Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K Rowling, salvo los que no os suenen, que son sacados de mi improductivo cerebrito.
LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DE LA VIEJA GATA DEL CASTILLO.
Porque Minerva Mcgonagall también tuvo una hermosa historia que merece ser contada.
Desde que lo vio en la puerta, supo que había algo raro en ese hombre. Tendría unos treinta y muchos o cuarenta y pocos años y una barba larga de color castaño rojizo, como su pelo, que caía hacia los hombros ligeramente ondeado. Vestía de una forma que no había visto nunca, con una túnica como la de los reyes o las brujas que salían en los libros que había leído en el colegio. A pesar de todo, su cara era amable, y sus ojos, azules, denotaban inteligencia y bondad, por lo que rápidamente lo dejo entrar y le insto a esperar a su madre, que había salido con sus tres hermanas a comprar un vestido para la boda de su hermana mayor, Anne, que iba a casarse con el menor de los Thomas, una familia vecina.
Una vez acomodado al lado del crepitante fuego de la chimenea, empezó a hablar con ella.
-Así que tu eres Minerva Mcgonagall-comenzó con voz suave- me alegro de que estemos solos, me gustaría hablar contigo antes.
-No se me ocurre de que, señor-dijo con la seriedad y formalidad con la que su madre le había enseñado a tratar a los desconocidos- Solo soy una niña.
-Lo primero es lo primero, soy Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore - sonrió ante la cara de sorpresa de Minerva.-pero…puedes llamarme profesor Dumbledore.
-¿profesor?-cada vez ese señor le resultaba más extraño.
-Exacto, soy profesor de un colegio…un colegio para gente como tú…personas especiales.
-¿Cómo especiales? ¿quiere decir inteligentes?-Sin embargo, en su interior sabía que ese hombre no estaba ahí por sus magnificas notas en el colegio. Estaba ahí por sus "rarezas", esas que su madre le había enseñado a ocultar.
-No, Minerva, me refiero a todas esas cosas que puedes hacer…¿nunca se ha roto algo sin que lo tocaras cuando estabas enfadada? ¿o algo en lo que estabas pensando ha aparecido en tu mano?- la niña comenzó a recordar todas las cosas extrañas que le habían ocurrido. Recordó la vez en que, estando asustada por la oscuridad, su madre se vio incapaz de apagar el candil y finalmente se dio por vencida. O la vez en la que un montón de libros de la estantería del colegio "saltaron" literalmente hacia Aidan, que acababa de meterse con ella.O cuando la silla de Mayre (una de sus hermanas) desapareció misteriosamente mientras estaba sentada haciéndole burla.
-¿quiere decir…que no soy la única? Hay más…personas como yo?- Una alegría inimaginable la asaltó.No estaba sola, no era un bicho raro…
-Claro que no, hay muchos más como tú…tengo por aquí…-Carraspeó mientras sacaba una rama de madera pulida de su manga y seguía hurgando. Finalmete saco una carta grande de papel amarillento sellada con cera roja- aquí está-dijo entregándosela.
Minerva la observo con atención. Estaba dirigida a ella.-¿Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería?-pregunto en voz alta. Debía estar de broma ¿magia? Siempre le habían dicho que esas cosas no existían. Ni la magia, ni los duendes, ni las brujas…
-Eres una bruja, Minerva-la niña abrió los ojos desmesuradamente…¿le estaba diciendo que era…¿bruja? En todos los cuentos, las brujas eran las malas, mujeres horribles con verrugas en la nariz que andaban encorvadas, volaban en escoba y trataban de vengarse de alguien por pura envidia o por maldad, simplemente…¿es que ese hombre trataba de burlarse de ella?- Y yo soy un mago.
-Pero…¿Cómo?-preguntó, con la carta aún intacta en sus manos.-Yo no quiero ser malvada ni…
-Chist…-la cortó- ¿acaso tu eres mala?-le habló con calma, con una voz serena que la calmó- somos solo…distintos…las brujas de los cuentos están en los cuentos…en Hogwarts te enseñaremos a controlar ese poder, esa magia que tienes y de la que desconoces su enorme potencial. Abre la carta y lo verás por ti misma.
Minerva rompió el sello y sacó la carta. Después de leerla, miró a Dumbledore con una sonrisa.
