Las voces de Toni son XVI, en negrita, y XXI, en cursiva.

Alguna descripción un poco gore. Algo de humor negro. Toni está como una cabra, ¿qué más decir?


-Pepito conejo al bosque salió.- Canturreó Toni, descolgándose de la ventana del almacén.

Corre, corre, corre, desapareció. Coreó XXI, con grandes dosis de entusiasmo.

-Ven, ven, conejito, que te cogerán.- Toni continuó tatareando la canción infantil, mientras extendía el cable a lo largo de la fachada, haciendo rápel hasta aterrizar en el suelo con una floritura y una exagerada reverencia.

¡Bravooo! Hemos estado geniales, ¡somos los amos! Exclamó XXI con el equivalente mental a saltar entusiasmado. Era sorprendentemente efectivo para tratarse solo de una voz en su cabeza.

-Los putos amos.- Confirmó Toni, a punto de ponerse a dar brincos él mismo, vibrando con anticipación y energía apenas contenida.

Habría sido más interesante si hubiésemos hecho estallar la bomba a la vez. Comentó XVI, con aire aburrido.

¡Ohhh! ¡Sí! ¡Imagina los colores de la explosión de fondo con nuestra epicidad! ¡Y la banda sonora! ¡Ka-booooom! Gritó XXI, haciendo que Toni compusiera una mueca ante el volumen de la voz.

Te acercas peligrosamente a la piromanía, XXI. Dijo con tono irónico XVI.

-Una cosa más a nuestra lista de problemas mentales.- Comentó alegremente Toni, maniobrando con los cables.

Si lo comparas con conversar con las voces de tu cabeza no parece preocupante.

-Ouch, XVI, eso casi me ha dolido.

Trabajaré en eliminar el casi. Fue la seca respuesta.

¡Como si no supiésemos ya que somos pirómanos! ¡Es nuestra marca distintiva!

XVI suspiró pesadamente. XXI siempre tenía problemas para percibir el sarcasmo.

Tooooniii, ¡me abuurroooo! Lloriqueó la voz más alegre.

-Ya voy, ya voy.- Murmuró el susodicho, terminando de conectar los hilos de cobre.

Pepiiiiito coneeeeejoo.

Cállate, XXI, por favor.

XXI soltó una risita retorcida.

PEPIIIIITOO CONEEEEJOO AL BOOSQUE SALIÓO.

¡Por Dios! ¿Se puede ser más inmaduro?

-¡Cerrad la boca los dos!- Gruñó Toni, moviéndose para ponerse a cubierto, analizando con aire crítico el aparato entre sus manos.

Las dos voces se rieron por lo bajo.

Pffff. La boca. No tenemos boca. Tonto Toni, pfff.

¿Estás seguro de que no se nos va a caer el edificio encima? Preguntó XVI, ignorando a XXI, para variar.

-Por supuesto que estoy seguro.- Resopló Toni.- Me ofendes, XVI, ¿desde cuando me equivoco yo en este tipo de cosas?

Toño es el mejor volando todo por los aires.

-Ohhh, gracias, XXI, eres un encanto.- Exclamó, con tono fingidamente afectado, solo por fastidiar a XVI.

Recuérdame otra vez por qué nos molestamos en usar explosivos.

-Tsk. Lo sabes perfectamente.- Dijo Toni, mirando la hora en su reloj digital.- El cliente no quería que fuese rastreable o relacionable conmigo. Tiene que parecer genérico. Así que, nada usar nuestras habilidades especiales.

Para eso podría haber contratado a un mercenario de segunda. Refunfuñó XVI.

-Chitón.

¡Oh, oh, ohh! Vamos a hacer que todo sea de colores. Me encanta cuando las llamas son azules. ¿Van a ser azules Toni? ¿Eh, Toni?

-Nah. No ha habido tiempo.

Dejaos de tonterías, tenemos trabajo que hacer. Seis, cinco, cuatro…

…TRES, DOS, ¡UNO!

