Hola, muchísimas gracias a todas aquellas bellas personas que me dejaron un comentario o(/)o, solo por ustedes lo continúe enseguida -w-

Este capi es…, bueno salen los demás vongolas y una sorpresa, el fic se viene con trama, una aventura, que piensan de eso? Les gustaría leerlo?

En fin no les distraigo más, adelante con la lectura… aguas si eres diabética (?)

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CAPÍTULO II: encuentro ¿mágico?

Kyoya se puso la camiseta blanca y en pantalón negro, se irrito al ver que le quedaba un poco grande. Maldito herbívoro (Lambo) ¿cómo se atrevía a medir más que él?, lo mordería hasta la muerte. Se puso los zapatos y se acomodo lo mejor que pudo el traje que definitivamente odiaba, especialmente por un horrible olor a perfume.

Como Hibari es un fan de las reglas y normas vestía adecuadamente sin importar cuánto odiara esa ropa.

Una vez puesta la ropa en orden se preparaba para salir, cuando al abrir la puerta vio a una mujer con el puño arriba, preparada para tocar, hizo una reverencia.

-Signore mi perdoni (señor perdóneme) –dijo ella, pero Kyoya no le entendió, después de todo no hablaba mucho italiano.

Arqueo una ceja.

Era una mujer morena de cabello largo azabache, quizá sería una de las hermanas que Sawada le envió.

La mujer lo vio con curiosidad, vestía un delicado vestido de maid como los que sus subordinados solían ver.

- Oh, chapisco, il giovane giapponese (oh, ya veo, el joven es japonés) –murmuro la mujer- eh… wa-wathashi wa Mirella, anata-sama dainingurūmu ni aruite yo (soy Mirella, le acompañare al comedor) –dijo sonriéndole.

Kyoya asintió sin ganas de hablarle a la italiana, aunque infantilmente por un segundo, imagino que le hablaba en un fluido japonés, nada más para ver la cara que ponía, pero borro en seguida esa manera de pensar, ¿qué le pasaba?, ¿desde cuándo pensaba tan infantilmente?

-Koshirae kudasai Kokyaku-sama (por favor por aquí invitado.) –Kyoya siguió a la mujer, de nuevo al dorado y lujoso corredor por lugares también dorados, tanto de ese color lo ponía de malas.

Al ir por escaleras vieron a una mujer parecida a la que le acompañaba.

- Mirella, il signor voleva parlare con te, che si dovrebbe per l'ospite... (Mirella, el señor quería hablar contigo, para que fueras por el invitado...) –dijo en un irritante italiano, la mujer se le acerco, Kyoya retuvo el impulso de golpearla- oh, è vero?, è molto carino e piccolo come una bambola (oh, ¿es él?, es muy lindo y pequeño como un muñequito) –dijo esa mujer, y Kyoya inexplicablemente se sintió ofendido.

- sorella di distensione, il signor me che ha un carattere violento come l'inferno (detente hermana, el señor me ha dicho que tiene un carácter violento del infierno) –la otra mujer parecía regañar

- Ah, ho capito, ma non crede che assomiglia signor Hibari? (oh, entiendo, pero, ¿no creer que se parece al señor Hibari?) –comento la otra mujer pensativa.

Kyoya se retiro silenciosamente, le molestaba esa conversación, obviamente hablaban de él, y eso le molestaba mucho, especialmente por qué no entendía mucho de lo que decían, cuando regresará obligaría a Dino a enseñarle italiano, así cuando conociera a esas mujeres les diría una o mil cosas que pensaba de ellas.

Y de una y otra manera Kyoya terminó en el jardín de flores, con una gran variedad de estas.

Kyoya aspiro el dulce aroma de las flores, no le disgustaban en absoluto, pero no dejaría que nadie lo supiera. Camino hasta las flores pensando en cómo dar con alguien, esa estúpida mansión era ridículamente enorme, y casi todos los pasillos se parecían, la culpa la tenía el que construyo esa porquería, él no, y no estaba perdido, solo que los demás construyeron todo donde no iba.

Refunfuño sentándose en las flores y viendo la luna, ese era un lugar bonito para dormir y pronto se durmió, arrullado por el sonido tranquilizante del agua.

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Sintió una suave caricia en su cara, se sentía bien, el aroma de las flores, lo como del césped, el arrullo del agua y esa mano en su mejilla tan cálida y suave, era como un sueño y Kyoya se sorprendió de lo increíble que se sentía…

¡Espera! ¡¿Qué?!

