-El emperador Shizong de Kitán ha llegado- anunció un guardia con gritos.

Las puertas de las sala del trono dando paso al emperador de Kitán, era un hombre alto y robusto, no tenía más de 30 años; sus ropas eran cafés obscuras, sobre ellas estaba un pecho café de cuero con relieves dorados, botas negras de cuero protegían sus pies que caminaban con firmeza, su cabeza era cubierta por un ancho sombrero de piel de algún lobo gris del que colgaban tres colas de cada costado. Su apariencia era imponente y sus guardaespaldas no se veían nada amigables; pero Wang So pudo leer en sus ojos su verdadera bondad.

-Saludos, rey Gwangjong- lo saludó Shizong arrodillándose sobre el suelo.

-Bienvenido, emperador Shizong; espero que su viaje haya sido grato- respondió So con una sonrisa en su boca. El emperador se levantó, sus guardias se desplegaron a los lados de la habitación intercalándose con los soldados de Goryeo.

Jung y Ji Mong se encontraban a la izquierda del rey, Baek Ah estaba a la derecha y era el más nervioso de los tres; estaba consciente que la situación con Kitán era delicada y So necesitaría de toda su astucia y recursos para que ese día no terminara en guerra.

-Gracias, Pyeha; mi viaje fue tranquilo y sin interrupciones; por eso hemos podido llegar tan pronto-

Inmediatamente llegaron dos eunucos que pusieron frente al emperador una mesita preciosamente decorada y tras de ella un cojín de seda bordado con hilo de oro.

-Por favor, tome asiento- ordenó So, el emperador agradeció y obedeció.

-Pyeha, usted debe conocer muy bien el motivo de mi visita- dijo Shizong con voz seria, mas no severa.

-Por supuesto. Recibí su carta hace una semana solicitando un encuentro para negociar la paz entre Goryeo y Kitán. Como rey de esta tierra, estoy dispuesto a aceptar sus términos para llegar a la paz; sin embargo, éstos no deben afectar ni la economía, ni la dignidad de Goryeo- sentenció Wang So con serenidad, pero su voz grave le daba seguridad a sus palabras.

-Comprendo, Pyeha. Pero debo ser claro con usted- el rostro lleno de confianza de So se borró poco a poco, incluso sus amigos se atrevieron a mirar directamente al emperador de Kitán- Mi pueblo, la gente de Kitán, son personas extremadamente rencorosas, enemigos acérrimos de sus enemigos, conocidos por su odio que llega a durar por generaciones; sin embargo, son personas que reconocen la importancia de la familia y la valoran más que nada; nunca se atreverían a atacar a alguien de su propia familia- explicó Shizong, So lo miraba curioso y muy interesado en sus palabras. El emperador de Kitán sudaba, había visto pelear a Gwangjong cuando era príncipe y sabía que era peligroso tenerlo de enemigo ahora que era rey, sin mencionar que ya estaba harto de tantos conflictos. Hizo a un lado la mesa frente a él y se inclinó quedando con la cara casi en el suelo- Pyeha, si la familia real de Kitán y la familia de real de Goryeo emparentan, la paz será posible. Cualquier ataque de mi pueblo contra su reino será un ataque directo a mí y recibirán un castigo severo. Permítame casarme con una de las princesas de Goryeo y la paz entre ambas tierras estará asegurada-

Wang So iba a decir algo cuando fue anunciada la llegada de Hae Soo con su comitiva y la comida.

-Muy conveniente- pensó el rey.

-Pyeha, hemos traído de Damiwon lo que ha pedido- habló con formalidad la joven saludando con una reverencia. El tono tan formal de su voz desconcertó un poco al joven rey, pero comprendía que no podía hablarle con tanta libertad frente a su invitado.

-Gracias, Dama de la corte Hae. Sirve primero a mi invitado; emperador ¿Le apetece un poco de té o licor?- El emperador se levantó poco a poco.

-Con mucho gusto tomaré un poco de licor, Pyeha- dijo Shizong, So le hizo una seña a Soo con la mano e inmediatamente dos damas de la corte pusieron la mesa en su lugar y Hae Soo se arrodilló para servirle el licor que había pedido; cuando la cara de la joven estuvo a la misma altura que la del emperador, éste exclamó sorprendido al verla- ¿Su Ni?

-¿Eh?- Hae Soo sólo estaba sirviendo la bebida al invitado de su prometido y de la nada la llamó por otro nombre y la miraba con detenimiento; rezaba porque So no se diera cuenta y arruinara todo en un ataque de celos.

-Oh, disculpa. Es que, te pareces muchísimo a mí Su Ni- se disculpó avergonzado el emperador.

Viéndolo bien, el tipo era bastante simpático y bonachón, ni siquiera parecía que viniera de una tierra tan hostil como Kitán; aunque no por eso debían tratarlo con menos cuidado. Hae Soo se levantó sin prisa dedicándole una sonrisa a Shizong dándole a entender que no tenía de qué preocuparse, Chae Ryung y otra dama de la corte depositaron arroz, pescado, verduras con salsa agridulce y finos palillos de madera para que pudiera comer, en cuanto agradeció por la comida, Hae Soo se dirigió con Wang So para servirle a él.

-Disculpe, majestad, ¿Quién es su Su Ni?- preguntó curioso el rey enfatizando mucho en el "su" mientras su novia subía las escaleras que daban al trono.

-Oh, es mi segunda esposa: Hae Su Ni- explicó el emperador después de tomar un trago de licor.

-Por cómo se expresó de ella, entiendo que le tiene afecto- la situación no podía ser mejor, si la esposa favorita del emperador era la hermana de su novia era una señal de los Cielos de que la paz estaba tocando a su puerta.

-En realidad, sí- confesó Shizong, So contuvo un grito de felicidad, sólo Soo notó sus ojos inyectados de alegría porque estaba a la misma altura que él sirviéndole el té- Al principio era un matrimonio arreglado para controlar las fronteras entre Goryeo y Kitán, pero es una mujer tan dulce, tan bella y tan inteligente que me he enamorado profundamente de ella- el tono de voz del emperador mientras describía a su mujer era dulce y lento, tal y como el de So cuando hablaba con Hae Soo.

-Estoy muy alegre por usted, emperador Shizong. Y estoy más contento aún porque lo que me acaba de decir, hace de la paz entre ambos reinos un hecho consumado- dijo con seguridad, sin dejar de sonreír.

-¿Cómo?-

-Esta joven que está aquí, es la Dama de la Corte Hae Soo de Damiwon, la hermana pequeña de su esposa- explicó So volteando a ver a Hae Soo (quien agachaba la cabeza) y luego al emperador.

-¡Oh, eso explica el parecido tan grande entre ambas!- exclamó emocionado al terminar el segundo trago.

