Twilight y los personajes son propiedad de Stephanie Meyer. La trama esta inspirada (¡no plagiada!) en la obra de teatro "La Barca sin Pescador" de Alejandro Casona.
Capítulo I
Edward aun se encontraba conmocionado por lo que acababa de ocurrir en su despacho, ¿acaso se trataría todo de un sueño? ¿Una alucinación producida por su cabeza debido a la desesperación que sentía de quedar e la quiebra?
Pero el había oído esa voz, había escuchado el grito desesperado de esa mujer, aquello no era real…
- ¡Alec..! ¡Alec...! – Edward llamaba a los gritos a su asistente, quien abrió la puerta e ingreso en el despacho
- ¡Detén a ese hombre! ¡Tráelo acá otra vez!-
- ¿A quién, señor? – como era posible que el lo haya visto pensó Edward, acababa de irse de la oficina.
- Tienes que haberte cruzado con él. ¡Acaba de salir por esa misma puerta! -
- Imposible. Yo estaba sentado, como siempre, ahí en el vestíbulo -
- ¿Y no lo has visto? Un caballero vestido de negro... con una carpeta... - ¡tenía que haberlo visto!
- Puedo jurarle que aquí no ha entrado ni salido nadie. -
- ¿Vas a hacerme creer que estoy loco? ¿Y el viento? ¿Tampoco lo has oído? – esto a cada momento se ponía peor, al parecer nadie había sido testigo de la presencia del diablo en su despacho, no había manera de probar que el estuvo allí.
- ¿Viento? En el jardín no se mueve ni una hoja.
- ¿Y una canción? ¡Y ese grito... ese grito de mujer, ahí mismo! – Edward señalo a su escritorio donde se encontraba aun la esfera mediante la cual habían visto al pescador. Alec miraba sospechosamente a donde le apuntaba su jefe, pero lo inhibo que vio fue el vaso con el cual había estado tomando unos minutos antes, el hombre se encontraba muy alterado y definitivamente la ingesta de alcohol lo había alterado aun más.
- Si el señor me permite un consejo, creo que le conviene acostarse. Ya le advertí que la fórmula del cóctel, es para soñar de pie.
- Ojala no hubiera sido más que un sueño. Pero lo he visto tan claro... – lo que más quería Edward en esos momentos es creer que había sido todo un sueño, que el no era el responsable de la muerte de un hombre y el sufrimiento de una mujer Portu perdida. Pero sabía que no era así, podía sentirlo y no había nada que cambiara eso.
- Dime, Alec ¿tú crees en el Diablo? – el joven no se sintió nada cómodo con la pregunta que le realizo su jefe, ¿porque le interesaban sus creencias?
- No creo que el señor tenga derecho a hacerme esa pregunta. La libertad de conciencia está garantizada en la Constitución.
-Perdona, no he querido ofender tus convicciones. De todos modos, es extraño... muy extraño... -
-¿Por qué ha de ser extraño? El señor lleva tres noches sin dormir, tienetrastornados los nervios... y ha bebido dos vasos.– para Alec era más que clara la situación y las extrañas divagaciones de Edward, la bebida producía eso en las personas, sobre todo cuando están atravesando momentos malos.
- ¿Dos...? ¿Quién te asegura que fui yo el que bebió los dos? – porque estaba tan seguro de que había sido el pensó Edward. Alec sostuvo los dos vasos en sus manos y lo miro con una pequeña sonrisa.
- La señorita habría dejado en el borde una marca de carmín. Aunque modesta, también yo tengo mi experiencia. – eso era cierto, la única persona que lo había ido a ver a la oficina esa mañana a parte del extraño caballero que termino siendo el diablo, fue Tanya…, pero el solo había tomado un vaos, de eso estaba seguro.
-Lo malo es que yo no recuerdo haber bebido más que el primero. -
- Tranquilícese, después del primero, no hay quien recuerde los otros. -
-Tienes razón. Todo puede explicarse por las leyes naturales. Además, lo otro sería tan absurdo... tan anacrónico. – Edward se sintió más aliviado con la explicación de Alec, tal vez realmente todo había sido provocado por la bebida, eso era mucho más preferible de creer. – Gracias Alec. No sabes el peso que me acabas de quitar de encima. -
-No vale la pena, conozco mi oficio, simplemente. – en ese momento Alec comienza a recoger todas las cosas en la bandeja, hasta que ve algo que le llama la atención - ¿Este guante negro es de usted señor? -
Edward que en ese momento había comenzado a fumar un cigarrillo, se sobresalta tirando al suelo debido a la sorpresa que le produce las palabras de su asistente.
