Como no quiero dar largas ni excusas que ustedes no quieren oír aquí va, por fin, el final, espero les guste.
¿Han sentido ese tipo de felicidad que hace que te sumerjas en un mundo paralelo en el que lo único importante es el detonador de dicho sentimiento? ¿La euforia ha poseído de tal manera tu cuerpo que este queda siendo solo un ente a su disposición? ¿Han despertado en ti esa clase de amor que tras llegar al éxtasis sientes como si tu alma abandonara tu cuerpo y te llevara en un viaje de exploración a las estrellas? Justo así era como mi mente procesaba lo que apenas hacia pocas horas acababa de pasar. Mi ser había renacido y una muchacha de cabellos chocolate y sonrisa de ángel era la responsable de que me hubiese unido al movimiento "Solo te amo a ti, por siempre". La misma chica de piel de satén que descansaba desnuda y segura en mis brazos, la misma joven que me había entregado su inocencia como ofrenda para resarcir mis pecados de lujuria sin amor, mis excesos carnales llevados solo por el deseo de un reconocimiento que nunca quise. La misma mujer, mi mujer, cuya entrega me transportó a un desconocido mundo de placer y amor infinito. Todavía podía escuchar sus suspiros entrecortados y gemidos de placer, sus labios estaban tatuados en mi cuerpo y sus brillantes ojos chocolate, oscurecidos por la pasión, grabados a fuego en mi retina. Su imagen alcanzando la máxima cima del placer físico gracias a mi amor perduraría eternamente en mi mente. Mi nombre en susurros y un suspiro de Bella incrementan aún más mi sonrisa y echan a andar los engranajes de mis recuerdos que me llevan inevitablemente a los sucesos acontecidos hace pocas horas.
"Movía nerviosamente mis manos de un lado a otro mientras esperaba que Bella bajara las escaleras de su casa. Frente a mí, Charlie Swan, escrutaba con especial ahínco mi rostro de póker. De seguro su lado detectivesco había despertado con mi actual estado de ansiedad. Mi suegro no me apreciaba especialmente, yo había robado a su hermosa hija tras quince años sin tenerla y jamás me lo perdonaría, así me lo hizo saber después de nuestra primera cita y me lo recordaba cada vez que tenía oportunidad. El ruido de tacones contra madera hizo que levantara por primera vez la vista desde que entré a la casa Swan. Bella, en todo su esplendor, sonreía tímidamente con sus mejillas arreboladas, la imagen de mi ángel me dejó sin palabras. Cuatro meses transcurridos tras nuestro encuentro en la cocina de mi casa y los dos sabíamos, aunque no lo hubiésemos expresado, que el tiempo de espera por fin había terminado. No más interrupciones, castigos o imprevistos, hoy la suerte estaba de nuestro lado.
― El toque de queda es a las dos ― la grave voz del jefe Swan me sacó de mi burbuja de felicidad. Definitivamente eso estropeaba todos mis planes.
― Claro, Papá ― sonó la voz rebosante de sarcasmo de Bella ― estaré aquí a las seis ― dijo tras darle un beso en la mejilla a su padre que resopló resignado. Ofrecí mi brazo a mi novia que me recompensó con una deslumbrante sonrisa. Estábamos por salir cuando la voz un tanto compungida de Charlie nos hizo detenernos.
― Solo… protéjanse si, no quiero ser abuelo tan pronto ― me quedé mirando la puerta de madera labrada frente a mi sin saber muy bien cómo reaccionar. La risita de Bella y el tenue rubor de sus mejillas me desconcertaron. Ese comentario y sobre todo viniendo de su padre debería haber tenido un más grande impacto en ella, no sé, ahora mismo su rostro podría estar inventando una nueva tonalidad de rojo.
