Disclaimer: Los personajes, la escenografía y todos los hechizos y/o nombres, lugares y demás que podáis encontrar no me pertenecen. Pertenecen a J.K. Rowling y a su maravillosa imaginación. Aunque sí lo hacen las ideas y situaciones en las que los personajes se ven involucrados.


Capítulo II

Lily despertó aquella mañana agitada. Su corazón parecía querérsele salir del pecho debido a la pesadilla que acababa de tener. Lo peor era que la recordaba a la perfección puesto que era algo que ella misma había presenciado estando despierta.

"Aquel día su hermano cumplía 16 años. Por ese motivo ella se había prometido a sí misma que iba a intentar solucionar la situación existente entre ellos. No obstante, cuando aquel sábado por la tarde, fue a Hogsmeade con sus amigos y entró a Las Tres Escobas, descubrió que su hermano Albus había organizado una fiesta de cumpleaños a la que ella no había sido invitada. Por un lado lo entendía porque, ¿para qué iba a invitar a alguien que no se había preocupado por él y lo único que había hecho durante todos aquellos años había sido desvincularle de su lado? No obstante, otra parte de Lily, la parte impulsiva, se molestó por el comportamiento de su hermano. Y no era para menos. Al fin y al cabo seguía siendo su hermana. Aunque hubiera ocurrido todo aquello.

¿Qué significa esto? —preguntó incrédula a nadie en particular.

¡Menuda fiesta de cumpleaños ha preparado tu hermano, Potter!

Lily, cálmate.

Estoy muy calmada, Lysander.

Entonces no hagas nada. Tu hermano viene por ahí.

En aquel instante Albus hizo su aparición. Venía sonriente, como cualquier persona el día de su cumpleaños. No obstante, aquella expresión cambió al advertir que su hermana estaba allí. Delante de él, que se había enterado de su fiesta de cumpleaños.

¿Te lo estás pasando bien, hermano?

¿Sinceramente? Sí.

Me alegro.

Lily, lo siento.

¿Lo sientes? —en aquel momento ella explotó — No creo que lo sientas Albus. Me alegra comprobar que te pusieron en la casa correcta. Eres una sucia serpiente que no tiene corazón. ¡Normal que nadie en la familia te quiera! —ni ella misma sabía lo que estaba diciendo. Estaba demasiado enfadada — No se puede confiar en ti.

Lils, escucha…

¡No! Soy tu hermana, Albus.

¡Tú no eres mi hermana! Nadie en la familia me quiere. Así que no entiendo por qué alguien de vosotros tendría que estar invitado a mi cumpleaños.

¡Porque somos familia! Eres un desagradecido. Eres una rastrera y sucia serpiente, Albus.

¡Tú tampoco te quedas atrás!

A aquellas alturas todo el mundo que se encontraba en la taberna ya había hecho el silencio y contemplaba la discusión de los hermanos.

¡No me extraña que los papás te odien! —sabía que se había pasado de la raya, pero el enfado no la dejaba ver ni pensar con claridad.

¿Ellos me odian?

Lily no habló, nadie dijo una palabra. Albus, tomando aquel silencio como una afirmación a su pregunta, salió del local todo lo rápido que pudo. La fiesta se había cancelado. Su hermana suspiró imperceptiblemente y notando como se le aguaban los ojos, salió corriendo también, dispuesta a esconderse de todo el mundo y poder, de esa forma, odiarse a sí misma por lo que acababa de hacer."

Lily se levantó de la cama y se vistió con ropa de deporte. Necesitaba despejarse y aprovechando que el último partido de la temporada estaba cerca, iría a entrenar.

—¿A dónde vas, Potter? —una voz la sobresaltó al salir de su sala común.

—¡Imbécil! Lysander me has asustado.

—¿A dónde vas?

—A entrenar, ¿tanto te importa?

—Voy contigo.

—¿Por qué?

—Porque se te nota en la cara que has pasado una mala noche y no quiero que hagas nada estúpido.

La chica puso los ojos en blanco y avanzó hacia las escaleras que la llevarían fuera del castillo. Su mejor amigo la siguió de cerca. Ambos salieron a los jardines y comenzaron a correr por todo el terreno. No dijeron ni una palabra el tiempo que estuvieron corriendo y no fue hasta que el reloj del castillo marcó el comienzo de un nuevo día lectivo, que comenzaron una conversación.

—¿Estás bien?

—Sí, tranquilo.

—¿Vas a intentar hablar con tu hermano?

—Tal vez. Pero no lo tengo claro.

—Tengo oído que siempre va a última hora de la tarde a la lechucería.

—Sí, eso he oído yo también.