- ¿Un guante negro? - lo toma y lo mira fijamente. - ¡Exacto! Por fin un rastro de realidad. ¿Qué me dices ahora? Cuando tú sueñas con un árbol de manzanas, no te encuentras una manzana al despertar, ¿verdad?. -
- NO, ciertamente no es lo que suele ocurrir. -
-Pues aquí está la manzana. Si este guante que vemos los dos es verdad, quiere decir que también fue verdad la mano... y el hombre de la mano. – esto comenzaba a inquietar nuevamente a Edward, realmente había pasado, el diablo había estado allí con el y por su culpa un hombre había muerto.
-¿Le ocurre algo al señor? -
-Nada que tú puedas comprender. Lo que ha ocurrido aquí es un misterio, y el misterio no esta previsto en la Constitución. –
En ese momento el teléfono comienza a sonar, Edward necesita estar a solas y pensar en todo aquello por lo que deja retirarse a Alec para que continúe con sus cosas.
-Puedes retirarte. – Alec se retira todavía extrañado por el raro comportamiento de su jefe, pobre hombre piensa, no debe ser nada fácil perderlo todo de un día a otro. Edward contesta el teléfono aun perdido en sus reflexiones.
- ¿Hola?.. Sí, yo mismo, diga... ¿Ya? sí, sí, lo esperaba, pero no tan pronto. Suspendan todas las compras hasta nueva orden. Gracias.
La puerta se abre y Tanya entra en el despacho. La joven era la amante de Edward, ambos eran solteros pero no mantenían una relación formal. Al poco tiempo de conocerse el le dio un lugar en su empresa y enseguida comenzaron un romance. El no estaba interesado en el compromiso y ella por su parte era una joven a la cual lo único que le interesaba eran las posiciones sociales y bien en el un buen partido.
- ¡Edward! ¡Qué alegría encontrarte solo! He venido corriendo, quería ser la primera en darte la noticia... – que básica que era Tanya, que otro motivo tendría ella para ir a verlo en ese momento que el haver recuperado su fortuna.
- ¿Que he triunfado? Si no lo supiera ya, me bastaría verte aquí otra vez para comprenderlo. Esta mañana cuando te fuiste no tenias intenciones de regresar. – ella lo mira sorprendida, y decide seguir en su papel de ingenua.
-¿Te lo han dicho? -
- Sí. Ha habido un vuelco total en la Bolsa, y nuestros valores están subiendo más rápido de lo que bajaron. -
-¡Si lo hubieras visto! Ha sido un espectáculo emocionante. Y de repente...como una descarga eléctrica. ¡Es para creer en milagros! – bueno, el no lo llamaría precisamente un milagro.
-Me extraña esa alegría. Si tu jugaste a vender y yo a comprar, es mala noticia para ti. -
-No iras a reprocharme que haya tenido miedo. Me hicieron creer que todo estaba perdido, y trate de salvar algo... pensando en los dos – hasta donde podía llegar la ambición de esa mujer.
-Muy generoso. ¿Pero quiénes eran los dos? – Edward no era ningún tonto, una mujer como ella no se hubiese arriesgado en la bolsa si no contara con el apoyo y la compañía de un secuaz, o en este caso un amante.
-Te juro que lo hice por ti. ¡Sólo por ti!- el no se dejaba engañar por esa cara de pena, conocía muy bien lo que era la avaricia y las ansias de poder y riqueza como para creer que sus razones habían sido tan nobles.
-Gracias querida, no esperaba menos. Pero con el otro no seas tan impaciente. Conviene que el oso este bien muerto antes de repartirse la piel. Abajo tienes el coche, es mi último regalo. -
-¿Debo entender que me pones en la calle? -
-Te dejo donde te encontré. Mis saludos a James.- Tanya lo mira sorprendida de que sepa quien era el otro. Edward le abre la puerta de su despacho y le da a entender que se retire. Si hay algo que el odiaba era que lo tomen por ingenuo, como si no hubiese sabido que desde que comenzaron sus problemas económicos Tanya hubiese decidido buscar un resguardo en James.
