Dos Inat
oooo
Inat [palabra de origen serbio]
o o o o
—¿Quién eres?
Una voz grave pero infantil rompió el silencio, y Kisame a punto estuvo de echarse a reír al escucharlo, pero el rostro desconfiado del Uchiha y el kunai le obligaron a ser más cauto. Bajó lentamente a Samehada, extendió ambos brazos y mostró las palmas con los dedos hacia abajo, demostrando que no pensaba hacer ninguna secuencia de sellos, ése era el proceso estándar de rendición ninja. Claro que no era que viera al otro como una amenaza, pero tenía que ganarse su confianza. Aunque -como era de esperarse- al chico no le bastó, permaneció tenso, sujetando su kunai en una posición defensiva.
—Soy Kisame —murmuró lentamente—, tu compañero en Akatsuki, ¿no me recuerdas?.
Hubo un largo silencio.
—No…
El Uchiha inclinó la cabeza y pegó el kunai a su pecho, Kisame pudo darse cuenta que su respiración comenzaba a agitarse, frunció el ceño y… si no fuera porque no terminaba de entender todo, juraría que su compañero comenzaba a tener un ataque de pánico.
—Itachi-san —murmuró el ninja de Kiri y adelantó unos pasos.
Itachi levantó la mirada al verlo acercarse, y se preparó para atacarlo, las extremidades tensas y los sentidos alerta, lo que el Itachi mayor hubiera hecho, pero… pero no era el Itachi mayor, y Kisame lo comprendió al ver el rostro del chico, que era incapaz de ocultar su expresión de pánico, aunque le quedó claro que el temor no era hacia él, sino a lo que estaba pasando, porque su mirada no estaba dirigida solamente a él, miraba hacia todos lados con ansiedad mientras su pecho se agitaba.
En sólo unos segundos fue como si toda la fuerza abandonara el cuerpo de Itachi, que soltó el kunai y perdió el equilibrio, cayó hacia el frente, inconsciente. Los reflejos del espadachín fueron rápidos, y se apresuró a detenerlo en su caída, se inclinó esperando ser capaz de evitarle un duro golpe. Llegó a tiempo, pudo sostenerlo antes de que chocara contra el piso
Ahí Kisame supo con qué clase de problema estaba lidiando.
Pues había bastado con un solo brazo para sostenerlo, e incluso así, era exageradamente ligero. ¿Cuántos años podía tener?
Lo acomodó en el piso con una suavidez de la que no se hubiera creído capaz si no lo estuviera presenciando. Se sentó a un lado y lo contempló por un momento, soltó un gruñido de pura frustración. ¿Qué diablos iba a hacer con ese niño? él sabía de niños tanto como sabía de jardinería, y era claro que en el cuartel de Akatsuki no había ningún campo florido.
Miró al techo y sonrió, aunque no había nada feliz en el gesto. Él no era bueno con los niños, ni con la gente en general, por algo era un ninja renegado y no un héroe nacional. La única experiencia que tenía con infantes era cuando él mismo fue uno, convivió con muchos chicos durante su educación, aunque mató a casi todos ellos durante su examen de graduación, ¿eso contaba como experiencia de primera mano?
Algo le decía que no.
Permaneció un momento al lado del chico, dando vueltas a su situación. Entre más lo hacía más lejos se sabía de hallar una respuesta, y se sintió profundamente frustrado. Se puso de pie y salió de la cueva, se detuvo unos metros más adelante.
Pesó sus opciones, las cuales eran notablemente reducidas: Irse o quedarse.
Irse y dejar al chico por su cuenta.
Irse y dejar que Konoha lidiara con él.
O quedarse.
¿Qué tan difícil era alejarse caminando en ese instante?, ¿o asegurarse que los ninja de la Hoja hallaran al Uchiha?
Miró levemente hacia atrás y volvió a sonreír, a poco estuvo de soltar una carcajada, y una vez más no fue de alegría ni nada parecido, era más bien disgusto, al comprender que no se conocía del todo, que no era completamente la clase de persona que estaba seguro era. Pues no halló la voluntad para dar más de diez pasos lejos del sitio donde estaba parado.
¿Qué lo detenía?
A pesar de que Itachi siempre había sido bastante autosuficiente, no sabía si sería capaz de sobrevivir por su cuenta en ese estado, el mundo estaba ya bastante descompuesto por la amenaza de Akatsuki, además siendo uno de los dos únicos Uchiha vivos, sin duda habría más de uno ineteresado en obtener un sharingan en perfectas condiciones, seguramente Kabuto no se iba a rendir. El chico parecía tener problemas de memoria y era imposible conocer hasta dónde mantenía sus capacidades de pelea, eso lo dejaba en una posición bastante vulnerable. Ahí entraban los ninja de Konoha, si se aseguraba que lo encontraran, dudaba que le dieran la espalda, los ninja de la Hoja tenía esa fama, eran débiles en cuanto a emociones se refería… pero era difícil no reconocer a Itachi, aún en ese estado, y chico o no, había hecho lo que había hecho, y un crimen como ése era una aberración incluso en Kiri, que aún era conocida por muchos como la Niebla Sangrienta. Quizá, en efecto, lo llevarían a Konoha, pero sólo para ejecutarlo poco después, y él no había hecho todo lo que había hecho sólo para que el otro acabara muerto.
