Notas: Disculpas por el retraso - no tengo gran excusa, siendo que he estado activa en el Harry Potter Fanfiction Challenges. Pero he aquí el problema con mi musa, que tiene antojitos bien extraños. ¿Aquel reto que me hicieron en un foro? Inspiración instantánea. ¿La historia que lleva dos años en mi cabeza? Nada. ¡Merlín me ayude!


Tres.

Capítulo I: ¡Cómo el Grinch se robó el Halloween!

-¿No dijiste que querías ayudar a Katie a buscar una nueva escoba en Hogsmeade?

El silencio de Oliver fue todo lo que Angelina necesitaba, y se lo tomó como una victoria. Sentada en la Sala Común de Gryffindor, no pudo evitar dejar escapar un suspiro satisfecho. El Capitán del equipo se hallaba junto a ella, casi inmune a la felicidad que le acababa de brindar a la cazadora.

Angelina era la única que podía lograr que Oliver Wood les cancelara una sesión de entrenamiento. Solía preguntarse por qué - tenia la teoría de que su favorita era y siempre seria Katie, en el plano personal. Nadie si no Katie podía arrancarle una sonrisa furtiva en las prácticas más frustrantes, lo cual era un logro siendo que Oliver Wood no tenía sentido del humor cuando se trataba de Quidditch.

O del todo.

Pero basta de pensar en tonterías, se dijo, planeando disfrutar plenamente de su pequeña victoria. Contenta por las buenas noticias, tenía que compartirlas, por lo que busco con su mirada a Alicia y a Katie. Solamente encontró a Alicia, estudiando y traduciendo sus runas en un sillón frente al fuego. Decidió no interrumpirla.

-¿Has visto a Katie? -le preguntó a Oliver, que había vuelto a concentrarse en su campo de Quidditch miniatura.

Wood señaló con la cabeza un rincón, sin prestar mucha atención. Angelina se tomo un instante para notar que Oliver sabía exactamente donde estaba Katie, después del cual la volteó a ver. Estaba sentada junto a Harry Potter, ayudándolo a estudiar. Katie parecía estar de mal humor, pero por las sonrisas que Angelina le vio forzar, trataba de ser amable con Harry.

Katie era la persona del equipo con la que Harry mejor se llevaba. Se armaba de una paciencia que no tenia porque genuinamente sentía afecto por él, que era tan brillante en algunos campos y tan despistado en otros. Por lo general, era Hermione Granger quien se sentaba a ayudarlo con el trabajo escolar. Angelina asumía que como Granger tenía más tarea que todo Hogwarts junto y al cuadrado, Harry había recurrido a pedirle ayuda a su compañera de equipo (tan brillante en algunos campos, y tan despistada en otros.)

Angelina tenía el chismógrafo de Gryffindor bien actualizado. Muchísimo más cuando se trataba del equipo y quienes los rodeaban.

-Irónico como aquellos dos pequeñuelos que vivieron toda una vida entre muggles, convirtieron nuestro equipo en un buen equipo -pensó en voz alta.

-¿Qué es lo irónico? Es obvio -concordó Wood al instante, dispuesto a conversar ahora que el tema era Quidditch-. Éramos buenos jugadores, pero no trabajábamos en equipo. Contábamos con Charlie Weasley, si, pero teníamos una calidad de juego muy rustica; hacía falta más delicadeza. Harry es el buscador perfecto, Katie es ligera, estilizada y veloz, y Alicia tiene una puntería que solo puede ser descrita como...

Lo siguiente que hizo fue ofenderse porque Angelina no pudo contener la risa, la cual fue tan escandalosa que atrajo varias miradas. Entre ellas la de Katie Bell.

Katie examino la escena unos instantes, y recordó que Oliver Wood era la razón por la que estaba de tan mal humor.

-¡Mira Harry, es el Grinch y se está tratando de robar el Halloween! -se levantó de su silla y fue directo a confrontarlo, dando grandes zancadas para llegar a donde Oliver la miraba con confusión aparente-. ¡Tú, Oliver Wood! ¿Cómo se te ha ocurrido...?

