Disclaimer: Los magníficos Alexander Gideon Lightwood y Magnus Bane pertenecen a Cassandra Clare. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa y pervertida.
Advertencia: Escena de contenido altamente erótico entre hombres. Si no te gusta o piensas que no podrás con ella, ya sabes…
Nada más aparcar y guardar la moto demoníaca, la pareja tomó caminos diferentes. Magnus se dirigió al baño, donde llenó la bañera de agua caliente y espuma. Alec, por su parte, fue a la cocina y cogió una botella de champagne y dos copas. Cuando entró al baño, Magnus lo esperaba dentro del agua. Jugueteaba distraídamente con su nuevo anillo, que era lo único que se había dejado puesto.
Alec sonrió, caminó hasta la bañera y en la repisa depositó las copas, que llenó tras abrir la botella de champagne. Después, comenzó a desvestirse.
—¿No podrías hacerlo de forma sensual, con música y luz ambientales? —le sugirió Magnus.
Alec dijo entre dientes algo como "eres incorregible" y continuó desvistiéndose. A pesar de no hacerlo con movimientos sexies como le había pedido, Magnus siguió relamiéndose al ver como el cuerpo de su pareja iba perdiendo capas de ropa. Finalmente, Alec se metió en la bañera y se sentó junto a Magnus. Cada uno tomó una copa, se miraron a los ojos y Alec dijo:
—Por nosotros. Feliz navidad, Magnus.
—Feliz navidad, Alexander.
Tras esto, brindaron y bebieron el contenido de las copas.
—Y bueno, futuro señor de Bane, ¿qué le apetece que le haga esta noche? —preguntó Magnus, que se echó encima de Alec y comenzó a morderle la oreja.
—¡No me llames así! ¡Pienso conservar mi apellido, que te quede claro! —dijo Alec, intentando zafarse del brujo. Pero al nefilim le resultaban irresistibles los mordiscos en la oreja de su pareja, y finalmente se dejó hacer.
—Mira que eres cascarrabias —murmuró Magnus y le besó en la mejilla—. Se te van a hacer arrugas aquí —dijo posicionando su dedo índice en la zona entre las cejas del joven cazador de sombras.
—A ti también se te harán, es el precio de la mortalidad —le recordó el nefilim con una sonrisa.
—Vaya, qué halagador.
—Tonto —Alec lo abrazó por la espalda y apoyó su cabeza en el hombro del brujo—. Te querré igual, con una arruga o con cien. ¿Quieres que te lave el pelo?
—Desde luego —respondió con una sonrisa el brujo. Le encantaba cuando Alec le aplicaba tratamientos capilares.
Alec tomó el champú y comenzó a masajear el cuero cabelludo del brujo, mientras éste se dejaba hacer y ronroneaba de puro placer.
Tras lavarle el pelo, se terminaron de bañar el uno al otro y salieron del baño vestidos con los albornoces que había encargado hacer expresamente Magnus meses atrás. Eran unos albornoces cortísimos, que dejaban a la vista lar largas piernas de sus portadores. El de Magnus era de color púrpura y en la espalda estaban bordadas las palabras "A nefilim was here" junto a una flecha indicando su trasero con hilo dorado, mientras que el de Alec era negro e hilo azul eléctrico escribía las palabras "This ass belongs to Magnus Bane".
Entraron en la que antaño fuera habitación de Magnus y que había pasado a ser la habitación de los dos. La única diferencia que tenía con la anterior era la presencia de ropas negras y anodinas en una parte del armario y en algún que otro cajón, armas de cazador de sombras apartadas en una esquina y un poco más de orden. O al menos, aquello era lo que intentaba Alec.
Magnus se repantigó contra el cabecero de la cama, con las piernas intencionadamente abiertas. Alec no prestó atención al gesto y se sentó a los pies de la cama para comenzar a secarse el pelo con la toalla. Viendo que estaba muy concentrado en aquella tarea tan aburrida, Magnus alargó la pierna hasta él y con el pie comenzó a levantarle el albornoz.
—Déjame un segundo, Magnus, que me tengo que secar el pelo…
El brujo no le hizo caso y siguió acariciándole el trasero desnudo con el pie.
—¡Magnus! ¿Qué no me has escuchado? —Alec se giró para mirarle— Intento secarme el pelo…
Pero el brujo no estaba por la labor de hacerle caso, y lo que hizo fue aprovechar el movimiento de su pareja para pasar el pie de su trasero a sus genitales.
—¡Mag… nus! —exclamó Alec entrecortadamente, sorprendido.
—Venga Alexander, deja ya de frotarte el pelo. Frótame a mí —lo dijo con la voz más sensual que pudo, y con ella logró un estremecimiento por parte del cazador de sombras.
Alec pegó un bufido, para después gatear por la cama y sentarse sobre Magnus, con una rodilla a cada lado de su cuerpo.
—Hay que ver cómo eres… si no se te da lo que quieres en el momento, te enfadas… —murmuró inclinándose sobre su rostro. Apoyó su nariz contra la suya y posicionó sus manos sobre la piel desnuda del brujo que quedaba al descubierto el albornoz— ¿te parece ésa la manera adecuada de actuar?