Eso lo dejaba sólo con una posibilidad, tan impensable como incierta. ¿Qué iba a ser con un pequeño Uchiha amnésico?
Lo meditó por un largo rato, y se dio cuenta que la única solución más o menos razonable, era regresar a Ame. Tal vez el líder no estaría muy contento, pero Konan sabría qué hacer.
Decidido pero no muy convencido volvió a la cueva a trazar un plan para llegar a la Lluvia lo más pronto posible. Aunque sabía que no sería ni tan rápido ni tan fácil, estaban rodeados de enemigos y aun faltaba saber hasta dónde su compañero estaba dispuesto a cooperar. Al llegar al interior de la cueva, sonrió levemente y tomó asiento, preparándose para una batalla de voluntades. Sabía que el chico estaba despierto, pero fingía bastante bien no estarlo, permaneció en silencio en espera de que el niño se rindiera, pero después de casi veinte minutos todo siguió igual. Con un gesto de descrédito soltó un gruñido.
—Muy bien —dijo sin saber cómo modular su voz y no sonar tan agresivo—, sé que estás despierto y que no confías en mi, pero debes saber que si quisiera hacerte daño...
—Ya lo hubieras hecho… —murmuró Itachi mirándolo tras incorporarse parcialmente.
Kisame no supo de inmediato cómo responder a esa frase pero sí comprendió que sería una odisea llegar a la Lluvia.
—Así es —respondió lo más tranquilo que pudo—, debemos movernos pronto, no estamos en un sitio seguro.
No se sorprendió cuando Itachi tomó el kunai y atrajo su sharingan.
—Estamos en una zona de riesgo, pero no en peligro en este instante —dijo calmándolo, y sonriendo, él había sido de ese mismo modo a esa edad, siempre alerta.
El chico bajó el kunai pero no desapareció su sharingan, Kisame lo tomó como una muestra de confianza… o algo similar. Tomó una de las varas de la fogata y trazó un mapa.
—Aquí es donde estamos, el País del Fuego —dijo marcando una amplia sección del piso—, y es aquí a donde debemos ir, Amegakure en el País de la Lluvia, todo esto es territorio enemigo.
Para su sorpresa —y tal vez no tanto—, el chico observó el burdo trazado, analizándolo. Después de un momento, como si aprobara el plan, asintió y lo miró un momento sin decir nada, Kisame se preguntó qué estaría pensando, pero no se animó a preguntar. Aunque reconoció que él estaba repleto de preguntas.
Aguardó en silencio sin saber qué hacer, la silenciosa presencia de Itachi nunca había sido un problema para él, hasta ese momento. El chico tenía el kunai en la mano y la mirada fija en las llamas, aunque podía darse cuenta que no estaba del todo cómodo. Kisame gruñó haciendo que el otro lo mirara con cautela. El ninja de Kiri aspiró profundamente, decidido a hallar un modo de convencer al niño que no lo iba a matar.
—Escucha —murmuró—, tenemos una larga jornada por delante, así que lo que sea que necesite hacer para dejes de comportarte como si fuera a dañarte mientras duermes, dímelo y acabemos con esto.
Para su sorpresa, fue como si Itachi no supiera qué decir. El chico miró al piso, después levantó poco a poco la mirada y abrió la boca, para ver de nuevo al suelo sin decir una sola palabra. Esa reacción fue perturbadora para el espadachín. Itachi nunca había hablado mucho, lo hacía sólo cuando era necesario, de tal modo que decía más con eso poco que Hidan y sus ramplones discursos. Ahora era como si este niño no tuviera ni idea de qué decir ni cómo hacerlo.
—Dijiste que mi nombre era Itachi, ¿verdad?
La pregunta no fue precisamente la que esperaba, la implicación de esa duda era mucho más profunda. Supuso que lo correcto era explicarle todo, eso eliminaría cualquier pregunta… pero se detuvo a pensar ¿Quería decirle todo?, ¿lo que había hecho, lo que hacían como parte de Akatsuki… que su hermano casi lo había matado?
¿Porque qué sentido tenía decirle cuáles eran sus orígenes sólo para después explicarle que se había encargado de erradicarlos?
Necesitaba tiempo para pensar.
—Sí, eres Itachi Uchiha, mi compañero de Akatsuki.
Itachi se llevó una mano lentamente a la cabeza y con la mirada perdida aspiró.
—No recuerdo nada.
Kisame se percató que la respiración del chico comenzaba a alterarse de nuevo, sin duda causada por otro ataque de pánico.
—Ey —dijo sin levantar la voz pero atrayendo la atención del otro—, sé que hay muchas cosas que no entiendes, y yo tampoco lo hago en este momento, pero en cuanto lleguemos a Amegakure, habrá respuestas.
—¿De verdad? —el tono fue de duda e incertidumbre pero teñido de algo que Kisame no pudo nombrar de otro modo mas que esperanza.
Trató de sonreír para infundirle seguridad, pero sus sonrisas no provocaban eso… si lo hacía, lo más seguro era que asustaría al niño. Se limitó a asentir.
—Ahora debo ir a buscar algo de comida, y ropa, no querrás andar todo el camino así, ¿o sí?
