Capítulo 2
Los enanos le han preparado un cuarto particularmente lujoso, justo al lado del de Thorin, y Bilbo desempaca feliz. Está ansioso por mostrarle su cuaderno rojo, el que compró cuando volvió a La Comarca con la idea de plasmar la aventura que vivieron. Se siente muy orgulloso del mapa que comenzó a esbozar, aunque sabe que necesita ser corregido. Bilbo mira alrededor y se pregunta si podría acostumbrarse a vivir allí, en una habitación de piedra, entre enanos, bajo la montaña, si Thorin se lo pidiera; desde que volvió de su aventura se siente extrañamente aislado de los demás hobbits, y en un punto lo agradece. ¿Qué saben ellos de las cosas por las que pasó, las cosas que vio, en este último año? Sólo la Compañía entiende. Hay un vínculo único que lo une a estos enanos, y a Thorin en particular.
Thorin...
Majestuoso y temible Thorin. Cruel Thorin. Noble, fiel. Tierno. Y esa sonrisa… Bilbo sacude la cabeza y rápidamente cambia el rumbo de sus pensamientos.
Después de un largo y relajante baño, Bilbo sale al gran balcón a fumar su pipa, y se sorprende gratamente al encontrarlo a Thorin, sentado en un banco de piedra, unos metros a su derecha; su piel luce fresca y su cabello aún está húmedo después de su baño. Su camisa de escote en "v" deja entrever su pecho. Las mejillas de Bilbo arden por un momento al admirar la belleza del enano. Se sienta a su lado y disfrutan juntos de la noche estrellada en silencio.
Al rato Thorin se pone de pie y espera a que Bilbo haga lo mismo. El hobbit obedece la orden tácita, dejando la pipa sobre el banco.
El enano está bastante nervioso: ¿cómo debe tratar a un hobbit en estas cuestiones? Teme ser demasiado brusco. Se le acerca, sin decir una palabra; ahora Bilbo también está nervioso, y comienza a hablar atropelladamente, sobre la nada misma, solo para llenar el silencio. Thorin sonríe, disfrutando del efecto que tiene sobre el hobbit. Alarga una de sus grandes manos para tocar una de sus tiernas mejillas lampiñas, un gesto algo titubeante, que corta en seco la palabrería del hobbit, una frase formada a medias flotando en el aire. Bilbo se sorprende al ver añoranza en los ojos del rey enano.
De pronto Thorin toma el rostro de Bilbo con ambas manos, acercándolo hacia sí en un gesto demandante que el hobbit no se atreve a resistir, con sus ojos abiertos como dos grandes platos. El enano confunde la sorpresa de Bilbo con miedo, y afloja la presión de sus manos. Pero Bilbo no se aparta: se acerca más a él.
Cierran los ojos. Sus labios se tocan una vez, se separan, se vuelven a tocar. Thorin lo besa con suavidad, y Bilbo lo imita torpemente, posando sus tímidas manos sobre el cuerpo musculoso, pensando "¡Por Aüle, estoy besando a un enano!... Estoy besando al rey bajo la montaña... Estoy besando a Thorin, y Thorin me besa a mí." Y con ese último pensamiento Bilbo se relaja.
continuará…
