Notas al final...
Naked -Parte II-
.:::.
Déjenme llorar quiero sacarlo de mi pecho,
con mi llanto apagar este fuego que arde adentro,
Déjenme llorar quiero despedirme en silencio,
hacer mi mente razonar que para esto no hay remedio... (Carla Morrison/ Déjenme Llorar.)
Estaba temblando, sudado. Frío. Estaba oscuro y tenía miedo. Estaba muriendo del terror, y estos bastardos me estaban matando, jugando con lo más preciado para mí.
-¡No! –les grite furioso. Haciendo puños mis manos, pero no servía de nada, estaban atadas detrás del respaldo de la silla, igual que mis piernas atadas en las patas, y mi torso, aquellas cuerdas apretaban mi abdomen, me costaba respirar. Me movía frenéticamente, tratando de zafarme de aquel infernal agarre. -¡Déjame ir! ¡No pueden hacerle eso, no! –grité de nuevo. No podía.
Estaba muriendo.
-¡Abre los ojos! –su voz, demandante. Haciendo eco en todo el lugar. –Tú te los buscaste, ¡Taiga! –escupió las palabras.
-¡Eres un demonio! Te mereces toda la mierda de este mundo. –por primera vez en un largo rato me gire a mirarlo. –Eres un bastardo, ¡por eso tu madre está muerta! –No dije más, vi como su rodilla impactaba contra mi pecho. Sacándome todo el aire como si fuera una bolsa. Dolor.
-¡¿Y de quién crees que es la culpa?! Infeliz. –me pateó de nuevo. Juro que pude escuchar el crujido de una de mis costillas rompiéndose. Y el dolor venía de nuevo, recargado cien veces más.
Me tomo por el cabello jalándolo fuertemente y obligándome a girar para ver el televisor. Cerré mis ojos, no podía…
-¡Mira! –me gritó. -¡Mira lo que tú, imbécil, provocaste! ¡Solo tú!
-¡No! ¡Déjenlo ir! Él no tiene nada que ver con esto. –no abrí mis ojos, no podía soportarlo. El hecho de estar atado y no poder ayudarle. La impotencia y la culpa me estaban carcomiendo por dentro, más dolorosas que las patadas de Makoto.
-Infeliz… -me jaló del cabello y golpeó mi cabeza contra la pared de concreto.
Un grito escapó de lo más profundo de mí ser. Esto no podía estar pasando, no puede.
Un dolor intenso me invadió desde la parte trasera de mi cabeza, extendiéndose más allá. Podía sentirlo, latente como si me hubieran golpeado con un martillo, rompiendo mi cráneo. Soltó su agarre de mi cabello, y dejo mi cabeza colgando hacia abajo.
-De-de-déjalo… ir… el… -traté de decir algo. No pude.
-Mira tigre de mierda, no me hagas repetirlo de nuevo. –me tomó de nuevo por el cabello, jalándolo. Subiendo mi cabeza para que pudiera verlo. –Y que quede bien grabado en tu mente que conmigo no juegas. Vas a pagar por lo mi madre… y vamos a comenzar por lo que más amas.
-No… no. –su mirada inyectada en sangre, me miraba con asco y odio. Como una araña a punto de devorar a su presa indefensa enredada en la red. –De-déjalo ir… -las lágrimas caían por mi rostro. Calientes. Mezclándose con la sangre por el golpe de antes.
Una asquerosa sonrisa se deslizó por sus labios. Giró mi cabeza, chocándola contra el televisor. –Observa bien tigre… y si vuelves a cerrar los ojos, me encargaré de que le disparen por el culo y que las balas salgan por su boca, ¡¿entendiste?!
-¡No! ¡Maldito hijo de puta! –pateé con todas mis fuerza aquella silla, tratando de romperla o al menos liberarme, pero era imposible. -¡Déjalo ir bastardo, juro que me las vas a pagar!
Se estaba riendo de mí.
-Mira, Taiga… -y no pude hacer otra cosa que lo que decía, tuve que obligarme a mí mismo a ver aquella pantalla.
"Esto no podía ser real. No puede." Estaba tratando de convencerme… pero yo sabía la verdad.
Él estaba tirado en el suelo, sus manos estaba atadas con cinta amarilla y una tira roja sobre ellas, como cuando envolvías un regalo. No llevaba puesto nada más que una camisa blanca cubierta en sangre, que apenas servía para cubrirle sus partes. Sus cabellos, que alguna vez fueron azules como el cielo, ahora estaban tintados en rojo que parecía ser sangre, y negro. Miraba fijamente a través de la pantalla. Yo no sabía si él podía verme o solo observaba la cámara que lo estaba grabando, pero… su mirada me lo decía todo.
Estaba sufriendo, clamando misericordia a uno de los hombres que se le acerco.
-Éste es tu regalo de cumpleaños tigre, que los disfrutes… -la ronca voz me dijo al oído.
Lo odiaba, quería matarlo.
Él pedía ayuda, estaba gritando mi nombre. Las lágrimas caían por sus pequeños ojos, trataba de arrastrarse por el suelo, alejándose de los sujetos que ahora se acercaban a él. Uno de ellos subió la camisa que lo protegía, dejando a la vista el que fue una vez suave y hermoso, trasero. Ahora lucía morado y lleno de magulladuras.
Gritó mi nombre, esta vez más fuerte. "-T…t….¡Taiga ayúdame!"
Déjenlo ir.
Sáquenme de aquí. Pateé con fuerza, pero la silla no se movía.
¡No!
Me desperté jadeando, me faltaba el aire. Sentía un peso muerto sobre mi pecho, no podía respirar. ¿Qué era aquello?
Traté de levantarme y agarré las sábanas fuertemente. Y ahí estaba el dolor de nuevo…
Me senté sobre la cama, llevé las manos a mi cabello. Me agarré fuertemente, el dolor de cabeza me estaba matando, se sentía como mil agujones de abejas, punzando fuertemente.
Estaba sudando, pero no tenía calor. Tenía frio, estaba temblando. Mi rostro estaba rojo como la sangre, y sentía como las lágrimas seguían corriendo.
No de nuevo. Subí mis rodillas al nivel de mi pecho y las abrace, con fuerza. Tratando de calmarme. "Esta es la realidad, aquello es el pasado. Respira, Taiga, respira…"
"-¡Taiga ayúdame!"
Sus palabras resonaban con fuerza en mi mente, podía escucharlas. Sentirlas. Como el dolor ardía al rojo vivo.
Me giré a la mesita de noche, como gesto inconsciente. ¿Qué estaba buscando?
El pequeño botecito naranja que contenía las pastillas.
Pero en la mesa no había nada.
Y ya no estaba en América. Estaba en Londres, tratando de comenzar de nuevo y alejar toda la mierda del pasado. Pero eso era imposible.
Los demonios te asechan a través de las sombras. Si cerraba los ojos, podían ver su mirada celeste, sufriendo.
Trate de recostarme, pero aquello solo sería en vano. Si volvía a intentar dormir, sus ojos inyectados en sangre, esas palabras de odio y asco, todo volvía a la vida como un flashback de mal gusto del cual no podía escapar. Era una maldición.
Cálmate Taiga, cálmate… ¿Dónde estoy? Y, ¿Cómo llegue aquí?
Ah, claro… él me había dejado.
Horas antes…
Voy a fugarme otra vez
No quiero herirme, no sé bien
Tengo miedo, mucho miedo…
Corrí por el pasillo, apenas iluminado por unas pocas lámparas encendidas. Estaba desnudo, estaba temblando. Pero no me importó, realmente en aquel momento no me importaba nada, yo no quería estar en aquel lugar.
¿Quién era este sujeto? ¿Por qué sabía lo de Tetsuya? ¿Y si era amigo de Makoto y estaba aquí para…?
¡No! Ese infeliz debía estar pudriéndose en la cárcel, ¡cálmate Taiga, cálmate!
Tengo miedo, mucho miedo…
Aquella canción traicionera que antes se escuchaba en la habitación, se reproducía por toda la estancia, debido al sistema de sonido.
No me importaba nada, tenía que escapar de aquel lugar. Corrí a lo largo de todo el pasillo y divisé lo que era mi supuesta habitación.
La canción con tintes deprimentes terminó, y de nuevo se escuchó la voz de una mujer por los parlantes, esta vez la melodía era más animada.
Agradecí a los cielos por un momento, porque la canción de antes me estaba matando. Aunque ya yo estaba muerto por dentro…
Para mi buena suerte, la puerta de la habitación no estaba cerrada. Entré, sin siquiera cerrar la puerta. Estaba apurado, dirigiéndome al baño para buscar la ropa que antes había dejado tirada.