El repentino sonrojo del niño hizo que sonriera sin pensar, lo que provocó que Itachi lo mirara. Ambos permanecieron así por un momento, en silencio, finalmente Itachi miró hacia otro lado y Kisame se incorporó tan rápido como pudo, lo que fuera necesario para acabar con ese incómodo momento.
—No tardaré.
No se detuvo a pensar si el chico se sentiría asustado o tranquilo, salió aprisa sin mirar atrás. Dejó un clon en la entrada y otro no muy lejos, por cualquier situación que pudiera ocurrir. Sabía que Kabuto no se iba a conformar con eso, que esperaría cualquier momento para atacar, pero también era cierto que no podía perder más tiempo en ese lugar, debían llegar lo más pronto posible a Ame y buscar una solución, o al menos un sitio seguro.
Siguió avanzando, tan rápido como podía, porque sabía que había un poblado no muy lejos de ahí.
Kabuto vio a la distancia la salida del espadachín, el clon le corroboró la suposición que habría dejado medidas de seguridad, no le extrañaba, todos los ninja eran paranoicos por naturaleza; lo que no terminaba de entender, era por qué lo había hecho, ¿le preocupaba lo que pasara con el pequeño Uchiha?. Había esperado que al ver los resultados de su jutsu, lo primero que el ninja de Kiri hiciera fuera alejarse y dejar al chico por su cuenta. Jamás imaginó que lo llevaría con él. Una terrible complicación que le había arruinado sus planes.
Pero no todo estaba perdido, pensó mientras sonreía, porque tal vez Kisame había decidido mantener al Uchiha cerca, ¿pero quién aseguraba que Itachi iba a querer estar al lado de Kisame?
De acuerdo a los registros de Orochimaru, las memorias de los sujetos de prueba no se perdían, al menos no del todo, y Kabuto se preguntó cuánto recordaba, y si en ese momento no lo hacía, llegaría el momento en que inevitablemente las memorias comenzarían a resurgir, sería entonces cuando él debía actuar.
Kisame halló el pueblo sin mucho problema, dio gracias que no tuvo que matar a más de tres para obtener lo que buscaba, no tenía tiempo qué perder. Regresó al cabo de poco más de una hora, pero se detuvo antes de entrar y se preguntó qué demonios era lo que estaba haciendo, se repitió que no podía simplemente abandonar al otro, técnicamente era su culpa que eso hubiera pasado; todo habría sido más sencillo si lo hubiera matado… pero no pudo, y ahora tenía que hacerse responsable de ello.
Al menos hasta que llegaran a Ame pues, se había convencido, era ahí donde estaba la solución.
—Come y descansa, saldremos dentro de poco —dijo antes de entregar la ropa y comida que llevaba.
Vio a Itachi vacilar un poco.
—Creí que ya habíamos superado el punto donde creías que te quiero hacer daño. No te mataré mientras duermes y la comida no está envenenada.
El chico frunció el ceño.
—No es eso —dijo lentamente—, pero me has dado todo.
—¿Y?
—¿Tú no comerás?
Kisame soltó una risotada y miró al Uchiha, en ese momento olvidó lo que pensaba de su sonrisa.
—No chico, ambos tenemos una larga jornada por delante, pero yo no soy el cachorro que no está acostumbrado a eso.
Hubo un breve silencio. Kisame contempló con curiosidad cómo el Uchiha tomaba una parte de la comida entregada y dejaba la otra parte en el piso, después se ponía de pie e iba a un rincón a comer.
—Tal vez no estoy acostumbrado —dijo el otro con un tono solemne—, pero será un problema si tenemos que detenernos para que comas algo. .
Ante las palabras, el espadachín abrió la boca sin saber cómo responder a eso, sus labios se curvaron y mostró los dientes poco a poco. Hubiera reído a carcajadas, pero la franqueza de la frase lo dejó sin deseos de hacerlo.
—E Itachi —continuó el chico—, dijiste que mi nombre es Itachi, no chico y mucho menos cachorro.
Kisame sólo pudo parpadear.
.
—Nos vamos —dijo cuando consideró que el Uchiha había dormido suficiente.
Éste se incorporó de prisa, con el kunai en la mano y el Sharingan activo. Esperó pacientemente a que recordara su situación y se tranquilizara. Notó la mirada que le dio y cómo trató de ocultar su confusión. Asintió y se incorporó, en espera de que el mayor se pusiera en movimiento.
Kisame se había dado cuenta que durmió muy poco, así comprobó que aún no confiaba en él pero al menos su grado de paranoia había bajado algunos grados, tenía que arreglar eso antes de llegar a Amegakure. Para lo cual —pensó con desagrado— les tomaría varios días. No podía esperar que cubrieran las grandes distancias a las que estaba acostumbrado, apenas y podía imaginar cuánto tiempo les llevaría hacerlo.
Durante el camino el chico siguió sin hablar, Kisame diría que no era extraño, Itachi nunca había sido un hablador en potencia, pero le costaba creer que el niño no estuviera confundido, ni siquiera uno tan inusual como Itachi se adaptaría tan fácilmente a su nueva situación. Mas decidió no preguntar nada. Todo a su tiempo… y por ahora él tenía bastante de eso.
Se acercaba el medio día, Kisame miró de reojo a su compañero y apenas pudo suprimir su sonrisa. Era un hecho que el chico había pasado su límite tiempo atrás, pero era endemoniadamente orgulloso, en eso no había cambiado, y ese maldito orgullo Uchiha podía orillarlo a hacer una estupidez, y lo que menos necesitaba Kisame era al niño lastimado estando tan lejos de Ame.