― Charlie encontró los condones que nos dieron en la escuela esta semana en mi mochila ― explicó ― y aunque ya le había asegurado lo de que no quería cambiar mi estado sexual hace un tiempo pues… ― se puso de puntitas y besó mi barbilla ― creo que entiende que llevamos un buen tiempo juntos y los besos ya no bastan. Suspiré mientras juntaba nuestras frentes y meditaba cuanta verdad encerraban sus últimas palabras.
― Es mejor que partamos ya ― musité soltándola de la prisión de mis brazos ― no queremos llegar tarde ― me deslicé hasta la puerta del copiloto del Volvo e hice una reverencia antes de abrirla. Bella rodó los ojos y caminó con sumo cuidado hasta estar completamente segura en el auto. En definitiva, esta noche tendría que estar más pendiente que nunca, los tacones que llevaba eran armas mortales para su patosa humanidad. Verdad que nunca saldrá de mis labios, por supuesto, un caballero jamás revela los defectos de una dama aunque dichos defectos la hagan ver adorable.
― Espero que no sea tarde para decirlo ― dije tomando su mano y entrelazando nuestros dedos una vez acomodados en el volvo ― estás especialmente hermosa esta noche mi preciosa Bella ― besé la palma de su mano y reí cuando el usual sonrojo cubrió sus delicadas facciones. Esperaba seguir provocándolo por el resto de mis días.
Con un suave ronroneo del motor nos dirigimos hacia lo que sería nuestra última noche en la escuela secundaria. Un cómodo silencio se instaló en el ambiente y tras unos cuantos minutos el viejo y engalanado edificio escolar se hacía presente. Sonreí a mi novia antes de abrir la puerta de su lado y escucharla suspirar tenuemente, al parecer, seguía apreciando mi caballerosidad.
― Servida bella dama ― musité sonriente ― su baile de presentación la espera ― realicé una elegante reverencia antes de besar su mano y enlazar su brazo con el mío. Bella rodó los ojos pero siguió mi juego.
― Gracias caballero, es un honor contar con un escolta tan distinguido. ― Guiñé un ojo antes de guiarla por el sendero custodiado por flores y antorchas decorativas, mi hermana había hecho un excelente trabajo. Omití las sucesivas y exageradas miradas de las que fuimos objeto camino al gimnasio, algunos aun se asombraban de mi fidelidad, otros me envidiaban, unos tantos me odiaban y, por supuesto, muchos querían estar en mi lugar. Volteé hacia el rostro sonrojado de mi novia que por primera vez parecía haberse dado cuenta de la admiración y lujuria que despertaba en la escuela, casi quise reír, era algo muy Bella darse cuenta hasta el último minuto.
― Ya ves que yo fui el afortunado ― dije logrando que me dirigiera una mirada desconcertada ― nunca nadie apostó por mí para ganar el corazón de la correcta hija del jefe de policía.
― Lo sé ― musitó recargándose un poco más en mi ― gracias por haber sido tan insistente ― rodeé sus delgados hombros con mi brazo antes de dirigirme hacia las puertas abiertas del lugar que había sido testigo de las más absurdas caídas por parte de un estudiante en una clase de deportes. Bella jadeó y yo abrí los ojos impresionado, Alice se convertiría en la mejor decoradora del mundo. Las velas que parecían flotar en el techo, los millones de flores silvestres típicos de Forks, el velo tornasolado que cubría las mustias paredes y las engalanadas mesas repletas de bebidas contrastaban alegremente con los juegos de luces y el grupo de rock que se había apropiado del escenario.
Deslicé un brazo por la cintura de mi novia intentando protegerla de la estampida de chicos que se movían por la pista. Eran solo las ocho de la noche pero parecía que el licor –agregado ilegalmente al ponche- empezaba a desinhibir aun a los más tímidos. Angela Webber bailaba de un modo que de seguro su padre desaprobaría junto a un emocionado Ben. Unos cuantos metros después Mike realizaba un apretado y exhaustivo examen a la boca de Jessica bajo la reprobadora y resignada mirada de la Sra. Cope. Casi al final, una bajita y saltarina morena colgaba del brazo de un tranquilo y sonriente rubio. Entre tropezones y disculpas llegamos hasta ellos.
