CAPITULO 2: BIENVENIDAS.
Estaba durmiendo tranquilamente cuando noté que me movían, una vez, dos… con suavidad, eso sí.
"Cinco minutos más…" Murmuré enterrando la cabeza en la almohada.
Un momento, vivía sola, mi madre no me había despertado hacía un montón de tiempo.
"Buenos días." Me dijo el chico pelirrojo que pensaba que había sido parte de un sueño raro. "Te está pitando un aparato muy raro en el salón, me acaba de despertar."
"Mi móvil." Murmuré. "Anoche debí dejármelo en el salón. ¿Te he despertado?"
"Tú no, el aparato." Afirmó. "¿Qué es?"
"Un móvil." Le dije cogiéndolo. "Sirve para hablar con la gente estén donde estén."
"¿Y por eso pitaba?" Me dijo. "¿Porque estaba alguien al otro lado?"
"No, mensaje." Afirmé mostrándole el mensaje. "Un profesor se ha puesto enfermo, mi amigo me ha avisado."
"Vale, lo que tú digas." Me dijo. "¿En serio dice eso este aparato?"
"Sí." Le dije buscándolo. "Escriben un mensaje y entonces… ¡fium! Lo mandas y lo reciben y… voilá, aquí tenemos un mensaje, de alguien en la otra punta de la ciudad." Afirmé enseñándole el mensaje.
"Vale, no entiendo nada." Me dijo. "¿Desayunamos?"
"No me digas que has preparado algo de desayunar." Le dije.
"No, no tienes ni miso, ni ramen, ni hervidor de arroz…" Me dijo.
"Pero tengo cereales de chocolate, galletas, tostadas y… leche." Afirmé sonriendo. "Y si quieres te puedo poner colacao o café, y… tengo incluso unas bolsitas de té."
"Café, por favor." Me dijo.
"¿Agua hirviendo o leche?" Le pregunté.
"Agua hirviendo." Afirmó. "¿Acaso se puede hacer con leche?"
"Hombre claro que sí." Le dije cogiéndome el cazo para cocer agua. "Yo lo tomo con leche."
"Pues vaya." Me dijo mientras yo sacaba las galletas y ponía un plato con varias ante él y el asiento que yo iba a usar. "Hum, gracias. ¿Las has hecho tú?"
"No, son de caja." Le dije mostrándole la caja.
"Lástima, las galletas hechas por mujeres bellas son las mejores." Me dijo.
"¿Quiere eso decir que me encuentras bella?" Le dije divertida.
"Para mí todas las mujeres sois bellas." Me dijo bostezando. "Las de entre 18 a 26."
"Vaya, un ligón de playa…" Murmuré para mí.
"Di lo que quieras, pero es la verdad." Afirmó. "¿Te importa si me doy una ducha mientras espero?"
"Claro, tú mismo." Le dije. "Pero haz rápido, cuando acabe de desayunar me toca a mí."
"Tardo unos minutos." Me dijo.
¿Unos minutos? El agua se puso hirviendo en cinco minutos, pasaron otros cinco y aún no había salido. Llegó al cuarto de hora y seguía dentro, así que fui a la puerta del baño y golpeé.
"¡Eh, haz el favor de salir ya!" Le dije. "¡Necesito…!"
Justo entonces se abrió la puerta y le di un golpe en el pecho, me miró el puño mientras yo me daba cuenta que estaba desnudo salvo por una toalla cubriéndole la cintura hasta un poco más arriba de la rodilla.
"Lo siento." Le dije carraspeando.
"Mi culpa, dije 3 minutos y me ha costado más." Me dijo.
"Es que tengo que ducharme antes de ir a clase." Le dije sonrojándome mientras me cedía el baño.
"Vaya… que curiosa." Le oí murmurar cuando cerré la puerta tras de mí.
Abrí el agua para que volviese a calentarse y mientras, me fui desnudando, justo me había metido cuando dos segundos más tarde llamó a la puerta.
"Necesito afeitarme." Me dijo sin abrir la puerta. "¿Te importa que lo haga mientras tú te duchas tras la cortina de la bañera?"
"No se te ocurra mirar." Le dije.
Tendría que echarme un pestillo pensé mientras entraba y oía el agua del lavamanos correr.
Un momento, él no tenía maquinilla de afeitar allí, ni espuma, ni brocha…
"¿Con qué te estás afeitando?" Le pregunté.
