Muchas gracias por los reviews, gente!
A decir verdad, publiqué este fanfic en la página pero por una serie de motivos personales, decidí sacarlo de ahí.
Otra cosa que me gustaría aclarar, es que este fanfic NO está EDITADO. Así que si ven alguna incoherencia, es porque es bastante viejito y no me ha dado muchas ganas actualizarlo y corregirlo, pero conforme avance la historia se verán mejoras.
Desde ya, gracias a todos.
Y sí, si hay salseo.
CAPITULO 2
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−De pie−se escuchó una voz autoritaria en el aula y todos se levantaron a saludar.
La escuela de Lucy estaba plagada de gente adinerada, excepto ella. Por el momento, ella sólo era una desheredada de parte de su padre. Vivía sola y se las apañaba para pagar el alquiler haciendo algún que otro trabajo pasajero.
Biología no era lo suyo, mucho menos química, ni física, ni matemáticas, ni álgebra. Aquella perfección de los números los odiaba profundamente, jamás entendería absolutamente nada. Lo suyo, definitivamente eran las letras, los libros. Amaba sociología, historia y literatura; ella pensaba seguir un profesorado que tenga algo de involucrado en eso, pero no lo tenía muy seguro.
Caminó por los pasillos tranquilamente hacia el aula de literatura con total tranquilidad, hasta que una manada de chicos grandes, muy altos, se acercaron a ella inmediatamente. Ella ya se lo esperaba. Todos eran iguales ni bien veían sus atributos, los odiaba.
− ¿Qué tal preciosura?−le dijo uno muy cercano a ella. Tenía varios aros en su cara, el cabello revuelo color rojizo y dejaba ver un poco de su pecho teniendo la camisa abierta. Los dos chicos de atrás sonrieron con malicia al ver la cara espantada de Lucy, que poco a poco iba siendo acorralada contra la esquina de la pared.− No te había visto nunca por aquí, ¿eres nueva?
Ella no dijo nada, se limitó a agachar su cabeza, incomodada y sintiendo una ira por dentro. Detestaba a los hombres que sólo la veían bonita por "eso" ¿es que acaso ninguno era digno de amar sinceramente? Por supuesto que no había ninguno, todos tenían necesidades y eran capaces hasta de matar si fuese posible.
Encerrada en su mundo, aquél chico le levantó el rostro y esbozó una sonrisa diabólica. Aturdida, ella entre cerró los ojos, clavándole una mirada. Sus labios eran sagrados.
Ella le escupió en la cara, para de vuelta empujarlo y salir corriendo.
− ¡Maldita!-maldijo él levantándose, pero al ver que ella se fue no tuvo más opción que dejarlo ahí. Pero la próxima vez, ella no se salvaría.
Lucy había corrido tan rápido como pudo, ella dejó escapar un suspiro agobiado cuando se dio cuenta que habían dejado de seguirla. Sin duda la escuela era muy peligrosa, pero este año se tendría que esconder ante las miradas morbosas de sus compañeros en verano. Éstos eran capaces de hacer cualquier cosa, por eso ideó un plan para irse más tarde de la escuela.
Cerró la puerta con suma tranquilidad, aliviada.
− ¡Lucy!
− ¡Ah!-gritó ella, volteándose repentinamente. Ella distinguió los cabellos castaños, sus gafas y su sonrisa de medio lado; sorprendida, le tendió un abrazo amistoso.− ¡Loke! ¡Ha pasado mucho tiempo!
− ¿Cómo has estado?−le preguntó soltándola para echarle una mirada de arriba hacia abajo.− ¡Estás esplendida!
−Muchas gracias, he estado bien, mejor. Por ahora.−rió dulcemente.−No has cambiado en nada, Loke. ¿Cómo has estado tú? ¿Y cómo fue que llegaste aquí?
−Me han transferido debido a que ya vivo solo, y por mi trabajo también.−dijo sin dejar de lado su sonrisa. Loke la invito a sentarse en el aula.− La mudanza fue dura, tanto para mis padres como para mí, pero de a poco voy acostumbrándome. Ya hice nuevos vecinos y todos son muy amables.
−Me alegro por ti, Loke.
