Hola de nuevo!!!

Bueno aquí vengo con el primer capitulo, de lo que espero que sea una historia divertida y entretenida, pero sobretodo que os guste, ya que la cuelgo para que la podáis leer, y para saber que tal se me da.

Bueno como ya he dicho y todos sabéis todo lo que conozcáis, tanto personajes, lugares etc. No me pertenenecen si no que son propiedad de JKR.

Yo solo los utilizo con el fin de entretenerme, y sin ningún ánimo de lucro.

Os dejo con la historia y espero que la disfrutéis tanto como lo he hecho yo al escribirla.

1- ¿Quién dijo que las cosas buenas no comienzan con un pequeño tropiezo?

En una pequeña pero acogedora casa de Londres una chica de 16 años revisaba haber cogido todo lo necesario para su vuelta al curso.

Apenas eran las 7 de la mañana, y el tren no partía hasta las 11, pero los nervios y la ilusión, hacían que siempre ese día se despertara antes de que salieran los rayos del sol. Y ese año no iba a ser diferente.

Una vez todo preparado y listo, y estando ya segura de que no se olvidaba de nada, se sentó en el sofá de su casa delante de una pequeña chimenea, le encantaba ese lugar, era junto con su habitación su sitio favorito, sintiendo la calidez del fuego que le recordaba tanto a la sala común de Gryffindor.

Mientras aprovechaba a leer el profeta, aunque nunca estuvo muy de acuerdo con la subjetividad que había en este, era su única manera de permanecer comunicada con el mundo mágico.

Y es que ella era hija de muggles, y eso le había traído más de un problema, pero para ella era perfecto, porque así conocía a la perfección ambos mundos.

Lo que leyó en el diario no le alentó mucho, sabía que las cosas habían ido a peor desde la vuelta de Voldemort, pero aún le parecían increíbles las desgracias que podían ocurrir por un simple ideal de sangre, además desde que se confirmo el regreso del que no debe ser nombrado, ya no trataba de esconderse y las muertes habían aumentado de manera considerable, y eso la aterraba, porque ella era lo que se decía una sangre sucia y por lo tanto ni sus padres, ni ella estaban en el prototipo de mago que Voldemort consideraba que mereciese vivir.

Pero alejo esos pensamientos de su cabeza, ya tendría tiempo de encargarse de ese tema, de momento sabía que en Hogwarts estaría segura, por algo era el lugar más seguro, por lo menos hasta el momento de la guerra, en la que pensaba participar, de eso estaba segura, y por su puesto iba a estar al lado de Harry pasará lo que pasará, para algo el era su mejor amigo, y no pensaba abandonarle en el momento que más la necesitaba, aunque el no lo dijera, ella lo sabía, por algo ya hacía seis años que se conocían, eran como hermanos.

-Hermione, venga prepárate que partimos ya hacia la estación de tren, sabemos que te gusta llegar de las primeras, así que vamos.- Le dijo su madre haciendo que esta saliera de sus pensamientos y se diera cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.

Era mujer con unos ojos castaños como los de su hija pero que no desprendían el mismo brillo que los de la muchacha, quizás por que esta aún era joven.

-Ya voy mamá, guardo el periódico y voy

Lo guardo en el baúl que le dio a su padre un hombre de unos cuarenta años, aunque realmente no los aparentaba pero con algunas canas que ya aparecían en su cabeza, y todos se dispusieron a comenzar el viaje hacia el tren que la llevaría una vez más a su escuela, su segundo hogar.

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Con los primeros rayos de sol, el joven rubio comenzó a levantarse, la verdad es que se encontraba ilusionado con volver a Hogwarts, era lo más parecido a un hogar que conocía.

Aunque jamás reconocería esto delante de nadie, y jamás se lo notarias en sus gestos, pues así lo habían educado, le enseñaron a que tenia que ser frió y mostrarse duro y sin emociones, porque no las tenia, o no las podía tener.

Miro a su derecha y vio que ya estaban todas sus cosas preparadas para la vuelta al colegio, no se molesto en comprobar si estaba todo, sabía que el elfo se había encargado por su propio bien de ordenar todo lo que había en la lista que el mismo le había escrito.

Después de vestirse, se observo en el espejo y se engomino el pelo, mostrando una pequeña sonrisa de desagrado, en el fondo ya estaba arto de vestir siempre de ese color, era verdad que le favorecía, pero toda su ropa era de color negro, del color de la oscuridad, pero no tenía muchas más opciones, mas bien era la única.

