Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

.

.

Sueño de Verano — Toma 2

.

.

— Eres tu. — susurró incrédulo sin poder reprimir una sonrisa, no podía ocultar que había deseado volver a verla pero jamás imaginó que realmente lo fuese a hacer, y menos tan pronto.

Akane interpretó aquel gesto como una clara burla y retiró la mano de la suya a la velocidad del rayo.

— Sí, yo soy la pervertida de mente calenturienta. — atacó feroz, dispuesta a hacerle pedazos.

Él pestañeó un par de veces antes de creer posible que la dulce chica que había conocido el día anterior le estuviese hablando de aquella forma, ¿por qué sus ojos parecían arder como brasas?¿y la dulce y triste sonrisa?.

— Yo... — comenzó consciente de pronto de donde había dejado la conversación. — ...no sabía que...

— No, por supuesto que no, de hecho no creo que sepas absolutamente nada. — respondió de nuevo con dureza.

De pronto le tendió un fino libreto de pocas páginas que llevaba en la mano contraria, Ranma lo tomó sin apartar la mirada de su rostro.

— Es tu guión, sólo incluye la primera escena, el resto te lo iré dando al día, ¿crees que podrás hacerlo?

— Ah...

— Lo que suponía.

Y sin decir nada más se dio la vuelta y desapareció por donde había venido.

— Lo siento, te llamaré. — dijo Nabiki a modo de disculpa antes de salir de la habitación tras su hermana.

Ranma se quedó quieto como una estatua, aún incrédulo, ¿que había sido eso? Genma emitió un sonoro silbido.

— Es toda una fierecilla. — apostilló en tono cómico, el chico de la trenza tragó saliva.

.


.

— No lo entiendo Nabiki, lo único que te pedí es que contratases actores profesionales, o que al menos me consultases, ¡ese tipo es un majadero!

— Aunque lo fuera, no creo que eso sea motivo para ponerse así.

— ¡Me llamó...!

— Lo se, yo también estaba en la sala, ¿recuerdas?

— ¡No pienso trabajar con él!

— Akane, te seré muy sincera: no tenemos dinero. Me he dejado gran parte del presupuesto en contratar a una actriz china que hable japonés con fluidez según tus deseos, no me quedó demasiado para el protagonista.

— Pero es que él es... es...

— Es guapo, tiene un cuerpo espectacular, sabe muchísimo de artes marciales y además ha sido una ganga, ¿que más quieres?. Tengo que contratar a un montón de extras, maquilladores, encargados de atrezzo, de luces, coreógrafos, catering, cámaras …. ¡por no hablar de las post producción!.

— Es que desde el principio no sé como se te ha ocurrido comenzar con esto. — dijo la chica sentándose en una incómoda silla y frotándose las sienes. — Ni a mi tampoco.

— Nadie sabe más de tu novela que tú misma.

— Escribir una novela no es lo mismo que un guión.

— Pero yo no tengo dinero para gastarlo en más personal, querida hermana. — se dirigió hacia su escritorio y comenzó a revisar unos cuantos documentos. — Contribuyes a la economía familiar y a la tuya propia, si esto no termina de hacerte famosa nada lo hará.

— Yo no quiero ser famosa. — suspiró harta de la misma conversación. — Sólo quiero...

— Que Shinnosuke vuelva a tu lado, te pida que os caséis y dedicarte a criar mocosos.

— ¡Nabiki! — protestó airada, su hermana levantó un momento la mirada.

— ¿Me he saltado algo? ¿que aprenda artes marciales y se encargue del dojô, quizás? ah, el final feliz para la escritora de los finales trágicos, eres el paradigma de la contradicción.

La menor de las Tendô se cruzó de brazos y bufó desde su sitio.

.


.

Era la novena vez que leía aquel maldito guión, Nabiki Tendô le aseguró que le llamaría esa semana pero según su opinión aquella cínica comenzaba a hacerse de rogar.

Tendô...debió de haberse dado cuenta, maldita fuese su mente distraída, debió de fijarse con más detalle en el cartel de la entrada, "Productora Tendô", ahora resultaba insultantemente obvio.

Nervioso comenzó una nueva tabla de abdominales, el calor del entrante verano comenzaba a hacer el aire de Tokio irrespirable. Cuando contó mentalmente hasta 100 sintió como su camiseta se pegaba completamente a su torso, empapada por el sudor.

— Tómate un descanso. — dijo su madre observándole complacida.

