CAPÍTULO 2
ASÍ ES LA VIDA.
Sacó una mano de entre las sábanas, le encantaría quedarse a dormir un par de horas más, pero su trabajo la requería y era muy demandante, la luz que entraba por la ventana le daba de lleno en la cara y le anunciaba que ya era tarde, se quitó las sábanas de encima y a regañadientes se levantó de la cama estirándose con pereza.
Se cambió de ropa quitándose el camisón para dormir y se enfundó en su uniforme blanco de enfermera, se sentó frente al tocador y comenzó a cepillarse esos rizos rubios que le caían sobre los hombros hasta la mitad de la espalda, había dejado de usar las dos coletas a los lados de su cabeza y prefería mejor amarrar su cabello en un moño sencillo y elegante arriba de su nuca, varios rizos rebeldes escapaban alrededor de su frente dándole un aire renacentista, terminó de verificar su peinado y se acomodó la cofia y cuando estuvo segura de que todo estaba en su lugar salió de su habitación y bajo al comedor en donde seguramente ya estarían casi todas las enfermeras y médicos desayunando.
Al abrir la puerta del comedor escuchó un enorme alboroto y algarabía, más que en otros días, al parecer algo tenía a todos muy excitados ya que reían y bromeaban entre sí.
Una chica llamó a Candy con una mano cuando la vio entrar al comedor, le había guardado un lugar junto a ella en su mesa, ella le sonrió y tomando una charola con un desayuno se fue a sentar con ella.
— Hola Hellen — saludó Candy tan alegre como siempre — ¿Qué ocurre?, parece como si fuese a haber una fiesta.
— Vaya que no estás enterada de nada en el hospital — dijo su amiga que resultó ser una enfermera joven y rechoncha de mirada pícara y cabello castaño — hoy en la noche llegan las enfermeras y médicos que fueron como voluntarios al frente de batalla, por eso es que todos están tan alegres y exaltados.
— Es cierto… lo había olvidado — dijo Candy con sonrojo, hacía algunos días que los directivos del hospital les habían dado esa buena noticia pero llegó a olvidarlo por la carga de trabajo tan extenuante que tuvo en la semana.
— Además — le contestó Hellen con sorna — creo que hoy te toca la guardia nocturna en pediatría.
Candy dejó de masticar el pedazo de tostada con jalea que tenía en la boca, quería dormir esa noche completa pero era verdad, tenía que hacer la guardia nocturna en el pabellón infantil.
— También había olvidado eso –suspiró Candy con inocencia.
— Últimamente olvidas todo, debes estar enamorada — esas palabras de su amiga hicieron que Candy se sintiera dolida y triste e inevitablemente recuerdos amargos se agolparon en su mente, en todo ese tiempo no había conseguido olvidar a Terry y su depresión trataba de llevarla en silencio sin que nadie más se diese cuenta de ello ni de sus llantos nocturnos, todo lo ocultaba tras sus sonrisas y aparente buen humor.
Sentía que las lágrimas estaban a punto de escapar de sus ojos y su garganta se cerró en un nudo asfixiante, dirigió su vista al techo tratando de contener las lágrimas e intentó cambiar sus pensamientos que iban dirigidos a ese joven inglés que consiguió arrebatarle el corazón.
— Candy ¿Estás bien? — Hellen la observaba con curiosidad — de pronto te has quedado muy callada.
— Sí, estoy bien — Candy trataba de sonreír, pero sus ojos se veían cristalinos y brillantes — solamente estoy pensando en todo lo que tengo que hacer hoy.
— Supongo que es mucho, mira, se pondrá nuevamente en escena la obra de "Romeo y Julieta" — Hellen señaló con un dedo rechonch la nota de espectáculos del diario que había estado ojeando antes de que ella llegara, los ojos de Candy inspeccionaron rápidamente una fotografía en donde se veía al grupo teatral Sttaford casi completo, por que ahí no aparecía Terry — vaya, Terrence Grandchester tendrá nuevamente el papel de Romeo y Karen Klaise será Julieta… Como me gustaría ir… Candy ¿a dónde vas?