Y la encontré, seguía hecha una bola tal como la había dejado en la mañana. Me coloque la ropa rápidamente y salí del baño a buscar mi teléfono. ¿Dónde rayos lo había dejado tirado?
Busque en la mesa de noche, debajo de la cama, revolví todas las sábanas estaban pulcramente ordenadas.
¡Lo siento Momoi! Eché a perder su trabajo.
Escuche que alguien entraba en la habitación. Mierda. No quería subir la mirada, porque sabía perfectamente quien era.
¡No!
-¡Lárgate! –le grite, tire las sabanas que antes tenía agarrada en mis puños. Quería golpearlo, hacerlo sufrir. Este bastardo había jugado conmigo y no podía permitirlo de nuevo.
Debía salir de aquel lugar, pero primero debía ponerme los zapatos y encontrar mi celular. Joder, enfócate Taiga. Me dirigí al closet y comencé a abrir y cerrar gavetas mientras buscaba el aún perdido celular.
Él no se movió de su lugar.
-Kagami… -
Le di un puño a la puerta del closet. Ni se te ocurra, Aomine.
-¿Estás bien? – ¿aquello era en serio? Tenía el descaro de preguntarme como estaba luego de lo que había sucedido. Éste infeliz.
-¡Y una mierda que no! –esta vez sí me gire a mirarlo. Estaba a pocos metros de mí, parado, con los brazos extendidos a ambos lados hechos puños, en una de sus manos llevaba lo que parecía ser un teléfono rojo.
Era MÍ teléfono.
-Dámelo, ¡ahora mismo!
-Escúchame un momento, déjame explic-
-¡Que te jodan! –volví a golpear el closet, no me importaba el ruido que hizo, o el dolor que se hizo presente en sus nudillos. –No sé quién te crees que eres, pero no vas a jugar conmigo de nuevo, ¡no lo harás! ¡Tú no sabes la mierda que he pasado! Así que dame el maldito teléfono ahora, me iré de este lugar.
-¿A, si? ¿Y a donde piensas ir a las 11 de la noche, sin dinero? Ilumíname, por favor-
-¡Cállate, bastardo! –me aleje del closet y me acerque a él, estaba furioso. Sentía calor, de la rabia y la impotencia. -¡¿Quién eres?! –lo tome por el cuello de la camisa blanca, alzándolo solo un poco. -¡¿Cómo sabes lo de Tetsuya?! ¡Dímelo, hijo de puta!
-No te atrevas a insultar a mi madre. –me dijo, esta vez con su mirada oscura observándome fijamente. –Suéltame, ahor-
-¡¿Cómo sabes lo de Tetsuya?! ¡¿Eres amigo de Makoto?! ¡Eres igual a ese bastardo!– Y era cierto, solo estaba jugando conmigo. Le escupí las palabras en su oscuro rostro. Su mirada se ensombreció por un segundo. Era tan filosa y oscura como la mismísima noche.
-Suéltame, no lo diré de nuevo. –solo dije eso. Quería golpearlo.
Y como un acto reflejo, lleve uno de mis puños a su rostro. Pero nunca llegué a estamparlo sobre él, lo detuvo con una mano. Trate de golpearlo con mi mano libre, pero de nuevo me detuvo. Ahora sujetaba mis manos, con fuerza.
Trate de darle una patada, para soltarme, pero el solo se alejó. Subí mi mano para darle un puño, pero como antes, solo me detuvo.
Apretó mi muñeca, esta vez haciendo más fuerza que antes. Eso dolía.
-¡Imbécil! –me abalance sobre el como una fiera rabiosa, hambrienta. Quería destrozarlo.
El esquivaba mis movimientos, sin mover un solo dedo. Con gracia. Una que otra vez usaba su mano para detener mis puños, pero ni se inmutaba, parecía estar acostumbrado a las peleas. ¿Quién era este sujeto?
-Taiga, por Dios, cálmate y escúchame. –dijo, esquivando uno de mis golpes.
-¡No! –me tire de nuevo hacia él.
-Está bien, tú te lo buscaste… -se acercó a mí, y con un simple movimiento de manos, me tiró al suelo, dejándome boca abajo, y una rodilla apoyada sobre mi espalda. Ejercía presión y me costaba respirar.
-A…a…aléjate. –trate de balbucear.
-¿Me vas a escuchar? –se acercó a mi oído, podía sentir su respiración, y como aflojo el agarre que ejercía en mis hombros.
Me mordí el labio. Estaba frustrado, y aunque no quería admitirlo, estaba asustado. ¿Qué quería el de mí?
No podía llorar, no de nuevo…
-¿Me vas a escuchar? –pregunto de nuevo. Afincándose en mi espalda.
-Si… -no tuve más que decir.
-Vale. –se puso de pie y me dejo libre.
Subí mi rostro hacia arriba, y pude ver cuándo se había alejado lo suficiente. Y luego no lo pensé dos veces, me puse de pie lentamente, tomé aire. Y luego me impulsé hacia la puerta, corrí.
Pero…
Creo que leyó mis movimientos o algo así, porque de un segundo a otro me había derribado y ahora yacía acostado boca arriba en el suelo. Él estaba sentado sobre mi abdomen, con sus piernas extendidas a cada lado.
-¡Aléjate! –pateé y lance puños, pero fue en vano, él no se movía.
-Mira mocoso, conmigo no juegas. –me miro serio. ¿Y a mí que me importaba? Lo menos que quería ahora era jugar, y menos con este infeliz.
-¡Dame mi teléfono! ¡Déjame ir!
-¿Hablas de esto? –saco un celular rojo de su bolsillo y me lo mostro.
-Si…-
-Vale. Tómalo. –lo acerco a mí, y luego lo había apartado y lo tiro fuertemente contra la pared. No vi nada, pero pude escuchar el "crash". El sonido de mi teléfono haciéndose pedazos.
-¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Déjame ir! –trate de zafarme de su agarre, pero era imposible. Aomine no se movía.
-¡No! Y ahora, escúchame Taiga.
-¡No me digas así! ¡No me digas un carajo! ¡Levántate y… déjame ir… -Iba perdiendo fuerzas en mis palabras. Por alguna razón me sentía cansado, estaba agotado. Y el solo no se movía de su lugar.
-Deja de ser tan testarudo por un momento y escúchame, ¡yo no voy a hacerte daño! Tch… mira, si hasta estás llorando. –acercó una de sus manos a mi mejilla. Se sentía caliente su tacto.
¿Eh? ¿En qué momento había comenzado a llorar? No de nuevo…
-I-i-idiota, ¿Cómo voy a confiar en tí? ¡Aléjate! –traté de patear de nuevo, pero no podía.
Y una risita baja se escuchó. Perfecto, ahora se iba a burlar de mí.
-Solo confía en mí, y no vuelvas a compararme con esa basura de Hanamiya, por favor. –lo dijo, sin un ápice de diversión en su rostro. Estaba serio.
Pero, ¿Cómo él sabía de Makoto y lo de Tetsuya? ¿Y si solo estaba tratando de confundirme? ¿Y si era un cómplice de él? ¡No!
-¡Aléjate! ¡Maldito asesino! –y tomé toda la fuerza que pude, y levante un puño que esta vez sí atinó con su morena piel. Justo debajo de su ojo derecho. -¡Imbécil!
Logré moverlo unos centímetros, pero él no se levantó. Una mueca de dolor cruzó por su rostro, pero al segundo siguiente ya tenía su máscara seria de nuevo. Me miró fijamente, esa mirada filosa que podía cortar la piel.
Una mano morena se acercó a mí, la posó en mi pecho y subió lentamente… ¿Qué estaba haciendo? Tragué fuerte.
-Oi… -no dijo nada. Cerró su fuerte agarre en mi cuello. Mierda, me estaba asfixiando. Apretaba con fuerza y podía sentir como sus dedos y uñas se hundían en mi carne.
Dolor.
-Taiga... –apretó más fuerte.
-Ag….ah… -jadee, subí mis manos para tratar de alejarlo, pero no movía. No se inmuto en ningún momento, solo su mirada oscura. Su rostro era inexpresivo, pero había algo amenazador en todo ello.
-No sabes con quién te estás metiendo, no te conviene tenerme de enemigo. –su voz gruesa pronunció. No pestañeo, no dudo, simplemente me miraba, con su semblante serio. Finalmente me soltó y se puso de pie.
