Título: Dioses de Sangre
Autor: KakaIru
N/A: Y aquí está, mucho antes de lo que imaginaba, el segundo capítulo! Muchisimas gracias Ameni-chan por su review. Arigato! Sin más... ¡Disfruten!
1. Su cabello era rojo como la sangre.
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Todo comenzó una noche cuando me encontraba en una de las zonas abandonadas de la ciudad que tanto me gustan. No iba a allí movido por ningún hilo romántico, no vayan a pensar mal de mí. La razón por la que vagaba por las peligrosísimas callejas era porque allí, en las zonas bajas y deprimentes, era más fácil conseguir la sangre. Vamos, deben coincidir conmigo: es mucho más fácil encontrar una presa durmiendo tras un basurero que en cualquier otro lugar y, en definitiva, los pobres desventurados siempre ofrecen resistencia y a mí me encanta que lo hagan.
Pero bueno, no nos detengamos en detalles innecesarios.
Esa noche canturreaba yo, feliz al verme con vida (lo cual no puedo decir de muchos de mis amigos), moviéndome libremente por los oscuros callejones, cuando de pronto saltó sobre mí un pequeño asaltante. Han de haber visto su cara llena de sorpresa cuando le sonreí abiertamente, dejando ver mis afilados caninos que se mostraban predadoramente a través de mi sonrisa. Tengo una sonrisa malvada, aunque no lo crean.
De hecho resulta irónico. Cuando me ven no pueden sino pensar que soy una presa fácil (lo cual no es cierto). ¿Será por mis gigantescos y redondeados ojos? ¿O será a causa de mi infantil sonrisa? ¿O es acaso por lo aniñado de mis facciones? A decir verdad, no sabría decirlo con certeza. Supongo que debería preguntarle a alguno de los humanos que se rinden ante mi aparente cortesía antes de morderles el cuello.
Oh, volvemos a la ironía...
-No te muevas, precioso- advirtió el hombre de aspecto vagabundo mientras el filo de una navaja brillaba entre sus dedos.
Muchas veces, cuando me llaman precioso, tiendo a mostrarme afectuoso y casi cariñoso, en extremo bondadoso. Hasta pude haberlo hecho, incluso, con este pobre pandillero. Pude llevarle conmigo y comprarle nuevas vestimentas de marca, luego invitarle a cenar al restaurante más caro y de más renombre. Incluso podríamos haber caminado tomados del brazo hasta una de las habitaciones de hotel que tengo a mi disposición. Pude haber hecho esto y mucho más (literalmete podía llenarle la boca con billetes de cien dólares), pero no lo hice por una sencilla razón: ¡este hombre quería rebanarme la garganta!
Por supuesto, no es como si nunca me hubiese encariñado con alguno de los mortales que buscaban asesinarme, pero este en especial no me agradaba. Tal vez era su olor, su sudor, o quizás la forma tambaleante en la que se movía a mi alrededor, atontado por los efectos de la droga que había consumido hacía un par de minutos.
-Dame todo tu dinero, bonito- me ordenó con voz atropeyada apuntando el peligroso metal a mi rostro.
Suspiré con algo parecido al cansancio pues ciertamente todo ese pequeño teatrillo me fastidiaba a morir. Lentamente saqué mi billetera y de ella tomé cada uno de los billetes que guardaba, los cuales balanceé frente a su rostro, el cual lucía como el de un perro hambriento frente a un jugoso filete.
-¿Es esto lo que quieres?- pregunté, y pareció como si fuese a dárselo. Resulta cómico, él realmente pensó que se los daría, pero lo único que hice fue lanzarlos al suelo y pisotearlos hasta dejarlos inservibles.
-¡¿Pero qué haces, imbécil?!- chilló él con todas sus fuerzas, y antes de que tuviese oportunidad de apuñalarme me lancé sobre él y le quebré el cuello.
Por supuesto, esa no fue la jugada más inteligente de mi parte, después de todo, una presa muerta deja de ser una presa, así que yo ya no podía alimentarme de él.
Completamente frustrado y con un hambre voraz atenazándome las entrañas, pateé su cuerpo inerte con tanta fuerza que salió disparado contra una pared. ¡Genial! Ahora tenía hambre y mal humor, lo cual no era bueno, debo añadir. Así que, con una furia muy impropia de mi persona, di un enorme salto hasta posicionarme en uno de los numerosos tejados y, desde allí, fui saltando de casa en casa hasta perderme en dirección al puerto.
