2. Zarin Krum

Zarin Krum pensaba que su hijo se recuperaría rápidamente de la decepción causada por Hermione Granger, era un chico fuerte, así lo había criado, claro que él mismo, durante sus años en el colegio hubo desarrollado la perseverancia, la valentía, la fortaleza, todas las características de un ganador. Sin embargo, no era exitoso en aspectos simples de la vida como socializar o en lo amoroso. Muchos le consideraban un ser tímido, aislado, misterioso.

Con su cuerpo desarrollado como el de todo un hombre, atraía la mirada de toda clase de mujeres, que ocasionalmente le eran presentadas, pero con igual rapidez rechazaba. En su pueblo natal, ubicado en la provincia de Sliven, no se hicieron esperar los rumores sobre sus "preferencias", era extraño que al convertirse en un afamado jugador, cuyas fotos aparecían en las portadas de los periódicos nacionales y extranjeros y cuyo nombre se iba convirtiendo en leyenda tras sus increíbles juegos de míticos pases y acertadas estrategias…no tuviera novia o siquiera un compromiso. Escandalosos comentarios molestaban a su madre: ¿será gay?, una escuela de varones es sospechoso, ni una cita en toda su vida, se la pasa despreciando a cada mujer que le ponen enfrente, es una vergüenza para su familia. Eso y más soportaba Zarin, que a regañadientes se alegró cuando su muchacho le informó en una nota que se sentía atraído por una inglesa unos años menor que él, pero la describía de tal manera que incluso ella, tan apegada a las costumbres de su pueblo, aceptaría a la tal Hermione Granger (que complicado le parecía pronunciar ese nombre) sólo por ser voluntad de su hijo. Aceptaría que se hablará mal de él al despreciar a las chicas locales con su exótica belleza, que a pesar de las condiciones económicas se mantenían optimistas y siempre tenían una sonrisa en el rostro. Algunas la halagaban, le llevaban platillos, exquisitos tejidos, platicaban largas horas con ella, pero sus intentos eran vanos, aunque bien agradecidos, Viktor estaba enterado de los mismos, pero no les daba demasiada importancia, a lo mucho solía brindarles una amable sonrisa cuando llegaba a descansar durante las vacaciones o después de los largos torneos a los que asistía.

Al ver por primer vez a la castaña no le pareció impresionante, comparada con las mujeres de su patria, podría considerársele fea, pero resultó ser sumamente inteligente y amable, claro tenía que compensar su carencia de sangre mágica y su poco agraciado aspecto. A diferencia de Viktor podía hablar durante horas, sin que la pudieran callar.

No se alegró cuando él le anunció el compromiso, su instinto maternal le sugería que la chica tarde o temprano lo traicionaría, se lo advirtió, pelearon, pero al final cedió, pues él amenazó con alejarse de su vida, de sus costumbres, de su gente, si ésta no aceptaba a la que sería su futura esposa. Trato de sobrellevar la noticia, de hacerse a la idea, pero pudo ver las señales, esas que eran invisibles a los ojos de Viktor, por estar ciegamente enamorado. Cuando se lo sugirió, él se negó a creerlo, ¿quién podría interesarle?, su madre hería tanto su virilidad como la reputación de quien sería su nuera; así que dejó de hablar con él sobre el tema, busco una fuente más confiable: una gitana.

La misteriosa mujer recibió unas cuantas monedas doradas, a cambio de una predicción sobre el futuro de Krum, los resultados no fueron halagadores, se veía venir el llanto, la frustración y luego la ira.

-Mi consejo- comentó la adivina- que se alejé de esa chica, de lo contrario, tanto él como todos los que le rodean padecerán las consecuencias. No es algo que le diga con frecuencia, ellos son como agua y aceite, porque hay una fuerza, proveniente de alguien que los separará, ¿conoce a alguna persona involucrada con la chica?

-No, suele ser discreta, no he tratado lo bastante, pero mi instinto me dice que no es la indicada, mi Viktor se niega a verle defectos.

-Si logran casarse y procrear pronto, serán felices. Asegúrese de ello, así nadie les separará.

Lo cual no sucedió. Como madre le insistió en que volviera a su tierra natal, él se negó diciéndole que encontraría bien, ella le hizo saber que le creía, sin embargo, dejó a una persona: Tom, el portero del Caldero Chorreante cerca para que pudiera informarle del estado de su hijo, e hizo bien, cada semana, sin falta, recibía un pergamino detallado. Al principio le parecía normal que él se metiera en problemas, sentía impotencia; que tuviera alguna pelea o borrachera ocasional estaba iracundo y necesitaba desahogarse, pero cuando se tornó en costumbre la violencia excesiva, junto con la irresponsabilidad, aunada a la más reciente carta:

Señora Krum:

Ya estoy harto de su hijo y sus "aventuras" que nos llevan noche tras noche al Callejón Knockturn, ya le he contado de la fama de ese lugar, el tipo de brujas que se pueden encontrar y con las que su amado hijo se emborracha (puede imaginarse qué más hace), ya no es el joven respetado y admirado. Las personas decentes se apartan de su lado; es descuidado con su aspecto, porque se la pasa borracho la mayor parte del día; se enfrasca en peleas estúpidas por apostar y así podría seguir, pero no tiene remedio. Me veo en la necesidad de pedirle más dinero si es que quiere asegurar su seguridad.