Sus pensamientos enseguida vuelven a la esfera que aun se encuentra en su escritorio. Aquello había sido real, la subida de sus acciones en la bolsa eran la confirmación del hecho.
-¡Ese viento...! ¡Ese viento...! ¡Si pudiera dejar de oírlo alguna vez...!- Edward se deja caer sobre su asiento y en sus oídos no puede dejar oír voces desesperadas gritándole...
¡Jacob Black... ¡Jacob...! ¡Jacob...! ¡Jacob Black! Nuevamente escucha el grito desgarrador, mira su escritorio y la esfera sigue girando…
Tiempo después…
En una costa nórdica, en el pueblo de Forks se encuentra el pequeño y humilde hogar de Jacob Black. Este tiene un remo clavado en la puerta y redes colgadas en las barandas. En su interior, en el comedor, se encuentra una repisa sobre la cual hay pequeños modelos de barcos, unos a medio hacer y otros ya terminados, en botellas o fanales de cristal. Hay una mesa rústica, alacena con platos y cubiertos, una vieja estufa de hierro o chimenea de leña. A un lado se encuentra la entrada a la cocina, al otro, una escalera y la salida al huerto.
Por la ventana y puerta del fondo se ve el acantilado. La casa esta iluminada por la luz de la tarde.
Allí se encuentra Renee, sola, tendiendo la mesa mientras piensa y se queja en voz alta. Por la puerta ingresa una joven de cabellos cortos y oscuros. Su rostro parece triste a pesar de la sonrisa que luce.
- Mamá. – dice la joven a la señora que se encuentra en el interior de la casa
-¿Alice? Dichosos los ojos. Ya creí que se te habías olvidado el camino de esta casa. -
- Oí la voz desde fuera y no me atrevía a pasar. Creí que estabas con alguien. -
- Conmigo misma, y gracias. Por lo visto soy la única que todavía me aguanta. -
- Como te oí hablar alto... - lo cierto era que Alice tenía miedo de entrar en la casa, porque creía que su madre se encontraba hablando con Bella.
- ¿Y qué quieres que haga con todas las palabras que me están quemando aquí? ¿Tragármelas? ¡A volar, aunque nadie las oiga! Lo que no se dice se pudre dentro, y es peor. – Renee continua arreglando la mese mientras Alice la ayuda.
- ¿Tu marido? -
-En casa, trabajando. -
-Cuanto menos lo dejes solo, mejor. De un tiempo a esta parte Jasper bebe demasiado, ten cuidado con él. ¿Y el niño? -
- Está bien. -
- Está bien, está bien... ¡Eso es todo lo que se te ocurre decir de un hijo!¿No hace ruido con los zapatos en las baldosas? ¿No vuelca su comida? ¿No tira piedras a las gaviotas? ¡Nunca! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Mis nietos se limitan a estar bien, y se acabó. -
-Pero mamá, si lo has visto ayer mismo. – su madre tenia que exagerar sobre todo siempre, era una mala costumbre que no se le iba.
- Yo ya soy una mujer mayor y mis piernas no dan para andar subiendo la cuesta, y si yo no subo a nadie se le ocurre bajar. Podrías haberlo traído contigo.-
-Pasaba por aquí solamente. No sabía si iba a entrar. -
-No sería la primera vez que te veo rondar y pasar de largo con la cabeza gacha.-
-No es por ti mamá, lo sabes. -
-¿Por quién entonces? ¿Por tu hermana? – Renee sabía que era por Bella, pero quería escucharlo de Alice.
-¿Está en casa? -
-Podando el huerto. ¿La llamo? -
- No, déjala. Prefiero decírtelo a ti sola lo que te tengo que decir.-
-Cualquiera diría que le tienes miedo. ¿Es tu hermana la que te hace bajar la cabeza y pasar de largo por mi puerta? -
- Bella no es la misma de antes. Desde la muerte de Jacob, a todos nos mira como enemigos. Como si alguien tuviera la culpa de su desgracia. -
-Siempre hay que perdonar a los que sufren. Ella se quedó sin nada, tú tienes todo lo que hace falta para ser feliz. Y no pasas necesidades, el trabajo no falta en tu casa. -
- ¿Crees que eso me basta? Todo lo mío me parecería poco para dárselo. Pero no acepta nada de mí. – su hermana era tan testaruda
-Ni de ti ni de nadie. El dolor de los pobres es muy orgulloso. -
- ¿Comprendes ahora por qué paso de largo muchas veces sin levantar los ojos? Me duele ver a mi hermana cosiendo redes ajenas, o trabajando la tierra como un hombre, o tallando esos barcos en las noches de invierno. – Alice no soportarla verla tan mal y no poder hacer nada para remediarlo, su hermana no aceptaba nada de lo que quisiera darle.