— A la sala de esterilización — soltó Candy con voz trémula mientras se levantaba de su asiento, estaba segura de que si se quedaba más tiempo escuchando a Hellen rompería en llanto, así que sin decir más salió del comedor y con pasos aletargados caminó por los pasillos hasta llegar a la sala de esterilización, aún era temprano y no había nadie ahí, así que con pesar se sentó en una silla junto a un anaquel y sin poder soportarlo más, comenzó a llorar en silencio recordando aquella noche invernal en la que había abandonado a Terry con la esperanza de que fuera feliz en compañía de otra mujer.
"Y"
Había llegado poco antes de las seis de la mañana al restaurante y en una hora logró barrer y fregar el piso, lavar las ventanas y ahora estaba terminando de limpiar la última mesa al extremo del restaurante, la misma en la que habían estado sentados ese actor de teatro, su prometida y su suegra la noche anterior; ya eran las siete de la mañana y la señorita Goldsmith acababa de poner el letrero que indicaba que el negocio ya estaba abierto y los primeros clientes no tardarían en llegar a desayunar.
Frederick estaba parado detrás del mostrador y hasta ese momento no le había quitado los ojos de encima a Ginebra, esa chica estaba desesperada por conseguir empleo, así que seguramente recurriría a otros medios para conseguir algunos ingresos extra y eso le agradaba a él, además, era carne nueva y extranjera con la cual podría divertirse o al menos eso era lo que le resbalaba por el cerebro a él.
— No lo puedo creer — exclamó la señorita Goldmisth con pesar — esa mesera no ha llegado y ya es muy tarde.
— Tú sabes lo irresponsables que son tía — le contestó Frederick pensando en que cómo había acorralado a esa chica en un callejón atrás del restaurante la noche anterior y había conseguido meter su mano debajo de la falda de ella, realmente él pensaba llegar más lejos pero ella consiguió hacerle un rasguño muy profundo en su pómulo derecho antes de echarse a correr.
— Ahora vamos a necesitar una mesera nueva y nos tendremos que partir en pedazos mientras la encontramos.
— Tía ¿por qué no usas a la chica nueva?
— Vaya Frederick, no eres del todo tonto — la señorita Goldsmith se rió al ver la cara que puso su sobrino ante su broma ácida — a ver, Ginebra, ven un momento hija.
Ginebra dejó dentro de un cubo la franela con la que estuvo limpiando la mesa y fue con su patrona.
— No ha llegado la chica que servía las mesas ¿Sabes cómo se sirven? — preguntó la señorita Goldsmith mientras acomodaba las cartas.
— No, pero si me explica cómo se hace puedo intentarlo.
Las campanillas de la puerta repiquetearon recibiendo a los primeros clientes de ese día, era una pareja joven, la señorita Goldsmith tomó las cartas y acomodándose el peinado se enfiló hacia ellos.
— Frederick, explícale cómo se enumeran las mesas y qué debe hacer.
— Ven, vamos atrás para explicarte todo — Frederick señaló la puerta de una habitación que era para uso general de los trabajadores e incluso servía como vestidor al cambiarse los uniformes, Ginebra tomó el cubo con el agua jabonosa y entró a la habitación seguida por Frederick.
— Lo primero es que debes conocer la numeración de las mesas, las nones son las que van pegadas a las ventanas y paredes y las pares las que están al centro contando de izquierda a derecha — Ginebra le había dado la espalda para vaciar el contenido del cubo en un pequeño fregadero que estaba en un rincón y él aprovechaba para mirarle las pantorrillas — además, ese uniforme debes cambiarlo por el de las meseras que es de color azul marino.
Frederick hurgó en un pequeño armario y sacó un uniforme — creo que éste te vendrá bien, anda, cámbiatelo.
Ginebra tomó el vestido azul marino que Frederick le ofrecía, debía cambiarse en ese lugar, pero ese tipo no se movía de ahí y en lugar de eso la miraba interesado.