"Oh, te he cogido un cuchillo de la cocina, lo lavaré cuando acabe." Me dijo golpeándolo un poco contra la pileta antes de volver a afeitarse un poco más. "Lo que peor llevo es que no hay espuma de afeitar."
"Ni que fuese tanto problema." Afirmé.
No veía el problema, yo me afeitaba sin espuma las piernas y las axilas y no me había pasado nunca nada.
"Au." Le oí quejarse. "Tsk… menudo manazas…"
"¿Ocurre algo?" Le pregunté asomando la cara.
"Nada, un pequeño percance de hombres." Me dijo girándose y cogiendo un poco de papel higiénico para ponérselo en la cara. "Un pique afeitándome. Eh, pensaba que no querías que te viesen."
"No te pases." Afirmé volviendo a cerrar. "Solo he echado un ojo fuera a ver qué había pasado."
"Una cara preciosa cuando está húmeda." Afirmó para volver a silbar un poco más. "Por cierto, he pensado que igual esta mañana podría volver a buscar el camino de vuelta a casa."
"Como quieras." Le dije. "Yo volveré a la noche."
"Yo… bueno, quería agradecerte que me hayas albergado esta noche." Me dijo. "Y por el desayuno."
"No hay de qué." Le dije. "Te lo debía por lo de salvarme ayer."
Le vi sonreí cuando estiré el brazo para cogerme la toalla, secarme un poco tras escurrirme el pelo y luego me envolví en la toalla.
"Esto…" Le dije.
"Gojyo." Me contestó.
"Gojyo, ¿te importa pasarme la camiseta del pijama?" Me dijo.
"Claro." Afirmó divertido. "Aquí tienes."
"Grac…" Dije cogiendo lo que parecía una camiseta interior. "Te he dicho la camiseta del pijama."
"Eso es una camiseta." Me dijo. "Oh, te referías…" Me dijo pasándome la camiseta de mi pijama. "Está sucia ¿no?"
"Si estuviese sola me bastaba con la toalla en el radiador." Afirmé yendo a cogerla sin éxito.
"Por mi no te cortes." Me dijo.
"¡Haz el favor de darme mi chaqueta del pijama, que llego tarde!" Le dije.
Entonces la tiró al bidé y se quitó el chaleco para ponérmelo en la mano.
"Te lo presto, al menos está limpio." Me dijo. "Póntelo y deja de culparme si llegas tarde a donde quiera que vayas."
Me quedé con ganas de gritarle, pero me aguanté y acabé por ponerme su chaleco y quedarme con la toalla como falda. Salí corriendo y me cerré en mi habitación para cogerme la ropa y vestirme.
Estaba con los pantalones puestos pero en sujetador aún cuando llamaron a la puerta, por dentro.
"Bonito cuerpo. Siento molestar." Me dijo. "¿Sabes por dónde queda mi país?"
"Básicamente hacia el este, muuuuuuuy hacia el este." Afirmé. "Y ahora… ¿te importa salir de aquí? Me estoy cambiando."
"Eres una tía rara." Me dijo girándose y dándome la espalda con la puerta abierta. "Por cierto, no sé si lo he dicho antes, pero bonito cuerpo."
"Pervertido…" Murmuré a la puerta cerrada de nuevo escogiendo una camiseta de manga larga cómoda que me gustaba particularmente.
No solía ser del tipo de chicas que solían meter a los tíos en sus casas a la primera de cambio, pero… bueno, aquel chico, pervertido y todo, me había salvado la noche anterior, y me había curado el brazo también.
Pero eso no duraría mucho, él no era de allí, quería volver a su casa o a donde quiera que viniera de Japón…
"Me tengo que ir. ¿Vienes?" Le pregunté cuando recogí todas las cosas de mi mochila y me la cargué al hombro.
"Te sigo." Me dijo casi chocando conmigo mientras cogía un tupper de comida del frigorífico. "¿Vas a ir muy lejos?"
"No. Oh, lo dices por esto." Le dije guardando el tupper en una bolsa de plástico y en mi mochila. "Es mi comida, tengo que comer en la universidad."
"Ok, ok… Solo me preguntaba si estaría bien aquello." Me dijo. "¿Te falta mucho?"
"Ya estoy. Móvil, llaves… tengo todo; ale, arreando. Sal que cierro la puerta." Le dije abriendo la puerta.
Bajamos juntos las escaleras, y cuando llegué abajo, me cogió del brazo.
"Muchas gracias por alojarme." Me dijo. "Te estoy agradecido, pero… en fin, si alguna vez te pasas por mi país hazme una visita."
