MUY PARECIDO AL AMOR.

Seto Kaiba se encontraba de pie entre los árboles viendo el atardecer que se alejaba para dar paso a la noche en la extensión de las tierras de los Motou, tierras que habían pertenecido a Salazar Motou y ahora pertenecían a su gran amigo Yugi Motou, quien se acercó con los caballos a él.

-Creo que es hora de volver Seto, a Sahara no le gusta cenar sola

-Claro, volvamos

-No te aflijas, después de todo estaremos el tiempo suficiente para que puedas superar la pérdida de tu padre y contemples el atardecer muchas más veces- dijo palmeando su espalda

-Tú sabes que amé a mi padre y siento su pérdida, pero es en realidad la promesa que me arranco en su lecho de muerte, la que me tiene así.

Porque después de todo Seto había realmente lamentado la muerte de su padre Kosaguro Kaiba vizconde de Sharmank, había sido lo único que les quedara a su hermano y a él, después de la muerte de su madre. Y aunque su padre había sido realmente estricto en sus exigencias jamás les había dejado de demostrar, a su manera claro, que los amaba.

-Entonces realmente piensas cumplir esa promesa- dijo acariciando a su caballo

-Di mi palabra Yugi- dijo volviéndose a mirarlo- y como caballero que soy la cumpliré, aun si no me gusta lo que implica…

-Bueno amigo mío- le tendió las riendas de su caballo- nunca he pensado lo contrario- y agregó subiendo a su caballo- si en alguien puedo confiar ciegamente, es en ti

-Uh… presuntuoso- contestó también subiendo a su caballo y juntos cabalgaron devuelta a la mansión.

Sahara estaba realmente aburrida en casa, no tenía amigos o conocidos con los que pasar el tiempo, pues la mayoría se encontraban en Londres, mientras su hermano y Seto arreglaban sus asuntos. Asuntos de hombres en los que a ella jamás incluían, por ser una niña, según Yugi, cuando en realidad ya tenía 17 años y sería presentada en sociedad en la próxima temporada.

Así que no tenía más opción que esperar a esos dos, para cenar, pues en definitiva, no planeaba hacerlo sola. De manera que había salido al balcón de la fachada principal para verlos llegar, esperaba pronto estar observando las tierras que su hermano había heredado hacía tiempo, Grasnelvill, un lugar en que habían tenido grandes momentos como familia, antes de que sus padres murieran uno tras otro , un lugar donde tal vez su hermano tuviera a su familia en un futuro próximo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el ruido de los caballos que cruzaban la colina hacia la mansión, sin duda galopados por su hermano Yugi y Seto, que finalmente se habían acordado de ella y se dignaban a volver a casa. Tal vez pronto tendrían su primera de varias cenas en Grasnelvill.

Ambos desmontaron fácilmente sus caballos y dieron las riendas de estos a los sirvientes que los esperaban para llevarlos a las caballerizas.

-Ya había comenzado a pensar que no volverían- dijo Sahara moviendo su abanico desde el balcón

-Bueno, te pido disculpas por dejarte sola hermanita- gritó Yugi- pero a veces es necesario que te deje sola para que no se te olvide el maravilloso hermano que tienes

-Sí claro, un hermano que se olvida de mí ante la presencia de su amigo- respondió desdeñosa

-Entonces soy yo quien debe disculparse, Sahara- intervino Seto- después de todo soy quien te quita el protagonismo de Yugi, a quien sin duda no vez tanto como desearas, así que te pido perdón por mi descortesía- agregó haciendo una inclinación solemne

Sahara se sonrojo ante las palabras de Seto, y agregó rápidamente –Por supuesto que no tienes que disculparte Seto- dijo agarrando el borde del balcón- después de todo tú eres como un hermano para mí…

-Agradezco tus palabras Sahara, así que olvidemos el asunto por favor

-Por supuesto que sí Seto- respondió Sahara- vamos, entren a cenar, que la señora Mills debe estar impaciente por comenzar a servir la cena.

El señor Sir Bertram fue uno de los primeros en presentar sus respetos al señor Motou. Claro que siempre había tenido la intención de visitarlo, aunque, le asegurara a su esposa que no lo haría; y hasta la tarde después de su visita, su mujer no se enteró de nada. Claro, hasta que sir Bertram observando a su hija Isis colocándose un sombrero, dijo:

–Espero que al señor Motou le guste, Isis.

–¿Cómo podemos saber qué le gusta al señor Motou –dijo su esposa resentida– si todavía no le hemos conocido?

–Olvidas, mamá –dijo Anzu– que lo veremos en las fiestas, y que la señora Yiskell ha prometido presentárnoslo.

–No creo que la señora Yiskell haga semejante cosa. Ella tiene dos sobrinas en quienes pensar; es egoísta e hipócrita y no merece mi confianza.