— No me pienso cambiar frente a ti Frederick — le espetó Ginebra arqueando las cejas.
— Puedes hacer de cuenta de que yo no estoy aquí.
— Sal de aquí, tengo mucho trabajo y debo cambiarme — en lugar de salir del lugar Frederick dio un paso al frente tratando de acercarse a Ginebra quien se percató de sus intenciones y tomó una escoba que estaba junto a ella.
— Está bien, está bien, ya me voy — se apresuró él echándose hacia atrás al tiempo que buscaba la perilla de la puerta a tientas, cuando por fin logró asirla salió del pequeño cuarto dando un fuerte portazo.
—Idiota — murmuró Ginebra y comenzó a cambiarse de ropa.
"Y"
— "¿Y no tienen labios los santos, y labios también los piadosos palmeros?" — Terry ya no tenía la necesidad de tener en sus manos los diálogos de la obra como otros actores, aún recordaba perfectamente bien lo que debía decir ya que una vez había interpretado magistralmente el papel de Romeo para esa pecosa de ojos esmeralda; estaba parado frente a Karen y sin ningún esfuerzo encarnaba su personaje, repasaban nuevamente la quinta escena de la obra en el baile de máscaras y Karen aún no conseguía concentrarse a pesar de que también había sido antes Julieta.
—"Sí peregrino, labios que deben usar en la oración"
No, no Karen, parece como si estuvieses arrullándolo — el señor Hattaway volvía a interrumpir el ensayo mientras golpeaba la palma de su mano con el libreto que tenía enrollado y sujetaba con fuerza, si seguían así nunca tendrían lista la obra para el día del estreno y lo peor es que habían estado ensayando por horas — ya una vez lo hiciste y te quedó maravilloso¿qué sucede ahora?
Lo siento — se disculpó ella sonrojada — es sólo que no he podido dormir bien, eso es todo.
— Bien, treinta minutos de descanso para todos, y tú Karen, ve a tomarte un café, a ver si con eso despiertas un poco — Robert se sentó en una de las butacas repasando mentalmente lo que debían hacer y todo lo que faltaba por terminar, seguramente deberían de trabajar hasta alta horas de la noche ese y los días sucesivos y ya no podría permitirle a Terry que faltara a los ensayos.
Alzó los ojos y vio a Terry parado en la mitad del escenario viendo hacia arriba, estaba mirando los reflectores y se veía mucho más serio que en otras ocasiones.
— Terry, baja, vamos a charlar un momento — Terry bajó del escenario de un salto y con las manos en los bolsillos caminó hasta el palco en donde estaba Robert — siéntate, te veo mucho más alto parado junto a mi de esa manera.
— ¿Hay algo que te incomode? — preguntó el señor Hattaway una vez que el joven estuvo sentado, él lo observo impasible pero no contestó — no es que quiera meterme en asuntos que no me corresponden, pero te he visto más callado que antes.
— No me pasa nada Robert — contestó Terry con un suspiro ya que sabía perfectamente bien que nada estaba más alejado de la verdad.
— Bien, y dime ¿Ya fijaron alguna fecha para la boda? — Terry contuvo la respiración por unos segundos y sintió que toda la sangre de su cuerpo se iba de pronto hasta sus pies.
— No, aún no — su voz sonó más ronca de lo normal, lo que menos deseaba hacer era fijar una fecha para poner esa soga en su cuello por que una vez que lo hiciera no habría marcha atrás.
— Estás algo pálido ¿te sientes bien? — y era cierto lo que decía Robert, cada vez que pensaba en pasar el resto de su vida junto a una mujer a la cual no amaba era como si se abriera un enorme agujero bajo sus pies y lo arrastrara a un lugar oscuro y frío en donde su alma terminaría por secarse dentro de su cuerpo hasta que se muriera en vida.
— Sí, estoy bien – Dijo Terry levantándose de la butaca — iré a caminar un poco mientras termina el descanso.
