De cómo Dumbledore sabe más sobre ti que tú mismo.
Lupin entró en el castillo después de haberse despedido de sus tres jóvenes amigos, con paso apresurado flanqueó a los alumnos de primero que escuchaban atemorizados las instrucciones que Hagrid les daba en la entrada del colegio y subió lo más rápido posible las escaleras que conducían al Gran Comedor.
Entró en la estancia aún vacía y se dirigió a la mesa de los profesores donde Dumbledore le esperaba con su habitual actitud serena y jovial.
-Remus, estamos encantados de tenerte de vuelta.-Le saludó el anciano.
Él sonrió, tal vez las cosas no estaban tan mal como él las pintaba. La sonrisa casi infantil de Dumbledore era capaz de infundir confianza en cualquiera, hasta en él.
-Desde luego, estamos encantados de poner en peligro a nuestros alumnos una vez al mes.-Lastima que por otro lado estuviese Quejicus.
-Vamos, Severus, olvídalo de una vez.-Fue McGonagall quien le defendió.
Ignorando por completo la discusión que se desarrollaba en torno a él, Lupin tomo asiento entre el profesor Flitwick y la profesora Trelawney, imaginando la reacción de los alumnos cuando supiesen que había regresado, cuando se lo contasen a sus padres, estos mandarían tantas lechuzas que ni Dumbledore podría hacer nada. Por no hablar de Lucius Malfoy, después de lo del tren no se iba a quedar de brazos cruzados, él y Hermione podían atenerse a lo peor.
Las puertas del Gran Comedor se abrieron y los alumnos empezaron a entrar apresuradamente y a sentarse en la mesa de su respectiva casa. Lupin pudo observar las desconcertadas caras de sus alumnos cuando le vieron sentado en la mesa de los profesores, no era optimista con la aceptación, ¿Por qué debía serlo? Snape tenía razón, era peligroso.
De entre la multitud de alumnos pudo distinguir una sonrisa castaña que le miraba desde la mesa de Gryffindor, Hermione si que había sido optimista respecto a su regreso, había tenido casi maravilloso recibimiento en King's Cross. Desde luego la chica no tenía prejuicios respecto a ninguna criatura mágica, ya fuesen elfos, hipogrifos…o licántropos.
Lupin no dudo en devolverle la sonrisa a la joven, sintiéndose un poco mejor consigo mismo y con la situación que le rodeaba.
A todo esto, la selección de alumnos ya había terminado y Dumbledore ya había dado su discurso de bienvenida, Lupin trató de centrarse en la cena.
-Dime, Remus, ¿Fue agradable el viaje en tren?-La pregunta del director le cogió tan de improviso que se atragantó con la copa de agua que se estaba bebiendo.
Cuando el arrebato de tos se le pasó –no precisamente gracias a las palmaditas, casi imperceptibles que Trelawney, le dio para ayudar-, dudó antes de responder la pregunta, estaba seguro de que el anciano no hacia ninguna pregunta casual.
-Bueno, hubo un pequeño incidente en la estación.-Repuso sin levantar la vista de su plato.
Dumbledore rió divertido.
-Desde luego sorprendente la actitud de la señorita Granger, ¿No le parece?-Lupin se encogió de hombros antes de reflexionar seriamente una respuesta.
De nuevo la pregunta iba cargada de intención. El hombre dirigió sus ojos ámbar a la mesa de Gryffindor donde Hermione charlaba alegremente con la pequeña Weasley, al sentir que la miraba dirigió la vista en su dirección y cuando sus ojos se encontraron, creyó intuir que ella ¿se sonrojaba?
Se giró bruscamente hacía Dumbledore, que le observaba con una curiosa sonrisa pintada en la cara. ¿Acaso estaba insinuando…?
-Supongo que incluso la paciencia de la señorita Granger tiene un límite.-Contestó lo más tranquilo que pudo.
Dumbledore soltó una risita que le desconcertó todavía más, con el anciano director nunca podía uno estar seguro de cuando bromeaba o cuando hablaba en serio, pero podía dar por hecho que nunca hablaba porqué sí, a menos que la conversación girase en torno de algún dulce de limón.
