-Tracey, ¿qué te parece si subimos a mi habitación?

-Me encantaría, Draco.

Cuando echó un último vistazo a la sala común antes de irse, Granger le observaba sin reparos apoyada en el hombro de Nott. Él le lanzó una sonrisa torcida de superioridad y subió las escaleras.

Capítulo 2: Adicción.

Aquel domingo todos los Slytherin y nueve chicas del resto de casas se levantaron con una resaca de mil basiliscos. Draco amaneció solo en su cama, Tracey ya se había acostumbrado a marcharse antes de que él despertara. Esa chica hacía exactamente lo que él quería. Era agradable que alguien lo hiciera sin decirlo. Se dio una buena ducha y bajó a la sala común. Allí estaba Zabini, sentado en el sillón, fumando uno de sus cigarrillos de vainilla.

-¿Qué tal te fue con la pelirroja?-Dijo mientras se sentaba a su lado.

-La muy frígida no me dio ni un triste beso. Al final conseguí a Spinnet, pero…

-Ya, tú querías a la comadreja.

Zabini bajó la mirada algo azorado. Parecía verdaderamente fastidiado porque alguien le hubiera dado calabazas. Todo el mundo sabía que el moreno era un Don Juan y que ninguna mujer le había denegado sus caricias. Debía tener el orgullo herido, muy herido.

Se oyeron pasos por la escalera y los dos se quedaron mudos al ver a Hermione bajar por ellas con dificultad. Tenía un aspecto horrible, estaba pálida y más despeinada de lo habitual, que ya es decir. Profundas ojeras embebían sus ojos y su ceño se fruncía de dolor a cada paso. Ni siquiera les miró al cruzar la habitación, en realidad caminaba por inercia. Salió por la puerta y dejó a los dos chicos solos de nuevo.

-¿Esa era Granger? -Preguntó Draco con los ojos como platos.

-Sí, creo que ha pasado la noche con Theodore.

Al llegar a su cuarto, Hermione se tiró en la cama. Se encontraba fatal, la noche anterior había bebido demasiado vodka.

"¡Como he podido ser tan tonta!" Se recriminó. "¡Si Ron no me hubiese cabreado tanto nada de esto habría pasado!"

Hermione recordó lo que había pasado el día anterior justo después del partido de Quidditch.

Harry, Ginny, Ron y ella estaban caminando por los terrenos de Hogwarts. Los tres discutían acerca del final del partido. Ella siempre se quedaba fuera en estas conversaciones, pues no entendía nada de quidditch.

-Eso tendría que estar penalizado, ¡no es justo!- decía Ron.

-Si no sabes que encantamiento es no puedes penalizarlo. Malfoy ha conseguido la snitch limpiamente, es decir, es totalmente válido.- Le contradijo Ginny.

-Ha hechizado su escoba, eso es trampa, cariño.-Le dijo Harry con dulzura.

-Oh, ¿podéis callaros ya? ¿Qué más dará? Slytherin ha ganado el partido os guste o no.-Explotó Hermione.

-Oye, Hermione, tú calladita que no tienes ni idea de quidditch.-le respondió Ron de malas maneras.

-Estúpido...

-¡Metomentodo!

-¡Obtuso!

Y así siguió una serie de insultos. Nadie sabe como, pero acabaron por decirse cosas que no querían decir. Sacaron a la luz viejas rencillas que se suponían ya olvidadas.

-¡Que no tengas vida no es mi culpa, Hermione!

-¡Y que tú seas tan cabezota tampoco es la mía!

Harry y Ginny intentaban calmarles inútilmente, la pelea ya se les había ido de las manos. Los celos les abofetearon a ambos en la cara.

-¡Ves a besarte con Lavender, así haces algo más útil que esto!

-¡Al menos yo me beso con alguien! ¡Tú sólo tienes para besar las cartas del imbécil de Krum!

-¡Él me quiere!

-¡No seas ilusa, Hermione! ¡Estuvo contigo para acercarse a Harry! ¿Quién iba a estar con una comelibros?

La chica se acercó a él y le asestó una torta en la mejilla. Las lágrimas recorrían sus pómulos y morían en su boca.

Y después se marchó. A partir de ese momento ya no había vuelto a ver a Ron, y tampoco quería hacerlo, obviamente. Ese maldito cabezón era insoportable. Pero en esos momentos tenía otros problemas que le carcomían el cerebro.

Hermione se removió en la cama. ¿Cómo podía haber pasado la noche con Theodore Nott? Sólo se habían besado, pero… Aquello era traición. Se lo había pasado bien, eso era cierto, era la primera vez que besaba y la besaban sin pudor, sin prisas, lentamente. Sin embargo, no se volvería a repetir. Hermione había conseguido la prueba de que los chicos no se le acercaban por Harry y Ron, si no porque querían. Se sentía mejor, más segura.