-Ella lo dice: la mejor manera de recordar a los que se fueron es ocupar su puesto.
-¿Por qué condenarse a esta soledad? Mi casa es grande, allí podríamos vivir todos juntos. -
-¿Abandonar estas paredes ella? Con los pies hacia adelante tendría que ser.
Un día le propuse alquilar esa habitación que da al mar, siempre hay algún forastero que pagaría bien. Pero tampoco. Ni saldrá de aquí, ni consentiría que ningún extraño se asome a la ventana donde se asomaba Jacob.
- ¿Y hasta cuándo puede resistir así? Para sostener una casa con las redes colgadas y una barca que no sale al mar, no basta el trabajo de una mujer. -
-Ya van casi dos años, y hasta ahora, mal que bien, vamos saliendo adelante.
-No, Abuela. Tú lo sabes igual que yo: la renta de la huerta está sin pagar, y lo único que tienen para responder es la barca. ¿Van a dejarla perder?
-Esa nadie nos la quitará. La defenderemos con uñas y dientes.
-No hay más defensa que una: pagar. -
-Cincuenta 8.000 dólares es demasiado. -
- Pues yo tengo el dinero y eso es lo que venía a decirte. La barca de Jacob está salvada. -
- ¿Jasper pagó? ¿Y te escondes de tu hermana para decirlo?-
-Si ella supiera que ese dinero es nuestro, quizá no lo aceptaría. – seguramente no lo aceptaría pensó Alice
-Pero entonces... ¿qué me están ocultando las dos? ¿Ha ocurrido algo entre ustedes?
-Por mi parte, no. Por ella... ojala fueran solamente imaginaciones mías. – Alice ya no aguanta más u necesita hablar con madre, la indiferencia de Bella la lastima mucho. - Dime, abuela, ¿Bella no te ha dicho nunca nada? -
-¿De quién?
-No sé... De mí... De Jasper... -
-¿De tu marido? ¿Qué tiene ella que ver con tu marido? -
-Era el compañero de Jacob, siempre estaban juntos. -
- Compañeros, sí, amigos, no lo fueron nunca, bien lo sabes. ¿Por qué recuerdas eso ahora? -
-Por nada. – Alice pensó que lo mejor sería dejar el tema allí, pero su madre no pensaba igual.
- Por nada, no. Algo ibas a decir. -
- Cosas que se le meten a una en la cabeza. Ya pasó. -
- Si algo te está mordiendo el alma no debes callarte y pudrirte por dentro como ella. Como todos. Silencio, silencio siempre. ¡Y yo aquí en el medio, llena hasta la garganta de palabras, sin tener a quién repartirlas!
-Todo lo que tenía que decirte te lo he dicho ya. Lo que te pido es que no lo
sepa Bella. -
- ¿Que no? En cuanto entre por esa puerta. ¡Sabes que yo no soy buena para andar con secretos! Así nací y así me quedo. A algunos niños los asustan con la oscuridad, pues a mí me asustaban con el silencio. Y ve tú a saber si, en el fondo, no son la misma cosa.
En ese momento entra por la puerta el tío Marco, quien trae en sus manos un barquito de vela y tallas marineras en una canasta de mimbre.
- Buenas. -
-Otro que tal. ¿Le has oído alguna vez un saludo completo? "Buenas". Las tardes ya tienes que ponerlas tú. Apostaría a que no has vendido nada. – Renee siempre discutía con Marco por su forma de saludar.
-Y apuesta bien. -
- ¿Con tanta gente como llegó en el barco de hoy? ¡Y qué gente! De esos que viajan porque sí y traen mucho dinero.
