1 MES DESPUÉS
Por el pasillo de las UTI corrió un grupito de enfermeras alarmadas llevando las paletas para resucitar a un paciente. Foreman iba tras ellas con los papeles para que la familia firmara el consentimiento del tratamiento que el equipo e diagnósticos había determinado, y Cuddy lo cruzó por el camino.
- ¿Has visto a House?
- Tendría que estar en su oficina. Quise avisarle del resultado de la biopsia pero no lo encontré...
- Hace un par de semanas que desaparece una hora antes del almuerzo y recién me lo cruzo otra vez como a las dos horas... ¿Se te ocurre qué puede estar haciendo?
- Hay dos posibilidades: o trama algo, o quiere escaparse del trabajo.
- Trama algo, - sentenció Cuddy. - Si quisiera escapar del trabajo no se habría ofrecido de voluntario para cubrir las horas de clínica de Cameron.
- Tienes razón... Por cierto, ¿ya te has pasado a verla hoy? - se interesó.
- Sigue igual, no tiene progresos... Los padres anduvieron hoy por aquí y los vi muy desesperanzados... Si tan sólo despertara... Así por lo menos tendríamos alguna esperanza. Pero a este paso... No sé.
- Yo mantengo mi esperanza. No pienso en lo peor, - la animó. Lo cierto era que él estaba tan preocupado como su jefa.
- Sí... - sonrió triste. - Bueno, si lo ves a House dile que vaya a mi oficina, lo estaré esperando.
- De acuerdo, - asintió. Y tras darle una palmadita en el brazo continuó con su camino.
Ya hacía casi dos horas desde el almuerzo. Cuddy se había recorrido cada piso del hospital, pero evidentemente House no estaba en ninguna parte, aún a pesar de que su moto estaba todavía en el estacionamiento. Alcanzó a divisar a Wilson en la otra punta del pasillo.
- ¡Oye, tú! ¿Acaso proteges a House? - cuestionó, casi enojada.
- No sé de qué me hablas... - evadió, pero la mentira no era lo suyo, menos aún frente a Cuddy.
- Dime la verdad, - exigió.
- ¿Vas para tu oficina? Necesito que me prestes las llaves del almacén de lavandería. Me he manchado el pantalón y no traje repuesto...
- Sí, claro. Sígueme... ¿Has visto a House?
- Bueno... - El oncólogo consultó su reloj pulsera y meditó un segundo. - Mmh... Pues, dada la hora que es, debe estar entrando al cuarto 506 para ver "General Hospital"...
- ¿506? Iré por él, - decidió, cambiando bruscamente su rumbo hacia el sentido opuesto.
- Oye, oye. - la frenó, apoyando sus manos en los hombros de la decana frente a él. - Aguarda. ¿Qué hizo esta vez?
- Desapareció durante tres horas. Quiero una explicación.
- Déjalo en paz. ¿No ves que está deprimido por lo de Cameron?
- Ya me lo has dicho, pero no he sabido que la haya ido a ver una sola vez desde el accidente.
- Conoces a House, él es... ¿especial?
- No lo defiendas... Tú sabes algo, - acusó.
- No más que tú... - Hizo un silencio largo, dejando tiempo a Cuddy para que reflexionara. - Hazme caso, déjalo. Ya se le pasará.
- Si no supiera que es tan bueno ya lo habría despedido, - se quejó. Y dicho esto, enfiló otra vez hacia su oficina.
Wilson suspiró aliviado. "House, te salvé otra vez", pensó.
Mientras tanto, en el quinto piso, House se estiraba en la silla junto a la cama de un paciente en coma cuya familia sólo iba los fines de semana. Buscó el control remoto de la TV en la mesa de noche y prendió el televisor. Aún faltaban tres minutos para que comenzara el programa, así que aprovechó para buscar la posición más cómoda en su asiento.
- Traje tus papas fritas, - anunció Wilson, arrojándole la bolsa sobre sus recién estiradas piernas.
- Aún no te acomodes, - advirtió. - Olvidaste mi Coca Cola Light.
- No te la traeré. Confórmate con las papas... Acabo de salvarte el trasero con Cuddy.
- ¿Y qué? ¿Quieres un monumento?
- No... pero podrías contarme qué haces.
- Si no lo sabes, no puedes mentirle a Cuddy.
- ¡Oh, vamos! Como si tuvieras algún problema con mentirle a Cuddy.
- Yo no tengo problemas con la mentira, eres tú el que los tiene. No podrías mentirle ni aunque jugaras al póquer con ella... Ahora cállate, quiero ver mi novela.
House abrió la bolsa de papas fritas y se la extendió a Wilson, pero antes de que pudiera tomar algo se lo quitó. El oncólogo echó un ojo a la tele. Luego miró a House, y a continuación miró a través de la puerta abierta hacia la habitación de enfrente, cuya puerta también estaba abierta.
- ¿Ya la viste? - quiso saber.
- ¿A quién? - evadió. No iba a ponérselo fácil. Después de todo, hacía un mes que esperaba que le dijera algo al respecto.
- Sé que vienes aquí por ella. No es casualidad que su habitación esté cruzando el pasillo.
- ¿De verdad? No me había dado cuenta, - mintió, sin sacar sus ojos del televisor.
- Es una buena señal. Significa que tienes corazón, y que ella es importante para ti.
- Dí lo que quieras. ¿Me dejas ver mi novela?
- Claro, pero algún día tendrás que admitirlo, - sentenció antes de salir.
House fingió restarle importancia al comentario, pero en cuanto Wilson se fue inclinó la silla hacia atrás y echó un vistazo al monitor con los signos vitales de Cameron.
- Todo sigue igual, - murmuró para sí. Y se inclinó un poquito más para poder ver el apacible rostro de la inmunóloga, tan ausente, pero tan presente para él. - Ya despertarás... - se esperanzó. - Pronto estarás de vuelta...
