.::La Ley de Murphy (Please Come Back From Me)::.
#PCBFM
Chapter 2: Urgencias.
BPOV
-¿Edward?- pregunté con un nudo en la garganta.
Lo miré detenidamente. Ahora tapaba su lastimada nariz con su mano. Me fijé en que todo el estaba mojado. Me puse sobre puntillas y estiré mi cuello para ver un poco más allá del porche. No vi el Volvo plateado de Edward por ningún lado. ¿Qué coño hacía él a medianoche en el porche de mi casa?
-¿Qué haces aquí y a estas horas, Edward?- pregunté con el ceño ligeramente fruncido.
Esto no era normal.
-Pedirte ayuda.-dijo con voz nasal, para acabar soltando un quejido por lo bajo al final de la frase.
-¿Ayuda?- pregunté con asombro.
-Sí, ayuda.-dijo mientras empezaba a temblar ligeramente. Debería de tener frío.- El coche se me paró de repente volviendo a casa, y tú eres la que está más cerca, pero veo que venir aquí no ha sido buena idea…
-¡No!-dije con demasiado interés. Mierda. Debía arreglarlo rápido.- No es eso es solo que yo estaba…
Un grito procedente del televisor me interrumpió. Era la película y algo me decía que la protagonista ya no volvería a gritar nunca más…
-¿Viendo películas de miedo, Bella?- preguntó él divertido.
Como era común en mí cuando me sentía avergonzada por algo agaché mi cabeza para ocultar mí recién sonrojo. No me gustaba quedar mal delante de nadie, y mucho menos de Edward.
Mientras miraba al suelo vi como una gota de sangre golpeaba el suelo de manera silenciosa. Lentamente, otra gota cayo, y me vi a mi misma hipnotizada viendo como esas gotas color carmesí caían rítmicamente al suelo. En algún momento algunas de mis neuronas debieron de hacer conexión. Esa sangre que tanto me hipnotizaba era la sangre de Edward. Al darme cuenta de ello, levanté rápidamente la cabeza. Edward tenía una mueca entre divertida y de dolor. Al verla puse cara de dolor instantáneamente.
-¡Mierda, Edward!- grité encolerizada.- ¡Estas sangrando!
-Tienes un buen derechazo.- dijo con humor ácido.
-Pasa por favor.-dije entre murmullos.- Dios que idiota soy…
-No eres idiota, solo te sentías amenazada.-dijo el para aliviar mi culpa.
-Pues tu debes de serlo.-dije algo divertida.- Te pego un derechazo y aún intentas hacerme sentir mejor.
-No me gusta ver a una dama como tu triste.
¡Oh! Edward y su caballerosidad del siglo pasado…
Le agarré del brazo. Al hacerlo noté una corriente eléctrica que puso a mis sentidos en alerta haciendo que lo soltara instantáneamente.
-Lo siento…-dije entre balbuceos.- sígueme al baño y déjame limpiarte la nariz, que pareces un cerdo de lo que sangras…
Me golpeé mentalmente. ¿Acababa de llamar a Edward cerdo? Pude oír como Edward se reía y lloriqueaba. Le había echo gracia, pero la nariz no le permitía reírse libremente. Me volví a golpear mentalmente. Solo yo podía darle un puñetazo en la cara a Edward Cullen.
Subí las escaleras del primer piso para encaminara a Edward al baño. Abrí la puerta y empecé a buscar en el mueble el botiquín de emergencias. Por mi visión periférica vi como Edward se sentaba en el taburete del baño. Cogí lo necesario y aparté el botiquín. Al ver como la nariz de Edward iba dejando de gotear espabilé.
-Será mejor que antes de nada te la laves con agua…-dije concentrada en buscar una toalla que pudiera servir.
-Vale, seguiré tus órdenes.- dijo con diversión.
-Hoy estas de buen humor…-dije más para mi que para el.
