2. Un nuevo comienzo
Chicago
Candy se despertó temprano esa mañana, a diferencia de muchas otras que se quedaba dormida. Tenía muchas de cosas que hacer. Primero acompañaría a Annie a recoger su vestido de novia, luego pasarían por el restaurante para concretar los últimos detalles del banquete y por último a trabajar en la clínica. Sería un día duro aunque ella se sentía feliz. Su mejor amiga, su hermana del alma se casaba.
De un salto se levanto de la cama y fue directa al baño, tenía que estar lista en media hora.
Candy seguía viviendo en aquel pequeño apartamento que en un día compartió con Albert, ahora él ya no era su compañero de piso. Sus numerosos compromisos y negocios como cabeza de familia de los Andrey le habían obligado a trasladarse a la residencia familiar.
Aún así, Albert visitaba a Candy continuamente, le gustaba pasar tiempo con ella, era la única persona ajena a ese mundo de falsos ricos y apariencias que tan poco le gustaba.
Candy trabajaba en una pequeña clínica a las afueras de Chicago, ella era la única enfermera del Dr. Robert Jackson, una eminencia en la medicina norteamericana que después de enviudar y de volver del frente decidió abrir una pequeña clínica para todas aquellas personas con dificultades económicas. Su buena posición social y su renombre como gran medico de guerra le habían hecho ganarse el respeto y apoyo de numerosas familias nobles de las cuales recibía suculentas cantidades de dinero para mantener la clínica y pagar a Candy su salario.
- ¡Candy! ¡Date prisa o llegaremos tarde a la boutique!- gritó Annie desde el rellano.
- Voy, vete bajando en un segundo te alcanzo- le respondió
- Que chica, siempre igual nunca cambiará- pensó Annie mientras bajaba las escaleras del portal, cuando se quiso dar cuenta Candy ya estaba a su lado sonriendo.
- Candy, tienes que ser más puntual con la gente, es una fea costumbre hacer esperar y tú siempre lo haces-
Annie no recordaba el momento, el día exacto en el que conoció a Candy, eran amigas desde siempre, desde que ella tenía uso de razón Candy había estado allí. Siempre la había ayudado y la había protegido. Esos eran sus roles; Candy la fuerte y valiente capaz de soportar cualquier cosa y ella la más débil, a la que había que cuidar.
- Ella siempre quiere aparentar que esta alegre- pensó Annie-
-¿Qué té pasa? ¿Llevas todo el camino como ausente? Le dijo Candy, sacándola de sus pensamientos
- Nada, es que estoy algo nerviosa por la boda, pensar que el domingo a estas horas estaré casada con Archie, nunca lo imagine
-¿Por qué no? Si estáis hechos el uno para el otro, os complementáis perfectamente, creo que sois la pareja que mejor se complementa del mundo- dijo la rubia
- ¿En serio?- dijo Annie
- Claro- Sonrió Candy
- ¿Sabes que Candy? – Le dijo su amiga entrando a la boutique
- ¿Qué?
- Archie y yo hemos decidido pasar la primera semana de nuestra luna de miel en Escocia, allí fue donde mejor nos conocimos y donde nos enamoramos, creo que nos encantara volver a recordar todos esos momentos y esta vez como marido y mujer.
- Es una idea fantástica, Annie.- La mirada de Candy se volvió triste por un momento.
- Escocia, la tierra del tartán y de la gaita, la tierra donde pase el mejor verano de mi vida...
- Candy te has puesto triste por mi culpa- dijo Annie.
- No Annie, nunca podré estar triste al recordar Escocia, fue unos momentos más felices de mi vida ¿me escribirás desde allí para contarme como esta todo verdad?
- Claro, Candy-
- Vamos pruébate otra vez el vestido, quiero ver lo guapísima que estas- le dijo Candy cambiando de tema.
- ¿Otra vez?-
- Sí Annie por favor
- Esta bien
Escocia
-Señor Grandchester estamos a punto de desembarcar. Desea que alguno de mis hombres busque un carruaje para usted- indico el capitán Sutherds.
-No gracias capitán, es temprano aún falta para que anochezca, caminare hasta llegar a mi casa
- Como quiera.
Chicago
-Annie, eres un sueño- exclamo maravillada Candy –
Y era cierto Annie llevaba un vestido blanco roto con forma medieval que se ajustaba perfectamente a su cuerpo era muy sencillo y elegante a la vez, tenia unos bordados en la parte de abajo y el cuello era en forma de pico. Como complementos solo llevaba una pequeña gargantilla al cuello y unos pendientes a juego.
-¿Le Disfrute Candy?
