2. Cerveza de mantequilla.
El local de las Tres Escobas siempre estaba lleno de personas, de ruidos y de olores. Pero, de alguna extraña manera, hacía que Suzie Fawcett se sintiera como en casa… porque bueno, la casa de los Fawcett siempre estaba llena de personas, de ruidos y de olores de comida.
Pero ninguno tan genial como el olor de la cerveza de mantequilla que Alphard Burke colocó bajo su nariz.
–Gracias, Alph –soltó Suzie, tomando la botella y colocando sus manos alrededor para calentarse.
El chico sonrió e inclinó la cabeza.
–No hay de qué, Fawcett. Ahora cuéntanos cómo se veía tu hermana con barba.
Sus amigos la miraron divertidos, y la pequeña Suzie sintió cómo sus mejillas se coloreaban de rojo por la vergüenza. Su hermana mayor, Amanda, había tomado una poción de envejecimiento sólo para poder colocar su nombre en el Cáliz de Fuego. Por desgracia para Amanda y su novio Arthur Summers, Dumbledore había previsto ese tipo de trucos y, justo cuando ambos habían echado el pergamino, les comenzó a crecer una horrible barba blanca. Bueno, se veía horrible en Amanda, en Summers no tanto porque él ya era horrible aún sin ella. Muy pocas personas los habían visto así, ya que aquello había ocurrido muy de mañana, pero Suzie había ido a visitar a su hermana a la Enfermería, y desde ese día, sus amigos intentaban sonsacarla para que les dijera qué tal lucía Amanda Fawcett con barba blanca.
Pero Suzie no era tan malvada como para contar aquello.
–Igual que siempre –soltó, antes de darle un rápido sorbo a su cerveza de mantequilla y cambió rápidamente de tema– ¿qué opinan sobre el Baile de Navidad? ¿No creen que sea totalmente injusto que sólo puedan ir los que están en cuarto curso? ¡Yo ya tengo 14 años, por Merlín! Yo también debería poder ir…
–Puedes ir si te invita alguien de cuarto –dijo Renata, con una risita.
–Nadie de cuarto me va a invitar…
–¿Qué hay de ese Hufflepuff? –se metió Alphard, dejando a un lado su botella– el tal Puddins, ¿no estaban saliendo?
–¿Stebbins? –preguntó Suzie, sin poder evitar sonrojarse– no, no, no. Marc y yo no estamos saliendo, somos sólo amigos.
–Creí que habían tenido una cita hace como un año –continuó Alph, divertido.
–Sólo me enseñó las cocinas y tomamos chocolate, no fue una cita.
–Su, no creo que los Hufflepuff vayan por la vida enseñando las cocinas de Hogwarts a menos de que sea una cita –dijo Donald McGreeves, con la boca llena. Suzie se limitó a fulminarlo con la mirada– ¿qué?
–Olvídenlo, Marc y yo no estamos saliendo –y, por alguna extraña razón, Suzanne sintió que también estaba intentando convencerse a sí misma.
Desde hacía poco menos de un año, Suzie había comenzado a emocionarse estúpidamente cada vez que veía a Stebbins. Lo cual era bastante raro, considerando que ambos llevaban conociéndose desde que tenían seis años. Ella conocía a Marcus demasiado bien, tan bien como para haberse dado cuenta de que era probablemente el chico más guapo y genial de todo Hogwarts, incluso más que Cedric Diggory.
–Y hablando del rey de Roma –murmuró Renata cuando la puerta se abrió. Todos se giraron para ver, cosa que puso bastante nervioso a Marcus Stebbins, quien venía acompañado de Wayne Hopkins y Ernie Macmillan.
–Seguro viene a invitarte al Baile, Suzie –rió Alphard, tomando un sorbo de su cerveza.
–Oh, cállate.
Pero, tal vez, y sólo tal vez, Alph estaba en lo correcto, porque Marc se dirigió hacia ellos, dejando a sus amigos. Seguro va a hablarme, pensó Suzie, sin apartar la vista de Marc. Qué bien se veía, aún con la cara medio congelada por el frío y el cabello totalmente despeinado.
–Hola, Suzie –sonrió Marc, parándose frente a ella– ¿podríamos hablar… en privado?
–Claro, claro que sí –Suzie se levantó rápidamente, ignorando a las risitas de sus amigos y siguió a Marc hacia una esquina del lugar. Mientras caminaba, no podía evitar pensar que tal vez, y sólo tal vez, Marc Stebbins la invitaría al Baile de Navidad, y tal vez bailarían toda la noche… y Marc la b…
–Suzie, ¿estás bien? –la voz del chico la sacó de sus pensamientos.
–Sí, ¿qué querías decirme?
Marcus Stebbins se ruborizó notablemente, algo bastante gracioso, porque su cara empezaba a lucir como un tomate gigante. ¿Qué era eso tan importante que hacía que Marc se ruborizara?
«No pienses en eso, Suzie.»
–Oh, esto es… yo… uhm… –Marc sonrió dubitativamente– ¿escuchaste que habrá un Baile en Navidad?
El corazón de Suzie comenzó a latir exageradamente rápido.
–Ajá.
–Pues, eh… no es precisamente obligatorio, eh… ir, pero a mí me gustaría, mi madre dice que es una oportunidad única –rio nerviosamente, pero Suzie no lo notó, su corazón hacía demasiado ruido, aún más que Las Tres Escobas– y eh, me gustaría ir con una chica igual de única… así que, eh, Suzie… tú…
El corazón de Suzanne Fawcett aumentó el ritmo…
–¿…quisieras ir conmigo al Baile?
…y luego se detuvo completamente.
Marcus Stebbins estaba invitándola a salir, de verdad, porque el Baile de Navidad era como una cita. Su primera cita. Y no en las cocinas. Suzie sonrió, sonrió tanto que sintió que su cara iba a explotar.
–Sí, claro que sí –contestó ella, consciente de lo chillona que salió su voz– me encantaría, Marc.
Él sonrió.
–Genial, entonces… eso era todo, sí… eh… nos veremos por ahí, supongo.
–Sí.
Marc sonrió una vez antes de depositar un beso en la mejilla de Suzie y regresar con sus amigos, que lo esperaban a la salida. Ella, por su parte, tardó bastante tiempo en regresar a la mesa, donde fue recibida con risas y "uuh".
–¿Qué tal? –preguntó Renata, sonriendo.
–Voy al Baile de Navidad –contestó Suzie, sintiéndose más feliz que nunca en su vida, ahí en las Tres Escobas, un bonito día de noviembre, con la perspectiva de salir con Marc y con el olor de la cerveza de mantequilla inundándole la nariz.
Notas finales:
Definitivamente no soy buena con los relatos cortos, tiendo a explayarme demasiado, esta vez: 997 palabras. Pfft. No me gustó cómo quedó, pero no quiero dejar esto abandonado a la mitad, so~
¡Muchas gracias, Arhatdy-Uchiha por el review! Espero que aquí se note un poco más el romance :D
Ah sí, según El Cáliz de Fuego, una tal señorita Fawcett de Ravenclaw y un tal señor Summers intentaron pasar por la línea de la edad de Dumbledore, pero les salieron barbas. Ya que había decidido que mi señorita Fawcett fuera un curso por debajo de Harry y compañía, quise creer que había sido la hermana mayor de ésta quien intentara entrar al Torneo de los Tres Magos.
