Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
"Este fic participa en el reto "Mañana será otro día" del Escorpión Que Coleccionaba Rosas"
Personaje al azar: Ginny Weasley ( primer capitulo)
Objeto al azar: sombrero seleccionador. (segundo capitulo)
POV Scorpius
Me miro al espejo acomodando mi ropa, definitivamente la cita no salió según el plan. Me siento estúpido por no haber pensado que esto podría pasar, y encontrar una solución mejor.
Decidí encontrarme con Rose en Londres y tener una cita, igual a todas las que habíamos tenido antes. Un helado, una sesión de besuqueo en el parque y cada quien a su casa. Debo decir que llevamos medio año de novios, no, ya no, Rose dejó muy en claro que todo había terminado entre los dos, pero eso no es lo importante ahora, durante esos seis meses de noviazgo ¡sólo nos hemos besado! Y siendo un chico de diecisiete años con las hormonas bastante alborotadas, quería llegar a algo más.
Quizás aparecerla en mi habitación y empezar a quitarle la ropa no fue lo más sensato, pero no estaba pensando exactamente con mi cerebro, simplemente me estaba dejando llevar. Y también decirle "Vamos Rosie, no seas mojigata, llevo tiempo deseándolo" no fue mi mejor idea.
Debo decir que estaba bastante enojado cuando ella se fue corriendo hacia la chimenea y escapó a su casa, no había sido para tanto. Me quedé en mi dormitorio para terminar lo que ella había dejado a medias, sin pensar realmente en lo que acababa de pasar.
Pero ahora que ya han pasado unas cuantas horas, estoy conciente de que el "No quiero volverte a ver nunca más" que me gritó la pelirroja no era una broma, y empiezo a sentir un extraño nudo en el estomago. En verdad quiero a Rose y haría cualquier cosa para poder recuperarla, aunque quizás no seria tan fácil.
Me froto las manos sobre el rostro, tratando de sacar mi frustración, pero nada cambia y empiezo a maldecir en mi interior a todos.
Odio a mis padres por darme siempre todo lo que quería y no poder conformarme con un simple no, la cita no habría terminado así de haber aceptado una respuesta negativa.
Odio al sombrero seleccionador por mandarme a Slytherin, por estar en una maldita casa en donde uno haría lo que fuera con tal de conseguir lo que quiera. El fin justifica los medios, la famosa frase de un muggle, quedaba perfecta para la casa de las serpientes, como bien había dicho mi Rosie una vez.
Sintiéndome frustrado y enojado, empiezo a arrojar cosas contra la pared; tomo mis libros del colegio y con fuerza los estrello contra la puerta, para luego acercarme y patearlos, una y otra vez, hasta que algunas hojas empezian a despegarse.
Mi madre llegó asustaba, seguramente por todo el alboroto que armé, y entró al cuarto sin ni siquiera tocar la puerta.
— ¿Qué pasa Scorpius? — Me preguntó mientras observaba el desorden de mi habitación.
— Rose, me dejó — murmuro.
— Bueno Scor, debiste escuchar a tu padre. Él siempre dijo que esa chica no te convenía…— empezó a parlotear mi madre, antes de que decidiera interrumpir.
—Fue mi culpa— hice una pausa y tomé un poco de valor para seguir — Hice algo malo.
Un silencio incomodo se instaló entre los dos, veo a mi madre suspirar y abre la boca para decirme algo, que parece costarle mucho esfuerzo dado que abre y cierra la boca muchas veces, antes de finalmente preguntar.
— ¿La amas?
Asiento sin esperar ni un segundo, porque estoy muy seguro de lo que siento por ella.
—Entonces recupérala — susurra.
Le regalo una pequeña sonrisa a mi madre antes de que regrese a sus actividades; se que mis padres odian a Rose, por ser hija de quien es, y por todas las cosas muggles que me ha querido enseñar, (que por más que les torturen, nunca admitirán sentir ciertas curiosidad con las cosas tecnológicas) pero me aman, y hacen el esfuerzo de aceptarla.
Me siento sobre la cama, tratando de trazar algún plan ingenioso para que mi pelirroja pueda perdonarme, pero no se me ocurre nada. Quizás sólo deba ir a su casa y declararle mi amor, pedirle perdón y jurar que jamás volverá a pasar, pero hay dos fallas en mi plan.
No tengo la famosa valentía Gryffindor ( o estupidez, como la llama mi padre) y ni siquiera soy un sentimental Hufflepuff.
Estúpido sombrero seleccionador y estúpidas divisiones de casas; voy soltando una gran sarta de palabrotas que no debería conocer, y que si mi madre escuchara, me llenaría la boca con jabón.
Así que, después de desahogarme por enésima vez ( ya he perdido la cuenta), me decido por escribir en una carta, todo lo que quisiera decirle de frente, pero no tengo el valor necesario.
Rosie,
Antes de que arrugues este pergamino, dame la oportunidad de disculparme.
Sé que no tienes motivos para creerme, pero en verdad lamento haberme portado como un idiota y te pido perdón.
Quisiera poder tener otra oportunidad para poder arreglar las cosas, porque te amo. Te amo muchísimo y no quiero perderte.
Prometo que jamás te volverás a ver en esa situación, puedes estar siempre acompañada por alguien de tu confianza si esto te hace sentir más segura, pero sólo pido que me des una segunda oportunidad.
Por favor Rosie, no creo poder vivir sin ver tus hermosos ojos azules, tus pequeñas pecas adornando tu nariz, sin sentir la suavidad de tus rizos rojos mientras paso mi mano por tu cabello.
Quiero sentir la dulzura de tus labios sobre los míos, las tiernas palabras que me dedicas siempre, tu melodiosa voz mientras me regañas por no hacer los deberes.
Volver a ver tu ceño fruncido cuando algo escapa de tu entendimiento, la sonrisa alegre con la cual despiertas cada mañana, y secar las lagrimas de frustración que escapan de tus ojos cuando, por alguna extraña razón, no entiendes algún tema.
Rosie, por favor, déjame amarte.
Tuyo para siempre, S.M.
Leo por ultima vez la nota, siento que no tendrá el efecto deseado, pero quizás pueda ablandar a la chica y poder hablar con ella; mientras tanto, tendré tiempo para reunir las fuerzas y aparecerme en su casa.
Ato el pergamino a la pata de la lechuza y la veo partir; me acerco a la ventana, siguiendo al ave y esperando ansioso una respuesta.