—Por supuesto… tengo por novio a un nefilim de diecinueve años con runa de resistencia… y al parecer este nefilim se va a convertir en algo más que un novio… y por ello tengo especiales ganas de que hoy ponga en uso dicha runa y me haga el amor hasta el amanecer.
Las mejillas de Alec enrojecieron al instante.
—¿Estás seguro? La última vez…
—Fue impresionante —el brujo completó la frase mientras sonreía.
—Iba a decir que la última vez… la cosa se me fue un poco de las manos.
—Quieres decir que… ¿se te fue un poco del pene? —preguntó Magnus, guiñándole el ojo.
—¡Oh, Magnus! —Alec desvió su mirada hacia la ventana. Sabía que estaba rojo como un tomate— Durante los siguientes días no podías…
—Shh, ¿qué más da eso? Es Nochebuena, ¿no puedo pedirle a mi novio que, a modo de regalo, se deje llevar por sus hormonas de macho y deje de lado su conciencia de viejecita?
Alec no pudo reprimir una risita.
—Uhm… de acuerdo —dijo y se levantó para buscar su estela—. Pero más te vale mañana conseguir caminar de una forma decente para la comida con mi familia. Bastante difícil va a ser decirles que pretendemos casarnos como para que encima…
—¡¿Me estás diciendo que se lo vas a decir a tus padres en la comida de mañana?! —el brujo pegó un bote en la cama.
Alec sacó la estela y comenzó a trazarse la runa.
—Eso es lo que tenía en mente… si aceptabas mi proposición, por supuesto.
—¿Albergabas la posibilidad de que te dijera que no? —preguntó Magnus, alzando una ceja— La verdad es que quizás debería haberte exigido que me lo pidieras de una forma más romántica... ya sabes, de rodillas ante mí…
—Yo sí que te voy a poner de rodillas… —murmuró Alec mientras se desataba el albornoz y lo lanzaba al suelo.
—Oh —Magnus abrió los ojos como platos y puso sus labios en forma de O— parece que el macho se ha despertado…
—¿Sabes? —preguntó Alec, a la vez que se tumbaba en la cama al lado del brujo— Me gusta cuando me llamas macho. Estoy hasta las narices de que por ser gay me tomen como una chica.
—Oh, que el Ángel libre a aquél que haya sugerido tal blasfemia alguna vez… —dijo Magnus, no sin cierto tono de mofa.
—Te recuerdo, hijo de Lilith —Alec agarró de la nuca a Magnus aplicando cierta fuerza y levantándole el rostro— que en numerosas ocasiones has sugerido que me parezco a una ancianita. Hace escasos minutos…
—No sólo yo —le cortó Magnus—. También tu queridísimo parabatai rubito. ¿Qué le haces a él cuando te lo dice?
—¿De verdad quieres saberlo? —preguntó Alec, levantando una ceja y sonriendo pícaramente.
Magnus sonrió.
—Por el mismísimo ángel Raziel, cómo me pone cuando me hablas así…
El brujo se desató el albornoz. Antes de que se lo pudiera quitar, Alec se había sentado sobre sus piernas e inclinado sobre él. Comenzó a besarle efusivamente, mientras jugueteaba con los pezones enervados del hijo de Lilith. Magnus no tardó en corresponder sus besos. Sus caricias se dirigieron hacia los muslos del nefilim, y poco a poco fueron subiendo por su bajo vientre y pecho. Los miembros erectos de ambos se acariciaban con cada uno de sus movimientos.
—Alexander… cómeme entero —le sugirió el brujo, un segundo antes de morderle con fuerza en el labio.
El nefilim acató sus órdenes. Sus labios empezaron a bajar por la anatomía del brujo. Cuello, pecho, vientre y… pene. Lo tomó por la base con las manos mientras rodeaba la punta con la lengua.
Magnus no tardó en gemir. Murió de placer cuando toda su virilidad estuvo dentro de la boca del nefilim, siempre tan cálida y suave que parecía hecha para acogerle a él. Cuando los dientes del cazador de sombras comenzaron a mordisquearle en el camino de ir retirando su boca del miembro del brujo, como a él tanto le gustaba, no pudo más y comenzó a eyacular. Con Alexander siempre era así, siempre se sentía como un virgen de quince años al que nunca se la han chupado.
Alec saboreó con gusto el delicioso líquido de su amante, mirándole fijamente a los ojos con mirada hambrienta. Repasó con la lengua sus dedos impregnados de semen para después comenzar a introducírselos al brujo. Primero uno, después dos, por último tres. Siempre empezando despacio para luego aumentar el ritmo. Cuando supo que Magnus ya estaba listo, se colocó de rodillas frente a su entrada, le agarró por los muslos y comenzó a penetrarle. Lo hizo enloquecedoramente despacio la primera vez, hasta llegar a quedarse por completo en el interior de él. Y cuando estuvo totalmente dentro, Magnus pegó un largo suspiro y dijo:
—¿A qué espera? ¡Hágame el amor ya, Alexander Bane!