-Es un honor conocerlo por fin, hermano mayor- saludó Hae Soo con una reverencia.

-Igualmente, hermanita- respondió de igual modo Shizong, sólo que más alegre y menos educado.

-Pero no sólo eso, su majestad- interrumpió el rey de Goryeo con un claro tono de satisfacción en su voz, tomó la mano de Hae Soo y la levantó- Hae Soo es mi prometida- anunció mirándola directamente a los ojos.

La sala se llenó de murmullos y expresiones distintas, Baek Ah estaba claramente feliz por tal anuncio; pero sabía que no era el momento de felicitarlos como quería, Jung estaba claramente molesto, conservaba la esperanza de algún día llegar a conquistar a Hae Soo y casarse con ella; pero después de escuchar la conversación entre su hermano y el emperador de sus rivales más peligrosos comprendió que era estúpido anteponer sus deseos ante la seguridad de Goryeo; aún así tuvo que reprimir sus lágrimas, Ji Mong soltó un suspiro solamente.

-¡Oh! ¡Eso es maravilloso, Pyeha!- exclamó Shizong claramente emocionado, la pareja no le hizo caso, se habían perdido en los ojos del otro, Hae Soo se encargó de regresarlos a la normalidad volteando la cara y señalando discretamente a su cuñado.

-Así es, su majestad. En cuanto Hae Soo y yo nos casemos, usted y yo pasaremos a ser hermanos políticos, y la paz entre Kitán y Goryeo estará hecha- concluyó So con solemnidad.

-Exactamente, Pyeha; cualquiera que lo traicione a usted; estará traicionándome a mí y viceversa- era un hecho, Shizong estaba emocionado de que la paz entre ambos reinos fuera tan fácil de establecer, pero quería gastar sus últimos recursos- Sin embargo, Pyeha. Hace unos años me fue prometida en matrimonio la hija del rey Hyeojong y posteriormente otra princesa hermana del rey Jeongjong, con el fin de establecer la paz entre nosotros; pero nunca llegaron a Kitán ninguna de las dos- dijo con una seriedad que ninguno de los presentes creyó poder escucharle nunca.

-La hija del rey Hyeojong era sólo una niña de diez años cuando fue comprometida con usted. Que no se realizara ese matrimonio fue mi culpa, su majestad; yo tomé por esposa a la princesa porque me preocupaba que viviera como una rehén como yo en Shinju- admitió serio So, Soo miró discretamente, a su amado no le gustaba hablar de los años que vivió con el clan Kang y temía que perdiera la compostura en un momento tan importante- Y con la princesa Hwangbo Yeon Hwa, sinceramente no sé por qué nunca llegó a Kitán-

-Me siento contento de haber recibido finalmente una explicación clara por tales ofensas- declaró Shizong después de vaciar su tercer trago, ¿tendría el alcohol algo que ver con la compostura tan firme que había adoptado?- En realidad terminó siendo muy conveniente que nunca se llevara a cabo el matrimonio con la pequeña princesa, no hubiera podido consumarse y al no tener hijos la alianza hubiera sido muy inestable. Sin embargo, tengo entendido que la princesa del clan Hwangbo es una adulta-

-Así es, está en sus veintes, una edad perfecta para el matrimonio- aclaró So, esperaba que la conversación estuviera tomando el rumbo que él quería.

-Pyeha, ya ha hecho bastante aceptando reunirse conmigo para negociar la paz; sin embargo, Goryeo y Kitán han sido enemigos por mucho tiempo, es necesario gastar todos nuestros recursos para acabar con los conflictos.

-¿Qué propone usted, majestad?- El rey miraba directo al emperador que hablaba con una firmeza y seriedad nunca antes vistas; Shizong posó sus manos en jarras sobre las rodillas y agachó la cabeza.

-Solicito a su majestad reanudar el compromiso con la princesa Hwangbo Yeon Hwa. Ella tiene la sangre del rey Taejo, su sangre, Pyeha; deme un hijo con la sangre real de Goryeo y Kitán y por lealtad a él, mi pueblo nunca atacará al suyo-

So no podía creer su buena suerte, no sólo tenía la completa libertad de casarse con Hae Soo; también tenía la oportunidad perfecta para deshacerse de Yeon Hwa y mantener a salvo a su amada de ella. Analizó las consecuencias de permitir el matrimonio; por un lado estaba el hecho de que ese hijo que mencionaba Shizong sería también su sobrino por ser el vástago de Yeon Hwa y por su matrimonio con Hae Soo que los emparentaba directamente; sin embargo también corría el riesgo de estarle dando demasiado poder al clan Hwangbo, lo pensó mejor y concluyó que no tenía de qué preocuparse, tal vez Yeon Hwa fuera la esposa de Shizong; pero él, Gwangjong de Goryeo, era el rey y su cuñado gracias a Soo y a su hermana, no era necesario ser un genio para saber quién de los dos pesaba más.

-Emperador Shizong de Kitán, te entrego a la princesa Hwangbo Yeon Hwa en matrimonio con la condición de que ni ella ni su familia tendrán acceso al ejército de Kitán ni intervendrán en asuntos políticos- declaró Wang So con voz ronca y firme.

-¡Gracias por su benevolencia, Pyeha!- agradeció el emperador considerablemente contento.

-Pyeha- dijo Ji Mong con total tranquilidad- ¿No sería conveniente avisar a la princesa y a su familia sobre el compromiso?- sugirió con cierta astucia en su voz.

-Tienes razón. Jung-

-¿Si, Pyeha?- preguntó el general.

-Trae a Yeon Hwa, a Wook y a su madre ante mí. Anunciaremos su matrimonio con el emperador Shizong para esta noche- ordenó severo.

-¿Para esta noche, Pyeha?- cuestionó el emperador sorprendido por lo pronto que el rey quería llevar a cabo la ceremonia.

-Los conflictos entre Goryeo y Kitán han existido por mucho tiempo; si podemos hacer la paz, es mejor que sea lo antes posible. Yeon Hwa ha sido educada toda su vida para casarse, conoce perfectamente el proceso de la ceremonia de matrimonio de Goryeo, si usted tiene duda sobre algo, lo apoyaremos con gusto- aclaró So.

-Tiene razón, no hay que perder más tiempo. Y descuide, Pyeha, sé muy bien cómo se llevan a cabo las bodas en Goryeo, Su Ni y yo nos casamos siguiendo ambas tradiciones-

-Mi boda con Hae Soo será dentro de una semana y nos honraría mucho su presencia y la de su familia, ¿Son cuatro días suficientes para que vaya a Kitán, se lleve a cabo la ceremonia marital de su tierra y regrese con toda su familia?- preguntó So con serenidad.

