Cada mañana Sakuno luego del desayuno y de su entrenamiento, comenzaba su sesión de yoga y relajamiento. A pesar de que no estaba acostumbrada al principio, poco a poco fue adaptándose a la tranquilidad al punto de que eso influyera en su personalidad, siendo totalmente diferente a lo que era dos años y medio atrás. El relajarse le permitía concentrarse sin importarle lo demás a la hora de un partido, su juego era totalmente conservador y objetivo; era agresiva cuando la ocasión lo recurría, pero lo que más destacaba en ella era su mirada perdida cuando tomaba la raqueta, corriendo de un lado a otro para perseguir la pelota y golpearla.

Después de mucho tiempo, todavía no conseguía crear una técnica propia y eso era lo que más le fastidiaba de sí misma; sin embargo, sus oponentes quedaban completamente perplejos cuando estaban cansados y veían a Ryuzaki corriendo con completa calma casi sin derramar una gota de sudor. Era ese momento en donde ella hacía el contra ataque y ganaba el partido.

Desde la partida del Sr. Innombrable−porque ése era su nuevo nombre− Sakuno tuvo una nueva pasión, y esa era correr después de la escuela, hacía piques en cada manzana, comprobando su velocidad y resistencia. Ella no sólo era una simple tenista apasionada e inspirada por alguien, era mucho más que eso; y Tezuka claramente se daba cuenta de que su determinación era su gran talento.

— ¡Más largo! ¡No, más duro! ¡Sostén bien esa raqueta!

Tezuka Kunimitsu era un entrenador excepcional, pero así como amable también podía ser gruñón y muy, muy exigente. Pero sacando todo lo malo que era, Ryuzaki estaba más que contenta de sólo saber que Tezuka se preocupaba por ella.

La relación de ambos al principio era dura, pero por culpa de su abuela, Sumire Ryuzaki, él fue obligado a volverse más blando con la pequeña; hasta que sin darse cuenta los dos formaron un vínculo casi inseparable.

Luego del desayuno era Tezuka quién siempre la esperaba en la puerta de su casa los días de semana para llevarla al Seishun Gakuen en su moto, y era Tezuka quien siempre trataba de levantarle el ánimo siempre que podía.

Ahora Sakuno era quien escuchaba los rebotes de la pelota, quien jadeaba corriendo de un lado a otro, quien mantenía la cabeza en el juego, era ella quien maldecía en silencio cuando perdía un punto. El viento hacía danzar sus cabellos cuando golpeaba a la pelota una vez más, dándole el efecto necesario para llevar la delantera. Sonreía calmada y miraba a su entrenador en la banca cuando había un punto ganado.

No bajes la guardia.

Cambio de brazo. El izquierdo ahora sostenía el mango con un poco de inexperiencia, su oponente quedó hipnotizado al ver que ella había alcanzado la pelota una vez más con una enorme rapidez, la misma levanto su brazo concentrando toda su fuerza para que ésta girara con el efecto preciso y con el doble de fuerza.

Ella escuchó al árbitro que daba finalizado el partido, y una vez más Sakuno ganaba.

Acomodó las cuerdas de su raqueta procurando controlar su respiración, poco después ella se dirigió hacia la red para estrechar la mano de su oponente.

—Aún te falta mucho.

Sonriendo, se iba de las canchas evitando al público enardecido.

Así era ella.

Así era su vida.

—Debes estar bromeando si piensas que me tomaré eso. —gruñó tratando de intimidar, pero si se trataba de Inui, ya estaba perdida.

Todo Seigaku la miraba expectante, y a pesar de que la mayoría estaban acostumbrados a defenderla de las garras del loco científico maníaco de Inui, esta vez era una apuesta. Y todos estaban de acuerdo en que la pequeña Ryuzaki debería tomar el jugo.

—Es el nuevo Jugo de Inui. —Le informó Oishi con una sonrisa macabra. —Se llama "Súper Jugo Mortal"

—Pero no te preocupes, Ryu-chan—decía Momo imitando la misma sonrisa. — No sólo porque se llame "Súper Jugo Mortal" deberías creer que eso puede matarte.

—Se olvidaron de Sexy al principio. —agregó Inui acomodándose los anteojos rectangulares.