Tosí y me removí en el suelo, jadeante. Trataba de hacer llegar a mis pulmones el oxígeno perdido. Joder con el negro, sí que tenía fuerza.
Pero lo que más me dio miedo, fue aquella mirada cuando pronunció sus palabras. Era… espeluznante. Sentí un escalofrió.
-Co-co-como… quieres que confié en ti, si vas y casi me ahorcas, ¡Imbécil! -trate de ponerme de pie, pero mis piernas flaquearon por un momento, caí de nuevo.
Aomine me tendió una mano para ayudarme. Solo lo mire de mala gana y me puse de pie por mi cuenta.
Trate de alejarme de él, y me acerqué a la puerta.
-Taiga… -ok, mala idea tratar de huir de nuevo, no lo haría.
-¿Qué quieres de mí?
Su risita baja se escuchó.
-No estoy bromeando. –mis manos estaban puños a mis lados. –Yo soy el que no está para juegos, no sabes la mierda que he pasado… así dime, ¿Qué coño quieres de mí?
Suspiro. –Claro que se lo que has pasado, te enti-
-¡Y una carajo que no! ¡No sabes nada! –le grite, está furioso. Él no podía entender mi dolor. -¡No podrías entender todo la mierda que he pasado! ¡Ver cómo te arrebatan lo que más amas! ¡No tienes ni una puta idea de lo que es cargar todos los días con ese dolor!
Esta vez no estaba llorando, me mantuve serio ante mis palabras.
-¡Claro que lo sé, idiota! –y ahí está esa mirada oscura de nuevo. Esta vez era distinta, pude divisar un rastro de… ¿dolor? O tal vez fue mi imaginación. Tenía su máscara de nuevo. –Tú eres el que no tiene una idea… todo lo que yo he pasado, comparado con lo tuyo parecería un juego de niños.
Me acerqué a él, y le di una bofetada. No me importó lo que pudiera hacerme, ya no me importaba nada, ¿Cómo se atrevía a compararse conmigo?
-¡¿Qué vas a saber tú?! ¡¿Qué va a saber un jodido niño rico que vive en una taza de cristal, el dolor que yo he pasado?! Acaso… ¡¿has visto morir delante de tus ojos a la persona que amas?!
-Yo he visto morir más que eso. –no dijo más. Tampoco me hizo nada, solo estaba ahí parado, observándome. Como una expresión dura como una roca plasmada en su rostro, su mirada sombría.
¿Qué? ¿Qué estaba tratando de decir con aquello? ¡Yo no sé nada de él!
-No… no tienes una idea. –me abrace a mí mismo, quería salir de este lugar. No recordaba que fuera tan frio esta mañana. – ¿Por qué sabes lo de Tetsuya? Quiero… irme de aquí.
-Está bien. Mañana hablaremos sobre eso. -¿Eh? Lo mire asombrado por un segundo.
-No pongas esa expresión, no voy te voy a retener aquí si no quieres estar. Te dije que podías confiar en mí, idiota. –suspiro abatido. –Te llevare a un hotel donde puedas pasar la noche.
-Va…vale. –no sabía que más decir. Vi cómo se alejaba hacia la puerta.
-Termina de arreglarte, te espero abajo. –y sin decir nada, se fue de la habitación cerrando la puerta tras de él. Dejándome solo con mis pensamientos y el dolor.
¿Quién era Aomine Daiki? Realmente no lo sé.
Busqué mis zapatos y me los coloqué. Me acerqué a donde yacía el cadáver de mi teléfono.
Lo tomé y no parecía tan muerto, era un Smartphone de pantalla táctil. Toque el botón para encenderlo, y éste, para mi buena suerte, prendió. Tenía algunos raspones a los lados, y toda la pantalla estaba quebrada.
Cuando finalmente se encendió, pude divisar entre la pantalla rota "7 llamadas perdidas". Seis eran de Kise y una de Nijimura. Y luego no pude ver nada más, el mensaje de "batería baja" apareció, y al segundo siguiente el teléfono se había apagado.
Lo guardé en mi bolsillo, para dirigirme a la planta baja.
Minutos después, habíamos bajado al estacionamiento. Ahora estábamos en su deportivo negro, rumbo a un hotel, que era de un amigo de Aomine. Y yo no tenía idea de cómo iba a hacer para pagar la habitación, pues aún tenía la deuda en el otro hotel. Pero al menos ya no seguía en casa de Aomine.
El viaje transcurrió en silencio, yo no quería mirarlo así que me dedique a observar la calle oscura, aun llovía pero no tan fuerte como antes cuando estábamos hablando en la sala, antes de… del baile y todo aquello.
Yo había tenido un orgasmo frente a un hombre, y este no era Tetsuya.
Ni siquiera un conocido mío.
Y aunque me costara admitirlo, lo había disfrutado. Sentí el calor apoderarse de mis mejillas… a través de la ventana, pude ver en mi reflejo un pequeño sonrojo.
¡Joder! Yo estaba mal, de los pies a la cabeza.
-Llegamos. –dije Aomine, sacándome de mis pensamientos.
No dije nada. Me quite el cinturón y abrí la puerta del auto. Rodee el auto y seguí a Aomine hasta la entrada.
¡Y una mierda! ¿En dónde estábamos? Un imponente edificio se alzaba delante de nosotros, entramos y lo seguí al vestíbulo. Y claro, esto no era nada comparado con el pequeño hotel de cuarta en donde me estaba quedando.
Una distinguida entrada nos recibió. Decorada con grandes lámparas de telaraña colgadas en el techo. Una colección de cuadros a lo largo de toda la estancia. Había áreas con sofás y mesas centrales, que no tenían nada que envidiarle a la casa de Aomine. Había un área de bufet, donde habían diversas comidas y dulces.
Todo era tan lujoso y refinado.
Yo solo estaba temblando, ¿Cómo carajos iba a pagar una habitación en aquel lugar? Me iba a costar toda una vida.
Aomine se había alejado de mí y ahora estaba en la recepción hablando con un hombre que estaba al otro lado de la barra. Me acerque a donde estaba.
-A-a-omine… mira, yo…-
-¿Qué? –por primera vez en un largo rato, nuestras miradas se encontraron.
-Pues, verás… este hotel… -no sabía cómo decirle aquellos. Joder, que miserable iba a parecer. Pero debía hacerlo. –No puedo pagar una noche aquí.
-¿Y quién dijo que tú pagarías? –arqueo una ceja. Este idiota, ¡se estaba burlando de mí! –Antes te dije que este hotel es de un amigo, así que puedo usar las habitaciones sin ningún costo.
¡¿Pero qué carajos?! ¿Qué clase de amigos eran esos que tenían un hotel de cinco –que digo cinco, de cien estrellas- y te dejaban quedarte gratis?
Oh sí, yo no conocía nada sobre Aomine Daiki.
-Señor Aomine. –lo llevo el sujeto con quien hablaba antes, parecía ser el recepcionista. –Su suite está disponible, por favor firme aquí para terminar de llenar la solicitud. Aquí está la tarjeta llave. –le entregó una tarjeta a Aomine, y luego el me la dio a mí.
Pero… ¿había escuchado bien? ¡Qué rayos! ¡¿Una suite?!
-Aomine… no es necesario que pidieras una suite… -susurre por lo bajo, solo para el que me escuchara.
-No la pedí, es solo mi habitación habitual. –terminó de firmar los papeles y se los dio al señor.
¿Una suite habitual? Rodé los ojos, con Aomine debías estar acostumbrado a las sorpresas.
-Vamos, te acompañaré hasta la habitación y luego me iré. –dijo, mientras comenzó a avanzar hacia el ascensor.
Yo solo lo seguía, mientras miraba asombrado todo aquel lugar. Cada cosa más lujosa y cara que otra.
Finalmente llegamos al piso 96 y nos bajamos. Me dejó en la puerta de la habitación, pero antes de irse, le pregunté:
-Aomine, si me podías dejar esta habitación anoche… ¿Por qué me llevaste a tu casa? –lo miré por unos segundos.
-Nos vemos mañana Kagami, que descanses. –y sin responderme, se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el ascensor.
-¡Oí, Aomine! ¡Responde! –grité. Mientras lo seguía.
El entro al ascensor, y marcó el piso. Antes de que se cerraran las puertas, logró decirme algo.
-Te llevé a mi casa, porque así lo quise. –me guiñó un ojo y las puertas del ascensor se cerraron, mientras comenzaba a descender.
-Este idiota… -me aleje de ahí y me dirigí de nuevo a la habitación.