"Estás demasiado lejos, y a diferencia de ti yo no sé tu idioma." Le dije sacudiendo la cabeza. "Pero gracias, lo haré."
"Bueno, la oferta está hecha." Me dijo sonriendo un poco cohibido. "Me alegro de haberte conocido."
"Sí, yo también, seas quien seas." Añadí viéndole alejarse.
(Salto espacio-temporal)
"Eh, Lily." Me llamaron en la cantina chascando los dedos ante mi cara. "Oye, despierta, chica, tienes gente que atender, yo no puedo atender a todos."
"Lo siento jefe." Le dije. "Ahora mismo me pongo."
"Atiende esos pedidos y avisa que cerramos en diez minutos ¿vale?" Me dijo.
"Vale." Afirmé.
El día no había sido bueno, ni tampoco malo; una vez más había vuelto a tener un día del montón.
Cuando diez minutos más tarde acabé, me encargó llegarme la basura y me dejó salir antes mientras él hacía caja y cerraba las luces.
Tiré la basura, fui a la parada del autobús y esperé a coger uno, pero no llegaron, después de media hora un compañero que se iba en bicicleta de la biblioteca me informó de que habían parado el servicio por una manifestación que pasaba por una calle y cortaba el recorrido durante 3 paradas.
No, el día acababa de torcerse, pero siempre podía ir peor; sobre todo cuando mientras iba por medio de la calle, de noche y sola, comenzó a llover y noté que me seguían.
"Disculpe." Me llamaron de atrás. "Señorita, disculpe."
Comencé a andar más rápido.
"Señorita." Me dijeron.
"¡Quítame las manos de encima!" Grité intentando soltarme y golpeándome la cabeza con una farola. "Ouch…"
"Mira lo que has hecho, mono estúpido." Dijo otra voz mientras yo me frotaba el golpe.
"¿Está bien, señorita?" Me dijo la misma voz amable mientras oía a alguien lloriquear.
Levanté los ojos asustada para ver a un tipo tendiéndome la mano y con un movimiento lo derribé y me levanté para comenzar a correr.
"¡Señorita!" Oí que me gritaban. "¡Espere!"
"Te tengo." Me dijo el que me había sujetado la otra vez.
"¡Suéltame!" Le dije.
Entonces me llovió un golpe y me sujeté la cara asustada.
"¡Sanzo, esas no son maneras de tratar a una chica!" Le dijo el que me había sujetado soltándome y poniéndose en medio.
"Señorita ¿está bien?" Me dijo el que me había ofrecido la mano.
"¡Dejadme, por favor!" Les dije asustada. "¡No tengo dinero, no puedo daros nada!"
"Madre mía… creo que piensa que queremos atracarla." Dijo el educado del trío.
"¿Lo ves Sanzo, la has asustado?" Le dijo el pequeño de los tres.
"¡No tengo nada de valor, dejadme!" Repetí intentando levantarme.
"No, no, señorita." Me dijo el educado que era castaño oscuro moviendo las manos excusándose de cuclillas ante mí. "No somos atracadores."
"¡No tengo nada, dejadme por favor!" Dije.
"¿Hay alguien ahí?" Preguntó otra voz.
"¡AYUDA, POR FAVOR!" Grité. "¡SOCORRO!"
"Deja de gritar, loca." Me dijo el rubio de los tres apuntándome con lo que parecía una pistola.
"¿No os da vergüenza?" Dijo el chico que me había salvado viniendo a mi lado y poniéndose en una posición de protección hacia mí entre nosotros. "Tres personas contra una sola chica…"
No pude oír nada más, me quedé desmayada tras el pelirrojo, creo que en el golpe me había hecho algo en la cabeza, porque sentía algo caliente cayéndome por un lado de la cabeza.
(Salto espacio-temporal)
"Hum…" Gemí sintiendo un intenso dolor en la cabeza y presión en un lado de esta.
"Eh, despierta, idiota."
"¡No trates así a la dama!"
"¿Está despierta, está despierta?"
"Au… mi cabeza…" Murmuré con dolor.
"Será mejor que no se mueva, señorita." Me dijo una voz dulce haciéndome reparar en que tenía a alguien justo al lado.
Intenté reconocerle, hasta que me di cuenta que con el golpe o algo, mis lentillas debían haberse volado. No, las dos no, una.
Cerré el otro ojo y miré con el que aún tenía lentilla para ver a los atracadores lo que me hizo asustarme y caerme del banco donde había estado tumbada.