Toni pulsó el botón, justo a tiempo de cubrirse los oídos cuando una tremenda explosión hizo temblar el suelo bajo sus pies. Cascotes de cemento volaron por los aires, cayendo a escasos centímetros del mercenario, protegido tras un muro de hormigón. En ningún momento apartó los ojos de las llamas, una sonrisa extasiada plasmada en su cara. El fuego rugía, devorando el almacén en un cúmulo de lenguas naranjas.

-Ponte en pie.- Tatareó Toni, sus ojos verde veneno reflejando la danza de las llamas.

Alza el puuuño y veeeeeeen. Continuó XXI, con la felicidad de un niño que ha recibido vía libre en una tienda de caramelos. ¡A la fiestaa pagaaanaa!

…En la hoguera hay de beber. Cantó XVI en un ronroneo satisfecho.

Toni sonrió.

-¿Ahora sí que cantas con nosotros, XVI?

Le respondió un bufido mental.

XVI solo está celoso, Toni. No tiene una voz tan espléndida como las nuestras. Rió XXI.

-No tenéis voz, XXI.

¡Claro que sí! ¡Tú nos oyes Toni!

Trabajo. Recordó la otra voz.

El mercenario suspiró y se encaminó al edificio aun ardiendo con paso grácil, aun tatareando para sí. Avanzó entre las llamas sin encogerse, no afectado por el calor sofocante o el humo tóxico que respiraba.

No te acerques demasiado o se nos va a volver a quemar la ropa. No queremos repetir lo de la última vez.

¿Por qué no? ¡Ir desnudo fue divertido!

-¿Os acordáis de la cara que puso Gil cuando nos vio?

Los tres ahogaron una risa. Incluso XVI.

Toni continuó caminando entre cenizas y llamas, sin sentir el calor abrasador o el aire contaminado, saltando los restos de vigas y ladrillos. Tuvo cuidado de no meterse directamente en el fuego, porque pese a que a él no le pasaría nada, era cierto que no podía decir lo mismo de su ropa, y les tenía bastante cariño a los vaqueros que llevaba.

Olfateó el aire, el tenue olor a carne quemada llenando sus fosas nasales, distinguible entre el aroma a ceniza y explosivos. Todos olores tan familiares para él como el champú que utilizaba.

Toni se dirigió hacia la zona central de lo que había sido el edificio, guiado principalmente por el olfato.

Allí vio los cuerpos abrasados de los componentes del cártel, sus figuras ennegrecidas casi irreconocibles como humanas, algunos miembros y extremidades distanciados de sus propietarios debido a la explosión. Torció el gesto al ver un brazo no totalmente quemado sobre los restos de una pared, el color carne aun visible. Todo era mucho más bonito cuando había pasado por el fuego.

Negro, negro, negro, negro. Canturreaba XVI.

También nos gusta el rojo.

Mmmm. Rojo. Tomates. Tooooniii, quiero tomates, deberíamos ir a comer tomates. Y barbacoa. Ñam.

La misión primero.

Toni escaneó el área, una mano alzada, abriendo y cerrando el puño. Cada vez que extendía la palma de su mano una llama de fuego aparecía, y volvía a extinguirse al cerrarla. El ligero cosquilleo de la llamarada en su palma era gratificante, el ardiente poder vibrando en su cuerpo.

Necesitamos liberar energías. Todo este trabajo por debajo de nuestras posibilidades no nos ha dejado hacer arder nada.

-Acabamos de explotar un edificio.- Indicó distraídamente el mercenario.

Sabes a lo que me refiero.

Tomates, Toni, tomates.

Toni musitó su acuerdo sin especificar con cuál de las dos voces, mirando a su alrededor y acercándose hasta uno de los cuerpos carbonizados, tocándolo con la punta del pie.

-¿Os acordáis de Oliver y Benji?- Preguntó, pegando una violenta patada a la cabeza, separándola del cuello con un crujido y mandándola volando por los aires, para ruego caer y rebotar en el suelo.- Ese puto campo de futbol parecía infinito.- Torció la cabeza, mirando con tristeza a su balón improvisado.- De alguna manera eso debería de haber parecido más épico.

XVI bufó.

Cuéntalos de una vez, y así podremos irnos.