Cuando acabó de lavarse se sentó de nuevo sobre el taburete. Me acerqué a él y me puse de rodillas para poder quedar frente a frente y así poder hacerle la cura. En otro momento me hubiese sonrojado, pero ahora lo que más me preocupaba era no haberle fracturado, o en su defecto roto, la nariz a Edward. Con cuidado cogí la gasa y le eche un poco de alcohol para quitar mejor los restos de sangre. Despacio, puse la gasa sobre su nariz. Enfoqué toda mi atención en esa hermosa nariz que yo había mancillado, pero podía notar perfectamente la penetrante mirada color esmeralda de Edward sobre mí.
Cuando acabé de limpiarla me alejé un poco para ver la nariz. Estaba claramente hinchada pero no parecía rota, y gracias a Dios la hemorragia había parado. Sonreí. No era tan bruta como había empezado a creer.
-Creo que no te he roto la nariz.-dije sonriendo.
-Yo también lo creo.- dijo esbozando una de sus hermosas sonrisas ladeadas.
- Quieres tomar una taza de chocolate…
Me calle de inmediato. No había apagado el fuego a la leche…Salí corriendo escaleras abajo rezando para no caerme por ellas mientras oí a Edward llamarme del de el baño.
Cuando llegué a la cocina vi mi pesadilla. La leche ya hervía y sobresalía del cazo. Me acerqué rápidamente al fogón para quitarle el fuego. Una vez apagado me dispuse a sacar el cazo pero no me di cuenta de que sin un trapo. Cuando el cálido metal entro en contacto con mi piel solté un alarido de dolor y solté el cazó cayendo la leche por el suelo. Me desorienté por completó. Qué debía hacer ahora era algo que no llegaba a mi mente.
Noté como Edward me agarraba por el antebrazo y me llevaba hasta el fregadero. Abrí el grifo del agua fría y me remangó la manga del pijama. Rápidamente puso mi mano bajo el potente chorro de agua fría para aliviar mi dolor. Poco a poco fue haciendo efecto. Pero ya no notaba tanto la mano como antes. Ahora notaba la calidez que transmitía el fuerte cuerpo de Edward a mis espaldas… aunque el seguía empapado.
No se cuanto tiempo pasé pegada a su cálido cuerpo, solo sé que ya no notaba la mano. Estaba congelada.
-¿Notas la mano?- preguntó Edward serio y con voz autoritaria.
-No... – dije en un murmuro.
-Bella, ¿se puede saber en qué coño andabas pensando para quemarte de una manera tan estúpida?- preguntó algo enfadado.
-Yo…-No podía pronunciar palabras pues había fastidiado lo poco que tenía con Edward por un estúpido cazo de leche.- Lo siento, Edward.-dije conteniendo las lágrimas.
Me gustaba e iba a perder lo poco que había construido con él. No pude evitarlo y una silenciosa lágrima escapo de mis ojos para huir para siempre. Como Edward haría…
-Bells, no llores.- pidió Edward secándome las lágrimas que empezaban a brotar sin parar de mis ojos.
-Lo siento…-supliqué entre lágrimas.
-Debemos ir al hospital Bella, es una quemadura y bastante grande.-dijo observando la palma de mi mano izquierda.- El problema es que mi Volvo está un par de metros más para allá y está lloviendo…
-Mi furgoneta.- Edward me miró de manera suspicaz.- Ya sé que no es tu flamante Volvo, pero no servirá para la ocasión.- Dije secando las lagrimas con la manga de mi pijama.
-Sí, -dijo el esbozando una sonrisa- sirve perfectamente, tu sube a cambiarte y yo cogeré hielo para que lleves durante el camino.- dijo empujándome por los hombros por la escalera para que me diera prisa.
-Claro…-dije algo confusa ante la situación.
-Date prisa.- dijo mientras subía a mi habitación.
Una vez dentro saque un par de jeans y una blusa color azul con una fina chaquetita de lana beis. Me calcé mis botas y me puse mi chaqueta marrón para protegerme bien del frío otoñal que cubría todo Forks por estas fechas. Me senté sobre mi cama y repase lo ocurrido mentalmente otra vez.