― ¡Bella Swan! ― chilló mi hermana atrapando a mi novia en un abrazo de duende-oso ― ¡tienes que decirme el nombre de tu asesor de modas! ― sonreí, todas las personas que nos hallábamos en ese lugar sabíamos perfectamente quien había vestido, maquillado y peinado a Bella ― ¡estás simplemente espectacular!
― Tu también, Ali ― rió mi novia― aunque por lo visto no solo obras tu magia en mi ― dirigió una mirada de soslayo a Jasper ― Tu Peter Pan parece haber crecido al fin ― bromeó. Alice sonrió brillantemente.
― Confieso que me gusta más jugar a Barbie Bella, es más divertido intentar convencerte de mi impecable sentido de la moda que convencer a Jazzy de vestirse como el guapo universitario que es ― hizo un puchero hacia mi cuñado ― cede muy fácil.
― Eso es porque te ama ― intervine tendiéndole una mano a Jazz ― es bueno verte de nuevo amigo.
― Lo mismo digo ― me devolvió con una sonrisa ― por cierto, Bella. Solo usurpé tu lugar por esta vez, Alice seguirá jugando contigo toda la vida ― todos reímos ante la certeza del comentario.
Un grito proveniente de la multitud y otro, un tanto más elevado, de Alice y Jasper se despidió con un encogimiento de hombros, una de las canciones favoritas de mi hermana resuena y es su deber calmar a la fiera. Encierro a Bella en el círculo de mis brazos y dándole un beso en el cuello le pregunto:
― ¿quieres salir de aquí? ― Bella asiente y caminando aun sin soltarla llegamos hasta la parte de atrás del gimnasio. La noche está en todo su esplendor y las titilantes lucecitas que recubren el kiosco que adorna la estancia asumen el lugar de las estrellas que deberían centellar en el cielo.
― Alice en verdad se lució ― suspira mi novia recargándose un poco más en mi ― gracias por convencerme de asistir ― murmura con su mirada trabada en la mía.
No digo nada mas, solo cierro los ojos y aspiro el aroma a fresas del cabello de mi ángel. El mundo bien podría detenerse en este momento, viviría una eternidad feliz con Bella por siempre a mi lado. El movimiento de Bella intentando salir de la prisión de mis brazos me saca de mi burbuja. Estoy a punto de protestar por su alejamiento cuando murmura una palabra que jamás esperé saliera de sus labios:
― ¿Bailamos? ― le doy su sonrisa torcida favorita antes de aceptar su mano extendida y besarla. El suave vals que nos acompaña, el brillo de sus ojos achocolatados y su brillante sonrisa me muestran que el camino que viene por delante estará lleno de pequeños y especiales momentos como los que hoy vivimos. Me dejo guiar por la música y la felicidad.
El vals termina pero yo aun la sostengo en mis brazos, segura, mía, eterna en el sentimiento. Nos miramos a los ojos y desciendo hasta apoderarme de sus labios, un beso lento, suave, sin prisas, de esos que quieres que nunca acaben por el amor que transmiten.
― Te amo ― musitó en cuanto nos separamos y por cómo se vidrian los ojos de mi ángel sé que ella siente lo mismo.
La noche transcurre sin contratiempos, el ánimo se eleva a medida que pasan las horas. Los profesores desaparecen y las parejas se comen a besos. El reloj marca la medianoche y mi cuerpo se impacienta. Bella ríe junto a mi hermana y Jasper, a mi lado y con su habitual aire de tranquilidad, parece sentir mi ansiedad.
― Podrían irse ahora ― me dice ― a ella le gustará mas lo que sea que hayas preparado que estar soportando a la multitud que nos rodea, aun mas en esos tacones ― sonrió levemente, mi Bella jamás se llevará bien con esas trampas mortales. Suspiró antes de dirigirme hacia ella y tomarle de la mano.