- Si, traen mucho dinero pero miran, pasan, vuelven a mirar. Los de afuera sólo vienen a ver. Así que vender, no vendí nada, pero hablar, si hablé. -
-¿Con quién? -
-No lo conozco. Un pasajero del barco. Estaba abajo en la playa, mirando hacia el despeñadero con los ojos fijos. Me preguntó: — ¿Hace usted esos barcos? — Yo no, la mujer de Jacob Black. Al oír ese nombre se le fue el color del rostro, y hasta me pareció que le temblaran los labios así como si hiciera frío. Repitió dos veces en voz baja: " Jacob Black... Jacob Black..."
-Qué extraño... ¿y después? -
-Después señaló hacia acá, como si conociera el pueblo, y me dijo: "La casa es aquella, al final de la cuesta, ¿verdad?" Sí, señor, aquella. Entonces volvió a quedarse callado, mirando... Y eso fue todo.
-¿Y eso fue todo? Pero maldito de Dios, ¿de modo que llega un hombre que viene de otras tierras, que ha conocido a Jacob, que pregunta por su casa... y ahí lo dejas sin más, como si fuera algo de cada día? Hay que avisarle a Bella. -
-¡Bella...! ¡Bella! – Alice decidió irse antes de que Bella entrara en al casa y saliera el tema de la barca.
- Adiós, abuela...
- ¡Quieta! ¿Qué prisa te ha entrado de repente?
- Es tarde ya. El niño estará solo... -
- ¡Que esperes te digo!-
Por la puerta ingresa Bella impidiéndole la salida a su hermana.
- ¿Te ibas porque llego yo? – no era la primera vez que Alice la evitaba, asi que la situación no la sorprendió en lo más mínimo
-Se me ha hecho tarde, solamente es eso. -
- Nunca es tarde para poner las cosas claras. Con que si algo tienen que hablar lo harán ahora.
- ¿Para eso me llamabas a gritos? -
- Tío Marco tiene la culpa. Imagínate que ha llegado al puerto un amigo de
Jacob preguntando por la casa, y aquí nos tienes sin saber quién es, ni qué quiere, ni por qué ha venido, ni adónde va. – Bella se sorprende por la noticia y lo mira a su tío, es raro que llegara asi de la nada un amigo de Jacob.
-¿Un amigo...? -
-Yo no he dicho que sea un amigo. Sólo dije que parecía conocer el nombre y la casa.
- ¿De dónde viene? -
- No lo se, no se lo he preguntado la verdad. – Renee lo mira con mala cara a Marco y le dice
-¿Qué esperas que no corres a buscar a ese hombre? ¿Acaso hay que explicarte todo hombre? -
- Bueno, es que nadie me lo mandó. ¿Voy? - Marco la mira a Bella para saber si ella esta de acuerdo, después de todo es sabido que ella aun no ha podido superar su perdida.
- ¡Claro que si, ve! La casa de Jacob Black siempre estuvo abierta para sus amigos. – Marco sale corriendo de la casa en busca de aquel hombre. Renee comienza a acomodar todo como loca en la casa.
- ¡Un amigo! ¡Un amigo que viene sabe Dios de dónde, y nosotras sin nada que ofrecerle! ¡Hay que arreglar bien todo! ¡Hay que encender el fuego! ¡Hay que sacar brillo a los cobres! Espera... – en ese momento Rene se acuerda que Alice había venido a decirle algo con respecto a Bella. - ¿Qué me encargaste que no le dijera a tu hermana? Ah si, lo de la renta. ¡Ella pagó los 8.000 pesos! -
- ¿No podías callarte una vez siquiera? – Alice detestaba que su madre fuera tan entrometida y no pudiera cerrar su boca por un minuto siquiera, ahora terminaría discutiendo con su hermana la cual era muy orgullosa para aceptar su ayuda.
-¿Callarme yo? ¿Estarme quieta yo? No, hija, ya habrá tiempo cuando tenga este muerta. ¡Ay, si pudiera una cantar y volar al mismo tiempo, como los pájaros y las campanas! – Renee se va y las deja solas a las hermanas
- ¿Por qué lo has hecho? Cien veces te he dicho que quiero sostener mi casa yo sola.
- ¿No lo harías tú por mí? ¿No lo has hecho siempre? Cuando éramos solteras las dos no había entre nosotras ni tuyo ni mío. Porque no puede seguir siendo igual -
-Ahora es distinto. Lo que hay en la casa de la mujer casada y con hijos es suyo y de su familia. – porque Alice no podía respetar sus decisiones, no quería la ayuda de nadie.