Obviamente, en el puerto, yo sabía qué encontraría y, de no hallarlo, siempre podía ir a la mansión de los Hyuga, donde Neji me estaría esperando dispuesto a darme su sangre. Oh, mi pobre y querido Neji. Es una lástima que alguien como él hubiese nacido en una familia como aquella. Y se preguntarán, ¿quién es este tal Neji?
Hyuga Neji era uno de los herederos pertenecientes a la familia Hyuga, una Casa por demás importante no sólo por sus perfectas cualidades en cualquier cosa que hicieran sino porque, específicamente, tenían la capacidad de detectar vampiros, espíritus y cualquier otro ente sobrenatural. Eran los ojos, por supuesto, esos escalofriantes ojos blancos, los que les daban ese insuperable poder. Pero eran todos tan rectos en ese sentido... Al ser poseedores de semejante don habían llegado al punto de proclamarse a sí mismos 'genios' y no dudaban en mirar con desdén a cualquier otro ser humano o no humano que se les cruzara en el camino.
Neji, sin embargo, era un tanto diferente a los otros. Claro, en cada familia siempre debe haber una oveja negra, y Neji era precisamente esa mala hierba corrupta en el inmenso árbol. Neji me había descubierto una tarde cuando, por pura osadía (o estupidez, como quieran decirle), pasé mis horas diurnas en el sótano de su departamento. Realmente pensaba que, al verme, saldría disparado a llamar al resto de la familia o, cuando menos, intentaría exterminarme, pero ¡oh casualidades! Nada de eso. El chico había permanecido quietecito todo el día, observándome dormir, estudiándome casi y, al llegar la noche, cuando hube despertado, simplemente dijo:
-Eres un vampiro.
Así sin más. No era una pregunta sino una afirmación y yo no tuve la moral ni los deseos de discutirle así que simplemente asentí, creyendo que huiría despavorido. Ahora lo acepto, ese fue un pensamiento bastante estúpido. Lo menos que podría hacer un Hyuga, especialmente Neji, era huir. En cambio, sonrió. Tiene una sonrisa espeluznante, debo agregar, de esas que te hielan el alma por lo despiadadas que aparentan.
-Toma mi sangre- me dijo, no, más bien me ordenó.
Yo le miré con curiosidad, sumamente extrañado pero, más que todo, sorprendido. No sólo ese chiquillo me había dado una orden (¡A mí!) sino que además me observaba con tanto descaro, como si mi poder no valiera nada frente a sus ojos. No pude sino lanzarme contra su cuello, pero por supuesto, no me iba a rendir frente a él.
Le abracé con fuerza, sí, y hundí mi rostro en su cuello al tiempo que mis colmillos le acariciaban suavemente. Pude sentir como se estremecía, como su piel se erizaba y su respiración se tornaba errática. Los latidos de su corazón martillaban contra mis oídos con la fuerza de un gong chino. Sonreí con complacencia y lamí su suave y sudorosa piel. Tenía un sabor muy particular, recuerdo, y sus estremecimientos no hacían más que excitarme, de cierta forma.
-Hazlo de una vez- dijo, pero yo podía sentir su debilidad, como parecía casi derretirse entre mis brazos.
-No puedes ordenarme nada- susurré entonces en su oído, allí donde mi húmeda lengua fue a jugar.
Después de eso le solté estrepitosamente y me separé de su cuerpo. Sus ojos denotaban una furia sin igual, como si me hubiese burlado de él (lo cual resultaba ser cierto). Por mi parte tan sólo sonreí infantilmente y me relamí los labios.
-El genio de los Hyuga no tiene comparación- murmuré, y pude ver sus mejillas rojas de rabia y, ¿por qué no?, vergüenza. Más tarde descubrí que odiaba que lo compararan con los demás miembros de su familia.
Pero ese pequeño jueguito (para mí no era más que eso) me había abierto el apetito, así que decidí marcharme de inmediato. Antes de cruzar el umbral de su puerta escuché:
-Espera...- no le hice caso y continué- ¿Vas a regresar?
Sonreí levemente y desaparecí, dejándole únicamente con mi silencio.
Ese fue nuestro primer encuentro y lo único que cabe resaltar del mismo es que regresé unas tres horas después, cuando él yacía dormido sobre su cama, y me lancé sobre él sin ninguna ceremonia. Esa noche me alimenté de él y descubrí que su sangre era diferente, más apetitosa; luego simplemente tuvimos sexo, una, dos, tres veces, toda la noche, realmente. Desde esa ocasión nos hemos convertido en amantes ocasionales. Claro que no sólo acudo a él cuando quiero tener sexo (por más placentero que esto sea) sino también cuando necesito alimentarme o simplemente para mirarle. Neji es jodidamente apuesto así que observarlo no me supone un martirio, al contrario, y de todas formas me gusta mirar.