Ambos comenzaron una larga charla, Lucy le contó sobre su nuevo trabajo y Loke le contó las partes graciosas de vivir solo. Lucy lo conocía desde que eran niños, iban juntos a la escuela primaria; ella fue su primera amiga allí, puesto que Loke era hijo de unos padres famosos y sólo lo querían por su dinero. Poco después, los dos tuvieron una larga amistad que duró hasta la secundaria, en donde Loke aceptó trabajar como modelo para varias revistas, Lucy se dedicaba a apoyarlo en cada visita a los desfiles. Él era un completo loco, según ella, en los momentos tristes siempre encontraba la manera en cómo ayudarla, tanto económicamente como sentimentalmente. Las burlas y las caras graciosas convencían un poco a la rubia en su intriga en saber si él era gay en realidad, ya que nunca contaba sobre sus relaciones con las mujeres; también las revistas comentaban aquello, pero sin embargo al castaño jamás le había importado en absoluto lo que dijera de él. No pasó mucho tiempo en que finalmente se separaran para ir cada uno por su camino, él seguiría en una preparatoria privada muy prestigiosa y ella, en una en donde le alcanzara para subsistir por el momento.
Jamás pensó en poder encontrárselo de nuevo, porque ninguno de los dos tenía contacto absoluto en eso, ella no tenía teléfono celular y él tampoco tenía el suficiente tiempo como para hablarle excepto los días de clases.
−Oye, ¿y qué haces aquí? ¿Te gusta la música?−dijo refiriéndose a que estaban en el salón de música. Loke no era un tipo que le gustaba la música, pero sí le gustaba cosas tranquilas, instrumentales más que nada.
−No, me he perdido.−respondió rascándose la cabeza, ella recordó que era un tío con muy poca orientación.− ¿Y tú?
−Pues… −se incomodó un poco al contarle la historia, seguro se molestaría.− Unos chicos me han perseguido… Por… Ya sabes qué.
− ¿Qué? ¡¿Aquí también?!−exclamó aturdido por lo que le acababa de pasar. Loke ya sabía de ella y sus problemas con los hombres, pero no creía que aquí fuese tan igual o peor que en su otra secundaria. Él frunció el ceño para después suspirar, recordando a las otras personas de su colegio.− Me alegra entonces de que me hayan transferido, podré protegerte un poco.
Ella sonrió ante su gesto.
−Muchas gracias, Loke.−y le dio un abrazo.
Pasaron horas desde que volvieron a hablar, Loke también tenía casi los mismos problemas que su amiga y ambos huían de cualquiera que se les acercara. Cuando terminaron las clases, él se ofreció a llevarla en su Audi, sonriente, ella acepto encantada. Al llegar, se despidieron con un beso en la mejilla, haciéndola sonrojar a la rubia.
−Trata de no meterte en problemas.−le aconsejó divertido.
−Eso haré.−susurró guiñándole el ojo.
Sin embargo, Lucy no contaba que su mismo jefe estaría espaldas suyas.
− ¿Señorita Heartfillia?
− ¡Se…! ¡Señor Dragneel!−exclamó sonrojada, quizás el pensaría que llevaría a su amigo identificándolo como "novio" a su casa.− ¿Qué hace usted aquí?
− ¿Por qué no debería?−él señaló su apartamento.− A esta hora suelo llegar del trabajo. ¿Quién es él?
Ella no esperaba que le preguntara tan así, no quería que su jefe lo identificara como algo que ella no era. Lucy se rascó la cabeza nerviosa, y Loke al percatarse de eso habló por ella, segundos después pelirosa y castaño estrecharon las manos amistosamente.
−Mi nombre es Loke, soy amigo suyo. Es un gusto conocerlo señor Dragneel.
−Igualmente Loke.−le dijo en un tono amistoso. Natsu no era nada a comparación de su jefe anterior, Lucy sonrió interior mente, tal vez estaba mucho más segura que antes.− ¿Vamos?
− ¡Ah…! ¡Sí!−dijo un poco distraída.−Nos vemos, Loke.
−Nos vemos, Lucy.
Natsu y Lucy se adentraron en el departamento, por alguna razón, para ella fue bastante incómodo cuando ambos estuvieron en el ascensor. No había personas para distraerse un rato, y la pobre sólo jugaba con sus dedos intentando sacar algún tema no demasiado incomodo para Dragneel. Por parte de Dragneel, él sólo estaba interesado en que tanto había de verdad entre ella y su "amigo" Loke, él se había percatado de cuando los dos se daban un beso simple en la mejilla, ella se ruborizaba drásticamente. Por alguna razón él no soportaba ni siquiera escuchar su nombre.
−Ya llegamos.−dice, invitándola a pasar. Creo que no pasó mucho en que una niña se pusiera a gritar diciendo "natu, natu!" Ella estaba en brazos de un hombre de cabellos oscuros, tenía ojos penetrantes y no llevaba remera. Lucy casi se sonrojaba de tremendo cuerpo que tenía, obviamente no le molestaba nada; comenzó a pensar como sería el físico de su jefe.− Gracias de vuelta, tenía que firmar unos papeles.