― ¿Nos vamos? ― susurró en su oído y siento como se estremece. Muerde su labio, me dirige una mirada de aceptación y abraza a Alice que me guiña un ojo y le dice algo que hace que sus mejilla se coloreen fuertemente.
No doy largas en la despedida y recorro el gimnasio hasta la salida con Bella resguardada en mis brazos. Sé que está tan ansiosa como yo, su piel arde al contacto con la mía, una pasión que incendia a fuego lento.
Por fin, el frio exterior nos recibe y tengo que abstenerme de no correr con Bella en brazos hasta el coche, cada segundo que pasa en un segundo que me pierdo de poder adorar su piel.
La ansiedad me hace olvidar el lugar donde el Volvo está aparcado, solo la pequeña mano de Bella guiándome me hace reaccionar. La arrinconó contra el coche nada más llegar, sus labios me gritan que me funda en ellos, la espera que alimenta el deseo nos consume a los dos.
― Coche, vamos al coche ― musita mi ángel entre besos desesperados. Mis manos, dueñas de su cintura, la acercan aun mas a mí, mi boca desciende por su cuello, succionando el punto en donde la sangre corre apresurada ― Edward… coche ― me separó con dolor de su cuerpo, cierro su puerta y me apresuro a mi lugar, el fuego crece a cada segundo.
Recorro el camino a la mansión en tiempo record y por primera vez, Bella no se queja del límite de velocidad. Tomó su mano y siento su pulgar trazar figuras en el dorso. El alivio me llena en cuanto el desvió hacia la cabaña es visible en el camino.
― Edward, ¿Qué…? ― silencio a Bella con un dedo sobre sus labios, es tiempo de sorpresas.
― Solo espera ― unos cuantos minutos más y la pequeña y bien iluminada cabaña nos da la bienvenida. Ayudo a Bella a bajar del auto y ella aun sigue perdida en la pequeña estructura frente a nosotros. Hacemos el corto sendero hasta la puerta en donde la sorprendo tomándola entre mis brazos.
― ¡Edward, esto es tradición de la noche de bodas! ― me encojo de hombros con una sonrisa.
― No me interesa, las tradiciones están hechas para romperse ― el sonido tintineante de su risa hace palpitar aun mas rápido mi corazón.
― Cielos ― admira asombrada ― es fabulosa, me siento como en un cuento de hadas en este momento.
― ¿Yo soy el príncipe azul que soñaste entonces, princesa? ― cuestionó dejándola en sus pies pero aun sosteniéndola de la cintura. Bella cruza los brazos tras mi cuello antes de dedicarme una de sus preciosas sonrisas.
― No, tu eres mi príncipe de esmeralda y cobre, el que rescato a esta patosa princesa en un flamante Volvo plateado ― sonreí por sus inesperados pensamientos, nunca dejaría de encantarme su extraña mente.
Con ella en brazos entró en la casita que por unas horas será testigo de nuestro amor. Bella ahoga un emocionado grito y casi salta desde mis brazos. Sonrío ante su emoción y depositando un beso en su blanco cuello dirijo mis pasos hacia la habitación. Quizás es algo cliché que esté llena de velas y pétalos de rosas, que las sabanas de seda sean de un blanco impoluto y que tranquilizante música clásica resuene cándidamente, pero mi chica es tradicionalmente romántica y por los balbuceos que en este momento abandonan su boca estoy seguro de que la sorpresa le ha encantado.
Gentilmente, deslizo su cuerpo hasta estar en pie y mi ángel inmediatamente busca mis ojos con sus sonrientes y vidriosos ojos cafés.
― Gracias ― musita con voz entrecortada y sé que ese gracias encierra más que solo las sorpresas de esta noche.
― Es todo por ti, ya sabes ― intento bromear. Bella me sonríe y mi atención se desvía a sus labios, están rojos e hinchados y lucen más esponjosos y suaves que nunca. Su mirada atrapa la mía y muerde sensualmente su labio inferior y lo pierdo. Todo lo que quiero hacer es perderme en ella, saciarme de su alma y tatuar mi aroma en su piel.