Durmió durante toda la mañana y se perdió la comida. Cuando despertó ya era media tarde y no sabía donde estaban sus amigos, tampoco le importaba demasiado. Pensó en ir a la biblioteca, pero no se encontraba con ánimos y la cabeza le dolía demasiado como para pasarse la tarde leyendo. Decidió que sería mejor dar un paseo por el lago.

Aquella era una tarde de noviembre especialmente fría. El vapor salía de la boca de Hermione expiraba. Se frotó los brazos intentando calentarlos inútilmente. El lado positivo es que el aire puro le despejaba y aminoraba el dolor.

El lago estaba solitario y en completo silencio. Todavía no estaba helado, así que a veces se podía distinguir uno de los tentáculos del calamar gigante. Se sentó a la orilla y se dedicó a hacer dibujos en la tierra. La superficie del agua reflejaba el cielo azul. Aunque sólo eran las cinco, una pequeña luna menguante se distinguía entre las nubes.

Tan tranquila y relajada estaba, que por poco no oyó las risas que se acercaban por el camino. Adivinó quienes eran cuando una trenza atada con un lazo excéntricamente fucsia asomó entre las hojas de los árboles. Ron y Lavender iban de la mano hacia –seguramente- su lugar favorito para besuquearse a gusto. Ese pensamiento le dio verdaderas ganas de vomitar.

El pelirrojo reparó en Hermione justo cuando los labios de Lavender se estampaban en su mejilla.

-Vaya, veo que has seguido mi consejo, Ronald.- Dijo Hermione secamente.

-Hermione, yo…

-Hermione, no puedes recriminarle nada. Todo el colegio sabe que has pasado la noche enredada en las sábanas de Nott.- Le interrumpió Lavender mirándola con asco en los ojos.

-¿Es eso verdad?- preguntó Ron.

Hermione había sabido desde que se acercó la noche anterior a Nott que eso cabrearía mucho a Ron. Quizá por esa razón le pareció tan buena idea.

-Bueno, tal vez deberías preguntarle a Pucey quién pasó la noche enredada en las de él. Aunque si te esfuerzas un poco seguro que lo adivinas. Adiós, Lavender.

Pasó a su lado sin mirarles y en cuanto estuvo lo bastante lejos para que no la viesen, cambió de rumbo y se dirigió hacia la entrada del bosque prohibido. Se sentó en el tronco de un árbol caído y se mentalizó de la situación. Merlín, todo el mundo sabía que había traicionado a Gryffindor pasando la noche entre serpientes. Ahora la odiaban dos casas, la suya y la de Slytherin.

Se llevó las manos al rostro y rompió a llorar de rabia. Aquello no era justo, al principio ni siquiera quería ir. La había convencido Ginny pidiéndoselo por favor cincuenta veces. Tampoco es que se arrepintiera del todo porque durante horas se había olvidado de la pelea con Ron. Theodore Nott la había ayudado sin proponérselo. Le daría las gracias de alguna forma. Puede que regalándole algo, aunque puede que no aceptara el obsequio de una impura. Draco Malfoy y el resto de Slytherin desde luego no lo harían…

Recordó lo cabrón que fue Malfoy la noche anterior y la mirada de imbécil profundo que le dirigió al subirse con esa chica tan… voluminosa. ¿Por qué la había mirado así? ¿Qué quería decir con eso? No lo entendía, la verdad. Tampoco comprendía porque se había sentido extraña cuando él subió las escaleras. No triste ni apenada, sino… humillada. Como si él hubiera ganado la partida. Era la misma expresión que ponía cuando la insultaba y ella mostraba demasiado cansancio como para contestarle.

No sabía cuanto tiempo llevaba allí hundida en sus pensamientos, pero al cabo de unos minutos, o tal vez horas, notó como alguien se sentaba a su lado.

-Hermione, lo siento… Soy un estúpido. No sé porque te dije esas cosas ayer ni tampoco sé porque hago caso a los rumores esparcidos por Lavender y Parvati. Yo confío en ti.

La voz de Ron se colaba entre sus rizos. Notaba la nariz del chico haciéndole cosquillas en la oreja. Por una vez, dio a torcer el brazo y se apoyó en el hombro del pelirrojo. Estaba muy resacosa y ya no quería pelear.

-No, Ron, los rumores son verdad, pasé… pasé la noche con Nott. Pero sólo nos besamos.- Añadió al ver la cara de estupefacción del chico.- Supongo que lo hice para demostrarte que puedo gustarle a alguien por como soy, y no por lo que tengo a mi alrededor.