Al mismo tiempo, Sakuno y los demás de Seigaku apreciaban−muy poco− la risa malvaba de los tres dentro de los vestidores. Podría jurar que atrás de ellos los rayos y los truenos lo acompañaban, estaba muerta de miedo.

Vio que Fuji se adelantó con su sonrisa típica hacia el vaso y lo miró con deseo. Todos veían como lo levantaba y lo tomó por completo aunque el jugo destilara un olor poco propio. El castaño miró a los demás, sorprendiendo la mirada de todos.

— ¿C-cómo fue?—preguntó Eiji con cierta intriga. Al ver que no reaccionaba pasó su mano frente a su compañero infinidades de veces, pero seguía sin reaccionar. Lo tocó en la punta de la nariz, empujándolo un centímetro. Segundos después Fuji cayó al suelo.

— ¡Ah, no! ¡Ni lo sueñen!—exclamó Sakuno retrocediendo unos pasos atrás, pero Momoshiro y Kawamura la sostuvieron de ambos brazos. — ¡Soltadme!

Ambos negaron con la cabeza y Sakuno palideció. En poco tiempo, ella perdió la consciencia.

Mientras tanto, luego de unos quince minutos un chico de unas gafas llevaba a la castaña entre sus brazos hacia la enfermería, gruñendo obviamente. Suspiró al recordar qué fue lo que pasó antes de que ella ganara el partido para clasificar en el torneo.

Allí estaban, todo el equipo de Seigaku apoyaba a la pequeña Sakuno cuando salía de los vestidores, él todavía no memoraba cuando fue que ella se había vuelto tan popular en tan poco tiempo.

¡Apuesto a que la acabas 6-0!

¡¿De qué hablas, Eiji?!—Exclamaba Momo con el ceño fruncido— ¡Apuesto a que dejará que le gane un set sólo para no sobresalir!

¡¿Ya pueden parar?!—intervino Kaidoh con su típico susurro de serpiente. Todos lo miraron y agacharon la cabeza con decepción, él se aclaró la garganta y miró seriamente a Sakuno, quien se esperaba algo realmente serio por su parte—Le ganarás rápido ¿no es así?

Todos cayeron de pies mientras que Sakuno no dejaba de reírse a carcajadas, el capitán de Seishun Gakuen a veces podía ser increíblemente impredecible. Después de recomponerse, Inui interrumpió la animada charla solo para ponerla aún más animada.

¿Qué les parece si apostamos?—propuso acomodándose los anteojos, todos los miraron expectantes—Según mis cálculos Ryuzaki-san tiene el 10% de realizar todo lo que han dicho ustedes basado en mis textos.

¿Entonces cómo será la apuesta?—preguntó Oishi intrigado.

Si Sakuno hace que su contrincante sobreviva a dos sets sin marcar el cero, todos tomaremos de mi nuevo Jugo, llamado "Súper Sexi Jugo Mortal"

¿Y si no lo hace?

Y si no lo hace…—la mirada del científico loco pasó desde Fuji hasta la chica de trenzas— Ella tomará el jugo.

Las personas miraron al jugo mortal que había preparado, olía a pestes, sin duda. Nadie excepto Fuji apostaba que sería algo delicioso, no por nada sería mortal. Sus miradas acabaron en la de Sakuno, quien miraba con desagrado la mera idea de tomar ese jugo, y también odiaba las apuestas a pesar de lo mucho que le atrajera.

No creo que sea buena idea…—murmuró Kawamura con una mueca—No me agrada la idea de que la pequeña Sakuno tenga que pasar por esto.

A mí tampoco—dijo Eiji mirándola con ternura, y al poco tiempo se le abalanzó para abrazarla. — ¡Es como una muñequita!

Oigan oigan…—interrumpió el loco — Me parece que es hora de que la "pequeña Sakuno" crezca, claro, si es que quiere seguir siendo una auténtica y honorable titular formadora del club de tenis. Díganme, ¿quién no se ha bebido el jugo como tradición al entrar al equipo?

Se miraron unos a otros, pensativos. La chica de trenzas largas dio un suspiro, dando su aprobación, tendría que hacerlo o no sería una auténtica titular del club de tenis.

Poco tiempo después de que terminara el partido, Sakuno había ganado sin que la pobre chica sobreviviera a un solo set, todos habían exclamados emocionados abrazándola pero al mismo tiempo, sonriendo con maldad. Éste sería el fin para la ya no tan pequeña Sakuno.

