¡Holas!
He vuelto prontico XDD. Iba a dejar pasar un poco más de tiempo porque viendo los reviews, que han sido poquitos en comparación con mis otros fics de DN, pues no estaba segura de que el fic hubiera gustado. Pero bueno, sé que la gente se anima más a dejar reviews con los one shot que con las historias por capítulos, así que bueno, aquí estoy. La verdad es que tengo muchas ganas de que leáis el final del fic XDDDD a ver qué os parece. Ah, por cierto, ya lo he terminado XDD, al final tiene 7 capítulos, pero muy cortitos, así que ya lo iré subiendo según vea yo el interés que tenéis jejeje.
Salvo lenguaje vulgar y alguna insinuación no hay nada que advertir. Bueno sí, mi estilo de humor es muy absurdo XDDD (cosa que se acentúa en los últimos capítulos) pero este cap todavía mantiene coherencia XDDD.
Sin nada más, espero que os guste.
Capítulo 2: Gimnasia para torpes.
Eran las seis de la mañana cuando sonó el despertador. En pleno sueño, Matt murmuró algo y se dio la vuelta, ignorando el sonido. Normalmente Mello no ponía la alarma tan temprano por lo que apenas era consciente de que estaba sonando.
El otro chico se levantó de inmediato aunque con bastante sueño. Encendió el monitor y comprobó que, como era lógico, Misa y Mogi aún estaban dormidos. Dejó programado el grabador para que grabara mientras estaban ausentes. Estaba seguro de que cuando volvieran, aún seguirían dormidos, pero era mejor dejar grabando el aparato por si acaso sucedía algo y así podrían comprobar lo ocurrido al regresar. Levantarse a esas horas era la única forma de poder estar más o menos seguros de no perder algo interesante.
Viendo que Matt no tenía intención de levantarse, acudió a su cama para despertarlo.
- Vamos, hora de levantarse y hacer ejercicio.- dijo Mello, destapando al pobre muchacho que se encogió por la desagradable sensación de frío repentino.
- Joooooo. Sólo te ha faltado la trompeta para tocar diana como los que hacen el servicio militar.- protestó el aludido.- ¿Pero qué hora es?- miró el despertador con ojos somnolientos.- Coño, Mello, las seis de la mañana, ¿¡estás loco!?
- Deberías agradecer que estoy sacrificando mis horas de sueño por acompañarte.- dijo Mello, sabiendo que si no iba con Matt intentaría engañarle pasando el tiempo en alguna cafetería.
- Uhhh.- se quejó el castaño, sentándose en la cama, bostezando y desperezándose.- No creo haberme levantando tan temprano en toda mi vida.
- Vamos, vístete rápido.
El sonido del estómago de Matt respondió por sí mismo.
- ¿Así?, ¿sin comer ni nada?, ¿tú quieres que me muera?
- Ya he preparado café. Pero nada de comer porquerías, ¿de qué serviría entonces todo esto?- dijo Mello, mordiendo su recién empezada tableta de chocolate, la primera del día.
Matt fue a servirse el café aún en pijama, mirando con ojos golosos la tableta de Mello.
- Eres cruel. No me dejas comer porquerías y te pones a comer chocolate delante de mis narices.
- ¿Desde cuando te llama la atención el chocolate? Que yo recuerde no te he visto comerlo nunca.
- Me llama la atención desde ahora mismo que me prohíbes comer porquerías. ¿Pretendes que sobreviva con un triste café todo el día?
- Deja de protestar. Si te portas bien luego te dejaré comer algo.
- Joder, ni que fuera un perro…
Quince minutos después, los dos jóvenes estaban en la calle, preparados para la acción. El rostro de Matt mostraba la misma excitación que si estuviera en un entierro.
- ¿Y qué se supone que vamos a hacer?
- Footing. Venga, ¿has calentado ya los músculos?
- ¿Calentar? Lo que estoy es helado de frío, no se me calentarían los músculos ni aunque los metiera en agua hirviendo.
- Debes estirarlos al menos un poco, luego si no te darán agujetas o podrían darte calambres.
- Jo tío, pues sí que es peligroso esto.- dijo Matt, atemorizado por todas aquellas contraindicaciones.
Imitó los movimientos de Mello. ¿Se suponía que haciendo aquello no tendría ni agujetas ni calambres? Más le valía evitar cualquier tipo de percance pues estaba seguro de que, viendo lo en serio que se lo había tomado Mello, daba igual que se hiciera un esguince o lo que fuera que lo tendría allí al día siguiente a la misma hora.
