¡Hola!
Aquí os traigo el segundo capítulo. He tenido que revisarlo mil veces porque había demasiado texto descriptivo y poco diálogo, así que he tenido que corregirlo, pero espero que os guste.
La escuela oculta más de un secreto, y Sakura poco a poco lo va a entender.
¡Disfrutadlo!
Tenía el presentimiento de que la clase de Preparación para la Transformación y Leyes Vampíricas iba a ser un aburrimiento.
La asignatura la impartía Hatake Kakashi, un vampiro que debió haber fallecido a sus treinta más o menos en el siglo XVIII. Me costaba horrores imaginar que el hombre en vaqueros de rebeldes cabellos grises sentado en la mesa del profesor hubiese sido una vez un distinguido caballero inglés, de esos con monóculo que salen en las películas. Una especie de máscara tapaba la mitad de su rostro, un mechón de plata ocultaba su ojo izquierdo y su camisa negra con los primeros botones desabrochados marcaba su fuerte constitución.
—…y es por eso que los humanos viven con la creencia equivocada de que el ajo les protege de nuestras mordeduras. —la campana sonó y ya no importó si Kakashi tenía algo más que decir o no; todos salimos del aula.
Me irritaba sumamente que Kakashi nos explicara leyes tan simples como no dar a conocer nuestra naturaleza públicamente -parecía un padre explicándoles a sus hijos que robar está feo-, pero más me irritaba que nos invitara a ser discretos cuando ellos iban repartiendo folletos de propaganda sobre su escuela que podían caer en manos de cualquier humano.
Esa había sido la última hora del día, así que me pareció buen momento buscar a Itachi para solicitar mis uniformes y mi material escolar. Fui dando vueltas por los pasillos repletos de estudiantes buscando su negra coleta distintiva y no la hallé, así que volví a la torre de las chicas y llamé a la habitación de Ino. Si Ino me ayudaba a encontrar a Sasuke, Sasuke me ayudaría a encontrar a su hermano. Me abrió la puerta una chica de ojos y pelo castaños, el cual llevaba recogido en dos moños.
—¿Sí? —preguntó la chica, ligeramente más alta que yo. Ya pensaba que me había equivocado cuando oí la voz de Ino detrás de ella.
—Hola, Sakura. —saludó sonriente. —Tenten, ella es Haruno Sakura. Sakura, ella es Tenten.
—Encantada —dijimos las dos a la vez, y Tenten se hizo a un lado para permitirme la entrada.
Shizune, la recepcionista, tenía razón al decir que me había tocado una de las habitaciones más grandes. La de Ino y Tenten consistía en una habitación pequeña con dos camas y sendas mesitas, además de un armario empotrado y un escritorio mínimo. Según entrabas, a la derecha había una puerta que conducía al baño, que contaba con un váter, un bidé y un lavabo, y dentro había otra puerta que ocultaba una pequeña plataforma de ducha. Al lado de su habitación, la mía era una suite.
—Perdonad que os moleste, pero no sabrás dónde está Sasuke, ¿verdad, Ino?
—¿Sasuke-kun? ¿Por qué lo buscas? Pues creo que hoy quería salir a cazar.
—Por nada, es que pensé que tal vez él sabría dónde anda Itachi. —reflexioné un momento. —¿Cazar?
—Los vampiros adultos salen a cazar —esta vez fue Tenten quien contestó. —A nosotros nos dan de comer, pero ellos deben alimentarse por sí mismos.
La transformación de Tenten no estaba para nada avanzada; haría como mucho seis meses desde que la habían mordido. Si no me la hubiese encontrado en el castillo casi hubiera jurado que era humana. Era patética; hasta una vampiresa recién entrada a nuestro mundo estaba mejor informada que yo. Decidí que eso no podía ser y que en cuanto agarrase a Itachi lo haría ponerme al día. De momento, sólo me quedaba despedirme de ellas y salir a seguir buscándole.
