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Providencia:
A la mañana siguiente Rex se despertó en el sofá de Trixie. Al principio se encontraba algo desorientado pero después de un rato recordó todo. Buscó a tientas su chaqueta y cuando por fin se la puso, caminó por la casa en busca de su nueva amiga. La encontró en el comedor con un plato de avena mientras estudiaba lo que parecía ser un cartel.
—Este... buenos días Trixie... — saludó Rex.
Trixie se volvió hacia él y le sonrió.
—Buenos días Rex Salazar. Hay avena instantánea en la despensa si tienes hambre, sólo tienes que calentar el agua; y te recomiendo también preparar un poco de café para la Gran y Poderosa Trixie y para ti porque hoy será un largo día.
-—¿Qué? ¿De qué hablas? — Preguntó Rex aun medio dormido. — ¿Y no quedamos en que dejarás de hablar en tercera persona?
Trixie rodó los ojos exasperada.
—Está bien, por favor pon agua a calentar y prepara café para ambos lo más rápido que puedas porque hoy nos espera un día bastante largo. ¿Comprendes?
Rex obedeció automáticamente mientras Trixie cambiaba el cartel por un libro que tenía cerca y no dijo una palabra más. Rex al final le puso una taza delante y se sentó con una taza de café él mismo y un plato con avena instantánea.
—Bueno, aquí tienes. ¿Me puedes decir por qué la prisa?
Trixie hizo levitar hacia él una fotografía de un poni terrestre color rojo rubí con ojos púrpura con la melena azul oscuro y una Cutie Mark de una bolsa de dinero.
—Se llama Bank Bucks. Hace poco era un reconocido banquero, o bueno, eso aparentaba. En realidad era un estafador que huyó con todos los ahorros de la ciudad de Maretrópolis.
—Adivino: nunca se le volvió a ver — dijo Rex preocupado.
—No, él está viviendo en Manehattan a lo grande; pero no se le puede tocar porque se esconde detrás de un montón de legalidades, papeleo, y bueno, te podrás imaginar. La gente de la ciudad ha reunido lo que tiene y me ha pedido que se los lleve para que se haga justicia. Verdadera justicia; pues como cazarrecompensas, la ley no es un problema para la Gran y... para mí; lo lamento.
Rex se rio un poco, pero todo aquel asunto le daba algo de nervios.
—¿Y por qué me necesitas a mí? — Preguntó algo nervioso.
—Porque seré amable pero no tonta. No sé nada de ti y ya bastante hice con dejar que te quedaras, pero no puedo dejar solo en mi casa a un completo extraño; no digamos a un mutante que transforma su cuerpo en cosas metálicas — dijo Trixie con tranquilidad. — Tú vienes conmigo y punto.
Rex tuvo que darle la razón; era cierto que ella ya había hecho bastante por él; aunque no le agradaba nada en lo que se estaban metiendo. El chico apuró su desayuno y se pusieron en marcha. Todos en la ciudad de Trottingham parecían alejarse de Trixie y hasta le cedieron un puesto en el llenísimo tren. Rex la miró fascinado a lo que ella sólo le guiñó un ojo.
—Por eso de las reglas más básicas del cazador de recompensas es nunca hacer tus negocios en donde vives a menos que vivas en una ciudad grande; para así evitar llamar demasiado la atención. La ventaja es que en Manehattan nadie me conoce así que puedo hacer libremente mi trabajo.
Rex torció el gesto, pero asintió ligeramente. Un viaje de seis horas más tarde estaban arribando a la ciudad de Manehattan, en donde Trixie rápidamente se las arregló para encontrarles un alojamiento; en donde rápidamente se puso a repasar su misión. Rex seguía sintiéndose incómodo pero al final Trixie, adivinando lo que pensaba, lo tranquilizó con una sonrisa.
—No te preocupes tanto, Rex Salazar. Aunque te arrastré hasta aquí, no te haré participar en mi misión si es lo que te preocupa. Puedes quedarte en el hotel si lo deseas y hasta dar una vuelta por ahí; pero me llevaré todo el dinero menos cincuenta bits; más que suficiente para que hagas lo que gustes; hasta para comprar un boleto de tren para irte a otro sitio y recomenzar tu vida.
Rex asintió pero al final sacudió la cabeza violentamente.
—No, esto no está bien Trixie. Bueno, es cierto que no me gusta nada en lo que te estás metiendo, pero porque siento que es demasiado peligroso y necesitarás mi ayuda. Tú me ayudaste, por lo menos déjame ayudarte — dijo el chico haciendo un movimiento cuando de pronto algo se cayó de su chaqueta. Eran dos pequeños objetos plateados como de plástico muy resistente; como una especie de pequeños micrófonos con un extraño botón, pero no sabía lo que hacían.
