Capítulo dos: Prefacio de un Baile.

— Alumnos, si son tan amables de escucharme —Dijo el director en el desayuno cuando ya todos o la mayoría de los alumnos estaban en el gran comedor. Todo el mundo volteó para prestarle atención al anciano—. Primero, quería felicitar a los ganadores del Premio Anual que este año ha llegado algo retrazado. También, quería dar la noticia que, los padres de Draco Malfoy, van a estar merodeando algún tiempo por el colegio, verificando que algunas cosas que sucederán a futuro, ocurran sin contratiempos, junto con Sirius Black a quién ya estamos acostumbrados a ver.

— ¡Oh Dios! —Aulló Harry—. Va a dar la noticia a Vox Populix.

— Tranquilo —Le calmó Hermione suavemente—. Recuerda, es por la propia seguridad de los estudiantes.

— ¡A la mierda con eso! ¿Qué pasa con mi privacidad? ¡Suficiente tengo con que toda mi vida salga en los diarios! —La castaña lo amordazó con una llave, ayudada por Ron, para evitar que Harry escapara del Gran Comedor.

— Y lo más importante, hay un Veela en el colegio —Todo el mundo comenzó a murmurar—. Y estamos en un caso especial, ya que dicho ser, es prácticamente de la realeza. Y ya ha elegido a su pareja, así que, como todos hemos estudiado, sabrán que es muy peligroso andar provocando a un Veela, así que por favor, mantenga precauciones. ¡Ah! Las auspiciadoras del baile de Halloween, me pidieron que les recordara que va a haber una fiesta ese día, y que todos están invitados. Con esto, sólo me queda decir que, busquen su pareja de baile, y disfruten el desayuno ¡Buen provecho! —Hermione lo soltó.

— Me alegra estar siendo cortejado por Malfoy, así no tendré a todo el mundo sobre mi cabeza…

— Ves, hay que verle la parte buena al asunto… pero, eso es en noviembre, justo después de la fiesta de Halloween.

— Pero, puedo evitarlo así —Dijo guiñándole un ojo. En ese momento cuando se levantó, alguien habló—. ¿Hola?

— ¡Hola! —Dijo la muchacha de tercero muy sonrojada.

— ¿Se te ofrece algo? ¿Nos conocemos?

— ¡No! ¡Disculpa! Sólo, sólo quería saber si ya tenías a alguien con quién ir al baile…

— No pensé que fuera tan jodidamente rápido —Le dijo a Hermione—. ¡No dio tiempo ni de que se corriera el chisme!

— Esto…

— Mira, lo siento niña, pero, no estoy pensando venir al baile, así que ¿Por qué no le pides a alguien de tu grado que vaya contigo?

— Disculpa —Le dijeron a Hermione tocándole el hombro. Era un joven de cabellos negros, sabría Dios de donde apareció. Esta vez Ron estaba a punto de irle a caer a golpes al abusador.

— ¿Qué sucede?

— Granger, quería saber si querrías ir al baile conmigo.

— Lo siento, estoy comprometida de matrimonio —Dijo mostrándole el anillo—. Por lo tanto, ya tengo pareja.

— Ya sabes Herm, cuando mi hermanito ya no te de lo que necesitas, cualquier hombre caerá rendido a tus pies —Dijo molestando a Ron.

— ¡Ginny!

— Jaja, Hermy, estás hecha toda una arrebata pasiones —Bromeó.

— Basta Harry… por dios, ahora soy una mujer comprometida.

Aww… ¡Que fundamentocita me saliste! —Dijo revolviéndole los cabellos.

— Potter —Dijo nada más y nada menos, que Malfoy llegando a territorio Gryffindor. Todos se quedaron pasmados allí mismo, aunque, los leones ya habían sido informado por la cabeza de sus casas (el trío de oro). Lo que estaba pasando—. Estoy haciendo esto obligado, así que no te sorprendas.

— ¿En que te puedo servir, Malfoy?

— Me han obligado a invitarte al baile de Halloween… —Todos abrieron la boca, causando que la comida se les cayera.

— Aún no es noviembre.

— Potter, sólo acepta, sino quieres venir, plántame, ayer pasé toda la noche discutiendo con mi padre, tengo sueño y hambre…

— También puedo decir que no.