—¿Vas a ir?

—¡Ay! No lo sé, Lysander. Tengo que pensarlo.

—¡Potter! —Wood apareció por detrás de ellos.

—¿Qué ocurre Rowly?

—Esta tarde hay entrenamiento extra. El partido está cerca.

—De acuerdo. ¿Quieres que avise a Zach?

—Está bien. Nos vemos luego.

—Creo que eso contesta a tu pregunta, Lysander. No, no iré a ver a mi hermano —dijo la chica una vez que se volvieron a quedar solos.

No volvieron a decir nada más. Caminaron en silencio y con rapidez, viendo como muchos alumnos ya se dirigían al Gran Comedor para desayunar. Así que aumentaron su ritmo y, finalmente, después de separar sus caminos, dirigirse cada uno a su sala común y luego a su habitación, ducharse y ponerse el uniforme, llegaron a tiempo de poder desayunar algo antes de ir a clase.

Una vez entraron en clase, y antes de que el profesor de pociones hiciera su aparición y comenzara con la tortura matutina, Lily se despidió de Lysander en la puerta y fue a sentarse con Loreen.

—¿Qué ocurre? —preguntó extrañada Lily después de notar que Loreen se la quedaba mirando.

—Esta tarde habrá jaleo con el entrenamiento.

—¿Por qué?

—Wood lo ha convocado a última hora. Y, según he escuchado en el desayuno, Slytherin ya tiene el campo reservado toda la tarde.

—Entonces no habrá jaleo, amiga. Será una tarde interesante.

—Lils… —la reprendió con la mirada incluso antes de que la idea hiciese eco en la mente de la chica.

—Tranquila, no haré nada.

Loreen tuvo la intención de decirle algo más pero el profesor entró en clase y todo el mundo guardó silencio. El resto de las clases pasaron rápido, para tratarse del primer día de la semana, y la última clase, adivinación, llegó. La profesora Trelawney entró tropezando con una pila de libros que había dejado ella misma el día anterior al lado de su escritorio y comenzó la lección.

—Chicos y chicas, hoy realizaremos el mismo ejercicio que comenzamos ayer. Así que agarrad la taza de vuestro compañero e intentad adivinar su futuro.

Lily rodó los ojos y cogió la taza de Audrey. En ella vio simples posos de té que no le dieron información alguna sobre el posible futuro de su amiga. Así que suspiró con resignación e intentó ponerle imaginación e intentar averiguar alguna figura o forma que le permitiera consultar su manual en busca de una respuesta en caso de que la profesora le preguntara.

—¡Concéntrate! —le susurró al oído Zach inclinándose sobre ella.

—Si tú ves algo en esto, házmelo saber. Es imposible.

—No se exaspere —intervino la profesora deteniéndose detrás de la pelirroja —. A algunas personas les cuesta más abrir la mente.

—No creo que se trate de abrir la mente, profesora.

—¿No, querida? ¿Entonces de qué?

Lily fue a contestar a la pregunta de la profesora Trelawney pero, Lena viendo las intenciones de su amiga, intervino a su favor reclamando la atención de la profesora. Poco después, la clase terminó y los alumnos pudieron salir hacia el Gran Comedor para comer.

—Por los pelos —dijo Audrey riendo.

—Podías callarte de vez en cuando, Lils. Si no, te terminarán expulsando de Hogwarts.

—¿Siendo mi padre el salvador del mundo mágico? Lo dudo.

—Lils… —Loreen la volvió a reprender con la mirada.

En verdad, la pelirroja odiaba ser conocida por el hecho de que su padre les salvó a todos (o eso le contaron a ella siempre), pero cuando quería huir de algo usaba aquella sencilla excusa. Pero Loreen, que la conocía desde siempre y se había convertido en su mejor amiga en poco tiempo, la conocía demasiado bien como para creerse aquellas palabras. Ella sabía que Lily no lo decía enserio, pero mucha gente podría obviar ese hecho y pensar que la chica pecaba de prepotente; por ese motivo siempre la reprendía cuando usaba aquella frase.

—Señorita Potter, esta tarde deberá cumplir su primer día de castigo. No lo olvide.

—¡Pero profesor, hoy hay entrenamiento!

—Haberlo pensado antes de cometer aquella broma.

Lily resopló y le entraron unas repentinas ganas de lanzarle una maldición a alguien, así que se disculpó con sus amigas y salió apresuradamente a los jardines. Se dejó caer sobre el césped y enterró la cara en sus manos, intentando serenarse. No oyó como Zach llegaba hasta donde ella se encontraba.

—¿Lils?