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La estancia era elegante y sobria, destellante de dorado, así era la mansión, se le conocía como "El oro de Vongola", una mansión hecha hace mucho tiempo por uno de los jefes Vongola que brillaba destellante, no era exactamente utilizada por las generaciones venideras, pero siendo el oro un material resistente, mesclado con unos componentes extras el "oro de congola" se convirtió en una base ofensiva, pues cada parte de ella podría recubrirse con cualquier tipo de llama, perfecta para que los guardianes de las generaciones venideras pudieran cubrirse en sus paredes, perfectos escudos de llamas niebla, nube y lluvia; o ser una lanza, recubierta del rayo, tormenta y el cielo, además de contar con una habitación recubierta de la llama del sol, una mansión perfecta. Cuando una amenaza llegará a los Vongola esta casa sería la encargada de proteger a la familia, o darles todo el tiempo para pensar y definirse. El término "oro de Vongola" no era en sí la casa recubierta del dorado, sino que era la máxima defensa-ofensiva, perfeccionada cada año y cada generación, en constante cambio… Y una vez más sus paredes, escondidas en una lugar que no sería capaz de encontrarse fácilmente, especialmente cuando la niebla y la nube la recubren, la decima generación Vongola se reunía en ella, buscando un refugio temporal a la nueva amenaza.

En la estancia, antigua con una enorme mesa rectangular, un candelabro sublime y un sinfín de detalles y decorados, en esa mesa enorme estaban 5 hombres y una mujer, ni una persona más, aunque uno de ellos era un niño, muy joven a decir verdad.

Cuatro eran de cabellera oscura, de esas dos azuladas, las otras dos negras, los otros dos de cabellos platinos, miradas de colores diferentes, con miradas de diferentes colores, vestidos sobriamente con trajes negros de los mejores diseñadores. La posición era tensa, mientras esperaban al jefe, al Decimo Vongola, Sawada Tsunayoshi.

La puerta fue abierta, esperaron expectantes, pero no era el jefe, era su ex-tutor, el asesino a sueldo número uno, Reborn, usaba un traje fino negro con una camiseta amarilla y un sombrero a juego.

-¿Dónde está Juudaime? –pregunto la mano derecha, Gokudera Hayato, el guardián de la tormenta.

-Está lidiando con su estupidez –dijo calmado el adulto.

-Kufufu~ -rio el hombre de largo cabello azulino y mirada heterocromatica, su ojo derecho, color rojo con la habilidad de los seis reinos, Rokudo Mukuro, el guardián de la niebla.

-No te rías idiota, esto es serio –riño Gokudera.

-Maa, maa, cálmate Gokudera –dijo tranquila y sonrientemente el guardián de la lluvia, Yamamoto Takeshi, pelinegro y piel morena, una cicatriz en su barbilla.

-Es verdad, hay que estar calmados al extremo –respondió entusiasta y con fuego en los ojos el peliblanco de cicatriz en la ceja, Sasagawa Ryohei, el guardián del sol.

-Esto es tan aburrido, preferiría estar haciendo otras cosas –susurro tranquilamente Lambo, el chico que estaba cansado de haber corrido, escapando del loco ese, con su típico ojos cerrado, el guardián del relámpago.

-Ah todo esto –pensó Yamamoto en voz alta- ¿qué está haciendo Tsuna?

-¿Cuántas veces te he dicho que le hables con respeto? –dijo Gokudera perdiendo la paciencia.

Reborn sonrió con su tan típica sonrisa maliciosa.

-Bueno, está empecinado con atrapar una nube – y todos entendieron la posición en este juego.

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Tsuna buscaba por todas partes a su pequeño guardián de la nube, comenzaba a desesperarse. Las dos mujeres "encargadas" de la sencilla tarea de llevarlo a la sala especial de la reunión se disculpaban una y otra vez por su estupidez. Pero eso a Tsuna no le importaba, la casa y los alrededores a 10 kilómetros al menos era seguro, pero ¿qué pasaba si esa testaruda nube quería perderse en el horizonte?, ¿y si de alguna manera alguien había logrado infiltrarse?, eran muchas cosas que pensaba, busco en cada cuarto a los lugares que el menor frecuen… pero que estúpido era, claro que no estaría allí, el menor en sui vida había pisado esos cuartos. Golpeo su frente con la mano fuertemente, pero ¿qué estaba tan mal en él? últimamente estaba cometiendo muchos errores sin saber por qué… no, si que lo sabía, la culpa de que fuera tan tonto a lo Dino era que Kyoya lo tenía preocupado, el Kyoya de su época, y ahora el de 10 años atrás lo preocupaba. Ya lo regañaría luego, ¿cómo se le ocurría pasearse libremente por allí?, no es que Hibari fuera débil, que va, si ese niño podría bien con alguna de las amenazas, siempre que fueran mínimas, pero no podía ir por allí a sus ansias, no cuando el peligro amenazaba.

Cerró los ojos y recordó las cosas que le gustaban a Kyoya, esperando que los gustos que conocía fueran parecidos a lo de antes. Juzgando por la hora y el lugar donde estaban, además de que Kyoya se perdería y sin duda trataría de salir a campo abierto (donde se sentía más fuerte) la única opción que venía a él, ayudada por la súper intuición, la respuesta llego, el lugar donde a veces Kyoya dormía, el jardín de flores frente a la ventana de la nube.