-Serán suficientes, Pyeha. Cuando vengamos de regreso, recogeré a Hae Seung para que atienda a la boda de su hija- sugirió Shizong. Hae Soo se paralizó un momento ¿tenía un padre en Goryeo y no lo sabía? Recordó que Myung Hee le había comentado que al ser ella huérfana de madre la había considerado siempre su propia hija, además habían sido sus tíos los que organizaron el matrimonio con Taejo; ¿en dónde rayos había estado ese hombre todos esos años? La idea de conocerlo en realidad no la entusiasmaba.

-Me parece perfecto, mi hermano Jung es el general del ejército y guerrero más joven y mejor calificado que haya conocido; mañana los escoltará a usted y a Yeon Hwa hasta Kitán y los traerá de vuelta sanos y salvos- dijo So con firmeza viendo directamente a Jung.

-¡Ja, ja! ¡No puedo estar más agradecido, el rey m está entregando lo mejor de Goryeo!- festejó Shizong tomando otro trago de licor.

-Jung, haz lo que te he pedido, por favor- pidió Wang So casi en un susurro.

-Sí, Pyeha- respondió Jung haciendo una reverencia y saliendo de la habitación encaminándose con un grupo de guardias hasta la casa de Wook.

-Baek Ah, ayuda al emperador a prepararse para la ceremonia de esta noche- ordenó el rey con gentileza, con sólo verlo era obvio que el emperador apenas iba a poder pararse solo.

-Yo me encargo- dijo Baek Ah exhalando con pesadez. Se acercó al emperador y le ayudó a levantarse mientras las damas de la corte retiraban la mesa y el cojín para después salir de la sala del trono.

Hae Soo se levantó con la intención de dirigir a las damas a Damiwon y preparar el banquete nupcial, pero apenas se encontró debajo del trono, el rey la llamó.

-Dama de la corte Hae y dama Chae Ryung, acérquense- la voz de Wang So se escuchó en toda la habitación, no había gritado la orden, pero todas las damas pararon en seco, las únicas que se atrevieron a moverse fueron las anteriormente nombradas para obedecer a su rey.

-¿Si, Pyeha?- corearon con la cabeza agachada.

-Dama Chae Ryung, a partir de hoy serás la dirigente de Damiwon, tomando el lugar que solía pertenecerle a Soo- dictaminó el rey, Chae Ryung alzó la cabeza sorprendida.

-¡Gracias por su benevolencia, Pyeha!- agradeció conmocionada, inmediatamente agachó la cabeza tratando de contener su emoción.

-Dama de la corte Hae Soo, te relevo de tu posición como Dama Principal de Damiwon y te nombro princesa Hae Soo; mi prometida y futura reina de Goryeo- anunció Wang So apenas disimulando la felicidad que le causaba pronunciar esas palabras, la joven también alzó la cabeza y su sonrisa se cruzó con la del rey.

-Gracias por su benevolencia, Pyeha- agradeció serena, ese no era momento de saltar a sus brazos. Alzó ligeramente la frente y buscó a Ji Mong, éste miraba a la pared de en frente con una expresión indescifrable.

- Lleven a la princesa Hae Soo a Damiwon y prepárenla para la ceremonia de matrimonio entre el emperador Shizong y la princesa Yeon Hwa, es mi prometida y mi acompañante; su apariencia debe estar a la altura del rey- sentenció So con cierto sarcasmo. No es que no considerara a Hae Soo lo suficientemente hermosa para aparecer con él en público, lo que quería era mostrarla con orgullo como su prometida.

-Como diga, Pyeha- corearon todas las damas de la corte. La pareja se sonrió por última vez y salieron de la sala del trono. Wang So no contuvo más su emoción y comenzó a reír soltando sonoras carcajadas.

-Veo que está muy feliz, Pyeha- dijo Ji Mong.

-¡Por supuesto que lo estoy! ¿No lo ves?, desde que Soo llegó a mi vida, todo parece mejorar- confesó con alegría el rey.

-Sí, parece…- susurró Ji Mong sin que So pudiera escucharlo.

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La reina Hwangbo y sus hijos se encontraban tomando el té en la casa de Wook, la cara de Yeon Hwa refleja una inmensa felicidad y una sensación de triunfo la invadía; su hermano sólo la observaba en silencio un poco incómodo por su radiante alegría.

-Parece que estás muy feliz, Yeon Hwa- puntualizó la reina al ver a su hija más contenta de lo normal.

-Por supuesto que lo estoy, madre; en cualquier momento, el rey mandará llamarme para anunciar su compromiso conmigo. ¿Cómo podría no estar feliz?- confesó mientras bebía un sorbo de té.

-¿Estás segura, Yeon Hwa?- dijo Wook con un tono sombrío.

-¿A qué te refieres, oraboni? Ayer todos nosotros le mostramos pruebas contundentes a su majestad de que yo soy su mejor opción para casarse; incluso yo hablé con la inútil de Hae Soo para dejarle muy en claro que no tiene modo de vencerme- se defendió Yeon Hwa molesta por el comentario de su hermano.

-Pero, ¿será suficiente?- sopesó Wook mirando a la nada y frotándose la barbilla con el pulgar y el índice.

-¿Cómo que no será suficiente, Wook?- preguntó la reina Hwangbo.

-Ni Soo ni So son personas que se dejen llevar por las palabras, tú misma me dijiste, hermana, que Soo no renunciaría al rey a menos que él se lo pidiera y So dijo que no iba a impedir que la cicatriz de ella impidiera su matrimonio- dijo Wook con frialdad- Le di razones claras a nuestro cuarto hermano para casarse contigo y siguió renuente hasta el final-

-Será porque no supiste decirlas, oraboni- dijo Yeon Hwa sarcástica- Yo siempre he tenido el don de la palabra, ¿no recuerdas? Fue muy fácil convencer al rey Taejo de que yo había sido envenenada hace casi seis años en esa reunión familiar, cuando fui yo la que le entregó el veneno a la dama de la corte y ni siquiera bebí un sorbo- se ufanó la princesa mientras miraba con desprecio a su hermano.

-¡Yeon Hwa! ¿En serio hiciste eso?- preguntó con horror la madre de la joven, estaba horrorizada, haber visto a su hija tirada en el suelo con la boca llena de sangre había sido una experiencia traumática para ella, y que resultara ser todo mero teatro de ella la impactó demasiado.