-Katie, con calma. Ya lo convencí para que no se robe el Halloween. ¿Qué es un Grinch? -preguntó Angelina, no sin cierta diversión. El enojo de Katie desapareció al instante.

-Oh. Eso es demasiado bueno como para ser verdad.

-Pues sí, pero tenemos entrenamiento el lunes a primera hora. ¿Qué es un Grinch?

-Otra vez llegare tarde a clases de Snape. Wood, no quieres que me ponga detención...

-Deja de inventar -intervino entonces él. Angelina creyó ver un semblante de sonrisa en su rostro-. Tienes Historia de la Magia el lunes de mañana. Binns no se dará cuenta de que llegas tarde.

Katie encorvó los hombros, simbolizando derrota.

-Valió la pena el intento.

-Definitivamente -mostro Angelina sus más sinceras simpatías-. ¿Qué es un...?

Angelina no se llegaría a enterar nunca. Una explosión se dejó oír cerca de donde Alicia trabajaba, distrayéndola de su curiosidad. Alicia, en su sobresalto, volcó el tintero con su mano. La tinta se derramó directamente sobre el pergamino en el que llevaba dos horas trabajando.

Alicia supo quienes eran los responsables antes de voltearse a ver. Y en efecto, un pelirrojo le sonreía con malicia a su mirada de ira.

Solo puede ser Fred. Tremendo idiota, pensó Angelina. George, en general, cuidaba las sensibilidades de Alicia y Katie.

Alicia sentía que iba a explotar de la ira y de la impotencia, pero prefirió guardarse sus emociones y no montar una escena - suficiente atención había atraído ya. Sin decir una palabra, organizó sus útiles y los guardó en su mochila. Pretendía salir de la Sala Común y dirigirse a la biblioteca, pero se detuvo frente a sus amigas y su capitán.

-¿Entrenamiento en Halloween? ¿En serio? ¿Y encima no decirlo en persona, sino publicarlo en el tablón de anuncios?

-Cancelado.

-¿Cancelado? -Dos voces al unísono, y dos sonrisas idénticas. Oliver ya estaba cansado de repetirlo.

-Cancelado -les confirmó a los gemelos, mientras notaba a Alicia emprender retirada. Ahí fue cuando Katie se giro hacia los pelirrojos, sus ojos radiando toda la furia que había desaparecido cuando le informaron que Wood les había devuelto su Halloween.

-¿Se volvieron locos, ustedes dos? ¿Cómo se les ocurre hacerle eso a Alicia? Saben lo sensible que puede llegar a ser. Saben lo mucho que le importan sus calificaciones...

-No es para tanto, Katie. Solamente la asusté. No sabía que...

-Sabías perfectamente, Fred Weasley -intervino Angelina.

- Sabían exactamente lo que iba a pasar -continuó Katie-. Saben que ella se siente herida después de esas bromas pesadas. Apenas la vean, se van a disculpar.

-Entendido, madre -dijo Fred con voz falsamente solemne. Katie respiró hondo, pero decidió que era mejor dejar de gastar sus palabras y soltó el aire en un largo suspiro.

-Katie tiene razón. Háganle bromas a Sirius Black si se les da la gana. Solamente no a Alicia.

-No sean tan aburridas -dijo George-. Lizzie tiene más sentido del humor que creen.

George siempre la llamaba Lizzie. Alicia insistía en que aquel no era un diminutivo lógico para su nombre pero (precisamente por eso) a George no le importaba y seguía usándolo.

Angelina estaba segura de que, en el fondo, a Alicia no le molestaba en lo absoluto.

-¿Katie? -Harry se había acercado a sus compañeros de equipo, pareciendo aliviado de que Katie sonreía de nuevo-. Pasó algo, que te fuiste tan de repente?

Katie alzo las cejas. Harry, siendo perceptivo? Eso también parecía demasiado bueno como para durar.

-Tranquilo, Harry. Ya todo está bien. Oliver canceló el entrenamiento del fin de semana.

