Update: He hecho algunos cambios menores para que la historia fluya mejor y traté de mejorar un poco el nivel de la escritura

Descargo de responsabilidad: No poseo absolutamente nada de este grandioso universo, Code Geass: Lelouch of the Rebellion y todas sus historias les pertenecen a Goro Taniguchi, Ichiro Okouchi y estudios Sunrise.


Chapter 1: "The Beginning of a new Time"


"El Lelouch de esta línea temporal todavía existe, así que no podrás tomar su lugar… A menos claro que lo mates."

"¡Espera un minuto!" Él trató de detenerlos "¡¿Entonces cómo demonios me trajiste hasta acá?!"

"Esperamos que esta vez hagas las cosas bien Lelouch el Demonio… Porque luego ya no podrás hacer nada para corregir tus errores, ya no te entregaremos nuevas oportunidades… Hasta pronto."

El antiguo emperador los observó desaparecer en el espacio mientras su prodigiosa mente trabajaba en comprender a ese endemoniado ente.

Aún era incapaz de entender la explicación tan increíblemente estúpida por la que ellos lo trajeron a este tiempo, en serio, ¿pagar una deuda? Tal cosa sin sentido…

Sin embargo ahora, tenía la oportunidad de reparar la enorme cantidad de errores y fallos ocurridos a lo largo de su rebelión, podría incluso prevenir las muertes de las mujeres que él más había amado a lo largo de su desgraciada vida.

-Euphy, Shirley, Marry… Esta vez van a vivir para ver y disfrutar por mucho tiempo el amable mundo que voy a crear para ustedes.- Aun así, tenía que pensar en qué hacer con su yo pasado.

-¿Debía matarlo y así tomar su lugar en Ashford y como líder de los Black Knights o…?-

"Master Lelouch…" El joven de ojos violetas desvió su atención a su sirvienta quien como Lelouch había ordenado se mantuvo en silencio mientras –ellos- conversaban con él.

"Si me permite preguntarlo… ¿Quién era esa mujer?, ¿Lo que dijo era…?" Ella dejó la pregunta en el aire sabiendo que su amo le entendería.

"Esa mujer… No, eso no puede ser llamado una mujer, está muy lejos de ser una mera humana" Ese comentario desconcertó a la joven de cabello marrón.

"La definición más acertada que te puedo ofrecer sería que -ella- es la forma humanoide tomada por el Mundo de C para manifestarse en este plano existencial. En cuanto a lo que ellos dijeron, sí, es verdad." El demonio terminó su explicación a la vez que se dejaba caer sobre su cama, sentándose en el borde de esta.

"¿El mundo de C?" Ella no pudo entender la referencia, esta era la primera vez que oía sobre ese lugar… o esa cosa. Lelouch pareció entenderla porque inmediatamente decidió colocarla al día.

"Es el cúmulo de conciencias de la humanidad, allá es donde van los seres humanos cuando mueren… Podrían ser considerados como los dioses de este mundo podrido."

"L-los dioses." Sayoko parecía aturdida por aquella revelación, aunque era entendible, no todos los días ve a una deidad manifestarse frente a ella y que esa misma divinidad revelara que de alguna manera estaban en el pasado.

"Sayoko."

Ella sintió una mano tocando con suavidad su mejilla.

Era su maestro, el cual ahora estaba frente a ella, de pie muy muy cerca de su rostro, enviándole una mirada de determinación que la hacía sentir muy débil, esa penetrante mirada lograba que sus piernas temblaran como gelatina, que sus rodillas se doblaran ligeramente y que su corazón corriera a mil por hora.

"¿S-sí, m-mi lord?"

"Sayoko, pienso luchar contra Charles y Schneizel nuevamente… Y sé que no debería preguntar esto, pero lo voy a hacer de todos modos. ¿Me ayudarías a cruzar este camino lleno de sangre y muerte de nuevo?"

Cuestionó, esas palabras eran casi un susurro, pero dichas tan cerca de ella le hacían imposible no escucharlas.

Ella podía sentir su aliento golpeando con suavidad la piel de sus labios, creía que se iba a desmallar, pero ella respondería sin una pizca de duda.

