Cotidiano
I
Acostada sobre su cama Judy miraba al techo con desinterés, una familiar melodía sonando en sus auriculares. Con las manos detrás de la cabeza bostezó ligeramente mientras se preguntara cual de las opciones, entre ver televisión y leer un libro, le produciría menos sueño.
En ese momento el cerrojo de la puerta del apartamento se abrió, el diminuto sonido percibido por sus grandes orejas. Risueña, se sentó en la cama y se arqueó pesadamente antes de levantarse y salir en dirección a la sala. Se detuvo a un par de metros de la puerta en lo que esta se abría, mostrando a un cabizbajo y notablemente cansado Nick frotándose el cuello, su cola arrastrándose por el suelo. No fue hasta que se dio vuelta para poner seguro tras de sí, suspirar y girarse nuevamente que notó a la coneja frente a él. Y como era de esperarse, no pudo evitar reírse al verla con los brazos extendidos, mas aun cuando ella misma no era capaz de mantener el rostro serio.
-En serio Zanahorias? -Dijo Nick, arrojando las llaves con maestría hacia la mesa. -Cada vez que llegue tarde?
Judy no respondió, moviendo los dedos de forma invitadora.
-Solo fue un poco de papeleo. Sabes lo dramático que puedo ser. Podría patrullar toda la noche, créeme.
Nuevamente una invitación con los dedos.
-Vas a durar ahí toda la noche si no te hago caso, verdad?
Dándose por vencido Nick rodó los ojos y sin oponer resistencia camino hacia Judy, se arrodilló y se dejó envolver en su abrazo. De inmediato la rodeó con fuerzas y como todas las noches en las que llegaba desanimado (no importa si lo mostrara o lo disimulara, ella siempre sabia) se dejó desplomar encima de ella, olvidando lo mal que se había tornado su día y sintiendo, por primera vez desde que se levantó, que todo iba a estar bien.
Judy cerró los ojos mientras lo sujetaba con la impresionante fuerza que pocos sabían que tenia. Le pasó los dedos por el pelaje del cuello mientras se mecía de un lado a otro suavemente. En lo que debió ser un minuto completo en el que ambos estuvieron entrelazados no paraba de sonreír al escuchar la cola del zorro golpeando el piso con ánimos. En ese momento Judy se recordó de cuando se dio cuenta de lo mucho que un simple abrazo significaba para Nick.
En aquel entonces no había pasado ni un par de meses desde que estaban viviendo juntos y sus rutinas (para alivio de ambos) se mesclaron de forma tan perfecta que aquello parecía destinado a ocurrir. En un par de días ya no podían imaginarse viviendo de otra forma, aprendiendo paso a paso las costumbres y hábitos del otro, y fue uno de los hábitos de Judy que los llevó a tener aquel simple ritual.
Aquel día en particular Nick tuvo que trabajar hasta tarde y, aunque tuvo curiosidad, Judy nunca le preguntó cuál había sido el motivo pues su aspecto al llegar, apático y distante, le bastó para saber que no había sido algo de su agrado. Aquella imagen que vio de su compañero genuinamente le había roto el corazón y la empatía dentro de ella la obligó a actuar. Sin pensarlo mucho y recordando como su madre hiso lo mismo con ella cada vez que los días de la escuela habían sido difíciles, Judy se acercó a Nick, se paró en la punta de los pies, lo rodeó con los brazos y antes de que pudiera reaccionar le dijo con dulzura No te preocupes Nick, todo va a salir bien.
Judy tuvo en mente abrazarlo por un par de segundos pero al sentir los brazos de Nick arroparla como si su vida dependiera de ello supo que eso no era una opción. Estallando en risas aquella primera vez, rápidamente se tornó seria al escuchar las únicas palabras que Nick dijo aquella noche. Gracias Zanahorias, gracias.
Y con eso para Judy no faltó más. Cariñosa tras haber crecido en un hogar lleno de hermanos, abrazar a Nick para alentarlo cuando un día no le iba bien se convirtió en una necesidad y casi siempre le era imposible dormir sin haberlo tenido en sus brazos para consolarlo. No importaba la hora ni cual había sido el motivo para llegar tarde y desanimado, la coneja simplemente lo esperaba con los brazos abiertos y una cálida sonrisa. No bastaba mas.
Volvió a la realidad cuando Nick terminó el abrazo. Se quedó mirándola fijamente a los ojos por varios segundos y Judy tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no volver a abrazarlo por el simple hecho de que aquella mirada la llenaba de esperanza y alegría.
-Como te sientes Nick? -Preguntó por fin, con disimulada confianza y una picara sonrisa.
El zorro rio en voz baja. -Ahora mismo Zanahorias, estoy mejorando.
Judy sonrió y tomó la pata de Nick en la suya -Me alegra escucharlo. Quieres hablar al respecto?
-Solo si tienes tiempo? -Preguntó Nick. Judy le saco la lengua en respuesta a lo irrelevante que era aquella pregunta. Siempre tendré tiempo para ti Nick, no actúes como si no supieras algo tan elemental.
Aquella invitación, que antes ninguno de los dos podía hacer, era la mejor forma en la que el día de Nick podía terminar. Dejándose llevar caminaron hacia el mueble, donde se desplomaron y, como en otras ocasiones, hablaron de su día a día, como les fue, como se sintieron, que cosas pasaron... No importaba si hubiesen estado al lado del otro cuando algunas ocurrieron, lo importante para ellos era poder hablar y tener alguien que les escuchara, que se riera con (o de) ellos, los abrazara, les sonriera y cualquier otra cosa que no les hiciera sentir solos. Eso era lo importante por ahora.
Fin.
