Culpa.
Regulus Black se sentía culpable. La culpa lo carcomía, desde dentro hasta fuera.
En su mente resonaban los gritos de aquellos pobres muggles, de esas inocentes personas que no tenían la culpa de nada. Aún recordaba los lloros, súplicas y ruegos de la madre, pidiendo piedad por sus hijos.
Las muecas de dolor que quedaron en los cuerpos inertes.
También recuerda como su prima Bellatrix andaba dando saltos, riendo como una loca y disfrutando de la horrible tortura que les había infligido.
Recuerda como Lucius Malfoy tenía una leve sonrisa en su rostro, como disfrutando del momento.
Ellos y los demás Mortifagos parecían de lo más felices, parecían disfrutar del dolor y sufrimiento.
Pero él no, Regulus no podía, todo eso le asqueaba profundamente y había algo más.
Un sentimiento, algo que le oprimía el corazón, algo que le hacia sentirse horrible consigo mismo, hacia que se odiase por lo que había hecho.
Era la culpa.
No podía soportar tan inmensa culpa, no aguantaba ese sentimiento tan molesto, como espinas clavándosele por todas partes.
Fue entonces cuando se lo prometió a sí mismo y aquellos pobres muggles, se prometió hacer algo, lo que fuera para recompensar tal acto de maldad.