"As you wish my lord"

Su señor sonrió al obtener su respuesta.

Él sabía que ella se mantendría a su lado no importa que, después de todo Sayoko había demostrado su lealtad hacia él incontables veces a lo largo de los años en los que ella le ha pertenecido.

"Bien entonces…" Lelouch se alejó unos cuantos pasos de su criada y con suavidad y la elegancia que exigía su anterior cargo extendió su mano derecha hacia ella y declaró.

"Quizás ahora no pueda significar mucho debido a que regresamos en el tiempo y ya no soy oficialmente el emperador de Britannia… pero, Sayoko Shinozaki ¿te convertirías en mi Honor Knight?"


"¿M-mi señor…?" No supe que responder.

Master Lelouch me atrapó desprevenida.

Él… él quiere que yo sea su nueva caballero de honor.

"Debido a nuestra posición actual, ese es un título sin ningún tipo de significado, más que el de expresar mi gratitud hacia ti por estos largos siete años que me diste tu lealtad y luchaste por mi bien" Él tomó suavemente mi barbilla con sus muy estilizadas, suaves y delicadas manos -para ser hombre- y me hizo mirarlo fijamente a los ojos.

Vi directamente a esos atrapantes orbes violetas, el símbolo del Geass brillaba fuertemente en ellos, dándome una sensación extraña, como si él pudiera mirar a través de mí ser por completo, como sí mi alma entera se desnudara y se entregara ante él.

"Ese cargo pasó por las manos de los más poderosos y habilidosos soldados de la historia del imperio y del mundo entero: La Capitana del Zero Squad de los Black Knights Kallen Kozuki y el Knight of Zero del Holy Britannian Empire Suzaku Kururugi… Y ahora quiero entregártelo a ti. Estoy completamente seguro que lograras hacer una excelente actuación como mi más leal caballero…"

Su voz transmitía seguridad y orgullo, haciendo que con cada palabra me sintiera cada vez más y más embriagada de él, de su esencia, de su ser.

Ya sabía que mi amo era un roba corazones desde la primera vez en que lo vi en la mansión Ashford, cuando él apenas tenía poco más de diez años de edad… pero nunca esperé que su actitud encantadora fuera dirigida a una vieja como yo.

Durante unos momentos más me mantuve apresada por su hermosa mirada, perdida en el encanto que transmitía, para luego, tomar rápidamente mi decisión y hacérsela saber a mi señor.

Di tres pequeños pasos hacia atrás, alejándome ligeramente de mi amo pero manteniéndome a una distancia alcanzable por sus largos brazos.

Inhalé aire y lo expulsé lentamente para calmar mi errante corazón y endurecer mi resolución.

Con lentitud, comencé a quitarme la el traje que llevaba puesto, deslizando los tirantes por mis brazos hasta sacarlos, para poco a poco bajar la tela y dejarla caer sobre el suelo quedándome justamente como el día en que nací, mostrándole sin un atisbo de pena a mi lord, mi cuerpo completamente desnudo, dejándole ver todo aquello que me conforma y que a la vez le pertenece.

"S-Sayoko?"

Master Lelouch se sorprendió al principio, sonrojándose fuertemente, pero casi de inmediato comprendió lo que intentaba demostrarle y se calmó.

Su mirada llena de serenidad y confianza regresó y esperó a mi respuesta.

En seguida me coloqué sobre una rodilla ante él, agaché mi cabeza y llevé mi mano izquierda al centro de mi pecho, esta era la posición típica de sumisión que un caballero de Britannia adoptaba ante su maestro.

"Master Lelouch, mi Lord, he de presentarle humildemente la totalidad de mi cuerpo físico y mi alma, junto a la inagotable devoción y profundo amor que te tengo… porque todo mi ser fue, es y será tuyo… Ahora y por toda la eternidad."


Al principio me sacó un poco de onda cuando la vi desvestirse, no es como si fuera la primera vez, pero estaba seguro que no era el momento para tal cosa…

Sin embargo al paso de unos segundos de contemplar su cuerpo y de examinar sus expresiones pude entender lo que ella estaba haciendo.