— Por el amor a Merlín, Potter… —Bajó la voz y le habló.

— Mira Malfoy, no tenía ni siquiera pensado ir ha dicho evento, y por ti menos.

— Por eso, di que sí, y no vengas.

— Joder, joder —Dijo volviendo a su tono normal—. ¡Ok Malfoy! ¡Está bien! ¡Seré tu pareja! ¿Feliz? —Luego de eso se fue de allí con las manos en los bolsillos.

1

— ¡Hola Sirius! —Dijo como siempre lazándosele encima y abrazándole.

— Hola cachorro

— ¿Invitaste a Remus a la fiesta?

— Ergh…

— ¡Cobarde! ¡Me habías dicho que sí!

— P-pero…

— ¡Nada! Vamos ahora a que lo hagas… total, tiene esta hora libre igual que yo…

— ¿Esto es una cruel venganza?

— No, ¿Por qué? Estoy abogando por la felicidad de mis padres —Lo agarró del brazo y se lo llevó, a buscar al licántropo.

2

— ¡Días Rem!

— Hola ¿Te puedo ayudar en algo? —Le preguntó mientras comía chocolate.

— ¡Sip! Sirius tiene algo que decirte —Prácticamente se lo tiró encima.

— ¿Y eso que será?

— A no, nada, locuras de Harry.

— ¡Te quiere invitar al baile! ¡Yo tengo que irme! Bye-bye!

3

La mañana había amanecido radiante, a pesar que el frío se estaba instalando, para quedarse una larga temporada, el sol se las había arreglado para poder estar esa mañana. Habían pasado casi dos semanas desde que Draco había visto forzado a invitar a su peor enemigo al baile. Ese día, era cuando todas las mujeres iban de aquí para allá, arreglándose para mañana estar igual o más radiantes que el sol esa mañana.

La futura señora Weasley, vio a su hermano putativo, sentado de lo más contento leyendo un libro muggle, mientras, suponía, la chimenea calentaba su vida y corazón. Refunfuñó… Había tratado doscientas mil veces con Harry para decirle que dentro de nada se casaría, que él era el padrino, y que tenía que prepararse porque todo no era tan fácil como parecía. Sin embargo, agarrar al niño-que-vivió, solo, por cinco minutos, era más difícil, que prefería perseguir al hada de los dientes que hablar seriamente con el moreno.

Pero, allí estaba su oportunidad de oro… ¡A un día de la boda! Apretó las manos con furia tratando de calmarse. Cuando lo logró totalmente, ya que el moreno no tenía ni remotamente la culpa, lo llamó de lo más linda.

— Harry…

— ¿Hermione? —Preguntó, quitando la vista de lo que estaba haciendo y volteando a ver a la castaña—. ¿Qué sucedió? Buenos días.

— ¿Me acompañas a Hogsmeade a buscar mi túnica?

— ¡Seguro! Me estaba muriendo del aburrimiento. ¿Vamos? —Preguntó dejando el libro a un lado.

Bajaron tranquilamente, los de séptimo grado, tenía permiso de bajar cuando quisieran a Hogsmeade, ya que eran lo más estresados y siempre necesitaban abastecerse de tinta, ingredientes de pociones y rehabilitadores varios, siempre tenían que estar yendo al pueblo.

Cuando llegaron, caminaron un poco, todo estaba en su normal bullicio. Y el sol los ponía a todos de buen humor. Los dos caminaban alegremente comentando cualquier cosa, y ya habían comprado bastantes cosas que necesitaba la castaña, hasta que se detuvieron frente a una tienda de aspecto sobrio y elegante.

— Mis padres se alegraron mucho de oír que Ron me propusiera matrimonio, y todos los Weasley nos mandaron un Howler.

— ¿Por qué?

— Fue la única manera que descubrieron de descargar su euforia, y dijeron que iba a venir mañana para formalizar el compromiso —La castaña se entristeció un poco.

— Hey ¿Qué te pasa bonita?

— Que, ya que mis padres son totalmente muggles, no pueden entrar a Hogwarts…

— Cierto, no te pongas así —Dijo abrazándola—. Igual, la señora Weasley es como nuestra madre en el mundo mágico, así que es casi lo mismo… además, es sólo arreglar estúpidas formalidades. Ellos están felices por ti.

