- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½". Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"La flauta mágica"
* * *
Capítulo II
"¿Diosa o monstruo? ¡Ranma, qué sucede!"
Ranma ya estaba próximo a llegar a las puertas de Dojo Tendo y seguía pensando en lo afortunado que había sido al encontrar ese trozo de bambú. Si todo salía bien y lograba encontrar al "indicado" como le había dicho el anciano monje, estaba seguro de que podría convencer a la diosa de que cumpliera su deseo de dejar de transformarse en chica. Sí, tenía una gran oportunidad en sus manos y no la iba a desperdiciar, le quedaban cuarenta y ocho opciones para lograr cumplir su deseo.
Cuando llegó finalmente al Dojo, ingresó rápidamente y tomó asiento al lado de su molesta prometida. Ella ya estaba terminando su desayuno y ni siquiera le dirigió una mirada.
-Permiso, ya me voy –dijo Akane levantándose de la mesa. Ranma la observó de soslayo y se apresuró en terminar de devorarse el desayuno a una velocidad que superaba todas sus anteriores marcas. Ella ya se encontraba a punto de salir de la casa.
-Que te vaya muy bien Akane.
-Gracias Kasumi, nos vemos luego –dijo mientras salía. Ranma se puso de pie y salió tras ella.
-Adiós Kasumi.
-Oh, Ranma –el aludido paró a mitad de camino para observar a la hermana mayor de su prometida. Ella sonrió y con un gesto indicó el lugar en donde había estado sentado el joven con anterioridad-. Se te queda ese antiguo instrumento.
-Ah, gracias Kasumi –contestó Ranma retrocediendo y tomando la flauta en sus manos.
-¿Estas aprendiendo a tocar la flauta? –preguntó la hermana mayor de su prometida.
-No... exactamente. Que tengas un buen día –dijo evitando responder más preguntas.
-Tú también.
El joven artista marcial salió velozmente para alcanzar a su prometida, quien ya iba a bastantes cuadras de distancia. Cuando la alcanzó, saltó inmediatamente a la cerca.
-¿Todavía estás enojada? –Silencio absoluto fue la respuesta de ella-. En todo caso, deberías agradecer mi sinceridad, en cambio, qué es lo que siempre haces, terminas culpándome por tus errores y me golpeas por todo –el la observaba de soslayo, ella no daba señales de querer entablar una conversación. Ranma bajó a la acera y comenzó a caminar al lado de su prometida, advirtió enseguida como ella expandía su aura de combate-. ¿No piensas hablarme? ¿Qué fue lo que te hizo enojar tanto esta vez?, no hice nada más que decir la verdad, el engrudo que preparaste hoy para desayunar era incomible, ¡deberías ya dejar de desperdiciar los ingredientes que utiliza Kasumi para preparar la comida!, no entiendo cómo es que sigues empecinándote en cocinar si sabes que no lo lograrás...
El golpe que recibió lo hizo emprender vuelo nuevamente, pero esta vez iba en la dirección correcta, lo que hacía pensar que aterrizaría en la escuela o cerca de ella, con tiempo suficiente para no llegar atrasado y recibir un castigo.
El joven de la trenza no pudo ver las lágrimas que habían brotado en los ojos de su prometida, tampoco su rostro dolido y su gesto decepcionado al momento de mandarlo a volar.
-Estúpido insensible –musitó para sí, luego secó sus lágrimas furiosamente y se dispuso a correr, tenía que llegar a clases antes de que ingresara el profesor.
Mientras ella corría por las calles, surcando los cielos se podía observar a su prometido a punto de aterrizar en el patio del colegio.
-"¿Por qué no permanecí callado? –pensaba mientras daba una vuelta en el aire, tratando de encontrar una posición adecuada de aterrizaje-. Creo que se me pasó un poco la mano... ¡Oh, admítelo Ranma!, fuiste demasiado lejos hoy, te mereces su desprecio. Bueno, ya veré la forma de disculparme, ahora lo realmente importante es tratar de que alguien consiga sacarle un sonido agradable a esta cosa" –se dijo cayendo con ambas piernas semi-flexionadas en medio del patio del colegio en un aterrizaje casi perfecto.