Oír esas palabras viniendo de ella hizo que el orgullo llenara mi ser, me sentía como nunca por saber que sin la necesidad del Geass o de prometer la libertad de un país pude ganarme una lealtad tan profunda de alguien tan increíble como lo es Sayoko.

Ella continuó con su discurso.

"Mi lord, cuando lo conocí por primera vez, hace siete años en la finca de los Ashford y vi el amor y cuidado que le entregabas a Lady Nunnally a pesar de tratar a los demás con una fría indiferencia, comprendí, que incluso entre los Britannian…

Entre la gente que destruyó mi tierra, que esclavizó a mis iguales y abusó de nosotros existían personas con un corazón tan grande que darían lo que fuera incluso por una niña tullida y siega como lo es su hermanita… Yo irremediablemente caí por usted."

-Ok, eso es nuevo-

"Yo les pedí a Lord Rubén y a la Lady Milly que me entregaran a usted, mi lord porque yo deseaba, no, ¡Porque yo definitivamente debía trabajar para usted! ¡Debía ser tuya…!

Y… y no me equivoqué, incluso ahora, luego de tantos años creo que tomé la decisión correcta y que aún deseo estar a tu lado, seguir tus órdenes y cumplir tu voluntad sin importar que."

Sayoko dijo con pasión impregnada en sus palabras. Y pensar que ella sería la que estuvo detrás del regalo de cumpleaños –es decir, ella misma- que me dio Rubén ese diciembre.

"Es así que, mi lord, acepto solemnemente el título de Honor Knight del más grande emperador que ha tenido Britannia."

Una enorme sonrisa se arrastró por mi rostro.

"Ya veo, no esperaba menos de ti, Sayoko." Extendí mi mano hacia ella y la ayude a colocarse de pie nuevamente.

Con lentitud me le acerqué y la tomé por sus generosas, bien formadas y hermosas caderas. Su piel tembló ligeramente ante mi tacto y se veía un poco nerviosa.

La atraje hacia mí, haciendo que su cuerpo se apretara sobre el mío y junté nuestras frentes, aún sin apartar mis ojos de los de ella

"Entonces a partir de ahora estaré nuevamente a tu cuidado." Le susurré.

"Por supuesto mi señor…" Dijo un poco embelesada por la situación.

"igualmente estaré a tu cuidado." Ella cerró los ojos y alzó su cabeza de forma expectante, ella esperaba por algo más.

"Hnn…" Ella se revolvía en su lugar, claramente inquieta, esperando por mi respuesta a su petición no hecha.

No tuve que pensar.

La decisión ya estaba tomada.

Sayoko es la única persona que ha estado conmigo a través de todo y a pesar de lo que he hecho y de incluso mi propia muerte, está aquí con migo, acompañándome.

Ella es lo último que me queda y si bien constantemente lo ignore por nuestra diferencia de edades -7 años- y por nuestra relación amo-sirviente, ella siempre me gustó bastante.

"Sayoko~"

Murmuré antes de reclamar sus labios con suavidad. Esta será una noche bastante agitada.


Lelouch fue el primero en despertarse a la mañana siguiente, él era un hombre de la mañana después de todo, estaba acostumbrado a tener pocas noches de sueño completo y aun así lograse levantar temprano sin presentar signos de insomnio visibles, dos años de barajar tu tiempo entre la guerra constante y la vida de un estudiante común dejan secuelas, por lo menos para él era una bastante útil.

Lo primero que sintió cuando salió del reino de los sueños fue el reconfortante calor que recibía a través de la piel que estaba en contacto con el cuerpo de su recientemente nombrada Honor Knight, quien se encontraba durmiendo a su lado, con sus brazos y piernas envueltas alrededor de su cuerpo y con su cabeza descansado cómodamente sobre su pecho.

Él sonrió ante la maravillosa vista, el rostro de la ninja irradiaba una alegría contagiosa y se veía más relajada que nunca.

-Ella debe estar muy exhausta-

Sayoko por lo general era la primera en salir de la cama -ya que era la encargada de preparar el desayuno y de a arreglar el apartamento- pero con las placenteras, pero agotadoras, actividades que hicieron incontables veces la noche anterior, incluso alguien tan atlética como ella, se rendiría ante el cansancio.