Estaba bajando las escaleras cuando vi algo por la ventana que llamó mi atención. Itachi hablaba con una chica rubia no muy lejos afuera en los extensísimos jardines. Me resultó imposible saber quién era aquella muchacha porque me estaba dando la espalda. Él sonreía amablemente, y después de hablar un rato, intuí que le dio un beso en la frente y luego echó a andar al bosque. La chica se quedó allí plantada, y sólo cuando la oscura figura del Uchiha se perdió entre los árboles se dio la vuelta. Casi parecía consciente de que les había estado observando porque su vista se dirigió inmediatamente a mí, de forma que me resultó imposible creer que hubiera sido casualidad.
No sé por qué, pero me aparté rápidamente de la ventana y me escondí tras la pared, con el corazón que casi se me escapaba por la boca. Fue entonces cuando me di cuenta de lo estúpida que había sido. ¿Por qué me había escondido? Ni que estuviera haciendo nada malo. Pero cuando volví a asomarme a la ventana, la chica rubia ya no estaba. Me dio un pequeño escalofrío.
Salí del castillo por la puerta principal, la cual estaba bastante transitada y atravesé el cuidadísimo césped. Al llegar a la linde del bosque mis pasos se hicieron cada vez más lentos e inseguros hasta que finalmente se detuvieron. Apoyé la palma de la mano derecha sobre la corteza de un árbol mientras observaba el bosque en su conjunto. No podía decirse que fuese el típico bosque encantador de los cuentos, pero supongo que tampoco era tan terrible y amenazador. Entonces, ¿por qué mi inquietud? Sólo tenía que adentrarme en él y encontrar a Itachi. No había posibilidad de perderse; si necesitaba encontrar el camino bastaría con guiarse por el olor.
—Sakura —una mano se posó en mi hombro, haciendo que girara tan bruscamente que estuve a punto de perder el equilibrio. —Ey, relájate; va a estallarte el corazón —Sasuke sonrió burlonamente al oír mis latidos desbocados.
—¡Casi me matas del susto! —grité, pero acto seguido me arrepentí. Giré de nuevo, y tras asegurarme de que no había nada en el bosque decidí que era seguro enfocar mi atención en Sasuke.
—No sé por qué. ¿Esperabas que saliera un monstruo del bosque o algo?
Me dio un pequeño escalofrío. Nunca había sido miedosa; no estaba en mi naturaleza, y sin embargo aquel bosque no dejaba de inquietarme.
—No seas tonto, los monstruos no existen —dije, casi más por convencerme a mí misma. —No sabrás dónde está Itachi, ¿verdad?
—Creo que hoy tenía caza, pero no estoy seguro. Es mi hermano, pero no soy su sombra, ¿de acuerdo? —parecía querer dejar este punto muy claro, así que asentí confundida. —Y ahora, te recomiendo no volver a acercarte al bosque, pequeña molestia. No es seguro.
—¿No decías que no había monstruos en el bosque, Sasuke-kun? —sonreí intentando hacer una pequeña broma, a ver si con suerte abandonaba su actitud distante y de superioridad, pero él me clavó la mirada y se puso muy serio antes de contestar.
—Eso lo has dicho tú, no yo.
Mi sonrisa flaqueó, y una vez más me di media vuelta para mirar el bosque. Cuando regresé la vista a Sasuke, este había desaparecido, y a mí me inundó la acuciante necesidad de alejarme de allí.
Las clases ya habían terminado, Hinata estaba por ahí con Naruto y no tenía nada que hacer, salvo tirarme en la cama a maldecir la suerte que había tenido con mi tutor. No le había visto desde el mediodía del día anterior que me había dejado en la puerta de la torre de las chicas, sin contar que por la mañana le había visto internarse en el bosque. No me había provisto de ropa, libros ni material similar para las clases, ni tampoco se había molestado en venir a buscarme para asegurarse de que estaba bien. Frustrada, sola en un lugar desconocido en el que apenas conocía a nadie, tiré la almohada a la pared y salí de la cama.