—Descansaremos aquí —dijo sin mirarlo.
Itachi sólo asintió y tomó asiento. El otro negó con la cabeza ante su necedad a decir lo que pensaba, pero nuevamente guardó silencio. Comieron lo que él guardó de la comida que tomó del pueblo que visitó, en silencio, todo en silencio.
Esperó a que el niño quedara dormido nuevamente a causa del cansancio, no hizo nada por despertarlo, porque si no sabía cuál era la resistencia de alguien tan joven, mucho menos sabría cuánto descanso necesitaba, y supuso que para uno tan necio cono ése, lo mejor era no presionar, al menos no por ahora que no había ninguna amenaza cerca.
Ya era la tarde cuando el Uchiha despertó, esta vez lo hizo más serenamente aunque sólo bastó que recordara un poco y, de nuevo, tomó el kunai y activó su Sharingan.
—¿Qué necesito hacer para que dejes de hacer eso? -Kisame preguntó sin mirarlo.
El niño no respondió, bajó el kunai y volvió sus ojos a negro. Tímidamente tomó la comida que le era ofrecida y se alejó para consumirla. Kisame contuvo el suspiro de cansancio, aunque no lo reconociera, tenía que hacer algo con esas actitudes, porque por más paciente que pretendiera ser, sabía que tenía límites. Y no deseaba llegar a ellos por causa del chico.
—Vamos.
Bastó que se pusiera a caminar para que Itachi lo siguiera.
Durante los dos días siguientes todo fue igual. Recorrido y descansos, él al frente, el otro detrás a una distancia prudente, siempre en silencio salvo las esporádicas frases necesarias.
La noche del tercer día Kisame estaba de mal humor, y no porque el niño siguiera comportándose como si estuviera mudo o porque avanzaran tan lento, sino porque cruzaban un bosque, era de noche y había luna nueva, él no veía bien de noche. Chocaba constantemente con ramas bajas y raíces nudosas, pero no podía darse el lujo de esperar por el amanecer, estaban a uno o dos días de la frontera con el País de la Lluvia.
—Maldita sea —siseó furioso cuando una rama le dio de lleno en la cara.
Al poco rato se percató cómo el chico dejaba su sitio detrás suyo y se colocaba al frente. Lo miró levemente, notando ese característico brillo rojo que el Sharingan destellaba por la noche. Le tomó un momento entenderlo, pero al cabo de unos segundos se limitó a sonreír, y seguirlo.
Ya no tropezó ni chocó con nada esa noche.
A partir del día siguiente Kisame notó menos tensión en el chico, lo que sintió como una pequeña victoria.
En su primer parada del día siguiente, se alejó del improvisado campamento sin decir nada para ir a buscar comida. Tal y como había sido cada uno de los cuatro días que llevaban viajando, sólo que esta vez dejó a Samehada atrás.
No le era una de sus actividades favoritas, encontrar carne no era un problema, era encontrar fruta. El Uchiha pudo haber perdido muchos años pero no su particular paladar, e Itachi nunca había sido muy adepto a la carne. Mató un cervatillo y se dedicó a hallar algo para el niño.
Mientras lo hacía pensaba una vez más sobre la capacidad de comprensión del chico, que le sorprendía pero también le preocupaba, porque no podía definir hasta dónde era capaz de entender lo que estaba sucediendo, y el hecho de que no hiciera nada por expresar sus dudas o querer saber más, era casi aterrador, pues el ninja de Kiri estaba consciente de que si él estuviera en su situación, estaría a punto de volverse loco.
En su camino de regreso al campamento sintió una alteración en Samehada, aceleró el paso pero se detuvo cuando corroboró que dicha alteración no se debía a una amenaza, la estúpida espada estaba haciendo algo pero nada tenía que ver con pelear. Más curioso que preocupado, se acercó con cautela para saber qué estaba causando ese extraño comportamiento en ella. Habían pasado casi catorce años desde que la tomó de su maestro, y habían alcanzado tal nivel de identificación que eran capaces de saber que algo ocurría con el otro sólo por la alteración del chakra. Gracias a eso sabía que era normal que la espada se alterara por tipos especiales de chakra que quería probar ...o por verdaderas tonterías.
Ahora no sabía cómo calificar lo que veía.
Itachi estaba a un lado de la espada, ésta lanzaba el peculiar chillido que indicaba que estaba emocionada, Kisame se abstuvo de intervenir. Samehada no era algo a lo que cualquiera se acercara tranquilamente, se preguntó si Itachi no percibía el peligro. Sabía que el arma era una verdadera amenaza para el Uchiha, pues siempre le había gustado probar su chakra. Se convenció que debía dejar que el chico descubriera el peligro por sí mismo para que no fuera tan irreflexivo. Aún así, cuando Itachi acercó su mano para tocarla, él se preparó para intervenir… y así se quedó.
Kisame imaginó que la espada se defendería al ver el contacto como una agresión o —peor aún— atacaría porque quería probar el chakra de Itachi, pero se quedó estática mientras el otro pasaba la mano sobre los vendajes, incluso alcanzó a percibir el casi ronroneo que siempre emitía cuando la limpiaba. Se convenció de dos cosas: Itachi seguía siendo una persona bastante peculiar, y Samehada estaba loca.