El mercenario saltó hasta uno de los montículos de vigas y hormigón que se alzaba entre el mar de cenizas y llamas. Haciendo visera con una manos escaneó el área, contando los cuerpos visibles.

Chicos, ¡tengo una pregunta! Proclamó XXI, aburrido con el recuento. ¿Si matamos a Arthur ahogándolo en té… funcionaría?

Se hizo un breve silencio en la mente del mercenario.

…XVI, ni siquiera sé si estoy orgulloso o si quiero estrangularte.

-Mhm.- Asintió Toni, sin prestar mucha atención, dejando vagar su vista sobre los miembros carbonizados.- Sabemos que el cejas no se queda muerto mucho rato, sus putas hadas le vuelven a traer al mundo de los vivos una y otra vez.- Pausó un segundo, procesando lo dicho por su voz, sonriendo de lado a lado de repente.- Pero es una idea jodidamente fantástica. ¡Té! ¿Por qué no se nos había ocurrido antes?

Con la cantidad de veces que le hemos asesinado ya.

¡Me encantó esa vez que usamos el fuego morado!

-¡De acuerdo! Decidido, la próxima vez utilizaremos té.- El mercenario le dirigió una sonrisa resplandeciente al espacio vacío frente a él, ambas manos en las caderas. Cuando el momento epifanía pasó, Toni volvió a su aburrida tarea de tratar de contar los cuerpos desmembrados a su alrededor. Se rascó la barbilla con aire distraído.- ¿Hemos contado ya ese brazo?

¿Y si uno era manco? ¡Nos descuadra todo!

Toni emitió un gruñido exasperado.

En ese momento el aullido de las sirenas rompió el relativo silencio del crepitar del fuego y el crujido de lo que quedaba del techo al desplomarse.

Oh, mierda.

Toni juró por lo bajo, con las voces haciendo eco en su cabeza, saltando del montículo y creando una llamarada con las palmas de sus manos hacia el suelo, consiguiendo aumentar la distancia del salto. Las sirenas de los bomberos y la policía sonaban cada vez más cerca.

-Sólo espero que no venga el puto equipo maravilla.

Claro que vendrán. Sabías desde el primer momento que esto iba a pasar. Es lo que ocurre cuando explotas un edificio en su ciudad.

-Era un almacén.- Se quejó Toni con un mohín.- Y ni siquiera he utilizado nuestra habilidad súper especial. Cables y C4, de la aburridísima vieja escuela.- Pausó un instante, con semblante pensativo.- ¿Nos quedamos a jugar o nos vamos pitando?

Si nos quedamos adiós a la misión. Y adiós al dinero.

¡Pero necesitamos el dinero para comprar ese lanzallamas tan bonito!

No entiendo para qué quieres un lanzallamas. Podemos crear fuego. De la palma de nuestras manos. Es básicamente nuestro rasgo principal.

Pero quedaría tan genial. Suspiró XXI con aire soñador.

Toni torció la cabeza, dudando entre sus opciones. Lo cierto era que se moría por tener ese lanzallamas, y cualquiera que se atreviese a insinuar que era una gilipollez que él precisamente quisiera ese arma, iba a acabar teniendo el honor de testar su efecto (lástima que la amenaza no se aplicase a voces en su cabeza).

Juguemos, juguemos, juguemos.

Hagámosles arder.

Toni frunció el ceño.

-¿No se supone que tú eres el racional de los tres, XVI? Pensaba que querías cobrar.

No somos buenos siguiendo órdenes. Y necesitamos quemar.

Somos buenos matando. Matando, matando, matando. Canturreaba XXI.

-No es como si necesitásemos el dinero.- Aceptó Toni encogiéndose de hombros.- Ya conseguiremos ese lanzallamas.

Siempre podemos extorsionar a alguien. También somos buenos en eso.

Toni sonrió, enseñando los dientes en una mueca salvaje, dejando de contener la energía que notaba vibrando bajo su epidermis, liberando el fuego. Sus puños cerrados se encendieron como antorchas. Siempre se concentraba en las manos. El mercenario había intentado propagarlo por otras partes del cuerpo, pero no funcionaba más allá del antebrazo. Daba igual que notase el fuego queriendo liberarse por toda su anatomía, cuando lo dejaba ir se canalizaba en sus manos. Por lo que sabía era así para todos los Creantes. Aunque tampoco era como si pudiese preguntarle a muchos.