Olvidando momentáneamente mi propósito de ser lento y suave, mis manos desvisten su cuerpo antes de que mi cerebro sea capaz de procesarlo. Sus pequeñas y perfectas formas envueltas en lencería azul me dan la bienvenida y no soy más que un hombre clamando redención en brazos de su amada.
No hay torpeza en sus movimientos, saca mi saco, desabrocha mi camisa y quita mi corbata antes de que puedo objetar algo que no es el caso. Mis manos van a su espalda y el sostén hace parte del montón creciente de ropa que ni siquiera me interesa porque su pecho desnudo roza el mío y sus pezones erectos hacen que mis neuronas colapsen.
Se suave me grito una y otra vez porque el control se me ha escapado y es mi inexperta novia quien en estos momentos está sobre mí, mientras gimo sin control pues los pantalones hace rato los he perdido y soy poco más que un muñeco en sus manos. La tomo de la cintura y pego mi boca a la suya antes de voltearnos y embestir suavemente contra su caliente feminidad.
― Edward ― susurra perdida en las sensaciones y el hombre que quiere más que sexo vuelve a mí en cuanto sus profundos ojos me atrapan. Sus manos se deslizan por mi espalda, el sudor empieza a emerger y sus siguientes palabras me devuelven a mi propósito inicial de esta noche ― Hazme el amor, Edward ― así es Bella, voy a hacerte el amor. Mi sonrisa traviesa aparece y por el fuego que incendia sus ojos ella estaba esperando que yo tomara el control.
Sin apartar mi mirada de la suya deslizo mis manos hasta el tanga del conjunto que me ha hecho perder antes el sentido, el encaje se pega a su piel mojada y lo rompo ganándome un sonrojo de su parte.
― No me los voy a volver a poner si siempre van a acabar así ― protesta inútilmente. Sonrío torcidamente y observo maravillado como su piel se eriza al contacto de mi aliento.
― Claro que lo harás ― aseguro ― pero estas, ― tomó el tanga en mi mano ― son el recuerdo de esta noche. Si pudiera enmarcarlas lo haría.
Abre su boca y el sonrojo cubre sus llamativos pechos, ante los que me inclino y rindo pleitesía. Quizás es una jugada de mi mente, bien se sabe que el cerebro es poderoso, pero toda ella sabe a fresas y mi boca se hace agua de solo pensar en otra parte de su anatomía.
Baja mis bóxers, mi miembro enhiesto es apresado por sus cálidas manos y entierro mi rostro en su pecho perdido en las sensaciones. No podré controlarme si ella sigue tentándome de esta manera. Libero sus manos y las subo sobre su cabeza mientras las apreso con una mía, la beso largamente y ya es tarde cuando se da cuenta que está a mi merced y deseos.
Me deleito con sus pechos, con sus gemidos, con mi nombre saliendo de sus labios en suspiros de placer indiscutibles. Observo su rostro sonrojado buscando aprobación o algún signo de que no quiera seguir, dejando en sus manos la decisión de cambiar para siempre el aspecto físico de nuestra relación, pero sus ojos, aquellos pozos chocolate dilatados por el deseo y la lujuria despliegan tanta pasión y confianza que no pude más que agradecer al cielo por haber puesto a esta hermosa chica en mi camino. Allí, sobre su cuerpo desnudo y nuestras pieles quemándose al ardor de la espera, sé que ya no hay otro camino para mí. Nunca otra mujer podría ocupar mi corazón, estoy felizmente atado a ella hasta el final de mis días.
Un trémulo suspiro llena la habitación sacándome de mis pensamientos y su cálido aliento revitaliza mi misión esta noche. Reuniendo toda la fuerza de voluntad que soy capaz, despego mi cuerpo del suyo y me mentalizo en darle placer, quiero oírla gemir mi nombre una y otra vez, verla llegar a lo más alto y luego acompañarla en la culminación, esta es su noche.