¿Qué acababa de suceder? Metí la tarjeta en el lector, y abrí la puerta.
Y como todo lo que había visto antes, aquella habitación me había dejado con la boca abierta. Era tan grande como el primer piso del apartamento, y todo eso solo para mí.
Aomine, eres un idiota.
Estaba cansado y aquella estancia era tan grande que no terminaría nunca de revisarla. Cerré la puerta y fui a la cama, me quite los zapatos y me tumbe sobre ella.
Me removí en la cama gigante. Y había olvidado apagar las luces, y joder que pararme de nuevo era una molestia.
Aquél lugar era todo un lujo, tal vez si daba unas palmaditas, se apagarían, como en las películas.
Aplaudí dos veces, y como por arte de magia –mejor dicho, por la tecnología- las luces se apagaron, solo dejando encendidas las lámparas de noche que estaban en la mesita al lado de la cama.
Reí ante aquello. Pensé que no iba a funcionar. Me cubrí con la gran manta que había en la cama… y solo recé para que algún Dios se apiadara de mí, para que aquella noche pudiera dormir, sin alguna pesadilla.
"Toc, toc."
Era la cuarta vez que golpeaban la puerta. Removí las sábanas de la cama, mientras trataba de estirarme. ¿Quién era?
Apenas había logrado dormir un poco, luego de pasar la noche en vela por miedo a cerrar los ojos… no quería revivir aquel trago amargo de nuevo.
"Toc, toc."
Tocaron por quinta vez. Y luego una sexta, y una séptima. Y el golpeteo en la puerta se hizo constante, como si tocaran una melodía.
"¡Joder!" Gruñí molesto y me quite las sábanas, recordé el reloj que había en la mesita al lado de la cama. Marcaba las diez de la mañana. El sonido se hizo más fuerte del otro lado de la puerta.
Malhumorado, soñoliento, me di una palmada en el rostro y me puse de pie, rumbo a la puerta.
Dude un momento, pues no sabía realmente quien era. Tal vez podía ser Aomine, pero…
Golpearon fuerte de nuevo.
-¡Ya voy! –grité, me acerqué de nuevo y abrí la puerta lentamente.
Del otro lado había un sujeto de cabellos negros, era de tez blanca y un poco más bajo que yo, llevaba un traje negro pero sin corbata y la camisa de vestir blanca semi abierta.
-¡Y hasta que abres! –dijo una voz cantarina, me sorprendió por un momento, haciendo que retrocediera. ¿Quién era este sujeto? No parecía un matón o algo por el estilo, pero… no, mejor no juzgaba por las apariencias. Debía estar alerta de igual manera.
-¿Qu-qui- no pude decir nada.
-Good morning, mister Taiga. –me guiño un ojo. ¿E-eh?!
-Bue… ¿buenos días? –dije, más como una pregunta. El pelinegro rió.
-Takao Kazunari, para servirle. –se inclinó y luego se adentró a suite. Lo seguí con la mirada, mientras se dirigía al área de la cocina.
Si, era tan gigante que hasta traía una cocina incluida. Y se dispuso a preparar la cafetera. Como si estuviera acostumbrado a estar en este lugar.
-¿Qué haces aquí? –cerré la puerta de la habitación.
-Arréglate, tenemos un largo día por delante. –no me respondió y comenzó a sacar una taza de la repisa.
-¿De qué estas hablando? ¡Ni siquiera te conozco!
-Rugiendo desde temprano tigre, eh~ -se estaba burlando de nuevo. –Ve a tomar un baño mientras termino el café. En el closet hay ropa nueva, alguna de ellas te debe servir.
¿Cómo sabía que había ropa aquí?
-¡¿Quién eres?! –le grité de nuevo, acercándome a la cocina. Pero manteniendo mi distancia, cerca de él había algunos cubiertos, y cuchillos.
-No grites, me atormentas mis pobres oídos. –hizo una mohín como un niño pequeño. Aquello me hizo algo de gracia. –Ya te dije que soy Takao Kazunari, soy el chofer personal de Daiki y estoy aquí para hacerme cargo de ti hoy. Así que ve a arreglarte, ¡no tengo todo el día! –dijo lo último alzando un poco más la voz.
Y ahora todo estaba aclarado. Claro, Aomine nadaba en dinero, ¿Cómo no iba a tener un chofer privado?
¿De qué sería su chofer? ¿De su auto, de un helicóptero, de un yate o de un jet? Me reí antes mis pensamientos mientras me dirigía al baño.
Pero antes tome algunas prendas de las que había en el closet, no me iba a cambiar delante de aquel sujeto, no señor.
Una vez que estuve listo, salí del baño y me encontré con Takao leyendo una revista en el sofá, mientras tomaba su taza de café.
Me aclare la garganta para llamar su atención.
-Oh, ¿listo ya? Bueno, vámonos. –dejo la revista y la taza en la mesa.
-Espera, ¿A dónde iremos? – el solo puso los ojos en blancos.
-Qué, ¿eres un niño y debo explicarte con manzanas? –se cruzó de brazos.
-¡Oi!
-¿Taiga? ¿Kagami? ¿Tigre? ¿Cómo te llamo? –arqueó una ceja. –Bueno, como sea. Iremos a desayunar primero, no me mal entiendas, pero conozco un buen lugar a donde ir y de verdad no me apetece el bufet de este lugar. Luego iremos al hotel donde están tus cosas "retenidas". –se burló. –Y luego a darte un pequeño tour por la ciudad.
El pelinegro hablaba rápido, yo solo trataba de procesar las cosas que decía.
-¿Vale?
-¡Bien! Andando. –dijo animado. Yo solo me dediqué a seguirlo.
-Por cierto, ¿tienes un cargador que me prestes? –dije, mostrando el cadáver de mi celular sin batería.
-¿Esa basura? –comenzó a reírse. A este sujeto le encanta burlarse, estaba claro. –Oh vamos, Kagami. Más tarde compraremos otro. –me guiñó un ojo, y abrió la puerta, saliendo de la habitación.
¿Y se supone que debía seguirlo? Hoy iba a ser un largo día… al menos me serviría para distraerme un poco de toda la mierda, ¿no?
Ya veremos…
Subimos al ascensor y marco la planta baja. Bajamos, y no en silencio, pues él iba tarareando alguna canción que yo no conocía.
-Oh vamos, ¿no te la sabes?
-No. –le respondí serio.
-¡Pero si es un clásico! Es a thousand miles, de Vanessa Carlton. Nunca viste "¿Dónde están las rubias?"
Dios, me palmee la frente. ¿Qué tan chicle podía ser este pelinegro? Claro que la había visto, pero no iba a admitirlo…
-No.
-Vamos, yo sé que sí. –se rió. –Cantemos, making my way downtown, walking fast, faces pass and I'm homebound…
Y yo solo me dedique a apretar el botón de la planta baja, como si mi vida dependiera de aquello… como si por arte de magia el ascensor fuera a descender más rápido, y terminara aquella locura.
Finalmente, llegamos a la planta baja. Para mi buena suerte, el ascensor se había detenido unos pisos antes, y algunas personas habían entrado, así que Takao había tenido que dejar de cantar.
Ahora tenía una cara de perrito triste. Yo solo me reía ante su expresión.
Salimos del ascensor y comenzamos a avanzar por el vestíbulo.
Takao se detuvo en seco, dejo de caminar. ¿Qué le sucedía?
-Oh mi… ¡Espera aquí! Iré a saludar a alguien. -¿eh? Y sin más, el enano de alejó de mí y se dirigía hacia unos sujetos de traje que hablaban. Yo lo seguí de lejos, mientras veía como se acercaba por detrás a uno de los sujetos con traje.
Era un tipo alto, de lentes y cabellos verdes.
Takao se le acercó y se abalanzó detrás de él, abrazándolo por la cintura. Sorprendiendo al sujeto.
-¡Takao! –un grito se escuchó por toda la estancia. Robando algunas miradas de las personas que se encontraban.
Me reí por lo bajo. ¿Quién era Takao Kazunari? Y, ¿Cómo se le ocurría interrumpir a esos tipos de traje que estaban hablando? Parecían ser unos empresarios, y el solo se acercó sin más. Me reí de nuevo. Takao estaba loco.
Ellos hablaban, pero no podía escuchar muy bien lo que decían, así que solo me dediqué a obsérvalos.
-Ta-ta-¡Takao! ¿Qué estás haciendo? –Dijo el sujeto de cabellos verdes al más bajo.
-Shin-chan, buenos días~ solo pasaba por aquí.