-¡Por favor, madre! ¡Lo hice por nosotros! Todo lo que hago, siempre ha sido por nosotros, para salvarnos, para que nunca volvieran a humillarnos como lo hicieron. Todo…desde aliarme con esa perra que nos echó del palacio para matar al príncipe heredero…¡hasta decir en dónde se encontraban los traidores de Eun y Seon Dook para no ser enviada a Kitán como rehén!- se notaba la desesperación en su voz, Yeon Hwa no era una mujer que soportara ser menospreciada por su familia, ¿cómo podían no valorar sus esfuerzos por mantener el clan en la posición que se merecen?- Lo hice…pensando en nosotros…¿o qué? ¿Habrías soportado que tu hija se fuera para siempre a una tierra extraña y no volvieras a verme nunca, madre?-

-Yeon Hwa…- la voz de la reina se cortó, comenzó a tomar consciencia de hasta dónde había conducido a sus hijos para mantenerse a salvo. Iba a decir algo cuando se escuchó que alguien tocaba la puerta, madre e hijos recuperaron la compostura- Adelante.

Al abrir la puerta, entró Jung con seis guardias en fila detrás de él; Yeon Hwa abrió la boca sonriente y se enderezó de su asiento, pero Wook y la reina se tensaron al instante. El catorceavo príncipe miraba fijamente a su mediad hermana y sin expresión alguna.

-El rey solicita tu presencia en la sala del trono, Yeon Hwa; tú y tu familia deben acompañarme- indicó Jung.

-Por supuesto que lo hace- dijo la princesa con voz de triunfo mirando a su madre y hermano.

Los guardias y Jung le dieron paso a la vanidosa joven, a la reina y a su primogénito, el joven príncipe los condujo fuera de la habitación hacia dónde se encontraba el rey; se posicionó justo detrás de madre e hijo de tal modo que no podían ver cómo tensaba la boca ni escuchar cómo frotaba sus dientes unos contra otros.

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El cambio de vestuario de Hae Soo había tomado menos tiempo del que todos pensaban, no necesitó más de veinte minutos para ir a su habitación, darle su uniforme a Chae Ryung y que ésta y las demás damas de la corte la ayudaran a peinarse con un recogido de trenzas voluminoso, decorarlo con su horquilla predilecta y dos broches de oro con motivos de flores y perlas a los costados del recogido, la vistieron con un precioso hanbok azul rey y azul cielo con lirios blanco bordados en las mangas. Se veía hermosa, Wang So lo notaba y por eso no dejaba de mirarla; Soo estaba cohibida ante las tiernas miradas de su prometido y respondía ante éstas con una tímida sonrisa.

-La princesa Yeon Hwa, ha llegado- anunció un guardia desde fuera, el rey dio la orden de que les abrieran las puertas.

La princesa entró con la cabeza en alto y parecía que daba brinquitos al caminar, detrás de ella iban su madre y su hermano, la primera con un semblante tan orgulloso como el de su hija y el segundo con una mirada sombría que se posicionó en el rey y luego en Hae Soo, pero ambos lo ignoraron.

-Saludos, Pyeha- saludaron los tres miembros de la familia Hwangbo al unísono haciendo una reverencia.

-Levántense- ordenó Wang So solemne, le obedecieron en el acto- Princesa Yeon Hwa.

-¿Sí, Pyeha?- hablaba con un tono manso, pero su gran sonrisa revelaba sus verdaderas intenciones. Al entrar había visto a Hae Soo, la llenaba de una gran satisfacción pensar que el rey anunciaría su matrimonio con él frente a ella. Había ganado, estaba segura.

-Goryeo se encuentra en graves problemas y necesitaré del apoyo de todos para solucionarlos-

-Lo comprendo, Pyeha- sonaba tan hipócrita, la gente de Goryeo era lo último que le importaba.

-Sin embargo, el tuyo sólo podré obtenerlo a través del matrimonio- So tuvo que reprimir la emoción que sentía al decir esas palabras para no ser tan obvio, tosió un poco tratando de modular su tono de voz; pero era bastante difícil, despreciaba a todos y cada uno de los miembros de esa familia, incluso la reina Hwangbo que anteriormente tenía su respeto ahora sólo le parecía una víbora disfrazada de cordero. La princesa le pareció aún peor persona cuando la vio sonreír ilusionada, vaya tonta- Por eso has sido entregada en matrimonio al emperador Shizong de Kitán- soltó al fin con una gran sonrisa. El emperador salió detrás del rey acompañado de Baek Ah, estaba ataviado con el tradicional hanbok negro de novio y usaba un gran sombrero con cuentas colgantes de colores.

-Saludos, princesa Yeon Hwa- saludó cortésmente el emperador.

-¿Qué?- la cara de Yeon Hwa no tenía precio, sus ojos y su boca abiertos, su voz cortada mostrando su gran frustración.

-El emperador de me ha asegurado de que si tiene un hijo con la sangre real de Goryeo, Kitán no volverá a atacar estas tierras por lealtad a ese hijo, tu compromiso que fue roto hace poco se ha reanudado por el bien de este reino- explicó tranquilamente So mientras miraba a la traicionera princesa con desprecio.

-No…no es cierto- su cordura pendía de un hilo ¿cómo había sido posible que la rechazara? ¡Ella era una princesa, una hija de Taejo, su única posibilidad de salvar a Goryeo era casarse con ella!, eso era todo en lo que su mente podía pensar en ese momento- No lo haces por Goryeo, ni por la paz…¡Lo haces por ella! ¡Lo haces para casarte con ella! ¡Con esa sirvienta loca y traicionera!- insultaba Yeon Hwa a Hae Soo histéricamente apuntándola con el dedo. Wang So dio un fuerte golpe sobre la mesa que les erizó los pelos a todos.

-¡No vuelvas a calumniar a mi prometida en mi presencia!- sentenció con rudeza el rey; había fuego en su mirada, lo suficientemente ardiente para convertir en cenizas a la insolente que tenía frente a él.-Los problemas con Kitán se agravaron desde que tu compromiso fue cancelado, el emperador nos ha dado una solución fácil y accesible para ambos lados para hacer la paz, y como tu rey ¡Te ordeno que cooperes!- So ya no tenía intenciones de reprimirse, no iba a permitir que nadie lo cuestionara, mucho menos esa insoportable mujer.

-Pyeha- la voz de Wook se hizo escuchar en toda la habitacióN- ¿Debo recordarle que una mujer con una cicatriz en su cuerpo no puede ser esposa del rey?- Hae Soo y su amado se tensaron, Yeon Hwa sintió un poco de alivio y miró con despotismo al rey- Hae Soo se cortó su brazo izquierdo hace años para evadir su matrimonio con el rey Taejo; no puede casarse con usted; sin mencionar que su familia no tiene mucho que ofrecerle; en cambio mi hermana es una princesa hija del fundador de Goryeo, una joven de alto estatus que cuenta con un ejército que pondrá a su completa disposición si se casa con ella y es, además, la favorita de los ministros para ser nueva reina, se ganará a toda la corte una vez la haga su esposa- justificó Wook con su tono de intelectual con el que siempre conseguía lo que quería. So ladeó una sonrisa.