Trixie hizo levitar uno hacia ella para examinarlo mejor. Era un aparato pequeñito sin nada de especial pero viendo cómo era el extraño Rex cualquier cosa podía pasar.
—¿Qué es esto, Rex Salazar? ¿Tampoco lo recuerdas?
Rex se quedó mirándolo atónito por un tiempo... como tratando de recordar. Entonces, como iluminado por una revelación tomó uno de los apartaos y se lo colocó en la oreja; luego metió el segundo en la oreja de Trixie.
—Listo — dijo apretando el botón del aparato. — Trixie, ¿me oyes?
Trixie soltó un gemido de sorpresa.
—¡Esto es increíble, Rex Salazar. Es como si te escuchara dentro de mi oreja a través de este pequeño aparato. ¿Cómo es esto posible?
Rex le dedicó una sonrisa presumida.
—No sé cómo recuerdo esto, pero se llama transmisor. Aunque estemos a kilómetros de distancia, seremos capaces de comunicarnos y sincronizarnos en cualquier lugar. Sólo tienes que apretar el botón, hablar y yo te escucharé en donde quiera que esté y responderé como pueda. Así de fácil.
Trixie miró fascinada el extraño aparato.
—Rex... ¿te importaría prestarme uno de estos? Tal vez esta misión requiera de estos aparatos.
Rex asintió amablemente.
—Muy bien, yo usaré el otro. Recuerda, aprieta el botón, habla y yo te escucharé en donde quiera que esté. Vaya, jamás pensé que estas cosas no fueran conocidas aquí; hasta donde puedo recordar son bastante comunes.
Trixie le dedicó una sonrisa amable.
—Bueno, piénsalo un poco Rex Salazar: puede que vengan del mismo lugar de donde vienes tú y estoy comenzando a pensar que no es un lugar de Equestria que conozca.
Rex no dijo nada más; ni tampoco Trixie, así que ambos salieron del hotel dispuestos a cumplir con su misión.
Según la información recolectada por Trixie, el sujeto vivía en un Pent House en la zona más lujosa de la ciudad; pero debido precisamente a la exclusividad del edificio, la seguridad interna era todo un misterio. ¿Cuántos guardias? ¿Qué clase de hechizos de seguridad tenía? Por eso era considerado una misión muy peligrosa; pero para alguien del nivel de Trixie tal vez fuera manejable. El plan era simple, desde la terraza del edificio de junto saltarían hacia la azotea del primero y una vez ahí se las arreglarían para burlar a la seguridad o si se daba el caso, dejarla fuera de combate.
Desde la azotea del otro edificio (a la cual llegaron subiendo por la escalera para incendios) Trixie miró a Rex.
—Es un salto muy peligroso, Rex Salazar. Puedo usar el hechizo para desacelerar caídas sólo en mí misma. ¿Estás seguro que quieres seguir con esto?
Rex asintió.
—No te preocupes por mí. Tal parece que aprendo mis habilidades conforme las voy necesitando; y creo que algo saldrá que me evite una caída realmente mala.
Trixie asintió todavía insegura, pero no había otro camino. Saltó ágilmente hacia la azotea del otro edificio y con la ayuda de su hechizo, cayó limpiamente sin hacer ruido. Miró a lo lejos a Rex y corrió hacia la puerta de la azotea. Estaba cerrada con un protector que repelía la magia; pero no había problema, ella utilizó una horquilla y así abrió la puerta silenciosamente para infiltrarse en el lugar sin ser detectada. Corriendo por las escaleras, sabía que lo más importante era salir de ese vulnerable lugar para no ser divisada por algún enemigo y por suerte para ella; el tal Bank Bucks vivía en el penúltimo piso del edificio. Así, entró a donde tenía que y buscó una base de operaciones lo suficientemente confiable: un armario de conserjería.
—Rex, estoy dentro — dijo apretando su comunicador.
Rex desde el otro lado, confiando ciegamente en sus habilidades, saltó hacia el edificio. El lugar de donde saltó era un par de pisos más alto que el otro edificio; así pues la caída sería bastante dura. Pero entonces justo en el momento crucial transformó sus cascos traseros en poderosas piernas mecanizadas las cuales absorbieron todo el impacto.
Desde su armario Trixie pudo escuchar claramente la caída sí como ver el polvo que se desprendió por la fuerza de la misma. Recordando las manos mecánicas de Rex así como su espada y el látigo, era lógico pensar que la sutileza no era el fuerte del muchacho. Pero el efecto fue bueno, claramente pudo escuchar la voz de su objetivo:
—¿QUÉ ESPERAN? ¡VAYAN A VER QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO!