Harry frunció el entrecejo.

-¿Entrenamiento? ¿Qué entrenamiento?


Alicia maldecía el día en que había decidido tomar Runas Antiguas. No sabía ni siquiera por qué se esforzaba con el TIMO. Admiraba a Angelina, que una vez habiendo decidido que Runas no le serviría para nada en la vida, hacia un esfuerzo mínimo por pasarla.

Angelina había entrado al equipo gracias a un enamoramiento de preadolescente que a duras penas sabe que es el sexo opuesto. Iba a salir de aquel equipo siendo una valiosa cazadora. Angelina había florecido gracias al Quidditch, y le daba un punto de comienzo y de apoyo cuando otras chicas se preguntaban para qué servían, o qué iban a hacer con sus vidas, o cómo conseguir aceptación social. Las tres cosas habían venido hacia ella sin que ella las buscase, gracias al Quidditch. Angelina no podía ser más feliz.

Alicia, en cambio, había entrado en el equipo gracias a su trabajo duro y fuerza de voluntad. Era lo que se esperaba de ella, por lo que casi se lo tomaba como una asignatura más. Una que le gustaba, si, pero no se veía entrenando así de duro el resto de su vida. A veces quería simplemente montarse en una escoba y volar, lanzar quaffles de forma libre, sin que Wood le pidiese que hiciese esto o aquello o que volase más rápido o más lento.

Pero ahora estaba sentada frente a su tarea de Runas. Detestaba Runas, pero su carácter le impedía dejarla de lado y no hacer el esfuerzo. Queriendo gritar, repetía todo lo que hace unas horas había hecho de forma prolija y exacta.

-Juro que uno de estos días, los derribo de las escobas -susurro con frustración.

Levantó la cabeza por primera vez en veinte minutos. La biblioteca estaba casi vacía. Para su alivio, cada quien le prestaba atención a sus propios asuntos.

Por eso, no se sintió avergonzada cuando lagrimas silenciosas escaparon de sus ojos. No tenía la costumbre de llorar en público, o del todo. Pero entre los entrenamientos, los TIMOS y la falta de sueño, estaba siendo llevada a sus límites de frustración. De no ser por Fred y George Weasley, en aquel momento estaría preparándose para dormir.

Había perdido toda concentración, y se maldecía a si misma por ello. Examinaba a la gente que estudiaba en silencio, concentrados. Hermione Granger en su esquina habitual, un grupo de Ravenclaws entre montones de libros, y grupos pequeños de gente esparcidos por todo el lugar.

Y a dos mesas de distancia de sí misma, Adrian Pucey.

Tragó saliva.

Si ese chico se había quedado en su memoria, era porque Angelina y Katie la atormentaban al respecto. O eso quería creer. No se permitía a si misma olvidar que, al contrario del resto del equipo de Slytherin, Pucey no jugaba sucio. Tampoco pertenecía a aquellas típicas pandillas de Slytherins que se dedicaban a atormentar a toda la escuela. Alicia recordaba su larga Selección cada vez que lo veía y se preguntaba a cual otra casa el Sombrero había querido mandarlo. Alicia solía pensar que habían sido quince minutos, pero lo más probable es que no fuesen más de cinco. Quién sabe. Había estado de pie, cansada, con frio y hambre.

No podía evitar mirarlo. Alicia sabía reconocer a un chico atractivo cuando lo veía y Pucey, con sus pómulos altos y ojos penetrantes, cumplía su distinción personal. Su semblante era fuerte y su manera de tratar a quienes lo rodeaban era decididamente Slytherin. Eso solamente ahondaba en el dilema.

Pucey debía estar trabajando en Historia de la Magia, porque tenía cantidades inusuales de pergaminos a su alrededor. Incluso desde aquella distancia, Alicia notaba notas e irregularidades en los márgenes del trabajo de Pucey. Aquello la sorprendió, porque Pucey tenía la fama de ser metódico y organizado. Alicia sabia, porque lo había visto, que él sabia como desaparecer tinta y hacer que el pergamino quedase como nuevo.