Vivían en una pequeña pero acogedora casa unifamiliar con apenas dos habitaciones, en la planta baja contaban con un diminuto jardín que Ranma usaba para algunos ejercicios, el resto requerían de más espacio por lo que solía practicar en un dojô cercano cuyo propietario, ya anciano, se solía mostrar conforme de que lo usase mientras después se asegurase de limpiarlo bien.

El chico se levantó del suelo y se secó el sudor antes de dejarse caer de nuevo, pero esta vez al lado de su progenitora.

— ¿De verdad que te parece bien? — preguntó una vez más, como si la duda carcomiese una pequeña parte de su conciencia.

— Las ideas de tu padre no suelen ser demasiado buenas, pero algo me dice que esta vez será diferente. — sonrió confiada. — Y tu no pareces estar en contra...

El artista marcial torció el gesto.

— No es eso, al menos con el cheque que nos dio la directora aguantaremos unos cuantos meses, sobre todo no le digas a papá que llegó, encárgate tú del dinero.

— Claro. — la mujer posó la mirada de nuevo en su hijo, que parecía haber perdido el hilo de la conversación, miraba al cielo embobado, perdido en sus pensamientos. — ¿Es guapa?

— ¿Qué?¿quién?

— La chica.

— ¿Qué chica?

— Por la que llevas una semana en las nubes. — Ranma frunció el entrecejo.

— Yo no llevo...¡no hay ninguna chica!

— Ya...

— Te imaginas cosas mamá. — aclaró poniéndose en pie y comenzando a caminar hacia el baño, necesitaba una ducha. De pronto un sonido inundó el silencio, era un teléfono, Ranma se paró en seco y giró sobre sí mismo antes de atrapar el maldito aparato que había dejado casualmente en el salón.

— ¿Diga? Hola Nabiki... sí... sí... claro, deja que apunte la dirección...ajá, vale, hasta mañana.

Cuando colgó no necesitó mirar para saber que su madre lucía una amplia sonrisa.

.


.

— Por última vez, ¡quiero la iluminación lista para dentro de treinta minutos! — Nabiki Tendô parecía al borde de un ataque de nervios, cuando Ranma llegó al lugar indicado apenas se podía creer lo que estaba viendo.

Cierto era que jamás había estado en ningún sitio ni remotamente relacionado con el cine o la televisión, pero desde luego cuando le dijo que eran una productora de bajo presupuesto se imagino algo humilde y de menor envergadura.

Allá donde mirase no había más que gente, cada uno corriendo en direcciones diferentes y ocupados en sus quehaceres. Frente a él la perfecta imitación de un apartamento, tal y como se describía en la primera escena de su guión.

— Esto tiene buena pinta. — dijo Genma a sus espaldas, por supuesto su padre no había querido perderse la oportunidad de asistir al primer día de rodaje, aunque Ranma estaba convencido que tan sólo estaba allí para ver si podía comer gratis.

El chico se acercó hasta Nabiki, la única persona que le resultaba familiar.

— Ah, estás aquí. — dijo dejando escapar un suspiro. — ¡Akane! ¿donde se ha metido esa chica? ¡Akane!

— Estoy aquí, no es necesario que pegues gritos.

Apareció abriéndose paso entre la gente, con aquella mirada dura que mudó rápidamente a una expresión de enfado en cuanto se percató del motivo de la urgencia. Se quedó parada donde estaba, con unos cuantos papeles en una mano y un bolígrafo en la otra.

— ¿Querrás hacer el favor de presentarle a Ranma el resto del staff?

— Soy la guionista, no tu secretaria.

— Akane... — insistió de nuevo Nabiki con una voz que le salió casi una octava más ronca de lo normal.

— De acuerdo. — cedió fastidiada a la par que le hacía un casi imperceptible gesto al chico para que la siguiese.

Ranma levantó una ceja y chasqueó la lengua, ¿que pasaba con aquella horrible actitud?. La siguió a toda velocidad hasta que le dio alcance y comenzó a caminar a su lado, si pensaba que se iba a quedar callado ante aquel desplante estaba muy equivocada.

— Sobre lo del otro día creo que ya te pedí perdón. — ella ni siquiera le miró.

— No escuché nada parecido. — repuso apartándose del camino de una chica que cargaba varios cables.

— Quizás fue porque apenas me dejaste hablar, estabas demasiado ofendida como para hacerlo. — contestó con sarcasmo.

— Lo sigo estando.

El artista marcial resopló hastiado, la tomó de la muñeca y se paró en seco. Ella miró el lugar del agarre con extrañeza, observó al chico detenidamente, sin terminar de creerse lo que acababa de hacer.

— Suéltame.