"Te lo dije, mono." Le dijo el pelirrojo. "Me debes una cerveza."
"Tranquila, todo va, bien…" Me dijo el castaño.
"¡No os acerquéis a mí!" Le dije dando un paso atrás.
"Ey, tranquila." Me dijo el pelirrojo levantando las manos también. "¿Te acuerdas de mí?"
"Ten cuidado, los ladrones…" Le dije.
"Los ladrones son amigos míos." Me dijo sorprendiéndome. "Y no soy ladrones, el mono si se trata de comida aún, pero… oh, y el sanzo es un borde y me ha robado cigarrillos alguna vez, pero nada más."
"¿Insinúas que… les conoces?" Le dije confusa para sacudir la cabeza. "¿Entonces por qué me asaltasteis en una calle oscura?"
"Relucías." Me dijo el castaño con las manos levantadas a la vista. "Eras la única persona que lo hacía, es… pensamos que igual…" Me dijo mientras me miraba las manos y los brazos intentando comprobar lo que me decían. "No sé si lo podrá ver, pero es una luz que estaba potente hace un rato, y luego de pronto… se apagó."
Sacudí la cabeza y me caí al suelo.
"Te has hecho daño a base de bien." Me dijo el pelirrojo sujetándome cuando me caí y al cogerme se cayó también él.
"Gojyo, ha perdido bastante sangre." Le dijo el castaño. "Estará mareada y confusa."
"Estoy bien." Afirmé sacudiendo la cabeza. "Es solo que…"
Volví a caerme, entonces me cogió, esta vez acabó cogiéndome en brazos y levantándose conmigo en ellos.
"Vamos, te llevaré a tu casa." Me dijo.
"Yo… pensé que… Japón." Le dije antes de desmayarme.
(Salto espacio-temporal)
"¡Ya despierta!" Oí gritar junto a mi oído cuando me giré en la cama feliz de que todo hubiese sido una pesadilla.
Creo que si me caí de la cama fue del bote que pegué asustada, sobre todo cuando vi a un crío castaño dorado sentado en uno de los taburetes de la cocina pero al lado de mi cama.
"¿Está bien, señorita?" Me dijo mirándome con ojos de cachorro curioso.
"Antes de que le tires un golpe que sin duda se merecerá… te diré que es solo un mono pulgoso." Me dijo el pelirrojo desde la puerta con un cigarrillo en la boca y un mechero en la mano.
"¡¿A quién llamas mono, kappa pervertido?!" Le dijo el chaval.
"Chicos, por favor…" Les dijo el castaño sonriendo suavemente. "La señorita debe estar ya suficientemente confusa por el golpe. ¿Por qué no salís a pelearos fuera?"
De pronto noté que el frío que notaba era ni más ni menos que porque estaba en ropa interior y tomé aire.
"¡FUERA DE AQUÍ TODOS!" Grité asustando a los tres antes de saltar y cerrar la puerta apoyándome la espalda en ella asustada.
No podía creérmelo, qué hacían allí aquellos dos, por qué estaban en mi casa, y sobretodo, cómo narices habían entrado y me habían desnudado y metido en la cama.
Entonces volvieron a llamar a la puerta con suavidad.
"Señorita." Me llamó el de la voz dulce y calmada. "¿Está bien?"
"Perfectamente." Afirmé. "¿Qué ha pasado?"
"Gojyo nos trajo a refugiarnos aquí." Me dijo. "Se desmayó así que la hemos traído aquí que dice Gojyo es donde vive."
Eso era, yo vivía allí, sola. ¿Por qué estaba la casa llena de gente?
"Creemos que es posible que el golpe le haya causado más daño del que parecía." Me dijo el tipo. "Si fuese tan amable de abrirnos para que…"
"¡NO!" Dije. "Quiero decir… ya iré al médico."
"Yo sé de primeros auxilios." Me dijo. "Podría hacer un rápido test para…"
"Oye, preciosa." Me dijo Gojyo tamborileando un par de veces con los dedos. "Ábrenos por favor. Hakkai no es médico, pero puede mirar si te has hecho más daño con el golpe."
"Aquí no pasa nadie hasta que no me digáis quiénes son y cómo han entrado en esta casa." Le dije.
"Abre para que podamos explicártelo." Me dijo.
"No." Me negué.
"Yo soy Cho Hakkai, el niño es Goku y el sanzo es Sanzo." Me dijo el de la voz suave que decía que quería ayudarme. "Somos compañeros de Gojyo, que es…"
"El pelirrojo, lo sé." Afirmé. "¿Cómo habéis entrado?"