Y fue casi perfecto, porque al momento de dar el primer paso para dirigirse a su salón de clases y a causa de un extraño sortilegio, una de las mangueras que los jardineros usaban para el cuidado del césped y árboles en el interior del establecimiento educacional, comenzó a esparcir agua a raudales de una forma que hacía pensar que la dichosa manguera había adquirido vida propia, mojándolo de inmediato y transformándolo en una atractiva pelirroja.
Hasta ahí, el joven sólo había dicho unas cuantas malas palabras en contra de su mala fortuna y su mal humor no se hubiera exacerbado de no ser porque de quién sabe dónde, apareció el rayo azul de la escuela Furinkan, para abrazar a su querida cabellos de fuego aprisionándola de partes que no era adecuado tocar a una "señorita", lo que hizo que Ranma descargara toda su frustración contra el kendoista y lo mandara a volar lejos de allí.
Luego de aquel normal, pero a la vez, extraño comienzo del día, Ranma había logrado serenarse, conseguir un poco de agua caliente, volver a su forma masculina y llegar a clases, segundos antes del ingreso del profesor.
Las clases de la mañana pasaron de forma lenta y aburrida, como todos los días, pero Ranma se encontraba más impaciente de lo normal para que el ansiado receso llegara pronto. Se había dedicado durante toda esa mañana a pensar a quienes de los que conocía les solicitaría que trataran de sacarle un sonido al misterioso instrumento que tenía muy bien guardado. Él no conocía a muchas personas que fueran aficionadas a la música, pero ya tenía una lista de algunos nombres, a quienes, si hacia la pregunta adecuada y usaba todo su poder de convencimiento, no le costaría lograr que aceptaran tocar una melodía sin saber el motivo real para hacer algo así. Por eso y en cuanto tocaron para el receso, salió como una exhalación al patio.
Akane, quien ya se encontraba de mejor ánimo, se dio cuenta del extraño comportamiento de su prometido, pero aún se encontraba dolida por sus palabras, por lo que no le dio mucha importancia a ese entusiasmo que parecía tener su prometido, entusiasmo que le había hecho incluso olvidarse de su almuerzo.
Ella se encontraba comiendo y conversando amenamente con sus amigas, cuando un estridente y chillón sonido se dejó escuchar por todo el edificio. No habían terminado de recuperarse de la primera impresión cuando un sonido similar se escuchó nuevamente, esta vez, un tono más alto del anterior.
-¡Pero qué es eso! –exclamó la chica de cortos cabellos.
-Parece una mezcla de pato perseguido, gallina asesinada y gato en celo amplificado por tres veces –comentó Yuca. Sayuri y Akane asintieron.
-¿Quién demonios podrá estar emitiendo ese desagradable...? –la pregunta de Akane quedó inconclusa, ya que un nuevo y estridente sonido de la misma naturaleza del anterior pero un poco más alto se hizo escuchar por todo el complejo educacional-. Iré a ver qué sucede –resolvió la chica poniéndose de pie.
-¡Te acompañamos Akane! –dijeron ambas chicas imitando a su amiga.
Estaban a punto de salir del salón de clases, cuando el sonido se hizo presente de nuevo y uno de los chicos de otro salón pasó corriendo por el pasillo y gritando algo relacionado con una flauta, un feroz monstruo de la antigüedad y un valiente guerrero llamado Ranma Saotome que intentaría hacerlo aparecer para luchar con él.
-¿Monstruo?... –dijo Sayuri.
-¿Ranma?... –dijo Yuca.
-¡Hey, espera un momento! –gritó Akane para luego salir disparada tras el chico que había hecho tamaña afirmación-. Espera, ¿es cierto lo que dices?
-Sí, Saotome está tratando de despertar al monstruo que se encuentra encerrado en una antigua flauta para luchar con él. Dicen que la persona que lo venza recibirá poderes especiales.
-¿Dónde se encuentra ahora? –preguntó Akane y un nuevo y estridente sonido se dejó escuchar. Todos se llevaron las manos a los oídos para frenar en parte el dolor que podía llegar a causar un sonido semejante.
-Se encuentra en el patio –dijo el chico sin demorarse más con Akane, para salir corriendo al patio.