— No te demores, esto tiene que salir para hoy y nos quedaremos hasta las diez para sacar al menos dos escenas y ten cuidado con tus admiradoras, deben estar arremolinándose en la entrada para verte, yo que tú, me iba por la puerta trasera.
Realmente no quería quedarse en el teatro hasta entrada la noche, le estaba comenzando una jaqueca incómoda y prefería enterrar la cabeza en las almohadas a estar viendo como esos actores que venían de escuelas dramaturgas reconocidas no podían ni siquiera hilar bien dos diálogos.
Como le había recomendado Robert, salió por una puerta trasera que era para el acceso de los empleados, había tenido la suerte de no toparse con alguna admiradora que estuviese cazándolo y muy al contrario, las calles se veían casi vacías; se había puesto un abrigo oscuro al cual le había alzado las solapas cubriéndose el cuello y parte del rostro tratando de no llamar tanto la atención, además, el aire invernal soplaba con mayor fuerza helándole el rostro por lo cual él lo hundía más en el abrigo.
Llegó al restaurante de la señorita Goldsmith, en verdad había bajado mucho la temperatura, así que tomaría un café y regresaría al ensayo en el teatro.
Tomó asiento en la mesa de costumbre y espero al servicio, muchas veces sus compañeros de teatro le habían llegado a preguntar por qué no comía en los refinados y elegantes restaurantes de la quinta avenida ya que su posición y fama se lo permitían y era lo más adecuado, a lo que él les contestaba: "Ahí no me molestan los reporteros y fotógrafos", llegaba a asistir a esos restaurantes pomposos y elegantes cuando la ocasión lo requería, principalmente cuando acudía con alguna mujer que pudiese calentarle un poco la sangre y enfriarle los recuerdos tan dolorosos que afloraban en su mente de una manera traicionera.
— Buenas tardes — esuchó una voz femenina junto a él, era la nueva mesera y no era la misma que lo había atendido el día anterior — le dejo la carta.
— No hace falta — contestó él — tráigame un café americano.
La mesera asintió con la cabeza y dio media vuelta para traerle su orden y fue cuando Terry la miró de espaldas, seguramente esa era la mujer a la que se había referido la noche anterior Susana ya que tenía el cabello largo, lustroso y negro hasta debajo de las caderas, estaba sujeto en una trenza francesa y se bamboleaba acompasando su caminar.
No tardó en regresar con una charola, y callada y sin mirarlo dejó en la mesa una taza con el café, una azucarera y crema, una vez que hubo dejado todo el servicio, se dispuso a irse.
— Eres nueva — observó Terry, la mesera lo miró interrogante — ayer no estabas aquí y había otra chica.
— Entré a trabajar hoy.
— A ver cuánto tiempo duras aquí — la voz de Terry tenía un timbre cínico, la observó sobre el borde de su taza y le dio un pequeño sorbo a su café humeante — para nadie es un secreto que aquí no duran las trabajadoras.
Ella miró hacia el mostrador y vio a Frederick que comprobaba su peinado a través del reflejo que le regresaba la lámina plateada de un tostador — creo que sé a qué se refiere.
— Deberías de buscarte otra cosa, hay muchas historias de horror que cuentan las meseras que han trabajado aquí.
— Creo que aún no estoy en condiciones de buscar algo más — Terry alzó los hombros sintiéndo pena por un momento — ¿Se le ofrece algo más?
Terry negó con la cabeza y la mesera se alejó hacia el mostrador dejando la charola, la señorita Goldsmith no se veía por ningún lugar, seguramente había salido dejando a su sobrino a cargo del establecimiento, además, casi no había clientela, solamente estaba un anciano leyendo un diario al otro extremo del restaurante.
Apuró su café sintiendo cómo le quemaba la garganta, quisiera o no, debía regresar a los ensayos, al menos ya se sentía un poco más alerta y trataba de convencerse a si mismo de quedarse a ensayar esa noche, así que dejó un billete sobre la mesa y salió del restaurante.
