Bienvenidos una vez más. Ya sé que había tardado en actualizar, pero he estado ocupada entre exámenes y no me dio tiempo. Hay dos noticias: la mala es que no tengo fecha de actualización, la buena es que entrando a vacaciones ya podré escribir libremente, yeeih

Les agradezco mucho a quienes siguen el fic y me dan ánimos. Merecen un reconocimiento:

Julie

Rosen Lelio

Pues si, no interrumpo más y a leer!

NOTAS: es un crossover entre "Blanca Nieves y el Cazador" y The Hollow Crown

DISCLAIMER: los personajes de Eric y Hal no me pertenecen, solo lo hago por diversión

ADVERTENCIAS: rated M, slash, yaoi, etc.


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II. EL ULTRAJE DEL TRONO

Hal no podía sentirse más iracundo. Ese patán lo había secuestrado, tirado al suelo, burlado de él e insultado a su familia, ¿qué demonios planeaba al traerlo a su tienda? De pronto, su pecho se elevó agitado en cuanto llegaron pensamientos horribles a su mente como respuesta. Ese montaraz no había mostrado un ápice de respeto, nadie le aseguraba que ahora se comportaría como un súbdito obediente.

Seguía con las muñecas y tobillos atados mismos que Eric se dedicó a desatar por fin, y para su sorpresa, el príncipe permaneció recostado sin pretensiones de escapar. No. El monarca sabía que arriesgaba demasiado. Si le hacía frente en una lucha cuerpo a cuerpo, el cazador ganaría sin duda alguna.

Eric cerró las cortinas sin prestar atención a que Hal se había cruzado de brazos y susurraba insultos hacia su persona, seguramente. Se quedó de pie con el ceño fruncido mientras comenzaba a quitarse su ropa.

El príncipe observó que el hombre se despojaba de los harapos que vestía hasta quedar como Dios lo había traído al mundo. Su cuerpo era una escultura griega combinada con un alma guerrera de fuego, los brazos que lo habían cargado caían orgullosos a los costados, y Hal tuvo que contener la respiración unos instantes de verse diminuto ante tal individuo con complexión titánica. Se estaba agitando demasiado y al caer sus ojos sobre la mata de vello, que envolvía un miembro monstruosamente grueso, Hal apartó su rostro intentando averiguar por qué coño ese bandido le resultaba atractivo.

El cazador no pasó por alto aquel comportamiento repentinamente nervioso del lord. Él mismo se sentía extraño viéndolo a contraluz por la mecha de la lámpara que colgaba de su carpa que estaba a punto de extinguirse. Estaría mintiéndose a sí mismo si hubiera dicho que no se excitó al verlo tan indefenso, como uno de los cervatillos que solía desollar con sus propias manos. Le importaba una mierda sentir aquellos deseos impuros e incastos hacia el joven que estaba tendido en su lecho, después de todo, no sería la primera vez que su lívido era provocada por un hombre.

Eric era un hombre de impulsos, que en cuanto tuviera la oportunidad, satisfaría sus más bajas pasiones, ya fuera con una prostituta o un capullo afeminado cuyo culo fuera lo suficientemente pasable para provocarle una erección. Y, siendo francos, el cazador estaba comenzando a plantearse la idea de sacar ventaja de la captura del príncipe, no solo con fines vengativos, sino para placer personal. Lo tendría un buen tiempo bajo su poder, dándole de su comida y compartiendo su tienda, de algo debía servir tomarse todas las molestias.

Se acercó hasta donde el príncipe, quien se apoyó en sus codos retrocediendo, pero Eric fue más rápido y lo tomó por las muñecas hasta recostarlo bajo suyo.

Hal no supo cómo reaccionar ante aquello más que abriendo sus ojos con miedo. —¿Qué haces, cazador?
—Dime algo príncipe —lo recorrió con mirada penetrante —¿cuánto les pagas a las putas con las que follas?

—¿Qué? —preguntó con sorpresa —Yo. . .