–Ni la mía tampoco ––dijo el señor Bertram– y me alegro de saber que no dependes de sus servicios.- su esposa no se dignó a contestar; pero incapaz de contenerse empezó a reprender a una de sus hijas.

–¡Por el amor de Dios, Melissa para con ese hipo! Ten compasión de mis nervios. Me los estás destrozando.

–Melissa no es nada discreta con su hipo –dijo su padre–. Siempre lo hace en el momento inoportuno.

–A mí no me divierte tener hipo –replicó Melissa quejándose.

–¿Cuándo es tu próximo baile, Isis?

–En siete días.

–Sí, así es –exclamó la madre. – Y la señora Yiskell no volverá hasta un día antes; así que le será imposible presentarnos al señor Motou, porque todavía no le conocerá.

–Entonces, cariño, puedes tomarle la delantera a tu amiga y presentárselo tú a ella.

–Imposible querido. Imposible, cuando yo tampoco le conozco. ¿Por qué te burlas de mí?

–Celebro tu discreción. Una amistad de siete días es verdaderamente muy poco. En realidad, al cabo de sólo una semana no se puede saber qué clase de hombre es. Pero si no nos arriesgamos nosotros, lo harán otros- dijo sonriendo.- Al fin y al cabo, la señora Yiskell y sus sobrinas pueden esperar a que se les presente su oportunidad; pero, no obstante, seré yo el que se lo presente.

Las muchachas miraron a su padre fijamente. Su esposa se limitó a decir:

–¡Tonterías, tonterías!

–¿Qué significa esa enfática exclamación? –preguntó el señor Bertram–. ¿Consideras las fórmulas de presentación tontas, con la importancia que tienen? Yo no estoy de acuerdo contigo en eso, cariño. ¿Qué dices tú, May?

May quiso decir algo sensato, pero no supo cómo.

–Mientras May aclara sus ideas –continuó él– volvamos al señor Bingley.

–¡Estoy harta del señor Motou! –gritó su esposa.

–Siento mucho oír eso; ¿por qué no me lo dijiste antes? Si lo hubiese sabido esta mañana, no habría ido a su casa. ¡Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemos renunciar a su amistad ahora.

El asombro de su esposa y sus hijas fue precisamente el que él deseaba; quizás el de su esposa sobrepasara al resto, aunque una vez acabado el alboroto que produjo la alegría, declaró que en el fondo era lo que ella siempre había figurado.

–¡Hay querido, que bueno eres! Pero sabía que al final te convencería. Estaba segura de que quieres bastante a tus hijas como para no descuidar este asunto. ¡Qué contenta estoy! ¡Y qué broma tan graciosa, que hayas ido esta mañana y no nos hayas dicho nada hasta ahora!

–Ahora ya puedes pavonearte cuanto desees–dijo sir Bertram; y salió del cuarto fatigado por el entusiasmo de su mujer.

–¡Qué padre más excelente tienen, hijas! –dijo una vez cerrada la puerta–. No sé cómo podrán agradecerle alguna vez su amabilidad, ni yo tampoco, en lo que a esto se refiere. A estas alturas, les aseguro que no es agradable hacer nuevas amistades todos los días. Pero por ustedes haríamos cualquier cosa. May, cariño, aunque eres la más joven, apostaría a que el señor Motou bailará contigo en el próximo baile.

–Estoy tranquila –dijo May firmemente– porque aunque soy la más joven, soy la mejor.

El resto de la tarde en la casa de los Bertram, no hubo otro tema de conversación que el señor Motou y cuando devolvería su visita a su padre, y determinando cuándo podrían invitarle a cenar.

La Sra. Úrsula con la ayuda de sus hijas, intento de todas las maneras posibles, conseguir sacarle a su marido alguna descripción satisfactoria del señor Motou, sin mucho éxito. Le atacaron de varias maneras: con preguntas clarísimas, suposiciones ingeniosas, y con indirectas; pero por muy hábiles que fueran, él las eludía todas.

Y al final se vieron obligadas a aceptar la información de segunda mano de su vecina lady Lucy. Su impresión era muy favorable, sir William había quedado encantado con él. Era joven, guapísimo, extremadamente agradable y para colmo pensaba asistir al próximo baile con un grupo de amigos. No podía haber nada mejor. El que fuese aficionado al baile era verdaderamente una ventaja a la hora de enamorarse, pensaron las señoritas Bertram y así se despertaron vivas esperanzas para conseguir el corazón del señor Motou.

–Si pudiera ver a una de mis hijas viviendo felizmente en Grasnelvill, y a las otras igual de bien casadas, ya no desearía más en la vida- le dijo la señora Úrsula a su marido.

Pocos días después, el señor Motou le devolvió la visita al señor Bertram:

-Señor Bertram- dijo retirándose el sombrero, llevaba un abrigo azul - buenos días.