Seguidamente una cantidad considerable de guardias corría hacia fuera del apartamento; pero como cazadora de recompensas profesional, Trixie sabía que la gente que se consideraba en peligro y tenía una cantidad considerable de bits siempre reservaba a sus mejores guardias junto a él. Por suerte este sujeto no era demasiado inteligente (se confiaba demasiado de sus guardias) y salió al pasillo acompañado de un minotauro y dos mantícoras domesticadas.
—Rex — susurró Trixie al comunicador. — Te necesito aquí... ¿puedes manejar rápido a los tipos que te mandaron?
—Este... sería chido que fuera tan fácil amiga, pero...
Comenzó a sonar interferencia y sonidos de lucha. El banquero gruñó y mandó a una de sus mantícoras a investigar qué pasaba. Trixie gruñó, tenía que acercarlo a la salida a como diera lugar o de lo contrario no sería capaz de capturar a su objetivo. Al final decidió lanzar un sutil hechizo hacia una maceta del otro lado de la habitación. En cuanto éste fue tocado por la magia de Trixie, comenzó a soltar una especie de extraño gruñido entre melódico y lastimero. La mantícora que acompañaba al banquero rápidamente se alocó y corrió hacia la maceta; pues ésta estaba emitiendo el famoso llamado de apareamiento de esas criaturas. Sonriendo más confiada que antes, Trixie soltó otro hechizo sobre el minotauro, que por suerte no perdía de vista a su jefe.
El monstruo dio un tremendo bostezo.
—¿Qué te crees que haces, Master Kick? — Le gruñó Bank Bucks. — Te pago para que mantengas alejados a los idiotas, no para dormir. Ahora despeja tu cabezota y...
Master Kick no pudo escuchar el resto de la reprimenda pues se desplomó completamente dormido ante su jefe. Sin entender qué diablos, Bank Buck saltó hacia atrás mientras su mantícora seguía concentrada en la maceta. Comenzó a sudar frío; a quienquiera que mandaron contra él, era un verdadero profesional. Retrocedió un par de pasos cuando la puerta del armario de limpieza se abrió revelando a Trixie quien tranquilamente caminó hacia él con una confiada sonrisa.
—Es un gusto finalmente conocer a mi objetivo, señor Bank Bucks. Mi nombre es la Gran y Poderosa Trixie y he venido hasta acá porque la gente de Maretrópolis busca arreglar "cuentas" con usted; desgraciadamente ya conoce cómo es el sistema, ¿no? Por eso nos llaman a nosotros, los fuera de la ley para poner a gente como usted en su lugar.
El banquero no sabía qué hacer. Entonces Trixie disparó varios rayos con su cuerno haciendo saltar al semental y también comenzar su huida. El tipo gruñó molesto y quiso escaparse; pero no podía y a este paso Trixie terminaría por noquearlo y sería presa fácil.
Justo en ese momento sus guardias regresaron arrastrando a un poni terrestre azul grisáceo con una chaqueta roja y naranja; al cual lanzaron a los cascos de Trixie que tuvo que soltar un grito de sorpresa.
—¡Rex! ¿Te encuentras bien? ¿Qué te pasó?
Rex se levantó con dificultad y murmuró algo mientras los dos cazadores eran rodeados por la gente del tal Bank Bucks. Trixie quiso atrapar al banquero y usarlo como señuelo para escapar; pero el tipo ya se había refugiado entre sus guardias. Estaban rodeados.
—¿Decías, Gran y Poderosa Trixie? — Se burló Bank Bucks. — Que alguien abra la ventana y quiero acercarme lo suficiente para ver. Nadie me amenaza con llevarme ante la justicia y se sale con la suya.
Uno de los guardias hizo lo que le pedía. Era una ventana de tamaño considerable, suficiente para que un poni cupiera por ella con facilidad; y desgraciadamente eso lo sabía Bank Bucks de sobra.
—Ahora, salten — ordenó él.
Varios unicornios entre los guardias hicieron brillar sus cuernos para darle más fuerza a la amenaza. Trixie apretó los dientes, pero de pronto Rex la abrazó por la cintura y le dio una sonrisa llena de confianza.
—Tú descuida amiga, que todo saldrá bien. Confía en mí.
—Rex, pero...
Sin darle tiempo a responder, Rex saltó aun abrazando a Trixie. Bank Bucks se rio como un loco mientras disfrutaba la caída. Entonces, justo en el aire para sorpresa de todos los presentes; Rex hizo aparecer sobre su espalda un gigantesco aparato metálico con dos ventiladores a los lados el cual activó y se elevó por los aires.
—¿Rex qué demonios es esto? — Gritó Trixie. — ¿Otro recuerdo?