-Te dije eso porque estaba cabreado. Claro que creo que puedas gustarle a alguien, Hermione. ¡Eres una chica, por Merlín! –una débil risa salió de sus labios. Se quedó unos segundos en silencio y dijo: - No me importa que Lavender se haya acostado con todo Slytherin, ella realmente no me importa, la verdad es que no la soporto.

Hermione levantó la mirada y clavó sus ojos castaños en él. Una tímida sonrisa apareció en su rostro de porcelana.

- Ah, ¿no?

-No, Hermione…

La tomó de la barbilla y acercó su cara a la de ella. "Oh, Morgana, ¿va a besarme? ¿Ahora?" La pecosa nariz de Ron acarició la suya suavemente. Mientras la sujetaba de la cintura con la mano izquierda, la derecha se enredó en su cabello y se unieron en un beso. Un beso de verdad, no un tímido roce como el que Víktor le entregó dos años atrás. La boca del pelirrojo se movía encima de la de ella, atrapando sus labios en una lenta danza. Pero algo le decía que aquello no estaba del todo bien, no sabía que era exactamente, pero sólo tuvo que romper el beso para descubrirlo.

Ron no había cerrado sus ojos al besarla, ni siquiera había pestañeado. Su rostro mostraba la inexpresividad del hielo y en él se podía leer perfectamente el mismo pensamiento que Hermione había tenido. Algo iba mal entre ellos.

Porque no había sido un beso de amor verdadero, ni siquiera de dos jóvenes excitados por las hormonas. Había sido un beso tierno, cariñoso y cálido. No era como los besos que había disfrutado aquella noche. No buscaban su cuerpo, sino algo más profundo. Era un beso con el que sellaban su amistad para siempre. Comprendieron los pensamientos del otro sin legeremancia ni telepatía, se abrazaron y Ron la meció en sus brazos.

Pasaron el resto de la tarde hablando sobre tonterías, no se dieron cuenta de que el crepúsculo caía sobre el castillo hasta que la chica empezó a temblar de frío.

-Deberíamos volver, el bosque prohibido de noche es escalofriante, ya lo sabes. -Murmuró la gryffindor echando un vistazo a través de los árboles. Se escuchó el crujido de una rama al romperse, y Hermione no pudo hacer otra cosa más que reírse de la cara que puso su amigo. Pero al ver una sombra entre los troncos desnudos del bosque, sacó la varita y se puso en pie.

-¡Eh, Ron! ¡Hermione! ¿Pero qué hacéis aquí a estas horas? Anda, venid a la cabaña a tomar un té, seguro que estáis helados.

-Uff, sólo es Hagrid, menos mal. –Dijo Ron aliviado.

El semi-gigante llevaba en sus enormes manos un montón de leña. De camino les explicó que aquella mañana había cocinado conejo asado y había tenido que utilizar toda la madera para hacer el fuego. Ron y Hermione tuvieron que reprimir una mueca de asco ante la mención de los asados de Hagrid. En varias ocasiones ellos y Harry habían tenido la desgracia de recibir una invitación para comer en la cabaña del guardabosque.

Cuando llegaron a su hogar, Hermione estaba tan hambrienta que aceptó los pasteles caseros que Hagrid había hecho aquella misma tarde (aunque ella discrepaba, algo tan duro tendría por lo menos una semana). Mientras masticaba los pasteles-piedra, se fijó en un cenicero repleto de colillas de cigarrillos. Se sorprendió tanto de encontrar aquel vicio muggle allí, que cogió una entre sus dedos y la examinó.

-Hagrid, ¿esto es tabaco muggle?

-Sí, me compré muchos paquetes en Londres porque no sabía lo que era y la gente siempre llevaba alguno en la boca. Ahora no sé que hacer con ellos, me desagrada el sabor. Son de menta y odio que la lengua me pique después de comérmelos.

-¿Te los estás comiendo? Esto no es comestible, ¡los cigarrillos se fuman!

Hermione se rió tan alto que Fang ladró enfadado. Pero al ver la cara de confusión de los dos hombres, intentó contener sus carcajadas.

-¿Cómo se fuma algo?-preguntó Ron extrañado.

-Mira, dame uno Hagrid. Os voy a hacer una demostración.

Él sacó un paquete del segundo cajón de la encimera y se lo tendió a Hermione.

-Puedes llevarte todas las cajas si así lo deseas, así tendré más espacio en la casa.