— ¿No te cansas de estar enfadada?

Akane le sostuvo la mirada, retadora, había estado tan invadida por la furia que no se dio cuenta hasta ese momento que apenas sí le había mirado bien. Era alto, le sacaba un par de cabezas, su piel morena por el sol le daba un aspecto saludable, que aquella traviesa trenza que le colgaba sobre un hombro se encargaba de ratificar. Pecho amplio y brazos fuertes, tenía un rostro bonito, de esos que enloquecerían al público femenino de nariz perfecta y labios gruesos. Sus ojos eran azules oscuros, curioso, no se veían a muchos japoneses con esos ojos...

— ¿Tienes una hermana?

— ¿Qué? — repuso el chico, de repente nervioso.

— Una hermana o quizás una prima, es sólo que hace poco conocí a una chica que... — se interrumpió — ...nada, déjalo.

Continuó caminando por el recinto aunque ahora con un paso un tanto más lento, Ranma a su espalda sintió como le corría una gota de sudor por la frente, debía andar con cuidado, era bastante perspicaz. Akane se paró junto a un hombre delgaducho y con pinta de estar enfermo, tenía grandes ojeras y los ojos hundidos en la cara, casi tanto como sus mejillas, más bien parecía un cadáver andante.

— Él es Hikaru Gosunkugi, el director.

— Encantado Saotome. — dijo en hombrecillo con voz lúgubre.

Akane hizo una breve reverencia y el director se alteró completamente, jugó nerviosamente con los dedos mientras la imitaba con movimientos rígidos.

— Sigamos. — caminó a buen paso hasta que llegaron a otra sala, eran una pequeña habitación con un par de sillas y varios espejos. — Ella es Ukyo Kuonji, encargada de maquillaje.

La susodicha se giró para mirar a los recién llegados, era delgada y de mejillas sonrosadas, iba vestida de forma casual, con pantalones ajustados y una camiseta, lo curioso era que llevaba una especie de banda que le cruzaba el pecho donde había todo tipo de brochas y pequeños pinceles prendidos, como si se dispusiese a sacarlos en cualquier momento.

— Hola. — dijo con una bonita sonrisa.

— Soy Ranma Saotome. — se presentó formal.

— Con que ya has llegado. — los tres se voltearon al escuchar una voz a sus espaldas, la de un varón joven. El chico sonrió desdeñoso antes de plantarse delante de Ranma.

— ¿Te conozco? — dijo el artista marcial examinándole.

— No estoy para bromas Saotome. Octubre del año pasado, última ronda del campeonato de artes marciales de Kanto.

— ¡Ah! — de pronto se fijó con más detenimiento en aquella estúpida y conocida pañoleta amarilla que llevaba el chico en la frente. — Tu eras Ryoga... Ryoga...

— ¡Ryoga Hibiki!

— ¡Eso es! Ryoga Hibiki, ¿como has estado?

— Entrenando para darte una paliza.

— ¿Acaso sigues resentido por aquello? — preguntó mientras las dos chicas presentes les observaban mudas de asombro.

— ¡Hiciste trampas!

— Te descalificaron por destruir las instalaciones, ¿cómo pude estar implicado en eso?

— ¡Te pusiste a brincar como un estúpido por todas partes!¡lo hiciste a propósito!

— ¡Porque querías golpearme!

— ¡Porque me robaste el almuerzo!

Y acto seguido Ryoga lanzó un puñetazo al aire que Ranma esquivó curvando la espalda y pegando un brinco hacia atrás, su adversario apretó los dientes y lanzó un nuevo revés que esta vez hirió el aire, rozando la mejilla de su oponente.

— Oh, no, ¡nada de peleas en maquillaje! — Ukyo tomó las brochas de su cincho y Akane hubiese jurado que hasta unas tijeras, que lanzó con una maestría prodigiosa contra los dos chicos enfrascados en su pelea. Los utensilios estaban convenientemente afilados en su parte trasera de tal forma que atravesaron las ropas de ambos luchadores y se clavaron contra la pared más cercana.

Ambos se detuvieron al instante mirando hacia la maquilladora profesional asombrados, ella se acercó lentamente hasta donde les había clavado y arrancó las brochas y pinceles.

— Id a pelear a otra parte. — dijo guárdando de nuevo sus utensilios.

Akane salió la primera de la sala seguida de ambos chicos que parecían avergonzados, como si acabasen de ser reñidos por sus madres. Les miró con el entrecejo fruncido completamente contrariada.