Anduve por los pasillos interminables de la torre y descubrí que al ala norte no estaba permitido acceder. Una mujer de pelo oscuro y gafas, que supuse profesora, montaba guardia frente a la puerta en la que terminaba la escalera y me detuvo cuando vio mis intenciones de abrir la puerta.
—¿A dónde vas tan rápido? —dijo con una voz chillona a la vez que me agarraba bruscamente de la muñeca, apretando con una fuerza desproporcionada que a punto estuvo de tirarme al suelo.
Me deshice de su agarre con un tirón fuerte y me froté la muñeca. No os podéis imaginar la rabia que me entró en aquel momento. Detestaba cuando la gente me decía lo que tenía que hacer, y el dolor en mi muñeca no ayudaba a relajarme. Debí tener serios problemas de agresividad en vida. No lo sabía y quizá nunca recordaría gran cosa de mi vida, pero lo que sí sabía era que le hubiera soltado un buen golpe si hubiéramos estado en otra situación.
—¿Se puede saber qué pasa? ¡Me ha hecho daño!
—El acceso está restringido.
—Si es sólo eso, no había necesidad de agarrarme de esa forma —me quejé poniendo ante su cara mi muñeca, la cual se había puesto rojísima.
—Así no volverás. Y ahora, ¡largo!
Le lancé una mirada que dejó claro que no olvidaría su cara y sin decir me retiré. Ahora que había comprobado de primera mano la fuerza que podía llegar a tener un vampiro adulto no quería más problemas por lo poco que restaba de tarde, pero no habría sido propio de mí esconderme para huir de los problemas.
En ese momento, si nunca me hubieran mordido, tendría dieciocho años. Pero no. Me habían mordido, tenía dieciséis años y los tendría para toda la eternidad, había despertado sola en la calle con los primeros rayos de sol y sin recordar más que mi nombre y edad. Ni siquiera recordaba la cara de mi madre. Había tenido que subsistir sola durante dos años y medio antes de conocer la existencia de lugares como éste, y ahora por fin encontraba algo de descanso en un internado.
Llevaba dos días y ya podía hacer una lista larga -si no sintiera que me habían roto la muñeca- de las cosas extrañas que me habían pasado allí, pero al menos tenía un sitio acogedor donde dormir y no me faltaba comida ni ropa… Bueno, ropa sí, pero sólo hasta que encontrara a Itachi.
Resuelta a no encerrarme a llorar, fui al vestíbulo y paseé por los pasillos sin ir a ningún sitio en particular, contraviniendo la orden de Itachi de salir sólo para comer y asistir a clase.
Encontré la biblioteca, pasé por delante de las aulas y caminé por el jardín interior, en cuyo centro había una fuente que debía de ser preciosa cuando estaba activada. Aún asomaban unos tímidos rayos de sol en el horizonte, pero me di cuenta de que cada vez había menos alumnos paseando.
Me asomé a la fuente y observé atentamente mi reflejo. Eso de que los vampiros no nos reflejamos en los espejos porque no tenemos alma es mentira. Si así fuese, ni siquiera podríamos salir a la calle. ¿No resultaría extraño pasar por delante de un escaparate y que sólo se reflejara nuestra ropa sin nosotros dentro? Aunque claro, el concepto de extraño en la existencia de un vampiro es relativo.
Jugué a formar ondas en la superficie cristalina hasta que no hubo más rayos de sol y las farolas se encendieron. No creía que los vampiros adultos las necesitasen, pero los que aún no habíamos superado el cambio éramos torpes en la oscuridad.
Entonces percibí un olor extraño. No era de un animal ni un vampiro joven, sino de uno adulto, y uno de muy mal humor. Me alejé de la fuente y me escurrí entre los matorrales, buscando que mi olor se confundiera entre las flores. Una figura envuelta en una capa negra con capucha se plantó junto a la fuente, justo en el punto en el que hacía segundos me encontraba yo.