Y allí estaba él, caminando en los pasillos para dirigirse a la enfermería con el ceño fruncido. Odiaba como era que sus "amigos" lo persuadían sólo para que pasara más tiempo con su alumna. Era horrible tener que escuchar sus carcajadas y burlas sólo por el hecho que desde hace dos años Tezuka se había vuelto mucho más cercano a la castaña sólo por el tenis. Más cercano que nadie más.

Claro que, si se ponía a pensar, ella era una chica increíble. Poseía unas facciones dignas de una diosa−y eso que él no creía en tales cosas como deidades−, era inteligente y muy amable. Podía ser tierna con quien se lo proponía y a veces él mismo podía ser el blanco de aquello; sin embargo, tenía sus días, en los que le resultaba completamente fastidiosa y quisquillosa, eso lo sabía muy bien. Pero más que nada, él mismo no se sentía así como si fuese estar enamorado−si eso es lo que sus compañeros pensaban, claro−. Él sencillamente no era el tipo que encajaba precisamente con una mujer como ella, también cabe la circunstancia de que era dos años mayor que ella y que Ryuzaki todavía seguía enamorada del Sr. Innombrable. Su ex enemigo, ex contrincante.

Comenzó a pensar en él. ¿Estaría mejorando en el tenis tal y como se lo había pedido?

Claro que sí, aunque su espíritu orgulloso y holgazán lo sedujeran, él amaba el tenis.

Tanto que, había dejado a una pobre chica con el corazón partido en dos.

Sacudiendo la cabeza al pensar en esas tonterías, miró hacia el frente por lo que poco divisó una figura negra. La luminosidad hacía que no pudiera figurar el rostro pero cuando se acercaban cada vez más, Kunimitsu casi dejó de respirar al ver que una gorra blanca junto con un bolso deportivo caminaba a dirección contraria junto con una chica.

Se quedó varado, de pie, mirando como su ex compañero pasaba por su lado, y justo cuando creía que se iría se detuvo a su lado, quitándose las gafas de sol que tenía puestas. Supuso que era para que no lo reconocieran.

—Capitán.

Bueno, definitivamente era él. Intentó mantener la calma para no golpearlo en el pasillo, dejando escapar un leve suspiro. Se volteó aún con la castaña en brazos mirándolo de arriba hacia abajo, no había cambiado en casi nada. Quizás tendría uno o dos centímetros más arriba de lo que recordara, pero todavía seguía siendo poseedor de aquellos ojos ámbar, de su típica frase y de su sonrisa orgullosa. La de medio lado.

Tezuka lo miró seriamente, y no era bobo como para percatarse de que él miraba a su castaña− ¿Desde cuándo era su castaña?− con interés. Se relamió los labios, ¿acaso estaba nervioso? Ahora posó sus ojos en lo de él.

Podía jurar que ardían como fuego.

—Echizen. —dijo casi como un saludo. La tensión era terrible, cualquiera se daría cuenta de eso.

—Nos veremos en las canchas—musitó antes de irse, su seguidora lo miró sorprendida pero luego se fue no sin antes irse con una reverencia de respeto.

Casi como si fuera un hechizo, Ryuzaki se removió y poco a poco abrió los ojos, perdida. Los ojos carmines de ella miraron los de su entrenador una vez más, que éste la miraba con un deje de preocupación. Ella sacudió la cabeza, como si fuera una gatita, e intentó decirle con palabras mudas que podía pararse por sí misma. Tezuka suspiró y la dejó en el suelo, Sakuno simplemente se apoyó contra la pared esbozando una sonrisa tímida.

— ¿Hablabas con alguien?—le preguntó aun con una cara algo mareada.

—Para nada. —respondió saliendo de su sorpresa bien disimulada. Tal vez las mujeres tenían un sexto sentido para cosas como esas. — ¿Te encuentras bien? La enfermería está a unos pasos de aquí, yo puedo…

—Estoy bien, gracias.

Y ahí estaba de nuevo, cerrándose una vez más.

— ¿Podemos ver los otros partidos?

—De acuerdo—accedió con desgana. La tomó de la mano y re direccionaron hacia el lado en donde estaban las demás canchas, aunque si eso significara que Ryuzaki volviera a ver al Sr. Innombrable, la hizo entender que él estaría allí para apoyarla. De cualquier forma y manera. —Vamos.