-Hae Soo, pasa la frente- ordenó el rey con tranquilidad, su joven novia obedeció- Descubre tu brazo izquierdo, por favor-

La nueva princesa no dijo nada y sólo obedeció, arremangó con delicadeza la tela que cubría su brazo izquierdo y en poco tiempo lo dejó a la vista de todos: Un perfecto y blanco brazo fue lo que todos vieron, una piel tersa y suave sin irregularidades ni cicatrices.

-Como podrán todos ver, la princesa Hae Soo no posee ninguna cicatriz en su brazo, Wook; su vasto conocimiento en el uso de hierbas medicinales y las enseñanzas de la fallecida Dama de la Corte Oh han borrado la marca que desfiguraba su brazo- explicó con tranquilidad el rey mirando fijamente a los ojos del octavo príncipe, eso hizo más creíble la mentira.

-También me ayudó mucho el ungüento para borrar cicatrices que me regalaste, príncipe Wook. Una vez cerró mi herida, lo apliqué con abundancia todos los días, eso junto con los consejos de la Dama de la Corte Oh y unas cuantas hierbas han eliminado por completo la cicatriz. Te lo agradezco mucho- dijo Hae Soo con mucha educación y una amplia sonrisa mientras colocaba la manga de nuevo en su lugar. Hizo una reverencia y volvió a su sitio.

La reina Hwagbo y Yeon Hwa fulminaron a Wook con la mirada, el muy idiota prácticamente le había entregado la corona a Hae Soo al darle el remedio contra la pequeña cicatriz que el monje le hizo en el cuello la noche del ritual de exorcismo; sin la cicatriz, tenían una excusa menos para evitar el matrimonio de los enamorados.

-Bien jugado- pensó So con una sonrisa ladeada. Lo que dijo Soo dejaba en completa desventaja a Wook, después de ese día era seguro que ni su madre ni su hermana le brindarían apoyo o protección si cometía algún crimen contra el rey.

-Con o sin cicatriz, el matrimonio con Hae Soo se hubiera llevado a cabo. ¿No se supone que en Goryeo, hombres y mujeres son iguales? ¿Por qué tendrían que aceptar a un rey desfigurado pero no a una reina con una pequeña marca?- cuestionó Wang So con ironía.

-¡Pyeha, está poniendo sus sentimientos por encima de su deber!- gritó la reina viuda visiblemente alterada.

-En lo absoluto, reina Hwangbo; además de su piel perfecta, Hae Soo es la hermana de la segunda esposa del emperador Shizong; mi matrimonio con ella me convertirá en un miembro directo de la familia de su majestad, y él mismo me ha dicho que los del clan de Kitán son fieros enemigos de sus enemigos; pero nunca levantarían su espada contra su familia- explicó So controlando su sonrisa.

-Si ya va a ser hermano del emperador, ¿para qué me necesita a mí, Pyeha?- preguntó Yeon Hwa con el labio tembloroso y al borde de la histeria.

-Te necesito para afianzar ese vínculo; como dije anteriormente: los conflictos con Kitán han durado mucho tiempo y se han cobrado muchas vidas, debemos hacer uso de todos los recursos posibles para establecer la paz y formar una alianza- justificó el rey mirando a la princesa como si fuera una estúpida, la verdad es que no se alejaba mucho de serlo.

-Princesa Yeon Hwa- llamó el emperador- Un hijo con la sangre real de Goryeo y Kitán es el motivo perfecto para que mi gente le jure lealtad al rey, por proteger a ese niño harán lo que sea, por supuesto se espera que los habitantes de Goryeo paguen con la misma lealtad-

-Así será, su majestad- aseguró So.

-Pe-pero…- trató de decir Yeon Hwa.

-Está decidido, ¡guardias!- llamó el rey y los guardias de la sala del trono se formaron a los costados de la familia Hwagbo viéndolo directamente a él.

-A sus órdenes, Pyeha- corearon

-Lleven a la princesa Hwangbo Yeon Hwa a Damiwon, asegúrense de que sea preparada adecuadamente para ceremonia de matrimonio de esta noche. Ni su madre ni su hermano pueden entablar conversación alguna con ella hasta ese momento, ¿entendido?- ordenó con severidad el rey mirando fijamente a Yeon Hwa, ésta sintió miedo; la mirada de So era la misma que tenía siempre que iba a cazar una presa o matar a un enemigo y le aterraba pensar que ella era su próxima víctima. Dos soldados tomaron a la princesa por los brazos y comenzaron a arrastrarla fuera de la habitación, pero la terca mujer se resistía y forcejeaba.

-¡Pyeha! ¡Por favor, no me envíe a Kitán! ¡Puedo serle de mucha utilidad!- chillaba Yeon Hwa tratando de zafarse, lágrimas de impotencia escocían sus ojos, su madre y su hermano habían sido acorralados por los demás guardias y no podían acercarse a ella.

-Ya lo eres, Yeon Hwa: Me eres útil para establecer la paz con Kitán y formar una alianza casándote con el emperador- So no disimuló más; una cruel y satisfecha sonrisa mostraba ante todos el gusto que le daba poder deshacerse de Yeon Hwa y mostrarle a su familia que sus patéticos intentos por separarlo de Hae Soo, fueron en vano.

Yeon Hwa siguió gritando hasta que la sacaron del salón del trono, la reina Hwangbo también suplicó por su hija, no pudo arrodillarse porque los guardias la sostenían; Wook fue el único que no suplicó por su hermana, pero nunca dejó de mirar con desprecio al rey. Cuando los tres miembros de tan desagradable clan estuvieron fuera, se respiró paz, un armonioso silencio inundó la habitación y los enamorados pudieron respirar tranquilos, lo peor ya había pasado.

-Emperador Shizong- llamó el rey de Goryeo.

-¿Si, Pyeha?-

-¿Qué le ha parecido su prometida?-

-Es muy hermosa, no tanto como mi segunda esposa, pero no está nada mal. Sin embargo, es muy atrabancada; no serviría para ejercer ningún cargo político…y no tiene pinta de que vaya a ser buena madre…-se sinceró el gentil emperador, en realidad la joven no le había gustado nada; pero era necesario el matrimonio de ambos para acabar con las guerras.

-No es necesario que Yeon Hwa críe a su hijo, sólo que lo dé a luz. Ahora, iré a prepararme para la boda, su majestad. La princesa Hae Soo se quedará para…-

-¡Pyeha!- interrumpió Jung, se puso justo frente al rey y se arrodilló- No puede permitir el matrimonio entre Yeon Hwa y el emperador Shizong- dijo con firmeza.

El labio de So tembló demostrando su enojo ¿Era ese un nuevo modo de su hermano menor para fastidiarlo? Todos miraron impacientes al príncipe que parecía estar esperando la respuesta de su majestad.