— ¿Acaso sois niños? — preguntó firme, ninguno de los dos contestó. — Como sea, supongo que ya os conocéis, Ryoga será tu entrenador personal, coreógrafo de peleas y extra en algunas escenas.

Ambos se miraron de reojo con expresión de fastidio.

— No necesito un entrenador personal. — dijo Ranma cruzándose de brazos.

— Y yo no creo que pueda enseñarle gran cosa a este patán. — añadió Ryoga imitándolo.

Hubo unos segundos de tenso silencio.

— Ryoga... — comenzó ella dirigiéndose al chico de manera informal — ...si quieres podemos hablarlo luego, ¿te parece?

Ranma hubiese podido jurar de que escucho un pequeño "crack" sonando dentro del cerebro de su adversario, como una engranaje encontrando su lugar y comenzando a funcionar a máxima potencia.

— ¿Continuamos? — interrumpió, Akane cambió el semblante por aquella mirada lapidaria que llevaba luciendo desde primera hora y con un pequeño gesto se despidió de Ryoga, el chico de la trenza frunció el ceño.

— Hay mucha más gente trabajando aquí, pero sólo necesitas conocer a un par de personas para el ensayo general. — le dijo ella.

— ¿Qué?¿ahora?

— ¿Te aprendiste tus frases?

— Bueno, más o menos.

— ¿Que demonios significa eso? — volvió a preguntar con impertinencia.

— Ya basta de hablarme de esa forma, ¿quieres? — Akane entrecerró los ojos y no dijo una palabra más.

Llegaron delante de otra sala, abrió la puerta con cierta violencia y entró en la habitación donde había otras cuatro personas, dos hombres y dos mujeres.

— Os presento a Ranma Saotome. — dijo con una voz aséptica — Interpretará a Shouji Kotama.

Las mujeres le miraron con cierta reverencia, los dos hombres pusieron cara de fastidio.

— Por fin llegar, ¡contenta soy! — dijo una de ellas y prácticamente pegando brincos se acercó hasta el chico de la trenza. — Gran fan, ver combate en televisión pasado invierno. — continuó sonriente.

Se trataba de una mujer simplemente espectacular, con un cuerpo impresionante capaz de cortar la respiración a cualquiera, largo y sedoso cabello, ojos relucientes y sonrisa perfecta, por fuerza debía de ser modelo. Vestía un ajustadísimo vestido de lycra de falda minúscula y atrevido escote, Ranma tragó saliva con dificultad antes de sonreír como un estúpido.

"Actriz china que habla japonés fluidamente, sí, claro." — murmuró Akane para el cuello de su camisa antes de aclararse la garganta. — Ella es Shampoo, actriz principal, interpretará a Bai Jing.

— U—Un placer. — dijo cohibido.

Inmediatamente uno de los hombres de la habitación se unió a la conversación, tenía una mirada hosca y una actitud que indicaba un enorme instinto de protección hacia la joven actriz, llevaba unas gafas gruesas, tanto que Ranma se preguntó si realmente vería algo.

— Yo soy Mousse. — dijo sin más, Akane pestañeó un par de veces ante su escasa elocuencia.

— Bueno y él... — comenzó apuntando hacia la otra punta de la habitación, donde la otra pareja había permanecido muy quieta, ella observando impávida y él sentado en una silla en actitud meditativa.

— Me presentaré yo mismo. — interrumpió el joven levantándose intempestivamente de su asiento y mirando en su dirección. — ...la luz que atraviesa las nubes en plena tormenta, la sensación eléctrica del irrefrenable atractivo que ejerce mi humilde persona, soy el puño que golpea en la oscuridad, la espada que hiere el aire en plena batalla, yo soy...

— Es Kuno. — dijo Akane de nuevo viendo que aquello podía extenderse durante eternos minutos. — será el jefe Min.

El hombre al otro lado de la habitación caminó varios pasos hasta que se quedó cerca de la chica, la miró con molestia.

— Akane Tendô, te perdono esta osadía porque sé que este gesto sólo sirve para enmascarar el amor que sientes por mí.

Ella suspiró como si aquella escena se hubiese repetido cientos de veces, dirigió una discreta mirada a la mujer que acompañaba a Kuno y que había caminado silenciosamente tras él.

— Me alegra volver a verte Kodachi.

Ella pareció ignorarla unos segundos, como si le costase horrores dirigirle la palabra.

— Lo mismo digo. — repuso con infinita y edulcorada educación.

— Bueno, ya que estamos todos, ¿qué os parece si ensayamos?

.


.

— Es un desastre.