Se dirigió rápidamente, deshaciéndose del abrigo, estaba acalorado por el ejercicio de buscar, y se lo arrojo a la cara a un sirviente y salió a respirar el aire frio del oscuro jardín.

Tomo un poco el aire que se escapaba jadeante y una vez recuperado camino y su corazón de acelero.

El guardián más violento que tenia se encontraba apacible y adorablemente durmiendo entre las flores.

Una mano al lado de su cabeza y la otra en su estomago, los pétalos de las flores que habían volado por las brisas otoñales cubrían delicadamente algunas partes del cuerpo del adolescente, mientras su car parecía adorable y el murmullo del viento y el canto del agua daban una escena por demás pacifica.

Tsuna sonrió dulcemente y se sentó junto al menor, y sin poder esperar más comenzó a acariciar su suave mejilla, coloreada de rojo por el aire frio.

Tsuna exhalo su aliento en un suspiro indescifrable, el moreno comenzaba a removerse y sin esperar más beso los suaves labios del chico en un momento mágico y cursi, con las estrellas destellantes y la hermosa luna llena de octubre iluminándoles la escena a ellos, pues la noche estaba casi nublada, y las luciérnagas inexplicablemente salieron a jugar con las flores mientras la brisa movía perezosamente las plantas y los cabellos de los hombres y las cigarras les convidaban una música tranquila… un beso mágico en un lugar mágico...

El beso suave y tierno poco a poco se torno apasionado, pronto una lucha de lenguas se desato, Hibari se aferro de los hombros de Sawada y este puso su mano en la nuca para atraerlo, una mano de Hibari yacían en la tierra, sirviendo de soporte, al poco la de Tsuna le hizo compañía, entrecerrándose por encima de esta. Hibari cerró sus ojos mientras se sonrojaba estúpidamente, se sentía como colegiala, pero demonios, ese beso se sentía demasiado bien para ser real. Se separaron por falta de aire y volvieron a juntar sus labios, Kyoya participo un poco más en el beso, aunque un poco inexperto, cosa que Tsuna disfruto enormemente, esa inocencia que sabia su ahora joven guardián tenia.

La escena parecía mágica totalmente, y también eterna, pues una y otra vez se besaron con mucho cariño, Kyoya se sentía tan fuera e carácter, pero pensó que la actitud dulce y acaramelada de Tsunayoshi le pegaba totalmente, pero a él no, no a ese violento joven, y aunque deseaba asestarle un porrazo por atrevido, se sentía incapaz de terminar la mágica escena, ese maldito herbívoro lo había encantado.

Pronto sintió su cuerpo ir hacia atrás, se aferro de nuevo a los hombros, con ambas manos, y sintió la fresca y cómoda hierva en su espalda, cabeza, piernas.

Sawada se inclino más en él, el beso profundo seguía sin detenerse, Hibari sentía su corazón latir fuertemente, no alcanzaba a comprender esos sentimientos jamás experimentados, solo sabía que se sentía estupendo y se dejaba llevar.

Se separaron una vez más, unidos únicamente por un hilo de saliva que Sawada rompió relamiendo los labios del más bajo.

Todo lo bueno termina, incluido ese mágico momento pues los rayos retumbaban, amenazando con lluvia al pueblo y sus cercanías.

Tsuna tomo suavemente las manos del ofuscado joven, su semblante se veían confundido y su ceño fruncido. Lo levanto lentamente, asegurándose de que el otro no tratara de atacarlo y una vez de pie la lluvia comenzó.

Perfecto, pensó Kyoya, no tenía ni una hora que se había secado.

Sawada volvió a tomar su mano, pero esta vez sintió una descarga eléctrica totalmente extraña. El otro lo jalaba mientras le sonreía hablándole del mal tiempo que tendrían, pero Hibari estaba sumido en sus pensamientos, se sentía totalmente ajeno y su pecho se sentía demasiado extraño, de una forma que jamás había sentido, en una mescla no identificable, era… ¿agradable?, no lo sabía, pero no deseaba que ese herbívoro soltara su mano…

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¿Qué tal? ¿Demasiado cursi? Díganme su opinión TT^TT, no sé porque, pero se me antojo escribir algo así, la idea que tenia era que Tsuna se llevaría una paliza por atreverse a tocar a Hibari, pero qué tal esto? Mejor?, peor?, cursi?, de cualquier forma me alegro mucho que esto gustará, me hacen muy feliz (w)

Les gustaría otro personaje por Kyoya? Aunque sea para (perdonen la palabra) joder?, hay, me siento niña buena u.u, pero bueno, odio decir groserías, salvo a la hora de escribir, eso es diferente porque siento que redacto algo que vi y quiero que este lo más real posible X3, odio decir palabrotas u.u, bueno, a veces digo "maldición", según mi padre es peor que las groserías, pero es culpa de Romano (hetalia), ya me lo pego

En fin, comentarios?, dudas?, sugerencias?, lo que sea será bien recibido (^w^)

Chao (^o^)/ Hasta el próximo capítulo.