La chica de cortos cabellos hizo una mueca de disgusto, gruño un par de palabras inteligibles y salió tras el muchacho. Sus dos amigas se miraron, se encogieron de hombros y salieron tras ella.
-Por favor, haz el intento.
-¿Para qué?, el resultado será el mismo. Además, no deseo ser el causante de la aparición de un monstruo el cual pueda comernos a todos –dijo un chico de alborotados cabellos, observando suspicazmente al chico de la trenza.
-Si el monstruo llega a aparecer, yo me encargaré de derrotarlo, eso dalo por hecho.
-No, esa cosa es capaz de dejarnos sordos a todos, ¿qué no escuchas el desagradable ruido que emite?
-Sólo una vez. Al primer sonido molesto, dejas de tocar y ya.
-Tengo dos propuestas para ti, si acepta ayudarme con al menos una de ellas, haré lo que me pides.
-Si es dinero, no tengo.
-No, o tal vez si. Cómo sea, yo tocaré esa cosa si tu consigues que Nabiki Tendo borre mi deuda con ella completamente.
-Eso es prácticamente imposible de conseguir, lo sabes.
-Tu segunda opción es hacer que Akane Tendo tenga una cita conmigo.
-¡Qué!, no, eso nunca.
-¿Por qué?, ¿acaso la quieres tanto como para...?
-¿Yo quererla?, ¡debes estar loco! –dijo el joven de la trenza haciéndose el ofendido-. Sólo me preguntaba cómo puedes pedir algo tan absurdo como una cita con una niña tan desagradable.
-¿Bromeas?, es el sueño de todos los chicos…
-El mío no –le interrumpió.
-Entonces, ¿por qué no...?
-¡Está bien!, te conseguiré una cita con la torpe y violenta marimacho que...
-¡Ranma!, te escuché –gritó Akane atrás de los dos chicos provocando que ambos comenzaran a sudar copiosamente-. ¿Qué quisiste decir con que le conseguirás una cita con la torpe y violenta marimacho?
-A... Akane, no es lo que piensas, verás…-trataba de defenderse su prometido ante la atenta e indignada mirada de la chica frente a él.
Él muchacho de alborotados cabellos observó la escena por unos segundos, luego le arrebató el instrumento de las manos a Ranma y se lo llevó a los labios lentamente. El sonido que emitió la pequeña flauta fue más desagradable que los anteriores y un poco más elevado. El chico que había accedido a tocar, apartó rápidamente el trozo de bambú y lo arrojó con fuerza al suelo lejos de él.
-Gracias –dijo Ranma recogiendo el instrumento a sus pies e ignorando la presencia de su prometida y sus amigas a espaldas de él.
-¡Ranma! –gritó Akane acusadoramente-, ¡¿qué rayos piensas que estás haciendo?!, ¡acaso quieres dejarnos sordos!, y aún no contestas mi pregunta sobre esa cita.
-No te metas en esto Akane.
-¿Por qué no?, ¿es cierto que esa cosa atraerá a un monstruo?
-Algo así –contestó él guardando la flauta y escrutando con la mirada el patio rodeado de curiosos.
-Y tú piensas luchar contra él.
-Sí.
-¿De dónde sacaste tamaña estupidez Ranma?
-Déjame en paz, de cualquier forma no es tu asunto y no te he pedido tu opinión –contestó él dirigiéndose hacia el interior del establecimiento-. El profesor de música podrá ayudarme, estoy seguro.
-Ranma espera –dijo la chica corriendo tras él.
-Ahora no Akane, mejor dedícate a repasar tus recetas de cocina, no quiero morir intoxicado con otro de tus inventos.
La chica paró en seco y lo observó indignada. Eso había estado de más, ella no se merecía el que le recordara a cada momento lo pésimo que cocinaba. Bien, si quería enfrentarse con un monstruo por el motivo que fuera, ella no lo detendría ni acudiría a ayudarle. Tampoco le daría la satisfacción de hacerle saber lo preocupada que se encontraba por el bienestar de él. Se dio media vuelta y encaró a dos asustadas chicas.
-Vayamos a almorzar, el gran Ranma Saotome tiene todo bajo control.
-¿Estás segura Akane?
-Sí, estoy… –un nuevo y estridente sonido le interrumpió-. Estoy segura.