Primero, no era capaz de dormir pensando en mi última conversación con Edward. Bajo a prepararme un delicioso chocolate mientras pongo una película de terror.
Segundo, me ocurre lo mismo que en la película y al final resulta que el misterioso que llamaba a mi puerta no era otro que Edward, al cual le doy un derechazo en la nariz que tengo que limpiar para ver si hay algún daño.
Tercero, me acuerdo de la leche, bajo a apagarla y me acabo quemando, acompañándome Edward a urgencias.
Mi vida en esta última hora se parecía más a un circo que a la vida de una simple adolescente enamorada como yo. Yo estaba más acostumbrada a suspirar desde la lejanía y manteniendo esperanzas que jamás se llevarían a cabo, no aporreando narices ni quemando manos con un estúpido cazo de leche.
Con resignación me levanté de cama. Debía bajar para poder encaminarnos hacía urgencias ni no quería acabar mal.
Bajé lo más rápidamente posible las escaleras. Edward me esperaba abajo un montón de hielo metido en una bolsa de conservas. Las mismas bolsas que usas en las conservar de la comida.
-La furgoneta está ahí mismo.- dije señalándola con la meno desde la ventana.
-Vale, yo voy corriendo y la pongo en marcha, y cuando lo esté sales corriendo. Yo te abriré la puerta.-dijo Edward mientras cogía las llaves de mi mano.
-Vale.-dijo bajando la vista.- Por cierto, vigila el embrague.-añadí para que pudiera arrancar sin el más mínimo problema.
-Lo tendré en cuenta.- dijo justo antes de salir bajo la insistente lluvia.
Solo tuve que esperar unos segundos. Con un bocinazo me indicó que la furgoneta había encendido. Salí corriendo lo más rápido posible, no quería caerme de culo. Justo antes de llegar a la puerta, Edward la abrió para mí. Me colé lo más rápido posible y mientras yo me acomodaba en el asiento Edward cerró la puerta. Cuando terminó cogió el cinturón y me lo puso con cuidado de no tocar más de lo debido a su paso.
-Precaución ante todo.- dijo sonriendo amablemente.
-Gracias.- murmuré apretando la bolsa de hielo contra mi mano quemada.
Mi sucia y pervertida mente no pudo evitar buscarle el doble sentido a la frase de Edward. El ayudándome con mi mano y yo pensando en sexo. Sexo seguro. Al menos eso había dicho Edward sin darse cuenta. Me quise golpear contra la ventanilla, pero lo último que necesitaba en estos momentos era una contusión en la cabeza… Además de las preguntas de Edward de porque lo hacía. Claro está que no le iba a decir que estaba pensando en como sería tener sexo con él. Eso era ridículo, solo por el hecho de que yo jamás tendría ese privilegio.
Me golpeé mentalmente. Ya estaba empezando a divagar. Esa mala costumbre por la cual Renee siempre me regañaba de pequeña. Fijé mi vista en el oscuro y atormentado paisaje que se mostraba ante mí. En Forks era raro que hubiese sol, pero ese día hacía demasiado mal tiempo. Generalmente llovía, pero nada como esto. Cada segundo parecía que el cielo ardía en llamas, por los relámpagos y truenos que lo surcaban. Era un espectáculo digno de ver. En toda mi vida en Forks había contemplado nada igual.
-Es hermoso.- dijo Edward siguiendo el hilo de mis pensamientos, al menos eso creo…
-Lo sé.- afirme sin apartar la vista del magnifico espectáculo que la naturaleza nos brindaba.
-¿Pasa a menudo?-preguntó con curiosidad.
-En toda mi vida vi algo semejante.- dije con completa sinceridad.
-¿No te asusta?- preguntó sorprendido.
-Para nada.- sonreí.- Me recuerda a los artistas del romanticismo.