Y bueno, esa es la historia que comparto con él. Ah, sí, lo olvidaba. La razón por la que me permitía acercame a él y beber su sangre era porque deseaba que lo convirtiera en un vampiro como yo. Obviamente no haría realidad ese deseo, pero no estaba mal darle esperanzas, después de todo podía ser que algún día lo hiciese.
Pero me desvío de la idea inicial.
Aquella noche, luego de haber perdido a mi víctima, me dirigí al muelle de la ciudad (sí, la ciudad tenía un muelle aunque muy poco usado). Allí no tardé en encontrar a otros descuidados seres humanos de los cuales me alimenté rápidamente. Es bastante fácil si lo ves desde mi perspectiva: apareces de la nada, los inmovilizas y ¡zas!, ya son tuyos para siempre. Una verdadera delicia... Esa noche (de luna llena, lo recuerdo bien) probé dos exquisitos especímenes de maldad pura. Narcotraficantes, sí, aunque el otro, además, era proxeneta. ¿No resulta hilarante la cantidad de escoria que se puede encontrar con tanta facilidad?
Entonces, luego de haberme alimentado y de nueva cuenta en paz con el resto del mundo, un ruido demandó mi atención. Se trataba de una embarcación pequeña que zarpaba silenciosamente (no lo suficiente como para evadir mis desarrollados sentidos pero no le pidamos mucho a la tecnología). A todas luces se trataba de un pequeño yate, todo blanco, con brillantes letras rojas que rezaban: 'Shukaku'.
Lo que llamó mi atención no fue realmente la belleza del pequeño barco o la forma sigilosa en la que descendían sus ocupantes. Lo que verdaderamente me dejó sin aliento fue la persona que desembarcó a lo último. Era... Era ¡impresionante! Créanme, cuando un vampiro que ha vivido más de trescientos años dice que algo es impresionante, definitivamente lo es, y yo nunca había visto a alguien como él. Sobre mi sexualidad, sólo si preguntan, no es algo que mantenga en secreto. Una vez has vivido más de un siglo viene a importarte poco si te vas a la cama con un 'él' o con una 'ella' siempre y cuando sea un 'alguien' y ese alguien esté respirando.
Y, en definitiva, se trataba de un ser humano hermoso, bellísimo, encantadoramente escalofriante. Sus ojos eran de un color azul impactante, aunque más que su color era su mirada lo que impresionaba. Tenía, allí entre todos esos humanos, una mirada asesina, y las negras ojeras alrededor de sus ojos no hacían sino aumentar esa sensación. Su cabello era rojo cual sangre y brillaba bajo la suave luz de la luna. Su piel era pálida, excesivamente blanca, y su rostro era innegablemente atractivo a pesar de su exótica rareza. Lo que más me gustó de él fue el kanji en su frente (sí, yo sabía lo que era un kanji, mucho mejor, yo podía entenderlo) que significaba 'Amor', Ai en japonés. Además de eso, sólo cabe resaltar que no poseía cejas y que debía tener, aproximadamente, unos veinte años.
Sí, era joven y apuesto, condenadamente sexy, con una actitud fría y seria y un rostro estoico y sin emociones.
Él era de esa clase de gente que mira a los demás por encima del hombro, que no le interesa pisotear a los que están a su alrededor porque los ve meramente como basura y, aún con toda su arrogante actitud, era de esos que enamoraba a primera vista. Yo, por mi parte, tal vez no lo "amaba" pero sí que lo deseaba... Todo mi cuerpo vibraba ante su visión, y de pronto me vi a mí mismo siguiéndole con mis negros ojos. Unos autos habían llegado y él se había montado en uno de ellos. Entonces había desaparecido...
Bueno, realmente no desapareció, porque le seguí inmediatamente después.
Y es entonces cuando el vampiro se da cuenta de que los Hyuga no son los únicos seres peligrosos para nuestra raza.
Especialmente, para mí, ese pelirrojo resultó representar mi mayor peligro.
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Continuará...
N/A: Bueno (que emocion!!), este es el segundo capi! Espero que les haya gustado! Ja ne!! Muchos besitos y cuídense!!
