien —explicó Mesen, al ver que Bianch estaba dispuesto escucharlo—, pero ¿saiyans de compañía?, eso es demasiado.

—No es tan malo —replicó Bianch y bebió un sorbo de cerveza—, creo que si ahora son de compañía, es porque de verdad son útiles en las labores cotidianas.

—No lo son —atajó Mesen—, y es peligroso que permitan la distribución de saiyans a gran escala, después serán tantos como las ratas de la alcantarilla y no podremos controlarlos.

—¡Estás exagerando! —dijo Bianch, con una sonora risa—. No hay forma de que un saiyan de compañía le haga daño a su amo, para eso existen las Tres Leyes del doctor Raichi, ningún saiyan puede romper ni oponerse a esas leyes, ¡son inviolables!

—Eres crédulo en exceso —sentenció Mesen, bebió de su cerveza y continuó—. No dudo de la capacidad del doctor Raichi, todos debemos estar agradecidos con él por las comodidades y los adelantos científicos que nos ha brindado gracias a sus investigaciones, pero creo que con esto se equivocó. En algún momento…

Mesen guardó silencio de repente. Bianch estuvo a punto de preguntarle qué sucedía, pero la chica saiyan se adelantó.

—¿Desean un par más? —preguntó, sacando dos botellas de cerveza de un contenedor frío.

—Sí, está bien —aceptó Bianch. Por su parte, Mesen miraba a otro lado, claramente molestó y desinteresado. Cuando está se fue, se inclino sobre la mesa, acercándose lo más posible. Al hablar lo hizo casi en susurros.

—En algún momento a uno de esos monos se le meterá la idea de la libertad en la cabeza, infectará a los demás y entonces vamos a tener problemas de verdad.

Bebió el resto de su primera cerveza, mientras le daba tiempo a Bianch de meditar sus palabras. Luego continuó:

—Utilizar saiyans en los hogares fue una tontería, ahora todos ellos están en contacto directo con nosotros, aprendiendo nuestras costumbres, nuestra historia, conociéndonos más de lo que deberían. ¿Sabes cuál es el peor de los problemas? —Bianch negó con la cabeza, intrigado—, esos idiotas que tratan a sus saiyans como iguales, por su culpa esas bestias creerán que deberían tener derechos, ser tratados de forma digna y ser considerados ciudadanos del planeta, pero no son más que bestias de trabajo, así como deben quedarse.

Guardaron silencio un momento. Bianch pensaba que su amigo estaba un poco paranoico. Era cierto que algunos tsufurus trataban de forma inadecuada a sus saiyans, haciéndolos parte de sus familias o adjudicándoles derechos que no les correspondían y ni hablar de los grupos sociales en favor de los saiyans, ¡ellos sí eran un dolor de cabeza!, luchando contra el sistema por beneficios que perjudicarían a todos.

—Sólo espero que tú no seas así con esa saiyan de la universidad.

Las palabras se Mesen interrumpieron los pensamientos de Bianch.

—¡Por supuesto que no! —se defendió, alzando la voz un poco más de lo debido. Miro alrededor, esperando no haber llamado demasiado la atención. Se sentó de nuevo y continuó con un tono de voz más bajó—. Sólo dejo que me ayude con los deberes de la casa por eso me la asignaron y esas son sus funciones

—¿Seguro? —cuestionó Mesen, con una sonrisa de medio lado—. Confiesa canalla, ¿verdad que también le pides satisfacer tus deseos sexuales?

Bianch escupió un poco de la cerveza que estaba bebiendo.

—¿Cómo se te ocurre? —se escandalizó.

—¿Tienes a alguien que complace tus deseos sexuales, Bianch? —preguntó Turma, quien apenas había llegado y sólo había escuchado esa parte de la conversación.

—¡Por supuesto que no! —casi chilló Bianch, poniéndose de pie nuevamente.

—¡Claro que sí!, todos hacen lo mismo —declaró Mesen, el único que se divertía con la situación.

—Eso es verdad —opinó la acompañante de Turma—, no deberías avergonzarte, es algo completamente normal y divertido.

Agregó lo último con una sonrisa cautivadoramente carmín. Bianch y Mesen miraron sorprendidos a la desconocida tomada del brazo de Turma.

La mujer lucía algunos años más que ellos. Bianch cálculo cinco, pero había algo en la belleza de la mujer que ocultaba su verdadera edad en el abismo fascinante de sus ojos esmeralda. La ropa que vestía la mujer se ceñía a su cuerpo, el cual no era el de una modelo de revista, pero atraía de todas formas. Por el rabillo del ojo, Bianch pudo notar que la presencia de la mujer atraía la atención de todos los tsufurus en un lugar. Era un poco más alta que Turma y su cabello ondulado resbalaba por sus hombros en una cascada rosada. Su mirada estaba clavada en la expresión atónita de Bianch, quien no sabía si su corazón se había detenido o palpitaba tan rápido que era sólo un zumbido eterno e ininterrumpido.

—Quiero presentarles a Rosseola —dijo Turma—, la culpable de que haya estado tan ausente últimamente.


1600hrs
03/06/17

Bien pues ahí está, el segundo episodio y creo que comenzamos a conocer un poco más las posturas de estos dos. Espero que les haya gustado y no se pierdan la siguiente actualización.

**DEaMiMaZy**

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