—¿No sabes? No me sorprende —contestó con orgullo, acercándose a su oído —dicen por ahí que odias la cercanía de cualquier dama, repudias cualquier clase de mujer que se acerque a tu persona. El objeto de tu deseo recae en lo contrario ¿no es cierto, Hallie?

Había dicho tantas barbaridades en una sola frase, que Hal quedó pasmado, sin saber cómo rebatir aquellos argumentos. Le revolvía las entrañas por golpearlo, por escupirle a la cara, por gritar aunque fuera y defenderse, pero aquellos ojos azules fríos y esa voz salida de su más obscuro ser, lo paralizaron. Tampoco podía negar fervientemente aquello, las mujeres para él solo resultaban una carga incómoda y entre más pudiera librarse de compromisos con ellas, mejor.
—Imbécil. . . ¡Engendro! ¡¿Cómo te atreves?! No sabes nada de mí, plebeyo

—Mentira. Tú, mi querido señor, tienes la mente llena de perversiones y fantasías que solo otro de tu misma calaña sabría complacer sin rechistar. Lamento informarte que yo preferiría morir antes de portarme de ese modo contigo

El comentario, aunque ofensivo, calmó de cierto modo al monarca, pero poco le duró esta tranquilidad pues mientras el cazador decía aquellas sandeces, subió sus manos por encima de la cabeza de Hal y las sostuvo con una mano y con la otra desabrochó su camisa de lino que usaba como pijama, provocando irremediablemente que Hal se desesperara y agitara, temiendo lo peor.

—¡¿Qué demonios haces?! ¡Déjame, maldito! ¡Acabas de decir. . .!
—Nunca dije que fuera de otra manera —replicó con total despreocupación —pero siendo honestos, no he tenido sexo decente gracias a las leyes de mierda que decretó tu padre para cerrar casas de putas.

El príncipe quiso detenerlo, apartarse y darle una bofetada, pero lo siguiente que ocurrió estuvo fuera de su alcance.

Eric cerró su boca sobre la suya con brusquedad, obligándolo a abrir sus labios, para darle paso a su lengua de meterse en su cavidad. Lo acorraló prácticamente, poniendo sus brazos a los costados mientras seguía inmovilizándolo por las muñecas encima de la cabellera castaña. Su mano libre viajó por su pecho desnudo, hinchado por el temor de lo que sucedía, inflándose en busca de aire.

El montaraz no esperó más tiempo y desgajó parte de la tela del camisón en las piernas de Hal, recostándose y presionando su pelvis contra la suya, gruñendo en el beso y devorándolo con osadía y malicia.

Levantó la tela para descubrir aquello que sus dígitos exploraban y observarlo con sus propios ojos, despegando sus labios, escuchando un quejido del monarca por lo rudo. Posó su mirada en la entrepierna del príncipe, que comenzaba a abultarse y Eric sonrió de lado complacido.

—Lo sabía

Su ansia y ardor lo descontrolaron momentáneamente, dejando libre las muñecas de Hal para bajarle su ropa interior de un tajo. Por supuesto el príncipe aprovechó aquella distracción para golpearlo con fuerza en medio del pecho y parte de los hombros, removiéndose con rebeldía y furia. Lucharía por proteger su integridad y orgullo a toda costa, y con esa idea en mente, logró esquivar las manos que se disponían a aquietarlo y rasguñar la mejilla de Eric, dejando tres surcos bien definidos que emanaban hilillos de sangre.

Eso enfureció al montaraz, y de inmediato tomó riendas en el asunto, separando las piernas de Hal y encimándose en él, frotando su erección contra la suya.

Ambos jadearon al estar piel a piel. Eric no demoró en acariciar más a pesar de sentir que Hal lo empujaba por el pecho, su psique se quemaba por obtener todo del monarca en esos instantes, su pene estaba impaciente y el placer lo enloquecía.

De improvisto, Eric bajó su mano y pasó su palma por el miembro despierto del castaño, maravillado por la sensación aterciopelada y suave de toda la zona.