Bajo rápidamente las escaleras, deseando que llegaran lo antes posible las 11 de la mañana y estar lejos de su casa, de su padre, de sus ideales…

Al llegar al comedor la imagen que vio no le sorprendió para nada, estaba todo vacío, sus padres no se habían molestado ni en bajar para despedirle, pero realmente él lo agradecía.

Llamo a Rop su elfo doméstico, y le pidió que le trajera el desayuno al sofá que estaba en frente de la chimenea, le encantaba la paz y la tranquilidad que desprendía aquel lugar, así que siempre que podía, se sentaba a desayunar ahí.

Mientras empezaba a comer una de las tostadas que le habían traído abrió el periódico y lo primero que leyó fueron las nuevas victimas del que no debe ser nombrado, al verlo estaba seguro de que su padre tenía algo que ver con las muertes, porque era un sirviente de Voldemort.

Si algo tenía claro en sus 16 años, era que nunca jamás se iba a convertir en Mortifago, el no era el perrito faldero de ningún loco con aires de superioridad, esta claro que el tampoco era partidario de los sangre sucia, ni mucho menos.

Pero tampoco iba a dedicar su vida únicamente a destruirlos, tenía cosas más importantes que hacer, pretendía pasar indiferente ante la guerra, sin participar. Además con un Malfoy humillándose era ya más que suficiente-

Un poco después cojió su baúl y se dispuso a abandonar la casa, pero, no sin antes hecharle un ultimo vistazo a la casa, no sabia porque simplemente lo hacia todos los años antes de partir hacia la estación.

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Cuando Draco llego al andén 9 y ¾ se encontró con que no había llegado casi gente, así que se fue hasta su compartimento favorito, ya que era el más espacioso.

Después de acomodar rápidamente todas las cosas, hechizó el sitio de forma que solo los que el quería pudieran entrar, y que ninguno de ellos pudiera tocar sus cosas.

Y se dirigió hacia el compartimento de los prefectos, necesitaba pensar un rato y cuando llegaran los demás alumnos ese sería el lugar más tranquilo, por lo menos hasta la reunión de prefectos, pero eso no sería hasta pasado más de medio viaje.

En la otra parte de la barrera estaba Hermione, se encontraba despidiendo se de sus padres con un fuerte abrazo, sabía que los iba a extrañar, siempre lo hacía, unas pocas lagrimas salieron del rostro de su madre, aunque ella ya estaba acostumbrada a que ese día llorara, lo había hecho los cinco años anteriores y este no era una excepción, ella era la única hija del matrimonio, y sabía que ellos notaban mucho la ausencia.

Después de unos largos minutos de despedida, atravesó la barrera, ya estaba de vuelta al mundo mágico, su mundo, por muy feliz que era en el mundo muggle, la magia le había encantado desde el mismo día que recibió la carta.

Entro en el tren sin espererar a sus amigos puesto estos siempre llegaban apenas unos minutos antes de la partida del tren, y entonces no habría ningún sitio libre.

Se sentó en el último compartimento, justo antes del de prefectos, ya que este año por fin ella era prefecta, se ilusiono mucho cuando recibió la carta y vio la insignia.

10 minutos después la puerta se abrió dejando entrar a una chica rubia con unos preciosos ojos azules, era una chica un tanto extraña, pero en el fondo era una gran persona, alguien en quien confiar y siempre estaba dispuesta a ayudarte, y sobretodo era una chica muy leal con sus amigos.

-Hola Luna- Saludo Hermione eufórica, estaba cansada de estar sola con sus libros, le encantaba leer, pero en ese momento quería ver a sus amigos, los había extrañado mucho.

-Hola Hermione!!- Exclamó la rubia a la vez que se abalanzaba sobre su amiga. -¿Qué tal el verano?

-Muy bien- dijo en un susurro, mientras conseguía salir de debajo de la chica que la estaba aplastando- Me fui de viaje a España con mis padres, es un lugar fantástico, y la gente es de lo mejor (Y no es porque lo diga yo….aunque que yo viva ahí, tiene su importancia…jejej). -¿Y tú que tal?

-La verdad es que bastante bien, si no fuera por los pugnicrows porque son bastante molestos por la noche.

La gryffindor prefirió no preguntar, ya estaba acostumbrada a la mención de seres extraños por parte de su amiga, y la verdad es que lo había hechado de menos durante el verano.