"Y"
El personal de intendencia y algunos miembros del personal administrativo habían puesto globos decorativos en el vestíbulo para darles la bienvenida a las enfermeras y médicos que regresaban del frente, mientras que en el comedor se servía una cena pocas veces vista en el hospital; la noche comenzaba a caer y ya se dejaban ver los tintes rojizos y amarillos del sol al ocultarse, casi todo el cuerpo médico estaba postrado en la puerta de entrada esperando a que sus compañeros llegaran.
Un camión grande del ejército apareció por la calle estacionándose frente al hospital, las puertas fueron abiertas y comenzó a descender el cuerpo médico voluntario en la guerra, eran caras conocidas por los trabajadores del hospital, viejos amigos y compañeros de clases, aunque también había ausencias y nadie se atrevía a preguntar dónde estaban los voluntarios que no volverían jamás; Candy estaba junto con Hellen atrás de todos parándose de puntas para alcanzar a ver.
— ¿A quién reconoces? — reguntó Hellen a Candy mientras saltaba tratando de ver sobre las cabezas de los demás.
— Puedo ver a… Marie Jonson — le contestó Candy estirando el cuello lo más que podía — y a… por Dios ¡es Flammy! — Candy se alejó de su lugar que ocupaba tratando de abrirse paso entre todas sus compañeras y médicos que estaban delante de ella tratando de ver más de cerca a su antigua compañera.
Era ella efectivamente, se veía más seria que cuando se había ido, aún llevaba el uniforme de voluntaria y miraba a todos con escrutinio sin lograr que una sonrisa saliera de sus labios.
— ¡Flammy! — gritó Candy al abrirse paso entre todos los que se arremolinaban, la enfermera dirigió la vista hacia el lugar de donde venía aquella voz de sobra conocida por ella — ¡Flammy!, qué gusto verte — Candy logró salir de entre todo ese tumulto de personas y se paró frente a Flammy, ésta le dirigió una mirada helada al tiempo que torcía los labios en un gesto despectivo — sigues siendo la misma escandalosa — le soltó Flammy a manera de saludo, nunca le había agradado del todo esa chiquilla rubia y esa muestra de emoción no era óbice para que comenzara a caerle bien y sin más, siguió su camino hasta adentrarse al hospital, dejando a Candy con un palmo de narices ante su respuesta.
Todos estaban en el comedor riendo y bromeando, los viejos grupos de amigos habían vuelto a formarse acaparando las mejores mesas del lugar, frente a la puerta podía leerse un colorido letrero de bienvenida y serpentinas brillantes volaban de un lado a otro; Candy y Hellen estaban sentadas junto con Alexandra Rice y Christine Mitchell, dos de las voluntarias con quienes habían hecho buenas amistades y platicaban interesadas sobre sus experiencias, tanto en el hospital como en el frente.
El cuerpo directivo estaba sentado en una de las mesas principales y platicaban entre ellos hasta que el médico en jefe se levantó y haciendo sonar una cuchara en su vaso pidió la atención de los presentes.
— Su atención por favor — dijo cuando todos estuvieron callados — hoy es un día lleno de bendiciones por nuestros queridos compañeros médicos y enfermeras que estuvieron en el frente han regresado sanos y salvos y desgraciadamente, otros cuerpos auxiliares no corrieron con la misma suerte al sufrir bajas entre ellos al cumplir con sus misiones de salvamento.
Candy miró a Flammy que tragó saliva pero no dejaba de tener su aspecto inmutable.
— Pero — continuo el director — así mismo se dan curiosidades y casualidades en la vida y como se dan las desgracias también se dan las alegrías y quién diría que en la guerra dos corazones podrían unirse ¿no es cierto Flammy? — la aludida sonrío levemente en algo parecido a una mueca y asintió con la cabeza ruborizándose un poco — me parece apropiado decirlo y es que Flammy se ha comprometido en matrimonio con un soldado y ya tiene una plaza de trabajo en el hospital San Louis en Nueva York… ¡Muchas felicidades!