—¿¡Qué? ¿No puede una estar tranquila en este maldito colegio ni un minuto? —gritó pagando su enfado y su rabia con su amigo.

—Yo no tengo la culpa de lo que ha ocurrido, ¿de acuerdo? —Zach sabía como tratar a Lily en aquellos momentos. De hecho, era uno de los pocos que sabía cómo hacerlo.

—Lo siento. No quería pagarlo contigo.

—¿Puedo sentarme?

Lily le dedicó una media sonrisa que él interpretó como luz verde. Así que se sentó a su lado y se la quedó mirando.

—Wood me va a matar —dijo ella al cabo de unos minutos.

—No entiendo por qué.

—Porque ya sabes cómo es en lo referente a los entrenamientos. Y yo voy a tener que saltármelo.

—Según tengo entendido tu castigo comienza después de la cena, así que el entrenamiento oficial ya habrá terminado. Que Rowly quiera hacer un entrenamiento extra es otra cosa.

—No las tengo todas conmigo. Pero bueno, a estas alturas poco me importa lo que piense Wood de mí.

Zach se rió y ambos se dirigieron hacia el Gran Salón dispuestos a dejar a los elfos domésticos sin comida. Rieron ellos y rió el resto de la mesa con las bromas que contaban ellos dos.

Cuando la comida terminó, Lily se dirigió hacia la biblioteca. Allí pasó el resto de la tarde junto con Loreen, ya que ésta le había obligado a acompañarla argumentando que quería ver a un alumno de Hufflepuff que le gustaba. Cuando se le hizo la hora de ir a entrenar, algo molesta por haberse pasado toda la tarde haciendo rallajos en un pergamino, cogió a su amiga, ensimismada aún con el chico, y ambas fueron a cambiarse. Al llegar al patio interior, donde siempre se reunía su equipo antes de dirigirse todos juntos al campo de quidditch, se encontró con un panorama que no le agradó: los Slytherins se encontraban allí también.

—¿Qué ocurre? —preguntó a su amiga.

—Lo que te he dicho esta mañana.

La chica no necesitó más para ponerse al lado de su capitán. Entonces vio a su hermano al lado de Scorpius.

—Nosotros habíamos reservado antes el campo, Wood.

—Nosotros también —intervino Lily. Sabía que Wood no tenía las agallas para mentir en algo como era el quidditch.

—¿De verdad?

—Sí. Así que creo que tenemos un problema.

—No creo que eso sea tan grave —Scorpius la miró por primera vez y lo que Lily encontró al fondo de aquellos pozos grisáceos la turbó. En la vida había visto tanta lujuria acumulada en unos ojos.

—¿Qué propones entonces, Malfoy? —dijo despectivamente. Empezaba a creer, a causa de aquella mirada, lo que la gente decía sobre él.

—No hay mejor forma de entrenar que jugando un pequeño partido entre nosotros.

Lily se giró hacia su capitán de equipo y vio que éste no se lo pensaba dos veces antes de contestar con un rotundo:

—Sí.

—Está bien —concedió a los pocos minutos el capitán del equipo de Slytherin.

Ambos equipos se dirigieron hacia el campo y se prepararon para jugar. Todos sabían que aquel no iba a ser un partido "amistoso", solamente de entrenamiento. Era como un reto interno entre las dos casas y debían resolverlo aquel día.

El partido comenzó con el libramiento de las bolas. En ese momento, Lily se concentró en la quaffle y en anotar a favor de su casa. Zach se encargaba de cubrirla cuando una bludger le pasaba demasiado cerca y, además del resto del equipo, Loreen estaba concentrada intentando alcanzar la snitch.

Pasada una hora Slytherin llevaba la delantera en cuestión de puntos y Lily comenzaba a cabrearse. De repente, sin saber cómo ocurrió, vio el cuerpo de Albus caer de la escoba. Sin pensárselo dos veces, descendió en picado en su escoba dispuesta a agarrar a su hermano antes de que se estrellara contra el suelo. No obstante, Scorpius se adelantó y lo recogió él, descendiendo poco a poco hasta llegar al suelo. Dos chicos del equipo de Slytherin bajaron apresuradamente de sus escobas una vez tocaron tierra y se llevaron, junto a Scorpius, a Albus hacia la enfermería. Zach acompañó a Lily hasta la enfermería mientras el resto del equipo descendía confundido sin saber bien qué había ocurrido.

Lily, Zach y Scorpius tuvieron que esperar en un banco que había fuera de la enfermería mientras madame Pomfrey curaba a su hermano. Los tres permanecieron en silencio hasta que el reloj dio la hora de la cena por finalizada.

