Capítulo 1

"Oscuridad"

Dolor… ¿Qué significa esa palabra? ¿Es aquella tristeza que nos llega al corazón al no ser correspondidos por ese ser amado? ¿Será acaso la angustia que inunda nuestra alma al morir un ser querido? ¿O es el sentimiento de ahogo que nos invade al ver nuestros fracasos? ¿Tal vez el malestar físico que sentimos al golpearnos?

-No…-

-…Es mucho más que eso…-

El frío del aire era insoportable. Parecía que la helada niebla estaba empeñada en fatigarlo y hacerlo caer, para que no cumpliera con su misión. Estaba cansado; cada parte de su cuerpo le dolía, pero eso no era nada, a comparación de la carga que llevaba su corazón.

-Nunca imaginé… que se podía esconder tanto dolor detrás de una sonrisa…-

El muchacho, estaba convencido que se movía por inercia. Su cuerpo estaba completamente separado de su mente, era la primera vez que se sentía así. Su caminar era torpe, por culpa del lodo que abundaba en aquella ciénaga. Tenía las botas empapadas de fango y el rostro fijo hacia el suelo; la mirada completamente vacía. Era un estado lamentable en el que estaba. Jamás en su vida había llegado a tal estado de inseguridad. Era la primera vez que se sentía perdido… la primera vez que no tenía idea de que hacer.

-¿Porqué está pasando esto? ¿Acaso estamos pagando el error de aquella diosa? Nunca me había sentido así… ¿Podré con todo esto? ¿Cómo hacer para no ser absorbido por toda esta oscuridad?-

Un sudor frío recorrió su rostro. ¿Qué es lo que iba a hacer para solucionar esto? ¿Sería éste el fin de Hyrule? ¿Sería capaz de terminar con esta pesadilla? Era demasiado.

Link, levantó lentamente el rostro y observó el panorama. Todo estaba húmedo y frío, los árboles parecían muertos y la tierra estaba fangosa. Utilizaba su espada para poder avanzar entre tanto lodo, pero no podía evitar sentir fatiga, por el esfuerzo que realizaba, no sólo por avanzar, sino por aquietar su adolorido corazón.

-Joven Link, ¿Se siente usted bien?- se escuchó

El muchacho miró a su izquierda y se topó con la figura pálida y delicada de su acompañante. Su cabello rojo suave y ondeante, contrastaba con su vestido amarillo con flores rosas, que a la vez resaltaban sus opacos ojos verdes.

-¿Está seguro que quiere avanzar?- otra vez preguntó, con un gesto tímido, pero un tanto atemorizado.

Otra vez, el muchacho se quedó mudo. Parecía que solamente se dedicaba a observarla. La muchacha intentaba avanzar penosamente, entre tanto lodo. Pero aunque su vestido y cabello estaban sucios por culpa del lodo, había cierto brillo en su carita sonrosada. –No… ¿Pero que rayos estoy pensando? No puedo dejarme vencer, no puedo dejar que la oscuridad y la miseria inunden Hyrule. Zelda y los demás cuentan conmigo, no puedo quedar mal… además… no puedo abandonarla…a sufrido demasiado- El joven sintió como nuevas fuerzas corrieron por su cuerpo. Parecía como la energía de sus amigos y de los seres a quienes amaba y estimaba, hubieran invadido su ser y llenado el corazón de nuevos ánimos para seguir.

-Sí, estoy seguro- contestó con voz firme, a la vez que se erguía de nuevo

La muchacha pareció sorprenderse mucho.

-De verdad que usted es valiente… lo admiro mucho- le dijo, sinceramente

-Tú también lo eres- susurró el joven

-No-, contestó la muchacha, con el rostro mirando fijo al suelo, -Yo no soy valiente…-

-Pues hay mucha gente que lo cree-

-Eso no es verdad… la gente nos odia… les damos asco..-

El joven quedó paralizado al escuchar esas palabras

-…Somos una porquería, sólo traemos tristeza a los demás… no debimos haber nacido-

Link, sintió como su corazón se llenó de ira. -¿Eso es lo que ella piensa de sí misma?-

-¡Cállate!- exclamó el muchacho, con un gesto de profunda desaprobación. La joven quedó muda ante su reacción. -¡Deja de hablar estupideces! Tú no eres nada de eso, hay mucha gente que te quiere!- exclamó, sofocado por el frío y el pesimismo de aquellas palabras. Cuando terminó de hablar, se dio cuenta que la joven tenía un gesto de pánico en el rostro.

-Perdóname… no debí hablarte de esa forma- le dijo, segundos después, ya mas calmado; -Deja de pensar así. Hay mucha gente que te ama y aprecia-

-…La gente no cree en nosotras ya…- susurró la joven, llena de tristeza, mientras derramaba lágrimas; pero, de pronto sintió una mano cálida que tomó su barbilla y suavemente levantó su rostro. -Pues yo si creo en ti- le susurró el joven, con una mirada llena de bondad. Algo en sus ojos llenos de brillo, hizo que la muchacha temblase y se sonrojase. -¡No necesito de tu lástima!- exclamó, tratando de alejar su rostro del de él. Link sonrió ante el gesto de la chica. –No.. Ella a sufrido bastante, no puedo abandonarla… ella tiene que vivir, debe disfrutar la vida, no se merece esto…-

Ambos chicos, siguieron caminando en silencio, avanzando por aquel pantano fangoso. El cielo estaba nublado y hacía muchísimo frío; pero, el joven héroe tenía que avanzar, debía salvar a Hyrule de la perdición y debía –…Salvarla de ella misma…-

Mientras avanzaban, a lo lejos, se pudo divisar entre la niebla, agua.

