Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. Esto no es un intento de violación a los derechos del autor. El contenido original, ideas, nuevos personajes, propiedad intelectual son creación de LifeOnShuffle. Cualquier plagio es considerado robo.

Primera publicación 7 de Mayo de 2010. Re-publicada 24 de Julio de 2010.

Esta historia está catalogada M por una razón. Créanme.


Capítulo I:

Glory in Misery's Kingdom.

"Glory is fleeting, but obscurity is forever." –Napoleon Bonaparte.

Era la gloria.

Todo a su alrededor parecía crecer conforme pasaban los segundos. ¡Hasta el cielo parecía más cercano! Hubiese alcanzado una de las estrellas que en el estaban de no ser que repentinamente sus párpados comenzaron a pesar y su boca a sentirse seca.

Con urgencia, tanteó a su costado derecho, en donde al subir al tejado de su habitación había dejado una botella de agua mineral. Una risita escapó de sus labios al pasar a golpear con el dorso de su mano la botella provocando que esta ruede por la inclinada superficie para finalmente caer.

¡Oops!Soltó cubriendo su boca con su palma izquierda, para amortiguar su explosiva risa, esperando que la botella no haya golpeado a nadie en su camino hacia el precipicio. Al sentir el sonido 'como de algo golpeándose' contra una superficie dura, supo que nada malo había pasado. Bueno, no del todo. Ahora necesitaba una botella nueva de agua. Y otro cigarrillo de la risa (1).

Paso a paso se aproximó al árbol que le permitía subir hasta el tejado y se aferró fuertemente cuando estuvo junto a él. Acostumbrada a escalarlo toda su vida –además de no pocas murallas- el estar un poco aletargada no significaba un gran problema a la hora de descender pues ya lo conocía de memoria. Cuidando de no resbalar, observó el suelo de su balcón antes de dejar caer su pie derecho y tras de comprobar que todo estaba en orden, repitió la acción, esta vez, con su pie izquierdo.

"¡Esa es mi chica!" Se halagó a si misma con satisfacción al mismo tiempo que sacudía sus manos en el aire y luego deslizándolas por la parte delantera de sus muslos, se aseguró de quitar cualquier residuo de madera, como resina.

Al terminar su rutina de limpieza, sus ojos, enrojecidos y mas pequeños de lo normal, se dirigieron al interior de su habitación en donde para su sorpresa la esperaba… hmmm.

"Señorita Swan."

"Señor, si, señor." Respondió –a la mujer de quién la mayoría de las veces no podía recordar el nombre- moviendo su mano hasta su sien, tal como lo hacen los soldados con sus superiores.

"Señorita, ¿se encuentra bien?" Consultó la no tan anciana mujer, evaluando el aspecto de Isabella, la que suspiró pesadamente a medida de que ingresaba por completo a su habitación y se acercaba hasta quién era el ama de llaves de su hogar.

Al llegar hasta ella, pasó uno de sus brazos alrededor del cuello de esta.

"Verás…" Comenzó, apoyando su cabeza en el hombro de la incómoda sirvienta, pero repentinamente se vio falta de palabras.

¿Qué era lo que estaba diciendo?

Una risa se escapó de sus labios, causándole un gran susto al ama de llaves.

"Lo siento." Se disculpó, viendo la reacción de su acompañante. "¿Sabes? Nunca puedo recordar tu nombre, es bastante enredado a decir verdad. No deberían hacerlos así de complicados. Lo sé, son originales pero… ¿quién sabe pronunciarlos? ¡Ni siquiera tu debes conocer bien tu nombre, querida ama!" Una sonrisa cursó sus labios al una idea presentarse en su cabeza. "¡Ya sé! De ahora en adelante, no te llamaras más…" Arrugó el ceño y empezó a pasear, con la mujer a su costado "como quiera que te llames. En este minuto decreto que todo el mundo te llamará… ¡Amelié! ¿Te gusta?" preguntó apartando sus brazos y cabeza del hombro de 'Amelié' y volteándose a verla.

"Bueno-" partió diciendo la asustada señora pero muy pronto, Bella la interrumpió.

"Me parece que sí. Además, sigue siendo francés y mucho más fácil de pronunciar y recordar. De hecho, Amelié, he visto tu película, digo… creo. La verdad es que no lo sé." Acotó insegura, tirando del dobladillo de las mangas de su buzo.

"Señorita Isabella…" Susurró amablemente –cuyo nombre real era Geneviéve Grosvenor- al ver que la jovencita agachaba la mirada "¿se encuentra usted bien?" no hubo respuesta.

Entonces Geneviéve dio un paso más cerca de ella y tomándose una libertad que su jefe, el señor Charles Swan nunca le hubiese permitido tomarse, posó su mano en el hombro de Isabella, quién al sentir el cariñoso gesto levantó el rostro y muy rápidamente, se apartó.

"Está todo bien, Amelié." Afirmó mirándola y agitándole el cabello. "Uno de estos días veré tu película ¿de acuerdo?"

Y sin mas, abandonó su propia habitación, en busca de una botella de agua y principalmente, en busca de un lugar en donde los gestos de cariño, no existieran. Ella ya sabía donde ir.

Para el señor Charles Swan el día había sido, literalmente, un jodido día.

Un problema se había presentado en uno de los centros comerciales de su concesión y había tenido que viajar de manera urgente al lugar del suceso para solucionarlo. Como siempre, había sido nada del otro mundo pero, ¿qué podías esperar de unos incompetentes subordinados? Si hubiese podido, Charlie –como era llamado por sus más cercanos- habría hecho cada una de las labores que implicaba cada centro comercial, pero como no podía ser divido en millones o clonado, tenía que conformarse con lo que disponía: un personal de centenares de personas que si no trabajan, se mueren de hambre.