−No es nada, estaba aburrido en casa.−sonríe mientras la pequeña estira los brazos hacia su papá.− ¿Eres la niñera?
− ¡S-sí!−responde Lucy, erguida y sonrojada. Ella tenía preferencia por los hombres como él, como Gray.− Es un placer, señor…
− Fullbuster Gray.−la interrumpe dedicándole una sonrisa al ponerse la remera.− Puedes decirme Gray. Soy amigo de Natsu desde hace tiempo, así que creo que no hay problema, ¿cierto, Natsu?
−Lo que digas.−murmura un poco fastidiado al ver que Eri comienza a jugar con su cabello como si fuera muñeca.−Ya puedes irte, Lucy se encargara de lo demás.
−De acuerdo.−él se pone sus zapatos y lleva su bolso y mira a la rubia una vez más, tomándola de su mano para luego besarla.−Supongo que nos veremos devuelta. Es un placer, Lucy.
Gray y Natsu se dieron un apretón de manos, Eri le estiró las mejillas a pellizcos mientras éste chillaba de dolor, el pelirosa puso los ojos en blanco a la pequeña y poco después aquellas mejillas fueron reemplazadas por un beso fugaz y tierno. El Fullbuster sonrió y revolvió los pequeños cabellos de su sobrina para luego marcharse.
Y ahora, con respecto a la rubia… Natsu la miró seriamente, un poco intimidante para Lucy, por alguna razón, le molestó aquella escenita del beso. ¡Por dios! Estaban en el siglo XXI, no es una patética obra romántica de Shakespeare. Dragneel estaba pensando en reprochar, ¿pero en qué? Lucy Heartfillia no era más que una persona apenas conocida, apenas su empleada, apenas la niñera de su hija.
Golpeándose la cabeza mentalmente, él tosió un poco incómodo pero fue interrumpida por las palabras de Eri.
−Tatu… ¿Quién es?− "Tatu" Sí, así le decía la pequeña Eri a su padre, la niña apenas podía hablar puesto a que era adoptada había sufrido un poco de pequeña y aquellas secuelas en su manera de hablar la habían afectado un poco. Sin embargo, para sorpresa de Natsu, su hija al momento en que la conoció vio que sus ojos celestes-grises algo especial, sin duda Eri tenía algo que lo dejaba completamente anonado. Y muy enamorado de ella al instante.
−Ella es Lucy Heartfillia.−respondió mirándola. Los ojos de su castaña se abrieron de par en par, Natsu dedujo que su hija tenía un nuevo gusto por las cosas color amarillas, en este caso, Lucy.
−Hola, Eri-chan.−saludó acercándose un poco hacia ellos, regalándole una sonrisa a ambos.
− ¡Chuchi!−exclamó, haciendo reír a Natsu de una forma encantadora.
La niña pataleó contra su padre, que éste supuso que quería ir con su nueva niñera, al poco tiempo, ella voló a sus brazos, acariciando y jugando con los cabellos rubios. Tatu definitivamente afirmó que Chuchi sería el nuevo fetiche de la loca de su hija.
Pasaron horas en que Lucy jugaba con Eri hasta quedarse completamente dormida. La rubia logró meterla en su cama y la arropó con una pequeña y fina sábana; al salir de allí se dirigió a la oficina en donde su jefe trabajaba desde un buen tiempo. Ella pensó que se debían una charla, al menos para saber un poco más de él y de la niña, así que preparó una taza de té frío con tostadas y jugo de naranja en una bandeja. Al tocar la puerta y no ver que respondía, optó por entrar silenciosamente. Con cuidado y sin que se derrame nada, ella dejó la bandeja en una mesita al ver que el pelirosa tenía unos audífonos y un micrófono. Parecía estar negociando por la pila de papeles poco organizados que tenía al lado, sentándose a un lado, Lucy esperó a que acabara con su trabajo.
− ¿Se te ofrecía algo?−le pregunta, apartando sus cosas a un lado para mirarla a los ojos.
−Pues… yo…− ¡Increíble! ¿Por qué estaba tartamudeando? Lucy Heartfillia tartamudeaba, y esto la ponía de mil y un demonios. Su mirada la estaba sofocando, así que optó por acercarle la bandeja hacia su escritorio. Error.
− ¿Hiciste esto?−ella asintió sin dejar atrás su nerviosismo, la miró con una leve sonrisa, la comida tenía muy buena pinta aunque se tratara de un simple café y tostadas. Nadie le había llevado comida así, ni siquiera sus simplonas amantes.− Gracias.