- Jasper no lo sabe. Son ahorros míos, y yo quiero dártelos a ti. -
-¿Has dispuesto de ese dinero sin decírselo? -
- Temía que viniendo de él pudiera parecerte una humillación. -
- Nunca he pedido nada a nadie. No lo necesito. Así que gracias, pero debo rechazar tu ayuda. -
- Es dinero mío, y para salvar la barca de Jacob. ¿Vas a hacerme la ofensa de tirármelo a la cara? – Su hermana tenía razón, no había nada más importante para ella que conservar la barca que su marido había conseguido con tanto sacrificio.
- No Alice, haremos una cosa, te lo devolveré con el mismo amor con que me lo has traído. Eso es todo. Gracias. – Sin decir nada más Bella descuelga una red que tiende sobre sus rodillas y se sienta a coserla.
- ¿Te estorbo? -
- Al contrario, te lo agradezco. Hace mucho tiempo que no nos vemos. – Alice la mira y se sienta en una silla a su lado para ayudarla a cocer.
- No es mía la culpa, pero cuando vengo te encuentro tan distinta, tan lejos...
Trato de hablarte y ni siquiera me oyes, como si estuvieras en otra cosa. -
- Para mí no hay otra cosa. Siempre estoy en la misma. -
- ¿Por qué ese afán de atormentarte? Muchas en el pueblo pasaron antes loque pasas tú, y supieron resistir. Hay que respetar la voluntad de Dios.-
- Ellas podían hacerlo si lo creían así. Pero la muerte de Jacob no la quiso Dios. -
- ¿Quién maneja el viento? – Alice trata de comprender sus palabras
- No fue un golpe de viento lo que lo empujó al despeñadero. Fue una mano de hombre. -
- ¿Sigues pensando que hubo un culpable?
- Yo lo vi desde esa ventana. Pero de nada me sirvió gritar. Fue de repente, como un relámpago de sombra. Lo vi lanzarse contra él, y desaparecer luego en la noche. – Bella estaba segura que lo que le paso a Jacob no fue un accidenta, alguien obro en su contra pera que le pasara lo que le paso.
- ¿Por qué no dijiste eso cuando el juez te preguntó?
- No podía jurar quién fue. Y aunque pudiera, no me dejaría el miedo. Tú sabes cómo querían todos a Jacob, si yo señalara un culpable, el pueblo entero lo arrastraría por esa misma cuesta. -
- Pudo ser un engaño de tus ojos. El viento hace bailar las sombras de los árboles y forma remolinos de bruma. – muchas veces uno cree ver cosas en la oscuridad pensó Alice, seguramente es eso lo que le paso a Bella.
- Era un hombre, eso es lo único que sé. Un hombre de carne y hueso. – Bella deja de cocer y se queda con sus ojos fijos. - ¿Pero, quién...? Cuando duermo todos desfilan por mis sueños, uno a uno, como una procesión de niebla. Unosse esfuman al pasar, otros quedan quietos, con los ojos bajos y escondiendo las manos. A todos les pido la verdad de rodillas. ¡Pero nadie me responde! ¡Nadie compadece este dolor, con el sueño lleno de preguntas! – se queda callada un rato y Lugo sigue cociendo.
- Comprendo que te apartes de todos. ¿Pero de mí, por qué? Desde tu puerta a la mía hay apenas cien pasos para venir yo, para ir tú es como si hubiera cien leguas. – Alice aun no comprendía que es lo que alejaba a su hermana de ella.
- Quiero vivir clavada aquí, como ese remo. Lo poco que me queda, todo está aquí dentro. -
- ¿No soy yo nada tuyo? – Las palabras de Bella lastimaban a Alice, extrañaba tanto la compañía de su hermana…
- Tú no me necesitas. Tienes a tu marido, y a tu hijo. -
- Parece que lo dices con rencor, como si el ver felices a otros aumentara tu desgracia. – las palabras de Bella sonaban rencorosas
- ¿Puedes creer eso de mí? No, Alice, nunca he sabido lo que es envidia del bien ajeno. Y en cuanto a ti, óyelo bien por si alguna vez lo dudaste: si estuviera en mi mano aliviar este dolor a costa de uno tuyo, antes me cortaría la mano que hacerte daño. -
- Entonces, si no tienes nada contra mí, ¿por qué te niegas a poner los pies en mi casa? ¿Es por Jasper? Contesta. – Bella se queda callada un momento ante lo que le dice su hermana. Luego le esquiva los ojos y con la voz helada le responde:
- ¿Quieres desenredarme la lanzadera? Tengo torpes los dedos.