-Edgar Alan Poe.-dijo con aire monótono.
-Bécquer.-continué el nuevo juego.
-Mary Shelly…
-Bram Stoker…
-Me gusta Bram Stoker.-admitió sin apartar la vista de la carretera.
-Me encanta la relación entre el conde y Mina, es tan…
-Autentica.- sentenció el por mi.
No pude hacer otra cosa que esbozar una sonrisa. Como sospechaba el era inteligente. Podía seguir mis conversaciones de literatura, cosa que ni Alice hacía.
El resto del camino lo pasamos envueltos en un cómodo silencio. No hacía falta decir nada más para que no hubiese tensiones entre nosotros. Nos sentíamos bien en compañía del otro, lo sé por la expresión de Edward. Era tranquila y sosegada, como lo que yo veía en mi reflejo. El reflejo producido por la ventanilla.
Cuando menos me dí cuenta ya estábamos en el hospital de Por Ángeles. Edward aparcó la furgoneta en una plaza y luego salió velozmente. Cuando me dispuse a abrir mi puerta; Edward lo estaba haciendo, por el mero echo de ayudarme.
Esas cosas son las que hacían que estuviera totalmente enamorada de el…
Me encontraba sentada sobre la camilla mientras el doctor hablaba conmigo y con Edward. Como me había imaginado a penas esperé, por no decir nada. Edward ya era conocido por su padre y eso le permitió que pasara antes. El doctor me echó un vistazo a mi mano, recetándome una pomada. Y ahora se encontraba dándonos explicaciones y recomendaciones a ambos, aunque con saberlas yo sola llegaba de sobra.
Cuando salimos de la consulta Edward me iba hablando de que no podía usar esa mano para nada y demás cosas que el medico había olvidado mencionar. Parecía él el médico.
El resto del camino lo pasamos en silencio. No se cuando fue exactamente, pero noté como mi conciencia se iba disipando, hasta desvanecerse por completo.
Recuerdo como unos brazos me llevaron en aire hasta el interior de la casa. Con cuidado abrí los ojos para encontrarme a Edward cargándome. Era mejor que en mis sueños. Su aroma natural y varonil llegaba a cada poro de mi piel llenándolo de su esencia.
-Me puedes bajar.- le dije somnolienta.
-¿Segura?- preguntó con la voz baja para no molestarme.
-Sí.
Con cuidado me posó sobre el suelo del salón. Y me observó con una sonrisa. Era tan hermoso.
-Será mejor que me vaya.- dijo volteándose.
-Creía que estabas solo en casa...-dijo con la voz baja y sin saber bien el origen de esa afirmación.
-Y así es, Alice está en casa de ¿Vanessa?- preguntó al no estar seguro del nombre. Yo asentí para que supiera que no se había equivocado.- Y Carlisle esta en una congregación donde debatirán ciertos temas de la profesión y todo eso… Y Esme está con el.
-¿No te sentirás solo? ¿Ya son las cuatro de la mañana…
-¿Quieres que me quede a dormir contigo?- preguntó con una sonrisa sincera y sin ningún rastro de malas intenciones.
Quedarme a dormir con Edward Cullen durante una noche…
-Si no te molesta…- dije sonrojada.
-No me molesta.- dijo sonriendo.
-Vale.- dije sonriendo como la idiota enamorada que era.
No sé como no me puse a bailar en ese momento. ¡Edward Cullen iba a dormir conmigo!
Esta historia es de mi autoría, pero los personajes son de la increíble Stephenie Meyer y no míos.
Bueno quería darle las gracias a indii93, karito CullenMasen, y a Isis por sus halagadores reviews.
Muchas gracias por todo, y si me hacen el favor de correr la voz, pues mejor hahahaha. Muchas gracias en serio.
Gracias por leer y como digo, veré si puedo ir actualizando cada semana, aunque si tengo exámenes dudo que pueda.
Gracias por todo y besos de Lau :)