La figura se mantuvo impasible, pero giraba la cabeza constantemente en busca de algo que a mí se me escapaba. A los pocos segundos centró su atención en un punto fijo. Entrecerré los ojos para poder distinguir mejor en una oscuridad cada vez más espesa y descubrí el objeto de su atención. Otra figura encapuchada caminaba hacia la fuente haciendo ondear la capa de tal manera que daba la impresión de ir flotando. No era tan alta como la primera figura.
—Llegas tarde —le reprochó el primer encapuchado en un susurro. Su voz masculina era rasposa y desagradable.
—He estado ocupado fuera del castillo todo el día —otra voz masculina que hablaba también en susurros, pero su dueño parecía sereno a pesar de estar siendo amonestado.
—¿Has cumplido con la misión asignada?
—Eso no te corresponde a ti saberlo; el líder es el único que debe conocer el resultado de las misiones. Ten cuidado, la curiosidad puede resultar peligrosa.
Estoy segura de que no me equivoco si afirmo que el encapuchado de voz suave había pronunciado esas últimas palabras mirando en la dirección donde se hallaba el arbusto tras el cual me escondía. Mi corazón dio un vuelco, y huí de allí lo más sigilosamente que fui capaz.
Corría por los pasillos a la torre de las chicas, buscando la seguridad de mi dormitorio. De vez en cuando volvía la cabeza hacia atrás, como si el encapuchado que, estaba segura, me había descubierto me persiguiera por los corredores del pasillo.
Fue cuando doblé una esquina cuando me llevé el susto de mi existencia al chocar con un vampiro que me sacaba al menos una cabeza y era el doble de ancho que yo. Antes de que pudiera gritar una de sus manos había taponado mi boca y con la otra me aprisionó contra una pared.
—¡Sakura-chan, Sakura-chan! Tranquila; ¡soy yo!
Dejé de forcejear cuando reconocí la voz de Itachi. No podía distinguir con claridad su rostro en la penumbra, pero estaba segura de que era él. Su olor impregnó el aire debido a nuestra cercanía. Pensé en lo agradable que olía.
—¡Oh, Dios! ¡Maldita sea, Itachi! Casi me matas del susto. —era la segunda vez que me pasaba aquello en tan sólo un día.
—Lo lamento, no era mi intención abordarte de esta manera. —alzó una ceja. —¿Puede saberse qué haces correteando a estas horas por los pasillos? Creí haberte dicho que no salieras de tu dormitorio por la noche.
—Lo hiciste, pero podría preguntarte lo mismo. ¿Qué haces aquí a estas horas?
—A los que ya hemos completado el cambio se nos permite estar fuera de nuestra alcoba. —explicó pacientemente. —Para nosotros, la noche es una prolongación del día. Sería muy aburrido pasar las horas encerrados sin nada que hacer, ya que los vampiros adultos no dormimos. Además, nos manejamos mejor en la oscuridad.
—Y… ¿qué hacéis?
—Otras cosas más productivas que dormir. —no sé por qué, pero oírle decir aquello me hizo sonrojar, aunque estaba segura que Itachi no hablaba con dobles intenciones. —De todas maneras esto no es un tema a tratar a estas horas, jovencita. Ahora mismo te acompaño a tu habitación.
Antes de que pudiera protestar, Itachi me arrastró con él a la torre para chicas. No se contentó con llevarme hasta la entrada, sino que me acompañó hasta la puerta misma de mi habitación.
—Creía que los chicos no podíais entrar aquí. —dije con la única intención de romper el silencio.
—A los tutores y profesores sí se les permite. Hay muchas cosas que aún no sabes. —susurró Itachi para no despertar a las chicas de las habitaciones colindantes. —Tendrás tiempo de aprender.
—Toda una eternidad, en realidad… —hablé casi para mí misma.
—Eso es, así que ahora de momento piensa en dormir. Mañana tienes clases; deberías estar descansada.
—A propósito de eso —era la oportunidad que llevaba todo el día buscando. —Necesito algunos uniformes. No me has provisto de ropa, ni del material escolar.