—¡No, para! ¡Quita tus asquerosas manos de mí! —replicó Hal a medio sollozo, no queriendo en el fondo que se detuviera.

Y tal como lo esperaba, Eric ignoró cualquier alarido, blasfemia o amenaza que le gritara, inclinándose más para desgarrar sin ningún cuidado la fina ropa que llevaba, hasta dejarlo tan desnudo como él en medio de las frazadas, respirando agitadamente.

—¡Cálmate! Si no me dejas hacer lo mío, te dolerá más

Ambos parpados del príncipe se abrieron con terror. No pensaba hacerlo en serio ¿verdad? Rezó porque no sucediera, sobretodo porque presentía que si continuaba dejándose acariciar y tocar por ese maldito, sucumbiría a sus bajos instintos. La idea por si sola le horrorizaba, ¿por qué estaba gimiendo así? Debería estar pidiendo auxilio, o al menos alborotar al resto de sus camaradas para que lo interrumpieran, en su lugar, jadeaba negando con la cabeza, pero expectante por descubrir más de aquellas fabulosas pulsaciones en su ingle.

Eric que encontraba en las mismas condiciones, sudando deseos de desahogarse con el cuerpo de aquel ser de exquisita belleza. Vio a Hal temblar y se culpó por jadear en su oído solo por lo erótico de la imagen, y se reprochó todavía más cuando no supo controlarse y volvió a probar aquellos dulces labios. ¿Qué le sucedía? A él no le gustaban los besos, ese tipo de caricias era para mariquitas. Si follaba con alguien, lo besaba solo si merecía la pena y nunca más de una vez, y ese monarca ni valía la pena y ya lo estaba besando por segunda ocasión.

Su lívido lo descolocó de sus cabales y el fuego de rozar esa suave piel blanca terminaron por consumirlo en deseos de más. Encimó su cuerpo sinuoso en torno al de Hal, abriendo con una rodilla el compás de sus piernas, recibiendo manotazos y chillidos quejumbrosos por parte del príncipe, lo cual le importó una mierda.

Hal, en cambio, trataba a capa y espada impedir aquel acto tan sórdido repleto de puerilidad y ultraje. Eso estaba haciendo este malnacido, un vil y sucio ultraje, sin pensar dos veces en un bien común, solo satisfacción sexual. Pero una sensación de calidez se expandía en su pecho y abdomen bajo, su cuerpo estaba correspondiendo a las caricias de ese hombre, y supo que estaba perdido cuando un gemido placentero escapó de su garganta.

Se sorprendió tanto como Eric, y fue cuando todo adquirió el rumbo al que estaba destinado.

Los ojos vivaces del cazador se posaron en los retadores del monarca, hablándose sin palabras, denotando sus verdaderos deseos. Eric siguió entonces la masturbación en el falo de Hal, jadeando junto con él en tanto que el preseminal emanaba en pequeñas cantidades en su palma.

Hal ardía en su propio remordimiento, sin dejar de flagelarse por permitir que avanzara todo aquello. Sintió como su miembro era masturbado con maestría, su pecho acariciado y sus propias manos se aferraban a los hombros del montaraz, enterrando sus uñas levemente.

No se corría aun cuando Eric decidió cambiar la táctica y lamerle el cuello con parsimonia, pellizcando con la mano libre uno de sus pezones y subiendo la pelvis para que su canal estuviera expuesto, dispuesto a penetrarlo.

—No. . . Aah. . . Espera, espera. . .—gimió con sonoridad, sobrepasado por la horda de pulsaciones encontradas en su mente.

—¿A qué le temes, príncipe? . . . Oh, ya veo, ¿creías que había pasado por alto que eres virgen? No te preocupes, seré gentil contigo —sentenció con total desinhibición y ansioso al mismo tiempo.

Eric dejó la labor de la masturbación, sostuvo las piernas de Hal para que no se moviera y con el preseminal que escurría entre sus dedos le lubricó su entrada, resbalando a lo largo, pasando su dedo índice y medio superficialmente, sin insertarlos. No habría necesidad después.