—Eres extraña —escuchó decir al niño y le pareció verlo sonreír pero al voltear hacia donde estaba él, el intento de sonrisa desapareció.
El más alto permaneció perplejo mientras el chico, con un gesto de sorpresa, bajaba la miraba y se retiraba lentamente. Kisame se mordió un labio no sabiendo cómo romper el incómodo momento, de pronto tuvo una idea y sonrió.
No mencionó nada del suceso, dejó el pequeño ciervo y las moras —que encontró después de mucho buscar— en el piso y comenzó a buscar algunas ramas para hacer una fogata, cuando ya llevaba unas cuantas lo miró y le pidió que le ayudara, a lo que Itachi acudió aprisa, una vez que reunieron suficiente y las acomodaron, el espadachín le señaló el conjunto de madera.
—Prende el fuego, yo prepararé la carne.
No dio oportunidad a que el otro replicara, se concentró en el evisceramiento y destazamiento del animal, fingiendo que no le prestaba atención, pero lo veía de reojo. Así pudo darse cuenta de la confusión del chico, se preguntó si no era capaz de hacer un jutsu, o si sabía y no lo recordaba. Y entonces, como si el otro estuviera escuchando sus pensamientos, hizo un pase de sellos rápidos y llamas se esparcieron sobre la madera. Kisame sonrió levemente, lo sabía, ahí seguía la capacidad ninja de su compañero. Aunque aún faltaba saber qué tanto recordaba, le tranquilizaba saber que al menos era capaz de defenderse.
Comieron y una vez que acabaron, Kisame miró a la distancia.
-Hay un pueblo en esa dirección -dijo señalando al este— nos desviaremos un poco de la ruta, pero si nos apresuramos llegaremos durante la noche. ¿Qué dices?, ¿crees conseguirlo? No podremos descansar más de un par de ves.
El Uchiha mostró un gesto ofendido que le hizo sonreír. No necesitó respuesta, porque sabía que el chico haría hasta lo imposible por demostrar que podía. Sin querer reconocerlo eso le trajo un profundo alivio.
Fue una jornada más larga de lo que esperaba, hicieron escala dos veces pero no lo suficiente como para que Itachi durmiera profundamente. Gracias a eso, para cuando el sol comenzaba a caer, a lo lejos podían verse las luces del poblado, calculó la distancia, quizá dos horas si pudieran ir un poco más rápido. Se detuvo un momento.
—Falta poco Itachi-san.
El Uchiha chocó contra él cuando se detuvo, eso hizo que bajara la vista y así se dio cuenta que éste estaba al borde del colapso, y que si no había perdido el conocimiento era por mera fuerza de voluntad. Se había topado con esa situación algunas veces en el pasado, cuando Itachi, en las últimas etapas de su enfermedad, seguía adelante porque eso era lo que se esperaba de él, aún cuando las energías eran escasas y el dolor demasiado.
Resopló irritado, ¿qué hacer?
Podían detenerse ahí, pasar la noche y dejar que el chico tuviera el sueño que necesitaba, pero hacía frío, ya no tenían comida y el terreno era bastante irregular.
—Vamos.
El chico asintió y dio algunos pasos tambaleantes, Kisame gruñó irritado.
El movimiento fue impulsivo, producto de su frustración. Extendió el brazo y lo levantó, no se detuvo a pensar lo que hacía —ni lo ligero que el niño era— y comenzó a caminar; como era de esperarse el Uchiha reaccionó y comenzó a retorcerse para que lo bajara. Sólo bastaron unos metros para que Kisame se hartara y lo soltara, claro, el niño cayó con gracia y miró retador al más alto. Lo que era una escena perfectamente cómica, el niño ni siquiera llegaba a su cintura pero lo veía como si fueran iguales, aunque Kisame estaba lejos de reír.
—Escucha -dijo mirándolo directo a los ojos—, esto me desagrada tanto como a ti, pero es esto y llegar al pueblo o pasar la noche aquí. ¿O de verdad crees que vas a llegar?
Itachi abrió bastante los ojos, después bajó la mirada, avergonzado.
—Sí, eso pensé —murmuró el ninja.
Comprendiendo que habían llegado a un acuerdo, Kisame lo levantó de nuevo, pero lo colocó en su espalda, donde éste se recargó en Samehada y le rodeó el cuello con los brazos, al mayor no le molestó la carga extra, pesaba incluso menos que la espada. Así reinició el paso y pudo incrementar la velocidad.
No esperaba nada, decidió no pensar en nada, porque aún trataba de asimilar el cambio que había dado su vida —y su futuro— en los últimos días. Esta vez agradeció el silencio.
—Puedo caminar —dijo Itachi cuando estaban a pocos metros de llegar al pueblo.
Kisame sonrió, creyó que el chico se había quedado dormido pero supuso que eso era pedir demasiado. Se detuvo y no hizo ningún movimiento por ayudarle, el Uchiha llegó al piso sin ninguna complicación. Notó que aún estaba avergonzado por haber tenido que ser llevado pero no dijo nada, el niño ya tenía suficiente. Hallaron una posada de buena pinta con comedor, pidió una habitación y algo de comida. Apenas llegaron al cuarto, Hoshigaki creyó que lo primero que el otro haría sería subir a su cama, pero entonces recordó que no importaba si era un niño… seguía siendo Itachi Uchiha y lo que hizo fue, darse un baño.