-¿Por qué? ¿Acaso quieres que nuestros soldados sigan muriendo en Kitán, eh? ¿Es acaso porque sientes lástima por Yeon Hwa? ¡Explícame de una buena vez!- la mirada del rey era aterradora, había llegado hasta ese maravilloso punto medio que le permitía establecer la paz con el enemigo y mantener al amor de su vida a su lado, ¿Por qué Jung quería quitarle eso si él siempre lo había tenido todo?

-¡No es por eso, hyungnim! ¡Si Yeon Hwa se casa con el emperador…estoy seguro de lo traicionará!- reveló el príncipe con voz agitada. Hae Soo lo miró mejor; estaba a punto de llorar.

-¿A qué se refiere, catorceavo príncipe?- cuestionó Shizong intrigado por las palabras de Jung, el cuarto rey de Goryeo esperaba la respuesta a la pregunta.

-Hace seis años, cuando te envenenaron, So; todos sabíamos que el veneno había sido destinado para Mo y que Hae Soo no era la que lo había puesto…aún así, ella fue torturada y su pierna nunca se curó completamente por los días que pasó suplicando por la vida de una mujer inocente…estuvimos separados de ella un año entero, y todo por…todo por…-la voz de Jung comenzaba a cortarse, apretaba los puños y se mordía el labio para no llorar- ¡Todo porque Yeon Hwa se alió con nuestra madre para envenenar a nuestro primer hermano y culpar a Soo!- quiso llorar, deseaba sacar con sus lágrimas la gran vergüenza que le daba ser hijo de su madre, el haberla amado y defendido tanto; se sentía como un completo imbécil.

-¿Cómo te has enterado de esto?- le preguntó So tratando de calmarse, él sabía por boca de la reina Yoo que había veneno en la bebida del príncipe heredero, nunca supo quién lo puso ahí.

-Cuando fui a recoger a Yeon Hwa y a su familia para escoltarlos ante ti, escuché detrás de la puerta como ella se ufanaba de habernos convencido a todos de que era una víctima más ese día…y también…-las lágrimas de Jung se escaparon de sus ojos, lo que iba a decir era demasiado difícil para él- Contaba con orgullo cómo había evitado ser enviada a Kitán confesándole a Yo dónde se escondían Eun y Soon Deok…-

So se paró de su asiento…con que había sido ella…el día de la matanza de la joven pareja, había escuchado por boca de unos guardias que la princesa sabía dónde se escondían y cuando fue a enfrentarla no lo negó, pero tampoco confesó que había delatado a su hermano pequeño. Gritó, gritó de furia e impotencia, arrojó a un lado la mesa frente a él, Ji Mong, Baek Ah y el emperador se paralizaron, sólo Hae Soo tuvo el valor de subir al trono y abrazar al rey, ella lloraba en silencio, sentía un culpable alivio de saber que no había sido su culpa que los mataran por no informar a So antes…pero aún así.

-Pyeha…-le llamó el emperador, So respiraba agitado, trataba de recobrar la compostura; pero era simplemente imposible, había asesinado a tantos hombres que una muerte más podría parecer insignificante para él, pero se trataba de la muerte de Eun, de un muchacho inocente e inofensivo que ni siquiera sabía usar una espada- Si de verdad la princesa Yeon Hwa es tan peligrosa como dice el general Jung, entonces debemos tomar medidas extremas.- habló tranquilo, no quería alterar más al rey.

-¿A qué se refiere?- preguntó So con la voz temblorosa, tenía la cabeza apoyada en el pecho de Hae Soo y ella le acariciaba el rostro tratando de calmarlo.

-Nuestro trato sigue en pie, Pyeha; me casaré con Yeon Hwa, pero la trataré como prisionera en Kitán, la custodiará un soldado sordo y no tendrá contacto con nadie a excepción de mí, yo la visitaré con el único propósito de engendrar un hijo- Shizong hablaba con calma y firmeza, como si lo que dijo Jung no fuer de gran importancia.

-¿Eh? Emperador…¿Por qué?- Wang So estaba anonadado, temía que cuando Shizong abriera la boca, fuera para cancelar el compromiso acabando con sus esperanzas de vivir tranquilo junto a Hae Soo.

-Usted lo ha dicho, Pyeha: Kitán y Goryeo han estado en guerra por muchos años y debemos aprovechar todas las oportunidades disponibles para hacer la paz entre ambos reinos. Las vidas de miles de personas valen más que los berrinches de una princesa caprichosa…además, no voy a permitir que les haga daño a mis hermanos sólo por su ambición- su tono de voz inspiraba confianza, si hubiera sabido lo que un guiño significaba, seguro lo hubiera hecho.

La tranquilidad volvió al joven rey después de escuchar estas palabras, el emperador pudiera dar la impresión de ser fácil de complacer; pero con esta muestra de sabiduría había demostrado que era mucho más que eso y que mantenerlo de su lado era una gran bendición para Goryeo. Wang So se enderezó, miró y fijamente a los ojos de Shizong y le agradeció con una sincera sonrisa. El emperador respondió al gesto de igual manera.

-Majestad, sé que ya le he causado muchas molestias; pero necesito pedirle un último favor-

-Lo que quiera, Pyeha-

-Después de que Yeon Hwa dé a luz al hijo que terminará de sellar la paz entre Goryeo y Kitán…mátela- ordenó con rudeza.

-¿Qué?- exclamó el emperador, pero todos voltearon a ver atónitos al rey.

-¡Pyeha!- llamó Ji Mong.

-Yeon Hwa representa una amenaza para la paz entre ambos reinos, si logra encontrar el modo de cometer traición contra el emperador, a pesar de estar vigilada; entraremos en guerra otra vez, es algo que no podemos permitir…además, muchas mujeres mueren después del parto ¿No es así?- al escucharlo hablar con tanta sorna sobre una vida humana, a Hae Soo le entró miedo de cómo sería Wang So como rey, tomó un respiro y aclaró su mente, si iba a ser reina no podía actuar a base de sus propios sentimientos.

-De acuerdo, Pyeha- prometió el emperador.

La princesa Hae Soo analizó la situación, ¿Odiaba a Yeon Hwa? Sí, ¿quería que muriera? No; pero si llegaba a hacerle algo al emperador, Kitán atacaría con todo a Goryeo; el crimen sería más grave tomando en cuenta que eran familia y ese clan respetaba muchísimo a la familia real y entre parientes no se atacaban. Su amado se levantó lentamente y se despidió amigablemente de todos para cambiar su vestimenta por una más adecuada para la ocasión, pero antes de cruzar la puerta, se volvió hacia Jung.

-Jung…gracias. Acabas de salvar a todo Goryeo.- dijo el rey con una tierna mirada y una sonrisa sincera, el propio Jung se sintió conmovida ante su acción.