Lucy admiraba la forma en cómo devoraba su jefe, jamás había visto comerlo así. Con una sonrisa de medio lado, se acordó de sus primos, quienes se alimentaban de la misma manera, así como desesperados. Su primo Romeo, de diez años, era quien le enseñó a entretener chicos de su edad o menos; aunque para ella no era necesario pues no se veía en el futuro como una nana o algo así, ella no le prestaba mucha atención. Sin embargo, cuidar a sus primos le era algo estresante pero a la vez divertido, después de todo, aquellas prácticas le sirvieron para algo.
Poco después, a los quince años de edad la contrataban como niñera para niños debido a su gran comunicación. Le pagaban bien. Las personas estaban satisfechas con su trabajo y era recomendada en muchos lugares, tanto que Lucy lo tuvo que dejar por un tiempo debido a que tenía que levantar un poco sus calificaciones para entrar en la preparatoria. Pero al verse en una situación un poco desesperante buscó trabajo como ayudante para una oficina, y a pesar de no ser mayor de edad ésta trabajaba para un jefe gordo mandón y muy ambicioso; la madre de Lucy había muerto desde que era una niña y su padre estaba muy enfermo, ella se encargaba de cuidarlo, y por supuesto, comprar sus medicinas. No obstante, el dinero escaseaba en sus bolsillos, por lo tanto, se vio obligada a aceptar el trabajo con la autorización de su padre y de las autoridades del colegio.
Tras unos meses de arduo trabajo y no obtener resultados con el tratamiento de su padre, un día Lucy se colapsó debido al estrés que esto le causaba, los resultados, además, confirmaron que ella sufría de anemia y tenía la presión alta, si no se cuidaba con el tiempo, ella podría llegar a estar internada por tiempo indefinido. Pasó tiempo en que volviera a la escuela y a los hábitos de siempre, aún así su padre estaba más deteriorado cada día, y según los médicos especialistas él tenía cáncer. Ante la negación de ésta, Lucy siempre faltaba a las clases y a veces al trabajo, consiguiendo que ella perdiera la beca para ir a una de las mejores preparatorias. Inevitablemente, un día su padre murió.
No lloró, ni hizo berrinches, solamente se quedó callada ante el cuerpo de su familiar, que ahora era frío y sin vida alguna. Ese hecho convirtió a Lucy en una persona callada, tímida y muy cerrada, pero lo confirmó aún más el hecho de que su jefe quisiera violarla una noche.
Natsu Dragneel la observaba, disimuladamente, preguntándose en qué estaría pensando la joven. Sin duda ella era una chica especialmente hermosa ante sus ojos, y no sólo lo decía su cuerpo, sino su manera de ser, era bastante tímida hasta dónde podría ser; pero él sabía que ante una situación rara y molesta, ella sacaba su forma explosiva. El joven comenzó a pensar que esa actitud se le daba mucho mejor que a una mujer cerrada, en vez de tener confianza en sí misma; aquella criatura le provocaba cierta intención de protegerla, asimilándola con un pajarillo asustado.
Lucy se sentó frente a él, sorprendiéndolo, sus cejas bien depiladas se arquearon, invitándolo a hablar.
− ¿Qué se le ofrecía?−Lucy puso una mueca de disgusto, prácticamente no se le daba bien iniciar charlar y supuso que él tampoco.
−Consideré que creo que es conveniente que me contara cosas acerca de la niña… Señor Dragneel.
Vaya, su rubia tenía ganas de hablar. Natsu se dedicó a morder su tostada mientras ésta lo miraba recelosa. No sabía por dónde empezar, así que se frotó las sienes dejando escapar un suspiro.
−Dime Señorita Heartfillia, ¿cómo me ve hace dos años atrás?−ella sacudió la cabeza, perpleja ante sus palabras.−Quiero decir, ¿cómo me imagina usted hace dos años atrás?
Considerando lo serio que se tomaba las cosas, Lucy se imaginó a Dragneel igual, sí. Un universitario con una gran inteligencia, impecable, educado y muy querido por su familia. Sí, porque eso era él en estos momento.
−No lo imagino de otra forma que sea la de ahora, señor.−respondió lentamente, sin comprender bien la situación. Él sonrió levemente, su niñera no tenía mucha imaginación.
Con una mueca, sus ojos se posaron en los de ella, permanecieron un momento en silencio, hasta que él lo rompió.
−Lamento decirte que tu perspectiva es errada−dijo, haciendo que Lucy ampliaran los ojos de sobremanera.