-Tch, lo siento Otsubo, ¿seguimos la plática en el restaurant?
-Vale Shintarō, iré a buscar una mesa, nos vemos al rato. Y también es un placer verte de nuevo, Takao.
-Oh, oh. Disculpa mi mala educación, buen día señor Otsubo.
-Que seas mal educado no es extrañar. –dijo el peliverde, Takao le sacó la lengua.
-Hasta luego, Takao.
Pude ver como dos de los tipos que estaban antes, se alejaban, dejando solos a Takao y al de cabellos verdes.
-Takao. –Shintarō se acomodó sus gafas. -¿Qué haces aquí?
-No mucho, yo solo pasaba por aquí con alguien, ¡y qué suerte la mía! No sabía que ibas a estar aquí~.
-Claro que sabías que iba a estar, es uno de mis hoteles, tch.
-Hi, hi. Tan gruñón desde temprano, Shin-chan~
-¡No me digas así!... por cierto, ¿con quién estás aquí?
-¿Te interesa, eh? –el pelinegro arqueó una ceja.
-No me interesa. –Takao rió.
-¿Ves ese sujeto de cabellos rojos que esta por allá? Es Kagami, es un chico muy interesante.
Realmente no escuchaba acerca de que hablaban, solo sé que el de cabellos verdes se giró a verme, de muy mala gana. Si las miradas mataran, estaría hecho cenizas ahora mismo… Takao, a su lado, solo me miraba divertido.
-Oh vamos, Shin-chan, no estoy con el haciendo nada aquí. Sabes que no uso tus hoteles para tener sexo rápido con extraños. –le guiñó un ojo a Midorima.
El sujeto de cabellos verdes dejo de mirarme, su rostro subió de varios tonos, estaba tan rojo como mi cabello, ¿será que se estaba ahogando?
-¡Takao! –se escuchó de nuevo por toda la estancia. El mencionado solo se reía.
-Que divertido es hacerte molestar.
-¡Cállate! –se arregló los lentes. -¿No deberías estar con Aomine?
-Pues no, él está de viaje, y yo solo estoy buscando un paquete para él.
-¿Un paquete? ¿En mi hotel?
Takao me señaló con su dedo índice, y ahora el de cabellos verdes me estaba mirando. Ya no era una mirada asesina, sino más bien extrañado. ¿Estaban hablando de mí?
-Bueno, Shin-chan tengo cosas que hacer, y por lo visto tú también. Nos vemos más tarde… -susurró el pelinegro por lo bajo, mientras se alejaba del más alto. Se giró por última vez para guiñarle un ojo, para luego dirigirse de nuevo hacia Kagami.
Dejando a un sonrojado Shintarō, con aquella promesa de seducción en el aire.
-Listo Kagami, vámonos. –Y así, comencé a seguir de nuevo a Takao. Salimos del hotel y paramos frente a un auto que estaba estacionado en la entrada.
Era parecido al deportivo de Aomine, solo que este era color vinotinto, y era de cuatro puertas.
-Andando, muero de hambre~. –Takao abrió el auto. Entré por la puerta del copiloto y me coloqué el cinturón.
El auto comenzó a andar y Takao encendió la radio.
-Oh mi… ¡Esta es! –su grito casi hace que me dé un paro cardíaco.
-Qu-que- ¡¿Qué sucede?! –pregunté alarmado.
-¡Es la canción que estaba cantando en el ascensor! ¡Kyaaaa! ¡Vamos Kagami, cantemos! -¿me están jodiendo? Su grito me dio un susto de muerte y era... ¿una jodida canción?
Takao le subió el volumen al radio y comenzó a conducir a toda velocidad, mientras cantaba. Agarre fuerte el cinturón, joder. Espero que así como cantaba de bien, condujera… de bien.
-¡El Coro! ¡Vamos Kagami! And I need you, ¡na, na, na! And I miss you, ¡na, na, na! –Y Takao comenzó a sacudir su cabeza a ambos lados como el sujeto de la película Donde están las rubias.
Cantaba tan inspirado que dejo de ver la carretera.
¡Mierda! ¡Madre querida que estas en el cielo, ayúdame a salir vivo de esta!
Sentí que pude respirar de nuevo, cuando el auto se estacionó finalmente.
¡Gracias madre, gracias!
Abrí la puerta y me baje de aquel auto. Takao no manejaba como cantaba, era… terrorífico. Sentía que tenía mis bolas en la garganta y las iba a vomitar.
Tomé una bocanada de aire profunda y respiré. Respiré, estaba vivo. ¡Había sobrevivido al auto del infierno!
Habíamos llegado a una restaurant francés que a Takao le encantaba, me había dicho en el trayecto. Para el vendían las mejores tostadas francesas del mundo, y eso que había ido a Francia.
Para ser un simple chofer, también tenía dinero.
-¡Kagami! ¿Qué haces arrodillado en el suelo? ¡Vamos, tengo hambre! –me puse de pie y lo seguí dentro del lugar.
Era pequeño. Pero lo suficientemente grande para abarcar algunas mesas. Todo estaba decorado al estilo francés, boinas y banderas de Francia cubrían las paredes, con algunos cuadros de bahías, ciudades y la torre Eiffel.
-Es un restaurante familiar… -me senté en la mesa donde estaba Takao.
-Así es, no es la cosa más lujosa del mundo, pero te puedo asegurar que se come de maravilla. –me sonrió. Apenas conocía a este sujeto de hace una hora pero parecía ser una buena persona.
-Bonjour Monsieur. Ah, Takao, tenías tiempo sin venir, nos habías dejado abandonados. –un sujeto se acercó a nosotros, con dos menús en la mano. Dejándolos en la mesa. Era de tez blanca y cabellos claros, llevaba un delantal con la bandera de Francia delante. Nos sonreía.
-Ryo, sabes que nunca abandonaría este lugar, solo he estado… ocupado. –dijo por lo bajo, pero pude escucharlo.
-Sabes que es tu casa, eres siempre bienvenido, ¿desean café?
-Si, por favor. Uno negro. –le dije al chico que era el mesonero.
-Yo no quiero negro, ya tengo suficiente con ver a Daiki todos los días. -¿Qué había dicho?
Se estaba burlando de su propio jefe… Takao era todo un caso, y yo me estaba riendo. Junto con el tal Ryo.
-Vamos, dejen de burlarse del señor Daiki, él nos paga la comida. Yo quiero uno con leche.
-Vale, en un momento regreso. –y el mesonero se alejó. Me dispuse a abrir pero la verdad era que, no entendía un carajo, todo estaba en francés.
-Takao…-
-Déjame adivinar, ¿no entiendes nada? –y ahora él se reía de mí. –Bien, que te parece tostadas, huevos y tocino, ¿típico americano?
-Ah, si… ¿Cómo sabes lo de americano?
-Tu acento tonto, tu acento. –Ryo trajo los cafés, dejándolo frente a cada uno. –Lo de siempre, para ambos. –dijo Takao, mientras le añadía azúcar a su café.
Ryo se fue de nuevo, dejándonos a solas. Había unas pocas personas en el local.
-Y bien, Kagami. ¿Qué haces aquí?
Le di un sorbo a mi café, estaba puro y olía muy bien. -¿Qué?
-¿Qué haces aquí en Londres? –me preguntó.
-Pues… buscando un trabajo.
-Ya veo. –se rasco la barbilla. –Pero, ¿Qué te trajo a esta ciudad?
¿Se supone debía hablarle de mi pasado? No, no debía.
-Nada en particular, solo estaba buscando una nueva ciudad donde establecerme.
-Eres un sujeto muy particular. Daiki antes me había pedido que llevara a algunas personas, pero nunca que las buscara en un hotel, en su habitación, y que me hiciera cargo de ellas por un día.
¿Qué estaba insinuando Takao? ¿Qué yo tenía algo con…? ¡No! Ni en un millón de años.
-N-n-no, ¡no es lo que piensas! Por diversas razones me estoy quedando con él, pe-pero… -¿Qué le iba a decir?
-¿Eh?~ ¿Por qué te pones nervioso?
-Nada que decir. –me hundí en mi silla, tomando la taza de café.
Y Takao se estaba burlando de mí, de nuevo.
-¿Eres algo así como un romance fugaz de Daiki en América, pero se dieron cuenta que se aman y te trajo a Londres?
Escupí el café en la mesa. Era una pena, pues estaba delicioso.
-¡Kagami! –grito Takao enojado, mientras se limpiaba el rostro con una servilleta.
-No es nada de eso, ¡idiota!
-Solo fue una broma, no tenías por qué escupirme. –me miró molesto.