Bajó su cabeza y escupió un par de veces en el canal a modo de lubricarlo más y poder así, meter ambos dedos a medio camino solo para preparar momentáneamente el camino a su propia erección mucho más gruesa y dura.

Hal se estremeció. Tenía razón, su mente podría estar llena de morbo, pero su cuerpo seguía siendo custodiado por el voto de castidad.

Cuando Eric le escupió, giró el rostro con vergüenza y cierta repulsión, pero se arrepintió de haberse distraído puesto que dos dedos le atravesaron la carne. Dejó soltar un grito de incomodidad, no de dolor y ahora sí enterró sus uñas en los hombros del de cabello marrón. Mordió su labio inferior casi al punto de sangrar, y mientras el cazador dilataba con precisión su entrada, él no hacía más que pedirle a base de jadeos que se detuviera.

—Oye, ¿cómo sabrás que no te gusta, si no lo pruebas? Tienes que calmarte. . . —le habló con sutileza —voy a entrar ¿de acuerdo?

—¡NO! ¡Bastardo de porquería, detente! —clamó por última vez antes de sucumbir —por favor. . .

—Lo siento. . .

¿Desde cuándo pedía disculpas por follar? Sonaba como un marica enamorado. Retiró aquella disculpa apretando los glúteos y separándolos.

Con o sin preparación suficiente, Eric clavó su falo de un tajo, gruñendo ronco al ser recibido por las paredes húmedas y vírgenes. Una ola de placer se acumuló y sin demasiadas precauciones, embistió con necesidad, llenándose de un extraño deje de rabia y virilidad. No era normal que se sintiera con urgencias, pero tampoco quería delatarse, y agradeció que el príncipe no supiera que él JAMÁS le daba la cara a sus fornicadas de paso.

Un tibio líquido resbaló de la entrada de Hal. Había quedado marcado de por vida por el cazador y el mismo Eric se enorgulleció por ser el primero en su cama.

Las brasas de la perdición y el placer lo sometían a cada segundo, facilitándole más a Eric deslizarse en su interior, mientras que el monarca le enterraba más sus uñas con intención de hacerle daño, doblando las piernas para no permitir que las abriera más con su cuerpo. Aunque a final de cuentas, todas esas precauciones carecían de sentido. Su interior recibía con entrega y zozobra combinadas. Su propio cuerpo buscaba más contacto con el cazador y sus labios entreabiertos gimiendo con deseo evidenciaban su lado pasional y sexual.

Al montaraz no le importó que hubiera marcas en sus hombros y parte de las escápulas. Subió el ritmo, envolviéndose con lujuria y atrayendo el cuerpo del monarca, pasando sus brazos por debajo de la espalda de aquel ser que había sido capaz de desarmarlo en segundos y sin embargo, lo ignoraba. Lamió su cuello y succionó con ansia, jadeando en su piel sin menguar las penetraciones.

—Estarás bien. . . Lo prometo. . . Te sentirás. . . Aggh. . . En el cielo

—No. . . Nunca. . . ¡Nngh!

Sentía ahogarse, ni siquiera le salía voz para reclamar. Era su primera experiencia sexual en su corto tiempo de vida y sentía culpa por estarla compartiendo con ese maldito. ¿Qué haría si todos se enteraban que un ladrón insolente lo estaba tocando? Y peor, ¿qué haría él mismo si llegase a oídos de su padre que el príncipe de Gales estaba gimiendo como una puta debajo de él?

El ritmo y el miembro del cazador lo partían, el dolor era insoportable pero con un ligero matiz placentero. No fue hasta que Eric aceleró las embestidas que su cuerpo notó estragos, estaba matándolo de verdad.

—Br. . . Bruto. . . ¡Duele, imbécil! —empujó con su mano la cabeza del montaraz para despistarlo, pero solo provocó que Eric siguiera con más vigor y rudeza, empalándolo profundo e intenso.

—¡Ya cállate, me desconcentras!