Riendo de la excentricidad de su compañero, Kisame terminó de comer y se recostó, miró a la ventana. Debía ser cerca de la media noche, y estaban a menos de un día de la frontera, aunque no había tenido ningún incidente en el camino no se permitiría relajarse hasta que no cruzaran la frontera, y respiraría tranquilo una vez que estuvieran en la mojada Ame.
Cuando el chico salió del baño se le veía exhausto, comió poco, después lo vio subir a la cama desocupada, envolverse en las mantas y darle la espalda.
—Gracias —musitó el Uchiha en la oscuridad.
Kisame sólo sonrió, no necesitaba decir más.
.
Despertó tarde, casi nunca se cansaba pero para un ninja renegado, una noche en una cómoda cama era algo que debía aprovecharse. Al abrir los ojos no esperaba toparse con Itachi mirando algo desde la ventana.
—¿Qué hora es?
—Casi las nueve.
Cerró los ojos otro rato, decidiendo cuál sería el plan para el día. En ese momento estaba dispuesto a perder todo el día, con tal de disfrutar la comodidad que el hotel les ofrecía, además el pueblo no le era desconocido, habían estado ahí antes, por estar ya cerca de la frontera era un sitio común para viajeros, comerciantes y toda clase de alimañas; así que un par de ninja renegados no era sospechoso, bueno, ya no eran eso, ahora eran un ninja renegado y un niño al que no sabría cómo calificar. Como fuera, desechaba la situación de peligro, además era muy probable que encontrara información útil, en sitios como ése siempre se podía hallar la clase de personas que sabían que la información podía ser tan valiosa como el dinero.
—Saldremos por la noche —dijo poniéndose de pie y fingiendo que no se había dado cuenta que Itachi, que seguía a un lado de la ventana, se sobresaltó cuando habló—, saldré a buscar algo de información, pero primero bajaremos a comer y...
—No —interrumpió Itachi—, aquí me quedo.
Kisame a poco estuvo de insistir, pero optó por lo contrario. Después de un baño fue al comedor y ordenó para ambos, mientras esperaba revisó con la mirada el lugar sin encontrar nada útil. Al regresar a la habitación se encontró con Itachi aún cerca de la ventana, depositó la comida y discretamente se acercó para ver qué era eso que el otro veía con tanto interés.
Al verlo volvió a preguntarse si sería capaz de seguir adelante con esa odisea.
Pues desde la ventana se podía apreciar un campo donde había un grupo de niños, jugaban mientras pretendían entrenar. Volteó levemente al chico y éste de inmediato inclinó la cabeza, mostrándose avergonzado por haber sido descubierto.
Kisame siempre se había jactado de que su vida era sencilla, porque siempre se había preocupado sólo por él y Samehada, cuando Itachi pasó a ser su compañero —reconocía— se generó alguna suerte de vínculo que había tenido origen en la rutina, fue gracias a ese lazo que fue capaz de hacer todo lo que había hecho por el otro, pero ahora se preguntaba si quería —si debía— hacer más.
Comió sin hablar, pues en su cabeza había cierto conflicto. Siempre había dicho que Itachi pensaba demasiado las cosas; mientras que él actuaba después de una breve reflexión, el Uchiha hacía un profundo análisis, acompañado de razonamientos que sólo él entendería y con al menos dos planes de respaldo. Kisame sabía que no estaba hecho para eso, pero no pudo evitar detenerse a pensar bien lo que estaba por hacer, porque iba casi en contra de su naturaleza… aunque siendo sinceros, sus últimos cinco días no habían sido algo que pudiera nombrar habitual en él.
—Iremos a buscar información —dijo de pronto atrayendo la atención de Itachi.
—No...
—No nos debe tomar mucho —interrumpió antes de que el niño pudiera continuar—, sé que debe haber una taberna o algún sitio.
Halló cierta gracia en el gesto contrariado del otro, porque era claro que Itachi iba a protestar pero sin darle siquiera la oportunidad, Kisame comprobó la incapacidad del niño de imponer su voluntad. Lo tomó como una victoria, con el otro Itachi nunca lo habría conseguido.
En cuanto pusieron un pie fuera, por un instante se arrepintió. Hasta ese momento, durante los días de camino Itachi se había comportado perfectamente normal —o lo que pudiera considerarse normal en esa situación— pero ahí, en ese momento, era un niño inseguro que miraba hacia todos lados, como si temiera una agresión en cualquier momento pero Kisame no iba a ceder, comenzó a caminar e Itachi hizo lo posible por mantenerle el paso sin separarse, conforme avanzaban podía notar la ansiedad en incremento del menor, lo ignoró sin muchos problemas hasta que ocurrió lo impensable: sintió la mano del niño tomando la suya, la sujetó por mero acto de reflejo pero, como si los dos repararan en lo que acababa de ocurrir, se soltaron de inmediato. Kisame se forzó a mirar al frente y no voltear al otro, porque no sabía qué vería.