-¡No hagas esas bromas! Son molestas, y lo siento… no quería escupir el café.
-Tch, serás tonto. Yo solo estaba tratando de saber porque viniste a Londres. –arqueó una ceja.
-Ya te dije, porque buscaba una nueva ciudad, además que Kise me invitó a pasar una temporada aquí.
-¿Kise?
-Kise Ryouta, es modelo. Pero, no creo que lo conozcas.
-Claro que lo conozco. Conozco a todas las personas que han follado con Daiki.
…
¿Qué había sido eso? Sus palabras me dejaron desconcertado. Y ese trago de café que estaba tomando me había sabido más amargo que antes.
-Ops, no debí decir eso… -Takao le dio un sorbo a su taza. Se podía sentir la tensión en el aire.
-Es-es-está bien, yo no sabía que Kise y Aomine estaban juntos.
-No están juntos. –me aclaro. Por un momento, subí la mirada para verlo. –Quiero decir, Daiki no suele estar en una relación, le cuesta mucho estar con alguien. Por eso me parece extraño que se preocupe por ti.
-Takao, ¿Por qué me dices estas cosas?
-No sé, solo me nació decírtelas luego de ver tu rostro.
¿Mi rostro? – ¿Qué rostro?
Rodo los ojos. –Ay, no lo sé. Solo me dieron ganas de decirte que Daiki no está saliendo con nadie ahora mismo.
-Vale… -¿y a mí qué? No es como si le tuviera mucho aprecio. Estaba agradecido porque me dió una cama anoche, pero casi me ahorca. Era un idiota.
Y te corriste por él.
No, yo no sentía nada por él, no señor.
Ryo finalmente hizo acto de presencia con nuestra comida, cortando aquella incomoda atmosfera. Le agradecí por la comida, y comencé a deleitarme.
Realmente estaba muy bueno, eso y que yo también estaba muriendo de hambre.
Mientras comíamos, me atreví a preguntarle.
-¿Quién era el sujeto con que hablabas antes en el hotel?
Su mirada seria cambio a una de diversión, de un segundo a otro.
-Ah, ¿el peliverde? Es Shin-chan, el dueño del hotel.
-¿Shin-chan? -… ¡¿Eh?! ¿Era el dueño de aquel lujoso hotel? Entonces era el amigo de Aomine…
-Midorima Shintarō, dueño de la cadenas de hoteles Midorima. –se metió un bocado de tocino en la boca. Claro, un dueño de hoteles. Aquellas no eran personas normales, nunca. –No es tan viejo como parece, de hecho es como de nuestra edad, es el heredero de la cadena.
-¿Qué edad tienes, Takao?
-¡Veinticinco! –me dijo, ya estaba todo animado, como un niño pequeño. –Pero, pero, yo era el de las preguntas, así que me toca seguir.
Puse los ojos en blanco, ¿estaban jugando a ser Sherlock Holmes o qué?
-Claro, policía de Scotland Yard, adelante. –bromee.
-Hey, hey, no soy policía pero tengo porte de armas.
…
De nuevo el silencio incomodo, ¿Qué le pasaba a este sujeto con decir cosas que cortaran el ambiente en un dos por tres? No podía mantener su boca cerrada, eso estaba más que claro.
-Tranquilo Kagami, no voy a hacerte daño, ¡yo soy buena persona! –me regaló una sonrisa enseñándome sus dientes, ahora sucios, llenos de comida.
Y yo me reí ante su gesto. Él si parecía un mocoso, no yo.
-Por cierto, ¿Dónde está Aomine?
-Se fue por un viaje de negocios a Glasgow, debe venir hoy en la noche. ¿Interesado?
-¡Solo pregunto!
Y así, terminamos la comida. Takao pagó y pues, yo no me pude oponer, para ser un restaurant familiar, tampoco era tan barato. Salimos al estacionamiento y nos paramos frente al auto.
-¿Y ahora qué?
-Sube, ahora iremos a buscar tus cosas en el hotel. –Takao se colocó sus lentes oscuros y se montó en el auto.
Estaba pensando seriamente en subirme de nuevo al auto o no. No quería vomitar todo lo que acababa de comer
El viaje no estuvo tan mal, al menos pude mantener toda la comida dentro de mí. A pesar de que Takao seguía cantando, y de vez en cuando se giraba a mirarme y animarme que cantará, y yo sólo le decía que se girara y mantuviese sus ojos en la carretera.
Pero él se dedicó a ignorarme, y seguía sumido en su canto.
Manejaba de manera horrible, aceleraba a toda marcha apenas cambiaba la luz a verde, pasamos algunas señales de "pare" y no sé cómo nunca nos detuvo la policía.
Uno debía pensarlo dos veces, o hasta cien veces antes de subirse a un auto con Takao Kazunari al volante, ¿qué tan desesperado estaba Aomine para contratar a este chico como chofer?
Porque estaba más que claro, que servía para cualquier cosa, menos para manejar un auto.
Finalmente llegamos al hotel, se estacionó y nos bajamos.
Takao se quitó sus lentes de sol y miró hacia la entrada del hotel, ¿asqueado?
-Kagami... ¿Qué es esto?
-Pues, un hotel. Que más iba a ser-
-¡¿Esta pocilga?! ¿Como si quiera puedes estar aquí?
-Oh vamos, no está tan mal. Tiene un precio razonable y me sirvió para pasar unas noches, eso es suficiente.
-No es suficiente, ¿las camas son pedazos de cartón y hay al menos agua?
-Tiene una buena cama, ¡y agua! Es... reconfortable. -admito que no es el mejor hotel del mundo, nada comparado como la casa de Aomine... O el hotel Midorima. No le llegaba ni a los pies a este pequeño lugar.
-Ni muerto pasaría una noche aquí. Ni porqué Shin-chan me lo pida, ni loco.
Arquee una ceja, con que "Shin-chan" ¿eh?, por lo visto, eran mas que simple amigos.
-Tch, lo que sea. Deja de mirarme así, y entremos de una vez. -sacó una pañuelo blanco de su bolsillo y tomo la manija de la puerta.
¿Es en serio? Rodé los ojos.
-¿Qué? No quiero contagiarme de alguna enfermedad venérea o algo por el estilo. -será idiota... Abrí la puerta para él.
-Ya, deja el drama. Sólo es una puerta, pasa.
-Vaaale~
Nos dirigimos hacia la recepción, y en ella estaba la rubia que le había echado el día anterior.
Apenas me vio puso una mueca de asco. Era insoportable.
-Uh, uh, alguien que no esperábamos ver de nuevo.
-Sí, yo tampoco quería ver tu cara de nuevo, pero he venido por mis cosas. -ella arqueó una ceja.
-¿Ah, sí? Y sabe lo que tiene que hacer por ellas, ¿no? Debe pagar.
-Pues, a eso hemos venido, madame. -esta vez fue Takao el que le respondió.
Su expresión cambio a una de sorpresa cuando fue Takao el que habló, y un pequeño sonrojo se hizo presente en su rostro.
-Oh, señor. Esperé un segundo, bu-buscare la factura. -su tono era más amable y gentil que antes. Cambio totalmente cuando Takao le habló, esta descarada.
Y la rubia se alejó de nosotros a buscar unos papeles.
-Sus extensiones son un asco... Ugh. -Takao me dijo al oído y yo solo me reí ante su comentario.
Finalmente la mujer dejó una serie de papeles delante de nosotros. Se inclinó un poco sobre el mostrador, apoyando su pecho y hablándole de cerca a Takao, insinuándosele. Y este sólo lo miraba con asco.
La mujer se fue a atender una llamada y nos dejó solos de nuevo.
-¿Y nos vas a pagar, o qué? -Takao me dio un bolígrafo.
-Pero, ¿qué dices? -el arqueó una ceja.
...
-¡Ah! Claro, lo siento. Olvidé darte el dinero. Bueno, yo pagaré esto y luego me lo devuelves, ¿vale?
¿Dinero? ¿De qué estaba hablando? Creo que al que debería pagarle luego es Aomine y si seguía así, iba deberle hasta la vida.
-Como digas... -Takao firmó unos documentos y le dio su tarjeta e identificación a la mujer. Luego de que pagamos, nos dejó pasar a la administración para buscar mis cosas.
Ella seguía a Takao de cerca, muy cerca.
Rodé los ojos. Entramos a una oficina y al fondo en una esquina estaban apiladas mis cosas, como si fueran basura. Estos desconsiderados, nunca más me quedaría en este lugar.