La solución a su presente problema se le apareció de golpe, y tuvo que pensar dos veces antes de actuar.

Vamos, es Pucey. No es Flint. Lo peor que vas a conseguir de él es un 'no' o que te pida algo a cambio. No pierdes nada con hacer el intento.

Haciendo uso de su espíritu Gryffindor, Alicia se armo de valor. Tuvo que hacerlo rápido porque él ya comenzaba a enrollar sus pergaminos y juntarlos. Lo observó guardar sus útiles en su mochila y dirigirse hacia la entrada. Solamente cuando pasó por su lado se atrevió a llamarlo.

-¡Pucey! -ya está. Lo había hecho.

Él se giró, sin sorprenderse. O eso creía Alicia, porque no mostraba expresión alguna. Alicia rezaba por no tener los ojos rojos, o siquiera una mirada suplicante.

-¿Spinnet? -Su voz no era amable, no era cortante. Alicia no sabía que esperar de él.

-¿Cómo... cómo haces eso?

Genial. Había sonado como una perfecta idiota.

-¿Hacer qué? -su voz no denotaba desdén tampoco. Alicia comenzaba a sentir escalofríos.

-Te he visto desaparecer manchas de tinta...

-Es un hechizo que no aprendemos en Hogwarts -fue su pronta respuesta-. Me lo enseñó mi padre.

Se hizo un silencio incomodo. Era como si Pucey no entendiese lo que conlleva una interacción básica entre dos personas.

-¿Me puedes ayudar, por favor? -preguntó ella. Un Gryffindor le había arruinado la tarea y estaba recibiendo ayuda de un Slytherin. Casi sentía que era traición hacia su casa.

-Déjame ver.

Alicia se tomo unos instantes en recuperar el pergamino de su bolso. Lo desenrollo lentamente, y el desasosiego que había sentido cuando derramo la tinta se apodero de ella una vez más. Aun no secaba del todo y coloreaba también los dedos que le tocasen. Fue difícil no reaccionar frente a él, que la observaba fijamente.

Los ojos del chico pasaron a examinar los daños. Alicia trataba de buscar en su rostro alguna semblanza de emoción, pero no veía nada más que una calma que parecía traicionera.

Sin decir nada, Pucey tomó su varita y la movió con gracia. Chispas color naranja se adhirieron a la porción del trabajo afectado por el incidente. La tinta desvaneció.

-No pude evitar borrar palabras. Es lo mejor que pude hacer.

Fue el turno de Alicia de observar el pergamino. Reponer los pedazos de texto que faltaban, y terminar la traducción, no podría tomarle más de media hora. Quería llorar nuevamente, ahora de alivio.

Nuevamente apelando a su instinto Gryffindor, se mantuvo serena y mostro su incredulidad.

-¿No me vas a pedir nada a cambio?

-¿Por qué lo haría? Te debía una.

Alicia tardo unos instantes en entender a que se refería. ¿Estaría hablando de aquella pluma que le dejo hacia tres años en Pociones? ¿Cómo se acordaba todavía? Es más, ¿Cómo (y por qué) ella misma se acordaba de algo tan mínimo?

Incluso así, todavía sentía que debía estar alerta.

-En idioma Slytherin, te debo más de una por el hecho de que no has intentado derribarme de la escoba.

Solamente ahí su semblante denotó algún rastro de emoción. Sus ojos brillaron, y su rostro se vio agradablemente transformado por una especie de sonrisa.

-La mala fama que tenemos -dijo con una especie de humor amargo. Su media sonrisa duro unos instantes más de lo necesario. Sin más palabras, se dio la media vuelta y salió de la biblioteca.

Alicia, con su corazón incomprensiblemente agitado, recordó dos segundos demasiado tarde que no había alcanzado a darle las gracias.


-Lo siento, Alicia. George no tuvo nada que ver. Fui yo quien tuvo la idea. No volverá a suceder.