—Aparentemente sí — dijo confiado el chico elevándose de regreso hacia la ventana mientras Bank Bucks miraba incrédulo lo que estaba sucediendo.
—¿Pero qué?
Trixie tampoco podía creerlo, pero era de aprovechar la oportunidad.
—Sigue subiendo Rex, ya pensé en algo.
Rex obedeció; así pues pasaron de largo la ventana del pent-house y justo en el momento crucial; Trixie hizo aparecer una cuerda mágica que enredó a Bank Bucks y lo jaló con ellos.
—¡JEFE! — Gritaron los guardias corriendo hacia las escaleras mientras los tres pegasos que habían salieron volando tras los captores de su jefe.
—Rex, déjame en la azotea y da vueltas hasta que los tres guardias estén fuera de combate — ordenó de nuevo Trixie. — Y hagas lo que hagas no sueltes a este tipo.
Una vez más, Rex obedeció. Trixie escuchaba a los guardias que subían cada vez más cerca; así pues no era tiempo de distraerse; por mucho que los horrorizados gritos de Bank Bucks la sacaran de sus casillas. Poniendo en la mira a los tres pegasos, Trixie soltó tres rayos aturdidores de su cuerno el cual los derribó en el acto. Una vez más Rex voló en picada atrapando a Trixie al momento en que la puerta de la azotea se abría dejando entrar a los confundidos guardias del sujeto.
Como acto final, Trixie hizo aparecer fuegos artificiales los cuales desorientaron por completo a sus perseguidores y se perdieron en la noche entre los callejones de Manehattan.
—¿Y ahora? — Preguntó Rex mirando a su presam, la cual se había desmayado por tantas emociones. — La verdad no creo que podamos entrar al hotel así como así con este tipo en estas condiciones. Seguramente será muy incómodo.
—¿Recuerdas que pagué por adelantado, Rex Salazar? — Preguntó Trixie con calma. — Precisamente porque en cuanto tengamos al objetivo, tendremos que salir de la ciudad. Ahora todo es cuestión de buscar un transporte que no haga preguntas y...
Como respuesta, Rex transformó sus cascos traseros en una especie de vehículo naranja y le guiñó un ojo a Trixie.
—¿Y bien? ¿Subes?
Confundida, Trixie hizo subir primero al sujeto y tras asegurarlo bien al vehículo/Rex con su cuerda, se montó también y posó sus cascos delanteros en la cintura e Rex, quien se limitó a encender su vehículo y salir de la ciudad antes que alguien los viera. En su cabeza rondaban muchas preguntas, como por qué era capaz de hacer esas cosas y más importante; qué tanto más era capaz de hacer. ¿Esos eran realmente todos sus poderes? Y luego estaba Trixie, se notaba que se preocupaba por él y todo pero era una joven solitaria que tenía una vida bastante peligrosa. De todos modos le caía bien y demostraba ser una amiga muy confiable.
—¿Y bien Rex Salazar?
—¿Eh? Lo siento, estaba perdido en mis pensamientos...
—Te preguntaba si deseas convertirte en mi compañero de negocios permanente; o bueno, hasta que encontremos la verdad sobre ti mismo y vuelvas a tu vieja vida. Partiríamos todas las ganancias mitad y mitad y hasta consideraré esforzarme más en no hablar en tercera persona. ¿No te interesa?
Rex se quedó quieto por unos momentos pero luego sonrió, claro que desde su posición Trixie no podía verlo.
—Por supuesto que me gustaría ser tu compañero. ¿Y cómo llamaremos a nuestro equipo? ¿El asombroso Rex y Trixie?
—¿Qué tal la Gran y Poderosa Trixie y este otro? — Preguntó Trixie.
Al final se rieron alegremente.
—Bueno, tal vez un nombre más neutral; que demuestre que somos equipo y punto — sugirió la unicornio azul. — El problema es que no se me ocurre nada.
Tras unos minutos de silencio, Rex dijo:
—¿Qué te parece, Providencia? — Preguntó Rex sin saber por qué pensaba en semejante nombre.
—Sí... está bien — respondió Trixie.
Y ambos se perdieron en el horizonte en dirección a Maretrópolis, donde tenían un criminal el cual entregar a la gente.
Primero que nada, reconozco que Trixie y Rex están algo OOC pero bueno, tengo mis razones. Primero que nada Rex está amnésico y está respondiendo como puede a este mundo nuevo buscando adaptarse; y luego Trixie recuerden que tuvo una cucharada de humildad luego de lo de Twilight, así que bueno, tiene que empezar de nuevo de algún modo.
En fin, sólo diré ahora:
Chao; nos leemos!