-Gr-gracias, Pyeha- agradeció con nerviosismo-

Soo vio a su prometido salir del salón del trono y todo se hizo claro: So no era un hombre cruel que disfrutara de las muertes de otros, sólo usaba ese recurso cuando la situación lo ameritaba, y también sabía reconocer las buenas acciones de sus allegados. Definitivamente, ese no era el Gwangjong que había leído en los libros.

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La boda entre el emperador Shizong y Yeon Hwa estuvo llena de elegancia, So había cambiado su hanbok propio del rey por ropas igual de elegantes pero más aptas para el evento social (prevaleciendo el color negro, por supuesto), todos los demás príncipes llevaban sus ropas reales sin el velo negro que las oscurecía; la novia vestía el mismo hanbok que usó Soon Deok cuando se casó con Eun, el mismo Wang So se lo había enviado para recordarle su crimen, el peinado que llevaba no era el de su madre, sino el de una simple esposa noble. Se sentía usada, frustrada, su cara denotaba su ira creciente, no soportaba ver a Wang So y a Hae Soo juntos y tan felices, tampoco le agradaba ver cómo Baek Ah y Woo Hee se sonreían, tanto amor le daba asco; ella sentía que podría haber vivido muy bien sin amor si tan sólo fuera reina…pero no, ahora estaba casada con un emperador extranjero y sospechaba que ni siquiera sería tratada como una concubina. Recordó a la dama Hae, tanto que se burló de la esposa de su hermano y ahora le parecía que había sido más afortunada que ella. Terminados los ritos necesarios, llegó la hora del banquete y la celebración; los novios recibirían las felicitaciones de sus invitados, el primero fue (obviamente) el rey.

-Muchas felicidades por su matrimonio, emperador Shizong. Les deseo a ambos una vida próspera y que entre nuestros reinos, haya paz.- dijo contento, Yeon Hwa lo fulminaba con la mirada, ese era el segundo hombre que la despreciaba y la había casado con el tercero.

-Gracias, Pyeha- agradeció el emperador. So dejó una bella caja decorada con un hanbok de hombre nuevo y otra con uno de mujer, felicitó fríamente a Yeon Hwa y se retiró.

Inmediatamente pasó Hae Soo, animosamente felicitó a su futuro cuñado y le entregó una caja con jabones que ella misma hizo, el emperador le había tomado mucho aprecio en esa hora que estuvieron platicando, esperando al regreso del rey. Cuando la princesa se acercó a felicitar a la recién casada, ésta le tomó la muñeca y la miró amenazante.

-Esa corona es demasiado pesada para una miserable como tú…tu cuello se romperá tratando de sostenerla…- bufó con sorna.

-Entonces debemos estar felices de que sea el cuello de una miserable el que se rompa y no el de una finísima princesa, Yeon Hwa- respondió Hae Soo con elegancia, pero no tuvo delicadeza al apartar la mano de la villana de la suya.

La reina Hwangbo estaba demasiado avergonzada como para verle la cara a su hija, no se atrevió a acercarse; sólo Wook lo hizo, felicitó formalmente al emperador y le entregó una bolsa con perlas.

-Oraboni…por favor…ayúdame- suplicó en un susurro Yeon Hwa tomando las manos de su hermano.

-Lo siento, Yeon Hwa…eres una pieza clave para acabar las guerras con Kitán, y una guerra no está dentro de mis planes- su tono estoico, su mirada inexpresiva; Yeon Hwa comprendió de inmediato lo que era para su hermano: una pieza más en su juego por obtener el trono, y ahora que ya no le servía, la estaba desechando; Wook no iba a mover un dedo para ayudarla.

No escuchó ni una sola más de las felicitaciones, no comió nada, todo en lo que su mente podía pensar era en la soledad que la azotaba ahora; antes había estado rodeada de sus hermanos, incluso fue deseada por uno, se sentía tan tonta por rechazarlo, de haberse casado con Yo en su momento ella pudiera haber sido reina…pero no, ahora era una rehén de un hombre que por su mirada era obvio que la despreciaba, ya no era nadie; ni una mujer, ni una princesa. Y si era algo, era una pieza.

A la mañana siguiente, pasada su espantosa luna de miel en la que no se sintió más que un vil objeto sexual, Yeon Hwa fue escoltada por varios guardias hacia las puertas del palacio, la esperaban la comitiva de Kitán, su esposo, Jung (ambos montados a caballo) y un elegante palanquín con cuatro hombres en cada esquina esperando por ella. Wang So, Ji Mong y Baek Ah la vieron llegar pero no bajaron de las escaleras de la residencia del rey para despedirla, con haberle dicho adiós al emperador y a Jung era suficiente. Uno de los guardias abrió las puertas del palanquín e hizo una reverencia invitándola a entrar, pero antes de poner un pie dentro, Yeon Hwa se volteó hacia el rey en pose orgullosa.

-Hoy tengo que dejar atrás a mi familia y a mi país por órdenes suyas, Pyeha. Pero tengo que saber antes de irme: ¿En manos de quién estoy dejando a Goryeo?- cuestionó desafiante y con mirada acusadora, So no pudo evitar reír levemente.

-No tienes de qué preocuparte, Yeon Hwa; Goryeo está en manos de su rey- contestó con orgullo, la princesa bufó con sarcasmo.

-Entonces sería más correcto preguntar: ¿En manos de quién está el rey?- volvió a interrogar aún más agresiva.

-En unas mucho más dignas que las tuyas, Yeon Hwa. Ve en paz, que Goryeo estará salvo en mis manos y en las de Hae Soo- aseguró feliz Wang So.

Yeon Hwa rechinó los dientes al darse cuenta de que todo estaba perdido, el guardia seguía insistiendo en que entrara en el palanquín, ni su madre ni Wook estaban ahí para salvarla…nadie estaba ahí para ayudarle, pero todos estaban ahí para que se largara. Se tragó el poco orgullo que tenía (a fin que ya no le servía para nada) y entró en el palanquín. Cuando las puertas se cerraron detrás del emperador, del general y de la comitiva; Wang So sonrió ampliamente y regresó sonriente a la sala del trono dónde lo esperaba Hae Soo con su té favorito.

Esa noche, Ji Mong notó que la estrella de la princesa Hwangbo comenzaba a parpadear y que al lado de la del rey se había alzado una más pequeña pero igual de brillante que la se So. Simplemente asintió.

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Cinco días después

Yeon Hwa tenía razón: la corona era muy pesada.

¿Y cómo no iba a serlo si estaba decorado con plata y piedras preciosas? Sin mencionar el pesado peinado al que le habían puesto extensiones para formar un recogido de trenzas muy voluminoso en la parte trasera de su cabeza y dos relieves de pelo a los costados de su cabeza, igualmente decorados; además de que muy escondida debajo de la corona, estaba la horquilla que representaba el amor de los recién casados.