-Je… Creo que esas noches de ejercicio nocturno con C.C. en el palacio de Pendragon antes del Réquiem fueron útiles en algo más que liberar el estrés de un condenado a muerte-

Lelouch había comenzado a acariciar la espalda de su maid mientras estuvo perdido en sus pensamientos, era casi como una acción natural para él, había sido así con la bruja de cabello verde de hecho.

"Ummm…" Sayoko a su vez comenzaba a regresar poco a poco de la tranquila inconciencia.

Por un momento estuvo perdida en cuanto a lo que ocurría. Por lo general despertaba sin nadie a su lado y el estar abrazando el cuerpo de alguien a penas salía de su sueño la desconcertó. Sin embargo, a los pocos segundos los recuerdos de la noche anterior la golpearon repentinamente con la fuerza de un tren de carga provocando que se sonrojara fuertemente.

"Buenos días" El demonio la saludó con una sonrisa, plantando un beso sobre su frente apenas ella abrió sus ojos. "Espero que hallas descansado como se debe."

"I-igualmente mi lord, buenos días" Tartamudeó un poco, pero nunca hizo hincapié en separarse de su amo, ella se encontraba muy cómoda y no quería desprenderse de esa sensación, incluso se apretó a él un poco más.

Se mantuvieron por un rato en un plácido silencio, disfrutando el uno del otro y de la poca paz que tendrían de ahora en un largo tiempo, no obstante la japonesa sabía que esto no duraría mucho y que debían ponerse en marcha rápido.

Por lo que podía suponer –gracias a la posición del sol que se veía desde la ventana- eran cerca de las once de la mañana, era mejor levantarse pronto.

"Sire…" La joven de cabello marrón llamó a su señor sin moverse de su posición, parecía que iba a ser un poco egoísta y acapararlo por un tiempo más.

El de ojos violetas contestó con un simple 'Um?' como señal de que la estaba escuchando.

"Nosotros… actualmente nos encontramos en una situación más precaria que nuestras versiones del pasado, no tenemos a donde ir y no contamos con ni siquiera una libra imperial… y bueno…"

"Quieres saber si debemos matarlos y tomar sus lugares, ¿Me equivoco?" Lelouch teorizó, le era fácil descubrir lo que le aquejaba a su caballero, debido a que él mismo también estuvo dudando sobre qué hacer.

Ella no respondió. El antiguo asesor militar lo tomó como un sí.

"Originalmente pensé en eliminarlos, sorprenderlos con mi Geass y enviarlos a -dar un viaje sin retorno-…" Confesó.

Sayoko asintió, era algo bastante lógico, el tomar el puesto de los Lelouch y Sayoko de esta línea temporal les aseguraría fondos, un lugar seguro para vivir y lo más importante, los futuros Caballeros Negros.

"Pero…"

Por supuesto, el Lelouch-sama que ella admiraba siempre analizaba todos los escenarios y elegía el mejor de ellos para trabajar.

"Luego lo pensé mejor, quiero decir, si él y yo existimos al mismo tiempo podremos hacer avanzar las cosas más rápido, y apoyándonos mutuamente resolveríamos los problemas que por mí mismo no era capaz. Hacer caer a Britannia será mucho más fácil." Declaró jugando esta vez con el sedoso cabello de su Knight.

"¡Pero mi lord nuestras identidades!"

Sayoko replicó alarmada, dejar con vida a sus versiones pasadas implicaba que se limitarían socialmente debido a sus inexistencia legal… claro, con el poder de su amo podían arreglar este pequeño problema, sin embargo, aún estaba el detalle de que su amo ya no sería Zero así que ¿Cómo harían para amasar un ejército entonces?

"Oh, no te preocupes por eso Sayoko." Su maestro le acarició suavemente la mejilla con uno de sus dedos.

"Creo que debería agradecerle a Charles Zi Britannia por jugar con mi mente después de la Black Rebellion."

La -súper-maid- le envió una mirada sorprendida a su señor ante ese comentario "Master Lelouch?"

Para su pesar, el demonio de ojos violetas se rió de su estupor. "Sayoko, creo que deberías dejar de llamarme así."