- ¿Lo dices en serio Annie? Si estas preciosa, Archie se va a volver loco cuando te vea - este comentario hizo sonrojar a la morena
- Bueno Candy, basta de charlas, recogemos el vestido pasamos por el restaurante para ver que esta todo bien y ya te dejo libre porque supongo que querrás descansar algo antes de ir a trabajar ¿no?
- No estoy excesivamente cansada pero me gustaría llegar antes a la clínica del Dtor. Jackson porque hoy tenemos bastantes pacientes que ver.
- Entonces vayamos rápido.
Caminando hacia la clínica Candy no podía dejar de pensar en Archie y Annie, en su boda y en lo feliz que estaba por ello…
-Stear me gustaría tanto que estuvieras aquí para ver a tu hermano casarse- pensó mientras notaba como las lágrimas comenzaban a aflorar cuando oyó que alguien la llamaba
- Candy!
- Dr. Jackson ¿También usted va temprano a la clínica?
-Claro Candy hay muchos pacientes que ver, creo que hoy será un día duro, espero que estés concienciada.
- Lo estoy Doctor- le contesto Candy con una amplia sonrisa
-Que chiquilla- pensó el doctor- siempre alegre, es capaz de arrancarle una sonrisa a cualquiera con ese carácter tan positivo. Definitivamente no me equivoque eligiéndola.
Tal y como el Doctor Jackson predijo fue un día duro y los dos siguientes también. Candy trabajaba sin descanso, sabía que había pedido el sábado libre para la boda y no quería dejarle mucho trabajo al Doctor Jackson.
- Candy ya has trabajado demasiado vete a dormir, mañana es un gran día para ti, no querrás estar cansada el día de la boda de tu mejor amiga?
-No se preocupe no estaré cansada, termino con estos medicamentos y me voy Dtor. Jackson
-Robert, Candy. Te he dicho mil veces que me llames Robert, llamándome Dtor me haces parecer todavía aun más viejo de lo que soy.
-Esta bien Robert.
La verdad es que el Doctor Jackson no aparentaba para nada la edad que tenía, parecía mucho más joven aunque Candy no sabía a ciencia cierta su edad .Rondaría los cuarenta y algo. Era un hombre varonil de anchas espaldas, con alguna que otra cana en el cabello y de tez muy morena. Se notaba que en alguna otra época había sido un hombre muy guapo y aún conservaba gran parte de su atractivo.
Había perdido a su esposa tras una larga enfermedad, después de eso decidió irse al frente en Europa como médico de guerra. Siempre tuvo la sensación de no haber hecho demasiado por su esposa y creía que en el frente podría ser más útil que en un hospital para gente de clase alta. Al terminar la guerra y con una gran reputación como médico en el campo de batalla volvió y creo su propia clínica. Una clínica altruista que siempre había soñado fundar con su esposa.
Candy deseaba que la gente rica fuesen con el Doctor Jackson y Albert. El mundo sería mucho mejor.
Escocia
-¡Por fin he llegado!. Esta todo igual, tal y como la deje ese verano- pensó para si mismo.
-Señor Grandchester, bienvenido- le indico una mujer mayor
- Oh! Señora Wonts, que alegría verla- exclamo el moreno dando un abrazo a la señora- Llámeme Terry, como siempre lo ha hecho.
-En todo caso Señorito Terry-
-Como quiera- sonrió. ¿Dónde esta Mark?
-Mark no esta en Escocia, el Duque de Grandchester se ofreció gentilmente a pagarle los estudios en el colegio San Pablo.
-Pobre Mark, con lo que le gustaba ser un pájaro libre ha terminado enjaulado- rió Terry
-No diga eso Señorito le debemos mucho a su padre, gracias a él mi hijo se convertirá en todo un señor.
-No como yo- indico Terry
-Yo no quería decir eso Señor-
-No se preocupe Señora Wonts, créame estoy muy orgulloso de haber seguido siempre (casi siempre-pensó para sí) lo que me dictaba mi corazón y no lo que mi padre quería. No quiero ser un Señor, ni un Duque, sólo quiero ser yo mismo.
-Eso es muy valiente de su parte- indicó la señora.
¿Valiente? -pensó Terry. Más de uno me llamó cobarde por renunciar a mi apellido y mi rango social. El colegio San Pablo- siguió divagando el moreno- Pobre Mark, creo que algún día iré a verle, quien sabe quizás tu también te encuentres con algún tarzán pecoso en el colegio. Sí es así espero que la cuides y que no la dejes escapar- pensó Terry recordando el único momento en el que no había seguido lo que le dictaba su corazón sino su deber moral. Cuanto se había arrepentido desde entonces.
-No viene al caso pensar en eso ahora- se dijó- Ella estará casada y quizás hasta tenga algún niño, será una buena enfermera y una mejor madre…No puedo pensar en ella, no tengo derecho...yo la deje marchar.