Era un domingo de Hogsmeade, y encima Halloween. Era difícil estar de mal humor. El cielo del Gran Comedor mostraba que nevaba, lo que definitivamente significaba una pelea de bolas de nieve con los gemelos, Lee, Katie y Angelina.

-No te preocupes, Fred -dijo con su más brillante sonrisa-. Ya pasó. Terminé y entregué el trabajo a tiempo.

-Buenos días, equipo -interrumpió Oliver energéticamente, sentándose frente a Alicia-. Hoy es el gran día...

-...en el que Oliver Wood no va a dar un discurso. Por favor -rogó Katie.

-Pero hoy...

-Katie, te tengo que mostrar quien es Jack... ¿ves a ese Ravenclaw? Ese rubio que esta sirviéndose agua y leyendo El Profeta...

Katie se giró rápidamente para ver al chico. Angelina le había contado que tenía una cita, pero aunque le había dicho su nombre, curso y casa, no tenía idea de quién era.

-Oliver, hermano, déjanos en paz por un día -tradujo entonces George.

-Pero...

-¿Él? -Katie ignoraba a los gemelos y a Oliver-. Nada mal, Angelina. Nada mal. Felicidades.

Alicia trataba de no sonreír ante la indignación de su capitán. Para distraerse, tuvo que voltearse para ver al Ravenclaw en cuestión. Lo reconoció en seguida.

-¿Jack Nollan? No me dijiste, Angie.

-¿Nollan? ¿De mi curso? -de pronto, Oliver parecía interesado-. Le tiene miedo a las alturas. Estas saliendo con él?

-No es asunto tuyo, Wood. Concéntrate en tu cita y yo en la mía.

-¿Cita?

-¿No dijiste que ibas a llevar a Katie a comprarse una nueva escoba?

-Es lo que llevo tratando de decir! Hoy es el gran día en el que Katie va a recibir una escoba nueva!

-Ustedes dos -interrumpió Katie, su buen humor súbitamente desapareciendo-. A mí me gusta mi escoba tal y como es. Lo saben.

-¿Quieres ganar contra Slytherin?

-¿Quieres oírme quejarme de cómo me hiciste cambiar mi escoba hasta el fin de tus días?

Tanto Oliver como Angelina pensaron que aquella era la peor opción. Los dos callaron, y Katie tomo este hecho para susurrar furiosamente hacia su amiga, sin que su capitán oyese.

-¿Y quién te dijo que yo iba a ir con él a Hogsmeade? Yo ya quede con Fred, George y Alicia en ir a Zonko's y después...

-Katie -Angelina habló en un murmullo-, es la única forma que tuve de convencerlo. Al menos ve a ver escobas con él y luego escápate. Si no, la próxima vez me va a decir que no cumplo mi palabra y nos deja la práctica...

-¿Le dijiste a Wood que iba a salir conmigo si cancelaba? ¿Y desde cuando a Wood le importa?

-Le dije a Wood que podía pasar por Dervish & Banges y ver escobas contigo. Está bien, perdón. Pero estamos hablando de Wood, no de Warrington. Después nos reunimos todos y no será tan grave

-Ange, no puedes decir en voz alta que es una cita -interrumpió entonces Alicia-. Sabes que creo en la amistad entre un hombre y una mujer, pero en el momento que dices 'cita' lo haces todo más incomodo...

-Déjalo estar, Alicia -dijo Katie, intentando prevenir una discusión entre sus amigas-. Nos vemos entonces en Las Tres Escobas más tarde. ¿Te puedo dar unos cuantos galeones para que me compres algunas cosas de Honeydukes?

Angelina se sintió ligeramente culpable. En sus ansias, había olvidado que Katie y Alicia habían quedado en ir juntas.

-Puedo ir con ustedes, Katie...

-No, ve con los gemelos. Nos vemos en Las Tres Escobas. Trataré de soportar la mañana lo mejor posible -bromeó. Sabía que el chico no era tan malo, pero el cambio de planes la había frustrado un poco.

