Capítulo 2. Las Noticias que no Llegaron a Konoha

El sol de Suna era terriblemente abrazador y viento terriblemente seco.

¿Cómo era que alguien pudiera vivir en un lugar como ese, con tales condiciones climáticas?, se preguntaba el recién llegado, nada más cruzar la entrada de Sunagakure no Sato, siguiendo unos pasos rezagado al shinobi que había sido designado como su guía. Al parecer, Sabaku no Kankuro (el embajador designado para todos los trámites y visitantes procedentes de Konoha) se encontraba en alguna misión y no había podido ir a recibirlo como era debido… y con esto le hacía más fáciles a Shikamaru.

Tenía que aceptarlo: si preguntarle al marionetista cómo estaba su hermana le provocaba siempre un escalofrío, ahora preguntarle dónde podría encontrarla casi implicaba una fuerte taquicardia… pero con ese shinobi desconocido, todo era más fácil ya que ni siquiera le preguntó por los motivos que pudiera tener para ver a la princesa de Suna y le indicó con pelos y señales el lugar exacto de su vivienda, donde con toda seguridad podría encontrarla después de presentarse ante el Kazekage… porque ese simpático y boquiflojo joven, hasta le dijo que la problemática rubia de ojos verdes tenía años de no llevar a cabo ninguna misión fuera de la aldea siendo ahora una de las mejores profesoras de la academia de ninjas en aquella su aldea, y cuyo horario de trabajo estaba cerca de terminar.

Así que, con una discreta sonrisa torcida, el heredero del clan Nara agradeció a su guía la información y entró al Domo del Kazekage dirigiéndose con paso tranquilo hacia la oficina de Gaara, quien según la secretaria ya lo esperaba, seguramente para ponerlo a cargo del papeleo de las misiones que ambas aldeas habían llevado en conjunto y que le garantizaba una buena temporada en Suna, lo cual le parecía perfecto dadas sus intenciones de no marcharse del lugar hasta conseguir que Sabaku no Temari aceptara convertirse en su futura esposa…

Y llamando a la puerta del despacho del Kage, Shikamaru espero a que su futuro cuñado le permitiera pasar…

―Adelante —dijo el pelirrojo desde el interior, manteniendo su vista en uno de los tantos papeles que debía firmar, escuchando únicamente la puerta abrirse seguido de los pasos de su invitado, quien tras cerrar la puerta tras de sí avanzó hasta media oficina e hizo una respetuosa reverencia.

―Buenas tardes, Kazekage-sama —saludó con voz serena, consiguiendo de inmediato la atención del ojiverde que soltó el documento que leía y se puso de pie.

—Buenas tardes, Nara-san. Lo estaba esperando —respondió haciendo también una reverencia: después de todo el clan Nara era conocido y respetado a lo largo y ancho de las cinco naciones ninjas—. Tome asiento por favor. ¿Ha tenido un buen viaje? —cuestionó mientra esperaba que su invitado se sentara, a lo que Shikamaru asintió mientras avanzaba hasta la silla.

—Nada fuera de lo común. Godaime Hokage-sama le envía saludos y me envía para ponerme a sus órdenes en lo que considere necesario —informó sin rodeos, dando por hecho que aquella sería una reunión breve dada la cantidad de papeles que había sobre el escritorio. Gaara asintió a manera de agradecimiento.

—Entonces se le asignará una oficina para que trabaje con el papeleo y de igual manera podemos asignarle una habitación en el Domo para hacer más cómoda su estancia —le ofreció con cortesía, pero antes de que Shikamaru pudiese responder algo, un fuerte estruendo se escuchó en el exterior consiguiendo que ambos dirigieran su vista hacia la puerta…

Había gritos, pasos, ladridos… y segundos después la puerta se abrió estrepitosamente, y aunque Gaara y Shikamaru se habían puesto rápidamente de pie, el pelinegro acabó repentinamente tirado en el suelo con un enorme perro blanco de orejas cafés sobre él, llenándole el rostro de babas con su enorme lengua…

—¡Lo sabía, mi olfato no podía engañarme! —dijo con singular alegría una voz que le resultaba extrañamente familiar, y segundos después un suspiro que seguramente había provenido de Gaara que con tranquilidad se había vuelto a sentar.

—Kiba, has el favor de pedirle a tu perro que baje de nuestro invitado ¿quieres? —pidió con serenidad el Kazekage, y aunque Shikamaru lo había escuchado perfectamente bien, no pudo evitar pensar que debería haber un error, que debía de haber escuchado mal, pero al ver que el enorme perro se apartaba obediente de él y ver a su compatriota al frente, confirmaba que había escuchado bien.

—Cuanto tiempo sin verte Shikamaru —le saludó sonriente, extendiendo su mano para ayudarlo a ponerse de pie… mas el moreno seguía incrédulo ante tan inesperado encuentro—. ¡Oh vamos, no me digas que ya no me reconoces! —dijo divertido el castaño, poniéndose en cuclillas para que su amigo lo viera más de cerca. Akamaru ladró, y el Nara, suspirando, se limpió la baba del rostro.