— Tienes razón, no tiene sentido ponerme así.

— ¿Puedo ayudarles en algo? —Preguntó la dependienta vestida bastante formal.

— Sí, venimos a comprar un vestido —Dijo Harry saliendo. Ese sería su regalo de compromiso.

— ¿Qué tan formal?

— Es para una fiesta de Halloween, que a su vez servirá como formalización de un compromiso matrimonial.

— Perfecto, síganme.

— Ehh, ¿Harry?

— Tranquila Herm.

— ¡Pero para allá están las túnicas de precios ina…!

— Ni que la fueras a pagar, es mi regalo de compromiso.

— Pero…

— Nada de peros. Además, eso no va a ser ni siquiera un rasguño en las cuentas bancarias, he visto a Sirius gastar más dinero en un día.

— Gracias —Dijo agarrándole las manos—. De verdad gracias.

— ¡Oh vamos Herm! Que luego voy a terminar llorando yo también.

1

— Señor Malfoy, lo estábamos esperando —Dijo la dueña de la tienda—. Narcisa, querida.

— Dorotea, estás preciosa como siempre, los años no pasan en ti —El ambiente era demasiado hipócrita como para ser soportado.

— Y lo dice una Veela. Umm, te ha sentado el matrimonio.

— Bueno, vengo a cancelar nuestras túnicas. Cuando menos la de Lucius y la mía que ya las tenías lista, la de Draco hay que elegirla, es un poco quisquilloso y no le gusta que elijan su ropa.

— ¿Querida?

— ¿Sí, Dorotea?

— ¿Aún estás vendiendo los vestidos y túnicas que ya no usas?

— Están en la tienda de Francia. ¿Por qué?

— ¿Recuerdas el precioso vestido que usaste en la fiesta de compromiso de los Steffanos?

— Por supuesto.

— Alguien quiere comprarlo.

— Oh bueno, perfecto, que se comunique conmigo.

— Bueno Draquín —Éste fulminó a la mujer y le dejó muy claro que ni lo manoseara, ni le llamara así—. Ejem, busquemos esa túnica perfecta para tu cuerpo.

2

— De lujo Herm —Dijo alzando los dos pulgares.

— No sé… me parece muy estrambótico.

— ¡Pareces la bella durmiente! —Expresó divertido—. ¡Hey! —Se quejó cuando Hermione le había lanzado un par de medias—. Sino te gusta, busquemos otro, he visto que podemos pasar aquí siglos y aún no te probarías todo.

— Tiene razón señor Potter, los vestidos están encantado para ir rotando, mientras los Elfos domésticos todos los días hacen creaciones exclusivas.

— ¿Algo que no tenga brillantes incrustados? —Preguntó cohibida la mujer.

— ¡Pero querida! Si los brillantes te lucen.

— ¡Señora Malfoy! —Gritaron Harry y Hermione a la vez. La adolescente cohibida se encerró otra vez en el amplio vestidor.

— Vamos Herm —Dijo el ojiverde sacándola—. No seas tímida, ya habíamos pasado esa parte en el cuarto vestido.

— ¿Si? —Preguntó la dependienta luego de un rato cuando escuchó que Narcisa la llamaba.

— Trae un vestido de tonos cremas, con algunos brillantes e hilos de plata bordados, nada de pliegos, bastante liso, y algo de swarovski bastante sencillo tal vez un cordón con doce piezas estaría bien, unos zapatos cerrados de tacón grueso a tono con el vestido; que convine. También un reloj de cuerda delgada y eslabones grandes, y tres pulseras haciendo juego con el collar.

— Sí, Señora Malfoy.

— Sinceramente Herm, ella mejor que yo. A mí llámame cuando quieras destruir señores oscuros o salvar a alguien de la muerte, no cuando quieres lucir bien.

La dependienta trajo exactamente lo que Narcisa le había pedido, luego de cuatro minutos, con la ayuda de Missy (así se llamaba) y la mamá de Malfoy. Hermione había salido como una princesa de algún reino lejano. ¿Cuántos vestidos había escogido Harry? ¡Millones! ¿Qué había hecho la mujer? ¡Mirarla por unos segundos! Y eso que no estaba ni maquillada, se encontraba totalmente sudada y despeinada debido al trajín.