Dirigió su mirada hacia su capitán, con una sonrisa en la cara. Oliver era una buena persona - demasiado bueno, creía ella. No parecía tener una chispa de malicia o malos pensamientos hacia nadie, o hacia nadie que no fuese el Snape o el equipo de Slytherin.

-Oliver, perdona. Siento tanto que Angelina...

-Te forzó a ver escobas conmigo para que ella pudiese tener su cita.

Katie se sonrojó un poco ante lo directo que era Oliver. Su sonrisa le indicaba que no tomaba ofensa.

-Básicamente.

-No me quejo. Estoy en buenas manos.

En ese momento, Katie presintió que ese día iba a ser interesante.


Dervish & Banges era un lugar terriblemente fascinante para Katie. Adoraba aquel local, con sus estrambóticos artefactos y su iluminación tenue. Apenas puso pie en la tienda, corrió a examinar las estanterías y a hacerle una buena cantidad de preguntas a quien pudiese responderlas.

Oliver, muy a su pesar, sonrió y se dedicó a hablar con el dueño del local. Había aprovechado la ocasión para hacerle mantenimiento a su Snitch y sus Bludgers. Una vez el hombre se las hubo llevado para examinarlas, tuvo que hacer un gran esfuerzo para sacar a Katie de entre las estanterías y llevarla a donde tenían la selección de escobas.

No era tan grande como la de Artículos de Calidad para el Quidditch, pero era lo suficientemente inclusiva. Tenían la Cleansweep 8 y la Nimbus 2001. La Saeta de Fuego también, pero incluso Oliver sabía que era demasiado pedir.

-¿Una Cleansweep 8, Katie? Es como la Cleansweep que usas, pero más fácil de controlar. Te vendría bien para...

-No.

-¿Y qué dices de la Nimbus? Es rápida y...

-No. Dije que venía a ver escobas contigo, no que me iba a comprar una.

-Katie, eres una jugadora excelente, y creo que la escoba correcta te podría hacer bien. Tú necesitas una escoba más ágil que la que estas usando.

-Me podrías regalar una Saeta de regalo de Navidad, y aun así no la usaría.

Oliver no entendía a las mujeres y su empeño por apegarse a cosas que resultaban inútiles.

-No es el momento para ponerte emocional con tus pertenencias, Katie. Necesitas una nueva escoba. No pretendas que no la puedas comprar.

Katie se ofendió ante su forma de hablar. Si, sus padres podían pagar una Saeta de Fuego. Eran cosas siempre dichas en tono de reproche, como si ella tuviese la culpa de que su padre fuese un hombre exitoso. Como si fuese algo negativo. Era un hecho que ella no mencionaba, pero que era traído a conversación por parte de terceros. Nunca había dejado de desconcertarla.

El hecho de que Oliver usara aquel argumento la lleno de enojo. Era inútil discutir con alguien tan obstinado.

-¿Qué vas a hacer entonces? -espetó, su estado de ánimo evidente-. ¿Vas a sacarme del equipo?

Oliver optó por el silencio, y ella aprovechó para regresar a las estanterías y seguir preguntando acerca de los artefactos que encontraba, pero no pudo salirse de su propio enojo. A todas estas, ¿qué tenía de malo su vieja escoba? Sus padres no habían querido comprarle una bajo el pretexto de los supuestos peligros. Ella se había salido con la suya y sus padres no habían podido decirle nada. Katie se lo tomaba como una victoria personal. La escoba era símbolo de su tenacidad.

Oliver, por su parte, siempre sintió que podía lidiar con todo y tenerlo bajo control. Incluso con los gemelos podía vencer eventualmente. La única excepción a esta regla parecía ser Katie.


-¡Vamos a comer a donde Madame Puddifoot para darle a Angelina un infarto!

Oliver parpadeo rápidamente, confundido.

-Katie, me siento honrado por tu propuesta de cita, pero...

-Oliver, me siento honrada de que creas que te estoy proponiendo una cita, pero mi capitán me prohibió salir con compañeros de equipo.