Con una de mis rodillas entre las de ella y mis ojos perdiéndose en los suyos, cada vez más oscuros, subo lentamente mi mano derecha empezando por la suave piel de su pantorrilla hasta la pálida seda que cubre el interior de su muslo, disfrutando de su piel erizada y casi inaudibles quejidos. Aun con mi mano izquierda sujetando sus muñecas en lo alto de su cabeza bajo mi cabeza rozando con mi nariz su cuello, aspirando su dulce aroma allí donde la sangre corre con mayor rapidez y su pulso late desbocado. Besos tímidos como alas de mariposa entrecortan su respiración. Mi mano ascendiendo por su muslo evita deliberadamente su centro caliente, húmedo, apretado, mío…
Una nueva ronda de suspiros y su cuerpo se arquea hacia mí, su voz ronca murmura mi nombre, quiero que recuerde esta noche por siempre, que el simple hecho de rememorarla haga que su pequeño centro despierte, reclamando por mí.
― Edward, por favor ― musita retorciéndose y sacándome un jadeo en cuanto la suave piel de su muslo rozó mi endurecida masculinidad. Aprieto los dientes ignorando su pedido, delineando con mis dedos la suave planicie de su fértil vientre, el perfecto ovalo de su ombligo, bebiendo de su imagen con los ojos cerrados y la boca entreabierta en un ruego silencioso. Mi boca se dirige hacia al valle entre sus pechos subiendo hasta encontrar sus turgentes pezones de pálido rosa.
― Oh… ― suspira aun sin abrir los ojos mientras jugueteo con el izquierdo entre mi índice y pulgar ― Dios ― respira al sentir mi lengua haciendo círculos sobre su endurecido botón. Es un placer chupar y lamer sus duras crestas, ya rojas por mis atenciones, observarla perderse lentamente en el placer que solo yo puedo brindarle. Inesperadamente, sentí sus manos en mi espalda, parece haber recobrado el suficiente sentido común para distinguir que ya no le impido tocarme, sus sutiles toques me desesperan, sus labios gritan por un beso. Un beso que cuando llega no es medido o controlado, un beso que transmite mi sed de ella, sus ansias de mí.
― Por favor ― jadea en cuanto nos separamos ― no me tortures mas ― susurra elevando sus caderas, sus pupilas dilatadas en donde solo un tenue iris chocolate es visible. Sonrío.
― Aun no estás lista, amor ― musito con dulzura dejando a mi mano derecha bajar hasta sus mojados y tibios pliegues. Muerdo mi labio inferior ante la sensación de sus labios empapados de lubrico calor.
― Si lo est… ― las palabras mueren en su boca en cuanto deslizo un dedo en su cálido interior. Está tan ajustada que sé le duele, su mueca mal disimulada lo demuestra, solo hemos hecho algo parecido una sola vez antes y estaba demasiado distraído para notar su dolor. Beso cada uno de sus parpados antes de adueñarme profundamente de su boca y tomar el tierno botón escondido en su feminidad, halarlo suavemente y hacer círculos sobre él. Se separa inmediatamente respirando fuertemente, buscando en mi mirada una respuesta a sus sensaciones.
― Sólo siente, déjate llevar ― digo antes de volverla a besar y dejar que sus manos se adueñen de mi cabello pidiéndome mayor cercanía. Me dejé caer sólo un poco, siseando ante la electricidad que fluye entre nuestros cuerpos al entrar las pieles en contacto. Sumo otro dedo en su interior, preparándola e intentando pensar en cualquier cosa menos en su carne envolviendo fuertemente mis falanges.