Recorrieron así casi dos cuadras más, entonces llegaron al campo que Itachi veía desde la ventana. De reojo —y disimulando lo mejor que pudo— Kisame miró la reacción del chico, una sonrisa leve apareció pero en una fracción de segundo se esfumó. Kisame frunció el ceño, y decidió actuar.
—No puedo llevarte a la taberna, espera aquí, regresaré en poco tiempo.
El gesto descompuesto del Uchiha le hubiese arrancado una carcajada apenas una semana atrás, ahora sólo se sintió culpable.
—Pero…
¿Itachi tenía miedo de ser dejado solo?
—Aquí hay demasiados niños, nadie atacará a nadie, bueno si lo hacen será por juego. ¿Bien?
El niño asintió lentamente, pretendiendo demostrar que estaba de acuerdo, pero su rostro, la forma en que lo hizo y hasta su postura, todo indicaba lo contrario. No estaba bien. Estaba nervioso, se sentía inseguro, y hasta se atrevía a decir que tenía miedo. Una imagen totalmente opuesta a su yo de hace una semana, pero Kisame había tomado una decisión, y había que hacer ciertas cosas que tal vez no resultarían muy agradables, pero eran necesarias.
—Bien, no tardaré.
Se dio la vuelta sin decir más, cualquier otro niño habría corrido tras él y decirle que no lo dejara, pero no ese pequeño orgulloso. Se abstuvo de mirar hacia atrás.
Kisame solía colocar a la gente que conocía en las distintas etapas de la preparación de un ninja, así, Konan era como una jonin instructora que era capaz de enfrentar los mayores enemigos y aún así lidiar con irritantes aspirantes a genin, como Hidan, quien en ocasiones era un genin en entrenamiento y otras, no pasaba de ser un infante que jugaba con kunai de papel… y se hería solo. Kakuzu y Sasori eran jonin especiales, de ésos que se construyenron una leyenda y viven para demostrarle al mundo que era cierta, el Líder era un kage en tiempos de guerra, porque era capaz de proteger a su aldea, atacar al enemigo y mantener el poder… pero no sabía qué hacer en los momentos de paz. Deidara era un chunin eterno aspirante a jonin, que aunque poseía las habilidades, algún detalle le impedía conseguir la promoción y vivía frustrado y rencoroso, e Itachi, ése era el ninja que pudo haber sido kage pero, o había muerto en un acto heroico o permanecía en la sombra fungiendo el papel protector.
Con el tiempo, desde que lo conoció, Kisame vino a concluir que el lugar de Itachi no era ahí con ellos, sino en alguna clase de Academia avanzada de una pacífica aldea ninja donde pudiera explotar sus habilidades enseñando a otros, no combatiéndolos, pero la vida le había trazado un camino… y ahora le daba la oportunidad de caminar otro.
Por eso estaba decidido a hacer algo por ayudarlo, hacer algo para que no se repitiera la existencia que había tenido, y quizá orillarlo a convivir con otros niños no era lo más significativo, pero para alguien que había tenido un kunai en la mano desde que aprendió a caminar, que había escalado la pirámide de jerarquías tan aprisa y que parecía más un viejo sabio, seguro era un primer gran paso. Porque había que decirlo, mientras que las capacidades ninja de Itachi eran indescriptibles, sus habilidades sociales, eran más bien torpes.
Recorrió algunos bares sin hallar nada útil, al cabo de casi una hora se hartó. Abrumado y frustrado inició su camino de regreso, cuando en un callejón, Zetsu apareció delante suyo. Kisame se abstuvo de soltar un suspiro de alivio porque sabía que él sí tendría información valiosa, pero las memorias de su último encuentro lo pusieron en alerta, inseguro de decirle sobre Itachi.
—¿Qué haces aquí? —preguntó el espía—, nos costó mucho encontrarte.
—Dije que iba a tomarme un tiempo, ¿no?—optó por guardar silencio sobre ese pequeño detalle.
—Sí pero...
—¿Qué ocurre? —interrumpió—, ¿qué hay de nuevo?
—Los ninjas de la Hoja han regresado a su aldea, Pain ha decidido que se encargará del Nueve Colas, tú debes ir a la base para nuevas órdenes.
—¿Y por qué no me las dices ahora? Nunca he tenido que ir a ningún lado para recibir nuevas indicaciones.
—Hay algunos cambios en la organización —explicó Zetsu—, es importante que vayas. Sasuke Uchiha y su equipo se han unido a Akatsuki.
Eso era nuevo.
—Está bien, pero primero debo ir a otro lado —dijo con una sonrisa.
—¿Dónde? —preguntó el otro con una ceja arqueada.
—Es un secreto —guiñó un ojo y empezó a caminar.
Zetsu frunció el ceño y a poco estuvo de seguirlo y exigir una respuesta. No le había ido nada bien cuando Tobi supo lo que había pasado con el cuerpo de Itachi, pero seguía consciente que era una locura tratar de confrontarlo. Así que se tragó el coraje y desapareció, ya pensaría cómo averiguar lo que tramaba. Aunque debía hacerlo con mucho cuidado, si acaso era descubierto… ya no tendría que preocuparse por fallarle a Tobi otra vez.