-No trates de desviar las palabras. ¡Contesta! ¿Es por Jasper?- Bella sigue escondiéndole la mirada, tiene miedo que en ella puede ver lo que no se anima a decirle con palabras
- Jasper es otra cosa. Los que no fueron amigos de Jacob no pueden serlo míos.
- ¡Todavía...! Creí que había llegado la hora de olvidar resentimientos. -
- Dejemos eso en paz. Son cosas pasadas. – desenterrar el pasado no era una buena idea.
- No Bella, aunque nos cueste trabajo a las dos es mejor hablar claro de una vez. Tú siempre has creído que mi marido odiaba al tuyo. -
- Odio no sé, rivalidad, sí. Sin que ellos lo buscasen, la vida los puso frente a frente muchas veces. -
- La primera, por ti. Antes de tu noviazgo con Jacob, Cristián sólo tenía ojos para tu ventana.
- ¿Para qué recordar viejas historias? – ese tema no era agradable para ninguna y lo único que lograba era reabrir viejas heridas.
- Si entonces hubo celos entre ellos es cosa que ya no cuenta. El mismo día nos casamos las dos, y después de la boda volvieron a ser amigos como antes. -
- Pero la rivalidad seguía en pie con cualquier motivo. Cuando salían juntos al mar, Jacob era el mejor pescador. Cuando cantaban en la capilla o en la taberna, la voz de Jacob era la más hermosa. – sus palabras sonaban crueles pero eran la verdad, a esta altura solo quedaba blanquear las cosas de una vez por todas.
- Solo eran peleas de aldea. Hoy reñían y mañana volvían a abrazarse. – Alice comienza a levantarse de su silla. La conversación estaba tomando un curso que no le traía buen presentimiento.
- Después fue la lucha por la barca. Los dos soñaban con la misma, los dos trabajaban día y noche para conseguirla. La tuvo el que trabajó más y el que más la necesitaba. Ese día riñeron por última vez... pero ya no volvieron a abrazarse. – Bella se detiene y respira hondamente soltando un suspiro. - Fue la noche en que murió Jacob. -
-¿Y es bastante una pelea de amigos para justificar una separación así? Tú lo has dicho: primero celos de muchachos por una misma mujer, y después celos de pescadores por una misma barca. Eso fue todo. ¿Puedes acusar a Jasper de algo más? -
- ¿Lo he acusado alguna vez? -
- No te pregunto lo que dices en voz alta, lo que quiero saber es lo que te está carcomiendo por dentro.
- Quédate tranquila. No tengo nada contra Jasper, nada... – con vos contenida le dice. - Si algo tuviera, me bastaría pensar en ti y en tu hijo para callar. -
Y entonces Alice comprende aquello que su hermana calla, aquello que la aleja de su lado y hace que quiera esconderse de su familia. Sobrecogida la mira de manera intensa.
- ¡Bella! ¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? – Bella angustiada se da cuneta de que acaba de hablar de más, que cometió un error.
- ¡Yo no he dicho nada! – ya era tarde para retractarse, sus palabras habían tenido un significado mas amplio del que quiso darles.
- ¡Has dicho demasiado, y ahora ya es tarde para volverse atrás!- Alice la otma del rostro. -¡Levanta esa cara! ¡Mírame! ¡Por qué recordaste antes que riñeron la misma noche que murió Jacob! -
- ¡Por lo que más quieras! ¡Calla! – Bella estaba desesperada, no quería que esto sucediera, por ello decidió callar tanto tiempo.
- ¿Quién es ese hombre que aparece en tus sueños? ¿Ese que aparta los ojos... ese que esconde las manos? ¿Es Jasper? - Alice quería que su hermana se lo dijera a los ojos, que le dijera lo que realmente pensaba.
- ¡Yo no lo he dicho! ¡No quise decirlo! – Bella esconde la cabeza ente sus manos. Alice se queda rígida en su lugar y sin voz se repite como ante una revelación imposible.
- ¡Es él... él...! ¿Y es mi propia hermana la que ha podido pensarlo? – Se sienta pesadamente, sin lágrimas, con los ojos perdidos. Bella se arrodilla junto a ella refugiándose en su regazo.