—Vaya, lo siento —se pasó una mano por el pelo, desordenado los mechones que escapaban de su coleta y le caían sueltos por la frente. Sonrió disculpándose. —Llevo unos días muy atareado y se me ha pasado. Debo de ser el peor tutor de este sitio.
Le tranquilicé restándole importancia. Esa misma mañana sólo pensaba en echarle la charla cuando lo viera y ahora me desarmaba con una simple sonrisa. Vaya, me estaba volviendo blanda.
Se comprometió a abastecerme de todo lo que necesitase de ahora en adelante, y con esa promesa nos despedimos hasta la mañana siguiente. Entré a mi suite y eché el cerrojo en la puerta por prudencia. Después de presenciar la escena entre esos dos encapuchados de la fuente me sentía vulnerable.
Entré con sigilo en la habitación, procurando no despertar a Hinata, que dormía plácidamente envuelta en las sábanas blancas.
Esa noche soñé con mi vida humana, recordando pequeños detalles que creía olvidados.
—Igual que sucede con los vivos durante su infancia y adolescencia, los no-muertos nos desarrollamos cada uno a un ritmo —explicaba Tsunade.
Estábamos en clase de Biología Vampírica, y la directora se daba vueltas por el aula, observándonos tomar apuntes. Esta clase se me hacía francamente interesante porque me ayudaba a saber más de mí y los cambios que mi cuerpo estaba sufriendo.
—Se considera adulto al vampiro cuyo corazón ya no late. —Tsunade detuvo su paseo y se medio sentó sobre su mesa. — Hay vampiros que tardan tres años en convertirse en adultos, que es el tiempo mínimo necesario. Entre tres y seis años entra dentro de lo normal, y de seis años en adelante es cuando hay que empezar a preocuparse.
Ino levantó la mano, y la directora le concedió la palabra.
—¿Por qué la transformación de un vampiro podría retrasarse tanto?
—Como supongo que os imagináis, no han sido escritos muchos libros sobre vampiros, al menos no libros científicos, así que no es sencillo determinar las causas de este retraso en alcanzar la madurez. Sin embargo —continuó Tsunade tras una breve pausa —, sí es posible confirmar que es peligroso cuando se produce esta situación, porque suele significar que el cuerpo del vampiro no termina de tolerar la ponzoña que corre por sus venas desde el momento en que recibió el mordisco.
—¿Suele? —preguntó un chico de aspecto salvaje sin haber pedido permiso para intervenir. Tenía los ojos negros y afilados, y una señal roja en forma de arañazo surcaba cada una de sus mejillas.
—Pueden darse otras razones, pero eso lo trataremos más adelante.
—¿Y cuáles son las consecuencias? —preguntó Tenten.
—El cuerpo del vampiro muere, pero no de la manera que te convierte en un no-muerto, sino que cuando tu corazón se para mueres definitivamente. —la campana que marcaba el fin de la clase sonó, y todos íbamos a recoger nuestras cosas cuando Tsunade nos hizo un gesto para que permaneciéramos sentados. —Para la próxima clase quiero que os pongáis por parejas y redactéis las diferencias entre humano, vampiro en plena transformación y vampiro adulto. Os vendrá bien; así empezaréis a relacionaros. Sólo pongo una condición: no puede ser vuestro compañero de cuarto.
Itachi había cumplido conmigo y me había provisto con más material escolar del que usaría ese año. Empecé a recoger mis cosas como el resto de mis compañeros de clase mientras pensaba en la clase de hoy. Si lo máximo que se podía tardar en convertirse en adulto eran seis años, ¿cómo era posible que Sasuke estuviera en proceso si era hermano de Itachi y éste tenía más de un siglo y medio?
—¿Te gustaría que hiciéramos el trabajo juntas, Sakura-chan? —la voz de Ino me sacó de mis pensamientos.
—Claro, me encantaría —sonreí encantada; se me daba fatal hacer amigos, así que me alegraba de que Ino diera el primer paso.
—Genial. ¿Por qué no te encargas de las diferencias entre un vampiro adulto y uno adolescente? Yo puedo encontrar las del vampiro adolescente y el ser humano.
