CAPÍTULO 2

Nunca antes había recibido un mensaje así de su parte. Normalmente, él o ella comenzaban las conversaciones de una forma más alegre, o por lo menos, no tan seria. Por móvil y mensajes siempre eran charlas de carácter normal y entretenido. Nada de "tenemos que hablar", que resultaba tan preocupante a primera vista.

Para Sachiko ese día estaba resultando raro y confuso, y no habían pasado más de 12 horas desde que se había levantado.

Sin embargo, hasta incluso él mostraba a veces un talante serio y profundo, algo lejano a su personalidad atrevida y alegre de siempre, pero aún así presente Durante estos dos años, su proximidad con él había aumentado exponencialmente, y eso afectaba, por supuesto, a su relación, que era fácilmente comparable con la de dos mejores amigos. Se había convertido en una persona especial, a la que podía escuchar hablar y reír por horas con ella y que hacía su corazón palpitar a velocidades mortales de alegría. Por ese motivo había descubierto más aspectos de su personalidad y su historia, que a primera vista eran difícilmente descifrables. Aunque usualmente no mantuvieran conversaciones "serias", podría haberle ocurrido algo que le preocupara y que quisiera contarle para escuchar su consejo, o en el mejor caso posible, podía ser simplemente una broma.

Pero, ¿por qué justo ese día, en el que parecía que todo el mundo estaba en su contra? Por lo menos, si el tenía algo serio que contarle, podría a su vez escribirle sobre lo que estaba pasando y lo mal que se sentía también.

Accedió al teclado del móvil, y con la rapidez que acostumbran tener los jóvenes, escribió: "Sí. De hecho, yo también tengo algo que contarte. Pero tú primero." Mientras esperaba una respuesta de vuelta, desplegó su bento, que se constituía de arroz, ensalada y un poco de carne y comenzó a disfrutar del almuerzo. Algo bueno, por fin, en toda la mañana. La cabeza seguía doliendo algo, pero sus ojos y nariz habían dejado de segregar líquidos, lo que era un gran avance. Esperaba que su cara no estuviera roja cuando tuviera que entrar a clase otra vez, detestaba la idea de que aquellos que habían estado hablando y cotilleando sobre ella de aquella manera vieran el triunfo en su rostro.

Ahora que estaba algo más calmada, empezó a reflexionar sobre todos los comentarios que había oído y uno en concreto se fijó en su mente, "Menuda fresca". Ese desafortunado comentario era dirigido, al menos en su instituto, a aquellas chicas y chicos que les gustaba "demasiado" salir con otras personas, y que más de alguna vez habían sido sujeto de rumores de todo el instituto por presuntamente ser complices de engaños entre parejas. Y, en general, esa había sido la atmósfera que en ese momento había sentido de parte de todo el instituto. Sin embargo, no podía imaginar por qué, y por eso al principio no se le había ocurrido la idea de que ese fuera el motivo. Había pasado por su mente la extraordinaria excepción que en los anteriores meses Himuro Reiichi había hecho respecto a sus exámenes. Su tutor, increíblemente comprensivo (algo que la mayor parte del instituto creía imposible de su parte) recibió la llamada de auxilio de Sachiko, que había caído enferma durante la semana de los tests, y decidió que su alumna podía presentarse cuando estuviera en plena forma.

Naturalmente, eso era lo más lógico de parte de un profesor, pero algunas personas lo habían visto con malos ojos por el trato cariñoso de parte del tutor.

Al parecer, ésa no era la causa, y Sachiko en parte se sintió aliviada porque sabía perfectamente que ella ni tenía novio, ni salía con nadie y mucho menos se dedicaba a quitarle el novio a otras chicas. Así que no tenía la culpa de nada y era ilógico que se sintiera mal o se dejara influenciar por los comentarios de sus compañeros, que se basaban en algo falso.

Pero, si ella no había hecho nada que pudiera exponerla ante el instituto, y sus compañeros no la odiaban por recibir un "trato especial" de su tutor, ¿por qué se había iniciado ese rumor? O más bien, ¿quién lo había iniciado?

Ráfagas de enfado empezaron a sacudir su cuerpo y mente de repente al pensar en todo ello, pero cesaron cuando volvió a oír su móvil. Era él por supuesto. Dejó a un lado su almuerzo, casi terminado, y desbloqueó otra vez el móvil para acceder al chat.

"Vale. Te veo en 5 minutos detrás del instituto."

Sachiko se alarmó, ¿en cinco minutos? Pero, ¡si apenas quedaban 4 minutos para que terminara el descanso del almuerzo! ¿Pretendía saltarse las clases?

Viniendo de él, era perfectamente normal. No era la primera vez que lo hacía. Pero ella no se había saltado una clase en su vida, y no iba a hacerlo ese día aunque todo el mundo en su aula pareciera odiarla. Rápidamente le respondió: "No quiero llegar tarde, y mucho menos no ir a clase." Contrario a los dos mensajes anteriores, contestó muy rápido: "Por favor, Sachiko, es importante, ¿no puedes hacer una excepción por tu mejor amigo?"

La chica suspiró, ¿por qué la ponía en esa situación? Entonces una idea, que al principio le pareció descabellada y fuera de lugar, pero que tras pensarlo un poco empezó a tener mucho sentido, se le ocurrió.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Cómo es que ni siquiera había pensado en que él estuviera al corriente de los rumores? ¿Cómo no había llegado a la conclusión de que, precisamente, él tuviera la culpa de todo?

Cogió el móvil y respondió: "De acuerdo. Te estaré esperando"