-¿De verdad crees que ese es el motivo, Remus?-Su voz sonaba divertida, ¿Le estaba tomando el pelo?
Pensó en preguntárselo directamente pero sintió una mano en el hombro y una voz cadenciosa se lo impidió.
-Desde luego, querido, ¿Qué otra cosa podría ser? El joven Malfoy tiene un aura muy perturbadora, nada positiva, querido.
Lupin, miró desconfiado a Sybill Trelawney, que le miraba satisfecha con su ojo interior.
-Sybill, no creo que sea necesario un don adivinador para llegar a semejante conclusión.-El comentario de McGonagall arrancó alguna carcajada en la mesa –Snape desde luego no se inmutó- Lupin se limitó a reír entre dientes, disimulando para no ofender a la pobre vidente. Si eso que había creído que Dumbledore insinuaba fuese cierto, Trelawney lo hubiese percibido y lo hubiese comentado ¿no? Sonrió débilmente, lo cierto es que no estaba muy convencido…
Hermione miraba concentrada su plato, tratando de prestar atención a la charla que mantenía con Ginny, prometiéndose a sí misma no volver a mirar a la mesa de los profesores, no mirar de nuevo a Remus Lupin.
-Si Fred y George empiezan a cuchichear no se puede esperar nada bueno…-Empezó la pelirroja.
Pero Hermione percibía una mirada sobre ella que no le permitía prestar atención a su interlocutora, y no pudo evitarlo más, sus ojos giraron raudos, para confirmar que los ojos ámbar de Lupin la observaban confundidos desde su sitio, Hermione sintió una especie de regocijo cuando sus ojos se encontraron, pero la maravillosa sensación duró poco puesto que Lupin apartó la vista bruscamente y empezó una conversación con el profesor Dumbledore.
La joven miró a Ginny que la observaba con una mueca curiosa, y le esbozó una sonrisa tranquilizadora mientras la invitaba a seguir con su relato.
-El efecto fue tan potente que a mamá y a Ron se les quedó todo el cuerpo de un tono azulado y…
La pequeña Weasley continuó hablando como si nada hubiese pasado y, para alivio de Hermione, no quiso preguntar nada. La castaña cada vez prestaba menos atención a la alocada anécdota de la pelirroja.
-…poco después llegó Percy y por poco no le da un infarto cuando vio a Ron…
¿Qué estaba pasando? Hermione no lo entendía, y odiaba las cosas que no entendía. Trató de calmar, o por lo menos ignorar los nervios que empezaban a formársele en la boca del estomago, donde unos segundos antes, al mirar a los ojos al profesor había sentido un extraño cosquilleo.
-¿Hermione te encuentras bien?-Preguntó Ginny, que ya no podía seguir hablando como si nada.-No me estas escuchando.
La aludida alzó la vista del plato rápidamente, avergonzada por no escuchar a su amiga.
-Perdona, lo lamento Ginny, es sólo que no me siento demasiado bien.-Contestó, tratando de parecer tranquila, lo cierto es que se ponía nerviosa cuando mentía.-Iré un momento al baño para refrescarme, me sentiré mejor enseguida.
Se puso en píe y se dirigió a la salida del Gran Comedor.
-Hermione deberías ir a la enfermería.-Dijo Ginny preocupada.-No tienes buen aspecto.
La castaña hizo un gesto para quitarle importancia y salió de la sala antes de cualquiera de sus sobreprotectores amigos se ofreciera a acompañarla.
Caminó rauda al cuarto de baño, sólo necesitaba un momento para calmarse y todo volvería a la normalidad, se dijo convencida mientras andaba con paso firme por el oscuro colegio, sintió un escalofrío, y cierta inquietud que se apoderaba de ella. Era prefecta había caminado de noche por los pasillos de Hogwarts cientos de veces y jamás había sentido nada parecido al miedo.
Escuchó un ruido detrás de ella e instintivamente aceleró el paso para permanecer el menor tiempo a solas, tal vez, sería mejor volver al Gran Comedor, todos estaban allí, si algo le ocurría nadie podría ayudarla. Sintió otro escalofrío y echó a correr, justo en el momento en que oyó pasos apresurados detrás de ella.