Esa era una política que Oliver había establecido al notar lo cercana que era la relación entre los gemelos y Angelina. Oliver también tenía su chismógrafo del Equipo de Quidditch actualizado.

-¿Para qué quieres ir a donde Madam Puddifoot, entonces?

-Angelina está teniendo su cita y está segura de que nosotros estamos teniendo la nuestra. Quiero ver su reacción cuando nos vea...

A Oliver le pareció una noción juvenil, pero tenía hambre y no se le ocurría una mejor idea que la de Katie. Habia escuchado de sus companieros de clase que aquel salón de té tenia buena comida, pero que el ambiente era detestablemente romántico.

-Katie, ¿segura de que esta no es una cita? -Preguntó desconcertado. Katie río con tal intensidad que le dolió el estómago. Eso pareció tranquilizarlo, y de tanto que ella se reía, fue él quien tuvo que arrastrarla hacia su destino.

Katie solo pudo parar de reír cuando llegaron al local. Nunca había estado ahí, y una vez adentro, entendió por completo la aprensión de Oliver. La decoración era de un gusto barato, y las parejitas que estaban ahí parecían solamente buscar un refugio contra el frio, un rincón en donde poder besuquearse en paz.

-Podemos irnos si quieres...

Él le lanzo una mirada asesina.

-Ya llegamos hasta aquí, ya nos sentamos a comer.


-¡Por Katie y Oliver!

-¡Que no fue una cita, George! -se exasperó Katie.

-Soy Fred, Katie. ¿Tantos años juntos y todavía no sabes...?

-Perdón, Fred...

-¡No, yo soy Fred! -dijo el otro pelirrojo con un guiño de malicia.

-¡Ustedes dos! No me importa quien haya sido...

Angelina y Alicia se miraban la una a la otra, sin poder contener sus risas. Katie, de solo verlas, ablandó su expresión y se les unió. A decir verdad, nada mejor que estar con Angelina y Alicia en Las Tres Escobas, tomando una cerveza de mantequilla, con los gemelos Weasley alegrando el ambiente. Oliver habia decidido regresar al castillo, con la siempre presente excusa del Quidditch.

-¿Tan grave fue? -preguntó Alicia.

-No, fue divertido... Incluso dejó de hablar acerca del Quidditch durante el almuerzo.

Katie no mencionó que había amenazado con taparse los oídos y cantar desafinadamente si él se hubiese atrevido a tocar el tema.

-¿En serio? ¿Y de que hablaron?

-Me contó de su familia, yo le conté de la mía... te vimos con Jack Nollan, Angie, y nos reímos un ratito de tu expresión...

-Ya, ¡restriégame en la cara que tu cita fue mejor que la mía!

-¡Que no fue una cita! Y Oliver te lo advirtió... ¿qué esperas de un hombre con miedo a las alturas?

-Tú lo que necesitas es a un Weasley, Angie -dijo Fred, no por primera ni por última vez-. No hay ningún hombre fuera de nosotros dos que te haga reír.

-¿Y es que acaso alguno de ustedes dos me ha invitado a salir?

-¿Ya te olvidaste de la regla que puso Oliver? Prohibido salir con personas del equipo...

-Y vaya que el mismo sabe seguirla. ¿O no, Katie?

-¡Que no fue una cita, Alicia!

Pero nuevamente, Katie se vio arrastrada por las risas de los demás, y pensó que Oliver había tenido una forma bien particular de robarse el Halloween.


Notas: Y si, se supone que debe tener un foco en las tres chicas. Pero... pero... Katie y Oliver... la verdad, como Azkaban es el último libro donde Katie realmente interactúa con Oliver, creí que debía establecer dinámicas más bien temprano.

Alguien preguntó acerca de Alicia y Adrian, y la respuesta es sí. Sé que es una pareja inusual y no pretendo que me la crean sin yo explicarla como se debe, pero planeo explicarla por medio de mi historia, no con ningún comentario aparte.

Muchísimas gracias por leer y por su apoyo. ¡Doblemente gracias si me dejan un review!

-Karyn.