Dos horas después Akane Tendô se encontraba sentada en una oscura esquina del diminuto despacho de su hermana, con la cabeza entre las piernas y los ojos abiertos por la impresión.

— No se puede ser tan malo, es imposible. — repuso de nuevo conmocionada.

— Estás exagerando. — Nabiki no tenía tiempo de atender menudencias, quería tener todo listo cuanto antes para al menos poder hacer pruebas de cámara.

— ¿Cómo vamos a empezar el rodaje mañana?, lo peor no es que él no sepa interpretar, la modelo china que has traído...

— Actriz, es actriz. — le recordó su hermana. — O al menos quiere serlo.

— ¡Parece tonta cada vez que habla!

— Así la película será mucho más realista, además, al director le gusta.

— Dime a qué hombre de la tierra no le gusta. — dijo recordando la cara de idiota que había puesto Ranma nada más verla.

— Akane, céntrate en tu trabajo, que los actores sean buenos o no, no es algo que deba molestarte.

Pero vaya que si lo hacía, Nabiki no podía entenderlo, Shouji era SU personaje, el protagonista de su novela que le había llevado años de trabajo, conocía sus miedos, defectos y virtudes, para ella sí que era importante. Formaba parte de su mundo interior y el pensar que un patán como ese tal Ranma Saotome fuese a hacer una interpretación tan mediocre la ponía al borde del infarto.

.


.

Había sido un día largo, cuando finalmente Nabiki le dijo que podía marcharse suspiró aliviado. Después del ensayo de dos horas y de la evidente frustración de todo el reparto se pasaron toda la tarde con las pruebas de cámara, que según pudo deducir Ranma consistían en mirar a un punto determinado como un idiota durante mucho rato mientras todo el mundo opinaba al respecto, le daban algunos retoques de maquillaje y le hacían cambiarse de ropa.

Al día siguiente comenzaría el trabajo real, si no fuese por el fuerte incentivo económico habría mandado a paseo todo aquello a primera hora de la mañana.

Por si fuera poco ni siquiera había vuelto a ver Akane, la última imagen que tenía de ella era verla salir airada del ensayo con cara de pocos amigos. Quizás se había equivocado con esa chica, tal vez había visto en ella algo que ni siquiera existía y había confundido un pequeño gesto de amabilidad con otra cosa.

Definitivamente no era amable, ni femenina, diablos ahora ni siquiera le parecía guapa, apretó los labios en un mudo gesto de frustración y buscó a su padre, otro que había desaparecido sin dejar rastro.

Salió del estudio y dejó que el cálido aire veraniego inundase sus pulmones, el anaranjado sol del atardecer acababa de ocultarse.

— Ranma Saotome. — se giró al escuchar su nombre y contuvo la respiración, se encontró directamente con aquel par de enormes ojos de color chocolate que tanto le habían impresionado la primera vez que los vio. — ¿Donde crees que vas?

— A mi...¿casa? — respondió dubitativo viendo como la chica morena se aproximaba amenazante, como un felino.

— De eso nada, vamos a ensayar hasta que la escena sea perfecta, ¡sólo tengo una noche para convertirte en Shouji!

El chico levantó una ceja, no podía estar hablando en serio. Ella le hizo un gesto con la mano indicándole que la siguiera y por alguna razón que escapaba a su entendimiento lo hizo sin siquiera replicar. Casi todo el mundo se había marchado ya, sólo unos pocos rezagados quedaban en el estudio, llegaron hasta lo que Ranma supuso que era el despacho de Akane, un simple cuarto con una mesa grande central y unas cuantas sillas, una cafetera y papeles por todas partes, ella le invitó a pasar.

Cerró la puerta tras de sí, o era extremadamente confiada o una ingenua, ¿que clase de chica se quedaría a solas con un hombre al que acaba de conocer?.

— Ensayemos, desde el principio. — dijo enfrentándole y rebuscando un par de guiones, pero él ni siquiera se movió, se quedó interpérrito mirándola.

— ¿Pero qué pasa contigo?

Ella pestañeó sin entender.

— ¿Qué?

— ¿Porqué te comportas así?

Se hizo un breve silencio, Akane dejó escapar un suspiro.

— Entiendo, te crees demasiado bueno para ensayar, ¿no?

— No tiene nada que ver con eso, ¿tanto te costaría decir "por favor"?

La chica resopló, orgullosa.

— ¿Te crees muy importante por haber ganado un par de competiciones de artes marciales? Conozco muy bien a la gente como tú, presumidos y malcriados sin ningún propósito real en la vida, ni siquiera aprecias lo suficiente el trabajo de los demás como para esforzarte.