-Buenos días, señor Motou.- respondió estrechando su mano.- Es todo un honor tenerlo en casa.

-Me pareció oportuno regresar la cordial visita que me hizo a mi llegada

-Pues qué maravillosa sorpresa, que le parece si pasamos a la biblioteca- dijo señalando el camino.

-Me parece una estupenda idea- respondió Yugi Motou caminando hacia donde le indicaba su anfitrión.

-Sra. Jelis- dijo llamando a la doncella que pasaba por ahí en ese momento- avíseme cuando lleguen mi esposa y mis hijas.

-Sí, señor. Como ordene.-hizo una reverencia y se marchó.

Sir Bertram entró a la biblioteca cerrando la puerta, encontrándose con su invitado.

-¿Le gustaría una copa de coñac Sr. Motou?

- Me encantaría, gracias.

-Aquí tiene- dijo entregándole una copa- pero siéntese por favor.

-Muchas gracias, pero lamentablemente mi visita es corta.

-Vaya, que malo escuchar eso- dijo bebiendo de su copa Sir Bertram.

-Algo que realmente lamento, pero me temo que tengo negocios en Londres que reclaman mi atención- dijo tomando un trago de su copa- Que silencio reina en Oustin-comentó.

-Algo realmente inusual, ciertamente- respondió Sir Bertram- Es solo que mi esposa ha salido con mis hijas a visitar a unos amigos, los Exmouth. Darán pronto un baile en Okeira ¿los conoce?

-No, realmente no tengo el honor. Que lamentable no poder conocer a su familia.

-Nada que no pueda arreglarse señor Motou- dijo terminando su copa- Que le parece si asiste al baile de los Exmouth en Okeira, y con gusto le presento a mis buenos amigos. Y a mí querida familia, por supuesto.

-Sera un placer, si no es una molestia.

-Claro que no, a los Exmouth les encantara tenerlo como invitado Sr. Motou

-Entonces nos vemos hasta entonces Sir Bertram. – dijo saliendo de la biblioteca, seguido de su anfitrión.

-Le deseo buen viaje, amigo mío. Esperemos que sus negocios no lo separen de nosotros por mucho tiempo.

-Espero que no Sir Bertram, aunque ciertamente espero regresar acompañado.

-Muy recomendable- comentó Sir Bertram- no es bueno estar solo en un lugar tan enorme como Grasnelvill.

-Gracias por todo, nos vemos- se despidió el joven Yugi Motou montando un caballo negro. Marchándose decepcionado de no haber podido ver a las muchachas de cuya belleza había oído hablar mucho.

Cuando la señora Úrsula llegó a casa y fue informada de la visita del joven Motou, no pudo más que lamentar su mala suerte de perder la oportunidad de conocerlo personalmente. Pero por supuesto no perdió tiempo, e ideo todo para tener una nueva oportunidad, pues poco después le envió una invitación para que fuese a cenar.

Y cuando la señora Úrsula tenía ya planeados los manjares que darían crédito de su buen hacer de ama de casa, recibió una respuesta que echaba todo a perder. El señor Motou se había marchado a la ciudad y en consecuencia no pudo aceptar el honor de su invitación.

A lo que Sir Bertram comentó:

-Si hubieses tenido la molestia de pedirme mi opinión sobre dicha invitación querida, no habrías tenido que molestarte tanto con los detalles. Y podría haberte informado de la necesidad del señor Motou de viajar a la ciudad y regresar para el baile de los Exmouth. Aunque me temo que no solo

-¡Que dices, querido! ¡A quién piensa traer el señor Motou a Grasnelvill!

-No lo sé realmente, pero probablemente a algunos amigos- respondió Sir Bertram

-Esperemos que sean unos caballeros tan educados como el señor Motou- dijo su esposa

-Eso, y que tengan una fortuna tan grande como la del señor Motou, supongo

-Pero por supuesto querido, eso sería todo lo que pediría para nuestras hijas.

Aunque ciertamente la señora Bertram se quedó bastante desconcertada. No podía imaginar qué asuntos le reclamaban en la ciudad tan poco tiempo después de su llegada a Hertfordshire, y empezó a temer que iba a andar siempre revoloteando de un lado para otro sin establecerse definitivamente y como es debido en Grasnelvill.

Lady Lucy apaciguó un poco sus temores llegando a la conclusión de que sólo iría a Londres para reunir a un grupo de amigos para la fiesta. Y pronto corrió el rumor de que el señor Motou iba a traer a doce damas y a siete caballeros para el baile. Las muchachas se afligieron por semejante número de damas, pero el día antes del baile se consolaron al oír que en vez de doce había traído sólo a seis, cinco hermanas y una prima.

El día del baile, cuando entraron en el salón, sólo eran tres en total: el señor Motou, su hermana y otro joven.