Toni escaló lo que quedaba de la escalera al segundo piso del almacén, irguiéndose en el punto más alto, donde en tejado había quedado totalmente destruido, dejando al descubierto el cielo nocturno, hacia el que las llamas se alzaban en una danza frenética. El humo se aglomeraba alrededor del mercenario, dejando su silueta envuelta en las sombras y las cenizas, que caían como copos de nieve.

Al otro lado del almacén destruido habían aparcado los coches de la policía, sus luces rojas y azules uniéndose a los tonos naranjas que creaba el fuego en una sinfonía de colores, como un cuadro. Oía el aullido atronador de las sirenas de los camiones de bomberos, mezclándose con los gritos de los agentes para hacerse oír por encima del frenesí.

Nada de esto le interesaba.

Podía tostar a los policías sin esfuerzo. Incluso si alguno de ellos era un Controlador, solo sería de pequeña categoría, nada poderoso. Auténtico poder era poco común.

El mercenario entrecerró los ojos al ver a uno de los bomberos dirigiendo sus manos hacia el tanque de agua, que comenzó a agitarse, obedeciendo los gestos del hombre y elevándose hacia el edificio, rociándose sobre las llamas. Un controlador de agua. Fantástico. Toni dejó entrever sus dientes en un gruñido casi animal. No era nada raro, eran relativamente comunes, solo por debajo de los controladores de bajo nivel de aire. Pero les detestaba con ganas.

Ooohh, tíiio.

Mátalos.

Controladores de agua. ¿Por qué tenían que ser controladores de agua?

El mercenario torció la cabeza con curiosidad.

-¿Ha sido eso una referencia a Indiana Jones y lo de las serpientes?

Hoy has perdido, chico, pero no tiene por qué gustarte.

No hemos perdido nada. Cállate XXI.

El sonido de algo cortando el aire a toda velocidad hizo que centrara su atención en lo que estaba pasando abajo. Ver la plataforma metálica flotante acercándose velozmente le hizo dar saltitos de emoción, palmeando con entusiasmo.

-¡Ha llegado la caballería, chicos!

Por fin un poco de acción.

¿Creéis que estará nuestro querido capitán Ludwiiiiiig?

-Espero que sí, le debemos una caja de bombones por lo de la última vez.- Sonrió Toni, mostrando todos los dientes.

Y Frrrrranciiiis.

A ese gabacho traidor podemos quemarle de colores.

¡Yupiii!

En el aire se había situado la plataforma metálica, elevada sobre los coches de policía. Y sobre ella, como si se trataran de los siete magníficos, estaban los perros de presa de la ciudad. Solo que no eran siete sino cinco. Pero el espíritu era el mismo.

La fuerza de ataque de élite, los defensores de los desfavorecidos, protectores de los inocentes y todas esas mierdas.

Presentaaaamos… ¡a la Fuerza! Tan, tan, taaaaaannn.

Toni soltó un grito entusiasmado al localizar no solo a Ludwig, sino también a Francis. Solo faltaba Arthur y la fiesta estaría completa.

¡Podemos hacer una entrada triunfal! ¡Aparecer entre las llamas!

-Como la puta Danerys Targaryen.- Toni soltó una risa salvaje.

Un clásico. Solo que, ya sabes, la ropa, genio.

-Sacrificaremos dramatismo por dignidad.- Concedió Toni, encendiendo sus manos a toda potencia, regodeándose en la sensación de anticipación que le recorría.

Se agazapó para coger impulso, saltando desde su azotea con toda la fuerza que le permitían sus músculos, consiguiendo agrandar el arco de movimiento gracias a la propulsión que le otorgaban las llamas que dirigía con sus manos. Recorrió el aire de la noche velozmente, como una saeta, cortando rápidamente el espacio que le separaba de los miembros de la Fuerza. Con un golpe seco, aterrizó ante ellos en la plataforma metálica.