Tomé mi bolso y mi maleta, revisé viendo si estaba todo. Mis pertenecías estaban aquí, hay un par de zapatos tirados en otro lado y un suéter. Tomé todas las cosas y salí de la oficina, me dirigí a la puerta de entrada con Takao pisándome los talones, tratando de alejarse de la insoportable rubia.
-Fue un placer señor Takao, ¡nos vemos luego! -gritó la mujer a lo lejos.
Salimos del hotel y Takao abrió la maleta del auto para colocar las cosas.
-Que demente, espero no volver a verla nunca más. ¿Puedes creer que me pidió el teléfono? ¿Y que apretó sus tetas contra mi brazo? ¡Está loca!
Dejé mis cosas en la maleta y me subí al auto, mientras me reía ante la expresión de Takao.
Encendió el auto, se colocó el cinturón y comenzó a andar. -Abre la guantera.
-Vale. -hice lo que me dijo y abrí la guantera.
Y lo que estaba adentro me dejó sin palabras.
Había un arma guardada en su forro, a su lado estaba un cartucho, de lo que parecía ser balas del arma.
Traté de procesar esto un momento. ¿Qué hacia un simple chófer con un arma?
-Tómalo. -su voz me saco de mis pensamientos.
-¡¿Qué?! Yo no-
-El sobre idiota, no el arma. -¿Qué sobre?
Takao dejo de conducir, y comenzó a buscar algo en la guantera.
-¿Qué haces? ¡Sujeta el volante! -estaba alarmado, Dios. Este sujeto nos iba a matar. Y no con el arma.
-Joder, ¿es que no puedes hacer nada tú mismo? -me tiro algo sobre las piernas, era pesado. No pude verlo hasta que se levantó y tomó de nuevo el volante.
Vi lo que había puesto en mis piernas, era un sobre blanco, estaba tan abultado que apenas podía cerrarse.
Mis manos estaban temblando, mientras tomaba el sobre con mis manos. No parecía ser un arma.
¿Qué era esto?
-Págame mi dinero. -con una mano sujeto el volante y la otra extendió su palma hacia mí.
-¿...? -abrí el sobre, y había un fajo de billetes dentro. No podía entender que era todo aquello.
-¿Esto es para... ?
-No hagas tantas preguntas, tch. -me miro molesto. -Ese dinero es tuyo, Daiki me dijo que te lo diera por un trabajo que habías hecho.
-Pe-pero-
-Mira, no sé qué hiciste, pero ahí está lo suficiente para que te mantengas por un tiempo, y ahora págame. -se giró a ver de nuevo el camino y seguía con la mano extendida.
Traté de contar el dinero que había en el sobre, pero aquello solo era... demasiado. Perdí la cuenta. Así que comencé de nuevo, saque la suma que le debía a Takao y un poco más, y se lo puse en su mano, luego contaría el dinero con más calma.
Seguía siendo demasiado, ¿por qué me había dado aquello?
El baile.
-Gracias~ -tomó el dinero y lo guardó en su saco.
Apreté el sobre con fuerza. No quería aceptarlo, había hecho algo sucio cambio de este... Pero la realidad era otra, y de verdad la necesitaba.
Y eso era lo que me dolía. Necesitaba el dinero de Aomine Daiki.
Mentiría si digo que el resto del viaje estuvo tranquilo y en silencio. Eso era improbable. Takao manejaba como si estuviera en una carrera de autos, y si le sumamos a esto que cantaba tan fuerte que su voz se escuchaba sobre el sonido de la radio, y eso que tenía un alto volumen.
Takao de vez en cuando, le entraba una especie de complejo de músico y comenzaba a golpear el volante, el tablero o la palanca de cambios como si estuviera en una banda y aquellos fueran instrumentos.
¡Pero no estaba en una banda! ¡Y aquellos no eran instrumentos! Varias veces le dije –rogué, en realidad- que mantuviera sus ojos fijos en la carretera, y era lo menos que hacía, hasta escribía por teléfono. Realmente no entiende como nunca nos paró la policía.
Luego del alocado viaje, llegamos a un centro comercial. Takao me había traído para comprar un nuevo teléfono celular y ropa. Luego de que el mío resultara casi-asesinado por Aomine.
Entramos a una tienda de electrónica. Me dispuse a buscar un teléfono parecido a mi modelo anterior, que sea funcional y a un buen precio. Finalmente me decidí por uno y lo pague, Takao solo se quejaba diciéndome que estaba loco, de lo feo que era el teléfono y que parecía de la edad de piedra, que iba a tener internet súper lenta y blah, blah, y un millón de cosas que me dispuse a ignorar, mientras configuraba el teléfono.
Luego de pasar, lo que parecieron para mí, horas, entrando y saliendo de diversas tiendas de ropa, ya que Takao se había designado como mi "asesor de imagen", o algo así se decía él. Realmente no importaba, solo tenía que comprar algunos abrigos para el invierno, pero él estaba empeñado en que necesitaba zapatos, camisas de vestir y hasta un traje.
¿Quién iba a creerlo? ¿Qué se supone que iba a hacer con un traje de vestir? Si aún ni tengo donde vivir, solo eran excusas para gastar dinero. Y por lo visto a este tío de cabellos negros le sobraba, porque dijo que me regalaría el traje, y así fue. Decía que "un verdadero hombre siempre debe estar preparado", "un traje nunca está de más" y muchas otras cosas que yo ignoraba, como siempre.
Pasamos por una tienda deportiva, y en la vitrina había algunos balones de básquet.
¿Básquet? Tenía tiempo sin saber que era jugar aquello, sentir la adrenalina del juego. Que recuerdos aquellos, cuando jugamos a ser libres, éramos felices y no lo sabíamos, ¿no, Tetsuya?
La nostalgia me invadió por un segundo. Y al segundo siguiente tenia a Takao gritándome al oído que tenía hambre, sacándome de mis pensamientos.
-¿Qué? No me digas que quieres un balón. –se burló de mí. –Y luego dices que yo soy el que pone excusas para gastar dinero.
-Es cierto, un balón es más importante que un traje.
-Si amigo, y tus neuronas están quemadas.
-¡Takao!
-Pero es la verdad, ¿es que te vas a vestir con un balón para ir a algún lado? No, eso solo te cubre tus pelotas~ -¿Qué está diciendo? Realmente no lo entiendo.
Pero luego recordé la fotografía, donde salía desnudo con el balón y… joder.
-¡Vamos Kagami, tengo hambre!
Dejé que Takao me arrastrara por el lugar, hasta la feria de comidas. Nos sentamos en una mesa y dijo que pedirías unos crepés, que le encantaban las que vendían en este lugar. No tenía mucha hambre, eso era extraño, porque yo siempre tenía hambre. Igual acepte su invitación.
-¿De qué sabor la quieres, Kagami?
-Sorpréndeme.-le guiñe un ojo, y así Takao animado, se fue al puesto de las crepés. Me dejo solo, y aproveché para revisar mi teléfono, había logrado pasar la memoria del viejo al bueno. Lo primero que hice fue llamar a Kise.
Solo rezaba porque me respondiera, desde ayer no sabía nada del rubio.
Comenzó a sonar y al tercer tono respondió.
-¿Hola? ¿Quién habla?
-¡Kise! Soy Kagami. –gracias a Dios había contestado.
-…Ah, ah Kagami, ¿Por qué no tengo este número?
-Bueno, tuve que cambiar de teléfono, luego te explico. ¿Cómo estas Kise? ¿Dónde has estado?
-…
-Kise, ¿estás ahí? –escuchaba su respiración del otro lado de la línea, pero no decía nada.
-Si… ehm, Kagamicchi, estoy algo ocupado.- Escuche una voz en el fondo que lo llamaba, pero no la reconocí.
-Ah, lo siento. ¿Dónde estás? ¿Es por trabajo?
-Sí, algo así… estoy en… Glasgow… - ¿Por qué Kise no estaba en la ciudad? –Mira, hablamos luego, yo te llamaré, nos vemos.
Y sin decir nada más, corto la llamada. Eso fue extraño, no sonaba como el Kise de siempre… además de eso, ¿Qué hacía en Glasgow? ¿Esa no era la ciudad donde estaba Aomine?
¿Y si… estaban juntos?
¡No puede ser!
Aquel pensamiento trajo consigo unas ganas de vomitar, ¿Por qué me sentía así?
Takao había llegado, y coloco una bandeja con comida delante de mí. Y en ese momento, pensar en comer me parecía una idea realmente desagradable.
Me dolía el estómago, y tenía un nudo en la garganta.