Alec sonrió traviesamente. Sabía que Magnus lo provocaba, siempre que lo hacía significaba que quería que lo penetrase con fuerza y sin miramientos.
—Tenga paciencia, Magnus Lightwood. La noche es larga…
Magnus soltó una risita, seguramente a causa de escuchar su nombre mezclado al apellido Lightwood. Lo que podía cambiarle a uno la vida con los años…
Rítmicamente, el nefilim continuó penetrándole. Aquella postura era una de sus favoritas. Podía disfrutar de un Magnus completamente sumiso, podía apreciar cómo cambiaba cada una de sus facciones, cómo sus músculos se movían, como todo su cuerpo se retorcía de placer… podía apretar las piernas de Magnus alrededor de su cuerpo, podía penetrarle hasta el fondo, hasta que sus testículos acariciaban las nalgas del brujo y el placer se hacía inmensamente intenso. Tras múltiples sacudidas, el nefilim se retiró con cuidado del cuerpo de su amante y se tumbó a su lado.
Magnus lo miró con gesto de perplejidad.
—¿Qué pasa? —preguntó, al no obtener una palabra del nefilim. Aunque suponía que estaba intentando pedirle algo que le daba vergüenza.
—Quiero que… —hizo una pausa— te montes encima de mí… como la otra vez…
—Ah —Magnus sonrió—. ¿Así que te gustó, eh?
—Mucho —respondió Alec, asintiendo y enrojeciendo todavía más.
—De acuerdo, señor Bane, como gustéis…
Alec se recostó boca arriba sobre el cabecero de la cama y Magnus se colocó también boca arriba sobre él. Sólo alguien con tanta flexibilidad y agilidad como el brujo era capaz de hacerlo tan bien en esa postura. Por eso mismo Alec la disfrutaba tanto: no tenía que hacer nada, tan sólo disfrutar de cómo Magnus subía y bajaba con su pene dentro de él. Aunque, al notar como el brujo estaba a punto de derramarse, el nefilim decidió aportar un poco de su parte y llevó sus manos hacia el sexo del brujo, el cual masturbó hasta dejarlo de nuevo flácido. Al perder la última gota de su líquido, Magnus colapsó sobre Alec. Sus brazos habían estado flaqueando y cuando al fin el orgasmo fue alcanzado no fue capaz de sostenerse más sobre ellos. Tumbado sobre las piernas de su amante, con el miembro de éste todavía erecto en su interior, el brujo le preguntó:
—¿Es que no piensas correrte nunca, Bane?
Alec se irguió, retirándose con cuidado del interior del brujo, para luego situarse detrás de éste y abrazarlo por detrás. Le susurró al oído:
—Ya sabías que si no eres capaz de aguantar, no deberías pedir la runa de resistencia.
Dicho esto, empujó ligeramente al brujo, mostrándole en qué posición le quería esta vez: a cuatro patas. En esta ocasión no tardó mucho en introducirse dentro de su amante, y el ritmo de las penetraciones resultó ser como había pedido Magnus anteriormente: rápido y duro. Magnus no tardó en comenzar a gemir, pero esta vez Alec también se le unió. Retiró su mano derecha de la cadera del brujo y con ella le pegó un pequeño azote:
—¿Disfrutas, señor de Lightwood? —preguntó, casi fuera de sí.
—¿Eres tan tonto que necesitas respuesta, Alexander Bane? —fue la respuesta que consiguió enunciar el brujo, entre gemido y gemido.
Las sacudidas se volvieron frenéticas, hasta que al mismo Magnus le temblaron las rodillas.
—Por el Ángel… estoy a punto… —murmuró Alec, antes de soltar un rugido más animal que humano.
—Ya era hora, Ba… —dijo Magnus, que se interrumpió al notar que Alec le ponía una mano sobre la espalda y hacía ademán de empujarle hacia abajo. De nuevo, se dejó guiar por Alec, descubriendo que la nueva posición deseada por el nefilim era acostados de lado, él dándole la espalda al nefilim, que se situaba también acostado de lado justo detrás de él.
Aunque a Alec le volviese loco la postura del perrito, siempre sería un romántico que disfrutaba besando y acariciando a Magnus por el cuello, espalda y torso mientras lo penetraba lenta pero profundamente hasta llegar al clímax.
Y el orgasmo llegó, con una avalancha de líquido que inundó el interior del brujo y lo hizo eyacular de nuevo.
—Te amo, Magnus Bane —dijo finalmente Alec, olvidando las bromas mordaces.
Esta vez, su voz estaba cargada de un cariño y un amor infinitos.
Hizo ademán de retirarse de dentro del brujo, pero Magnus lo detuvo:
—Quédate un poquito más, quiero seguir sintiéndote dentro —murmuró.
—Está bien— los labios de Alec, que estaban pegados a su omóplato, trazaron una sonrisa.
Poco después se durmieron. Sus manos entrelazadas y sus nuevos anillos brillando, al igual que su amor, a la luz de la luna.
Espero que os haya gustado. Me gustaría conocer vuestra opinión, ¿sigo con los lemons en el futuro?
¡Feliz año nuevo, nefilim!
