Los Monstruos también se enamoran

Sherlock seguía callado, no había dicho nada en cinco minutos y John se temía lo peor, se temía que la historia se volviera oscura.

Sherlock suspiró y miró a John, se acercó a él y se fijó en los ojos para luego ir hacia la puerta.

— Todo lo que le he contado olvídelo, no vale la pena – Sherlock abrió la puerta de la consulta – no se para que he venido.

— Ha venido porque sabía que debía hacerlo y para mí todo lo que me ha contado ha valido la pena – John se levantó y agarró a Sherlock del brazo – por favor tome asiento y cuénteme el final de la historia.

El menor de los Holmes vio en John una compasión y eso hizo que su corazón de hielo se descongelara, John había conseguido lo que mucha gente intentaba, romper la frialdad del detective.

Sherlock cerró la puerta, se soltó de Watson y se sentó en el sofá para terminar de contarle al médico la historia.

— Está bien, le contaré lo que le queda por saber de la historia – Sherlock miró a John que estaba asombrado por lo que acababa de pasar – por favor tome asiento, lo que a continuación le relataré es un poco doloroso o la parte más negra de la historia.

John hizo caso y se sentó, tenía ganas de saber el final de la historia, quería saber cómo había pasado lo de la cara y no quería esperar más.

— Como le iba contando, el piso estaba en llamas, sabía que la señora Hudson estaba en él, estaba todo muy mal cuando entré, las llamas dificultaban un poco el paso, era insoportable respirar allí dentro, pero debía salvar a la señora Hudson, para mí es como mi madre y espero que si acepta el venir conmigo también piense eso – Sherlock levantó la mirada hasta encontrarse con la de Watson, que le miraba atentamente y sintió una punzada en el corazón, como si algo le punzara para luego empezar a surgir un nuevo sentimiento– pues a lo que iba, entré en la casa, necesitaba salvarla, como esperara a que llegaran los bomberos podía haber sido tarde para ella, entre escombros, fuego y humo voy a donde ella está, pero antes de llegar algo me impide el paso y el fuego llega fuerte y una simple ceniza me llega a la cara y después de esa llegan otras, no les doy importancia, necesitaba salvarla.

John mira al detective, lo que le acaba de contar es algo precioso, algo que le ha dejado maravillado, pone su vida por delante, antes que la de los seres que le importan y eso le gusta, así que esboza una sonrisa mientras escucha el resto de la historia.

— Cuando consigo llegar hasta ella, la cojo en el brazos, un bombero llega y la saca de allí, ella está mal, le falta oxígeno, que se lo dan nada más salir y cuando ven mi cara, me mandan a urgencias de cabeza, allí me hacen pruebas y me dicen que se me ha quemado la mitad de la cara y no van a poder hacer nada para salvarlo.

— Me parece muy heroico por su parte salvar a la señora Hudson del fuego – comenta Watson levantándose y poniéndose al lado de Sherlock, él porque no lo sabía, simples ganas de dar afecto a alguien que lo estaba necesitando.

— Muchas gracias, pero deje que termine que la historia termina pronto – Watson le indica con la mano que continúe – cuando el médico dijo aquello no le di importancia, me hicieron una máscara, la que tengo aquí conmigo, para tapar ese lado de la cara.

El médico tenía una cosa clara, Sherlock era la persona más amable y heroica que conocía y eso le gustaba. Sherlock miró a Watson que le sonreía y eso hizo que él sonriera, "¿Qué me está pasando? ¿Qué le ha echado John al té? No puedo estar enamorándome" Sherlock se preguntaba y decía en su cabeza.

— Anderson me fue a visitar a los dos días y me dijo que me dejaba como compañero de piso y de casos porque se casaba y no podía compaginar su trabajo en la policía con el trabajo que hacía conmigo y lo entendí. Fue duro para mi vivir con media cara quemada al principio, no quería ver a nadie, no quería salir de casa y muchas otras cosas – Sherlock quería que el médico dijera algo sobre su proposición – bueno, ahora que le conté todo, ¿acepta o no mi proposición?

John se quedó mudo, tener al menor de los Holmes tan cerca le impedía hablar, le impedía decir lo que quería.

A partir de la semana que viene los capítulos cambian de día y se trasladan a los domingos, así substituyen al fic que termina esta semana.