—Mendokusai, a mi también me da gusto verte Kiba, es sólo que no esperaba verte aquí —al final respondió, sonriendo de medio lado y tomando la mano de su amigo que de nueva cuenta se la tendía y lo ayudaba.

—También yo me sorprendí cuando percibí tu aroma: el olor al pasto y la hierbabuena de tu ropa hizo que recordara el verde de nuestra aldea —se jactó el castaño, sin embargo, antes de que pudieran seguir con su charla, el Kazekage se aclaró la garganta consiguiendo que el par de ninjas de Konoha volteasen a verlo.

—Como estaba diciendo —retomó la palabra el pelirrojo, con sus verdes ojos fijos en Shikamaru e ignorando en la medida de lo posible al inoportuno recién llegado—, no será necesario que busque hospedaje ya que en el Domo contamos con habitaciones…

—¿Vas a quedarte una temporada en Suna? ¡Eso es fantástico! Tienes que aceptar quedarte en mi casa, y no acepto un no por respuesta —interrumpió de nueva cuenta Kiba, Akamaru ladró también moviendo de un lado a otro su enorme cola, y Shikamaru pasó su vista del pelirrojo al castaño.

—Bueno, yo…

—¡Está decidido entonces! —volvió a interrumpir Kiba, impidiéndole el negarse y llevándolo a empujones hacia la puerta—. Te veré después Gaara, y no te preocupes, lo traeré mañana a primera hora —se despidió el muchacho y su rehén volteando una vez más a ver al Kazekage lo vio únicamente asentir en silencio antes de volver a retomar el papel en que había estado trabajando antes de su llegada…

Irremediablemente Shikamaru no pudo evitar preguntarse: ¡¿Qué demonios estaba pasando ahí?!

Hasta donde él sabía, el Inuzuka mantenía una cordial relación de amistad con Kankuro, no con Gaara, y sin embargo había estado ahí con ambos y el castaño no había mostrado el más mínimo respeto hacia el Godaime Kazekage...

Además, ¿porqué tenia Kiba una casa en la aldea? Lo lógico sería responder que era porque vivía en la aldea, pero lo que a Shikamaru le intrigaba era saber desde cuando era que vivía ahí… pero por más que tratara de recordar cuándo había sido la última vez que viera a su parlanchín compañero que lo guiaba por aquellas atiborradas y calurosas calles, simplemente no podía recordarlo…

No era como si se reuniera con sus antiguos compañeros de la academia muy seguido, aunque al menos se los topaba de vez en cuando en la oficina de la Hokage cuando iban a que se les asignaran misiones…

—¿Estás aquí por alguna misión? —preguntó un tanto abrupto el Nara, queriendo confirmar la única respuesta posible que se le había formulado en la cabeza. La expresión de Kiba, que denotaba sorpresa, le bastó para saber que no era la teoría correcta.

—¿No lo sabes? —preguntó girando en la esquina de aquella calle. Akamaru echó a correr por aquella nueva calle, ladrando y deteniéndose frente a una puerta que comenzó a golpear con su pata.

—¿Saber qué? —preguntó Shikamaru, arqueando una de sus cejas y viendo como su compañero ampliaba su carismática sonrisa y levantaba su mano izquierda, mostrando la delgada argolla dorada que se ceñía en su dedo anular.

—Me casé hace tres años, pensé que todos en Konoha lo sabían —dijo con orgullo sacando las llaves de su casa y pese a que su compañero se quedó unos momentos en silencio, después de la sorpresa también sonrió y le dio una palmada sobre el hombro cuando se detuvieron frente a la puerta a donde Akamaru todavía llamaba.

—Me alegro por ti Kiba, ¿cómo se llama la afortunada? —preguntó por cortesía suponiendo que iba a conocerla, y justo cuando el Inuzuka estaba por introducir la llave en el cerrojo de la puerta, esta se abrió desde el interior impidiéndole abrir e incluso responder.

—¡Akamaru cuantas veces te he dicho que no golpees la puerta! —reprendió la dueña de la casa, con una de sus delgadas cejas arqueadas y sus verdes ojos fijos sobre el can, que ladró y movió la cola entusiasmado antes de entrar a la casa...

Y ante la mirada atónita de Shikamaru, Kiba tomó el rostro de su mujer entre sus manos y depositó un suave beso sobre sus labios.

—Tranquila Temari, mira que tenemos visitas…


Kyaaaaaaaaaaa!

*yusha se esconde para evitar las granadas de fragmentación que puedan atentar contra su vida y desde su refugio comenta *

Muajajaja owo ¿cómo vieron este segundo capitulo? Además de decir que debería haber sido más largo jajaja xD recuerden que eso se va arreglando capitulo a capitulo xP Realmente no tengo mucho que decir, sólo que soy tremendamente mala al dejarles las cosas siempre en suspenso... pero igual espero que les guste mucho y sigan leyendo xD

Como siempre, agradezco muchísimo a {Titxtu, Esp-yume, Nona12, Temari-vc, minakofujiwara y hiromihyuga24} por los reviews que me han dejado y que me animan tanto a seguir, así que no olviden seguir comentando!

Les quiero, bendiciones y besos para ustedes en este 2010!