- Perdóname, Alice. Te juro que tampoco yo quisiera creerlo, que daría toda mi vida por no creerlo. ¡Pero es más fuerte que yo! Una puede crispar los puños y apretar los dientes echando cadena a las palabras. Pero al pensamiento no lo encierra nadie. Tú no sabes cómo he luchado contra esa idea, los gritos que he sofocado contra la almohada repitiéndome: "No puede ser. Jasper es bueno. La mala eres tú " ¡Pero volvía a dormirme, y allí estaba Jasper, de pie en el sueño, como un relámpago negro sobre la sangre del despeñadero! – Alice aun no puede moverse y sin mirarla con la voz mordaz le dice:
- No retenderás aún que te agradezca el silencio. Hubiese sido preferible acusarlo lealmente. Él habría sabido defenderse. -
- Esperaba poder convencerme a mí misma de su inocencia. Nadie sería más feliz que yo si un día pudiera perdonar. Pero no, cada paso que da no hace más que levantar nuevas sospechas. ¿Por qué, cuando Jacob estaba ahí tendido, fue el único que no vino a verlo? ¿Por qué bebe ahora, él que nunca bebía? ¿Por qué no ha vuelto a sentarse a mi puerta y fumar una pipa sin temblarle la mano?
- ¡Basta! No puedo oírte más. Quizá seas tú más digna de lástima que yo, pero algo muy hondo se ha roto hoy entre las dos. – Alice se levanta y se dispone a irse.
- No te vayas así. Espera. – Las palabras de Alice eran ciertas, algo se había roto entre ellas hoy y no sabían si era posible volver a la situación anterior. Como hacerlo cuando uno de los seres más amados de una de ellas era acusado de la muerte del ser más querido de la otra, quien era su propia hermana.
- ¿Qué más puedo esperar? Cuando salí de casa dejé allí a un hombre que era toda mi fe y al que podía besar con la risa en la boca. Ahora vuelvo con un silencio triste. ¿Y eres tú la que se cortaría la mano antes de hacerme daño? Me has hecho el peor que podías hacerme, el más inútil, porque no has conseguido nada para recobrar tu paz, pero en cambio has envenenado la mía. Esa es tu obra. ¡Córtate la mano, Bella! ¡Córtate la mano! -
Alice se va de la casa ahogando los sollozos mientras las lagrimas caen por su cara, nunca volverían a ser igual las cosas, nunca. Bella se queda llorando de rodillas porque su hermana tiene razón. Ella no recupero su paz diciéndole lo que pensaba, pero consiguió rterminar con la felicidad de Alice. Esta jámas la perdonaría por ello…
¡Hola! Primero que nada perdón por la demora a aquellas quienes leen la nove, pero es que estuve con época de exámenes en la facultad y tenía muchisimo para estudiar… por suerte hasta julio se terminaron jaja asi que ya estoy con todas las pilas para seguir.
Quiero agradecerles a:btvs22 /Queen of Infinity / PuLgA / FatiiMeyer por dejarme un review y agregar la historia a favoritos, no saben lo que significa para que les guste lo que escribo y que se tomen el trabajo de leerlo.
Hablando de este capítulo espero que halla sido de su agrado, me Salió bastante largo pero bueno, ya conocieron a bella y como es su vida. En el próximo conocerá a Edward y verán que es lo que pasa entre ellos…. :O jajaja
Con respecto a la conversación de ella con Alice ¿ustedes que creen? ¿Tendrá algo que ver Jasper en la muerte de Jacob? Bueno déjenme su opinión y lo que piensan. No sean malitas, un review no cuesta nada y ¡son gratis! Jajajaja
Para ir cerrando esto me hago un poco de autopropaganda, pásense por mi perfil que allí encontraran dos OS míos les dejo el sumary por si les interesa
TODO MI AMOR: Bella sierra los ojos y te besare. Mañana te echare de menos, y cuando este lejos escribiré cada día, y te enviaré todo mi amor.
TU LOCURA: Bella esta internada en un Instituto de salud mental por depresión con tendencias suicidas. Edward es su medico. ¿Podrá el amor de él ser lo que Bella necesita? "Yo siempre ame tu locura"
Ahora si ¡un saludo a todas las que estén ahí!
Micaprudence