Cuando estaba a poco de llegar al campo donde dejó al chico, Kisame distinguió a varias personas reunidas, ignoró la preocupación que lo obligó a caminar más aprisa. Al alcanzar el lugar se sintió un tonto, porque no estaba pasando nada malo, las personas reunidas veían a los chicos lanzar kunai, o más específicamente, veían al pequeño Uchiha competir contra tres niños, no —razonó—, veían al chico darle una paliza en esa competencia a tres muchachos. Sonrió imaginando qué dirían esos tres si supieran contra quien se estaban enfrentando...
De pronto ocurrió lo impensable, uno de los participantes -evidentemente harto de la humillación— lanzó, pero no contra las dianas sino contra Itachi, que pareció sorprendido un instante pero después evadió el arma sin ningún problema, Kisame no estaba preocupado, lo estuvo cuando vio con claridad cómo el chico respondía al ataque con dos shuriken que –como era de esperarse- dieron de lleno en el agresor, entonces se desató el caos.
Los otros dos que competían hicieron lo mismo que el primero, Itachi evadió... y atacó, un par de hombres trataron de atacar y Kisame supo que tenía que actuar. Tomó a Samehada y se abrió paso entre las personas reunidas, cuando se acercó a Itachi distinguió el Sharingan brillando y se apresuró a llegar a él, sería un gran problema si alguien se enteraba del pequeño Uchiha.
Kisame estaba a pocos metros de él, y vio a Itachi derribar al primer hombre con genjutsu y evadir el segundo, pero no lo suficiente, recibió un golpe en el rostro y cuando el agresor se preparaba para dar otro, finalmente cayó inconsciente. Itachi permaneció inmóvil, pasó sus dedos sobre su rostro y miró la sangre que manaba de su nariz y boca a causa del puñetazo, otro hombre atacó por la espalda tomándolo por sorpresa, el Uchiha se giró aprisa y su respuesta fue clavar un kunai en la pierna del agresor con tal eficiencia que dio justo en la arteria, provocando una hemorragia masiva. Cuando el cuerpo cayó, el niño vio alrededor y cruzó miradas con Kisame, un gesto de horror se adueñó de él, miró el kunai en sus manos, bañadas de la sangre del hombre y lo soltó; otras personas se habían reunido al escuchar la conmoción, Kisame giró hacia ellos y en ese momento de distracción, Itachi se alejó corriendo.
El espadachín apretó los dientes y envió un clon a seguirlo mientras acababa con los testigos, le tomó algunos minutos, después corrió siguiendo la ruta de su clon, ésta lo llevó al interior de un bosque que lindaba con el pueblo. Lo desapareció cuando lo halló y supo que no correría más.
Sintió la ya conocida urgencia de dar media vuelta y olvidar todo lo que había pasado los últimos cinco días. De nuevo no pudo hacerlo, apretó los dientes y a poco estuvo de lanzar su puño contra un árbol que tenía a un lado, no estaba hecho para lidiar con esta clase de cosas.
Samehada se movió en su espalda, sacándolo de su trance furioso. Aspiró profundamente y avanzó.
Había un riachuelo e Itachi estaba ahí, inclinado al frente sin importarle que terminara completamente mojado. Se acercó con cautela para saber qué estaba haciendo, al descubrirlo una incómoda sensación en el pecho le hizo detenerse, pues Itachi tallaba sus manos con insistencia en el agua.
-Itachi-san –dijo lentamente, el niño se sobresaltó y volteó hacia él con lentitud, después bajó la mirada.
Le habría preguntado qué pasó, pero había visto todo, la única duda que tenía era por qué había reaccionado de ese modo.
A menos que...
A menos que el mismo Itachi no supiera nada de eso… que era un genio lanzando kunai, que era un prodigio ninja… que poseía todas las habilidades de un consumado asesino. Que todo ninja renegado estaba condicionado a responder con violencia a cualquier agresión inesperada.
—Escucha —dijo Kisame preguntándose si debía acercarse—, no hiciste nada malo, te estabas defendiendo.
-Lo... lo... lo siento, yo... -dijo el niño y miró sus manos, extendió y flexionó los dedos como si no terminara de entender que esas manos eran suyas, las frotó entre sí con fuerza.
Esas manos de las que trataba de limpiar la sangre con tanta obsesión, mismas que ya estaban manchadas aún antes de esto.
—Dijiste que mi nombre era Itachi, el tuyo Kisame, que somos parte de Akatsuki y que debemos ir a Amegakure pero... —hizo una pausa y bajó la mirada de nuevo a sus extremidades—, ¿pero por qué lo hice? ...¿ya lo había hecho antes?
La voz era perfectamente ecuánime, tan parecida a la de antes.
Pero no era como antes...
Kisame vio cómo las manos del niño comenzaban a temblar, y lentamente se abrazaba a sí mismo. Un sollozo se escapó. Él se contuvo de retroceder ante la escena, tal y como su instinto le decía.
Otro sollozo.
El legendario Monstruo de la Niebla Sangrienta se quedó ahí, incapaz de moverse, debatiéndose entre salir corriendo o acercarse, porque su compañero, ese infame asesino, lloraba desconsoladamente delante suyo.
o o o o
(1) especie de orgullo que no se doblega aunque implique un daño para uno mismo, obstinación a pesar de la afectación.
"Orgullo que duele si lo tocas"
¡Muchas gracias por los comentarios! Además de lecturas, favs y follows.
A partir de éste los capítulos serán largos, y espero estar actualizando cada quince días.
Gracias por leer.