Se escucharon murmullos generalizados en el comedor, nadie sabía cómo reaccionar y todos se miraban entre sí, hasta que fue Candy quien rompió esa reacción con un aplauso que fue seguido por los demás.
— ¿Puedes creerlo? — dijo Hellen a Alexandra que era la que estaba junto a ella — alguien por fin quiso casarse con ella, es una cascarrabias.
— Sí, pero es un soldado que quedó ciego con el gas "Cruz amarilla", su batallón fue atacado por los alemanes dentro de una trinchera — contestó Alexandra — además, el pobre chico quedó muy mal, no recuerda nada y apenas puede hablar, fue Flammy quien lo cuido hasta que pudo volver a caminar, no me extraña que esté agradecido con ella y por eso quiera hacerla su esposa.
— No dudo que esté ciego para querer casarse con ella — dijo sarcásticamente Hellen.
—Dejen de decir esas cosas tan horribles — terció Candy saliendo en defensa de Flammy — debería darles pena decir todo eso.
— Tampoco ha sido un caramelo contigo Candy — le contestó Christine — yo recuerdo cuánto te molestaba.
— Sí, pero no es su culpa vivir a la defensiva.
— Mejor vamos a cenar y dejemos el tema olvidado¿les parece? — las tres asintieron ante la propuesta de Alexandra y comenzaron a cenar en calma.
"Y"
Candy observó el mercurio dentro del termómetro, estaba terminando de tomarle la temperatura a los niños que vigilaría esa noche, ya muchos estaban dormidos y otros estaban a punto de hacerlo, anotó en el registro los datos y salió de la sala de pediatría para irse a la pequeña habitación que usaban las enfermeras y médicos de guardia para descansar un poco.
Una vez adentro se quitó la cofia y se dejó caer en un camastro con mucha pesadez, algo en su interior se había removido al escuchar sobre el reciente compromiso de Flammy y aunque se sintiera feliz por ella, algo dentro de su pecho le quemaba incómodamente y una vocecilla en su cabeza comenzaba a molestarla: "es acaso ¿envidia?", se talló los ojos con las manos y suspiró pesadamente, extrañaba tanto a Terry que se sentía desfallecer por momentos, se preguntaba a cada instante qué estaría haciendo, si estaría bien o si era feliz.
Sabía muy bien que su decisión había sido hacerse a un lado y dejarlo cumplir su compromiso con Susana sin interferir y que fuese feliz con ella, pero eso no evitaba necesitarlo desesperadamente, echarlo de menos y desear escuchar el timbre de su voz al menos una vez más y por todos esos deseos y recuerdos amargos sus ojos se llenaban de lágrimas por las noches de una manera mucho más frecuente y desesperante.
Archie, Annie y Patty sabían muy bien por lo que estaba pasando y la visitaban con frecuencia, incluso Albert le escribía una carta al menos dos veces a la semana para estar al tanto de todos los pormenores en su vida… de no ser por ellos hubiese caído en una depresión mucho más profunda de la cual tal vez no podría salir.
Archie le había avisado que pasaría por ella al día siguiente para llevarla a dar un paseo por la ciudad y que las chicas los acompañarían, esa idea le encantó a Candy, sería una buena distracción y así evitaría pensar en Terry al menos por un rato.
Recargó su cabeza contra el muro frío y cerró los ojos y sin querer comenzó a dormitar y a duermevela se le aparecía ese chico de mirada ardiente y que al abrazarla le pedía que no se fuera…
"Y"
N/A Segundo capítulo listo, les recuerdo que solamente estoy haciéndoles algunos cambios ya que éste fic está escrito hasta el capítulo 20 aproximadamente, pero por cuestiones personales, me he atrasado con la revisión. Muchas gracias a las personas que me dejaron reviews y a los que leyeron el primer capítulo, trataré de tener los demás listos en poco tiempo.
FANAWEN