—Me parece bien. Esta tarde pásate por mi habitación; creo que allí trabajaremos más cómodas.
Ino se mostró de acuerdo y salimos del aula cada una por nuestro lado. Había quedado con Itachi a la hora de la comida, así que me hice con un táper con macarrones en la cafetería y salí por la puerta principal. Itachi me localizó antes que yo a él y fuimos juntos bajo la sombra de un árbol en los jardines que rodeaban la escuela.
—Ya veo que has recibido el material escolar y los uniformes —observó mientras yo sacaba mi comida de mi mochila junto con un cuaderno y un boli.
—Sí; esta mañana me he pasado por mi habitación en la hora del recreo y lo he encontrado todo. Muchas gracias.
—¿Para qué sacas un cuaderno ahora? Si tienes deberes déjalos para esta tarde; primero come.
—Los necesito para esta tarde, así que quiero aprovechar que te tengo aquí. ¿Qué diferencias hay entre un vampiro adulto y uno adolescente?
—¿No es algo que ya deberías saber? —preguntó enarcando una ceja.
—Sé algunas, pero no todas. Cuando me mordieron estuve dos años deambulando sola, sin nadie que me ayudara a entender qué me pasaba. —no era sencillo para mí recordar esos dos años de desconcierto, de no saber quién era y tener que descubrir de mala manera que me había convertido en un vampiro. —Tuve que atar cabos yo solita, hasta que descubrí que existían sitios como este. Nadie me guió, por eso estoy aquí; para aprender.
Algo en la mirada de Itachi cambió. No mudó el gesto de su cara, pero sus ojos se hicieron más serios. No sabía cómo había sido su situación particular, pero me pareció que podía entender por lo que había pasado yo.
—El cambio más palpable a simple vista es la piel. Perdemos el color —dijo serenamente, sin hacer comentarios sobre mi pequeña confesión. Estiró un brazo, se arremangó y lo puso junto al mío. Era incluso más pálido, y eso que yo era muy blanca. —Después algo en lo que te fijas es en los colmillos. Los vampiros adultos los tenemos más grandes que los que no os habéis transformado, y bastante más que un humano normal.
Itachi retiró los labios dejando de cubrir sus dientes y me permitió observar sus colmillos. Apunté en mi cuaderno "Piel pálida y colmillos grandes".
—No comemos —dijo señalando mi fiambrera de pasta con tomate —, sino que bebemos sangre. Tampoco dormimos, aunque podemos entrar en una especie de letargo para descansar. Pero durante este letargo somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, y podemos interrumpirlo cuando queramos.
Seguí apuntando en mi cuaderno esos y otros síntomas que Itachi me iba diciendo, como la agudización de los sentidos, descenso de la temperatura corporal y mejora de habilidades atléticas, tales como correr o mayor fuerza física. Me enseñó los músculos del brazo, más desarrollados que los de mis compañeros varones y los míos propios.
—Y por último la más importante de todas. —sólo quedaba el final. Mejor, porque me cansaba de escribir. —Hay muchas diferencias, pero ésta es la que realmente marca si eres un adolescente o un adulto: no nos late el corazón.
Sin avisar, llevó una de mis manos a su pecho mientras me miraba a los ojos. Un pequeño escalofrío me recorrió la espalda, no supe si por su mano fría, el gesto tan íntimo o por estar hablando con alguien en cuyo pecho no hallaba latido.
Tras los cambios, el capítulo ha quedado un poco más breve. Si aun así ha resultado pesado, pido perdón. Me han sugerido también que metaalgo de SasuTema, lo cual creo que me gustaría. ¿Qué os parece?
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí. Espero vuestras opiniones sobre el capi ^.^
Espero poder actualizar el próximo fin de semana.
¡Abrazos!
Andy: espero que el desarrollo hasta ahora de la historia te siga gustando :) más ItaSaku en el próximo! Muchas gracias por tu tiempo! Besos!
Yue emi: espero que el capi haya estado a la altura :D muchas gracias por comentar! Un beso!