Tom, "El portero"

Decidió actuar, de la manera que le pareció más apropiada: visitándolo.

El viaje en tren fue sumamente placentero, el paso por los paisajes nublados le recordaba aquellos lejanos paseos que realizaba con Viktor su marido Vladimir, que había muerto aún cuando su hijo era pequeño, pensaba en ocasiones que la figura paterna pudo haberle faltado a su primogénito; no sabía si eso contribuía al actual comportamiento de su hijo, pero no podía más que sentirse culpable. Aunque el tal Tom le había parecido un exagerado, un oportunista, pero ya lo vería por su propios ojos.

Arribó a la estación de Hogsmeade, desde allí caminaría. Recordaba el pequeño pueblo, sus callejones adoquinados y los puestecillos apretados fuera de los locales polvosos, los cuales convivían al lado de grandes edificios que parecían estar a punto de derrumbarse con el primer soplido del viento. Todo ello le parecía caótico, pero al mismo tiempo capturaba su atención.

Llevaba una pequeña maleta y su bolso de mano, no necesitaba más. Estaba oscureciendo, lo cual significo llegar a un Caldero Chorreante sin portero, ya que estaba cuidando a Viktor.

Mientras ella se instalaba en una especie de lobby, espero con paciencia, se puso a tejer a la luz de la chimenea. Pasada la media noche escuchó un alboroto en la entrada, y allí los contempló. Un hombre flacucho lidiando con un fortachón, necio, reclamándole al otro por sacarlo del juego de cartas, lanzó algunos insultos en su lengua natal que ella reconoció, así se hizo notar.

-Qué par tan encantador- se levantó y se acercó a ellos, era triste lo que iba contemplando a medida que se acercaba a Viktor, moretones, manchas de sangre, la ropa rasgada, la mirada perdida, aliento alcohólico. Se le hizo un nudo en la garganta, pero en ese momento ella tenía que ser la fuerte.

Miró de reojo a Tom, que también ofrecía un aspecto lamentable al meterse en las peleas de Krum, algunos rasguños, ojeras a causa de los continuos desvelos, y por si fuera poco el joven lo trataba como su sirviente personal.

-Ayúdame a llevarlo a la habitación- Viktor no ofreció resistencia, porque estaba cansado y porque entre su sueño le parecía oír una voz femenina, en especifico la de su madre, alguien lo sostenía con unos brazos delgados, reñía con Tom, sobre el no avisarle antes de la "situación", los ignoró. Lo siguiente que escuchó fue la puerta abrirse de un golpe seco. Vislumbró el cuarto desordenado, la cama le parecío tan apetecible, no le importó que lo observaran, se lanzó sobre ella, murmurando algo que sólo él entendió, pero que se relacionaba indudablemente con Hermione Granger y se quedó dormido.

Tanto Zarin como Tom salieron de la habitación, el delgaducho portero, lamentó no poder darle de beber el brebaje que preparaba especialmente para que Viktor no sufriera los efectos del alcohol al día siguiente.

-Por la mañana se sentirá muy mal, físicamente; cuando eso suceda me alegraré de que se encuentre aquí. Seguro que no es una casualidad su presencia, pero me alegro, traté de hacer algo por su hijo.

Había acercado una silla mecedora, en la cual se sentó no se balanceaba, porque el ruido podría despertar al joven dormido, lo único que necesitaba era un espacio en el cual reposar, y vigilar a su hijo. Rechazó la idea de Tom de preparar una poción revitalizadora para darle de beber, quería darle una lección, después hablaría seriamente con Viktor, se tomarían decisiones.

Recién amanecía, cuando abrió las roídas cortinas, con toda la intención de que los rayos golpearan los ojos, de que el calor masacrará su cabeza, de hacerlos sentir indefenso, y lo logró. El cuerpo acostumbrado a tomar de la desordenada mesita, no encontró ninguna copa cuyo revitalizante contenido detuviera el dolor que se extendía por el cuerpo, ningún fomento que redujera sus moretones; peor aún una botella nueva o empezada de algún licor que le hiciera olvidar a Granger.

-Estúpido- comenzó a murmurar- ¿crees que no voy a encontrar una botella?, cuando lo haga, la beberé y después te la voy a reventar en la cabeza ¿me oyes?- estaba exaltado, buscó los zapatos, necesitaba beber algo, la garganta estaba seca, los ojos llorosos, la mente nublada. Tuvo que esforzarse para interpretar lo que escuchó.

-¿He de suponer que a mí también me vas a golpear?, finalmente yo le ordené al buen Tom que no te atendiera, tenía curiosidad por verte en decadencia. Ahora que lo he logrado, no voy a ponerme a llorar, si lo hiciera, no sería una buena madre; tampoco voy a pasar por alto todos tus deslices, sería una consentidora, tú un malcriado, y en nuestra familia no somos así, te hice un hombre Viktor y es lo que quiero que vuelvas a ser. De Granger me encargo yo.