— Vaya… guao… Hermy, Ron va a ahogarnos a todos con sus babas…

— Umm, gracias —Dijo sonrojada.

C'est le magnifique! —Finalizó Harry en francés—. Nos llevamos todo lo que tiene encima. Ahora vayamos a pagar —Dijo bastante animado.

5

— ¿Desde cuando sabes francés? —Preguntó curiosa.

— Lo aprendí en mi colegio muggle. Me lo enseñaron desde pequeñito.

— Harry, no puedo permitir que hagas todo el gasto tú —Expresó al ver la cuenta, era exuberante, ni tanto, si miráramos la cuenta de los Malfoy, con ella se podría alimentar a todos los niños de África y aún sobraría.

— ¿Por qué no? ¿Qué no te digo que Sirius gasta en doble de esto cada vez que va de compras?

— La mitad yo y la mitad tú, mis padres me enviaron dinero…

— No.

— Por favor, no me sentiría cómoda.

Las mujeres tenían un poder de persuasión bastante grande, así que habían terminado pagando mitad y mitad. Luego de haberle agradecido a la señora Malfoy su ayuda, había desaparecido, y esto había sido, antes de ir a pagar, un poco extrañados salieron de la tienda.

— Harry, tengo una pregunta —Dijo mientras el moreno sostenía la caja del vestido con cuidado.

— ¿Dime?

— ¿Y tu túnica?

— ¿Perdón? —Siguió haciendo malabares.

— A ver, dame algunas bolsas —Dijo quitándoselas antes de que se estrellara contra el piso—. Que ¿Dónde está tu túnica? ¿O no sabías que tú también necesitabas una?

— Sí, ya la tengo —Mintió—. Estoy enterado del baile desde hace mucho… la compré un día que vine a Hogsmeade a finales de septiembre.

— Yap —Dijo la castaña sin creerle.

6

— Draco ¿Quieres decidirte de una buena vez? Llevas casi cuatro horas… llévatelas todas y luego decides cual ponerte.

— Madre, no sé —Dijo mirándose en el espejo—. Este traje, me queda como holgado, pero el otro me queda excesivamente apretado. No me gusta como se embolsa en mi entrepierna, se ve horrible.

— ¿Pruébate otro? ¿Arregla ese?

— ¿Se podría hacer un arreglo ya?

— Por supuesto, es un movimiento de la varita —Dijo obstinada su madre.

— ¡Éste está perfecto entonces! Siempre y cuando se le arreglen los detalles.

— Merlín, habríamos empezado por allí…

7

— ¿Peluquería? ¿Me quieres meter en una peluquería?

— ¡Claro! ¿Ya estás aquí no? Además, ya tengo la cita pagada. Vamos, no es tan malo como todos los hombres piensan —Dijo arrastrándole. Muchas mujeres de Hogwarts y otras personas estaban allí poniéndose bellas. Harry se sintió que entraba una dimensión distinta donde todo estaba o muy rosado o muy negro.

— Claro, Hermione Granger. Aquí estás registrada. Ya llamo a la peluquera.

— Siéntate allá Harry —Dijo la muchacha señalándole un mueble pegado a la pared.

— ¿Y me pongo a leer revistas?

— ¡Y a cuidar los paquetes!

— Supongo.

Cinco horas después, y que casi todos los peluqueras/os, le sugirieran a Harry que se cortara el cabello y éste las rechazara todas. Hermione salió con manicure, pedicure, masaje, el pelo liso, depilación y otras cosas que no preguntó.

— Bueno ¿Me voy a comprometer por primera vez, no? —Le dijo excusándose—. Tengo que estar bonita.

— Están comenzando a gustarme los hombres —Dijo con la espalda toda dolorida y mareado por tanto químico.

— Jajaja —Se había reído de buena gana la castaña—. Mañana me tienes que acompañar otra vez. Además de ayudarme a vestir.

— ¡Qué!

— Claro ¡Vas a ser el padrino de la boda!

— ¡¿QUÉ!? ¿Boda? ¿Qué Boda, Hermione?