Ella fue a objetar pero su señor fue más rápido y la detuvo con un corto beso antes de explicarse a sí mismo.

"Voy a adoptar la figura que Charles creó para mí luego de que Suzaku me entregara a él. Desde este momento dejaré de ser el nonagésimo noveno Emperador del Holy Britannian Empire Lelouch Vi Britannia, ahora seré…"


Dos meses y medio después: Capital del Sagrado Imperio de Britannia, Pendragon.


Guinevere De Britannia se sentó tranquila en su despacho ubicado en la Leo Imperial Villa.

Estaba bebiendo una copa del más caro vino que se producía en los viñedos de la patria, degustando el ligero sabor dulce que este dejaba como rastro sobre sus papilas gustativas dignas de la realeza, así como disfrutando el efecto calmante que el alcohol le entregaba a su cuerpo.

La María Antonieta de Britannia en realidad estaba intentando pasar el mal sabor de boca que le había dejado esta estresante jornada llena de lambe botas y besa culos de la nobleza en general, quienes intentaban de alguna forma u otra concretar un acercamiento con ella, ya sea ofreciendo grandes organizaciones a ella para obtener su favor o presentarle algún -joven guapo- que le podría interesar con tal de hacer que la familia de éste se integre al linaje imperial…

Sigh… tal fecha agotadora, incluso peor que la mayoría de los días de su majestuosa vida, había sido tan malo que de hecho decidió dejar a su actual –amante- ese viejo soso de un Conde la tenía aburrida igualmente, era incapaz de satisfacerla en la cama como dios manda el muy enclenque.

KNOCK KNOCK

-Jeez… ¿Qué demonios pasa ahora? Le dije a esa estúpida sirvienta que no quería ser molestada-

"Y-your Highness" La voz de su asistente llegó desde el otro lado de la puerta de roble que servía como entrada a su despacho.

Ella gruñó molesta un ¿qué?, la mujer fastidiosa respondió rápidamente.

"Disculpe las molestias, su alteza, pero un Conde Euro-Britannian insiste en tener una audiencia con usted lo más pronto posible… y, bueno…" esa number no fue capaz de terminar sus líneas, debido a que la princesa soltó un tremendo bramido para reprenderla.

"¡Qué demonios te dije hace rato!" La heredera de la Corona se levantó molesta de su escritorio y caminó con furia hasta la puerta, manteniendo aún la elegancia innata de alguien perteneciente a su posición.

"¡Creo que dejé lo suficientemente en claro que no quería ningún!-" Guinevere tuvo que detenerse de golpe, lo que había en frente de ella había hecho que su cerebro se reiniciara y que sorpresivamente se le olvidara las palabras que estaba escupiendo.

"Siento mucho la intromisión su grandeza, si mi presencia ante usted es desagradable, humildemente he de retirarme entonces."

El que respondió no había sido uno de sus sirvientes o uno de esos casos perdidos de la aristocracia, no, él que estaba frente a sus ojos esmeralda era en lo que en la opinión de Guinevere, sería un gran rayo de luz en este día de mierda.

Ese joven, quien se encontraba en sus dieciocho o principio de sus veinte, era diferente a todos los nobles que ella haya tenido la desdicha de conocer.

Era alto, mucho más que ella, la princesa podía especular que llegaba a medir cerca de los 180cm, tenía un porte lleno de gracia a juzgar por la posición en la que se paraba, podía verlo fácilmente, si ella no lo supiera mejor diría que estaba frente a uno de sus hermanos, porque esa elegancia cubierta con una pizca de arrogancia sólo se conseguía viviendo en la familia imperial.

Además su rostro juvenil era de otro mundo, su fina barbilla podría ser la envidia de miles de mujeres, si le colocaras una peluca y un vestido de gala sería fácilmente confundido con una de las mejores modelos del imperio y esos ojos… Bueno, ojo, purpura, justo como su padre y sus hermanas li Britannia pero con una tonalidad más brillante, más…

Cautivadora.

En relación a su vestimenta, al igual que el resto de sus características, rezumaba elegancia y porte, podría pasar fácilmente por un príncipe y ella creía que incluso estaría a la par con Schneizel.

