El ovejero

Stuart avanzó a duras penas por el camino, afirmándose de los troncos de los árboles para no caer. Tenía los zapatos destrozados, su palidez hubiese hecho jurar a cualquiera que se trataba de un fantasma, la fatiga se reflejó con total claridad en sus misteriosos ojitos negros y el viento gélido mecía los cabellos garzos.

Tras quedar cesante debido a la muerte de su antiguo empleador, quien no fue precisamente un ejemplo de bondad y honradez, 2D había vagado de un lado a otro sin poder conseguir un empleo estable. Su apariencia motivaba el rechazo y la desconfianza, cuando no burlas y palabrotas, de los otros y a decir verdad muy poca gente se mostró piadosa con él, dando comida y dinero.

-¿Señor, está bien?

Cogido de sorpresa, el chico volteó y vio a una amazona montando un blanco caballo. Ella se apeó con elegancia, fue hacia el muchacho y se quitó la capa para cubrirlo.

-Me encuentro agotado –murmuró.

-Monte en mi caballo, yo lo conduciré a la estancia de mi padre.

-Pero, ¿y usted, señorita?

-Oh, no hace mal caminar, además a mí me gusta –sonrió.

-¿Cuál es su nombre?

-Noodle.

-¿Noodle? Qué nombre más extraño.

-Bueno, así me dicen todos porque me gustan los fideos, en realidad soy Miho.

-¿Usted no es de acá, verdad? Lo digo por sus rasgos.

-Soy japonesa.

-Ah, una princesa asiática –por primera vez en semanas, él chico esbozó una sonrisa.

-Me puede apodar Noods, señor –contestó, algo turbada.

-Me conocen como Stuart, o Stu.

-Encantada, Stuart.

-Puede llamarme 2D.

-¿2D? Suena simpático.

La doncella le hizo subir al lomo del animal, le ofreció agua y se fueron por una alameda, hablando tranquilamente. Los dos tenían la sensación de ser amigos desde siempre.

Nada más llegar al fundo, Russell y Del prepararon un baño para el mozo, le facilitaron ropas nuevas y sirvieron una deliciosa cena.

-¿De dónde vienes? –interrogó Russ.

-Del norte, trabajaba como pastor.

-El patrón necesita un ovejero, creo que podrá contratarte –susurró Del.

-Tal vez se asusté con mi apariencia –el recién llegado bajó la vista.

-Oh, vamos, es un buen hombre –Russell palmoteó su hombro.

-Seguramente Noodle hablará con su padrastro a favor tuyo –agregó el llavero.

-¿No es su hija biológica?

-No, hace unos años, Murdoc fue al País del Sol Naciente, por asuntos laborales, y un pobre hombre que agonizaba le pidió que se hiciera cargo de ella –explicó el administrador.

La puerta se abrió, Muds entró con aire resuelto a la cocina y tras él venía una nerviosa Miho. La presencia de la virgen levantó el ánimo del joven.

-Déjennos a solas –ordenó.

Todos obedecieron, conteniendo la respiración. Noods puso un dedo sobre sus delicados labios, señaló la puerta, sus amigos asintieron y los tres se pusieron a escuchar.

-¿Qué sabes hacer?

-Lo que sea, señor.

Murdoc frunció el ceño, 2D pensó en la niña y de a poco reunió valor para hablar de sus antiguas labores.

-Estarás a prueba por una semana en el cargo de ovejero, ¿algún problema?

-No, señor, se lo agradezco.

El hacendado tomó al nuevo empleado del brazo, reunió a todos en el jardín, donde la flor más bonita era la pelivioleta, y les presentó al apuesto peón. La gente brindó al peliazul una cálida bienvenida, sin embargo Stu sólo tuvo ojos para contemplar la mirada emocionada de Miho.