—Lils —dijo Zach —, tienes que ir a cumplir el castigo.

—No pienso ir, Zach.

—Lily, te volverán a castigar.

—¡Me da igual! Merlín, mi hermano está en la enfermería. Me da igual que me vuelvan a castigar, no me moveré de aquí.

En ese momento la enfermera asomó la cabeza por la puerta y miró a Lily de forma acusadora.

—Señorita Potter, como no baje la voz no le permitiré ver a su hermano. ¿Entendido?

Lily asintió con la cabeza y madame Pomfrey volvió a ingresar en la habitación para salir minutos después.

—Señorito Malfoy, puede pasar. Usted no, señorita Potter —añadió al ver que la muchacha hacía mención de entrar también a ver a su hermano.

Lily se quedó perpleja y no supo cómo reaccionar, así que endureció el rostro y se fue a cumplir su castigo dando sonoros pasos. Zach la siguió hasta que ella salió directa a la cabaña de Hagrid y él tuvo que volver a su sala común.

La chica se pasó el resto de la noche rumiando y mascullando palabras ininteligibles para el guardabosques durante todo el tiempo que duró el castigo. Más cuando el semigigante dio la primera sesión por terminada, Lily había llegado a la conclusión que por muy enfadada que estuviera por el desplante que le acababa de hacer su hermano, ella se había portado mucho peor con él durante todos aquellos años y que, a pesar de ello, tenía que saber cómo estaba. Si no, no conseguiría dormir bien. Así que, una vez se despidió de Hagrid, la pelirroja se apresuró a subir hasta su habitación y así poder coger el mapa del merodeador que su hermano James le había conseguido quitar a su padre y que, al finalizar Hogwarts, le había dado a ella. Se escondió de Peeves y bajó los pisos pertinentes mediante los pasadizos que ya se conocía como la palma de su mano hasta llegar a la puerta de la enfermería. Entró sigilosamente y en el momento localizó a su hermano Albus tendido en la cama. Se acercó a él y lo contempló dormir. Parecía estar bien, simplemente una pequeña herida en la cabeza que iba sanando por momentos. Respiró tranquila y se sentó en el borde de la cama. Albus despertó en aquel momento notando el peso de alguien hundiendo el colchón. Enfocó la vista y visualizó a su hermana.

—¿Lily?, ¿qué haces aquí?

—¿Estás bien?

—Sí, no ha pasado nada.

Se quedaron en silencio, en la oscuridad, mientras ambos buscaban las palabras correctas. Lily pareció encontrarlas primero ya que, aún sin mirar a su hermano a los ojos, pronunció en un susurro:

—Lo siento.

—Lily… —comenzó Albus. Pero su hermana no le dejó terminar, necesitaba disculparse con su hermano; saber que las cosas no estaban perdidas.

—Siento mucho lo que ocurrió en tu cumpleaños. Lamento como te he tratado todos estos años. Eres mi hermano, no quiero perderte, Al. Lo siento mucho.

—Lils, tranquila. No pasa nada.

—Sé que no es verdad. Sé que estás molesto y dolido por como te hemos tratado toda la familia durante años. Pero, por favor, dime que no te he perdido. Que aún me quedas tú.

—No me has perdido. Soy tu hermano y eso no lo va a cambiar nada ni nadie.

Lily se lanzó a sus brazos y dejó que, después de tanto tiempo, las lágrimas descendieran por sus ojos y la liberaran de un gran peso. Aquella noche pudo volver a dormir tranquila.


¡Hola de nuevo!

Sé que han pasado pocos días desde que comencé a colgar esta historia y estaba a punto de borrarla porque, para ser sinceros, no entiendo por qué la gente pasa a leer la historia pero no deja un comentario. No pido mucho, de verdad. Me sirve con que deis señales de vida. Pero creo que hablo por todas las personas que escribimos algo cuando digo que molesta ver cómo la gente lee tu historia, le gusta lo suficiente como para ponerla en favoritos y/o alerts pero parece no tener el tiempo suficiente como para comentar.

Pero, en fin, una buena amiga me ha dicho que tenga paciencia y que era sólo el primer capítulo. Que alguna gente tal vez ni se haya enterado de que hay una nueva historia sobre Scorpius y Lily. Así que, gracias a ella, aquí estoy, colgando el siguiente capítulo que espero os guste mucho y os anime a comentar.

Aviso que iré subiendo los capítulos que ya tengo escritos en un principio de semana en semana porque así me da tiempo de escribir más y escribir otras historias en las que estoy trabajando. Pero esa rutina puede cambiar, todo depende de vosotros/as.

Gracias por pasaros y leer.

Saludos,

Arualle.