- Vamos. Un, dos, tres. Un, dos, tres.- dijo Mello adelantándose a Matt, esperando que éste le siguiera.
El chico le siguió sin saber muy bien cuánto tiempo se suponía que estarían corriendo. Al menos Mello no iba muy rápido y le era fácil seguirle el ritmo. Habían girado al final de la calle cuando Matt ya notaba que empezaba a sudar y acalorarse. Al menos había una cosa buena, no tendría frío.
Se dio cuenta de que estaban yendo por la calle de atrás, así que supuso que el recorrido se trataba de darle vueltas a la manzana. Tenía miedo de preguntar a Mello cuántas vueltas se suponía que debían dar. Aún no habían acabado la primera vuelta y ya se estaba retrasando respecto a su compañero. Vio que Mello le estaba esperando en el portal del edificio. Era la primera vuelta y ya estaba cansado, pero no iba a admitirlo, sería demasiado patético. Veía a Mello cada vez más cerca y esperaba poder descansar un poco antes de continuar, sin embargo, en cuanto alcanzó el lugar, Mello siguió corriendo sin dejarle parar.
- ¡Oye!, ¡qué pasa!, ¿tú descansas y yo me jodo?- se quejó Matt.
- Es que he llegado antes, haber seguido mi ritmo.
- ¿Y crees que no lo he intentado?- dijo Matt, jadeando.- Tú siempre sacabas sobresaliente en gimnasia y yo sólo suficiente, no estamos al mismo nivel…
Mello vio que el pobre chico estaba sudoroso y tenía la cara roja. Se le veía respirar con dificultad. Asumió que debía ser más comprensivo si quería que todo aquello funcionara. No podía pedirle milagros a alguien como Matt en el primer día.
- Está bien, te dejaré descansar. Sólo cinco minutos, luego tendrás que dar cinco vueltas seguidas hasta dejarte descansar otra vez.
- ¿Cinco vueltas?- exclamó Matt parpadeando repetidamente sus ojos abiertos por la sorpresa y el horror.- ¿Cuántas vueltas se supone que debemos dar en total?
- Mmmm, hombre, está claro que iremos subiendo el número poco a poco, pero la idea era llegar al menos a cincuenta…
- ¿CINCUENTA?- gritó Matt.- Definitivamente quieres matarme y no sabes como hacerlo sin que resulte sospechoso.
Matt decidió sentarse en el escalón del portal. Si tenía cinco minutos para descansar, mejor sería aprovecharlos. Se sacó el paquete de tabaco del bolsillo y encendió un cigarrillo.
- ¿Pero qué coño haces?- replicó Mello al verlo aspirar profundamente, disfrutando de la calada.
El humo expulsado fue dirigido a la cara de Mello.
- Fumar.
- Ya veo.- tosió Mello, apartando el humo de su cara con la mano.- ¿Te parece lo más razonable mientras haces ejercicio?
- Bueno, es que ahora estoy descansando, no estoy haciendo ejercicio. Además, antes con las prisas no me dejaste echarme el cigarrito del desayuno con el café…
Un manotazo acabó con el placer de Matt en el suelo, siendo aplastado por el pie de un rubio rabioso. Lo cogió del brazo e hizo que se levantara para proseguir con el ejercicio, empujándolo en la dirección que habían tomado antes.
- ¡Cabrón! Me lo has tirado entero y encima todavía no han pasado los cinco minutos.
Mello tuvo que esperar diez minutos a que Matt terminara la segunda vuelta. La quinta vuelta nunca llegó. Al no haberle dejado descansar tuvo que seguir con la tercera vuelta de continuo. Mello volvió a llegar con adelanto al punto de partida y, viendo que pasaba el tiempo y Matt no llegaba, decidió ir en su busca. Lo encontró al final de la calle, ya torciendo la esquina que encaminaba con la última recta. El chico ya no corría, sino que iba arrastrando los pies mientras con una mano se agarraba a la pared y con la otra se aprisionaba el costado.
- Mello, me voy a morir. Tengo un dolor aquí en el lado que no me deja respirar.- dijo como enfermo en lecho de muerte. Se dejó caer y Mello tuvo que sujetarlo.
Comprendió que tal vez hubiese sido suficiente por el momento. Tampoco quería causarle alguna lesión y debía estar en condiciones para seguir al día siguiente. Estaba seguro de que poco a poco conseguiría ir dando más vueltas cada vez. Mirándolo por el lado positivo, mejor era aquello que quedarse todo el día en el sofá.