-Estamos llegando al río- exclamó Link, al divisar la orilla; pero al mirar a su izquierda, vio que la joven tenía una expresión extraña. Hubo un silencio, pero fue interrumpido por los gritos de la joven.

-¡No debimos haber venido, ellos están aquí!- gritó, llena de pánico; acto seguido la tierra tembló y de ella, emergieron dos seres horribles: estaban jorobados, tenían ocho brazos y de su gran boca resbalaba un líquido viscoso de color amarillo. -¡No me imaginé que habían monstruos acá adentro!- pensó Link, a la vez que miraba estupefacto tan abominables bestias. Éstas, sin perder tiempo, iniciaron su ataque lanzándole un chorro de ese líquido a Link, quien los evadió de forma prodigiosa con un salto. El joven corrió hacia la chica, que estaba inmóvil y con las pupilas de los ojos tan pequeños como una ranura. -¡Quédate detrás de mí Angie!- le dijo, mientras empuñaba la fiel espada maestra. Los monstruos corrieron hacia ellos, lanzando su próximo ataque, rápidamente Link los cubrió con su escudo. Vio que aquel líquido cayó en un árbol y lo derritió, cual si fuera ácido. El joven tomó a Angie del brazo y ambos corrieron hacia adelante, esquivando a los seres, que trataban de quemarlos con aquel ácido. -¡Ahora me detendré, pero tú sigue corriendo!- exclamó Link y soltó la mano de la chica, que siguió corriendo. -¡Corre hacia el río!-

Link comenzó a correr hacia los monstruos y así inició la fiera batalla. Aquellos seres abominables lanzaban arañazos y ácido al joven héroe, quien a su vez trataba de cortarlos con su espada. Uno de ellos logró hacerlo caer, mientras el otro se puso a sus espaldas, rápidamente. El joven héroe se defendió con el escudo, mientras que pateó al otro ser que estaba detrás; pero el suelo estaba tan fangoso que se resbaló. -¡Demonios, así nunca los acabaré!- Vio que los monstruos otra vez iniciaron su ataque: uno en frente y otro por detrás. Hábilmente se levantó de un santiamén y gritó con todas sus fuerzas: -¡Kaitengiri!-; su espada se tornó brillante y dio un giro de 180 grados justo a tiempo, cortando a los dos seres por la mitad.

Link guardó su espada, mientras miraba fijamente los cuerpos de aquellas bestias. –Parecen sapos- pensó, al ver la figura encorvada de ellos. Entonces, hecho a correr, hacia donde estaba Angie; la encontró, parada a la orilla del río, con rostro de preocupación. A penas le vio, sonrió. – ¿Se encuentra bien?-, -Sí- contestó Link, -Pero, no entiendo, ¿Porqué hay monstruos en este lugar?- preguntó muy extrañado. –Estamos mas cerca del interior- contestó la joven. –Vamos, debemos seguir- le dijo Link, tendiéndole la mano, pero se sorprendió de ver que ella no la tomó.

-Lo siento Link. Yo no iré.- contestó

-Pero, ¿Porqué?-

-Ellas están allá… no las quiero ver…me dan miedo…- susurró, asustada

-¿Ellas? ¿Te refieres a tus otras yo?- exclamó el muchacho, con la vista fija en el horizonte, nublado por la espesa niebla. –Pero, ¿Por qué les teme?-

-Si… Más allá del río, no se que hay… nunca he ido. Pero sé que ellas están allí. Sólo sé que hay un puente en aquella dirección- le indicó, apuntando hacia la izquierda.

-Gracias. Entonces avanzaré- exclamó el joven, empezando a caminar hacia allá

-Espera- susurró Angie

Link se volteó y la miró

-Ten cuidado, por favor- le dijo, con timidez

-No te preocupes, te prometo salvarte- le susurró con dulzura, el joven héroe

-Link… ¿Porqué haces esto?- preguntó la chica sin entender

El muchacho sólo se limitó a sonreír. Se volteó, caminó y caminó, hasta que su figura se perdió entre la niebla.

-No te dejes vencer por la oscuridad…- se escuchó

El frío comenzó a sentirse más y más. Pronto, nuestro joven héroe, encontró el puente, que parecía estar cubierto de musgo. –Debo deshacer este hechizo cuanto antes- Caminó un poco y avanzó, ya cruzando el puente; pero la niebla era tan espesa, que no se podía ver bien el final. El muchacho no se dejaba de preguntar qué es lo que lo esperaría detrás de toda aquella niebla, pero en algo estaba seguro: tenía que seguir.