La tabla de madera rectangular que acababa en punta temblaba entre sus manos mientras entraba junto con Wang So a la sala del trono, el ritual de bienvenida había salido a la perfección junto con todo lo demás, ahora sólo quedaba reconocer a Hae Soo como reina de Goryeo. Detrás de las cuentas colgantes, Wang So estaba sonriendo, pero su esposa estaba visiblemente nerviosa; llegaron al trono y se sentaron uno al lado del otro, en ese momento comenzaron a vitorearla.

-¡Larga vida a la reina! ¡Larga vida a la reina!- coreaban todos los presentes entre aplausos y sonrisas. A su izquierda estaban los miembros de la corte y a su derecha los príncipes y sus familiares, ese había sido el primer día que conoció a su padre y le había parecido un hombre agradable y respetuoso, miró a Baek Ah y a Woo Hee y los envidió por un momento; sobre sus hombros no había una carga tan grande como la de ella, Wook y su madre sólo estaban ahí para cumplir con su deber; no querían que faltar a la boda del rey fuera tomado como un acto de traición ahora que no contaban con el apoyo de nadie, ni siquiera con el del emperador Shizong que había llegado junto con el padre de Soo y sus dos esposas (no se molestó en llevar a Yeon Hwa para evitar que cometiera alguna imprudencia), Hae Su Ni sin duda destacaba de la primera esposa, el emperador no se separaba de ella y la trataba con mas afecto, Hae Soo la miró bien, ambas se parecían demasiado y aunque en realidad esperaba a ver a una mujer idéntica a Myung Hee, hablar con su hermana mayor había sido como volver a hablar con su prima. Buscó a Ji Mong entre el público, parecía haberse escondido entre tanta gente y gritos, pero lo encontró y cuando lo vio su cara la dejó impactada: estaba sonriendo…y no era una sonrisa amenazadora, era una sonrisa de aprobación.

¿De qué se trataba todo eso? Primero le había dicho que no se casara como el rey y ahora la miraba como si estuviera satisfecho de que fuera ella la reina de Goryeo, necesitaba una señal de que en verdad estuviera haciendo lo correcto; pero Ji Mong no le daba una respuesta satisfactoria. Con mucha discreción, ladeó ligeramente su rostro para ver el de So: estaba sonriendo, sonreía tanto que parecía que la cara se le iba a partir en dos; el rey sintió la mirada de su mujer sobre él, imitó el gesto de ella y sus ojos se quedaron viendo mutuamente. Wang So no tenía palabras para describir su gran felicidad, ni siquiera podía creer que después de vivir tantos años como prisionero en Kitán y de ser despreciados por su propia madre, por fin algo bueno le estaba pasando: oficialmente, Hae Soo era suya y sólo suya. La amaba tanto que comprendió que ella también estaba feliz de casarse con él; pero que los nervios estaban acabando con ella, después de todo nunca se esperó convertirse en reina y tener en sus manos un país tan grande como Goryeo. La miró unos segundo más y volvió a sonreír pero ahora mostrando sus dientes perfectos, Soo conocía esa sonrisa tan llena de confianza cuyo mensaje siempre era el mismo sin importar la situación: Todo va a estar bien.

No necesitó más, esa bella sonrisa era lo único de Hae Soo requería para saber que sus acciones eran correctas, había cambiado la historia de Corea por completo ¿Y qué? Goryeo y Kitán estaban en paz, Baek Ah y Jung estaban vivos y lo más importante, ella podría ser feliz al lado del hombre al que amaba. Sonrió, lo hizo de la forma que tanto le gustaba a So: amable y llena de confianza. Se dedicaron una última sonrisa y volvieron a ver al frente mientras los invitados los seguían alabando.

-¡Manse, Mama, manse, manse, mamanse! ¡Manse, Pyeha, manse, manse, mamanse!-

-Esto va a ser mucho más difícil de lo que ambos pensamos. Todo lo que tengo para ofrecerte es mi amor eterno e incondicional y mis esfuerzos para ser tan buena reina como tú…pero sé que si estamos juntos, podremos contra esto y más…- pensó Hae Soo mirando a su nuevo marido, en un susurro pronunció- Saranghae…- creyó que no iba a escucharla con todo el ruido que había, pero comprobó que ella era todo en lo que se concentraba Wang So.

-Yo también te amo…- le respondió el rey con ternura.

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Pasada la animosa fiesta y el delicioso banquete, todos los invitados se retiraron a sus casas y la nueva reina fue llevada a Damiwon con el objetivo de ser preparada para su "primera noche con el rey". Chae Ryung y otras damas de la corte la bañaron, la vistieron con un hanbok rojo y blanco, decoraron su pelo con la horquilla de flor de la reina y unas pocas más de oro, Hae Soo les pidió mantener su peinado y joyas sencillos con la excusa de que le dolía la cabeza por cargar la corona, terminaron poniéndole un velo rojo que cubría su rostro y la condujeron a la habitación del rey.

Al entrar, notó que el lugar estaba iluminado con muchas velas, cortinas rojas decoraban el lecho nupcial, una mesa redonda con un mantel amarillo y flecos rojos con té y bocadillos sobre ella, y ahí parado, sin el sombrero de cuentas y sonriente, esta Wang So, su esposo, esperándola. El rey les dio la indicación a las damas de la corte de retirarse y Hae Soo se acercó con timidez, él la observó, sonrió al pensar en lo que dirían todos si supieran que esa no era su primera noche juntos. Con mucha delicadeza le quitó el velo y contempló su bello rostro sonrojado, la besó con una pasión desesperada y la tumbó sobre la cama; cuando se separaron para respirar, la cara de la reina estaba muy roja, denotaba la timidez de la joven ante la intimidad.

-Ahora sí…ante los Cielos, ante los ministros y ante todo Goryeo; eres mía, mi esposa, mi mujer. Espero comprendas que nunca voy a dejarte ir y que tendrás que aguantarme hasta el final de nuestra vidas porque tú eres mi única reina…-la voz de Wang So era seductora y tierna; la invitaba a besarlo, a abrazarlo, a hacer el amor sin prisa y disfrutando de cada parte de su cuerpo.

-¿Por qué querría irme de tu lado si eres a quien yo más amo? Y sí, soy tuya; pero tú también eres mío…en esta vida y en la siguiente, siempre seremos el uno del otro- juró Hae Soo acariciando el rostro de su amado antes de que éste comenzara a besarla de nuevo.

Un gran calor inundó la habitación, tan apasionado y anhelante que las velas se consumieron más rápido de lo que debieron haberlo hecho.