Las tres chicas se dirigieron a su salón de clases, ya no había mucho que hacer allí.
Mientras tanto, Ranma se encontraba a punto de perder la paciencia. Había probado con todos los alumnos que él sabía, conocían algo de música y sabían tocar algún instrumento. El profesor tampoco había conseguido sacarle algún sonido agradable a la famosa flauta. Se había pasado toda la mañana planeando una estrategia para conseguir que las personas a quienes él consideraba adecuadas le prestaran ayuda, por eso había inventado la historia del presunto monstruo, para evitar decirles que la diosa Benzaiten concedería un deseo a quien le devolviera su flauta mágica. Pero ahora, a mitad de ese día, estaba al borde de la desesperación. Ninguno de los que él pensaba, podría ser el indicado, había resultado ser de ayuda y el tiempo se le estaba agotando.
En el colegio ya no tenía muchas opciones, entonces, ¿quién podría ayudarle para que Benzaiten apareciera y le concediera el deseo que él quería?.
Concentrado como estaba en conseguir una solución, no se dio cuenta que una turba de mujeres corría hacia él, la mayoría armada de escobas y palos, persiguiendo a un pequeño viejecito, en apariencia inofensivo.
El anciano maestro saltó con agilidad a la cabeza del joven de la trenza y dejó caer parte de su preciado botín de prendas íntimas sobre Ranma.
-¡Ayúdame muchacho! –dijo Hapossai mientras se daba a la fuga-. ¡Tú puedes con ellas!.
-Pero qué… ¡Maestro, vuelva acá!.
Las perseguidoras del libidinoso maestro de artes marciales se lanzaron en picada sobre un sorprendido Ranma.
Y sí, el joven estaba bastante sorprendido, porque una súbita pesadez en brazos y piernas lo había dejado sin capacidad de reacción ante el furioso ataque de las féminas, por lo que, viendo que no podría escapar a tiempo, optó por negar con sus manos al frente, pedir disculpas por algo que él no había hecho y recibir la mayor parte de los golpes propinados por las enfurecidas jovencitas del Furinkan y sus alrededores. Cuando las chicas se tranquilizaron y vieron al supuesto agresor maltrecho en el suelo, se alejaron del lugar con la satisfacción de haberle dado su merecido al pervertido ladrón de prendas íntimas.
Ranma, de cara al suelo, con sus ropas empolvadas y rasgadas, con varios chichones de gran tamaño en su cabeza, arañado en brazos y rostro, moratones en casi todo el cuerpo y un ojo totalmente negro y cerrado, apenas si pudo levantar su rostro para comprobar que se encontraba solo.
-Me las pagará… maestro…
Acto seguido, se desplomó nuevamente en el suelo y ya no supo nada más de lo que sucedía a su alrededor. De haber conservado por unos segundos más la conciencia, habría podido apreciar cómo la antigua y deteriorada flauta expedía una tenue luminosidad azul, por entre los pliegues de su camisa.
Notas finales:
1.-Hola… ¡Muchísimas gracias por el apoyo y por todos los comentarios!, es algo que pasa a ser mi alimento creativo. Gracias, gracias, gracias por el recibimiento que le dieron a este fic, Nia06, milk goku, Killina88, viry chan, Jade Saotome, sele-thebest, shojo88, Feuer23, AkaneKagome y lerinne, me han dejado con una sonrisa de oreja a oreja con sus comentarios y con las fuerzas suficientes para seguir adelante con esta historia. ¡Mil gracias por darse el tiempo de leer y escribir sus reviews!.
2.-Bueno, de aquí en más veremos qué otro método se le ocurre a nuestro querido chico de la trenza para hacer aparecer a la diosa y cumplir su deseo (lo que no quiere decir que lo cumpla, ¿o sí?).
3.-Este capítulo salió bastante rápido y pretendo seguir con este ritmo de publicación (al menos con esta historia), todo dependerá de las horas libres que pueda llegar a conseguir.
Y ya saben, comentarios, buenos o malos serán muy bien recibidos (y contestados, me encanta hacerlo).
Gracias por el apoyo y será hasta pronto.
Cuídense mucho y buena suerte!
Madame De La Fère – Du Vallon.