"Les he abierto yo, con las llaves que llevabas en tu mochila." Me dijo Gojyo. "Entiéndenos, estábamos preocupados y no tenemos otro sitio a dónde ir, tú vives aquí, así que te trajimos aquí."
Vale, sonaba convincente, y además, me estaba comenzando a dar un mareo por lo que abrí la puerta cayéndome hacia el suelo.
"¡Chica!" Me dijeron.
"Ha sido solo un mareo." Afirmé extendiendo la mano para pararles e incorporarme sola.
"Será mejor que te metas en la cama." Me dijo el castaño dulce, Hakkai creo que había dicho cogiéndome del brazo y ayudándome a sentarme en la cama.
"¿Tan fuerte te has dado?" Me dijo Gojyo con cara de preocupación.
"No sé, me he golpeado cuando me he caído, cuando me han intentado agarrar y al soltarme me he dado contra una farola…" Dije frotándome la mano.
"Déjame ver esa cabeza." Me dijo el castaño suavemente extendiendo las manos hacia mí. "Ufff… creo que esto es lo que te lo provocaba… Gojyo, trae un trapo limpio y agua en un cuenco."
"Ahora mismo." Dijo el pequeño.
"Eh, mono, que tú no sabes dónde están las cosas." Le dijo Gojyo saliendo tras él.
"Tenéis el botiquín en el armario del cuarto de baño ciego." Les dije. "¿Es muy grave?"
"Tienes una herida en la cabeza, eso y el golpe te han hecho marear y desmayarte." Me dijo. "Además, has perdido algo de sangre así que es aún más normal que te marees."
"Aquí está, vendas y pomadas y…" Dijo el pequeño, Goku, creo.
"Goku, con unas gasas y esparadrapo era suficiente." Le dijo Hakkai.
Vale, el pequeño era Goku y el castaño Hakkai.
"¿Está muy mal?" Le preguntó preocupado.
"Que no hombre." Le dijo Hakkai. "Solo se ha hecho una herida pequeña en la cabeza. Con un parche un poco de descanso estará como nueva."
"Aquí tienes, agua." Le dijo Gojyo llevándole el cubo de la colada con agua. "Te lo sujeto."
"Gracias." Le dijo antes de volverse a mí. "A ver sujeta aquí el pelo." Me dijo cogiendo unos mechones hacia arriba del lateral hacia atrás. "Vale, ahora voy a desinfectártelo y…"
Ya había notado que se me nublaba un poco la vista, así que justo entonces dejé de oír y apenas un par de segundos más tarde me desmayé.
Fue raro, porque me pareció que me había quedado frita solo unos segundos, pero cuando desperté, casi amanecía y tenía una venda en la cabeza como en las películas antiguas; sin embargo lo que más me llamó la atención fue ver al chaval dormido junto a mi cama por un lado y al pelirrojo dormido con un cigarrillo a medio fumar como si se le hubiese apagado en los labios.
Me pregunté qué hacían allí, pero al darme cuenta de que estaban dormidos apaciblemente me apiadé y supe que se habían quedado vigilándome y así les había pillado el sueño; así que me mordí el labio inferior con culpabilidad por haberles confundido con atacantes nocturnos y luego haberme portado como una demente en casa cuando desperté cuando ellos lo único que habían hecho era intentar preguntarme dónde estaban porque era evidente que también se habían perdido y llevarme a casa para poder atenderme.
Suspiré y me arrastré como pude fuera de la cama hasta el armario donde tenía un par de mantas de viaje y la de invierno, saqué las dos pequeñas y se las eché a ellos por los hombros antes de coger la grande para ir a buscar al médico; sin embargo, no fue a él a quien encontré primero.
En el salón vi al rubio que abrió un ojo y me miró con desconfianza con su cigarrillo encendido. Le mostré la manta y él sacudió la mano cerrando de nuevo los ojos y remostando el cigarrillo en un vaso con agua sobre la mesita.
Un tío raro. Seguí buscando al médico y al final lo encontré recostado sobre la mesa de la cocina y dormido también. Con cuidado le eché la manta por encima y me fui al baño y luego volví a la cama.
Me crucé al rubio cuando fui al baño pero solo me miró y se encerró dentro.
Muy raro.
Cuando volví a acostarme, el único de los chicos despierto era el rubio, le oí tirar de la cisterna y volver con pasos silenciosos al salón donde había estado.
Que raros eran esos tipos…