Unos minutos antes de la partida del tren la puerta se volvió a abrir, dejando ver a tres personas, la primera era un chico moreno de pelo despeinado, aunque ella realmente dudaba que pudiera lucir de otra manera, si te fijabas entre su pelo se podía ver una cicatriz que lo caracterizaba tenia forma de rayo. Pero sin embargo lo que a ella más le gustaba e impactaba de el eran sus ojos verde esmeralda, herencia según creía de su madre, y que el ocultaba bajo unas gafas. Su físico era envidiado por todos y deseado por muchas, y es que el quiddich le había ayudado mucho. El era Harry, su mejor amigo, y una leyenda en el mundo mágico.

A su lado había otro chico, que también tenia un gran físico, aunque era bastante más alto que el anterior y algo más corpulento, sus ojos eran de un azul único, pero sin duda su rasgo más característico era su pelo, rasgo que lo identificaba como Weasly, por eso tanto el como su hermana, que estaba a su lado, y todos los demás hermanos, tenia un precioso pelo rojizo, pero Ginny su hermanita, lo llevaba bastante más largo, por mitad espalda, era bastante más bajita que los dos chicos, y poseía unos hermosos ojos marrones claros que brillaban siempre de una manera envidiable.

-Ola Hermione, Luna, como estáis? Os he hechado mucho de menos – dijo adentrándose en el vagón-No sabéis lo que ha sido tener que aguantar a estos dos todo el verano.

-Oye no te quejes, si en el fondo te ha encantado- Soltó el moreno, cosa que produjo que la pelirroja se sonrojará. – Ola chicas ¿Qué tal habéis estado?

-Eso, contarnos como os ha ido todo, a nosotros genial.

Después de cinco minutos de viaje Hermione se lo estaba pasando genial con sus amigos, se estaban contando las novedades y todas las cosas que habían pasado, pero la verdad es que nada había cambiado.

- Chicos me lo estoy pasando genial, pero ahora que soy prefecta voy a dar una ronda, para ver como van todos los alumnos. -Dijo levantándose y encaminando se hacia la puerta

- Venga Hermione es muy pronto- Refunfuño Ron.

-Tu deberías hacerlo mismo ya que también eres prefecto – Comento disgustada la morena.

-Esta bien. – No tenía ganas de discutir con ella tan pronto, además sabía que tenía razón, e iba a terminar haciéndolo, así que se levanto y la siguió, no sin antes despedirse de sus amigos.

Apenas quedaban unos 20 minutos para la reunión de prefectos pero Hermione se dispuso a ir hacia el compartimento, y es que odiaba llegar apurada de tiempo a los sitios, por lo tanto siempre llegaba antes y así de paso tendría un rato para descansar y pensar, la verdad no se imaginaba que eso de ser prefecta fuera tan agotador, se despidió de Ron y se dirigió al compartimento.

En ese momento Draco recordó que no llevaba su insignia puesta y que no había ido a dar la vuelta para controlar a los alumnos, aunque la verdad es que no le importaba no haberla hecho, pero si llegaban los demás prefectos y se daban cuenta de que no llevaba la insignia podría tener problemas, así que decidió ir a por ella antes de que comenzara la reunión y de paso saludaría a sus compañeros, no es que le interesarán mucho pero uno debe aprender a mantener las amistades, nunca sabes cuando las vas a necesitar.

Se disponía a salir del vagón, cuando al abrir la puerta tropezó con algo o alguien que le hizo caer al suelo, abrió los ojos y se encontró con una mirada marrón que le penetraba, sintió sus manos temblorosas en la cintura de la chica, su cabellera perfectamente ondulada caía sobre su cara, este intentaba responder intentaba moverse pero le era imposible, no podía hacer nada más que mirar esos ojos marrones que lo estaban volviendo loco.

Ella no estaba mucho mejor, notaba la respiración agitada del chico en su rostro y un olor que nunca antes había sentido embriagándola, no sabía porque pero necesitaba ese olor, era como algo que entraba en ella y no quería dejarlo escapar, pero lo que más le impactó fueron esos ojos grises como el hielo, que parecían derretirse o quizás era ella la que se derretía, pero no sabía bien que le pasaba, no entendía nada.

En ese momento la puerta se volvió a abrir, dejando ver una figura, que parecía una mujer, a la vez que por todo el tren se oyó grito.

Muchas gracias por haber leído la historia, sobretodo a Judith Malfoy.

Esta a sido mi primer capitulo, espero que os haya gustado, y que decidáis seguir leyéndola, (si no, no pasa nada).

Me gustaría recibir vuestros reviews, para saber cual es vuestra opinión y para corregir posibles fallos, puesto que no soy perfecta ni mucho menos, y como todos me equivoco, pero eso se corrige.

Solo despedirme y mandaros un beso.

Dramione Black