— ¿Hablas de mí? — dijo completamente anonadado, si no fuese porque se encontraban a solas en aquella habitación habría mirado hacia atrás pensando que se refería a otra persona.

— ¿De quién si no? — respondió altanera.

Se le escapaba de las manos, lo notaba, la furia que sentía por aquella mujer se acumuló en forma de daga con la que no dudó en apuñalarla.

— Ahora lo entiendo. — dijo dando un paso hacia ella. — No es que discutieses con tu novio, él debió de dejarte cansado de estar al lado de una insoportable como tú.

Ella abrió los ojos de forma desorbitada.

— ¿Cómo sabes...?

— No sólo eres desagradable, también maleducada, impertinente y odiosa, ni siquiera bonita. No sabes nada de mí para juzgarme y no pienso quedarme para que continúes haciéndolo.

Pasó a su lado, frío como el hielo y salió por la puerta, cuando puso un pie en la calle pudo comprobar que había anochecido completamente.

— ¡Joder! — escupió, ahora sí que se encontraba completamente agotado.

No tenía ganas de continuar pensando, sólo quería llegar a su casa y echarse a dormir, había sido un día decepcionante en muchos sentidos.

Comenzó a caminar con la cabeza en otro sitio, tal vez no fuese mala idea ir hasta su casa a pie, dando un larguísimo paseo para que todo lo acontecido se volviese un recuerdo lejano y aquella desagradable escena no se repitiese una y otra vez en su cabeza. No era culpa suya, había intentado ser paciente, había intentado ser amable...era ella la que mostraba una cara diferente dependiendo de con quién estuviese hablando, como con ese idiota de Ryoga.

Cuando se quiso dar cuenta se había alejado mucho, se paró en seco, definitivamente mejor volver sobre sus pasos y tomar el tren.

Casi media hora después llegó a la estación y sacó un billete, se dirigió al andén y sólo entonces se percató de lo tarde que era, normalmente no llevaba reloj así que el ver que era casi media noche en el de la estación le impactó. No era de extrañar que se encontrase prácticamente solo a excepción de un par de hombres de negocios claramente borrachos.

— Oye guapa, ¿por qué lloras? — dijo uno de ellos.

— Deja de llorar, vente a beber con nosotros. — repuso el segundo.

Ranma se quedó mirando atentamente hacia los dos hombres trajeados, efectivamente, entre los dos se adivinaba la delgada figura de una chica, completamente rodeada por ellos y apenas visible.

— ¿Te ha dejado tu novio?¿en eso?

— ¡Vayamos a un karaoke!¡Seguro que cantas bien!

Ella no respondió y el artista marcial gruñó fastidiado, no le gustaban nada los babosos. Impulsado por su sentido del deber avanzó hacia los desconocidos, había sufrido aquella misma escena en carnes propias más de una vez con su cuerpo femenino, sabía cómo librarse de ellos.

— Viene conmigo. — dijo a la vez que posaba una mano en el traje de uno de los ejecutivos y le echaba a un lado.

Debía de ser una broma, ante sus ojos volvió a aparecer el rostro de Akane Tendô completamente anegado en lágrimas, sus ojos marrones estaban vidriosos e hinchados y lo peor es que ni siquiera parecía importarle, simplemente estaba allí plantada dejando que las lágrimas resbalaran por su cara hasta deslizarse por su barbilla y mojar el suelo.

Se miraron apenas un segundo, lo suficiente para reconocerse mutuamente, Ranma apretó los dientes y la tomó de la mano alejándola de los dos hombres, que se quedaron con un mudo gesto de desilusión.

El tren llegó haciendo un gran estruendo a la vez que el chico tiraba de Akane, con su mano fuertemente agarrada dentro de la suya. Subieron a un vagón vacío y se sentaron, él no se atrevió a decir palabra, ella se quedó muy quieta antes de comenzar a secar sus lágrimas con el dorso de la mano que le quedaba libre.

— Gracias. — dijo con un hilo de voz, Ranma tragó saliva, no entendía absolutamente nada, era como si su cerebro estuviese bullendo con cientos de pensamientos al mismo tiempo causándole una confusión total, miró al suelo incapaz de hacer otra cosa. — Lo siento.

Y aquellas dos palabras tan sencillas hicieron que su corazón comenzase a latir nervioso. La chica las pronunció de manera tan suave y sincera que le desarmó por completo, sintió como aquel enfado se desvanecía. No fue consciente de que seguía apretando su mano hasta que ella se soltó y enterró el rostro compungido entre sus dedos. No supo si se encontraba avergonzada o seguía llorando.