No literalmente así pero a Charles le encantaba exagerar.

Eso le hacía sentir bastante especial, a decir verdad. Charles pensaba que el dar trabajo a esos centenares era una gran obra caritativa, lo que le parecía perfecto a su enorme ego que se regocijaba a cada instante que Charles recordaba lo poderoso que era en su país y en todo el mundo. Porque ¡por supuesto! La cadena de centros comerciales más grande todo los Estados Unidos no era lo único que poseía el señor Swan. Entre el gigante listado del patrimonio Swan se incluían, una aerolínea, acciones en una cadena farmacéutica, una agencia publicitaria y así sucesivamente.

Las riquezas del 'Señor S' parecían nunca acabar. Precisamente por eso, necesitaba que Isabella comenzara a preocuparse de aquello, después de todo, ella sería su sucesora; lo menos que podía hacer por él era seguir engrandeciéndole después de muerto y aunque eso no pasaría en unos largos años más, -ya que con cuarenta y siete años, contaba con una excelente salud- tenía que planificar todo desde ahora, pues Isabella debía estar muy bien preparada.

Pero ella no le haría las cosas fáciles.

El golpe de una puerta cerrándose sacó a Charles de sus pensamientos. Su hija, Isabella, estaba llegando.

Así que estaba fuera. ¿En qué momento…?

Oh, eso no importaba.

De prisa, corrió su asiento –un cómodo sillón reclinable, de cuero negro- provocando este un fuerte ruido al colisionar con las estanterías llenas de libros pero a pesar de eso, Charles no se preocupó, al contrario, siguió haciendo su camino fuera del estudio y se internó en el largo pasillo que le llevaba al vestíbulo; si tenía un poco de suerte y sus pies eran lo suficientemente rápidos, se encontraría con Isabella antes de que esta subiera aceleradamente a encerrarse en su recámara.

Y así pasó.

Isabella se quitaba sus zapatillas cuando su padre la sorprendió.

"Isabella." La nombrada que terminaba de quitarse su zapatilla izquierda, la soltó. De inmediato su vista ascendió hasta la altura de su padre y con una mueca burlona se estiró hasta quedar del todo recta.

"Charles." Masculló no preocupándose ni un ápice de la molestia que le causaría a su padre el que ella le llamase así. En cambio levantó su mentón y se cruzó de brazos.

"¿Cuántas veces tengo que decirte que no es correcto que me llames así? Soy tu padre, Isabella."

"Lamentablemente" susurró más que para ella, para él, aunque eso no quitaba el hecho de que él la oyese. El ceño del hombre se frunció marcadamente. "¿Y cómo pretendes que te llame? ¿Papá?"

"Eso es lo que soy, ¿no es así?" Bella rodó sus ojos y metió la mano en el bolsillo delantero de su pantalón, para subirle aún más el volumen a la ruidosa música. Era bueno que fuese buena leyendo labios porque la voz de Charles se le hacía molesta.

"¿Se te ofrece algo más, Charlie?" Cuestionó elevando una de sus cejas.

"Isabella…"

"Es Bella."

"Bella" se corrigió a si mismo, con hastío "¿Te haz dado cuenta de lo tarde que es? Podrías haber llamado." La muchacha chasqueó la lengua.

"¿Y eso que diferencia hubiese hecho? No es que yo te preocupe demasiado de todas formas."

Los ojos de su padre se abrieron desmesuradamente por la sorpresa y la vergüenza cubrió sus mejillas al percatarse de que, en realidad, no se había preocupado de su ausencia. El había creído que ella estaba en su habitación encerrada, no afuera, quizás en qué sitio.

"¡Isabella!" Gritó tratando de encubrir su vergüenza con la rabia. Bella soltó una carcajada y sacudió su cabeza. Luego desvió su atención a la canción que empezaba a sonar ahora en su lista de reproducción; la guitarra sonaba increíblemente potente al principio.

La indiferencia de su hija irritó de sobremanera y acercándose a ella a paso duro, arrancó los audífonos de los oídos de Bella.

"¡Hey! ¿Cuál es tu problema?"

"." Asombrada por su sinceridad, ella alzó ambas cejas. Entonces, Charles se dio cuenta de lo que había dicho. "No en ese sentido, no era lo que quería d-decir."

"¡Ah! No me hagas reír, papá. Es obvio que era lo que tú inconsciente quería decir, ahora, el problema fue que lo lanzaste sin antes pasarlo por el filtro ¿o me equivoco?" no hubo respuesta "¡Que maravilla! Charles Swan dice algo sin pensarlo mil veces como el hombre frío y calculador que es." Pausó para palmearle el hombro "No te preocupes, viejo, no me molesta que hayas revelado lo molesta que resulto ser para ti. Finalmente… logramos coincidir en algo."

Sin más palabras, volvió a poner los audífonos en sus oídos, tomó sus zapatillas y se alejó, dejando a su padre atónito.

Pensando en el desperdicio de tiempo que había sido el que tuvo, bufó, escaleras arriba.

¡Ahora tendré que volver a poner la canción desde el principio!

(1) Se refiere, por medio de un eufemismo, a los comúnmente conocidos "pitos", "porros" o como quiera que le llamen a los cigarrillos de marihuana (busqué nombres alternativos y di con que los que nombre anteriormente son los más comunes)

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Notas del Autor:

. Poster promocional de la novela y demás imágenes con links directos, publicados en Profile/Perfil.