Sus vestiduras consistían en un traje de cuerpo completo de color negro, con detalles bordados en auténticos hilos de oro, bordado con el diseño oficial de la Cresta de las Fuerzas Armadas de Britannia, sobre su traje llevaba un chaleco fino que descendía por su espalda dividiéndose en dos porciones en punta, asimismo traía una capa de cuello alto elegante con la misma combinación de colores y un interior rojo, todo hecho con las más finas y caras telas del mercado.

Para rematar, también portaba un parche negro con detalles bordados en hilos de plata -del cual colgaban tres piezas de amatista delicadamente talladas- cubriendo su ojo izquierdo, tal vez, para ocultar una lesión.

Pero lo que más la cautivó no era su apariencia física, bueno sí que había influido, sin embargo, su mirada, esa expresión de dominación, de poder, le hacía parecer que tenía todo controlado, que cada cosa giraba en torno a él y que absolutamente todo ocurría sólo y únicamente si él deseaba que sucediera…

Y eso la hechizaba.

"Entonces, será mejor que me retire y le dé su preciado tiempo de relajación a su alteza, probablemente la princesa Cornelia o la princesa Marrybell se interesen en la petición que deseo hacer" El joven se inclinó ante ella, una sonrisa burlona se extendió por unos segundos a través de su rostro, para luego desaparecer tan rápido como llegó.

"Me despido princesa Guinevere De Britannia." Se dio la media vuelta y se dirigió hacia la salida.

"¡Detente!" La hija mayor de Charles gritó por mera reacción, El joven Conde la tenía en sus manos.

"Escucharé lo que tengas que decirme" Ella se giró para ocultar el rubor traicionero que se había arrastrado por su rostro y entro a su despacho. "Hablaremos dentro".

Una vez sentados uno frente al otro, la tensión se instaló entre ellos.

Desde que ella había soltado esas palabras sin pensarlo, aún no sabía que decir en estos momentos, por lo que iba a esperar que él empezara.

En el tiempo que utilizó para ordenar sus pensamientos, decidió observarlo detenidamente, para sacar toda la información que podía con solo su sentido primario, eso era algo que cada príncipe y princesa de la corte perfeccionaba desde muy corta edad.

Esa sonrisa ganadora le dijo todo, él sabía el estado en que la tenía, sabía que ella estaba bailando en su mano y dejó que ella se diera cuenta de este hecho a propósito. Eso la molestaba, pero a la vez la atraía más a él.

Sí, a Guinevere De Britannia le encantaban los hombres seguros de sí mismo, que confiaran en sus capacidades y fortalezas pero sin llegar a ser idiotas con demasiada arrogancia.

Por lo que podía sacar de su mirada y la posición relajada en la que estaba él no iniciaría la conversación por lo que ella decidió ser ella la que dé el primer paso. Iría por lo más simple por ahora.

"Por lo que… ¿Cómo te llamas?, señor Conde." Cuestionó inclinándose hacia adelante para descansar su barbilla en sus manos y a la vez mostrar algo de su prominente escote.

Ella también podía jugar a esto, ella no caería tan fácil.

El conde ni se inmutó ante la vista, únicamente amplió su sonrisa socarrona y contestó con una vos gruesa y poderosa.

"Julius… Puedes referirte a mi como Julius Kingsley."


Y eso es todo por ahora. Muchas gracias por seguir leyendo mi fic, estoy muy muy agradecido.

Como nota curiosa.

¿Alguno de ustedes notó el grave índice de incesto en la familia Imperial?:

El primer amor de Lelouch fue Euphy, asimismo Lulu fue el de Euphemia; La forma en que Lelouch trata a Nunnally y el amor reciproco que ella le devuelve; Las alabanzas poco sanas que Schneizel le da a Cornelia y la forma en la que ella reacciona a ellas o la obsesión de V.V. con Charles.

Además casi que el lema de la realeza de Britannia es que "no hay amor que supere al que hay entre hermanos" (V.V)

Por si no lo han notado, el Lelouch del futuro ira por el nombre de Julius Kingsley a partir de ahora.