— No debí hablarte así, pagué contigo mis problemas. — volvió a disculparse la chica de cortos cabellos, su voz sonaba compungida. — Debes de pensar que soy una persona horrible, y por si fuese poco me has librado de esos dos borrachos.

El artista marcial se aclaró la voz.

— Yo no debí decir eso de tu libro. — admitió con las mejillas sonrosadas, ella levantó la mirada por primera vez, demonios, ¿que había dicho antes de que no era bonita? volvía a parecerse al pequeño ángel con paraguas que le rescató en mitad de la tormenta, estaba aún más preciosa que aquel día, con las mejillas ardiendo y los ojos cristalinos.

El tren se detuvo y Akane se levantó de improviso.

— Es mi parada. — dijo avergonzada evitando su mirada, él también se puso en pie.

— También la mía.

La chica pareció suspicaz pero no dijo nada, caminaron en silencio hasta la salida de tren.

— Mi casa queda por allí. — apuntó distraidamente hacia su espalda, él arqueó una ceja. Akane se había tranquilizado y su respiración volvía a ser normal, aunque los ojos rojos e hinchados la delataban.

— Es tarde, te acompañaré.

— ¡Oh, no! no es necesario, de veras, está cerca. — comenzó a alejarse dando pequeños pasos hacia atrás.

— Insisto. — y avanzó hasta ponerse a su lado, ella le miró de reojo, no había nada que hacer.

Caminaron en silencio por las pequeñas calles de Nerima, pasaron al lado de un gran canal y por una calle comercial.

— ¿No dijiste que estaba cerca? — comentó Ranma cuando llevaban diez minutos andando.

— No quería que te molestaras. — se excusó ella a media voz.

— Ya...seguro que pretendías librarte de mí. — apuntó socarrón.

— ¿Puedo preguntarte algo? — y se detuvo con un semblante repentinamente serio.

— ¿Eh?

— ¿Quién te contó lo de mi novio?

El chico la miró con nerviosismo y se aclaró la garganta.

— Ya sabes, se lo escuché decir a...un tipo. — ella entrecerró los ojos.

— ¿A quién?

— Uno de esos encargados de cámaras. — mintió a sabiendas que su cara de poker no valía nada, a su lado Akane resopló derrotada.

— Sólo ha pasado un día y ya soy el mejor chismorreo del rodaje. — continuó caminando cabizbaja, eso le confirmaba que había alguien conocido que estaba extendiendo aquellos rumores.

No se dio cuenta, pero Ranma expulsó todo el aire de sus pulmones, aliviado. Llegaron frente a una gran casa, una de aquellas construcciones antiguas de grandes portones y jardines inmensos.

— Gracias por acompañarme. — dijo ella haciendo una levísima inclinación con la cabeza, el chico pegó un respingo.

— Un momento, ¿vives aquí?

— Eh...sí.

— ¡Eres rica! — dijo asombrado con los ojos abiertos como platos.

— Sólo es una casa antigua heredada, el dojô era de mi abuelo y cuando murió...

— Dojô...¿tienes un dojô? — preguntó, y en su voz asomó la ilusión de un niño frente a un parque de atracciones. Por la frente de Akane corrió una gota de sudor.

— En muy tarde pero quizás...¿te gustaría pasar a verlo?

Ranma asintió fuertemente con la cabeza y ella no puedo evitar que se le escapase una pequeña sonrisa. Abrió los grandes portones y le indicó que no se separara de ella.

Un camino de piedra oscura recorría gran parte de la propiedad, frente a ellos una gigantesca casa con más de medio siglo perfectamente conservada, construida en madera y piedra. A la derecha estaba la segunda construcción más grande del recinto, el dojô, Akane Se quitó los zapatos en la escalera de madera y Ranma la imitó.

Prendió la luz pulsando un pequeño interruptor que se encontraba a la izquierda de la puerta, inmediatamente las luces fluorescentes del techo parpadearon iluminando una estancia amplia, completamente construida en madera.

El chico no pudo evitar contener el aliento, era cuatro veces más grande que el del anciano, la madera del suelo estaba cuidada y pulida a la perfección, parecía nuevo. En las paredes colgaban gigantescos pergaminos llenos de kanjis con caligrafía perfecta. Un pequeño altar coronaba todo el espacio, suspiró, pagaría por entrenar en un sitio así.

— ¿Qué te parece? — preguntó Akane interrumpiendo sus pensamientos.