La chica prendió uno con su varita y aspiró por la boquilla. "Uff, hacía meses que no sentía el humo en mi pecho." Ron y el semi-gigante la miraban con los ojos muy abiertos. Expiró las elegantes ondas en forma de círculos y disfrutó del sabor a menta que perecía poco a poco en su boca.

Porque, aunque a muchos les resulte increíble, Hermione era adicta desde los quince años a todo tipo de tabaco: de sabores, de todas las marcas, puros, tabaco negro e incluso, había probado los cigarrillos de marihuana.

¿Quién lo habría imaginado viniendo de la prefecta perfecta?

(Mientras, en la sala común de Slytherin)

Draco estaba guardando todas las botellas de coñac que habían quedado intactas en su armario, únicamente para uso personal, claro está. Allí estaban escondidas muchas de sus pertenencias: su ropa, un surtido de pociones en caso de emergencia, un montón de cartas de su madre atadas con un cordel, tres o cuatro libros y una bolsa repleta de galeones, por mencionar algunas.

El sonido del cristal chocando cada vez que metía un recipiente al mueble acompasaba sus pensamientos. ¿Nott se había tirado a Granger? Si así era, estaba claro que Theo era un subnormal hipócrita. ¿Primero la tacha de sangresucia y luego la invita a subir a su habitación? Aquello era una deshonra para Slytherin. Si se enterara su padre…

Sí, exacto, podrían pasar cosas muy malas. Y no solo para Nott, también para él. Cuando se encontrara con Nott le iba a cantar las cuarenta por haber tocado la piel de una impura. ¿Y si también la había lamido? ¡Puaj!

Terminó de esconder el alcohol y decidido, fue a llamar a la habitación del traidor (como le llamaría a partir de entonces). Toc, toc, toc… Nada. Toc, toc, toc…

-¡Estúpido, ábreme la puerta o la echo debajo de un bombarda!

Dentro se escuchó un apresurado "Ya voy, Malfoy" y segundos después la cara de Nott apareció enfrente de él. El castaño escudriñó la cara de Draco mientras se rascaba la ceja izquierda.

-¿Qué te pasa? Pareces un asesino en serie, tío.

-¿Te follaste a Granger?- Le preguntó el rubio sin cambiar su expresión, a excepción de un imperceptible tic en la mejilla.

-¡No! ¡Por supuesto que no! Sólo la manosee un poco, además, la chica no parecía muy dispuesta a cooperar. Creo que ni siquiera le importaba que la estuviera besando. La sangresucia es más sosa que una piedra.

-Menos mal. –sonrió aliviado- Si se llegase a enterar Snape…

-Sí, sé que tendría problemas.

-Todos nosotros los tendríamos, ya lo sabes.


Durante la cena en el gran comedor Zabini no dejaba de mirar la mesa de Gryffindor. Más concretamente, no dejaba de mirar las tetas de la novia de Potter.

-Blaise, me estás poniendo enfermo, deja de observarla, coño. Se te van a caer los ojos.

Draco se rió del comentario de Nott y siguió comiéndose su pastel de carne sin ganas. Parkinson se había sentado justo delante de él y le estaba fastidiando la comida. "¿Cómo es capaz de poner morritos mientras mastica? ¿Es que no se da cuenta de que no es sexy?" Harto de su incesante mirada, dejó caer los cubiertos en el plato y pintó una mueca de desprecio en su rostro.

-¿Qué mierda quieres, Pansy?

-Ay, Draco, siempre me tratas mal.-bajó la voz y se inclinó hacia delante, pero él no la imitó- ¿Por qué te fuiste ayer con Tracey en vez de conmigo? Me puse ese vestido tan bonito sólo para ti.

Le acarició la palma de la mano, pero el rubio la apartó enseguida. Joder, estaba hasta las narices de esa chica. Tracey al menos era inteligente y mucho más discreta que Parkinson.

-Primero, ese "vestido" era el trapo más horrendo que he visto en mi vida. Segundo, puedo hacer lo que me dé la gana, no sé cuantas veces te lo tengo que decir. Y tercero, deberías dejar de ser tan puta Pansy, la gente ya no te toma en serio.

Pensó que iba a protestar, pero en lugar de eso se levantó y se fue con la barbilla mirando al techo, como si ella hubiera ganado. La siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta. A la vez que ella se largaba furiosa, dos personas entraban al Gran Comedor.

-Eh, Nott, mira quien ha llegado, tu amiguita.-Le dijo Zabini mientras se reía.