-Kagami, ¿estás bien? Te veo algo pálido. –dijo Takao, destapando una botella de agua.
-S-sí, ¡estoy bien! –las palabras me salieron algo atropelladas, Takao me miro extrañado.
Si Aomine y Kise estaban juntos, no era mi problema. No debía importarme y mucho menos sentirme así, era su vida y la mierda que hicieran es su problema. Cálmate Taiga. Me mentí a mí mismo que aquello no me afectó, pero las ganas de vomitar aún no se iban.
¿Por qué cuando pensaba en Kise y Aomine juntos me sentía asqueado? No lo sé, y tampoco quiero averiguarlo.
-Y bien, ¿no piensas comer? Realmente esta buena, ¡pruébala! –me animó Takao, pero no tenía ganas.
-Gracias Takao, no tengo mucha hambre, me la comeré luego.
-Ugh, como digas. Pero realmente esta buena. –Takao se metio un pedazo de crepe en la boca.
Un teléfono comenzó a sonar, el mío estaba a un lado en la mesa, pero el sonido no provenía de aquí.
-Tch, ¿Quién osa interrumpirme mientras cómo? –Takao busco el celular en su saco y contesto la llamada. –Miyaji, ¿Qué quieres ahora?
-¿Cuándo vas a aprender las cosas por ti mismo? Eres un mocoso.-…- ¡No! Ya te dije que solo trabajo con Aomine. -…-¡Que te jodan! Búscate a otro para tu trabajo sucio.-…- ¡¿Qué él que?! Mierda.-…- Kagami, espérame un segundo, ya vuelvo.
Y Takao se alejó, dejándome a solas con las crepes y la montaña de bolsas de ropa.
¿Qué había sido aquello? Antes de irse, su expresión era dura y seria, no lo había visto antes así.
No parecía el mismo, tenía la mirada de Aomine.
Y ahí, solo en la mesa, me di cuenta que realmente yo estaba "solo" en aquel lugar, en esta ciudad. Yo no conocía a nadie.
¿Qué estaba haciendo Kise Ryouta en Glasgow?
¿Quién era Takao Kazunari y por qué tenía un arma? Y lo más importante… ¿Quién era Aomine Daiki, y como sabia mi pasado?
Solo tenía un montón de preguntas sin respuesta, y por los visto así iban a seguir por un tiempo. Suspiré frustrado, no tenía nada que hacer.
Y en aquel momento, la crepe dejo de verse tan desagradable, así que comencé a comerla, mientras me preocupaba sobre el que haría más adelante.
Después de un rato, Takao había regresado, ya había terminado de comerme la tercera crepe. La pequeña que compro Takao solo sirvió para abrirme el apetito, así que tuve que ir a comprar más.
-Kagami, tengo algo importante que hacer. Vamos, te llevaré al hotel.
-Ah, vale. – Su expresión era seria, parecía molesto por algo.
Después de recoger todo, fuimos al auto y nos pusimos en marcha. El semblante serio de Takao no se relajó, ni siquiera cuando encendió la radio. Ya no estaba cantando, sujetaba el volante tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. Algo había pasado con esa llamada, la atmósfera estaba tensa.
Luego de un rato en silencio, llegamos al hotel. Estacionó el auto en la entrada y lo apagó. ¿Se iba a bajar? ¿No tenia algo importante que hacer?
Llamo a uno de los mozos que estaban en la entrada con un carrito. –Llévalas a la suite 136. –dijo sin más, y luego comenzó a caminar hacia el vestíbulo.
Le seguí sin más, mientras veía como el mozo se llevaba mis cosas.
-Este imbécil… -Takao dijo por lo bajo, pero pude escucharlo. ¿Era conmigo?
No, aquello era para el sujeto que estaba de pie frente a nosotros fumando un cigarrillo. Miraba a Takao divertido, y este le devolvió una mirada mordaz.
-¡Takao! Llegas tarde cariño, tenía rato esperando. – el que antes estaba fumando, apago el cigarrillo y se acercó a nosotros. Era alto y de tez blanca, sus cabellos eran claros y llevaba una camisa de vestir azul y pantalones negros. ¿Quién era él?
-No me digas así, sabes que me molesta…-
-Uy, uy, no te enojes. –el sujeto se acercó a Takao y lo abrazo. Este lo aparto de un manotazo.
-Apestas a cigarro, abstente de mantenerte cerca de mí, imbécil.
-Pero no seas tan cruel conmigo, cariño… por cierto, ¿Quién es tu amigo? –Su mirada avellana se encontró con la mía, una mueca de diversión presente en su rostro. Y ahora se acercó a mí para saludar, estaba tan cerca que di un paso atrás. –Miyaji Kiyoshi, un placer. –extendió su mano. Cuando hablo, el aroma de cigarro impregnó el aire. Arrugue la nariz, detestaba aquel aroma.
Iba a estrechar su mano, pero Takao nos separó. –Ignóralo Kagami, solo le gusta molestar.
-Que rudo cariño, eso dolió. Con que Kagami, ¿eh? Que sujeto más interesante-
-Ni se te ocurra meterte con él, Aomine se enojara. Y ahora vamos, Shin-chan está esperando. –arrastro al sujeto que se llamaba Miyaji y comenzaron a alejarse del lugar. Miyaji me guiñó un ojo y yo lo mire asqueado.
-Nos vemos Kagami. –dijo Takao a lo lejos.
No entendía que había sido aquello. ¿Encontrarse con Miyaji era lo importante que iba hacer? Además, ¿se iban a ver con Midorima? ¿Por qué Aomine se molestaría con él si me hacía algo?
Yo realmente no entendía nada. Cada vez que Takao se iba, dejaba tras él una montaña de preguntas que no tenían respuesta, y aquella situación me estaba estresando.
Me subí al ascensor y marqué el piso de mi habitación.
Había sido un largo día y ya me estaba doliendo la cabeza de tanto pensar en preguntas vacías. ¿Jamás iba a ser de capaz de entender aquella situación o qué?
Mientras iba en el ascensor un teléfono comenzó sonar. Tarde un momento al darme cuenta que era el mío, ¿Quién podría ser? Nadie tenía este número.
Y me sorprendí al ver aquel nombre en la pantalla.
Era el responsable de todas las incógnitas de este día, Aomine Daiki.
Saben que amo demasiado poner canciones, y dudo que deje de hacerlo pronto... jajaja.
Solo... no me vayan a matar, no saben lo feliz que me hizo llegar por primera vez a 10 reviews en un capitulo, al parecer la historia si gusto y me dieron ganas de seguir escribiendo... pero ahora tengo miedo (?). Es que quería hacer un capitulo super serio y maduro que gustara, pero de repente llego Takao iluminando mi vida y tuve que ponerlo y alegrar esto un poco.
De verdad que ha sido un mes raro y -tengo que decir duro- para mi, estoy loca así que no le paren. Gracias al cielo mi Shin-chan apareció ya ahora estamos felices y contentas, lol.
Este capitulo tenia que estar listo anoche, pero por algunas razones no lo subí... ademas que apareció cierta señora del mal actualizando un fanfic del mal y matandonos y despedazandonos a todos, no me mal entiendan, me gusta -y odio- la historia, pero es demasiado terrible y masoquista.
La verdad es que me hará muy feliz leer que les pareció este capitulo, tengo miedo, y no se si quedo como un relleno aburrido, ademas que quería responder preguntas y termine haciéndome un millón mas, yo misma... pero ya tengo ideas para mas adelante y comenzar a responder a esta locura.
¿Quien ver la imagen de la cual me inspire para hacer a Kuroko?, en mi Bio dejaré un link, pues soy super sosa y aun no descubro como poner links en un capitulo (?)
Bueno, ya se me van acabando las cosas que decir... ¡Mil gracias por leer y seguir la historia! De verdad lo aprecio mucho. Y todo, todito, TODO lo que me quieran decir será bienvenido.
Como siempre, los personajes de KnB no me pertenecen y son obra de Fujimaki, que me hace sufrir. (?)
Además que Kagami sobrevivió a la tortura y a Takao manejando, Kagami 2 - Muerte 0 (? Si, Amy está loca jajaja.
Pda: si no han visto "¿Donde están las rubias?", ¡háganlo! es vieja y como un clásico cliché de la comedia, pero me encanta :).
Ahora si me retiro, a hacer un millón de cosas vagas, lamento la tardanza en actualizar, los quiero mucho y coman muchas piñas nutritivas de Miyaji, no siga su ejemplo del cigarro... nos leemos, xx~