— Que es una pena que no lo use nadie. — dijo él fijándose en las cuadrículas vacías donde adivinaba que años atrás depositaban sus nombres los alumnos.

— Bueno, eso no es del todo cierto.

— ¿Akane?

Ambos jóvenes se giraron para ver al adulto que acababa de entrar en la sala, era un hombre que debía rondar los cincuenta, con una abundante melena que llevaba suelta hasta los hombros. Vestía un traje tradicional de tela ligera y tenía un bigote tupido que cubría completamente su labio superior, dándole un aspecto autoritario.

— Papá.

— Nos tenías preocupados hija, es muy tarde.

— Sí, lo se, lo siento. — dijo apenada antes de darse cuenta que toda la atención de su progenitor estaba posada en el joven que la acompañaba. — Ah, él es Ranma Saotome, participa en el rodaje, se ha ofrecido a acompañarme a casa.

— ¿De veras? — con su afilada mirada de padre protector escudriñó al joven que tenía delante, el cual se apresuró a adoptar una pose formal y le saludó con una profunda inclinación. — Saotome... — murmuró el hombre pensativo.

— Siento la intromisión, me temo que se nos hizo tarde con el último ensayo. — se excusó, Akane le miró agradecida por brindarle una buena excusa.

— Dime chico, ¿te gustan las artes marciales?

— Eh... sí, soy artista marcial.

— ¿Cuál es el nombre de tu padre?

— Papá, ¿a qué viene esto? — protestó Akane comenzando a enrojecer, no quería que su padre confundiera al chico con una cita o algo parecido.

— Genma Saotome. — dijo el chico con miedo, por dios que esperaba que ese viejo loco no le hubiese robado nada a aquel hombre.

— ¿Genma?¿Genma Saotome?

— ¿Le debe dinero? — apostilló avergonzado, siempre igual, no tenía dinero para pagar más deudas y para más inri aquello estaba sucediendo delante de Akane.

Pero cuando volvió a mirar al hombre lo que se encontró hizo que comenzase a preocuparse. El padre de Akane había comenzado a llorar silenciosamente y sus lágrimas corrían como ríos enfurecidos por sus mejillas.

— Con que al final tuvo un varón.

— ¿Ah? — dijeron al unísono ambos jóvenes segundos antes de que Soun se abalanzase sobre el chico y le abrazase efusivamente.

— ¡Me alegro tanto!

.


.

Hola a todos, aquí el segundo capítulo de este fic. Lo creáis o no el argumento me trae de cabeza hasta el punto que pienso que voy a enloquecer, sólo confío en que según vaya avanzando yo misma pueda ver el camino más despejado

¡Y por supuesto gracias por leer y dejar comentarios! me animan y hasta me hacen reír, gracias a todos. Especiales agradecimientos a mi beta reader Nodokita, no se como he estado viviendo sin ti.

Eleniak: ¡Ey, sigues por ahí! me imagino que estarás ocupadísima, pero muchas gracias por animarte a leer, tus palabras me hacen feliz.

Jorgi-san: Bueno, Rumbo Corea es una historia que tenía muchas ganas de escribir pero leyéndola después le veo muchos fallos, espero haber mejorado algo. Y sí, a mi Ranko me encanta y me dio mucha rabia no poder usarla en mi anterior fic, ahora pienso explotarla, jajaja.

Pleasure delayer: Eli, siempre es un placer que una gran conocedora del mundo de Ranma como tú se pase por mi fic y me dedique algunas palabras, me alegro que te gusten tanto los AU como a mí y espero conseguir mantener a los personajes IC durante todo el fic, no es fácil.

JFAR: Muchas gracias, actualizaré en la medida que me sea posible, espero que sea rápido.

Lobo de Sombras: LOL, me encanta XDD

Rosejandra:Espero no decepcionarte con los siguiente capítulos, gracias por leer.

Akai27:¿No te gustan los AU? espero poder hacerte cambiar de opinión, ya viste que Akane no va a ser la protagonista de la película, pero eso no significa que no vaya a estar muy presente ;).

Mnemosine624: Jo que nick más complicado que tienes jajaja, me alegra saber que te gustó el primer capítulo, gracias por leer.

CHIQUI09: Tu pregunta ya tuvo respuesta, ¿verdad?, espero que no me odies mucho, ¿pero que es un fic sin enredos y emoción? sólo espera y verás ;).

DULCECITO311: ¡Hola! Gracias por leer, me alegra verte por aquí también.

Emilio: Me alegra que te hayas animado a leer mi nueva historia, yo también espero conseguir darle la intensidad que merece, gracias por leer.