— ¿Por qué crees que te estoy preguntando por la túnica? Tienes que estar presente en el baile. Los Weasley son una familia sangre pura, no importa su situación económica y algunas formalidades han de ser cumplidas. Ya que mis padres son muggles, como bien sabes, no pueden venir a entregarme a la familia, y todo eso tiene que ser en una magnífica celebración. Dumbledore se ofreció a hacer una aparte, para que todo no fuera tan atropellado, pero, Ron y yo nos negamos. Así que la fiesta va en parte dedicada a nosotros y esa es la razón por la que se eliminaron los disfraces. Por ello, si no tenemos padrino, se nos cae todo… Harry, te lo he tratado de decir desde hace semana y media que lo decidimos pero tú has estado en todos lados menos prestándonos atención.

— ¿Y la madrina? —Preguntó Harry, tratando de eludir la acusación.

— Ehrg… Aún no sabemos quién, los padrinos de compromiso sólo tienen que firmar para que nos podamos casar, así que, como tú eres el de la boda real. Estás tú, y agarremos a quién sea para que ponga su firma. Es la parte más importante, es decir, es como si realmente me casara, los magos le dan más importancia a ésta celebración que al enlace con bombas y platillos.

— Muy apresurado —Dijo Harry soltándose dos botones de la camisa.

— Tal vez, sí, pero, ya todo está hecho, el padre de Ron ya tiene lista la cita con los del ministerio.

Cuando llegaron al castillo, el ojiverde se despidió de la castaña, y se fue de volada al cuarto. ¿Padrino, él? ¡Y se lo decían un día antes de la celebración! Joder con los amigos que se gastaba… él que tenía pensado dormirse temprano, y disfrutar de la soledad de la sala común, ahora, tendría que estar cumpliendo formalidades sociales… con todo lo que las odiaba.

Al final del baúl, y luego de tener todo alborotado, sacó una túnica, la miró… estaba algo vieja, y eso que sólo había estado guardada tres años… bueno, tirada entre sus cosas, estaba un poco sucia y tenía un manchón de tinta disimulable. Se fue al baño y se desvistió apresuradamente.

Daba pena… esa era la única verdad…, el estirón que había pegado había sido notablemente cuantitativo, y él ni cuenta, pero, la túnica le quedaba brinca poso, y había descubierto otras manchas varias (no quería saber de que eran) aparte, las mangas parecían haberse encogido por arte de magia ya que le quedaban a la mitad. Se rascó la cabeza con desesperación. No podía presentarse así… Sirius y Ron le quitarían la cabeza, ya sólo por allí estaba muerto, lo demás no importaba mucho.

Se mordió el pulgar, mirando a todos los lados. ¿A que hora era la fiesta mañana? ¡Mierda!

— Parvati —Dijo el ojiverde, cuando salió cambiado.

— Hola Harry —Le coqueteó.

— Lo siento, tengo el problema de Malfoy.

— Cierto… ¿Qué sucede?

— ¿A que hora es la fiesta?

— ¡Harry! ¿Cómo que no sabes? ¡Es la unión de tus mejores amigos! —Éste le tapó la boca.

Shhhh, lo siento… sé que soy mal amigo, pero, he estado ocupado en estos días. Y ellos no me habían dicho nada. Hermione sabía que yo no iba a ir a esa fiesta. ¿Sabes la hora?

— ¡Claro! ¡A las ocho de la noche comienza!

— ¡Gracias! Acaba de salvarme la vida.

— ¿Por qué?

— Sólo gracias —Dijo dándole un beso en la mejilla—. ¡No le digas a Malfoy! Por aprecio a tu vida —Salió de la sala común, apresurado. ¡Él no sabía nada de las tradiciones mágicas para casarse! ¡Bonita noche le esperaba! ¡Hermosa! ¡Espectacular! Maldijo por debajo, devolviéndose a buscar la capa de invisibilidad, no se había dado cuenta que ya eran las ocho de la noche. ¡Acababa de empezar la cuenta regresiva! Veinticuatro horas comenzando desde ese momento.

To Be Continued...

No tengo nada que decir ¿Por qué aún sigo escribiendo? Guardense sus comentarios eso me haría muy feliz.

Atte. Liuny.