—Eres un. . . cabr. . . ¡Aaah!

Ni siquiera pudo terminar el insulto cuando Eric llegó a tocar un punto que casi lo desmaya. Era demasiado placer y estimulación con el cual contender, la vista se nublaba y aquel sentimiento de goce se amarraba firmemente a su cuerpo, no conseguiría librarse de aquellas manos maestras que tocaban cada poro y aquel aliento tibio chocando en su oído. No hallaba el modo de despegarse de un calor abrazador en su entrepierna, su entrada siendo partida por la mitad y marcada con aquel falo grueso y carnoso.

No notó cómo se enganchaba del cuello de aquel espantajo vil, por inercia sus piernas se cerraron en torno a las caderas que se sacudían recias en su canal, como una llave que encaja en un candado. Hal no pudo emitir más sonido, los gemidos quedaron incrustados en su garganta, imposibilitado a respirar, acompañando el ritmo al cual Eric lo penetraba.

Sin previo aviso el príncipe de corrió, arrobado de la cima de éxtasis al cual había sido elevado. El cazador lo secundó, no muchas embestidas después, eyaculando en su interior y gruñendo gutural por el esfuerzo y el mismo orgasmo que lo golpeaba, desplomándose a un lado del monarca, apresándolo por la cintura aun con su brazo de acero.

Hal se quejó cuando el montaraz salió de improvisto y deshizo el nudo con sus piernas, exhalando un buen suspiro tratando de ignorar el hecho que había sido desvirgado por un bandido. Arrugó la nariz y estuvo a punto de llorar cuando el semen escurrió fuera de su entrada, bufando con repudio enmascarado, hastiado de toda la humillación de la cual fue víctima.

—Ya basta. . . No fue para tanto —la voz de Eric quebró el silencio. Hal no pronunció palabra —hey, no creas que haciéndote el sordo vas a enternecerme

—¡Para lo descorazonado que has resultado! No me gastaría la voz tratando de congeniar con una escoria como tú —rebatió Hal cruzándose de brazos, sintiendo una punción en la columna, apretando los párpados —¡Aggh! Por tu culpa me duele la espalda

—No lo estaría si no hubieras estado removiéndote como un condenado gusano

—¡Me violaste! ¡¿cómo demonios se te ocurre que estuviera tranquilo?!

—Sí, sí, lo que digas —resopló Eric despreocupadamente

—¡Fue ultraje, cerdo! ¡sabandija rastrera! ¡ya verás cuando mi padre. . .! —el príncipe detuvo las amenazas al ver que el cazador simplemente lo ignoraba —¡Aggh, eres un imbécil! —giró dándole la espalda al montaraz, enojado por no ganarle la discusión y por el escozor que resentía aun.

Eric por su parte, volteó su cabeza y sonrió medio cuando Hal se calló, enfadado por no haberle herido el orgullo como planeaba. Detalló su aperlado dorso con el surco de la columna hasta dividir ambos glúteos y el contorno circular de sus caderas. Tenía algunas pecas en los hombros y su cabello castaño caía grácil en su nuca. Nunca vio algo más bello o encantador en otro hombre, tampoco se había dado a la tarea de analizar con quien follaba porque, en cuanto se corría, recogía su ropa y salía sin decir nada. Ahora podía apreciar un peculiar sentimiento familiar al ver la espalda de Hal, hace años que no prestaba atención a esa clase de imágenes que valía la pena quedarse a ver después del sexo. . . Hace mucho.

Se acercó al monarca y lo rodeo con sus brazos, pegándolo a su pecho, juntando su rostro a la nuca de éste, a pesar de recibir un rechazo inicial.

—Hablas demasiado. . . Cierra la boca para que pueda dormir —dijo arrogante, apretando lo suficiente para que Hal no huyera, aspirando un aroma almizclado que lo mareó y sumió en un letárgico sueño.


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Segundo capitulo! Ok, espero escribir más rapido para que esta aventura comienze a tomar forma, Gracias por leerlo. Nos vemos!