― Ohh ― jadea quedamente en tanto sus manos memorizan los músculos de mi espalda y sus dientes atrapan el lóbulo de mi oreja derecha, no me lo está poniendo fácil. Bombeo un poco más rápido ganándome un quejidito de lo más sensual que revoluciona mis neuronas. Poniendo en orden mis ideas lamo extasiado el valle entre sus montes, el salado de su sudor combinándose perfectamente con el dulce propio de su esencia femenina. Mordisqueo con placer su pálida piel, succionando sus blanquecinos pechos, dejando un reguero de besos en ambos antes de descender hacia su vientre, lamer alrededor de su ombligo deleitándome con los huesos sobresalientes de su cadera para, finalmente, bajar hasta su ingle, esperada ambrosía.
― Tengo que saborearte ― musito con la respiración entrecortada, su sexo es simplemente perfecto, una rosa perlada de rocío abriéndose por primera vez a su Jardinero Fiel. Me sumerjo en su dulce humedad, deleitándome con la mezcla perfecta de dulzura y almizcle. Chupo ávido su clítoris, dejando rozar apenas mi lengua, separando sus labios sin dejar de penetrar su enloquecedoramente ajustada cavidad.
― Dios… Edward…― grita removiéndose, su orgasmo se acerca, sus paredes se hacen aun más justas, arquea su espalda sin control mientras sus caderas se mueven instintivamente buscando más contacto. Las sujeto pues dificultan mi degustación, paso sus piernas por sobre mis hombros sin dejar de beber, de lamer, sintiendo inmediatamente como me atrapan en mi lugar. Sonrío y tarareó sobre su sexo creándole nuevas sensaciones.
― Voy a… Edward… ― grita mientras su interior atrapa mis dedos y su dulce néctar baja a borbotones. Gruño sin dejar de succionar prolongando su placer. Mi pene palpita dolorosamente escuchando sus gritos de placer pero puede esperar esto es solo por ella y para ella. Cuando la siento tranquilizarse un poco deshago el camino antes trazado hasta estar en contacto de nuevo con su rostro, ¡oh, su rostro!, es un poema al erotismo y la pasión en su estado más puro con sus ojos chocolate sobresaliendo como bastión de plenitud, satisfacción y amor. Su cabello desparramado contrastando contra el blanco de mis sábanas, mejillas sonrosadas y jadeante respiración.
Me tiendo sobre ella, entre sus piernas abiertas, sin dejar demasiado peso sobre su frágil cuerpo. Mi erección roza su muslo y siento el calor de su centro justo donde el mío alcanza niveles estratosféricos. Deslizo un codo al lado de su cabeza al tiempo que beso su pequeña nariz. Bella abre los ojos en el momento justo en que chupo goloso los restos de su excitación en mis dedos. Su mirada brilla lujuriosa, amorosa. Sin darme cuenta se abraza a mi cuello y mi boca cubre la suya en un beso desesperado, lleno de salvaje pasión.
― Tómame, Edward ― murmura en mi oído al separarnos ― hazme tuya ― Mía, ruge el monstruo en mi interior. Mía, vuelve a rugir mientras mis dedos juguetean de nuevo con su húmeda entrada. Mía, gritó en cuanto mi miembro reemplaza mi mano.
― Mía ― susurro entrelazando nuestras manos mientras entro lentamente en su cuerpo.
Un quejido estrangulado abandono lo más hondo de mi pecho. Bella es tan estrecha, tan caliente y húmeda que toda mi resolución de hacer esto pausadamente se está yendo al garete.
― De un tirón ― suplica levantando un poco más sus rodillas. La beso profundamente y me adentro en su interior llevándome su pureza física conmigo. Trago saliva antes de quedarme inmóvil y descansar mi frente en su hombro. Sé que le duele, los casi nulos quejidos y sus uñas enterradas fuertemente en mi espalda lo aseguran. Pero que el cielo me ayude, yo solo siento su apretada cavidad rodeándome, su calor aumentando el fuego en mis venas y el placer de estar unido a la mujer que amo de las forma más física posible. Yo solo quiero empujar hasta perder el sentido.