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Al día siguiente, como bien había aventurado Mello, Matt tenía agujetas. Había hecho el calentamiento tal y como le había indicado, pero no parecía suficiente para evitar esas molestias.
- Ay, no puedo moverme.- se quejaba Matt, intentando levantarse de la cama.
- Venga ya, no seas quejica, tampoco será para tanto.- apremió Mello.
- En serio, no puedo levantarme. ¡No me responden las piernas!, ¿me habré quedado paralítico?- dijo Matt que, sólo apoyar las piernas en el suelo ya le resultaba doloroso, mucho más el intentar ponerse en pie.
Consiguió hacerlo, aunque tambaleándose un poco, al igual que consiguió dar un par de pasos, acompañados de lamentos que bien parecían debidos a caminar sobre brasas encendidas. Al tercer paso, las rodillas dejaron de responder y se cayó en la cama.
- ¿Ves? No puedo…- dijo Matt.
La cara de preocupación del joven hizo que Mello reconsiderara la propuesta. Matt no estaba fingiendo. Realmente estaba muy bajo de forma como para, con un simple par de vueltas a la manzana, haber acabado en un estado tan lamentable.
- Bueno, no pasa nada. Lo dejaremos por hoy. Mañana ya estarás mejor y podremos seguir.
- Eso espero.- murmuró Matt, deseando que aquella horrible sensación pasara cuanto antes.- ¿No hay nada que alivie esto?
- Mmmm, ahora que lo dices… Creo haber oído que el azúcar alivia las molestias.
- ¿En serio?- los ojos de Matt, antes lastimosos, ahora brillaban impacientes.
Estaba tumbado en la cama, como no podía ser de otra forma ya que apenas podía levantarse, y Mello estaba sentado junto a él mordiendo su inseparable chocolate. Dejó de hacerlo en cuanto distinguió la extraña mirada de Matt fija en él. Se quedó quieto un momento intentando averiguar qué era exactamente lo que miraba, no estaba muy seguro si era el chocolate o su boca…
- A lo mejor el chocolate me alivia, ya sabes que tiene mucho azúcar…- sugirió Matt.- Y así mañana podré correr mucho mucho porque ya no tendré agujetas…
Mello desplazó la tableta a un lado. Efectivamente, lo que imaginaba. Matt no miraba el chocolate de la tableta sino el que tenía en su boca. De forma traviesa se inclinó cerca de él, haciendo que pudiera ver con más claridad el chocolate que cubría sus labios. Matt se quedó mirándole, abriendo la boca un poco.
- Me parece que con esto no será suficiente.- dijo Mello, relamiéndose, limpiando cualquier rastro.- Si quieres te doy una onza, ¡pero nada más! Te recuerdo que estás a régimen.
Partió un cuadrado de su tableta y se lo metió en la boca a Matt, quien se quedó bastante decepcionado por el desenlace. Mello se levantó y, seguidamente, Matt se dio la vuelta dándole la espalda, masticando el chocolate.
- Soy patético…- murmuró como si hablara para sí mismo, pero en tono suficiente como para que Mello lo oyera. De hecho, sabía que Mello estaba oyéndole porque había escuchado sus pasos detenerse.- Si te casas algún día con Near lo entenderé. Pero por favor, no me invites a la boda, primero porque no lo soportaría y segundo porque, para entonces es probable que esté tan gordo que no cabré por la puerta y será necesaria la intervención de los bomberos para poder sacarme…
Mello puso los ojos en blanco, pero no dijo nada al abandonar el dormitorio. Otra vez Matt y su manía persecutoria con Near. ¿De dónde había sacado todas aquellas ideas?, ¿a qué venían esos celos? Al principio pensaba que lo decía en broma pero tanta insistencia ya hasta se hacía molesta.
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En otro lugar…
- ¡Atchís!- Near se limpió la nariz y se tapó los oídos tratando de amortiguar el pitido constante.- ¡Rester!, este antigripal es una mierda. ¡Cómprame otro más fuerte!
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¿Qué os ha parecido? Espero vuestros comentarios, ¿eh? No seáis malos conmigo, que los reviews no cuestan dinero XDDD.
Por cierto, creo que ya está claro que Matt va a seguir estando celoso durante todo el fic y que Near siempre hará aparición estelar al final XDDD. Admito que escribir la parte de Near es casi mi favorita XDDD.
Pos eso, espero comentarios, críticas, lo que sea XDDD.
Besitos
Ak