No era su imaginación, algo andaba mal, alguien la perseguía, casi había llegado al baño de chicas donde podría encerrarse, sólo tenía que correr un poco más…
Desafortunadamente no pudo, sintió una mano que la agarraba por detrás y que la obligaba a detenerse en seco. Sintió miedo, pánico, y profirió un alarido audible en todo Hogwarts y quién sabe si también en Hogsmeade.
Forcejeó, para librarse de su atacante que la agarraba por la cintura, era fuerte, y aunque la castaña le golpeaba con todas sus fuerzas, este no la soltaba.
-¡Hermione!-La voz entrecortada del hombre le resultó familiar-¡Hermione, para!-Ella continuó golpeando, más fuerte incluso que antes.-¡Soy yo! ¡Soy Remus Lupin!-Paró en seco y dejó de gritar al escuchar la voz de Lupin identificándose a gritos en el oscuro pasillo.
Hermione se dio la vuelta para comprobar si era cierto, como si quedase alguna una duda, y en esos segundos pensó que hubiese preferido que la atacasen que hacer el ridículo de semejante manera delante de Lupin.
Era él, sus ojos ámbar la miraban preocupados y su mano continuaba alrededor de su cintura. Hermione se sonrojó exageradamente y esa sensación de vacío bajo sus pies regresó incontrolable.
-Perdona, no quería asustarte, yo…es sólo que… ¿Te encuentras bien?-Hablaba con tono de disculpa y preocupación.
Hermione titubeó y sus piernas empezaron a temblar por la proximidad del licántropo, aunque este debió de interpretarlo como un mareo puesto que apretó aún más la mano con la que la sostenía por la cintura.
-Te acompañaré a la enfermería, es evidente que no te encuentras bien.
Hermione, se sentía bien, después de todo, no estaba enferma, simplemente estaba desconcertada, nerviosa, confusa, desquiciada tal vez.
-¡No!-Exclamó cuando sintió que Lupin iba a ponerse a andar y le detuvo colocando su mano sobre su pecho, como si quisiera detenerle.-Estoy bien, únicamente me asusté y…
-Pero, Hermione, estas temblando…-La castaña no se atrevía ni a pensar a que se debía ese temblor.-Quizás tienes fiebre, seguro que madame Pomfrey…
Ella le detuvo de nuevo, negando fuertemente con la cabeza, pero enseguida volvió a buscar los ojos ámbar de Remus-estaban tan cerca que llamarle profesor, resultaba extrañamente ridículo-, como si los hubiese echado estúpidamente de menos en esos pocos segundos.
Se quedaron en silencio en esa posición, medio abrazados en el oscuro pasillo, mirándose a los ojos y a punto de emprender una acción de la que después posiblemente se arrepintiesen, sin ser conscientes de que dos pares de ojos los observaban ocultos en las sombras.
Los primeros pertenecían al profesor Dumbledore, que confirmaba con una sonrisa sus sospechas y que había decidido que era el momento de intervenir, salió de entre las sombras y carraspeó un par de veces, justo cuando los labios de Lupin y Hermione se acercaban peligrosamente.
Hermione empujó a Lupin al mismo tiempo que este daba un paso atrás, muerto de la vergüenza, del arrepentimiento, y de la decepción por haber sido interrumpido, pero la vergüenza que sintió en ese primer momento no fue nada comparada con la que le embargó al darse cuenta de que era Dumbledore quien los observaba.
Hermione, que no se sentía mucho mejor, fue incapaz de soportarlo y salió corriendo, enfadada, consigo misma, incapaz de creer que había estado a escasos milisegundos de besar a Lupin, convencida de que estaba acabada porque había sido Dumbledore quien los había descubierto, esto dejaba el incidente con Malfoy a la altura de una simple chiquillada. Sin que nadie fuese consciente de ello, el segundo par de ojos que habían contemplado la escena siguieron sigilosamente a Hermione mientras esta se escabullía hacía la torre de Gryffindor.
Aquí está el segundo cap, espero que os siga gustando la historia.
Muchas gracias a quienes me habéis comentado o agregado a favoritos, espero no decepcionaros.