No me moví, con todo el autocontrol que puedo reunir dejo mis sensaciones a un lado. Reparto besos en su hermoso rostro y jugueteo con sus pechos intentando distraerla del dolor. Buscando revivir en ella la pasión. Siseo, cerrando mis ojos, cuando sus caderas empujan hacia mí haciéndome llegar un poco más adentro. Detengo el movimiento elevando mi rostro para ver el suyo humedecido por las lágrimas antes derramadas, mi corazón se contrae ante sus ojos acuosos pero su cálido interior me distrae. Trago saliva y detengo su intento de moverse otra vez.
― No te… muevas ― jadeo perdiéndome en sus ojos, ahora sonrientes.
― Ya está mejor ― contesta envolviendo sus piernas en mi cintura, alentándome con la mirada. Y por Dios, estar dentro de ella es como estar conectado a un enchufe.
― Te amo ― murmuro con voz ronca, rindiéndome, empezando a embestir con toda la delicadeza que soy capaz de reunir. Cerrando mis ojos y enterrando mi rostro en su cuello, aspirando su esencia de fresas, disfrutando mi nirvana terrenal.
No recuerdo si transcurrieron minutos u horas mientras salía una y otra vez de su interior. Lo único que sé es que desde el "yo también te amo, mi amor" que abandonó sus labios, sus manos recorriendo mi cuerpo y sus piernas atrayéndome cada vez más cerca, mi culminación se acercaba vertiginosamente.
― Bella ― jadeé, ya no podía más. Sus aterciopeladas paredes me estrujaban deliciosamente, dolorosamente. Su carne exprimiendo mi falo sin tregua me tenía perdido en una lucha por retrasar mi inminente éxtasis.
― Córrete para mi, Edward ―murmura lamiendo mi cuello ― llena mi interior con tu esencia.
― Bella ― gimo, sus palabras detonan mi orgasmo dejándome bailar entre fuegos artificiales el más glorioso momento de mi joven vida. Mi cerebro hecho polvo, incapaz de razonar correctamente despierta de su trance en cuanto las paredes de mi novia aprietan mi miembro tan fuertemente que un cegador orgasmo me sobreviene, hundiendo mi raciocinio que lenta, muy lentamente me recuerda que colapsé sobre el amor de mi vida y que probablemente la esté aplastando.
Recupero un poco de mi alma, perdida en las más altas cotas de placer y quito mi cuerpo muy lentamente del suyo, abandonando su cálido interior. Bella gime y se pega aun más a mí. Tanteo hasta llegar a su rostro, escondido en mi pecho, sudados mechones se adhieren a su frente y su errática respiración hace cosquillas en mi pecho. Suspiro satisfecho sin encontrar las palabras que quiero decirle, lo que mi espíritu clama por soltar. Solo soy capaz de levantar su rostro y sumergirme en la profundidad de sus ojos. Nada más importa, nada es tan relevante como leer en su alma la plenitud de lo que compartimos.
Lágrimas bañan sus ojos pero esta vez, son de felicidad, de compartir la mejor experiencia que puede existir con tu compañero de alma, tu predestinado. Las palabras no son suficientes, nuestros ojos muestran aquellos que no podemos transmitir. Me limito a abrazarle y mirarle hasta que sus parpados se cierran y me permito a mi mismo viajar tras ella en los dominios de Morfeo.
Bueno, sin excusas para mi muy larga e inexcusable ausencia porque aunque las hay no quiero agobiarlas, solo decirles que no abandonare mis fics y aunque sea vieja y chocha los terminare, ok, tampoco hasta allá, pero de que se terminan, se terminan. Por lo menos esté llego a su fin, quizás haga un día después, no lo sé, todo depende de ustedes y de mis otros fics que también quieren ver la luz al final del túnel.
Ahora, que tal unos reviews para animar a esta chica. No se corten y digan todo aquellos que quieren decir, educadamente claro, todas –no creo que haya chicos- somos civilizadas, y aunque se aceptan los comentarios críticos, solo leeré aquellos que sean respetuosos. Gracias por permanecer aquí!