Link, no sabía exactamente, cuánto tiempo había pasado, pero sentía que estaba caminando hace horas y no encontraba el final del puente. Se apresuró más y comenzó a correr; de repente, escuchó un sonido. Era como el graznido de una gran ave y la sentía muy cerca. ¿Qué era eso? Dio unos cuantos pasos más y se encontró con una bestia increíblemente rara. Parecía un enorme pez mezclado con un cuervo. A penas vio a Link, alzó vuelo e inició su ataque, tratando de clavar sus garras en el joven. Éste se cubrió con su escudo. -¿Porqué hay tantos monstruos a medida que avanzo al interior?- La niebla no lo dejaba ver bien y no podía atacar al ave. –Esta niebla no me deja ver… ¡Diablos! Este monstruo no me dejará avanzar… tengo que pensar en algo…- Mientras meditaba, el ave apareció entre la niebla y en un descuido rasguñó su espalda… y enseguida comenzó a sangrar. -¡Tengo que apresurarme! Link, piensa! Aquel ave ataca, utilizando… ya sé!- Acto seguido, sacó su arco y flecha. –Ella tampoco me puede ver, pero puede sentirme- exclamó; apuntó con la flecha y cerró los ojos. Minutos después, tuvo un presentimiento fuerte y disparó… y a lo lejos se escuchó un quejido fuerte y después una estruendosa caída de algo pesado en el agua. Había dado en el blanco.

-Lo conseguí. Pero he perdido mucho tiempo, debo seguir- y echó a correr con todas sus fuerzas. Rato después, ya había cruzado el puente. Siguió caminando; pero enseguida encontró otro obstáculo. Frente a él, se alzaba una pared de hielo, con una tremenda altura. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta que todo estaba congelado. –Esta pared es muy gruesa… tendré que rodearla- El joven corrió largo rato por ambas direcciones, izquierda y derecha, pero no encontraba el final de aquel muro. –Que extraño, pareciera que nunca acaba. No puedo escalarla, porque está muy lisa, sería inútil. Tengo que atravesarla- Acto seguido, empuñó su espada y comenzó a romper el hielo.

Pasaron unas horas más, lo pudo sentir. A pesar que había destruido buena parte de la pared, aún no daba al otro lado. Ya se sentía cansado, sus brazos le dolían y sus manos estaban ensangrentadas, por las múltiples cortaduras que le había causado el hielo. Se sentía mareado y adormilado por el frío. -Esta pared está muy gruesa… ¿Ángel en dónde estás?- susurró… Estaba a punto de perder el conocimiento; no se daba cuenta que la oscuridad otra vez invadía su corazón.-¿Seré capaz de terminar con esto? Esta vez los dioses no me podrán ayudar… estoy solo…¿Cómo un simple humano, podrá destruir la oscuridad…?- De repente, se escuchó una voz. El joven se levantó de inmediato. -¡Quién anda allí!- gritó y empuñó su espada. Entonces se sorprendió muchísimo más aún: esa persona estaba cantando…

-"Muchas noches oramos...
Con ninguna prueba de que alguien esté escuchando;-

-Esperen un segundo, esa es la canción favorita de...- exclamó, mientras recordaba y escuchaba la melodiosa voz

-"En nuestros corazones una esperanza, una canción, entiende,
Ahora no tenemos miedo,
Aunque sabemos que hay mucho que temer, pero
Estábamos moviendo montañas,
Mucho antes de que sabíamos que podíamos, espera, sí,
No puede haber milagros...

Sino tienes fe..."-

La melodiosa voz se siguió escuchando. Sí, estaba seguro que era ella. Nadie podía cantar como los ángeles..., sin duda era ella. Entonces, dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas, a la vez que inconscientemente, comenzaba a cantar... -"Aunque la esperanza es frágil,
Dura de matar es,
¿Quién sabe qué milagrospuedes conseguir,
Cuando tienes fe,

Recuerda,
Sólo cuando tienes fe..."-

No se había olvidado. Aún recordaba, como si fuese ayer, haberla escuchado cantando en el jardín. Era maravillosa su voz, pero más aún el mensaje de aquella canción. Era tan profunda, que tocó su corazón; sí, por eso lloraba... La voz se dejó de oír. Pero había realizado su misión. Era verdad sólo debía tener fe. Sólo debía confiar, con todo su corazón que todo iba a estar bien. Como si fuese un impulso, Link se acercó nuevamente a la pared y comenzó a destruirla con renovadas fuerzas. –Por favor, debo seguir... no puedo dejarme vencer, no debo abandonar... Espada maestra... ¡Muéstrame tu poder!- Acto seguido, la espada empezó a brillar y el héroe, gritó con todas sus fuerzas, lanzando un sablazo hacia la pared, que la destruyó en segundos por completo. El muchacho sólo sintió un gran temblor y trozos de hielo siendo esparcidos por todos lados. Había vencido aquella oscuridad.

-Gracias Ángel...- susurró y corrió hacia adentro, con el corazón seguro, de que la luz siempre vence la oscuridad.

***