Venía con Weasley de a saber donde. "Vaya, parece que han vuelto a ser novios, o amigos, o… lo que quiera que sean". Ambos se sentaron al lado de Potter y su novia. Los cuatro empezaron a charlar mientras comían. Draco se fijó en que Hermione gesticulaba muchísimo al hablar, sus manos se retorcían sin parar y, a veces, agitaba o inclinaba la cabeza. Tan ocupado estaba siguiendo sus movimientos que se olvidó de la comida, de Nott y de Zabini.

Aquello era hipnotizante, le estaba abstrayendo completamente. "Caray, que dientes tan blancos tiene". Sin darse cuenta, los tres amigos estaban mirando embobados la mesa de Gryffindor. Zabini tiró su copa encima del puré de patatas de Theo, pero a éste no pareció importarle. No veían nada más a parte de la mesa de Gryffindor.

-Draco, ¿te vas a comer el pastel?

-…

-¿Draco? ¿Me escuchas?

Crabbe le zarandeó con sus manazas de oso, lo que provocó que otra copa derramara el líquido encima del puré de Nott.

-¿Eh? ¿Qué? Ah, no, comételo.

Los tres se miraron entre sí confundidos, pero no dijeron nada. Sin embargo, una pregunta apareció en la mente de los tres al mismo tiempo. "¿Pero qué me pasa?"

Salieron del Gran Comedor, con la mirada de dos mujeres sentadas en la mesa de Gryffindor en su espalda. Por no hablar de la del profesor Snape, obviamente.


Ya era cerca de la una de la madrugada en la torre Gryffindor. Ginevra Weasly y Hermione Granger estaban sentadas en el sofá frente a la chimenea. Sólo quedaban allí abajo ellas dos, los demás dormían en sus habitaciones. Un vacío incorpóreo se expandía entre ellas. Ambas sabían qué era. Era silencio. Un silencio propio de alguien que tiene muchas cosas para decir, pero no lo hace. Por eso seguían despiertas, porque hasta que no lo soltaran, no se irían a la cama.

¿Era ridículo? Sí. ¿Estaban agotadas y querían acostarse? También. ¿Podían seguir durante mucho más tiempo? No. Era imposible.

-Bueno, ya vale, me voy a la cama. Y tú haz lo mismo, ya hablaremos mañana.

Hermione se levantó del sofá y subió los primeros escalones. Vio como Ginny asentía con la cabeza, pero siguió mirando el fuego como si eso fuera lo que debía hacer en ese momento. Ninguna engañaba a la otra, ¡venga ya! Se conocían perfectamente. Se leían la mente sin dificultad pero callaban porque era lo correcto.

Ambas se pasaron la noche en vela. Una en su cama, la otra frente al calor de la chimenea. Un pensamiento en común rondaba en sus cabezas.

"¿Por qué coño tuve que ir a esa fiesta?"

No eran las únicas en el castillo despiertas a esas horas. Draco Malfoy en su habitación tampoco podía dormir. Pero por otros motivos muy distintos, eso estaba claro con sólo verle tumbado en su cama agarrando las sábanas como si fueran un salvavidas. Su mente no dejaba de recordar la visión del culo de Granger, pero también había creado algunas nuevas, excitantemente nuevas. Y todas pasaban como diapositivas ante sus ojos, robándole la respiración y los escrúpulos. La erección ya estaba formando una tienda de campaña en los pantalones de su pijama, pero estaba muy claro que no iba a tocarse pensando en la sangresucia. Intentó pensar en lo más asqueroso que le ocurriera.

"Mcgonagall en camisón chupándosela a Slughorn, Mcgonagall en camisón chupándosela a Slughorn…"

Nada. Seguía ahí.

Decidió tomar una ducha fría y olvidarse del tema. Cerró la puerta con pestillo y colocó toallas limpias en los ganchos. Un escalofrío recorrió su columna vertebral al rozar su pene con una de las telas de algodón esponjoso. Se metió dentro y corrió la cortina. Pero en el último momento, en vez de girar el grifo hacía el agua helada, puso el agua caliente y empezó a disfrutar de un merecido "auto-capricho". Total, a cualquiera podría pasarle, ¿no? Al principio lo hizo despacio, deleitándose en la sensación, y luego aceleró el movimiento. Cuando el orgasmo llenó el baño de gemidos le temblaron las piernas y se sentó en el suelo de la ducha.

"Joder, y hoy ni siquiera he bebido coñac."


¡Hola! ¿Qué tal estáis? Aquí traigo el segundo capi recién terminado. Espero que os haya gustado! :)

Gracias a las chicas que me dejaron reviews en el chap anterior y también a los que lo leyeron ^.^

Allison, la nena malfoy, susy y Orqui Black. Muchas gracias, chicas!

Para sugerencias, elogios o tomatazos, dejadme un review (sí, me hacen feliz, vale? xD)

Un beso!